Instituto de Profesores “Artigas” Departamento de Filosofía




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Bioética: panorama actual de los modelos de fundamentación

Carolina Pallas
Instituto de Profesores “Artigas” - Departamento de Filosofía –

Portal Uruguay Educa.
Nos proponemos como objetivo central la presentación de los dos modelos hegemónicos del panorama bioético actual, como lo son, el modelo de principios y el modelo casuístico, como así también señalar sus debilidades, ya que son el marco para el desarrollo de un nuevo modelo de fundamentación centrado en la deliberación y basado en los Derechos Humanos. Para ello, esta conferencia se divide en tres partes: en primer lugar, abordaremos brevemente de qué trata la ética y la moral; en segundo lugar, el surgimiento y el concepto de “Bioética”; y finalmente, tras la presentación del modelo de fundamentación de principios y el casuístico, así como de sus atractivos y críticas, se esbozarán las líneas de un modelo de fundamentación deliberativo basado en los Derechos Humanos.



  1. Ética y moral: concepto y problemáticas


La primera dificultad con la que nos encontramos al abordar de qué trata la ética es que hay dos cosas diferentes, de naturaleza diversa, que abarca distintos niveles y que ambos se relacionan con la filosofía moral: por un lado hay acciones o prácticas que son ético morales, y por otro lado, hay un discurso, un lenguaje moral.

El ser humano es un ser que realiza acciones, no sólo tiene comportamientos o tiene conductas, ya que cuando actuamos, deliberamos sobre nuestras acciones, tomamos decisiones, buscamos justificaciones, intentamos demostrar que hemos tomado la mejor decisión, o al menos, la menos mala.

Estas acciones o prácticas se califican en morales cuando al menos cumplen estas dos condiciones: son acciones libres y voluntarias, es decir, las elegimos, conscientemente y, por tanto, son susceptibles de responsabilidad; y por otro lado son acciones que afectan a otros.

Pero además, el ser humano utiliza conceptos (como bueno/malo, prohibido/ permitido/obligatorio, correcto/incorrecto,justo/injusto), emite normas (“no debes matar”) y expresa valores (“la vida humana es un bien irrenunciable”). Es decir, además de ser un “actor” es un ser normativo y valorativo. No sólo expresa opiniones o transmite información, también evalúa y aprecia los hechos y objetos del mundo (incluidos los sujetos).

No es lo mismo afirmar que “la carrera de abogacía dura cinco años” que “dura demasiado”, o “que la pintura es al óleo” a “la pintura es buena”, o decir “ella es fiel” a “ella no debe ser infiel”, o “la salud es deseada” a “la salud es deseable”. Estos ejemplos muestran que además de afirmaciones o juicios informativos: “sobre lo que es”, realizamos juicios sobre lo que “debe ser”. No todos los juicios valorativos son éticos, los hay estéticos y otros de valor no moral, como aquellos en los que decimos “que algo es bueno para”, o sea “algo satisface adecuadamente algún criterio”, como “es un buen auto”, “es un buen nadador”, “hay buen tiempo”.

A nivel ético realizamos o juicios de valor -llamados “axiológicos”- o juicios normativos -llamados “de obligación”-. En los primeros suele aparecer el concepto “bueno” o “malo” y establecen pautas de enjuiciamiento de actos y de las personas que realizan esos actos, por ejemplo: “La solidaridad es buena”. En cambio, en los juicios normativos aparecen los términos ”deber” o “correcto”, ya que establecen pautas de cómo debemos obrar, se refieren a normas que expresan una determinada exigencia para la acción, como por ejemplo: “Debo cumplir las promesas”.

Si bien hay dos fenómenos de naturaleza diversa que son ético morales, como lo son las acciones y el discurso, quizás lo más complejo de entender es el carácter de “universabilidad” de la ética. Si bien todo acto y juicio moral implica una elección individual, decimos que la ética supera el punto de vista individual, supone una extensibilidad a los otros, además de que los afecta. ¿Por qué?

  1. Porque en las relaciones cotidianas surgen problemas prácticos morales. Los individuos se plantean constantemente, tanto sobre las cosas más triviales como sobre las más graves, preguntas del siguiente tipo: ¿Qué debo hacer? y ¿Qué debería haber hecho?, ¿No hubiera sido mejor que hiciera...? ¿Qué límites tienen mis acciones?, ¿Hasta dónde puedo llegar? O ¿es deseable este fin? ¿son legítimos estos medios? ¿qué consecuencias tiene?1 La reflexión moral aparece cuando se guarda cierta distancia crítica respecto, tanto a la situación en la que nos hallamos, como así, de las necesidades y deseos inmediatos.




