Programa de formación de grado en gestión ambiental




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TEMARIO DE LA UNIDAD CURRICULAR Y DE LA GUÍA DIDÁCTICA:


  1. Problematización de nuestro mundo (3 SEMANAS)

    1. Percepciones del mundo e ideología: lecturas de la historia

    2. Un proceso sociohistórico ¿globalización o globalizaciones?

    3. Globalización como ideología: globalización y el globalismo

  2. Definición de los modelos socioeconómicos (3 SEMANAS)

    1. La noción de sistema-mundo para entender la globalización y los procesos de integración

    2. El capitalismo como sistema global: la economía mundo

    3. Características de la globalización neoliberal: comunicación y tecnologías

    4. Los dilemas de la integración regional en el contexto de la globalización

  3. Globalización neoliberal y América Latina: El ambiente, las condiciones socioculturales y el papel del Estado (4 SEMANAS)

    1. Condiciones socioeconómicas: pobreza, inequidad y exclusión

    2. Problemas socioambientales: industrialización y desarrollismo en América Latina en el siglo XX

    3. Implicación ambiental de los programas de ajuste estructural (PAE)

    4. Las nuevas fronteras del capital: biodiversidad, agua, energía e infraestructura

  4. Implicaciones ambientales de la globalización: globalismo y ambiente (4 SEMANAS)

    1. Perturbaciones físico-naturales a nivel planetario

    2. El debate sobre la sustentabilidad y el ambientalismo tecnocrático

  5. De las resistencias a las alternativas a la globalización neoliberal: comunicación, cultura y ambiente (3 SEMANAS + 1 SEMANA DE CIERRE)

    1. Conflictos y resistencias a la globalización: mercantilización de la sociedad y democracia participativa

    2. La integración regional como alternativa: el ambiente como dimensión conflictiva de los procesos de integración

    3. La globalización: ética y utopía




GLOBALIZACIÓN, COMUNICACIÓN Y CULTURA

SEGUNDA PARTE: CONTENIDOS


I. PRIMER TEMA

TEMA I. PROBLEMATIZACIÓN DE NUESTRO MUNDO (3 SEMANAS)


  • Percepciones del mundo e ideología: lecturas de la historia

  • Un proceso sociohistórico ¿globalización o globalizaciones?

  • Globalización como ideología: globalización y el globalismo

PRIMER MATERIAL DIDÁCTICO

SEGUNDO MATERIAL DIDÁCTICO

América del Sur: la gran mercancía

Hernando Gómez Serrano

Psicólogo, Urbanista, Profesor Universitario.

Integrante del Consejo de Redacción del Le Monde diplomatique, edición Colombia.

Le Monde diplomatique #2, junio 2002

[…] por añoranza de lo inesperado, nosotros, habitantes de un planeta regido por burocracias y reglamentos nacionalistas, controlado por pasaportes y fronteras, seguimos creando regiones que no caben en este mundo, lugares que se insertan en los rígidos atlas oficiales con tenacidad y artimaña de anarquistas.

Alberto Manguel (1)

Las riquezas incalculables de petróleo, gas, minerales, agua, productos agrícolas y pecuarios y recursos biogenéticos hacen de Sur América una de las más importantes despensas genéticas, energéticas, alimentarias y culturales del planeta, con gran atractivo para los inversionistas privados. Los grupos financieros internacionales, con fondos que han pasado por diversas denominaciones –como petrodólares, eurodólares, euromonedas y préstamos financieros internacionales–, hoy día incorporan un nuevo producto denominado los “derivados financieros”, que son opciones de compra o venta de acciones o divisas para todo tipo de productos y que en la actualidad alcanzan el novedoso y sofisticado mercado del control, exploración y explotación de territorios.

El 30 de diciembre de 1901, ante la Segunda Conferencia Internacional Americana, en la ciudad de México, se presentó la relación de los viajes de exploración hechos por el Señor general don Rafael Reyes y sus hermanos don Néstor y don Enrique, titulado “A través de la América del Sur” (2). Ahí quedaron destacadas la riqueza hídrica y su red natural de interconexión fluvial como uno de los potenciales principales de Sur América. La realización del Ferrocarril Intercontinental y las hidrovías, junto con algunos nodos de unión carreteables, harían posible el sueño de la red suramericana para el intercambio comercial de la región con el Pacífico (Asia) y el Atlántico (Caribe, Estados Unidos y Europa).

