Política, democracia y crisis




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La revolución de los esclavos

Del libro de referencia, Los jacobinos negros, la parte más intensa corresponde al relato de los acontecimientos de la larga guerra anticolonial de los esclavos. C.R.L. James comienza así este relato:

Los esclavos trabajan en la agricultura y su objetivo, como el de los campesinos revolucionarios en todas las latitudes, era el exterminio de sus opresores. Pero sus condiciones de vida y de trabajo, hacinados por centenares en las inmensas factorías que se extendían por la Llanura del Norte, los aproximaba al proletariado moderno más que a cualquier grupo de trabajadores de la época, y el levantamiento fue, por tanto, un movimiento de masas metódicamente preparado y orquestado. Sabían por amarga experiencia que las tentativas aisladas estaban condenadas al fracaso, y en los primeros meses de 1791 se preparaban para la revolución en Le Cap y sus alrededores. El vudú era la herramienta de la conspiración38.

Boukman, un papaloi o alto sacerdote, era el líder de la insurrección. Boukman era capataz de una plantación,por sus contactos tanto con blancos como mulatos se encontraba informadosobre la situación política de la isla. La atmósfera era como de espera de un levantamiento; por eso, a fines de junio de 1791, los blancos de Le Cap y alrededores se encontraban preparados y a la expectativa. El plan subversivo había sido forjado con antelación y convocando a una gran mayoría de los esclavos; el plan contemplaba la exterminar de los blancos y apoderados de la colonia39.

El relato del estallido del levantamiento que hace C.R.L. James es elocuente:

En la noche del 22 de agosto estalló una tormenta tropical, acompañada de relámpagos, ráfagas de viento y densos chaparrones. Valiéndose de antorchas para alumbrar su camino, los líderes de la revolución accedieron a un claro de los densos bosques de Mourne rouge, una montaña que rodeaba Le Cap. Boukman impartió allí las últimas instrucciones y, tras el conjuro del vudú, tras sorber sangre de cerdo sacrificado, sugestionó a sus seguidores por medio de una plegaria en criollo que, como de tanto de cuanto se dice en ocasiones semejantes, ha llegado hasta nosotros. “El dios que creó el sol que nos alumbra, que riza las olas y gobierna las tormentas, aunque oculto tras las nubes, nos contempla. Ve todos los actos de los blancos. El dios de los blancos incita al crimen, pero el dios de los negros inspira la bondad. Nuestro buen dios nos ordena vengar nuestras ofensas. El dirigirá nuestras armas y nos ayudará. Derribemos el símbolo del dios blanco que tan a menudo nos ha obligado a llorar, escuchemos la voz de la libertad, que habla en el corazón de todos nosotros”.

El símbolo del dios de los blancos era la cruz que todos ellos, católicos, llevaban alrededor del cuello40.

Las tropas que defendían las inmediaciones de las plantaciones cercanas se retiraron a Le Cap para defender más bien la ciudad, donde la gente andaba asustada y temerosa. Muchos propietarios huyeron hacia la ciudad dejando a la suerte a las plantaciones. Una vez que se vio que la revuelta prosperaba, Toussaint, que tenía contactos con los líderes, decidió unirse, aconsejo a su propietaria, Bayou de Libertas, que se retirara a Le Cap para protegerse y refujiarse, mandó a su propia familia a un lugar seguro, y se integró a la rebelión. Hasta ese momento se había quedado a cuidar la plantación y a madame De Libertas. Desde ese instante la vida de Toussaint cambiará radicalmente, convirtiéndose en el estratega indiscutible de la guerra anticolonial. C.R.L. James dibuja el semblante de Toussaint de una manera ejemplar:

La persona que tan metódicamente había decidido unirse a la revolución era un hombre de 45 años, edad avanzada para aquellos tiempos, el pelo ya gris, al que todos conocían como Old Toussaint, el viejo Toussaint. Sobre el caos de Santo Domingo de aquel momento y de años posteriores sentaría las bases de un Estado negro que perdurará hasta hoy en día. Desde el momento que se unió a la revolución se convirtió en líder, y progresó, sin encontrar gran rivalidad, hasta desempeñar un papel protagonista41.

