Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa




descargar 1.85 Mb.
títuloPaper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa
página14/45
fecha de publicación02.08.2016
tamaño1.85 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Derecho > Documentos
1   ...   10   11   12   13   14   15   16   17   ...   45

Informe especial

Bush padre ¿presidente en las sombras de EEUU?

Siempre se dijo que el presidente W. Bush es el hijo “bobo” de George, y que el ex presidente controla todas sus decisiones a través del entorno familiar.

(IAR-Noticias) 04En04 Por Manuel Freytas

La prensa, los periodistas, y el “mundo del poder” se habían olvidado de él hasta que, en el primer día del año, apareció con su hijo W. cazando codornices en una zona polvorienta y desolada del sur de Texas.

George Bush (o “Papá Bush” como lo llaman familiarmente) acompañó a su hijo por el sur tejano, en una típica jornada de campaña electoral en la cual W. saludó familiarmente a los lugareños diciendo en un chapuceado español “¿Cómo estás?”.

En una clásica pose para la prensa W. cargó en sus brazos a una beba -Liana Flores, de nueve meses- y la besó en las mejillas antes de dirigirse a la finca privada El Tule para cazar con su padre, el ex presidente George Bush, y algunos amigos “no identificados”.

El viaje para cazar codornices seguramente sirvió de excusa a los Bush para liberarse por un rato del entorno familiar y distenderse con una de sus clásicas charlas de “estrategia”.

El presidente y su padre, desde el comienzo de sus vacaciones, permanecieron recluidos con su familia y amigos en su finca de Crawford, situada en la parte media de Texas.

Entre esos amigos se encontraba el ex secretario de Estado James Baker, hombre de confianza de la familia Bush, quien acababa de regresar de Asia, donde obtuvo promesas de China y Japón para ayudar a “reducir la deuda iraquí” de más de 100.000 millones de dólares.

A instancias de su padre W. Bush nombró a Baker -un reconocido lobbista de Wall Street especializado en “reestructuración de deudas externas”- como embajador especial para la deuda iraquí con el objetivo de negociar con los acreedores a cambio de una mayor participación en el botín de guerra.

Baker, junto a la poderosa asesora en Seguridad Condoleezza Rice, el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Estado Colin Powell conforman el núcleo más importante del “equipo estratégico” de campaña de W. Bush, quien aspira a ser reelegido en noviembre.

Todos estos personajes responden incondicionalmente al liderazgo político e intelectual de Papá Bush, quién luego de perder su reelección los colocó al lado de su hijo W. con la intención de orientarlo hacia la presidencia de EEUU.

Para los especialistas la presencia de Baker en Irak “cierra” la llave de control que ejerce Papá Bush -a través de su hijo- sobre los resortes claves de decisión económica, política y militar de ese país ocupado.

A instancias de su padre el presidente Bush nombró, en octubre pasado, a Condoleezza Rice al frente de una comisión clave a cuyo cargo se encuentra la supervisión de todas las tareas de “reconstrucción” de Irak y Afganistán, incluidas las operaciones militares.

Según reveló el diario The New York Times, la creación del Grupo de Estabilización de Irak en la Casa Blanca se formalizó a través de un comunicado enviado a tres despachos: los del secretario de Estado, Colin Powell; del jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, y del director de la CIA, George Tenet.

Los tres destinatarios perdieron poder, y la designación detonó una “interna” entre Rumsfeld, Tenet y Condoleezza cuyo pico máximo se desarrolló durante la captura de Saddam cuando la CIA y el Pentágono se hicieron cargo de su custodia obstruyendo la labor del equipo de la asesora de Seguridad Nacional.

Dicen que en todas estas conflagraciones Papá Bush -líder histórico indiscutido del grupo de los halcones- oficia de “moderador” y que finalmente todos hacen formalmente las paces en reuniones familiares del clan presididas por el ex presidente, ex director de la CIA, y armador de la estrategia conocida como el Irangate en la década del 80.

