Resumen Aunque el estudio científico de las emociones ha permanecido durante muchas décadas en gran medida abandonado, en los últimos años se viene observando un renovado interés por el mismo.






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títuloResumen Aunque el estudio científico de las emociones ha permanecido durante muchas décadas en gran medida abandonado, en los últimos años se viene observando un renovado interés por el mismo.
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fecha de publicación03.08.2016
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Encabezamiento: La regulación afectiva
La regulación afectiva: Modelos, investigación e implicaciones para la salud mental y física

Gonzalo Hervás1

Carmelo Vázquez

Facultad de Psicología

Universidad Complutense de Madrid

Campus de Somosaguas

28223 Madrid

1Datos de contacto:

Gonzalo Hervás Torres

ghervas@psi.ucm.es

Departamento de Personalidad, Evaluación y Psicología Clínica, Facultad de Psicología, Universidad Complutense de Madrid, Campus de Somosaguas, 28223 Madrid, España

Resumen

Aunque el estudio científico de las emociones ha permanecido durante muchas décadas en gran medida abandonado, en los últimos años se viene observando un renovado interés por el mismo. El objetivo de este artículo es revisar críticamente la creciente literatura publicada acerca de un apartado fundamental dentro el estudio de las emociones y su funcionamiento: los procesos de regulación afectiva. Así, tras aclarar algunos aspectos conceptuales, se revisarán los principales modelos teóricos, así como las investigaciones que han estudiado la influencia de ciertas variables en dichos procesos de regulación. A lo largo del texto se van apuntando diferentes necesidades y sugerencias de investigación para el futuro, para terminar describiendo las importantes consecuencias que una regulación afectiva inadecuada puede tener en el ámbito de la salud mental y física.
Palabras clave: REGULACIÓN EMOCIONAL, EMOCIONES, ÁNIMO, PERSONALIDAD, INTELIGENCIA EMOCIONAL.
Affect regulation: Models, research, and implications for physical and mental health
Abstact

Although the scientific study of emotions has remained during several decades mostly abandoned, in recent years it is possible to observe a renewed interest in such field. The aim of this article is to do a critical review of the growing literature published on an essential topic in the study of emotion and its functioning: affect regulation processes. So, after making clear some conceptual issues, major theoretical models will be revised, as well as the research studying the influence of certain variables in such regulation processes. In this review we underline different deficiencies in past research and make some suggestions to overcome these limitations. Finally we discuss the effects that inadequate affect regulation processes may have for mental and physical health.
KEY WORDS: Emotional regulation, emotions, mood, personality, emotional intelligence
Introducción

Los procesos de regulación afectiva son inherentes al funcionamiento humano. De hecho, se activan de forma casi de forma complementaria a nuestros procesos emocionales. A menudo, diferentes sucesos o experiencias pueden alterar nuestro estado de ánimo habitual y sin embargo, al poco tiempo, y a veces de forma automática, se suelen activar estrategias de regulación como “respirar hondo”, recordar aspectos positivos de nuestra situación, o buscar a alguien con quien hablar. Todos estas acciones, cuando están dirigidas a modificar un estado emocional, se pueden considerar estrategias de regulación afectiva.

Si bien es cierto que las emociones juegan un papel esencial dentro de nuestro funcionamiento (i.e. nos dan información sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno, nos predisponen a actuar,...etc.), no es menos cierto que tras un primer momento en el cual las emociones son plenamente funcionales y adaptativas, suele ser necesario un proceso complementario de regulación que tiene como objetivo regresar al estado previo. En otras ocasiones la adaptación al entorno nos exige una modulación de una respuesta emocional, sobre todo, cuando ésta es muy intensa.

Sin embargo, es importante señalar que no sólo regulamos nuestras emociones negativas ya que en ocasiones regulamos también estados emocionales positivos, sobre todo cuando éstos no son adecuados o adaptativos. Ejemplos de este tipo serían la regulación de la alegría ante alguien que acaba de sufrir una pérdida o la regulación del entusiasmo cuando sentimos que la euforia nos hace minimizar en exceso ciertos riesgos presentes en la situación.

