2 consideraciones epistemologicas en la investigación de tipo integrativo para evaluar cuestiones sociales centradas en el cambio




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Problemas filosóficos

Filósofos de primera mano son los que estudian problemas filosóficos; filósofos de segunda mano son los que estudian lo que han dicho o dejado de decir los filósofos de primera mano. Los primeros atienden a los problemas, los segundos a sus soluciones.

Los primeros se interesan primariamente por las ideas y las circunstancias concomitantes de su nacimiento y su difusión. Al igual que unos escritores tratan la vida y otros tratan de libros que tratan de la vida, así también los filósofos de primera mano realizan la actividad filosófica primaria, mientras que los filósofos de segunda fila registran, comentan, explican, desarrollan o critican lo que hacen los primeros.

Esas afirmaciones no son valorativas, sino descriptivas: las dos clases de filósofos existen realmente y, además, ser de .mano. n no es lo mismo que ser de categoría n: filósofos de primera mano (originales) pueden ser pensadores de segunda categoría, y hasta charlatanes, mientras que filósofos de segunda mano pueden ser pensadores de primera categoría. Las dos clases de filósofos son necesarias para que viva la filosofía, pero el progreso filosófico, igual que el de la ciencia, exige comprender claramente que (i) la investigación original consiste en descubrir, inventar, disolver y resolver problemas .a poder ser profundos y fecundos, y (ii) que la investigación original es imprescindible para mantener una disciplina en vida.

Aunque todo eso sea obvio, valía la pena repetirlo a causa de lo popular que sigue siendo la idea de que la filosofía es simplemente un conjunto enseñable de temas y opiniones o sea, un conjunto de doctrinas y no un conjunto de problemas con los que luchar. Cuando los sostenedores de la concepción doctrinal aluden a problemas filosóficos, no piensan en problemas propiamente dichos, sino más bien en grandes áreas temáticas, .el problema del conocimiento. Si se les pide que indiquen un miembro concreto de un tal sistema problemático, es posible que no entiendan la petición y contesten ofreciendo algún problema histórico .por ejemplo, ¿Cuál habrá sido la influencia de A?., o algún problema lingüístico .por ejemplo, ¿Qué quiere decir la gente con esto cuando dice que piensa lo que dice?., o tal vez un problema psicológico por ejemplo, .Si por una distracción olvido mi dolor de cabeza, ¿hace eso que deje de dolerme la cabeza o sólo que deje de sentir el dolor? (éste es efectivamente un problema puesto a concurso por Analysis para enero de 1953). Problemas históricos, psicológicos, lingüísticos y de otras clases ocupan a los filósofos de primera y de segunda mano, al igual que los citólogos tienen que ocuparse de sus microscopios electrónicos, los arqueólogos de sus coches para todo terreno y los prehistoriadores de los datos geológicos. La investigación de problemas históricos, lingüísticos, psicológicos y de otras clases puede iluminar problemas filosóficos y es a menudo una propedéutica de estos; pero dichos problemas no son filosóficos.

¿Qué es un problema filosófico? He aquí un problema de teoría de la filosofía, y hay tantas metafilosofías cuantas filosofías. Si se adopta un punto de vista un tanto tradicional, la respuesta puede darse en forma de una simple Definición denotativa: .Un problema filosófico es un problema de lógica, epistemología u ontología. Si se pide una aclaración de esa definición, puede añadirse que un problema filosófico es un problema de forma, o de conocimiento o referente al ser. Pero todo eso es oscuro e insuficiente: la cuestión de si dos sistemas conceptuales, como dos teorías, son isomorfos o no, es un problema de forma, pero puede ser estrictamente matemático; el averiguar cómo tenemos conocimiento de cosas que no han sido objeto de experiencia es un problema de conocimiento, pero no epistemológico (no lo es, por lo menos, desde que lo ha recogido la psicología); y preguntarse por la naturaleza de los enzimas es un problema referente al ser, pero no es un problema ontológico. Los problemas lógicos se incluyen en el amplio conjunto de los problemas formales. Son problemas genéricos que se refieren a la forma y pueden presentarse en cualquier investigación. En cualquier campo podemos tener que tratar problemas como .¿Es pequivalente a q ?., ¿Es q deducible de p?., ¿Es p, que contiene el concepto c, traducible por alguna proposición equivalente que no contenga c?. Los problemas epistemológicos no son problemas que se refieran propiamente al conocimiento, sino ciertos problemas no empíricos sobre él, tales como .¿cuáles son los criterios de la verdad factual?., ¿cuál es el valor veritativo de la conjunción de dos enunciados parcialmente verdaderos?., .¿cómo se someten las teorías a contrastación? o ¿cuál es el papel de la analogía en la inferencia científica?. Y los problemas ontológicos no son problemas específicos referentes al ser, sino problemas genéricos, no empíricos, que se refieren a rasgos generales de la realidad, tales como .¿qué relación hay entre el tiempo y el cambio?., .¿hay clases naturales?., ¿es el azar irreductible?.,¿es la libertad compatible con la legalidad?. o ¿cómo se relacionan los distintos niveles?. Con estas precisiones podemos conservar la anterior definición del problema filosófico, aunque dándonos cuenta de que toda definición denotativa es evasiva.