El Clan Bush

Nadie duda en Washington que el “exitoso” W. Bush es la obra maestra de su padre. En los extramuros del poder norteamericano siempre se dijo que Papá Bush planificó la presidencia de su hijo como si fuera una operación de la CIA, de la que fue su director durante el gobierno de Gerald Ford.

Siempre se comentó que W. Bush es el hijo “bobo” de George. Y hay quienes aseguran que el vicepresidente Cheney es una especie de “tutor político” de W. puesto por su padre. Y que Papá Bush, a través de su hijo “bobo”, sigue ejerciendo funciones de "presidente en las sombras" de los Estados Unidos.

Acostumbrado al diseño de prolijas operaciones de inteligencia, cuyo pináculo fue el Irangate durante la administración Reagan, el ex presidente no se acogió a la jubilación como otros ex mandatarios estadounidenses.

Con sus 79 años cumplidos el 12 de junio pasado, no dejó de intervenir en ningún momento en la construcción de la carrera política de sus dos hijos: Jeb Bush, gobernador de la Florida, y George W. Bush, ex gobernador de Texas por dos períodos y actual presidente de los Estados Unidos.

Papá Bush, y su influyente esposa, Bárbara Bush, manejan un clan familiar que sucede en el tiempo a otro clan célebre del poder estadounidense: la familia Kennedy.

Con ciertas diferencias destacables: los Kennedy eran demócratas, y los Bush son republicanos conservadores de cuño militarista. Los Kennedy lidiaron con el imperio soviético durante la Guerra Fría, y los Bush son los encargados de terminar con el reinado bíblico del “eje del mal”.

El currículum de Papá

George Herbert Walker Bush, nació el 12 de junio de 1924 en Milton, Massachusetts. Los Bush eran una familia aristocrática de Massachusetts, en la tradición de los wasp (blancos, anglosajones y protestantes), que habían acrecentado su patrimonio con negocios exitosos en Wall Street.

El fundador de la familia, Prescott Bush, cultivó también el hábito de combinar negocios y política y sirvió como senador del Partido Republicano (RP) por Connecticut.

De esta manera, George, a pesar de su afincamiento con el petróleo texano, es un auténtico descendiente de los padres fundadores del patriciado del dinero de Wall Street.

A los 18 años Bush padre se alistó en las fuerzas armadas. Recibió su diploma como el piloto más joven de la Marina, y voló en 58 misiones de combate durante la Segunda Guerra Mundial.

Derribado en una oportunidad, fue condecorado con la Cruz Distinguida de Vuelo por su valentía en acción. En la Universidad de Yale, donde cursó estudios, fue capitán del equipo del béisbol y miembro de la fraternidad Phi Beta Kappa.

Luego de graduarse, Bush emprendió una exitosa carrera empresarial en la industria del petróleo de Texas.

En enero de 1945, a los 21 años, se casó con Bárbara Pierce. Tuvieron seis hijos, George W., Robin (quien murió cuando niño), John (conocido como Jeb), Neil, Marvin, y Dorothy.

Como lo fue su padre, George fue elegido senador por Connecticut en 1952. Luego vino un ciclo de cargos del más alto nivel en Washington. Embajador en las Naciones Unidas, Presidente del Comité Nacional Republicano, Jefe de la Oficina de Asuntos de los EEUU en la República Popular de China.

La culminación de este período se concretó con su nombramiento como director de la CIA durante la administración de Gerald Ford.

En el año 1980, George Bush compitió en las primarias por la precandidatura republicana para presidente. Perdió con Ronald Reagan, quien lo eligió como su compañero de fórmula en las presidenciales de ese año.

Convertido en el vicepresidente de Reagan, se transformó en el articulador en las sombras de las políticas anticomunistas desarrolladas en África, Asia, Medio Oriente y América Latina.

George, con su natural rapidez mental y espíritu de halcón, fue el encargado de hacer realidad la política del garrote, esbozada por Reagan en sus discursos.

