Las Técnicas Operativas de las Relaciones Amorosas Positivas, desde hace milenios, conocidas en Oriente como “Mahavakyas” y desde el siglo pasado como “El Curso




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LA CULPA:
La culpa es un seguro de separación. La culpa es la mafia de la mente; la Culpa la inventó el hombre para dominar a los hombres. La culpa está incorporada al subconsciente de la humanidad desde hace milenios, y ha sido constante y continuamente reforzada por las religiones y por la educación.
La culpa es el plan “de protección” que nos vendemos a nosotros mismos para evitar el castigo esperado; partimos de la base de que si nos castigamos a nosotros mismos desde el vamos, Dios y la gente nos dejarán en paz.
La culpa siempre va a acompañada del resentimiento y la frustración.
Puesto que nuestros pensamientos son creativos, el resultado de sentirnos y “sabernos” culpables, es sentirnos solos, alienados, segregados, separados; creemos que estamos esquivando un ataque, pero en realidad estamos negando la experiencia de la vida. Si somos realmente exitosos en el juego de la culpa, iremos más allá del auto – sacrificio emocional para llegar al daño físico real.
La culpa es el parásito definitivo que no cumple ninguna función positiva pero que puede incrementar nuestra miseria hasta llegar a límites insospechados. La solución para una persona “culposa”, finalmente, es el suicidio, la autoaniquilación, desde su punto de vista enfermo “la redención”, pero según el punto de vista de los seres positivos, el resultado lógico de una vida de martirologio y masoquismo.
La CULPA es el obstáculo por excelencia para las relaciones positivas.
Como podemos permitirnos recibir amor incondicional, cuando tememos sus consecuencias?. Como podemos entregarnos al amor cuando tememos la pérdida?. Como podemos darnos lo que más deseamos, cuando en lo más profundo de nuestro ser, sentimos que no lo merecemos?. Como vamos a permitirnos lo bueno, si debemos pagar por todo lo malo que somos?. Y así, nos retenemos, destruimos todo lo bueno y nos destruimos.
Ocultamos las partes de nosotros que consideramos no merecedoras de amor, nos disfrazamos, nos ponemos caretas, con la esperanza de engañar a nuestros asociados para lograr que nos amen, cuando no nos estamos amando a nosotros mismos; ESTO NUNCA PUEDE FUNCIONAR!.
Aunque encontremos el amor que estamos buscando, no podremos recibirlo, porque nos hemos acorazado con los juicios que hemos hecho por anticipado.
JAMAS NOS PODEMOS PROYECTAR HACIA LA VIDA, DESDE LA CULPA!. Desde la culpa solo nos podemos proyectar hacia la muerte.
El temor a amar y el temor a la pérdida en el fondo son lo mismo. Es por esto que tememos enamorarnos, si el amor es una “caída”, nos podemos lastimar…, podemos entregar nuestro “poder” a nuestro compañero, podemos llegar a ser, totalmente vulnerables y luego podemos ser abandonados por nuestra “Fuente” de amor y quedarnos “vacíos” y solos…; por eso temblamos en presencia del amor.
Algunos se paralizan de tal forma que no se permiten ni permiten a otros, acercarse a esa experiencia por el terror a la pérdida, prefieren sentirse solos, tal vez embarcados en numerosos romances, pero asegurándose que “ellos” abandonarán a los otros, antes de ser abandonados por el otro.

Los aparentemente enamorados, no son necesariamente menos culposos; su temor a la pérdida puede ser tan grande que se aferran a una relación que ya no les sirve, antes que sentir el tormento de la ansiedad, de la separación. Esta gente está como congelada en sus vínculos, los utilizan para protegerse de sus propios sentimientos, ocultándose en sus refugios contra la “tormenta”.
Estas relaciones están condenadas al fracaso porque están basadas en una resistencia total a la experiencia del temor y la pérdida. Como lo que RESISTIMOS PERSISTE, las relaciones protectoras perpetúan el temor y la pérdida.
