Política, democracia y crisis




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La revolución negra

¿Qué es el colonialismo? Esta pregunta es grave, sobre todo cuando se tiene que responderla ante los abominables hechos de la esclavización, del comercio de esclavos y la trata de humanos reducidos a las condiciones de la mayor bestialidad inimaginables. La realidad supera a la imaginación. Por otra parte hablamos de bestialidad, no de animalidad, pues los animales son otra cosa; la bestia es la invención humana más atroz. Quizás es la realización de sus más terribles pesadillas. La pregunta también es: ¿de qué es capaz el hombre? No estamos hablando de la mujer, pues ellas, la pluralidad, han sido reducidas también por la dominación masculina a distintas condiciones de subalternidad, de sumisión y de goce. ¿Cómo llegaron a inventarse un régimen tan espantoso como el comercio de esclavos y la cruel esclavización de la modernidad y de los orígenes del capitalismo? ¿Qué los empujo a cometer semejantes crímenes en tan gigantesca escala? ¿El dinero? ¿La ganancia? ¿La abismal diferencia de poder, es decir de dominio, basado en la superioridad en los mares y en la tecnología militar?

Con la conquista del quinto continente, Abya Ayala, se generaron transformaciones en la estructura y correlación de fuerzas en el mundo; Europa salió de su aislamiento por el Atlántico, convirtiéndose la península de Eurasia en el centro y el eje de los nuevos circuitos mercantiles. Abya Ayala fue desbastada de norte a sud, de este a oeste, generando el despoblamiento a consecuencia del genocidio y etnocidio sumados. Esto fue francamente problemático incluso para los regímenes coloniales pues ya no contaban con mano de obra servil en vastos espacios geográficos, tanto para el trabajo de las minas como para el trabajo de las plantaciones. El dominico Bartolomé de las Casas preocupado por la desaparición de la población indígena, y ante la descomedida y reiterativa violencia de los conquistadores, quienes no cumplían ni con las leyes coloniales, que protegían a los indígenas como vasallos del rey, leyes de indias; el dominico, quién había logrado convencer a los reyes de que los indígenas eran humanos y tenían alma, propuso para salvar a la población indígena ante los atropellos que no parecían detenerse, que se trajesen esclavos del África para realizar las duras tareas a que eran sometidos los indígenas. Comenzaron los españoles, después les siguieron los portugueses, continuaron los holandeses, franceses e ingleses. Se convirtió el tráfico de esclavos en el negocio más rentable, además de traer efectos multiplicadores con el trabajo esclavo, energía productiva no-pagada, sobre todo en las plantaciones.

El vaciamiento del África negra, el traslado de grandes contingentes de hombre, mujeres y niños, arrancados de sus aldeas, hacia el nuevo continente y sus islas del caribe, fue producto de una gigantesca empresa descomunal, que involucraba a la marina de varios países europeos, en mutua competencia. Muchísimos murieronprimero en el transcurro del viaje por tierra; después en los calamitosos depósitos de humanos, donde los hacinaban; seguidamente, en las estructura de los barcos, donde prácticamente los tapiaban en estrechos espacios. Esta iniquidad fue cambiada por subidas temporales a la cubierta, para elevar la moral depresiva de los esclavos. Este era el momento que algunos aprovechaban de liberarse de este infierno; muchos esclavos transportados, para escapar de esta condena inaudita, se arrojaban al mar a la menor oportunidad. El costo de muertes fue muy alto en este comercio de esclavos, compensado, según los cálculos mercantiles de los esclavistas negreros, con la venta de los cargamentos. Este crimen de lesa humanidad, esta deuda irremediable nunca fue pagada por Europa y los otros países involucrados en el comercio de esclavos, como Estados Unidos de Norte América. Tuvieron los propios esclavos que revelarse para conquistar su libertad.

