Abuso de sustancias tóxicas




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títuloAbuso de sustancias tóxicas
fecha de publicación07.08.2016
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PROBLEMÁTICA DE LOS ADOLESCENTES:

Abuso de sustancias tóxicas


¿Qué es?

El abuso de sustancia tóxicas describe un patrón de uso de sustancias (drogas) que conduce a problemas graves como por ejemplo, ausencias escolares, consumo de drogas en situaciones peligrosas (al conducir un vehículo), problemas legales relacionados con las drogas o el uso continuo de una sustancia que interfiere con las relaciones familiares o con los amigos. Se refiere tanto al abuso de sustancias ilegales o al consumo excesivo de sustancias legales. La droga legal de la que se abusa más frecuentemente es el alcohol.

Llamamos dependencia de sustancias al consumo constante de drogas o alcohol y que manifiestan tolerancia o necesidad de tomar cantidades mayores de la droga para obtener el efecto deseado, presencia de síndrome de abstinencia cuando se deja de consumir y dificultad para abandonar el consumo y repercusión en su vida social y familiar.

Causa

Las sustancias que los adolescentes consumen con más frecuencia son: alcohol, marihuana, alucinógenos, cocaína, anfetaminas, opiáceos y tabaco.

Los trastornos relacionados con el abuso de sustancias en la adolescencia tienen su origen en factores diversos, incluidos la vulnerabilidad genética, los factores ambientales estresantes, las presiones sociales, las características individuales de la personalidad y los problemas psiquiátricos.

No obstante, todavía no se ha determinado cuáles de estos factores son primarios y cuáles secundarios ya que hay pocos estudios al respecto.

El consumo de drogas por parte de familiares y amigos es el motivo principal por el que el adolescente se inicia en el consumo de sustancias.

Síntomas

Los síntomas más comunes del consumo de sustancias son:

  • Drogarse con regularidad

  • Mentir sobre si ha consumido o no y sobre la cantidad

  • El aislamiento social de familia y amigos

  • Abandono de actividades o hobbies que antes realizaba como deportes, música…

  • El adolescente cree que las drogas son necesarias para divertirse

  • Intentar influir en otros para que consuman

  • Tener problemas legales, delinquir o llevar a cabo conductas temerarias (como conducir o mantener relaciones sexuales bajo el efecto de drogas)

  • El absentismo escolar o el bajo rendimiento escolar

  • Depresión o ideación suicida

  • Puede experimentar una pérdida de peso importante, estar siempre cansado o no despreocuparse de su higiene

Tratamiento

El tratamiento debe ser multidisciplinar y contar con la colaboración del adolescente y su familia. Es un proceso largo que puede requerir en los casos más graves internamiento en un centro.

Se recomienda acudir a un centro especializado en este tipo de trastornos. Es fundamental la psicoterapia individual y en grupo. Pueden ser necesarias medicinas para controlar la ansiedad por la falta de consumo.

Son imprescindibles la aplicación de programas escolares y comunitarios para la prevención del consumo de drogas.

Dra. Esther Martínez García
Especialista en Pediatría
Médico consultor de Advance Medical

Violencia juvenil

La violencia es la expresión de un comportamiento intencionado por parte de una o varias personas que provoca, o puede provocar, daños físicos o psicológicos sobre otras. Se manifiesta mediante actos agresivos, injustificados, ilegítimos o ilegales, que se distinguen por su malignidad y tendencia ofensiva contra la integridad física, psíquica o moral de otras personas. Existen varios tipos de violencia, incluyendo el abuso físico, el abuso psíquico y el abuso sexual.
La violencia juvenil puede ser ejercida por jóvenes de forma aislada o desarrollarse por parte de grupos de chicos que se unen con el objetivo de participar en actividades violentas.

Estadísticamente, la violencia juvenil tiene una mayor incidencia entre chicos de sexo masculino, de clase media, con problemas familiares, de sociedades desarrolladas y prósperas y cuya edad oscila entre los 14 y los 18 años.
 

¿Cuál es el perfil de un joven violento?