Su misión, al margen de su cargo como vicepresidente, estaba orientada a descabezar y desarticular lo que quedaba de las organizaciones revolucionarias combatientes, principalmente la revolución sandinista de Nicaragua.

En 1988, se convirtió en el presidente de los Estados Unidos.

La Unión Soviética agonizaba, los jerarcas de la KGB hacían fortunas con la droga y el contrabando de armas, y Papá Bush cambió la caza de comunistas por la caza de “dictadores tercermundistas”, situados en enclaves de valor militar estratégico o en zonas petroleras.

Fiel a su tradición familiar, Papá Bush nunca se olvidó de combinar los negocios con la guerra.

Posteriormente invadió Panamá, derrocó a Manuel Noriega, un viejo socio suyo, y luego se dedicó a lanzarle la Operación Tormenta del Desierto a su antiguo amigo, Saddam Hussein.

El heredero

Arquitecto de la primera victoria en la Guerra del Golfo contra Saddam, en 1991, a George padre el triunfo y la popularidad se le escurrieron de las manos, cual mercurio fuera del termómetro.

En 1992, el capitalismo neoyorquino no andaba para “guerras petroleras”. Su fuente de ganancia expansiva se encontraba en la “apertura de los mercados” del mundo dependiente, para posibilitar el reinado del "capitalismo sin fronteras" de los megabancos y grupos de inversión de Wall Street.

La guerra y el Complejo Militar Industrial deberían esperar su turno, y el Consenso de Washington (cónclave en las sombras del poder real estadounidense) había decidido que Bill Clinton era el hombre ideal para comandar este proceso.

Papá Bush fue derrotado electoralmente por Clinton en 1992, y volvió a su rancho y a su familia. Y por supuesto, a sus negocios petroleros. Convencido que de una derrota electoral en EEUU no se vuelve fácilmente, y consciente, como buen experto en inteligencia, de sus debilidades y de su fortaleza, decidió apostar a una estrategia diferente.

De ahora en más, el “cerebro gris” de la administración Reagan, intentaría volver al poder materializado en cualquiera de sus dos hijos, Jeb o W., cuyos niveles intelectuales y formación cultural no son considerados precisamente como vidas paralelas.

Por esas cosas de los destinos filiales, W. es el hijo predilecto de papá Bush, y Jeb es el protegido de mamá Bárbara. Cuando George Bush Jr. tenía dos años, su padre se trasladó con él y con su madre Bárbara a Texas, donde emprendió una próspera carrera en la industria del petróleo.

George Bush Jr. creció y se educó en este estado sureño, que se convirtió en su terruño adoptivo. La familia primero vivió en Odessa y desde 1951 en la más populosa Houston, donde Bush padre fundó su primera empresa petrolera.

W. recibió una esmerada educación en la Escuela Preparatoria Phillips de Andover, y en 1964, pese a la mediocridad de su expediente académico, se matriculó en la prestigiosa Universidad de Yale.

En 1968 abandonó las aulas con una licenciatura inferior en Historia y acto seguido se alistó en la Guardia Nacional del Aire de Texas, donde recibió entrenamiento como piloto de combate hasta ser destacado en el 111 Escuadrón de Cazas.

Los que frecuentan al clan dicen que W. profesa una admiración incondicional hacia su padre.

Siempre se dijo que W. Bush es el hijo “bobo” de George. Y si se compara la biografía y el currículum de ambos (y a esta altura de los éxitos bélicos de W.) uno llega a la conclusión de que el verdadero fabricante del guerrero es su papá.

Durante toda su carrera política no dio ningún paso sin consulta previa con su célebre progenitor.

Papá Bush decidió apostar a su hijo, parco y reservado, de movimientos acerados y robóticos, de una clara reminiscencia con el personaje de la serie Robocop, en la convicción que era el hombre ideal para cumplir la obra que él no había concluido.

En 1986 W. Bush, que había fijado su nueva residencia en Dallas, ingresó al círculo de asesores de su padre, entonces vicepresidente de Ronald Reagan.