La historia de la revolución negra de Haití es una de las más profundas y reveladoras del nacimiento de la política moderna, del alcance de las conquistas democráticas y de las conquistas de los derechos humanos, del sentido histórico que adquirieron, para no ser meras abstracciones en los discursos y en las constituciones. En cierto sentido, en términos de la concreción de la significación histórica, el significado de la emancipación alcanzó con a revolución negra mayor profundidad que la revolución francesa debido al carácter descolonizador de la revolución, a la elevada liberación que lograba la rebelión de los esclavos, al admirable gesto liberador de los humanos más destruidos y condenados de la tierra, reducidos a propiedad absoluta de los amos esclavistas, reducidos a la condición deshumanizada de meros instrumentos de trabajo, a la condición más inhumana y brutal que se puede imaginar. El grito de la revolución negra viene desde la herida más profunda, más desgarrada, desde el abismo más oscuro del ser humano. Acompañando a las conquistas más democráticas de la revolución francesa, los derechos del hombre, la igualdad, la fraternidad y la solidaridad, la abolición de la monarquía y las aristocracias, entre ellas la aristocracia de sangre, se levantaron los esclavos de la isla la Española, del lado de la posesión francesa. Quemaron las plantaciones de caña de los colonos blancos, expulsándolos de sus propiedades, haciéndolos huir, devolviéndoles la violencia que ellos cristalizaron en sus huesos, arrinconándolos a las ciudades y a los puertos, tomando territorios y hasta poblados. Así comenzó la larga guerra civil de Haití que duraría como una docena de años.

Hay que aprender de estos conmovedores acontecimientos, que son como los dolores de parto de la modernidad, hay que penetrar hasta la raíz de la convulsión misma, de la potencia social de la revolución negra, para comprender la capacidad creativa de los explotados de la tierra, convertidos en insurrectos. La lucha por la igualdad nunca se hubiera entendido a cabalidad si no hubiera sido por estos hombres y mujeres de color que exigieron este reconocimiento de igualdad, en sentido pleno y concreto, en el sentido profundo de la conmovedora condición humana, con la abolición de la esclavitud. Tocaron lo más irracional de los prejuicios humanos de entonces, el prejuicio racial, por el color de la piel. Interpelaron incluso a los revolucionarios de París, a la Convención, a la Constituyente, al Directorio, pero sobre todo a los revolucionarios de París, los san culottes, al pueblo trabajador parisino, que empujó a la Asamblea a apoyar a los insurrectos negros, a sus demandas por la abolición y el reconocimiento a la igualdad. Esta alianza entre explotados fue clave para extender la fuerza de combate del ejercito negro de Toussaint L’Overture, que venció al ejército monárquico francés, al ejercito colonial inglés, al ejército español y, por último, con la continuidad de la lucha al mando de Dessalines, al ejército napoleónico invasor.