Desde entonces, están visionadas varias redes y rutas de intercambio como la vía fluvial y marítima que puede interconectar y avanza sobre el río Putumayo (Colombia) y llega hasta Rio de Janeiro (Brasil). El oro, las esmeraldas, los productos agrícolas y pecuarios, la riqueza y variedad biogenéticas, las riquezas energéticas e hídricas y, obviamente, la posición geoestratégica fueron la base fundamental de esa anticipada y ambiciosa propuesta política y comercial. El texto de Reyes, iniciado con la sentencia “En ninguna ocasión, como en la presente, hemos vacilado tanto para dejar correr la pluma sobre el papel”, presagiaba el proceso de ocupación, explotación y usurpación del territorio de nuestra América del Sur durante los siguientes “cien años –ya no solo– de soledad”.

El mundo se entera de América

Desde el siglo XVI, América del Sur se perfilaba como uno de los más grandes e influyentes poderes políticos de Europa y el mundo, y las redes y sistemas viales para el intercambio comercial (fluviales, marítimas y de caminos reales y veredales) comenzaron a ser la preocupación fundamental para esta naciente economía colonial.

“La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia”, como anotara Gabriel García Márquez (3). Guerras de independencia, golpes militares, derrocamientos de gobiernos democráticos, violencias de todo cuño, y un cúmulo de imposiciones políticas, comerciales, financieras y culturales marcan el ritmo de la historia de este apetecido rincón de la Tierra en el que las exigencias de la globalización económica del liberalismo a ultranza hacen de nuestra América del Sur un territorio estratégico en lo político y lo económico.

Fueron expediciones precursoras para el conocimiento de la riqueza continental la del gran navegante fluvial don Miguel María Lisbo (brasileño), quien atracara en La Guaira (Venezuela) el 21 de septiembre de 1852; las expediciones y relatos del Barón de Humboldt, que exaltaban los Valles de Aragua, también en Venezuela, y las incursiones por el Río de la Magdalena, el Atrato, el Darién, La Plata y tantos otros. Y cómo no mencionar las inolvidables páginas de relatos, visiones y sentimientos libertarios del Correo del Orinoco (4), fundado por Simón Bolívar en Angostura en junio de 1818.

Valores estratégicos

Todo este telón escénico es sucedido por un sinnúmero de intervenciones que fundamentan la nueva ocupación. De 1904 a 1914(5), la Fundación Rockefeller proyectaba la gran misión de conquista del “exótico paraíso selvático” del Amazonas. En 1924 se extendía sin fronteras el “cordón sanitario” desde México hasta el norte de Sur América, con el fin de proteger la incipiente pero lucrativa industria frutícola multinacional. La década del 30, como puede apreciarse en el documento presentado por la Sociedad Americana de la Biblia (19 de mayo de 1931), presencia centenares de misiones evangelizadoras en busca de la salvación de este tradicional “centro de impiedad latinoamericano”, y el espíritu filantrópico de la Fundación Rockefeller inunda los campos paganos de nuestra América sureña.

El eco de los incas (sabios aborígenes) quedó para siempre atrapado en la expedición a los Nascas, al Tiahuanaco y a las 3.000 millas de Cordillera Andina recorrida en la misión investigadora de 1937. La “Venezuela Connection” de 1939, que culmina con la “Compañía de Fomento Venezolana”, presagia también los actuales organismos y pactos comerciales (ALCA-OMC).

Abastecedores de energía y alimentos durante la Segunda Guerra Mundial, fuimos objeto de grandes inversiones para el saqueo de nuestros recursos. Igualmente, las más grandes empresas de telecomunicaciones nunca antes vistas se apoderaban paulatinamente de nuestro espacio radioeléctrico. Programas de radio de CIAA. Rockefeller; 1.267 periódicos expandidos como una gran red de información desde México hasta la Patagonia (Chile-Argentina). También, el Instituto Nacional Indígena, la Fundación Interamericana de Educación, el Instituto Lingüístico de Verano y el Consejo de Investigaciones Sociales fueron unas de las tantas organizaciones que en la década del 40 continuaron la estrategia de expansión social y cultural de los intereses estadounidenses sobre nuestro territorio. Los memorables 1942, 1948, 1953, años del Plan Marshall, nos recuerdan a los habitantes de estas olvidadas comarcas que la conquista por la vía de la guerra era en serio.

