Política, democracia y crisis




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Política, democracia y crisis

¿Qué es la política?

Raúl Prada Alcoreza

Índice:

¿Qué es la política? I

Plan de trabajo 2

¿Qué es la política? II

Nacimientos de la política 18

¿Qué es la política? III

Las ficciones del realismo político 56

¿Qué es la política? I

Plan de trabajo

Esta pregunta parece reiterativa y en los distintos contextos desde que Nicolás Maquiavelo escribiera El príncipe y los Discorsi. Cuatro siglos después se publica un libro de Hannah Arendt que lleva el título interrogativo de ¿Qué es la política? Se trata de un libro armado por Ursula Ludz, socióloga alemana, recompilando los trabajos de Hannah Arendt destinados a un proyecto que titularía Introducción a la política. Libro que nunca va a concluirse. El libro armado sale a luz en 1993 bajo el título en alemán Was ist Politik? Ahora volvemos hacer la misma pregunta ante los contradictorios y complicados acontecimientos que se dan en el proceso boliviano, ecuatoriano y venezolano. Vale la pena hacerse la misma pregunta y tratar de responderla a partir de estas últimas experiencias en Sud América. Algo nos acerca a los escritos de Maquiavelo, ese algo es que el escritor florentino parte de la experiencia que tuvo en los ámbitos de poder y decisión, así como en su experiencia en el manejo de los asuntos públicos, también en los temas militares. Esta experiencia lo llevó a hacer una profunda reflexión sobre los alcances de estos temas, abriendo definitivamente la visibilización y el conocimiento de ese ámbito que se llamará modernamente política. En pocas palabras Maquiavelo parte de la experiencia turbulenta de los principados, de la naciente razón de Estado, de los manejos y procedimientos de los poderosos, de su relación con el pueblo; es decir, enfrenta los problemas de su tiempo. Algo que tenemos que hacer ahora, enfrentar los problemas políticos de nuestro tiempo.

Podríamos decir que Maquiavelo abre un campo de análisis y reflexión, sobre todo abre una problemática, descubre una problemática; esta es la del manejo de la gente, que hoy podríamos llamar el del gobierno de los hombres, mejor de los humanos, pero también la problemática asociada a las relaciones de dominación o de dominio, que hoy claramente podríamos llamar, las relaciones de poder. Relacionada a estas problemáticas abre también la temática de la relación con el pueblo, del consenso, que hoy podríamos identificar con la problemática de la legitimidad. A Maquiavelo se lo conoce por relacionar la política como el arte de del juego entre el consenso y la fuerza, entre la legitimidad y la coerción. Sin embargo, lo que importa es comprender que estos campos del gobierno de la gente, del dominio, del gobierno, de la legitimidad y la fuerza tiene su historia, su larga historia, que este ámbito de la política tiene su genealogía, que debe ser analizada de acuerdo a los contextos y los periodos históricos. Esto quiere decir también que las que el perfil de las problemáticas cambia, no es el mismo en un tiempo y en otro. Es muy aleccionador evaluar las distintas formas como se han acercado a los campos problemáticos de la política distintos autores y corrientes, la forma que lo abordan es ilustrativa del perfil y el horizonte político en cuestión. No podemos hacer un repaso exhaustivo y una comparación minuciosa de los distintos desplazamientos, empero si podemos seleccionar algunas miradas y enfoques característicos de las épocas, logrando vislumbrar sus cambios, sus contrastes y transformaciones. Empero lo más importante no es esto; no se busca una exposición académica, lo que se quiere es conseguir dibujar el perfil, el contenido, la composición de las problemáticas políticas que hoy se enfrentan en las experiencias de los procesos boliviano, ecuatoriano y venezolano. Averiguar qué enseñanzas nos dan para la comprensión histórica de la política y de lo político.