Una peculiaridad de los problemas filosóficos consiste en que en su planteamiento no se presentan datos empíricos (como momentos nucleares o datos históricos). Los datos empíricos pueden ser, sin embargo, relevantes para el filosofar: pueden dar origen a problemas filosóficos y pueden refutar soluciones a problemas filosóficos; pero no pueden presentarse en su formulación, por que si lo hicieran, los problemas filosóficos se investigarían con medios empíricos, o sea, pertenecerían a alguna ciencia empírica. En segundo lugar, los problemas filosóficos no pertenecen a ninguna ciencia particular, ni por su tema ni por su método, aunque la investigación científica .como veremos en la Secc. 5.9 presupone y sugiere tesis filosóficas (por ejemplo, la realidad del mundo externo) y teorías filosóficas (por ejemplo, la lógica ordinaria). En tercer lugar, todos los problemas filosóficos son conceptuales, pero algunos de ellos .por ejemplo, el sistema problemático de las leyes científicas presuponen un cuerpo de ciencia factual.

Consiguientemente, se resuelven (o disuelven) a menudo con la ayuda de la ciencia o en la misma ciencia. Es posible que los filósofos hayan hecho mucho más al plantear cuestiones inteligentes luego acaso recogidas por la ciencia que proponiendo extravagantes soluciones a raros problemas. En cuarto lugar, los problemas filosóficos de las clases que no son la lógica son irresolubles de un modo plenamente exacto, particularmente si se relacionan con la ciencia, la cual no es nunca definitiva. Por eso, los problemas epistemológicos y ontológicos, como los problemas fundamentales de la ciencia factual, son eternos en el sentido de que no tiene solución definitiva. Pueden ir recibiendo soluciones cada vez mejores, y en algunos casos pueden dejar de interesar a los espíritus investigadores, pero siempre quedarán, en el mejor de los casos a medio resolver.

Esto, naturalmente, no nos exime de ser precisos en la formulación y la concepción de los problemas filosóficos: la solución será tanto más verdadera cuando mejor formulado y concebido haya sido el problema.

Una quinta peculiaridad, la más desgraciada de los problemas filosóficos que no son estrictamente lógicos, es que no suele haber criterios para reconocer las soluciones, y menos aun, naturalmente, para decidir si una solución dada es correcta. Es sabido que algunas cuestiones filosóficas son intrínsecamente indecidibles; no son propiamente problemas, sino pseudoproblemas, como el siguiente: ¿Cuánto más ser tiene el hombre que los animales inferiores? (pregunta realmente planteada en el XII Congreso Internacional de Filosofía en 1958). Pero lo que ha confundido a bastantes pensadores es que numerosos problemas filosóficos genuinos hayan sido objeto de largas e inconcluyentes controversias. ¿Son los problemas filosóficos per se los que son impropios, o se encuentra el defecto en nuestra torpeza para formularlos y estipular las técnicas que permitirían contrastar las soluciones filosóficas (es decir, las hipótesis y teorías filosóficas)?

Antes de refugiarse en una respuesta pesimista hay que recordar que la lógica formal entera y la mayor parte de la semántica se han convertido en disciplinas rigurosas, hasta el punto de que hoy se las considera frecuentemente como ciencias independientes.

Esos éxitos sugieren la adopción de una determinada metodología filosófica y más precisamente la de una inspirada en el método de la ciencia.