Por que somos tan culposos?. Por que pensamos que el placer conduce al dolor, el amor a la pérdida y la vida a la muerte?. Por que representamos constantemente la historia del Jardín del Edén y cual es el verdadero significado de esta historia?. De que manera afectan nuestros vínculos el dolor y la separación que vivenciamos al nacer?.
Ya vimos que sucedió realmente en el Jardín del Edén, como y por que fueron separados los sexos, pero en su “registro” de ese momento, el hombre y la mujer “entregaron su poder” al negar su Divinidad. Como negaron su divinidad?. Pues al permitirse pensar que CARECIAN de algo!. Como puede haber carencia en el Paraíso?. Como puede haber carencia siendo seres Divinos?... El Padre envió a sus hijos fuera del Paraíso como cualquier padre envía a sus hijos a la escuela, cuando llegan a la edad de adquirir conocimientos y experiencias que solo les dará la escuela y el contacto con otros niños de su edad; más allá de que les guste o no, que quieran o no los niños.
Lo que seguimos repitiendo y arrastrando desde entonces los hombres es el hábito de OLVIDAR NUESTRA DIVINIDAD!. Cuando negamos nuestra divinidad, nosotros nos negamos el paraíso aquí en la tierra; y no es posible vivenciar, estar, gozar del Paraíso, cuando aceptamos la posibilidad de la “carencia”.
La separación es inevitable cuando pensamos y aceptamos que necesitamos “algo” o a “alguien” para sentirnos completos.
Cuando nacemos, el registro es que nuevamente somos expulsados del Paraíso. En el vientre materno flotamos en el lujo, completamente nutridos y mantenidos sin esfuerzo; luego somos expulsados y entregados al “afuera”… En este proceso, la madre siente temor y dolor, por lo cual a menudo el bebé, al registrar este temor y este dolor, se culpa a si mismo.
NACEMOS CULPABLES!, nuestro derecho a la vida produce el miedo y el dolor de la persona a la que más amamos… Este síndrome de “culpa infantil” que boicotea las relaciones más de lo que nos podemos dar cuenta, se agrava y refuerza en los niños no deseados, no buscados y no queridos, - que son la mayoría -.
Imaginemos por un momento las consecuencias de creer que el hecho de estar vivos hace daño a nuestros asociados y a los seres que amamos. Este solo pensamiento puede causar la supresión de nuestros sentimientos, la represión de nuestra alegría y felicidad y la negación de nuestra divinidad, por el “bien” de los demás; y, si realmente estamos enamorados de alguien incluso podemos llegar a estar dispuestos a renunciar, a lastimarnos de mil maneras y hasta de provocar la ruptura, para “proteger” al otro de nuestra vitalidad negativa.
En una escala menos enferma, pero enferma al fin, mucha gente cree, firmemente, que el auto – sacrificio es una señal legítima de devoción y amor, esto está muy reforzado por las antiguas religiones.
Otro ejemplo del efecto del trauma natal sobre los vínculos, es el síndrome de claustrofobia o sofocamiento. En el vientre fuimos contenidos y nutridos, fuimos creciendo gradualmente hasta que el espacio vital ya no pudo contenernos más; el “paraíso” se convirtió repentinamente en un infierno, nos encontrábamos “aprisionados” y teníamos que salir para sobrevivir, por lo tanto, elegimos salir; de todas maneras no nos quedaba otra alternativa ya que el “paraíso” nos empujaba, nos expulsaba hacia fuera… Una persona nos tomó en sus manos, cortó el cordón umbilical y nuestra primera respiración fue realizada con una gran carga de dolor y pánico. En las relaciones, a menudo revivimos esta misma secuencia emocional. Nos desplazamos desde la gratificación de un amor, hacia un sentimiento gradual de restricción y sofocamiento. Pareciera que el “paraíso” se ha convertido en un infierno viviente, y que tenemos que abandonar la relación para continuar nuestro crecimiento personal, cuando no para seguir viviendo… La única alternativa es obligar al otro a abandonarnos; a menudo, se hace cada vez más difícil “ respirar” cuando estamos muy involucrados en un vínculo, y frecuentemente nos encontramos abriendo las ventanas en pleno invierno, para conseguir suficiente “aire”.