Entonces el ensayo tiene dos partes; una que tiene que ver con un análisis comparativo de los enfoques políticos, de acuerdo a los contextos y periodos; la otra, la más importante, que tiene que ver con las enseñanzas de los procesos en curso en Bolivia, Ecuador y Venezuela. En la primera parte se ha escogido el propio enfoque de Maquiavelo como fundador de una manera de ver, de comprender, de analizar los campos problemáticos de lo que se va a llamar modernamente la política, a diferencia de lo que los clásicos denominaban con este nombre1. Por razones de tiempo y de espacio, vamos a saltar a los teóricos de la razón de Estado como Juan Bodino, Tomas Hobbes y otros que trabajan el tema del Estado como razón, pero también como necesidad. Vamos a intentar tocar este tema en la discusión, pero en este momento no nos vamos a detener en la evolución de este enfoque. Nos interesa contrastar el enfoque de Maquiavelo con enfoques dinámicos de la política, con aquellos enfoques que están imperiosamente necesitados de vislumbrar lo nuevo, de construir lo nuevo, con los enfoques que podemos llamarlos revolucionarios, que persiguen abolir el viejo régimen e inaugurar uno nuevo. Estos es importante pues nos muestra un aspecto que el mismo Maquiavelo había contemplado, la relación con el pueblo, la participación del pueblo, no sólo en el logro del consenso y de la legitimación sino en cuanto despliegue de la fuerza necesaria popular, en la comprensión de la democracia como pueblo armado.

El otro enfoque que queremos abordar es pues el marxismo, sobre todo en la versión leninista. Los problemas que plantea Lenin son nuevos, el desafío de una revolución proletaria en un país periférico, de mayoría campesina. Los problemas que plantea una transición como la dictadura del proletariado, las tareas que debe asumir un gobierno obrero y campesino, cumpliendo tanto con temas pendientes como por tópicos relativos a la transformación y la construcción del socialismo. ¿Cómo se enfrenta la cuestión agraria y la problemática campesina? ¿Cómo se enfrenta la guerra imperialista y sobre todo la guerra desatada por los llamados rusos blancos, apoyados por los países imperialistas? ¿Qué se hace cuando fracasa la revolución obrera en Europa? Estos problemas tienen que ver con las dinámicas de la política, las dinámicas relacionadas con las tareas de transformación y de construcción. No son los mismo problemas, empero hay una analogía sobresaliente con la problemática que aborda Maquiavelo, esto es la construcción de la nación, incluso tendríamos que decir, desde la perspectiva actual, la construcción del Estado-nación. Este no es un problema de los bolcheviques, pues ellos tienen la tarea de la construcción de la patria socialista, del Estado socialista, en las condiciones problemáticas que se dan en la flamante Unión Soviética. La analogía está en la construcción de lo nuevo. Por eso mismo, el problema se convierte en un problema de convocatoria, o lo que los mismos bolcheviques van a llamar de hegemonía, aunque la hegemonía se restrinja, en ese momento a la alianza obrero campesina, a la hegemonía proletaria respecto a las clases explotadas. Todavía no se trata del concepto de hegemonía que ha de elaborar Antonio Gramsci en los Cuadernos de la Cárcel. Este acento en la política como espacio y tiempo, como experiencia, como ámbito de dispositivos para la transformación viene dado en estos enfoques.

No nos apresuremos a señalar que los enfoques relativos a la razón de Estado son conservadores, comparados a los enfoques revolucionarios. Sencillamente se trata de otros problemas, de otra problemática y por lo tanto de otro análisis y otra forma de interpretación, así como otra manera de resolver teóricamente estos problemas. Reduciendo esquemáticamente nuestra interpretación, podemos decir que el problema de Hobbes es cómo lograr la paz en ambiente de guerra permanente, sobre todo de una guerra de todos contra todos. Por lo tanto, cómo elevar un poder sobre todos que garantice la paz; un poder que a la vez los represente, pero a la vez exprese la ley y el orden ante los cuales deben subordinarse todos. En esta tesis se supone que para lograr la paz se requiere de un poder, de un poder supremo y superior, de un poder que exprese la voluntad de todos, que sea como síntesis y delegación de la voluntad de todos. En cambio en los bolcheviques el problema era cómo destruir un Estado burgués y cómo construir un Estado en transición hacia el socialismo. A propósito es tremendamente ilustrativo la forma cómo Lenin se plantea el problema y como propone resolverlo, por lo menos teóricamente. Nos detendremos en la discusión que emprende en el Estado y la Revolución.