Proponemos las siguientes reglas como una base metodológica filosófica. Primera, el tratamiento de problemas filosóficos no lógicos debe armonizar con la lógica ordinaria: por tanto, los errores lógicos bastarán para invalidar el discurso filosófico, enteramente o en parte; no descalificarán todo problema filosófico, ni siquiera todo programa filosófico, pero seguramente eliminarán mucha argumentación filosófica. Segunda, que el tratamiento de los problemas filosóficos no lógicos no debe chocar con el cuerpo principal del conocimiento científico, y, además, debe estar al día científicamente; esto no condenar á las heterodoxias científicas mientras se produzcan dentro del espíritu de la ciencia, pero eliminará mucho sinsentido. Tercera, que la formulación y la elaboración de los problemas filosóficos, así como la comprobación de las soluciones propuestas, tienen que discurrir paralelamente con las correspondientes operaciones de la ciencia: el método del filosofar debe ser científico. Cuarta, que las soluciones propuestas a problemas filosóficos deben juzgarse sólo desde el punto de vista de su valor veritativo, independientemente de consideraciones no cognoscitivas .políticas, por ejemplo. Esas cuatro reglas del filosofar de la estimación del trabajo filosófico guiarán ya la elección de los problemas filosóficos. Si no se respeta la lógica, puede estudiarse cualquier absurdo, desde el hegelianismo hasta el existencialismo; si no se respeta el acervo de la ciencia, podrá plantearse cualquier gestión superficial o hasta estúpida como la de si existen huellas del futuro; si no se imita el método de la ciencia, se renunciará al beneficio de la más lograda experiencia humana; y si la aspiración del filosofar no es buscar la verdad (la búsqueda de verdad perfectible); se obtendrá la sierva de cualquier doctrina fósil.

El problema de la elección del problema adecuado y del correcto planteamiento es tan importante en la filosofía de la ciencia como en cualquier otra rama del conocimiento.

Aquí, como en el resto de la filosofía, se presenta la tentación de no proceder sino por caminos abiertos por la autoridad, cualquiera que sea la relevancia del problema tradicional para la real investigación científica. Ejemplos recientes, característicos de este tipo de problemas, son los siguientes: (i) la cuestión de los condicionales contrafactuales, cuya solución se presenta como un requisito previo a la teoría de la ley científica; (ii) la cuestión del descubrimiento de definiciones lógicamente satisfactorias de conceptos cualitativos de disposición, como .soluble., que se cree indispensable para plantear el problema de los conceptos teoréticos; y (iii) el problema de la inducción, del que se cree que agota los problemas de la inferencia científica. El hecho es que el problema de los condicionales contractuales está por ahora formulado oscuramente, y, por tanto, sin resolver, mientras que, en cambio, la teoría de la ley científica marcha bien, como por fuerza tenía que ocurrir, porque lo interesante de los condicionales contrafactuales es que se presentan en la inferencia, no en la formulación de premisas de teorías factuales.

Por lo que hace a los conceptos de disposición, los científicos suelen preferir derivar conceptos disposicionales cualitativos o comparativos a partir de conceptos cuantitativos, y lo hacen en el seno de teorías, no fuera de ellas (V. Secc. 3.3). Por último, el papel de la inducción en la inferencia científica es más modesto de lo que suele creerse (V. Secc. 15.4). Se ha producido la inflación de ciertos problemas por falta de real conocimiento de la ciencia tal como existe, y así se ha desarrollado una artificial teoría de la ciencia que no versa realmente sobre la ciencia, sino sobre determinadas ideas que se les han ocurrido a distinguidos filósofos a propósito de problemas de escaso o ningún interés para el progreso del conocimiento: a menudo se estudian esos problemas con un enorme aparato de rigor e ingenio, simplemente porque se supone erradamente que son vitales para la ciencia o para la explicación filosófica de la ciencia.

La teoría de la ciencia no tiene por qué tratar exclusivamente problemas que puedan atraer la atención de los científicos .los cuales suelen pasar por alto las tesis filosóficas que suponen., pero sin duda tiene que ocuparse de la ciencia real, y no de una imagen simplista de ella. Y si es deseable un fecundo intercambio entre filósofos y científicos, tanto para el enriquecimiento de la filosofía cuanto para la depuración de la ciencia, entonces, es necesario tratar los problemas filosóficos que se presentan, el curso de la investigación. Actualmente los físicos se enfrentan con la necesidad de construir teorías de las partículas elementales, y se les ayudaría con una discusión competente acerca del problema general de los planteamientos posibles de la construcción de teorías físicas. Los cosmólogos se encuentran con una evidencia poco segura a favor de teorías sumamente especulativas; seguramente acogerían muy bien una discusión competente acerca de la contrastabilidad y la precisión que hay que exigir a las teorías. Los químicos están incómodos con sus muchas hipótesis ad hoc acerca de funciones de onda, y con su excesivo cálculo ciego: se beneficiarían de una discusión acerca de la naturaleza de las construcciones ad hoc y de un examen del status de los modelos. Los biólogos se enfrentan con el creciente abismo entre la investigación por observación y la experimental, así como el existente entre la biología celular y la molecular: se les ayudaría mediante una discusión acerca del valor y la interrelación de esos varios planteamientos. Los psicólogos están aprendiendo química, y necesitarían una discusión acerca de si los hechos psíquicos no son más que reacciones químicas Y así sucesivamente. La elección de problemas vivos animará la filosofía de la ciencia y la hará útil para el progreso de la ciencia.