Esta historia de la revolución negra ha sido ocultada o disminuida a acontecimiento local por la llamada historia universal, historia oficial de la legitimación del orden mundial, del orden imperialista, por el intencional ocultamiento de los historiadores de la modernidad. Son pocos los historiadores que han sacado a luz las grandiosas dimensiones de esta revolución, entre ellos el conocido historiador marxista C.L.R. James, quien en su famoso libro Los jacobinos negros28 devela el papel crucial de la revolución negra en la configuración de un mundo post-esclavista, en el transcurso de la transformación de la re-configuración europea y posteriormente americana. ¿Cuánto se les debe a estos revolucionarios de color en la historia de las conquistas democráticas? Es indudable su gran aporte en la lucha anticolonial y descolonizadora, incluso en la arqueología de las teorías de la descolonización. Esto es importante decirlo pues hay algunas corrientes académicas y algunos intelectuales contemporáneos que se creen los portadores de las teorías de la descolonización. No solamente esta es una muestra desproporcionada de falta de humildad sino una manifestación de desprecio académico por los movimientos, procesos y discursos descolonizadores, íntimamente arraigados con estos acontecimientos transgresores de órdenes de dominación colonial, con estas insurrecciones y guerras anticoloniales. Uno de los creadores del discurso descolonizador y de las bases de la teoría descolonizadora es pues Toussaint L’Overture. En su correspondencia se encuentra expuesta con suma claridad las tesis más caras de la descolonización. Esto se debe sobre todo a la lucidez crítica contra el régimen esclavista, basada precisamente en la experiencia desgarradora y destructiva de la esclavitud. Experiencia que permite abrir a la mirada los lugares y las escenas más degradantes donde puede ser arrojado el ser humano. La convicción por la emancipación de los esclavos, no sólo de la isla, sino incluso de los que se encontraban en América, era en él una convicción por la emancipación humana. No podía separar la lucha de los esclavos de la lucha por las emancipaciones de la humanidad de las cadenas de sus dominaciones, impuestas por los amos, patrones y burgueses. No era pues el proletariado obrero la última de las clases, los que nada tenían que perder, sino estos proletarios esclavos, convertidos en propiedad, susceptible de destrucción, reducidos a la condición de meros instrumentos de trabajo, despreciados y maltratados, como no se lo hace con las máquinas; oprimidos bestializados por la violencia colonial y esclavista. Eran los esclavos los que debían liberar al mundo de las dominaciones que se asientan sobre la matriz colonial. No podía haber paz mientras no se reconociese la plena libertad y por lo tanto la igualdad entre los humanos, cobre todo el reconocimiento de esta condición a los humanos reducidos a esclavos. No puede haber una sociedad libre basada en el régimen esclavista, base del sistema colonial. Como republicano fincó sus esperanzas en la república francesa; empero cuando el proceso revolucionario derivó en una curva regresiva, cuando los jacobinos llegaron a su límite con el laberinto del terror, sin atreverse a seguir a los comunistas, a lossan culottes, por lo tanto quedando solos, aislados de las masas revolucionarias, comenzó la etapa reaccionaria del proceso.Esta etapa fue conducida por la nueva burguesía, que apartó a las masas de toda influencia en el Congreso, llevando al proceso al termidor y después al régimen bonapartista. Toussaint vio el peligro de una intervención napoleónica y el retorno a la esclavitud de sus compatriotas liberados, seres humanos ya en armas y trabajadores libres. Esta situación lo obligó a tomar toda la isla, la parte española de Santo Domingo, para evitar o contener el desembarco de las tropas napoleónicas.

Esta sensibilidad ante las variaciones de las coyunturas de un proceso dramático lo llevó a entender que la garantía de la abolición de la esclavitud no se logra sólo con la ley abolicionista, el reconocimiento de libertad para los esclavos, por parte de la república francesa, sino que era necesario garantizar la abolición en el tiempo. Esto significaba la independencia y la construcción de una república negra. A esta conclusión no llegó Toussaint L’Ouverture, pues se mantuvo fiel hasta el final a la república francesa; fue su comandando Dessalines quién comprendió más radicalmente la situación y supo sacar las consecuencias de las enseñanzas de la guerra anticolonial que llevaron a cabo.

Historia y emancipación

C.R.L. James condensa la historia de la revolución de los esclavos de Haití en las primeraspáginas de su libro de la siguiente manera:

En 1879, la colonia de Santo Domingo de las indias occidentales francesas representaba las dos terceras partes del comercio de Francia con el exterior y era la isla comercial más importante para el tráfico de esclavos europeo. Era parte integrante de la vida económica de la época: la mejor colonia del mundo, el orgullo de Francia y la envidia de todas las demás naciones imperialistas. Toda su estructura reposaba sobre el trabajo de medio millón de esclavos29.