Después del enfoque de Lenin sobre esta problemática política de la revolución, hemos seleccionado abordar el enfoque que desarrollo Hannah Arendt. En este caso no por su vinculación con la problemática política revolucionaria, con el eje problemático de la dinámica política transformadora, sino por el balance que hace de las dramáticas experiencias políticas del siglo XX, por sus reflexiones sobre la violencia, la condición humana y la temporalidad. Sobre todo por su pregunta: ¿Qué es la política? Pregunta que es abordada desde la mirada fenomenológica y existencial. Quizás podríamos decir desde la problemáticas que plantea una contemporaneidad incierta, la misma que goza, sin embargo, de una acumulación de experiencias, de una extensión enorme de las interpretaciones teóricas, y sobre todo de un horizonte de mundo, el mundo moderno, el mundo moderno en su propio acabamiento, que significa tanto consolidación como clausura. Nos interesa este balance porque hace la evaluación desde otro lugar, distinto a los lugares y territorios de la comprensión política como revolución, aunque su reflexión y análisis también busque abarcar estas experiencias y problemas. No nos interesa Hannah Arendt como lugar final desde dónde se valoriza la historia política; no compartimos la posición de esta filósofa y política, sino interesa sobre todo por el contraste que se hace evidente entre enfoques, además de mostrar claramente una de las tendencias más eruditas del mundo moderno, de la academia, de la filosofía. Mostrando también los alcances de la preocupación filosófica y política de un mundo logrado en su dominación y ordenamiento institucional.

En el transcurso, desde el enfoque de Lenin hasta el enfoque de Hannah Arendt vamos a repasar tangencialmente, como en el caso de las teorías de la razón de Estado, algunos desplazamientos teóricos en los marxismos, como es el caso de Antonio Gramsci. También vamos a recoger las incidencias y desplazamientos teóricos de la forma de asumir el marxismo en América Latina. No hablamos a propósito de un marxismo latinoamericano, esta denominación resultaría polémica ante la variedad de corrientes marxistas. Interesan los escritos que tienen que ver con la acción política, pues es este el punto de vista que hemos privilegiado en el análisis de la política como experiencia histórica, pero también como expresión y pensamiento.

Sin embargo, por lo que hemos anunciado, la evaluación crítica de procesos políticos en Sud América, nos interesa detenernos en el análisis de los planteamientos políticos que se desarrollan desde los movimientos indígenas y los movimientos sociales contemporáneos. Desde la guerrilla zapatista hasta el proceso constituyente boliviano se han desplegado nuevas hipótesis sobre la condición política. Hay como un replanteamiento de lo que es la política, a partir de consideraciones que tienen que ver con las tareas de descolonización y con la exigencia básica de la participación, la autogestión y el autogobierno. La democracia deja de ser concebida homogéneamente como un ejercicio de la conquista y ampliación de derechos para llegar a ser pensada como condición plural y el ejercicio plural de la democracia. Por lo tanto, los problemas del poder, de la mantención en el poder, de la conservación del poder, del uso del poder para la transformación, cambian. Ya no estamos ante el problema de la institucionalidad sino ante el problema de constitución plural de subjetividades. En resumidas cuentas se trata de un problema civilizatorio.