La investigación sobre los procesos de regulación y las diferencias individuales que afectan a dichos procesos puede ser de aplicación –de hecho así está sucediendo- en campos como la psicología social o la psicopatología. Por esta razón, y por su aún insuficiente desarrolloi, hemos considerado que podría ser interesante realizar una reflexión acerca de lo investigado hasta el momento y de los retos que permanecen abiertos en este área. En este artículo, por tanto, haremos un repaso a la modelos y hallazgos más significativos relativos a los procesos de regulación anímica, investigación centrada mayoritariamente, como veremos, en la regulación de emociones y estados de ánimo negativos.
Afecto, emoción y estado de ánimo

En la literatura a menudo se entremezclan los conceptos de afecto, emoción y estado de ánimo en ocasiones de forma confusa. Por tanto, antes de continuar convendría destacar la diferenciación que habitualmente se suele hacer de estos términos. En general se suele considerar al afecto como la categoría superior que engloba tanto a la emoción como al estado de ánimo. Por su parte, estado de ánimo y emoción se diferenciarían en varios aspectos. En primer lugar, se suelen apuntar diferencias en cuanto a la duración e intensidad de los mismos. Los estados de ánimo suelen durar horas e incluso días, y pueden ser de intensidad leve a moderada, mientras que las emociones suelen ser más fugaces, actuando de forma más discreta e intensa y con más componentes vegetativos implicados (Power y Dalgleish, 1997).

Además, el curso suele mostrar patrones específicos para cada proceso; la emoción típicamente tiene un inicio y un declive o final, con un pico (o meseta) entre ellos. El estado de ánimo, sin embargo, se desarrolla gradualmente, siendo difícil definir cuándo comienza y cuándo acaba (Larsen, 2000). En relación a esto, la emoción suele tener una causa definible y un objeto de referencia. El estado de ánimo en cambio puede aparecer sin un referente claro, es decir, sin estar asociado a ningún objeto o acontecimiento claramente tangible (Larsen, 2000).

También encontramos diferencias en cuanto al tipo de información que ambos procuran. Las emociones proporcionan información acerca del entorno, si un objeto es recompensante o amenazante, de las demandas que percibimos, de los retos que nos plantean ciertas situaciones o incluso de las respuestas que exigimos de los demás (Watts, 1992; Zech, Rimé, y Nils, en prensa). Los estados de ánimo, por el contrario, nos informan sobre nuestro estado interno, sobre los recursos de los que disponemos, sobre si algo va bien o mal en nuestro sistema (Morris y Reilly, 1987). Es importante destacar que muchas de estas diferencias son de grado, y que por tanto, los límites entre ambos conceptos pueden ser algo difusos. De hecho, a la hora de evaluar la literatura es muy difícil trazar una línea que separe los estudios relativos a la regulación emocional frente a los centrados en la regulación del estado de ánimo. Por todo ello, en esta revisión se utilizarán estudios provenientes de ambas fuentes de investigación, regulación emocional, anímica, y por supuesto, afectiva en general.
Concepto de regulación emocional

Según Gross (1999) la regulación emocional se refiere a “aquellos procesos por los cuales las personas ejercemos una influencia sobre las emociones que tenemos, sobre cuándo las tenemos, y sobre cómo las experimentamos y las expresamos” (Gross, 1999, p. 275). Sin embargo, otros autores han puesto el foco de atención en un rango más amplio de procesos al definir la regulación emocional como “los procesos externos e internos responsables de monitorizar, evaluar y modificar nuestras reacciones emocionales para cumplir nuestras metas” (Thompson 1994, p. 27-28).