Los rasgos de personalidad que suelen estar presentes en un joven que ejerce la violencia son:

  • Posee una elevada tendencia a la agresividad, fuerte impulsividad, hiperactividad, escasa capacidad para la reflexión y falta de control sobre la ira.

  • Ha conseguido una escasa socialización desde la infancia, con pocos amigos y grandes dificultades para mantenerlos.

  • Busca el placer y la satisfacción inmediata de sus necesidades y deseos.

  • Muestra frialdad, poca empatía, con dificultades para identificar las propias emociones y las ajenas.

  • Suele expresar una actitud defensiva, desafiante, percibiendo en los demás señales de amenaza y agresión, y  malinterpretando las intenciones que éstos puedan tener.

  • Se cree autosuficiente, pero a la vez utiliza y manipula con frecuencia a sus familiares para conseguir sus propósitos de inmediato.

  • Tiene un bajo sentimiento de culpabilidad sobre los actos violentos realizados e intenta justificarlos. Desprecia los derechos de los demás.

  • Posee una baja tolerancia a la frustración.

  • Tiene una gran incapacidad para aceptar normas o límites de los entornos familiares, escolares y sociales en general.

  • Carece de capacidades para negociar, pactar o ceder.

  • Posee unas habilidades sociales poco desarrolladas, con altas dificultades para la adecuada resolución de los conflictos que se le presentan.

  • Muestra una clara tendencia a afrontar los problemas mediante la fuerza y la imposición.
     

¿Cuáles son los factores o causas que influyen en que pueda desarrollarse un joven violento?

La violencia juvenil es un fenómeno social complejo, en el que inciden un gran número y variedad de factores que pueden propiciar su desarrollo. La presencia de algunos de estos factores no necesariamente conlleva al desarrollo de un joven violento. Es siempre la conjunción de varios factores la que facilita que pueda desarrollarse un perfil violento con mayor probabilidad. Entre los más destacados, se encuentran:

  • Problemas psicológicos y trastornos de la personalidad: jóvenes con una autoestima pobre, con prevalencia de sentimientos de inferioridad, acomplejados, y con elevadas dificultades de integración entre sus compañeros. Chicos con determinados trastornos de la personalidad no atendidos y tratados adecuadamente.

  • El ámbito familiar es el de mayor influencia en el desarrollo de la violencia. Una de las causas de este problema es debida a que los progenitores no han marcado límites y normas necesarios desde la infancia, y tampoco han aplicado consecuencias a determinadas actitudes o conductas inadecuadas, dejándolas impunes. Esta dejadez en la responsabilidad como padres se caracteriza por una actitud despreocupada, con tendencia a conceder y ceder ante cualquier petición de los hijos, hecho que denota un estilo educativo sin ningún tipo de autoridad, en el que todo está permitido.

  • Asimismo, otra actitud que puede propiciar el desarrollo de un joven violento es la de los padres que muestran emociones de rechazo o abandono hacia sus hijos y los humillan o maltratan con frecuencia, a la vez que expresan conductas violentas ante ellos, convirtiéndose en modelos a imitar.

  • En el ámbito escolar,  el colegio puede facilitar el desarrollo o afianzamiento de estas conductas violentas, por ejemplo, al no haber prestado la necesaria atención y no haber gestionado adecuadamente los casos de alumnos con dificultades de aprendizaje, de integración social, de fracaso escolar o de acoso.

  • Asimismo, un sistema educativo excesivamente laxo, ambiguo o inconsistente, en que el profesorado no asume las responsabilidades necesarias hacia sus alumnos, puede dar pie a que éstos sobrepasen determinados límites sin recibir consecuencias y sin aprender a gestionar los conflictos y dificultades que puedan aparecer entre ellos. 