La inquietud por la superpoblación de nuestro continente en los años 50 y 60 nos colocó nuevamente en la mira. “La Sangre del Cóndor”, en la década del 60, como eufemísticamente se denominó, fue el plan de control natal de poblaciones indígenas más genocida que recuerden los hermanos bolivianos; los cerca de 200.000 niños(as) que morían en América Latina antes de cumplir dos años en esta misma década; y la “Operación Auca”, que en el corazón ecuatoriano-peruano inaugura la conquista por el petróleo en nuestras tierras, hoy extendido a los Llanos Orientales colombianos y el territorio venezolano, son proyectos lesivos del Imperio sobre América Latina.

Junto a todo esto, no se pueden olvidar programas de investigación y extensión agrícola como la Corporación Internacional de Economías Básicas (IBEC, 1954), que inunda los campos de Minas Gerais, Goias, Sao Paulo y Paraná (Brasil) para fundar la hoy conocida Isla Continental Brasileña. El centro especializado de Investigaciones en Fruticultura en Petrolina (Brasil); el Centro de Investigaciones en Agricultura Tropical (CIAT, en Palmira, Colombia), especializado en estudios de maíz, algodón y yuca; los centros de estudios y bancos de semillas en el Tacna peruano; los Observatorios de Energía Electromagnética (cerca de 44 en los años 50), en el sur del Perú; y la construcción de Interconexiones Ferroviarias: Corumbá a Santa Cruz de la Sierra (Bolivia, 1956); los corredores intermodales Centro, Norte y Noroeste del Brasil; y la gran Red Fluvial Suramericana (SARS-IFSA) (6), que unirá el Atlántico con el Pacífico desde la desembocadura del río Amazonas (Belém do Pará, Brasil) hasta Puerto Asís, en la parte navegable del río Putumayo (Colombia), para llegar finalmente por tierra al puerto de Tumaco en el Pacífico, junto con la hidrovía que conecta las costas venezolanas (Delta del Orinoco) con el río de La Plata (Argentina, Uruguay) (ver mapa 1).

Pero no se deben dejar de considerar el Proyecto Genoma Humano (PGH) y el proyecto Diversidad del Genoma Humano (PDGH), auspiciados por el Departamento de Energía y el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos de América, que junto con las más de 100 organizaciones que el complejo industrial y militar de la familia Rockefeller fundó en el mundo entre 1950 y 1974, dan cuenta de la intensión neocolonizadora que el imperio norteamericano tiene sobre nuestros territorios. Sólo basta con recordar aquí las recientes intervenciones con el Plan Colombia, también llamado Plan Sur o Plan Américas, que al lado del sistema comercial integrado Alca garantizan el control y dominio de las riquezas y mercados suramericanos.

Territorios estratégicos

En armónica convivencia, miles de comunidades indígenas, negras y de poco mestizaje que habitan extensas zonas de América del Sur han sido objeto de exterminio o desplazamiento forzado. Las riquezas incalculables de petróleo, gas, minerales, agua, productos agrícolas y pecuarios, y recursos biogenéticos hacen de este continente una de las más importantes despensas genéticas, energéticas, alimentarias y culturales del planeta, de gran atractivo para los inversionistas privados. Así, únicamente para mencionar un caso, el coleccionista de bosques tropicales y millonario brasileño Cecilio do Rego Almeida, en 1995 compró 4’640.000 hectáreas de la selva del Amazonas (7).

En igual forma, la posición geoestratégica (ver Mapa 2), no sólo en su red intermodal (ríos-carreteras-ferrovías y mares) (8) sino también en sus conexiones a través de líneas de fibra óptica, cableado terrestre y submarino, espacio radioeléctrico y demás sistemas de telecomunicaciones (mapa 3), proyectan a América del Sur como un territorio de gran valor ante los ojos e intereses del gobierno estadounidense y el capital financiero internacional.