Indudablemente los discursos críticos desde la descolonización, desde la interpelación descolonizadora, van a ayudar a establecer perspectivas de evaluación de los procesos en cuestión. Aunque no sólo, pues también se requiere de otros parámetros evaluadores, por ejemplo los relativos a la propia genealogía política, reviviendo los problemas de legitimación, consenso, hegemonía, también razón de Estado, así como los problemas de transición. Sin embargo, no hay que olvidar que estos recursos, el relativo a la arqueología de los enfoques, es un ámbito del análisis. Interesa pasar a la evaluación de las prácticas, de las experiencias fácticas, de la materialidad histórica y política, de la historia efectiva de los procesos en cuestión. Eso corresponde a una segunda parte de este ensayo.

La historia efectiva de los procesos políticos y sociales

¿Qué hay de nuevo en los procesos desatados en Bolivia, Ecuador y Venezuela? ¿Qué los distinguen de otros procesos? Algo que llama la atención es que son procesos vinculados a sus procesos constituyentes, procesos que terminan elaborando sus Constituciones como un acto multitudinario de participación. Intentan con esto inaugurar un nuevo tiempo, abren un nuevo horizonte histórico y cultural. Otro rasgo de estos procesos que emergen de la crisis profundas de sus Estado-nación. Esto en el caso boliviano de una manera evidente, también en el caso ecuatoriano, con sus propias particularidades, aunque no podemos decir lo mismo con el proyecto bolivariano, pues este refunda el Estado-nación, con una perspectiva más propia, más popular, recuperando el proyecto bolivariano de integración. Se caracteriza a los tres procesos como los más radicales, en comparación con lo que sucede en Brasil y en Argentina, que tienen ribetes más reformistas, sobre todo en Argentina, que no termina de salir de eterno retorno del peronismo.

Los procesos boliviano, ecuatoriano y venezolano, obviamente son diferentes, responden a sus historias y contextos, aunque hay analogías fuertes en el caso boliviano y ecuatoriano, por el tema indígena, la descolonización y el Estado plurinacional, además de sus concepciones civilizatorias alternativas del suma qamaña y el suma Kausay, traducidos como el vivir bien y el buen vivir. ¿Cómo podemos apreciar estas diferencias, aunque también sus analogías? Podemos recurrir a la comparación de sus constituciones, pero esto no es suficiente. Es importante evaluar la dinámica molecular de sus procesos y de sus crisis de Estado para poder encontrar las singularidades de los procesos y las formas políticas que adquieren sus diferencias. Es indispensable comprender la composición de los sujetos sociales, actores y protagonistas de los procesos, sus relaciones en el campo político, su confrontación con las instituciones y el Estado, pero también sus vínculos con estas estructuras. Es primordial dimensionar las posibilidades, las potencialidades, las capacidades, que entran en juego en la dinámica de la movilización y el conflicto. También es importante contar con las figuras de las formas de organización desplegadas, compararlas con organizaciones tradicionales, distinguir sus transformaciones, pero también la forma como se politizan las multitudes. ¿Cómo entra en conflicto este magma candente con el Estado? Y en este sentido, ¿cómo se plasman y se expresan las vivencias colectivas en las Constituciones?

Por lo tanto proponemos hacer un análisis comparativo de los procesos boliviano, ecuatoriano y venezolano. En este análisis comparativo se debe incluir no solamente lo fáctico, la dinámica molecular de los procesos, la materialidad política de los mismos, sino también lo imaginario, la institución imaginaria de la sociedad y del poder. Partimos del supuesto de que el ser humano no solamente es racional, político, lingüístico, simbólico, como se lo ha definido en distintas circunstancias, a partir de la perspectiva de diferentes teóricos y teorías, sino que es también y sobre todo un ser imaginario, que está constituido primordialmente por esta facultad, la facultad imaginaria. Hablamos de un ser que se constituye en la dimensión imaginaria, gracias a esta dimensión se constituye subjetivamente, constituye su subjetividad. Es esta facultad humana la que sostiene la facultad racional, la acción política, las estructuras lingüísticas, los sistemas simbólicos, también las instituciones, la sociedad y el Estado. Las experiencias humanas son profundamente imaginarias; están no solamente atravesadas por lo imaginario sino también que son interpretadas en el sentido de la pre-comprensión por la facultad imaginaria. La vivencia humana no solo que es somatizada sino también semantizada por ese articulador que es la imaginación2. Particularmente interesa esta facultad por las connotaciones en las relaciones de poder. Haciendo paráfrasis a Cornelius Castoriadis podemos hablar de la institución imaginaria del poder3. Por eso es importante comprender los imaginarios sociales y colectivos inherentes a los procesos en cuestión.