  1. Porque la libertad humana no es incondicionada: la presencia del otro es irrenunciable: hacemos nuestra vida con otros, dependemos de otros y es esa convivencia lo que es constitutivo de nuestra condición y lo que reclama la justificación de nuestros actos.




  1. Porque las preguntas presentadas anteriormente cobran sentido respecto a la presunta existencia de reglas comunes. Reglas o normas de convivencia relacionadas con la comunidad, la tradición, la historia y que pueden ser explícitas o no, o ser universales o no. Pero su presencia estructura el ámbito de las acciones posibles, ya que tales reglas permiten discernir entre lo que es legítimo o no, entre lo que está y lo que no está justificado, entre lo que es más o menos legítimo, entre lo que es o no es moral.


Es decir, la moral y la ética no son una cuestión de preferencias individuales, tampoco depende de una concepción estrictamente personal de lo que está bien o mal, no consiste en que cada cual se forje su sistema de valores o principios y se sienta legitimado para llamarlo ético. Esa es precisamente la razón por la que tiene sentido una reflexión común sobre los principios que se comparten. En principio, toda afirmación moral intenta, en cierto sentido, superar el punto de vista individual.

1 Cfr. Sánchez Vázquez, “Ética”. ¿Debo cumplir la promesa que hice ayer a mi amigo, a pesar de que hoy me doy cuenta de que su cumplimiento me producirá ciertos perjuicios? Con referencia a los actos criminales cometidos por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, ¿los soldados que, cumpliendo órdenes militares, los llevaron a cabo, pueden ser condenados moralmente? ¿Debo decir la verdad siempre, o hay ocasiones en que debo mentir? ¿Podemos considerar que es bueno el hombre que se muestra caritativo con el mendigo que toca a su puerta, y que durante el día -como patrón- explota implacablemente a los obreros y empleados de su empresa? Si un individuo trata de hacer el bien, y las consecuencias de sus actos son negativas para aquellos a los que se proponía favorecer, ya que les causa más daño que beneficio, ¿debemos considerar que ha obrado correctamente cualesquiera que hayan sido los resultados de su acción? "No debes matar", significa que "No es correcto ni por tu parte, ni por la mía, ni por la de ningún individuo, matar". En este contexto de universalidad, el enunciado moral iría más allá de nuestros deseos particulares. En otras palabras, resulta que la moralidad no es sólo una cuestión de creencias e inclinaciones arbitrarias personales: afecta a todos.

Siguiendo a Sánchez Vázquez, podemos diferenciar entre problemas prácticos morales y problemas teóricos éticos. Los primeros son problemas que se plantean en las relaciones efectivas, reales de unos individuos con otros, o al juzgar ciertas decisiones y acciones de ellos. Se trata, a su vez, de problemas cuya solución no sólo afecta al sujeto que se los plantea, sino también a otra u otras personas que sufrirán las consecuencias de su decisión y de su acción. En este nivel, los individuos se enfrentan a la necesidad de ajustar su conducta a normas que se tienen por más adecuadas o dignas de ser cumplidas. Esas normas son aceptadas íntimamente y re-conocidas como obligatorias; de acuerdo con ellas, los individuos comprenden que tienen el deber de actuar en una u otra dirección. En estos casos decimos que el hombre se comporta moralmente, y en este comportamiento suyo se pone de manifiesto una serie de rasgos característicos que lo distinguen de otras formas de conducta humana.

Los problemas éticos-teóricos se caracterizan por su generalidad. Si al individuo concreto se le plantea en la vida real una situación dada, el problema de cómo actuar de manera que su acción pueda ser buena, o sea, valiosa moralmente, tendrá que resolverlo por sí mismo con ayuda de una norma que él reconoce y acepta íntimamente. Será inútil que recurra a la ética con la esperanza de encontrar en ella lo que debe hacer en cada situación concreta. La ética podrá decirle, en general, lo que es una conducta sujeta a normas, o en qué consiste aquello -lo bueno- que persigue la conducta moral, dentro de la cual entra la de un individuo concreto, o la de todos. El problema de qué hacer en cada situación concreta es un problema práctico-moral, no teórico-ético. En cambio, definir qué es lo bueno no es un problema moral que corresponda resolver a un individuo con respecto a cada caso particular, sino un problema general de carácter teórico que toca resolver al inves-tigador de la moral, es decir, al ético.