En agosto de 1791, a dos años de la revolución francesa, los esclavos se revelaron. El combate duró 12 años, hasta la declaración de Independencia. El ejército de esclavos derrotó paulatinamente, primero a los blancos colonos de la isla y propietarios de plantaciones, después al ejército monárquico francés, resistieron a la invasión española, a la armada británica que lanzó sobre la isla, en plena crisis, una expedición de 60 000 hombres; por último vencieron a la expedición napoleónica de tamaño similar a la británica, comandada por el cuñado de Napoleón Bonaparte. La derrota del ejército de Bonaparte desembocó en 1803 en la creación del Estado negro de Haití. Se trata de la única revuelta de esclavos en la historia que salió con éxito. Los problemas que tuvo que enfrentar la revolución muestran patentemente los grandes intereses que estaban en juego. Lo que llama la atención es la potencia de transformación de la energía emancipatoria liberada; de esclavos temerosos ante la sólo presencia de un hombre blanco, se convirtieron en una fuerza revolucionaria capaz de derrotar a las potencias europeas dominantes de entonces30.

La expedición de Cristóbal Colón fue primera que desembarcó en estas islas paradisiacas del Caribe, primero en la isla de San Salvador, después en la Isla que será bautizada como la Española, donde se encuentra Haití. Los españoles preguntaron dónde había oro y los nativos le señalaron la gran isla donde se encontraba el precioso metal, isla donde ahora se encuentran Haití y Santo Domingo, bautizada en el desembarco de los conquistadores como la Hispaniola. Se trata de una de las islas grandes del Caribe, en comparación se puede decir que es de un tamaño equivalente a la isla de Irlanda31.

Refiriéndose a este momento el autor de los Jacobinos negros escribe:

Los españoles, los europeos más adelantados de la época, se anexionaron la isla, la llamaron la Hispaniola, y asumieron la protección de los atrasados nativos. Introdujeron el cristianismo, el trabajo forzado en las minas, el crimen, la violación, los perros asesinos, las enfermedades desconocidas y la hambruna planificada (mediante la destrucción de los cultivos para que los rebeldes murieran de hambre). Estos y otros requisitos de la civilización superior redujeron la población nativa de entre medio a un millón de habitantes a 60 000 en 15 años32.

Bartolomé de las Casas, un sacerdote dominico, contando con la experiencia dramática de la población nativa en la colonia, viajo a España para defender la abolición de la esclavitud de los nativos. La pregunta que les hizo a los monarcas es: ¿cómo iba a perdurar la colonia sin los nativos? Todo lo que recibían como paga los nativos era la cristianización y se encontraban obligados a trabajar en las minas. Los monarcas accedieron al pedido. La corona abolió los repartimientos, el trabajo forzado; empero esto quedó en los papeles, pues los encargados de los trabajos y a economía siguieron practicando el trabajo forzado, a pesar de las disposiciones de la corona. Bartolomé de las Casas abrumado por la contundente realidad, donde veía la desaparición de la población nativa, sugirió la idea de importar robustos esclavos del continente africano. En 1517 Carlos V autorizó la exportación de 15 000 esclavos a la isla de Santo Domingo. De esta manera el sacerdote y el rey trajeron a esta parte del mundo el comercio de esclavos33.

Llegaron a las islas del Caribe toda clase de forasteros y aventureros, venían a la Española desde las islas cercanas; eran cazadores, cultivadores de café y algunos ganaderos. Los españoles decidieron dar guerra sin cuartel a estos advenedizos, optaron por matar a las cabezas de ganado. Ingleses, francés y españoles se entrabaron en una lucha despiadada que desgarró a la isla, hasta que en 1695 el Tratado de Ryswick, suscrito entre España y Francia,otorgó a Francia la posesión legal de la parte occidental de la isla. Una vez que se asentaron los colonos se necesitó cada vez más cuerpos y brazos para descargar su energía en los duros trabajos requeridos; se decidió traer contingentes de esclavos del África. Vinieron por centenares de miles a poblar la isla, transformando su composición demográfica34.