La guerra se desató, las masacres de un lado y otro se sumaban; eran más despiadados los blancos, que incluso asesinaban a los esclavos de las plantaciones que se acercaron asustados, encontrándose ante las plantaciones devastadas. El líder de entonces, Boukman cayó peleando valerosamente; como trofeo la asamblea exhibió en Le Cap su cabeza decapitada. Los blancos en guerra incluso la emprendieron contra los mulatos, a quienes asesinaban en las ciudades. Los mulatos, que no habían visto con buenos ojos la revuelta de los esclavos, terminaron revelándose en el oeste. Se concentraron en Croix-des-Bouquets, un distrito ubicado a cinco kilómetros de la capital. Rápidamente formaron un núcleo organizativo de dirigentes, de los cuales el más sobresaliente era Rigaud, hijo de un hombre blancoy una mujer negra. Educado en Burdeos, aprendió el oficio de orfebre, además de contar con instrucción militar. Sirvió como voluntario en el ejército francés combatiendo en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos. Llegó a ser oficial interino y prestó servicios en Guadalupe42.

La guerra anticolonial, su largo proceso, muestra distintas fases, así como sus inherentes complejidades. El levantamiento mulato no se sumó de manera inmediata a la rebelión de los esclavos; al contrario, en principio se aliaron a los monárquicos contra los republicanos, además de defenderse también de la insurrección negra. Las contradicciones entre esclavos y mestizos, comprendiendo a los mulatos, eran evidentes. Fue un lento proceso de maduración hasta reconocer al enemigo principal, por así decirlo. En una etapa avanzada de la guerra, sobre todo cuando la lucha estaba bajo la dirección de Toussaint, se articuló la alianza entre esclavos, negros libertos, mestizos y mulatos, además de blancos republicanos. El movimiento de las alianzas a lo largo del proceso muestra el carácter de la fase de la guerra anticolonial, la intensidad de la lucha, además del avance del mismo proceso. Toussaint era muy consciente de este devenir y fue cuidadoso en el manejo de las alianzas. Cuando la república declaró la abolición de la esclavitud, en una coyuntura de radicalización de la propia revolución francesa, empujada por los san culottes, por la multitud plebeya de París, que reconoció en los propietarios a los mismos aristócratas, enemigos de la revolución, a los aristócratas de sangre, los mestizos y mulatos se dieron cuenta que su alianza con los monárquicos no era otra cosa que extender la discriminación racial, a pesar de los acuerdo desesperados a que llegaron los blancos monárquicos con ellos, a un principio. El ejército mestizo jugó un papel preponderante en la lucha y expulsión de los británicos de la isla.

El itinerario de las alianzas es como el de una curva que comprende la acumulación de fuerzas, en los momentos más intensos de la lucha y la disociación de fuerzas, en los momentos dónde se ponía en mesa los intereses particulares. Sólo al final de la guerra anticolonial, cuando Toussaint va a ser apresado y exilado, cuando Dessalines se convierte en el conductor de esta etapa contra la expedición napoleónica, se toma la decisión de la exterminación de los blancos y su expulsión definitiva de Haití. Esta experiencia tan intensa nos muestra la complejidad del proceso y los recorridos laberínticos de la política. Los cambios se producen tanto en Haití como en Francia, también en el contante europeo. La derrota de los jacobinos, por lo menos de los radicales, así como el aislamiento de las masas por la política regresiva de la nueva burguesía, va incidir en el destino del decurso de la guerra anticolonial y en la suerte de la propia nación de Haití.

Las preguntas al respecto son: ¿Tenía razón Toussaint al insistir en las alianzas o Dessalines que opta por un Estado negro en alianza con los afrodescendientes? ¿Depende sólo de su intuición o de las coyunturas y contextos internacionales? Para entender lo que ha ocurrido debemos introducir el factor de la geopolítica británica, que quería perjudicar a Francia quitando de su dominio y control a la isla de Santo Domingo. Una vez derrotados los británicos por ejército de esclavos y mulatos, van a proponer primero a Toussaint el apoyo si se independizan, después a Dessalines. El primero se niega, pues no confiaba para nada en los imperialistas, el segundo, a pesar de sus primeras reticencias, termina aceptándola al final. A los británicos no les interesaba la prosperidad de la isla, buscaban el dominio de los mares y del comercio mundial. Una vez independizada Haití y convertido en emperador Dessalines, Haití queda aislada de los circuitos del mercado. Las potencias europeas no iban a apoyar a un Estado negro.

En este contexto lo que llama la atención es lo que pasa después respecto a las independencias americanas. En principio, británicos y estadounidenses contraen acuerdos comerciales con Haití; en cambio, cuando se producen las independencias del resto de países americanos, sobre todo en lo que respecta a Bolívar que tiene contactos con Dessalines y es apoyado por él, las repúblicas latinoamericanas no establecen una alianza estratégica con Haití. Es más, los acuerdos comerciales van a prosperar con el imperialismo británico, en pleno auge de la revolución industrial. Estos hechos nos muestran también el carácter de las independencias latinoamericanas; en estos casos no se produce una radicalización de los procesos inherentes a las guerras de independencia, sino mas bien, el control cae en manos de los criollos y mestizos, quienes no tenían interés en resolver la independencia por la vía de la radicalización, es decir, en unos casos por la vía de la emancipación indígena, en otros, por la vía combinada con la emancipación de los afrodescendientes. Incluso la mantención de la esclavitud siguió en los propios periodos republicanos en algunos de los casos más notorios.