Con sus 2’772.000 millas cuadradas, no pasa ignorada la grandeza del territorio amazónico. Tampoco dejan de advertirse los 1’800.000 kilómetros cuadrados de la Isla Continental Brasileña que, por sus características, gran extensión completamente plana, muy rica en agua potable subterránea, interconectada por extensos ríos navegables, reserva productora de oxígeno y con 365 días al año de producción continua de energía solar, se proyecta como un territorio estratégico para la producción de alimentos, primordialmente frutas, peces y ganado. Resaltan también los territorios del Pantanal Brasileño y el “Chocó Bio-Pacífico”, dos de los bancos naturales de reservas genéticas más biodiversos del planeta.

Territorios como mercancía

Desde los años 60, los Grupos Financieros Internacionales (GFI) han acumulado una enorme cantidad de fondos en continuo crecimiento, que –pasando por diversas denominaciones: petrodólares, eurodólares, euromonedas y préstamos financieros internacionales– en nuestro tiempo deben ser ampliados para incorporar un nuevo ‘producto’ denominado “derivados financieros” (9). Mediante títulos y obligaciones, se da un interjuego de apuestas entre los propios especuladores, y entre estos y el público en general. Las pantallas del mercado electrónico dan cuenta de este voraz mercado, y el espectáculo de la acumulación sin fronteras puede ser asistido en “vivo y en directo” y de manera ininterrumpida desde 1985.

Estos “derivados”, que resultan de múltiples opciones de compra o venta de acciones o divisas, se han extendido a todo tipo de productos y hoy día alcanzan el novedoso y sofisticado mercado del control, exploración y explotación de territorios. Se configuran a partir de acuerdos o pactos internacionales, que a la manera de una transacción comercial definen el precio actual del territorio que se hará efectivo en una fecha pactada y en la cual debe ser entregado el ‘producto’ (territorio) con las transformaciones y condiciones pactadas.

En términos comerciales, estas transacciones –que pueden llamarse “contratos de futuro”– son de bajo riesgo, ya que eliminan las fluctuaciones propias del mercado de intereses y capitales, al definir con anterioridad las tasas de intermediación unidas a la “moneda dura” en la cual se pactan, generalmente dólares. Operan igualmente con las mismas reglas de cualquier “oferta pública de adquisiciones”, con la garantía de estar ordinariamente comprendidos en las “agendas de desarrollo” definidas (no pactadas) por la banca multilateral a través de los organismos del Sistema de las Naciones Unidas (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional), otros ‘pactos’ o acuerdos internacionales (Organización Mundial del Comercio, Alca) y los Estados que tienen la jurisdicción políticoadministrativa del territorio objeto de la transacción. Adicionalmente se realiza la transacción bajo una estructura bancaria conocida como off shore, que tiene lugar fuera del territorio nacional, totalmente desregularizada y protegida o constituida por los llamados “paraísos fiscales”.

Pero este novedoso mercado no sólo se rige por criterios típicamente económicos sino que también se configura a partir de todo tipo de acuerdos y pactos de diversa índole: reformas sociales, educativas, de seguridad social; fondos de inversión para el desarrollo, ajustes fiscales, privatización de las empresas públicas, reformas pensionales, contratos sobre regalías derivadas de la explotación e investigación de recursos energéticos y biogenéticos, políticas de desarrollo científico y tecnológico, acuerdos sobre propiedad y patentes, concesiones para la construcción y administración de infraestructura vial y comercial, planes y proyectos de interdicción e intervención policial y militar, acuerdos y pactos internacionales sobre la propiedad, control y explotación de recursos ambientales, y demás instrumentos que esta máquina creadora de control, especulación y dominio internacional pueda imaginar.