Estas definiciones, que son las más utilizadas en la literatura, no diferencian de forma clara cuándo el proceso es adaptativo y cuándo por el contrario se torno disfuncional. Este punto es cada vez más relevante ya que muchas conductas problemáticas como el consumo de alcohol u otras sustancias, o las conductas auto-lesivas se están conceptualizando como estrategias disfuncionales de regulación (McNally, Palfai, Levine, y Moore, 2003; Gratz, 2003). Por otra parte, algunos autores sí diferencian lo que puede ser el control emocional desadaptativo (evitación, supresión, o represión emocional), de una regulación emocional adaptativa (Gross, 1999). Por tanto, aunque en general hablamos de la regulación emocional como un proceso eminentemente adaptativo, no hay que olvidar que los esfuerzos por modificar nuestros estados emocionales pueden ser efectivos y adaptativos, pero también ineficaces, disfuncionales e incluso contraproducentes.

En este sentido, algunos autores expresan la regulación afectiva como el equilibrio entre dos extremos; por un lado, el polo de la desregulación afectiva que daría lugar a una excesiva labilidad emocional o a una inercia afectiva desmesurada (Linehan, 1993); y por otro lado, el polo del excesivo autocontrol emocional que ahogaría la experiencia del afecto (Taylor, Bagby y Parker, 1997). Es curioso ver cómo la investigación muestra que ambos polos están relacionados, ya que un excesivo autocontrol emocional aparece asociado a elevados niveles de ansiedad, reactividad emocional y depresión entre otros resultados (Taylor et al., 1997).

Por estas razones, nos parece importante también definir la contraparte disfuncional de la regulación afectiva: la desregulación afectiva. De esta forma, una definición complementaria a la anterior sería la de desregulación afectiva, que podría ser enunciada como la presencia de un déficit en la activación y/o efectividad de ciertas estrategias de regulación ante estados afectivos negativosii (Hervás y Vázquez, 2003). En este sentido, es importante recalcar que la activación de estrategias de regulación no tiene porqué conducir forzosamente a la regulación de un estado de ánimo negativo. Por tanto, en esta definición se distinguen dos vías para la desregulación anímica: por una parte, la ausencia o retardo en la regulación que implicaría un déficit en la activación de estrategias de regulación, y por otra, las dificultades en la regulación que se refieren concretamente a los problemas para modular un estado de ánimo aún poniendo en funcionamiento estrategias de regulación. En resumen, creemos que tiene utilidad distinguir tres conceptos relacionados pero claramente diferenciables: la regulación afectiva adaptativa, la regulación afectiva desadaptativa, y por último, la desregulación afectiva.

Antes de seguir avanzando, es importante también esclarecer las diferencias entre este campo de investigación y otros cercanos como es la línea que estudia el estrés y los estilos de afrontamiento (Folkman y Lazarus, 1986). Aunque hay algunos conceptos de este campo clásico de investigación que pueden ser similares a otros de la regulación del estado de ánimo (por ejemplo, el afrontamiento centrado en la emoción), hay claros elementos que diferencian ambos campos.

En primer lugar, la investigación sobre afrontamiento ha ido asociada al estudio del efecto de los acontecimientos vitales estresantes, mientras que la regulación afectiva no pone el énfasis en los acontecimientos vitales, sino en las variaciones que sufre el estado de ánimo o el estado emocional independientemente de cuál sea su origen. Además, acabamos de indicar por ejemplo que el estado de ánimo por definición generalmente no tiene un origen externo claro y definitorio, por lo que su objeto de estudio se alejaría aún más del planteado en los trabajos sobre estrés y afrontamiento. En segundo lugar, el estudio de los procesos de regulación es mucho más focalizado, y por tanto, facilita un análisis a un nivel más molecular, y en situaciones más controladas.