De 1987 a 1988 estuvo en Washington para participar en la campaña presidencial de su padre, que culminó con su entrada en la Casa Blanca el 20 de enero de 1989.

Del brazo del prestigio y la aureola de su padre, W. siguió construyendo su futuro político.

En enero de 1995 se convirtió en el 46º gobernador del estado sureño de Texas, donde gobernó por dos períodos consecutivos. Su éxito lo llevó a pensar en la presidencia de EEUU.

Antes de 1994, papá Bush no tuvo en claro quién iba a ser su sucesor, si W. o su hermano menor Jeb, ya convertido en el gobernador de Florida.

Finalmente el amor filial entre padre e hijo se impuso en el seno de la familia, y papá Bush proclamó a W. como futuro presidente de EEUU.

Posteriormente juntó y organizó a todo su viejo equipo de halcones, con Cheney y Rumsfeld a la cabeza, y consiguió que su hijo fuese proclamado nuevo regente del imperio americano.

El presidente en las sombras

Durante el desarrollo de la campaña militar que concluyó con la ocupación de Irak, la comunicación entre W. y su padre era permanente, y las decisiones fundamentales se tomaban en la residencia presidencial de Camp Davis donde la familia se reunía con Papá Bush presidiendo la mesa.

El operador principal de Papá Bush dentro del grupo de los halcones, es su viejo amigo y socio, el vicepresidente Dick Cheney.

Por medio de él, monitorea las andanzas del grupo y preserva a su hijo de las acechanzas del poder.

Cheney es una especie de tutor político de W., y Papá Bush, a través de él, sigue ejerciendo sus funciones de “presidente en las sombras” de los Estados Unidos.

Al contrario de lo que se dice por ahí, George W. Bush no es un “improvisado” de la política.

El hijo pródigo de papá Bush trajinó un largo camino en la selva del poder político antes de recalar en el Jardín de las Rosas, en la Casa Blanca.

Si bien su figura empalidece ante la de su padre, nada tiene que envidiarle a la de Ronald Reagan, un actor mediocre de Hollywood, que llegó a la presidencia por el único mérito de sus discursos anticomunistas plagados de amenazas contra el “trapo rojo” soviético.

Halcones y guerreristas ambos, a Reagan le tocó el papel de “comunicador” de lo que otros ejecutaban. En tanto que el destino de W., no tocado por la varita de la oratoria, es el de ejecutar lo que otros pensaron por él.

Curiosamente, en el camino de ambos siempre estuvo la sombra señera de papá Bush.

El hombre que superó la visión del conflicto Este-Oeste, imperante durante la disputa por áreas de influencia con la Unión Soviética en la Guerra Fría, y logró plasmar otra geopolítica de conquista fundada en el precepto bíblico del “eje del mal”.

Sobre esos pilares fundamentales de caracterización del “nuevo enemigo”, Condoleezza Rice y los halcones edificaron la nueva Doctrina de Seguridad Nacional de EEUU, e instalaron la estrategia del “ataque preventivo” bajo la atenta mirada y supervisión de papá Bush, el jefe de la Orden.

Para los expertos, George Herbert Walker Bush, es el verdadero cerebro de los dos hitos fundamentales del expansionismo militar norteamericano: la conquista de los ex enclaves soviéticos en Asia Central y Europa del Este, y el control militar estratégico de Medio Oriente y el Golfo Pérsico, cuyo círculo se cierra con la ocupación de Irak.

Papá Bush lo hizo, primero con Reagan, después con él mismo, y luego con su hijo W. Y ahora, a los 79 años, dicen que va por más.

Por lo pronto, comenzó el año cazando codornices junto a su hijo Presidente. Para los especialistas: un ensayo simbólico de la cacería de “terroristas” que el gurú de los halcones tiene pensada para que su hijo remonte en las encuestas electorales.

La privatización de la guerra

Se dice que en Irak, inmediatamente detrás del ejército estadounidense, la segunda fuerza de ocupación son los, al menos, 25 mil efectivos desplegados por las empresas privadas militares y de seguridad. El dato numérico nos ayuda a ver la magnitud de un fenómeno existente desde hace al menos 15 años, mismo que se está convirtiendo en el elemento central de las guerras del presente y del futuro: la privatización de la guerra.