El resultado de todo este mecanismo enfermo es la “gran ligadura doble” de la mayoría de las personas, es decir, la sensación o el sentimiento angustiante de que no podemos vivir con una persona y que no podemos sobrevivir sin ella. El temor al amor y el temor a la pérdida se unen en sagrado matrimonio, con “la culpa”, oficiando de sacerdotiza en la ceremonia, sonriendo compasiva, al ver a otra pareja desprevenida caer en la mortal trampa.
La alternativa a la culpa es la “INOCENCIA”.

Todos conocemos el sentimiento de la inocencia cuando miramos los ojos de un bebé. Lo que olvidamos es que todos tenemos esa inocencia primordial, esa pureza y confianza, sepultado a veces bajo incontables capas de dolor y pseudoprotección. La manera de recuperar esa INOCENCIA perdida, es la “llave” buscada por todos los seres humanos.
En realidad es ridículo referirnos a la “inocencia perdida”, porque nunca puede perderse lo que es eternamente nuestro, por derecho de creación.
Es necesario transformar nuestra idea de nosotros mismos, y de los demás, para vivenciar la vida como es realmente; puesto que la culpa es una forma de dolor o por lo menos un generador de dolor, un examen sobre la naturaleza del dolor, puede echar luz sobre una solución al problema de la culpa. De hecho, el dolor es el esfuerzo que se hace para aferrarse a las creencias negativas más arraigadas.
Algunos de los pensamientos que contribuyen y fortalecen la culpa son: No merezco amor – Hago daño a los demás – Los demás me hacen daño – Cuando alguien se va me produce dolor – El amor significa sufrimiento – Dios no quiere que yo sea feliz – Mi destino es sufrir… - etc.
Si tenemos estos pensamientos negativos en nuestro subconsciente, lo primero que tenemos que hacer es relajarnos, respirar conscientemente varias veces, dejar IR la tensión en nuestro cuerpo y observar nuestros pensamientos negativos.

Debemos darnos cuenta de que SI merecemos Amor y que ninguna cantidad de trabajo, lucha, sufrimiento o dolor nos hará merecedores de amor o menos merecedores de amor, de lo que nos CORRESPONDE por derecho propio.
Debemos darnos cuenta de que SOMOS LA FUENTE, tanto del amor como del dolor, de la abundancia como de la carencia, de la vida como de la muerte, al igual que todos los demás, en otras palabras, si no hacemos daño a los demás y los demás no nos dañan a nosotros, no tenemos a que temer.
El origen del daño se halla dentro del que está herido, NO en quienes superan el auto – castigo.
Cuando alguien a quien amamos, nos abandona, tengamos presente que nunca perdemos nada de valor real. Cada vez que parece que perdemos algo, es solamente para CREAR el espacio necesario para que se manifieste algo mejor. De todas maneras, que quiere decir “irse”?.
Los cuerpos SON ENERGIA EN MOVIMIENTO, energía constantemente cambiando, yendo y viniendo, entrando y saliendo, dando la vuelta y volviendo.
Por que tomarnos personalmente los movimientos de los demás?. Si estamos con alguien que amamos y nos vamos, lo que determinará la respuesta de esa persona no es nuestro movimiento, sino sus sentimientos sobre si mismo. Si se aman a si mismos, nos amarán, incluso, cuando nos vayamos; si se odian a si mismos, nuestra partida les causará resentimiento. Es posible que piensen que nos necesitan cerca de ellos para poder sentir “amor”. Esto es simplemente aquella vieja y conocida ligadura doble, en la que se cree que se necesita al otro y sin embargo no se puede convivir con el otro. Si creemos que necesitamos al otro, nos odiaremos – inconscientemente – a nosotros mismos y al otro también (en el caso que el otro se quede). Nos odiaremos a nosotros mismos por “depender” del otro para vivir, y odiaremos al otro por reforzar esa dependencia.