Un cuadro devastador de este comercio de esclavos dibuja C.L.R. James:

Los traficantes de esclavos saquearon las costas del golfo de Guinea. Devastaban una zona y a continuación proseguían su marcha hacia occidente, y a continuación hacia el sur, década tras década, desde el Niger hasta las riberas del Congo, desde Loango y Ángola hasta el cabo de Buena Esperanza, y en 1789 habían llegado incluso a Mozambique, en la costa oriental del África35.

Los traficantes de esclavos se abalanzaron sobre aldeas campesinas, que tenían una mejor organización que los pueblos de campesinos europeos para la agricultura. Destrozaron estos sistemas de cultivos, empujando a poblaciones a la hambruna y a la degradación. Los humanos eran cazados en el interior, atados los unos a los otros en columnas, cargados con pesadas piedras para evitar tentativas de fuga, obligados después a emprender el largo camino hasta el mar, incluso de cientos de kilómetros en muchos casos. La parte despiadada la cargaban los enfermos y los débiles, se desplomaban para morir en la selva. Una vez sufrido estos dramáticos percances, eran transportados hasta la costa en canoa, tendidos en el fondo de las embarcaciones durante días que parecíanimperecederos, con las manos atadas, los rostros expuestos al sol y a la lluvia tropical, las espaldas sobre el agua acumulada en la concavidad de las canoas. Cuando por fin se llegaba a los puertos de embarque, se los encerraba en “empalizadas” para ser inspeccionados por tratantes de esclavos. De este modo millares de seres humanos se aglomeraban en estos “antros de putrefactos”, en los que se dice que ningún europeo podía mantenerse de pie por más de un cuarto de hora sin desmayarse. Los africanos también se desmayaban, pero se recuperaban o morían. El número de bajas en las “empalizadas” llego a rondar por el 20%36.

Cuando se emprendía el viaje por mar, en los barcos, se comprimía literalmente a los esclavos en galerías escalonadas. A cada esclavo de le asignaba un espacio reducido apenas de un metro y medio de largo por un metro de alto. Se puede comprender que las revueltas en los puertos y a bordo de los navíos eran incesantes. Por eso se tomaron medidas; se encadenaba a los esclavos, la mano derecha a la pierna derecha, la mano izquierda a la pierna izquierda, enganchándolos en fila a largas vigas de hierro. Puede uno imaginarse el infierno vivido en esas embarcaciones, donde los esclavos prácticamente tapiados, apenas podían moverse. Se los sacaba para limpiar los cubículos y volverlos a meter37. Cuando se llegaba a destino del mercado de esclavos, eran subidos a cubierta donde eran minuciosamente examinados, antes de ser comprados.

Podemos decir que el infierno volvía a comenzar en el nuevo mundo donde fueron vendidos los esclavos. Ahora comenzaba la faena del trabajo forzado, plagado de múltiples violencias. El trabajo en las plantaciones era extenuante, la noche era relativamente un sosiego, empero cuando amanecía maldecía el comienzo del día que los condenaba al tormento rutinario del trabajo esclavo. Eran castigados por cualquier falta con azotes de látigo que restañaban en sus espaldas, que no solamente los dejaba mal trechos sino a veces los mataba. El Código Negro de Luis XIV trató de corregir este martirio, disminuyendo los castigos, los azotes, y determinando horas de comida y descanso. Empero fue un saludo a la bandera, pues los que deberían llevarlo a cabo no cumplían, siguieron con sus prácticas de violencia descarnada. In embargo, a pesar de esta destrucción sistemática de toda humanidad, los esclavos recurrieron para escapar de esta condena a la danza y a los cantos. No se pudo aplacar el sueño de emancipación, este sueño reapareció en el culto del vudú, cuando bailaban y cantaban su letra favorita:

Eh! Eh! Bomba! Heu! Heu!

Canga, bafio té!

Canga, mouné de lé!

Canga, do ki la!

Canga, li!

Canción que quiere decir en la traducción: Juramos destruir a los blancos y todas sus posesiones; mejor morir, que faltar a este juramento.
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