A continuación voy a transcribir un párrafo del libro “La Privatización de las Guerras” (2005) cuyos autores son Dario Azzellini y Boris Kanzleiter (página 227), donde tratan el tema de la guerra en Irak, “… Después de que en diciembre del 2004 el contingente de EEUU aumentó a 150.000 soldados, las tropas de las compañías militares privadas (CMP) representan el segundo ejército más grande en Irak. Según informaciones de la CMP Custer Bateles, hay más de 30.000 iraquíes y “varios miles de otros” al servicio de las CMPs. El número de extranjeros trabajando para CMPs según diferentes fuentes se estima entre 6.000 y 20.000. Ya durante la invasión en marzo del 2003 muchos de los sistemas de armamento altamente desarrollados de los buques de guerra en el Golfo fueron manejados por especialistas de cuatro CMPs diferentes, así como también los sistemas de armas de vehículos aéreos no tripulados Predator, Global Hawks y los aviones de bombardeo B-2 Stealth. En Irak, empleados de CMPs hacen patrullaje, cuidan edificios, infraestructura y prestan guardaespaldas para representantes iraquíes y de los Estados Unidos. Hasta el personal en las cárceles militares en Irak pertenece a empresas privadas de seguridad. De esta forma, empleados de las empresas CACI y Titan estuvieron implicados en los casos de tortura en la cárcel de Abu Ghraib. Así como también empresas privadas en Irak se apoyan en los servicios que ofrecen las CMP…”.

Lo peligroso de estas estructuras de los CMP, es que escapan a toda jurisprudencia, no están cubiertos por la convención de Ginebra, no son combatientes y ni tampoco podemos decir que no lo son, todos ellos por una razón u otra van armados, tampoco son reconocidos por ninguna estructura militar de prestigio en el mundo. En realidad con ellas se forma un rompecabezas difícil de entender.

De los nuevos mercenarios se tiene registro en las guerras de los Balcanes, en Sierra Leona, pero también en Colombia, en Afganistán, y en todos los escenarios de guerra de la última década y media. La presencia de la llamada PMC (Private Military Company, por su sigla en inglés) en las guerras recientes bien habla no sólo de cómo ha venido cambiando el carácter de las conflagraciones presentes y futuras, sino también viene a confirmar lo que podríamos definir como conformación del ejército mercenario global.

La caída del Muro de Berlín obligó a los grandes ejércitos a remodelarse frente a las nuevas y desconocidas condiciones, liberando gran cantidad de profesionales, hombres y mujeres, adiestrados y preparados para la guerra. En un principio es natural que todos estos expertos de las armas busquen otra forma de ganarse el pan, es decir, vender lo que saben hacer: la guerra. Se constituyen así decenas de empresas privadas de seguridad, sobre todo en Estados Unidos, Inglaterra, Sudáfrica, con miembros de todos los países: estadounidenses, sudafricanos, israelíes, chilenos, serbios, croatas, etcétera. De la misma manera, los ejércitos nacionales están obligados a reconsiderarse a partir de los nuevos escenarios bélicos que se presentan: ya no existe la guerra entre estados nacionales, sino las llamadas operaciones de policía internacional, las misiones de peace-keeping, entre otras.

Estados Unidos, única potencia militar de cierto nivel, se erige de forma totalmente arbitraria en gendarme mundial y no pierde tiempo en señalar al nuevo enemigo, objetivo de su potencia político-militar: los dictadores primero, los terroristas después, inventando en ambos casos categorías totalmente arbitrarias, anónimas y, en ciertos casos, adjudicándose potestades para actuar fuera de su territorio.

En esta nueva guerra ya no se enfrentan dos ejércitos regulares, sino un poderoso ejército y un enemigo desterritorializado. Crecen las empresas privadas, gracias al dinero que ofrecen (en promedio un mercenario estadounidense percibe hasta 10 veces más que un soldado del ejército de ese país) los gobiernos, el de Estados Unidos sobre todo, y así firman contratos y delegan operaciones.