Los problemas teóricos y los prácticos, en el terreno moral, se diferencian, por tanto, pero no se hallan separados por una muralla insalvable. La investigación teórica no deja de tener consecuencias prácticas, pues al definirse qué es lo bueno se está señalando un camino general, en el marco del cual, los hombres pueden orientar su conducta en diversas situaciones particulares. En este sentido, la teoría puede influir en el comportamiento moral-práctico. A su vez, los problemas que plantea la moral práctica, vivida, así como sus soluciones, constituyen la materia de reflexión, el hecho al que tiene que volver constantemente la teoría ética, para que ésta sea no una especulación estéril, sino la teoría de un modo efectivo, real, de comportarse el hombre.

A partir de estas consideraciones podemos diferenciar la moralidad y la reflexión moral, de la Ética (o Filosofía Moral).

La moralidad es un factum, un hecho empírico, que tiene un origen histórico, ha sido legado, son las tradiciones y valores que influyen y que coexisten diversos en la moralidad actual. La pluralidad de valores no socava en absoluto el carácter común y compartido de nuestra experiencia moral. La moral se define como el conjunto de reglas y valores de conducta, admitidas (esas reglas se cumplen libre y concientemente, por convicción) por una comunidad en una época determinada, para regular las relaciones mutuas entre sus integrantes. Como señala el filósofo español Aranguren es una “moral vivida” a diferencia de la ética que es una “moral pensada”. En la primera se trata de responder a ¿cómo se espera que actué?, en la Filosofía Moral se busca responder a ¿qué se debe hacer? y ¿por qué?.

La Ética es la reflexión filosófica sobre la moralidad, trata de indagar porqué hay moral y porqué determinadas normas pretenden obligar con legitimidad. Podemos destacar dos tareas propias de la ética: fundamentar las normas (o cuestionar determinadas fundamentaciones), y la aplicación de las normas a ámbitos específicos, la llamada Ética Aplicada, que abarca desde la bioética a una ética de la empresa, de la publicidad, de las profesiones, entre otras.
Bioética: surgimiento y concepto

La Bioética es una reflexión ética sobre las ciencias de la salud y la biotecnología, por ello trata de los problemas éticos que se plantean en el contexto de la medicina y las ciencias biológicas.

Se origina, básicamente, como una reacción ante la deshumanización de la medicina, y ante los conflictos entre perspectivas éticas complejas y contradictorias en relación con el fenómeno de la vida en general y de la vida humana en particular, desde que se descifró el código genético humano y se plantearon nuevas formas de manipulación científica de la naturaleza.

La Encyclopedia of Bioethics define la Bioética como "el estudio sistemático de la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y del cuidado sanitario, en cuanto que tal conducta se examina a la luz de los valores y de los principios morales".

Dentro del campo de la bioética caben cuestiones tan diversas como: aspectos tradicionales de la ética médica y la ética de los nuevos avances en biomedicina, las políticas del control de la natalidad, la deshumanización e institucionalización de la atención médica, aborto, eutanasia, relación médico paciente, fertilización asistida, clonación, manipulación genética, investigación con seres humanos. Así como la ética ambiental, donde encontramos los debates sobre los derechos de las futuras generaciones y el desarrollo sostenible.
Sobre el surgimiento de la Bioética

¿Qué acontecimientos intervinieron en el nacimiento de la Bioética? Uno de los factores determinantes fue la aparición de una serie de "paradojas" creadas por el propio avance de la medicina y la tendencia a extender las prestaciones sanitarias.

Para muchos autores, el nacimiento de la Bioética (aunque todavía no se le daba ese nombre) ocurrió en 1962, cuando en Seattle se decidió crear un comité de legos (no médicos) para decidir qué pacientes tenían preferencia para beneficiarse de la entonces reciente máquina de hemodiálisis. La pregunta subyacente era ¿por qué un avance médico debería crear una nueva discriminación médica? ¿Quién elegía y cómo elegir a los candidatos? La novedad estribaba precisamente en que la respuesta a estos interrogantes no recaía sobre los médicos, sino sobre una representación de la comunidad.

Aunque el Código de Nuremberg (1948) había tratado por primera vez el tema de la experimentación en humanos, en los años 60 se tomó conciencia de que incluso en una sociedad democrática, la misma investigación biomédica sobre sujetos humanos planteaba una gran cantidad de problemas que había que encarar adecuadamente. En 1972 se divulga el llamado "caso Tuskegee", un estudio hasta entonces secreto, en el que 400 individuos de raza negra habían dejado de ser tratados contra la sífilis (a pesar de que ya existían tratamientos eficaces) con objeto de estudiar la evolución "natural" de la enfermedad. El congreso de los EE.UU. establece la "Comisión Nacional para la Protección de los sujetos humanos en el campo de las Ciencias Biomédicas y del Comportamiento". En 1978 esta Comisión publica el llamado "Informe Belmont", con directrices para la protección de los individuos que participen como sujetos de experimentación en Biomedicina, basados en los principios de autonomía, beneficencia y justicia.