  • En el ámbito social, la violencia juvenil es un reflejo de la violencia social. El fomento de determinados modelos agresivos, la excesiva valoración del poder, el éxito sin esfuerzo, el consumismo, la competitividad extrema, el individualismo y la búsqueda del placer inmediato pueden influir en que el joven sobrevalore todas estas tendencias y las adopte como suyas. Para los jóvenes, las sociedades entrañan ciertos peligros que pueden favorecer un afloramiento de la violencia juvenil como, por ejemplo, el hecho de hablarse en exceso de los derechos y poco de los deberes, con la idea de merecer tenerlo todo sin tener que ganarlo o esperar para conseguirlo.

  • Las sociedades con grandes diferencias de estatus socioeconómico y con imposibilidad de progresión o mejora pueden favorecer la erupción de violencia, así como la emisión de programas violentos en los medios de comunicación pueden llevar al joven a la imitación y a la tolerancia o justificación del uso de la violencia.

  • Otros de los factores sociales más relacionados con la posibilidad de aparición de agresividad en los jóvenes son el fácil acceso al alcohol y a las drogas, así como la utilización de videojuegos con elevada violencia explícita, que pueden influir en el aprendizaje y la práctica de soluciones agresivas a conflictos.
     

¿Cómo prevenir la violencia juvenil?

La prevención de la violencia es responsabilidad de todos: padres, familiares, educadores, psicólogos, pedagogos, sociólogos, políticos, medios de comunicación, etc. De todas formas, es a la vez muy importante tener en cuenta que el principal factor protector de la violencia es el familiar y el escolar, y es  imprescindible trabajarlo desde la infancia.

Los padres deben ejercer una autoridad desde el afecto y el amor, estableciendo límites y normas constantes y coherentes. Es fundamental, a la vez, transmitir y practicar valores como la solidaridad, la tolerancia, la responsabilidad, la motivación y valoración del esfuerzo, la cooperación, el respeto por los demás, la igualdad sexual y la pluralidad cultural. Dedicar tiempo a los hijos, reforzarles las actitudes deseables, valorarlos, enseñarles a manejar la frustración, identificar problemas puntuales que éstos puedan tener y acompañarlos en la resolución adecuada son pautas recomendables que los progenitores deberían llevar a cabo para prevenir el surgimiento de violencia dentro del núcleo familiar.

Desde la escuela, es también importante hacer un trabajo de prevención de la violencia, coordinado con las familias, para la enseñanza de los mencionados valores y el desarrollo de las habilidades necesarias.

Elena Mató
Especialista en Psicología Clínica
Psicólogo consultor de Advance Medical

Jóvenes e Internet

Son indiscutibles las numerosas posibilidades y ventajas que ofrece el uso de Internet en todos los ámbitos. Sin embargo, no se deben ignorar los peligros y riesgos que puede conllevar el hacer un mal uso del mismo, sobretodo en sectores de la población especialmente influenciables o vulnerables como pueden ser los niños, los adolescentes o las personas con determinados problemas psicológicos.

El uso de Internet por parte de los adolescentes suele centrarse principalmente en  establecer contactos y vinculaciones con grupos de iguales, superando la distancia física. Este medio les permite poder expresarse y hablar de determinados temas que podrían resultarles difíciles de tratar en relaciones directas, a la vez que puede convertirse en una forma de intentar superar estados de aburrimiento o monotonía, al permitirles encontrar información sobre temas que les resultan estimulantes.

A grandes rasgos, el uso que hace un adolescente de Internet puede ser problemático cuando el número de horas de conexión afecta al correcto desarrollo de su vida cotidiana, causándole, por ejemplo, estados de somnolencia, alteraciones en su estado de ánimo o una reducción significativa de las horas que dedica al estudio o a otras obligaciones. Además, una escasa atención por parte de los padres puede dejarles vía libre para acceder, sin ningún control ni vigilancia, a determinadas páginas inadecuadas para su nivel de madurez. Si disponen de ordenador en casa y éste no tiene activados los filtros que limiten el acceso a determinadas páginas de información, los niños y adolescentes pueden encontrarse, accidental o intencionadamente, contenidos, servicios y personas no siempre fiables ni aptas para su edad.

Los principales riesgos asociados a un mal uso de Iinternet son:

 

  • El acceso a contenidos no contrastados, poco fiables o falsos.