Recurrir a empresas privadas significa ahorrar dinero en la más clara aplicación de la subcontratación productiva, pero significa también cubrir esas misiones políticamente delicadas (homicidios, interrogatorios “fuertes”, misiones en territorios no beligerantes) y ahorrar vidas en el seno del propio ejército, elemento de suma importancia para el consenso público nacional alrededor de misiones difícilmente justificables.

Y quienes hoy piensan que los mercenarios posmodernos -llamados con el nombre tan profesional de “contractors”- no son sino una degeneración de los ejércitos nacionales, quizás deberían pensar que éstos, fundados alrededor de mitos como la patria y el honor, derivan precisamente de los mercenarios medievales. Ya desde ese entonces, grupos de profesionales vendían sus habilidades al que mejor pagaba. Luego surgieron los estados nacionales y toda la mitología del servicio a la patria ofrecido por un ejército pagado y preparado por el Estado mismo, que tenía así el monopolio del uso de la fuerza. Un mito que viene cayendo, toda vez que hoy cualquiera puede tener un ejército propio. Y como en ese entonces, quizás hoy también, las fuerzas militares privadas son susceptibles de cambiar de bando, según la oferta económica que reciban, así como están interesadas, sin duda, en la existencia de guerras y en la prolongación de éstas (es emblemático el caso del conflicto en Sierra Leona).

En la configuración imperial, la aristocracia de las multinacionales y los grupos de poder fáctico hoy tienen su ejército de ex militares para controlar e imponer, para conquistar e intimidar. Un ejército sin nación, pero con patrón, ese imperio que busca la manera no de ordenar, sino de controlar el caos que provoca su sistema económico.

Aunque las Naciones Unidas, por conducto de la Convención de Ginebra, prohíban explícitamente el uso de mercenarios, lo cierto es que hoy las guerras ya no se declaran, sino que se anuncian y se pelean. Al mismo tiempo, hay guerras que no resultan tales, sino que son conflictos locales, son estados de tensión, aunque más gente las defina como guerras de baja intensidad. Y ahí encontramos las empresas privadas de seguridad que se ocupan de todo el negocio de la guerra: desde el transporte de tropas hasta las provisiones de materiales, desde el resguardo de estructuras hasta los interrogatorios de prisioneros y las batallas propiamente dichas.

Se trata de una transformación en el modo de hacer guerra que nos recuerda el modo de hacer política. Ya no existen ideas o principios que defender, sino el dinero que es capaz de poner banderas y escudos y cambiarlos de color todas las veces que sea necesario. La movilidad de los políticos entre un partido y otro se refleja en la movilidad de estos profesionales de la violencia, asesinos a sueldo y especuladores de las guerras decididas en nombre del negocio colectivo de la aristocracia imperial.

En el colmo del cinismo, algunos Gobiernos reconocen la obligación de controlar a las empresas militares y de seguridad privadas, según informa El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), en referencia a la reunión celebrada en la ciudad de Montreux, Suiza, donde se “reafirmaron” las obligaciones de los Estados en relación con las empresas militares y de seguridad privadas en zonas de guerra. En dos puntos clave del documento aprobado por 17 países, se establece que el hecho de delegar tareas a un contratista no libera a los Estados de sus responsabilidades, y que los Gobiernos no deberían permitir la participación de contratistas en operaciones de combate. (Reportaje - 19/9/08)

En el documento de Montreux se reafirma la obligación de los Estados de velar por que las empresas militares y de seguridad privadas que operan en conflictos armados respeten el derecho internacional humanitario (DIH) y los derechos humanos. Por otra parte, el documento contiene unas setenta recomendaciones, derivadas de las mejores prácticas de los Estados, por ejemplo verificar los antecedentes de las empresas y examinar los procedimientos que utilizan para investigar a los miembros de su personal. También se recomienda que los Estados adopten medidas concretas para garantizar que los miembros del personal de las empresas militares y de seguridad privadas puedan ser sometidos a juicio en caso de que cometan infracciones graves del DIH.