Por todo ello, realizadas estas matizaciones parece claro que ambos campos, siendo complementarios, tienen sus particularidades y su propio ámbito de investigación.
Modelos de regulación afectiva

A continuación se describirán los modelos que han aparecido y que más se han usado como marco en la investigación sobre regulación tanto emocional como del estado de ánimo. Se revisarán en detalle tan sólo aquellas propuestas que han abordado de forma explícita el proceso de regulación afectiva como objetivo central del modelo.
a) El modelo de regulación emocional de Gross

Este modelo procesual propone que la regulación emocional puede estudiarse en función del lugar en el que la estrategia de regulación se inserta dentro del proceso de generación de la emoción (Gross, 1999). De forma general, las estrategias de regulación emocional podrían dividirse en dos grandes grupos: la regulación centrada en los antecedentes de la emoción, y la regulación centrada en la respuesta emocional (ver figura 1). De esta forma, en cuanto a la regulación centrada en los antecedentes, el modelo postula varias fases en donde se pueden presentar varias alternativas a través de las cuales la persona puede elegir o modificar diversos elementos en función de sus necesidades de regulación emocional.

En primer lugar, cada persona puede modular el hecho de exponerse a ciertas situaciones y no a otras. Un ejemplo de esta estrategia la podemos encontrar excelentemente representada en la teoría de selectividad socioemocional (Carstensen, Isaacowitz, y Charles, 1999) en la que se propone que las personas según van envejeciendo son cada vez más selectivos en cuanto a sus actividades y sus relaciones, para proteger y maximizar su bienestar emocional. En segundo lugar, y una vez dentro de cada situación, la persona puede intentar cambiar dicha situación en una dirección u otra, es decir, la situación se puede configurar en parte por la acción u omisión de la persona. Algo similar sucede en relación a los rasgos de personalidad, ya que por ejemplo las personas extravertidas tienden a crear entornos más reforzantes. En tercer lugar, y una vez la situación se ha configurado podemos modular la atención a unos elementos y no a otros de dicha situación con el objetivo de regular la respuesta emocional posterior. Y por último, tomando en consideración esos elementos que han sido atendidos se pueden extraer unos significados y no otros de la situación en su conjunto, teniendo ciertos significados un mayor impacto que otros en el estado emocional consecuente.

Insertar figura 1
Por último, en cuanto a la regulación de la respuesta emocional, el otro gran apartado, Gross sugiere diversas estrategias según se actúe sobre cada uno de los componentes de la emoción. Así, se puede intentar influir sobre la experiencia emocional, la expresión o la activación fisiológica. La supresión de la expresión emocional ha sido la más estudiada dentro de este apartado, sobre todo, de forma contrapuesta a la reevaluación cognitiva. En apartados posteriores se comentará la investigación relativa a estos aspectos.
b) El modelo cibernético de Larsen de regulación del estado de ánimoiii

Regular estados de ánimo implica la activación de ciertos mecanismos de control, y en este sentido, las conductas de regulación se pueden considerar como conductas de auto-control. En consecuencia, su funcionamiento se podría explicar siguiendo un modelo general de auto-regulación (Carver y Scheier, 1998). El modelo que plantea Larsen (2000) es una aplicación del modelo general de control cibernético, el cual como se puede ver en la figura 2, incluye un estado de ánimo de referencia al que se desea llegar, y funciona guiado por la reducción de discrepancia entre el estado de ánimo actual y dicho estado de ánimo deseado.

El proceso se activa cuando el comparador detecta alguna diferencia entre el estado deseado y el percibido. Con el objetivo de reducir la discrepancia creada (feedback negativo), se activan uno o varios mecanismos de regulación emocional, dirigidos hacia el exterior (resolución de problemas, cambio de actividad), o hacia el interior (distracción, comparación social). Aunque alguno de los mecanismos en juego puede actuar de forma automática, como por ejemplo la reacción afectiva ante ciertos estímulos, en general se plantea como un modelo de autorregulación basado en procesos controlados. Este es un punto importante ya que, como veremos más adelante, otros modelos enfatizan más los aspectos automáticos de los procesos de regulación emocional.
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