Probablemente se termine haciendo todo lo posible para que el otro se vaya. Pero esto es infantil y ridículo. Es como decretar que el otro y NO uno mismo, es la Fuente de Vida y que los otros seguirán dejándolo a uno hasta que podamos darnos cuenta del error… ASI ES DE GENEROSO EL UNIVERSO.
En realidad, deberíamos agradecer a los compañeros que nos dejan, agradecerles los regalos que nos han hecho (palabras, gestos, etc.) y por enseñarnos que NO LOS NECESITAMOS ni para vivir, ni para sentir amor, ni para SER.
Desde luego que si estamos atascados en sentimientos de “necesidad”, por lo tanto: de “dependencia” y de “incapacidad”, debemos darle cabida en vez de evitarlos.
Recordemos que: LO QUE RESISTIMOS PERSISTE Y LO QUE ACEPTAMOS SE DISUELVE… Por lo tanto, tratémonos bien, gentilmente, con paciencia y con amor, cuando tenemos estos sentimientos infantiles negativos muy arraigados.
PERDONEMONOS!. Perdonar es DESGRABAR la mente y abrir el corazón.
Perdonémonos por pensar que no merecemos amor, desgrabando y borrando todas las razones falsas y las excusas que hemos utilizado para mantener el amor alejado de nosotros. Simplemente, debemos cambiar la idea y perdonarnos por haber pensado que dañamos a los demás o que los demás nos dañan a nosotros.
Sobre todo, PERDONEMOS a cualquiera que recordemos con dolor o con odio, AHORA!, desde nuestros padres a ex compañeros o antiguas amistades. El acumular y acunar el resentimiento, solamente agregará fuerza negativa a nuestra “culpa” porque generalmente nos odiamos a nosotros mismos por odiar a los otros, y viceversa, aunque este odio no sea consciente.
Respecto al resentimiento, es una decisión que tomamos con la mente y que retenemos en el cuerpo, sobre el “haber sido traicionados”, cuando de hecho, nos traicionamos a nosotros mismos. A veces se produce la “apertura” hacia el reino positivo, aprobándonos a nosotros mismos, pensando que resentimos y culpamos a los demás, solo para darnos el espacio necesario para llegar a hacerlo libremente con nosotros mismos.
Como darnos cuenta de que tenemos matrices “culposas” encubiertas y reprimidas en nuestro subconsciente?. Muy fácil!. Usando el afuera como espejo. Si creemos a alguien o a los demás culpables de algo, esto nos estará diciendo claramente que “la culpa” está dentro nuestro; en caso contrario, podemos comprender que los otros están equivocados, que obraron de una o de otra forma por alguna razón, que “algo” provocó sus reacciones equivocadas…, pero nunca los pensaremos a los otros, como CULPABLES.
Dice el antiguo Saber: “Cuando yo pienso del otro, me estoy pensando…”, “Cuando yo te digo, me estoy diciendo…”, “Todo y todos, tienen que ver con todo y con todos…”, “Es imposible pensar o sentir cosas terribles de otros si no pensamos y sentimos cosas terribles de nosotros mismos”.
Siempre que asumimos nuestra “responsabilidad” por nuestros sentimientos, toda y cualquier emoción, aún la “culpa”, puede ser LIBERADA para re – establecer la armonía, esa Armonía que nos corresponde por Derecho Divino, y que es parte de nuestra verdadera Herencia.
Culpar a los demás sin sentirnos culpables, suele ser a veces, el primer signo o el primer paso hacia el PERDON. Intentamos ponerla, reconocerla y verla afuera primero, para luego poder buscar sus raíces adentro nuestro.