En el caso pan-andino la rebelión indígena había sido derrotada a finales del siglo XVIII, cerrándose de esta manera la vía radical de los procesos. Fueron las burguesías comerciales, sobre todo portuarias, además de las oligarquías criollas las que tomaron la iniciativa y las riendas de la guerra de la independencia. Por eso también se explica por qué no estaban interesadas en proyectos como la gran Colombia de Bolívar, que les parecía un proyecto utópico y quizás atentatorio a sus intereses. En el caso boliviano, tampoco se puede decir que los quince años de guerrillas y de las llamadas republiquetas, sobre todo la de Ayopaya, encarna un proyecto radical. Los guerrilleros estaban ligados al ejército argentino de Belgrano y del gaucho Guemes, así como a intereses profundamente locales en el combate con la administración colonial y el ejército español. De los comandantes, el más radical era el llamado comandante Tambor Vargas, pero tampoco expresaba él un proyecto radical, aunque si tenía en mente la lucha por la patria.

Tampoco se puede decir que los liberales independentistas eran los jacobinos criollos o mestizos del continente americano. Tenían mas bien una idea general de la república, quizás mas bien normativa, contando con una ideología liberal matizada. No se les puede pedir una reflexión profunda sobre la cuestión indígena y el problema de la colonialidad. El tutor y mentor de Simón Bolívar, Simón Rodríguez, tenía una idea más elaborada de las reformas liberales, empero las mismas no se llevaron a cabo, sobre todo por resistencias de las oligarquías regionales, cuya base económica se sustentaba en la propiedad latifudinaria y en la explotación de las poblaciones y campesinos indígenas.

A estas alturas debemos decir que no toda crisis deriva en un proceso revolucionario, tampoco no todo proceso revolucionario deriva en una independencia o, dicho de manera general, en una victoria política, llegando a la situación de Estado o disolución del Estado. Parece que los procesos revolucionarios son mas bien escasos; muchas crisis se resuelven de otra manera, a través de pactos. En la región pan-andina a finales del siglo XVIII se vivió un proceso revolucionario, se abrió la lucha y el levantamiento indígena a una guerra anticolonial, empero esta no culminó con la victoria indígena, tampoco con la independencia. Durante en el siglo XIX se dio lugar la guerra de guerrillas y prosperó esta crisis y contienda bélica en la guerra de la independencia. Empero es difícil hablar en este caso de un proceso revolucionario. Los pueblos y naciones conquistadas no estaban involucrados en la contienda anticolonial, tampoco las clases explotadas. Fue una guerra contra la corona española conducida por las clases pudientes de criollos, acompañados por los mestizos, comunidades indígenas formaron parte esporádicamente del apoyo a la guerrilla, también grupos indígenas formaron parte del ejército independentista, como también formaron parte del apoyo al ejército realista. Las naciones y pueblos indígenas no estuvieron involucradas como proyecto político. Empero la guerra de la independencia derivo en la formación de repúblicas criollas. Estas repúblicas criollas se sostuvieron sobre pactos.

Los procesos revolucionarios emergen desde lo más profundo de las matrices sociales, ocasionadas por desgarradoras contradicciones, encontradas diferencias, explotaciones y dominaciones de unas clases sobre otras, de una nación sobre otras, de Estado sobre los pueblos y las sociedades. Son las clases explotadas y pueblos dominados los que se levantan y empujan el proceso que emerge de la crisis en una temporalidad intensa. Cuando no ocurre esto, cuando no solamente las clases explotadas son dominadas sino sometidas a la disgregación y silencio, las clases dominantes logran capear el vendaval y dirigir el decurso de los acontecimientos de acuerdo a sus intereses. Las clases logran formar pactos entre ellas y con ciertos estratos y grupos de las clases dominadas; en este caso, la crisis no deriva en un proceso revolucionario sino en un conflicto de otras proporciones, susceptible de ser manejado mediante acuerdos. Las contradicciones entre criollos y españoles no responden a un antagonismo irreconciliable sino a competencias y concurrencias en relación al monopolio del mercado, así como al control de la tierra y del gobierno. La contradicción antagónica se hizo sentir en el siglo XVIII entre pueblos indígenas y españoles, incluso, en momentos radicales de la conflagración, entre indígenas y criollos, así como entre indígenas y mestizos. En el siglo XIX estas contradicciones no fueron el eje de la guerra de la independencia. No hubo clases explotadas y pueblos dominados que empujaran el proceso adelante. Las republicas criollas fueron, como hemos dicho, producto de pactos. Se apresaron a entablar relaciones comerciales con la potencia industrial dominante, Gran Bretaña, y desecharon toda lucha anticolonial y antimperialista. En este contexto, se puede ver que no les podía interesar una alianza estratégica con Haití, las islas del caribe, incluso no podía interesales una integración una integración de las repúblicas nacientes, menos aún un alianza con el continente martirizado del África. La consciencia antimperialista de Toussaint L’Ouverture no estaba presente en la cabeza de los caudillos liberales de estas repúblicas criolla, salvo quizás, en determinados momentos, en Simón Bolívar.
¿Qué es la política? III