  • Una sobreestimulación, dispersión de la atención o dedicación de excesivo tiempo para buscar una determinada información.

  • La facilidad de acceso a páginas con información peligrosa o nociva, por ejemplo, a imágenes de contenido sexual, pornográfico o violento o a textos y relatos que pueden incitar al consumo de drogas o medicación, así como al seguimiento de ideologías de tipo racista, sexista o, incluso, a la afiliación a determinadas sectas. 

  • La recepción por correo electrónico de determinados mensajes de propaganda no deseada, el contenido de la cual puede proponer negocios ilegales o contener virus.

  • La participación en chats, foros o determinadas redes sociales puede facilitar contactos indeseados con personas que pueden utilizar identidades falsas, buscando, por ejemplo, víctimas para actos sexuales, violentos o delictivos. Asimismo, la recepción de mensajes personales cuyo contenido puede resultar ofensivo puede también propiciar la posibilidad de entrar en discusiones, recibir amenazas o, incluso, encontrarse involucrado en situaciones de abuso o acoso a través de la red. Hay que tener en cuenta que el anonimato que proporciona Internet puede facilitar el atrevimiento de determinados comentarios o actitudes que difícilmente se expresarían en las relaciones directas con otras personas. 

  • La pérdida de intimidad que conlleva la cumplimentación de formularios de acceso a algunas páginas, facilitándose información personal a individuos o empresas desconocidas.

  • Los menores pueden verse influenciados por una publicidad engañosa o abusiva, que les incite a realizar compras por Internet sin la autorización de sus padres. Los datos personales y los códigos secretos de las tarjetas de crédito que se facilitan en las compras pueden convertirles en víctimas de estafas o robos en páginas Web poco fiables o controladas por terceros.

  • El desarrollo de trastornos psicológicos como la adicción a Internet que pueden surgir cuando confluyen determinados factores, como problemas en la autoestima, la sociabilidad o dificultades familiares, unidos a la vulnerabilidad típica de esta edad y a la cantidad de estímulos atractivos y sensaciones placenteras que puede proporcionar Internet.

  • Un  adolescente puede haber desarrollado una adicción a Internet cuando de manera habitual es incapaz de controlar el tiempo que permanece conectado, relega sus principales obligaciones, evita o abandona otras actividades importantes, pierde contactos sociales, reduce las horas de sueño, descuida hábitos de alimentación, salud, higiene personal y actividad física y tiende a mostrarse irritable. Existen diferentes modalidades específicas de adicción a Internet, como la necesidad de buscar información constantemente, la de la búsqueda de determinadas sensaciones, la de frecuentar entornos sociales, anhelando conocer gente nueva con personalidades ficticias, la adicción al juego o a la compra compulsiva, entre otras.
     

¿Cómo actuar?

Los padres deben estar atentos al uso que sus hijos hacen de Internet, controlando el tiempo que éstos pasan conectados, la frecuencia con la que lo hacen, los motivos por los que dicen que se conectan, la reacción que tienen cuando se les interrumpe y la actitud que muestran mientras están navegando por la red.

Es importante enseñarles progresivamente a seleccionar contenidos y  fuentes de información fiables, desarrollando la capacidad de ser críticos con las mismas. Este proceso educativo debe pasar por alertarles del peligro que conlleva facilitar datos personales en la red, entablar relación con personas desconocidas o el intercambio de archivos y mensajes en un entorno no seguro.

Al mismo tiempo, se les debe ayudar a evitar la dispersión, concretando los términos según la información buscada y delimitando a la vez el tiempo destinado a la conexión a Internet en función del objetivo que se persiga: trabajos escolares, juegos, contactos con amigos, etc. Un buen recurso es también la instalación de programas de protección en los ordenadores que limiten el acceso a determinadas páginas Web.

Siempre es aconsejable buscar la ayuda profesional de un psicólogo si se detectan señales de un mal uso de Internet por parte de niños o adolescentes o se sospecha de una posible adicción a la red.

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