A partir de 1967, con los primeros trasplantes de corazón, se plantea el problema de cómo definir la muerte clínica. En 1968 la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard publica un artículo donde plantea el nuevo criterio basado en la muerte cerebral. Se suma a esto casos de coma irreversible, los que animaron el debate sobre la eutanasia y el "derecho a la propia muerte". En 1975 Karen Ann Quinlan entra en coma irreversible y queda en estado vegetativo persistente. Los padres piden que la desconecten del respirador artificial para que pueda morir en paz. Tras una denegación judicial, hay un recurso, en el que el Tribunal Supremo de Nueva Jersey autoriza la desconexión sobre la base del "derecho a una muerte digna y en paz". Una de las recomendaciones del Tribunal Supremo que intervino en el caso Quinlan fue la de que los hospitales creasen "Comités de ética" capaces de enfrentarse a este tipo de conflictos. Surgieron directrices sobre la reanimación, sobre el empleo o no de tratamientos costosos para mantener con vida recién nacidos con graves anomalías, etc. Se reconocía por primera vez que la propia tecnología de soporte vital planteaba la cuestión sobre la eticidad o no de mantener en estado vegetativo a individuos que nunca volverían a tener una vida consciente.

A estos hechos, entre otros, se suma la crisis del concepto paternalista de beneficencia médica heredado de la tradición hipocrática. El médico ya no puede imponer (ni siquiera benévolamente) al paciente sus recomendaciones, sino que éste ha de ser informado, para que pueda ejercer sus irrenunciables derechos de autonomía y pueda conceder el consentimiento a los tratamientos -en 1972 se promulga en EE.UU. la Carta de los Derechos de los Enfermos-. Además, la universalización de los servicios sanitarios en gran parte de los países occidentales ha obligado a plantearse cómo financiar y distribuir equitativamente unos recursos limitados, y cómo regular el acceso a distintas tecnologías por parte de los ciudadanos. ¿Cómo se atienden las necesidades básicas sanitarias de todos los ciudadanos? Pero ¿qué son necesidades básicas? ¿Cómo se diferencia entre lo necesario y lo accesorio?

Susana Vidal señala tres grupos de condicionantes del surgimiento de la Bioética: el creciente y desmesurado avance científico tecnológico de los últimos 50 años; el surgimiento de los derechos de los enfermos; y en tercer lugar, el cambio en los modelos de asistencia sanitaria y el debate sobre el derecho a la salud. Dentro de los avances científicos se destaca que a través de la tecnología se puede intervenir en la propia naturaleza humana y modificarla, se crearon nuevas formas y pautas para el morir y para el nacer, se puede tanto prolongar como interrumpir la vida, como sostenerla artificialmente de manera casi ilimitada, trasplantar órganos de donantes vivos y de muertos. Los pacientes se encontraron frente a una premisa que regía la conducta médica y dió en llamarse “imperativo tecnológico”. Todo lo técnicamente disponible debía ser aplicado otorgando al progreso científico técnico una valoración positiva en sí mismo que condujo a numerosos excesos. Si es una innovación tecnocientífica es “buena” y si es buena debe ser aplicada. Se suma a esto el debate actual sobre el derecho a la salud y la responsabilidad del Estado, y la forma de distribución de los recursos en salud. Asimismo, la explosión de reclamos sociales por parte de grupos marginados y discriminados, en defensa de sus derechos. Negros, niños, mujeres, homosexuales, minorías étnicas y religiosas, etc. reclaman por un trato igualitario ante la ley fundada en un reconocimiento de sus diferencias.

En América Latina es necesario hacer referencia especial a otros determinantes propios por causas económico políticas, ya que los tres grupos de factores antes señalados están vinculados fundamentalmente a los países del primer mundo y especialmente al mundo anglosajón. El desarrollo científico tecnológico de los países periféricos se encuentra muy por detrás del de los países centrales, somos consumidores de tecnología que no producimos. Según la OMS el 90% de la inversión en investigación y desarrollo se orienta al 10% de las patologías que afectan a la humanidad, el 10% que puede pagar, que no es la población latinoamericana pero que numerosas veces sí es sujeto de investigaciones a cuyos resultados no van a acceder. Asimismo no hay acceso a la asistencia sanitaria, y cuando lo hay es básico e inequitativo. Todo esto se enmarca en que América Latina transita un período de estabilización de las democracias: los sistemas democráticos son jóvenes ya que estuvieron permanentemente interrumpidos por dictaduras que no solo impidieron el ejercicio de la libertad, sino que violaron los más esenciales derechos humanos.
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