Las ficciones del realismo político

Dedicado a Rebeca Delgado

El realismo político

Vamos a hablar de los límites del realismo politico. El realismo político más que una teoría es una perspectiva, una manera de apreciar la llamada “realidad”, que no es otra cosa que una representación; en este caso una representación disminuida a lo que se considera “realidad”, es decir, la percepción conformista de las condiciones dadas. Las condiciones objetivas y subjetivas dadas, aparecen entonces como límite impuesto por la “realidad”. Esta tesis es un poco como el complemento simétrico de la tesis del fin de la historia; esta última tesis propone el fin, el acabamiento, la realización plena de la historia; no hay un más allá. La anterior tesis, la del realismo político, propone el fin de las posibilidades, de las potencialidades, de las capacidades creativas. Las condiciones están dadas como una regla eterna impuesta por la providencia de la historia, que para los realistas es una especie de fatalidad. Entonces la tesis conservadora del fin de la historia tiene su complemento en la tesis del realismo político del fin del comienzo, la inmovilidad de las condiciones. Ambas tesis son conservadoras.

Ahora bien, el realismo político tiene varios modos de expresión; uno de los más conocidos es la onda descriptiva, que se esmera en hacer descripciones de lo que hay, de lo que se cuenta, de los recursos. La onda descriptiva llega al extremo de reducir las descripciones a las cifras; adquiere una forma de exposición aparentemente estadística, pues usa cuadros e indicadores; pero esto no es más que forma descriptiva reducida a lo conmensurable. Está muy lejos de usar las teorías estadísticas, sobre todo el tratamiento de los problemas de medida y las exigencias en la construcción de indicadores. Es pues una pose de legitimación esta pedantería de las exposiciones oficiales, llenas de cifras, para cubrir sus vacíos cualitativos. Pero, bien, resulta que uno de los modos del realismo politico es esta forma descriptiva de la “realidad”. Otro modo es el formalismo, defensor del institucionalismo y seducido por las apariencias; la apariencia de seriedad, por ejemplo. Esta es quizás la posición más conservadora del realismo político, pues considera a las instituciones como eternas y garantizadoras del orden. De aquí al prejuicio jurídico, como núcleo de la “realidad” social no hay más que un paso; este modo jurídico, que se presenta, en principio como respetuoso de las leyes y las reglas, termina, en la forma de su adulteración, en la manipulación mañosa de las leyes y las reglas. También hay otros modos de expresión del realismo político; daremos el ejemplo de uno más, con pretensiones teóricas; se trata de la perspectiva lineal de la historia. En este caso se concibe un tiempo lineal y sucesivo; sobre este presupuesto se construye la teoría la “revolución” por etapas. Ésta también es una posición conservadora, pues aplasta la potencia social, desconociendo la complejidad del espacio-tiempo concreto de lo histórico social.

En la contemporaneidad, también durante gran parte del siglo XX, sobre todo durante las experiencias “revolucionarias”, el realismo político sirve y ha servido, para limitar las posibilidades de las “revoluciones”. En Bolivia, durante la experiencia del llamado “proceso” de cambio, que todavía vivimos, el realismo político ha detenido la fuerza social de las movilizaciones anti-sistémicas y ha limitado al máximo las posibilidades de las transformaciones institucionales. El realismo político, después de haber sido apoyado y promovido en todas las instancias institucionales, en todas las políticas públicas, después de siete años de gestión, se encuentra en crisis, interpelado, ante la imposibilidad de explicar la “realidad” de los conflictos y contradicciones, sobre todo la evidencia de sus propias imposibilidades, al no poder reducir lo que llama “realidad” al prejuicio de sus representaciones conservadoras.
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