De igual manera, para garantizar la sostenibilidad en el tiempo de dichos intereses, los gobiernos que intervienen en dichas transacciones comerciales, se comprometen a desarrollar las reformas legislativas necesarias que garanticen un pertinente “marco de legalidad” nacional e internacional. Así, hemos asistido desde los años 60 al ajuste normativo más alucinado en la historia de América Latina, que va desde publicitadas y pomposas “reformas constitucionales”, expedición de leyes especiales de todo tipo (privatización de empresas, recursos hídricos, energéticos, genéticos y ambientales, de minas y energía, de patentes, etcétera), y planes y proyectos especiales de cooperación internacional que en la mayoría de las veces se diseñan desde el Imperio (para el caso latinoamericano, el gobierno y Congreso de los Estados Unidos).

Los territorios que hoy salen al mercado bajo esta modalidad financiera, con determinadas tipologías y características biofísicas, demográficas, económicas, sociales y culturales, deben ser transformados o conservados de acuerdo con lo que espera o define para el futuro el nuevo dueño-controlador. Así, los Estados deben prever inversiones tendientes a adecuar la infraestructura y la ‘legalidad’ de los territorios durante el tiempo definido en el contrato: construcciones viales, plataforma físico-tecnológica propicia para la vocación comercial, productiva, de servicios o investigativa que se proyecta; desplazamiento de poblaciones –cuando no la aniquilación– que puedan ser ‘obstáculos’ para los intereses del gran capital interesado en el territorio; legislación que garantice, dentro de los marcos institucionales y normativos de cada nación, el cumplimiento de lo pactado; las reservas presupuestales y planes de inversión, hechos por los gobiernos, necesarios para cumplir con las obligaciones pactadas por el país, la región o la localidad en que está ubicado el territorio, y naturalmente los compromisos políticos que garanticen el éxito del proyecto.

Todas estas inversiones y acciones públicas, en tanto se cumplan y garanticen, agregan valor al territorio. A tal nivel llegan, que en muchos casos se implementan operaciones militares (guerras locales) para desplazar, controlar y aniquilar poblaciones, maniobras que son consideradas, cuando son necesarias, como valores agregados.

Finalmente, al igual que describíamos los antecedentes en el tiempo de estos megaproyectos, también su proyección va más allá del futuro inmediato e implica grandes transacciones económicas, financieras y técnicas, así como la construcción de opinión y políticas que se proyectan para varias décadas en el futuro. Tendremos quizá que volver a la pregunta provocadora del científico Carl Sagan (10) de “¿por qué, si podemos recordar el pasado, no podemos recordar el futuro?” ¿o por lo menos anticiparnos? Únicamente será posible con la resistencia de los pueblos, fundada en el conocimiento de los grandes proyectos que predeterminan nuestra vida diaria y con la firme convicción de que “nos reunimos hoy para cambiar el mundo; nos encontramos aquí con un propósito más modesto: sólo para hacer un mundo nuevo” (11).

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Notas:

1. A. Manguel, G. Guadalupi, Guía de lugares imaginarios, Alianza Editorial S.A., Madrid, España, 1992.2

2. R. Reyes, A través de la América del Sur. Exploración de los hermanos Reyes, Ramón de S.N. Araluce Editores, México, Barcelona, 1902.

3. G. García Márquez, La soledad de América Latina, Corporación Editorial Universitaria Colombiana, Cali, 1983.

4. S. Bolívar, Correo del Orinoco, edición facsimilar del periódico de 1818-1821, Gerardo Rivas Moreno Editor, Bogotá, 1998.

5 G. Colby, Ch. Dennett, Thy will be done. The conquest of the amazon: Nelson Rockefeller and Evangelism in the Age of Oil, Harper Collins Publishers, New York, 1995.

6. M. Ospina, Integración fluvial de Sur América (IFSA) – South American Riversay System (SARS), Bogotá, 1997.

7. M. Moffet, “Un millonario audaz muerde un pedazo del Amazonas”. The World Street Journal, 1997.

8. CAF, Corporación Andina de Fomento, Los ríos nos unen. Integración fluvial suramericana, Jorge Perea Borda Editor, Bogotá, 1998.

9. L. Capilla, Grupos financieros internacionales, Acción Cultural Cristiana, Madrid, 2000.

10. S.W. Hawwking. Historia del tiempo, Editorial Grijalbo S.A., Bogotá, 1989.

11. Sub. Marcos. “Encuentro continental americano”, palabras de inauguración, 1996.

II. SEGUNDO TEMA
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