A estas alturas del plan de trabajo debemos preguntarnos por los procesos en cuestión, pero también por la comprensión que tenemos de lo que llamamos proceso. ¿Es posible preguntarse por la estructura del proceso? ¿Cómo puede haber una estructura en un proceso que siempre está cambiando, fluyendo, desplegando, desenvolviéndose? A veces la teoría y la metodología de investigación son sorprendentes por los usos conceptuales que hace, estructura, sistema, combinando estos términos con historia y movimiento. No dejan empero de ser atinadas y hasta ordenadores estos usos, nos obligan a auscultar la composición de los procesos, también la diferencia de los procesos en el tiempo y en el espacio, dependiendo de los contextos. Es muy posible que no podamos sostener lo de estructura y lo de sistema, pues el flujo de los procesos exige más bien figuras plásticas y mutantes; empero podemos usarlas como referentes metodológicos para aproximaciones interpretativas y de enfoque de los procesos, sobre todo en determinadas coyunturas que llamaremos críticas. Las crisis ponen en cuestión las estructuras, los sistemas y las instituciones, sería complicado sostener la figura de la estructura de la crisis, menos pretender encontrar un sistema en la crisis, aunque se puede tener un enfoque sistémico de la crisis. Mucho más complicado pretender encontrar la institucionalidad de la crisis; empíricamente las crisis son crisis institucionales. Empero para no embarcarnos en una tarea filosófica y epistemológica de buscar la figura plástica apropiada para hablar del proceso y de la crisis, podemos usar críticamente esos conceptos de estructura y de sistema como conceptos metodológicos de aproximación, bajo las condicionalidades histórica, transformadoras, de que las estructuras y los sistemas cambian en el proceso mismo.

Entonces volvamos a la pregunta general, ¿cuál es la composición de los procesos en cuestión? De esta pregunta podemos hacer una aproximación: ¿Cuáles son las estructuras de los procesos, dependiendo de las coyunturas? De aquí podemos pasar a otras preguntas: ¿Hay una diferencia estructural de los procesos o hay una diferencia histórica, dependiendo de sus contextos? ¿Cuáles son las características de sus movimientos sociales y de las relaciones de estos movimientos con el Estado y la sociedad? ¿En qué consiste su interpelación al capitalismo? Y quizás las preguntas más importantes se centren en las preguntas sobre los desenlaces de los procesos: ¿Qué pasa con los procesos? ¿Cuál es su ruta? ¿Dónde van? ¿Qué significan las contradicciones inherentes al proceso? ¿Qué pasa con el Estado? ¿Por qué no se puede desmantelar esta fabulosa maquinaria?

El análisis comparativo de los procesos nos va a permitir mirar la interioridad de los procesos también desde una perspectiva externa, desde la perspectiva de otros procesos. Este procedimiento se puede diseñar de la siguiente manera, haciendo una paráfrasis a la metodología sistémica de Niklas Luhmann: un proceso le presta su complejidad a otro proceso para ser interpretado4. Y obviamente, estos tres procesos no pueden comprenderse aislados de los que pasa en el mundo, en el contexto de la crisis mundial del capitalismo, de la crisis de dominación mundial, de la crisis de la modernidad.
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