“Idealmente, los Estados no deberían encargar a los contratistas privados que participen activamente en las operaciones de combate”, dijo Philip Spoerri, director de Derecho Internacional del CICR. “En los conflictos armados, las funciones de combate deben permanecer dentro del ámbito de responsabilidad de los Gobiernos y no se deben externalizar a contratistas privados”.

Hasta ahora, 17 países (Afganistán, Alemania, Angola, Australia, Austria, Canadá, China, Estados Unidos, Francia, Irak, Polonia, Reino Unido, Sierra Leona, Sudáfrica, Suecia, Suiza y Ucrania) han adoptado el documento de Montreux, así denominado por la ciudad suiza a orillas del lago de Ginebra donde se reunieron los expertos gubernamentales del 15 al 17 de septiembre de 2008 para examinar la forma de mejorar la regulación de los contratistas militares y de seguridad privados. El Departamento de Asuntos Exteriores de Suiza lanzó esta iniciativa en 2006, y el CICR se asoció estrechamente a ella desde un principio. Durante el proceso, se realizaron frecuentes consultas con el sector de las empresas militares y de seguridad privadas, así como con diversas ONG.

Paul Seger, asesor jurídico del Departamento suizo de Asuntos Exteriores, destacó que el objetivo de la iniciativa suiza era puramente humanitario. “Deseábamos corregir la percepción de que, cuando los Estados subcontratan tareas militares o de seguridad a empresas privadas, se producen situaciones de vacío jurídico. Por el contrario, en situaciones de conflicto armado, el DIH se aplica tanto al Estado como al contratista privado”, dijo el Sr. Seger. “Es muy importante que las medidas administrativas y jurídicas recomendadas en el documento sean ahora puestas en práctica por los países que lo apoyan”. Suiza alienta a otros Estados a sumarse a la iniciativa.

El CICR subrayó los beneficios del documento de Montreux para los países y para las personas afectadas por los conflictos armados. “El documento constituye una excelente base a partir de la cual el CICR podrá debatir cuestiones de índole humanitaria con todos los países donde operan empresas militares y de seguridad privadas, o donde esas firmas tienen su base”, señaló el Sr. Spoerri. “Sus recomendaciones, de carácter muy práctico, serán especialmente útiles para los Estados que tienen gobiernos débiles o que afrontan las repercusiones de un conflicto armado, pero que tienen interés en reglamentar el accionar de esas compañías en su territorio”…

Luego de este “canto a los pájaros”, vamos a recorrer la hemeroteca reciente (la gran enemiga de los “cabeza borradora”)

- Irak: primera guerra moderna privatizada (BBCMundo -
1   ...   10   11   12   13   14   15   16   17   ...   45

similar:

Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa iconLa crisis que estamos padeciendo?
«autopsia de la cebolla» que vamos a efectuar generara en nosotros –como ocurre habitualmente en la cocina– las lágrimas que todo...

Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa iconÉticas teológicas ayer y hoy

Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa iconNathan Cross parece un hombre, pero es algo mucho más peligroso:...

Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa iconGvirtz, Silvina. La educación ayer, hoy y mañana: el abc de la pedagogía....

Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa iconViendo como estamos de mal en panorama político, y para que no se...

Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa iconEl producto que hemos escogido a exportar e importar para realizar...

Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa iconLas mascarillas naturales son lo mejor para mantener un cutis bello,...

Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa iconBonita la tía Cristina, pero algo

Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa iconAhora, como última clase de genética vamos a hacer como una retrospectiva...

Paper (II) Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy. ¿Aprendemos algo de las crisis? ¿Estamos mal, pero vamos mejor? La farsa continúa iconSÍndrome de doose: una epilepsia infantil poco frecuente
«sacudidas”» dede las extremidades superiores. Durante la consulta se observan varias de estas crisis que se identifican como crisis...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com