Una emoción es ENERGIA EN MOVIMIENTO, impulsada por un pensamiento. Lo importante es permitir que nuestra energía, que es al fin y al cabo nuestra FUERZA VITAL REPARADORA, fluya sin obstáculos y sin obstrucciones.
Pensemos en todas las veces que hemos retenido la expresión y/o la sensación de nuestros sentimientos en nuestra vida. A menudo terminamos resistiendo a las personas asociadas a nosotros y resintiéndolas, por “haber hecho” que nos expresáramos con ellas, culpándolas incluso por “no comprendernos” y por nuestra propia falta de seguridad.
Esto se llama el SINDROME DE RETENCION RETIRADA Y RESENTIMIENTO, y la solución es simplemente DARNOS PERMISO para sentir y expresar todos nuestros sentimientos, DARNOS PERMISO para expresar todos nuestros pensamientos LO MAS RAPIDAMENTE POSIBLE.
El sentir plenamente todos los sentimientos conducirá al sentimiento del Amor, de la Totalidad, de la Autenticidad, además de convertirnos en seres CONFIABLES.
Si nuestro origen – y por lo tanto nuestro final destino es la INOCENCIA y la PUREZA, y el vehículo es el PERDON, nuestro camino será escabroso hasta que aprobemos todas nuestras emociones. Pensemos en nuestros sentimientos como si fueran, y en verdad lo son, nuestros hermanos y maestros; que nos enseñan a amarnos a nosotros mismos INCONDICIONALMENTE, incluso en presencia del temor, el enojo o la tristeza.
En definitiva, el AMOR, es una energía Vital y Feliz, que fluye a través nuestro, CUANDO NOSOTROS FLUIMOS A TRAVES DE ELLA; de modo que NO NOS RINDAMOS!, PERSISTAMOS!.
Aún cuando la confusión y la desesperanza muestren sus retorcidos rostros, tengamos presente que: NACIMOS INOCENTES Y PUROS Y PERMANECEREMOS INOCENTES Y PUROS si así lo QUEREMOS, y que cualquier otra cosa, o idea, o pensamiento, ES MENTIRA!, es parte de la ENFERMEDAD COLECTIVA! y no tiene por que ser parte de nuestra vida si no lo queremos!.
Dios no Creó a sus Hijos para condenarlos a la imperfección y al dolor, a la limitación y a la dependencia, a las carencias y a las necesidades!. Dios nos Creó Perfectos, con todo lo necesario para que ganemos, por nosotros mismos la PERFECCION!.
Siempre lo hemos sabido, en lo más profundo de nuestro corazón, y cuanto más nos entregamos y nos abrimos a nuestro corazón, tanto más celebramos la divinidad de nuestra ESENCIA.
Una de las claves más importantes es: DARNOS PERMISO!. Aunque esto parezca mentira, no estamos educados para DARNOS PERMISO y, cuando lo hacemos es inevitable que lo hagamos con el sentimiento de culpa, de deuda y del temor correspondiente.
Debemos recordar que en la vida no existen solamente “deberes” y “responsabilidades”, existe por sobre todas las cosas, algo fundamental y básico, y es el DERECHO. Tenemos DERECHOS!.
A partir de este pensamiento – sentimiento, se deben re – estructurar los deberes PARA CON NOSOTROS MISMOS y las responsabilidades PARA CON NOSOTROS MISMOS, recién luego, nunca antes, recién después de haber estructurado el Esquema de la AUTO – ESTIMA y del AUTO – RESPETO, podemos rescatar el aspecto POSITIVO de los deberes y las responsabilidades hacia los otros, para con “el afuera”. De lo contrario, como es “normal” y “común”, todo vínculo será ENFERMO.
Rescatemos nuestro SER PERFECTO!. Apropiémonos de nuestro DERECHO a ser PERFECTOS!. Apropiémonos del Cielo por la Fuerza!. Por la Fuerza de nuestra voluntad, de nuestro deseo y de nuestra convicción.
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