En conclusión: el correcto planteamiento de los problemas filosóficos .su elección y su tratamiento no difiere, o no debería diferir demasiado del planteamiento correcto de los problemas científicos, por mucho que difieran los temas y las técnicas. Pero esto no es más que un modo ambiguo de decir que no hay más que un modo de plantear los problemas de conocimiento, ya sea en la ciencia pura, ya en la aplicada, ya en la filosofía: no se pueden plantear problemas de conocimiento sino científicamente. Esto puede ser dogmático, pero vale la pena intentarlo para ver si cambia la situación de la filosofía.

Analisis de lectura: Un Manifiesto para el Encuentro Educativo

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CENTRO DE INVESTIGACIONES EDUCATIVAS
UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA
Un Manifiesto para el Encuentro Educativo

Presentamos un conjunto de ideas y aforismos que expresan nuestra posición ética y pedagógica, para con el país, de nosotros, investigadores del TEBAS. Invitamos a leerla, a reflexionar y a participar en su profundización y divulgación, a la espera de que se convierta, para todos en:
Un Manifiesto para el Encuentro Educativo

Para comenzar, declaramos que estamos convencidos de que vivimos en un país pleno de
posibilidades, donde no hay lugar para la inacción, la pasividad y la indiferencia.

Queremos resaltar nuestra trayectoria docente, en la que estamos, por la que hemos pasado y en la que seguimos, asumiendo nuestras equivocaciones y logros, con la misma intensidad de sus formas bellas, que han dejado su fruto ciudadano.
Tenemos la convicción de que estamos sumergidos en la incertidumbre e integrados a un mundo y a una naturaleza que impone participar, decir y hacer, construir lo que somos, para entregarlo en mejores condiciones a nuestros herederos.

Nos declaramos investigadores, exploradores y creadores, poetas y caminantes libertarios, activistas democráticos de la frescura y de la pasión por la paz y la convivencia ciudadana.
Convocamos a la tarea formativa común, arropada por la concertación y la reconciliación, con la ayuda y el apoyo imprescindible de todos, para construir un ambiente y contexto integrador que
encamine nuestros esfuerzos conjuntos. Debemos enraizar la cultura de la participación.

Afirmamos que la cohesión social depende de los valores solidarios, implícitos en las normas y métodos de organización. El mero orden impuesto no garantiza el sentido de las prácticas sociales, ni su permanencia.
Deben honrarse de hecho valores tales como cooperación, colaboración, participación, cultivo y
respeto de la diversidad, contra el autoritarismo, el individualismo, la competencia y la caridad.
Defendemos la cohesión social, que estima la percepción y acción consecuente con la necesidad del grupo, como un logro de la participación y la solidaridad para la permanencia de la familia, la comunidad y la Nación.

Detectamos que el alumbramiento real de los proyectos comunitarios constituye el símbolo que mueve a la actividad social; integra los valores, los ideales, pero también los sueños y las expectativas del grupo.
Avizoramos el surgimiento de un nuevo tipo de trabajo: el trabajo creativo y colaborativo, producto de la reciprocidad entre las personas y con el entorno, donde nuevos recursos, instrumentos y herramientas cambiarán rápidamente su naturaleza y funcionalidad. El esfuerzo físico, como sinónimo principal del trabajo, se acompañará con esfuerzos diferentes, también sensibles y obligados al reconocimiento, que suscitarán otros espacios y expresiones de conflicto.

Estamos convencidos de que todo lo que dañe o agote a la naturaleza, nos dañará y agotará a nosotros mismos.
Admitimos que el derecho a la propiedad tiene carácter simbólico, aunque el precio que se le
atribuye es consecuencia de juegos de mercado; pero también es consecuencia del trabajo y el ejercicio creador, transferible por herencia e historia a quienes forjen trascendencia por los bienes, el recuerdo y el afecto. Este valor debe estar rigurosamente establecido, debe ser respetado y delimitado de manera que no atente contra la cohesión, solidaridad y confianza social.

Certificamos que Educar es formar y provocar que cada quien se dé forma, en interacción con los otros.
Formar no es adoctrinar, sino dejar que los Valores (con mayúscula) se vayan aposentando, como el sedimento en los ríos, y se vayan arraigando en sus participantes, estudiantes, maestros y profesores, madres y padres, en la Nación entera.

Afirmamos que la orientación y los métodos de interacción educativa, de praxis cognoscente y dialógica son los más apropiados para esta raigambre valórica, porque los valores no se enseñan, sino que se decantan como constituyentes de la vida personal y cotidiana.
Concebimos la pertinencia social del aprendizaje como dimensión de aplicabilidad del saber adquirido, construido, reposado. Que el saber sea útil para la persona. Que le ayude a
resolver problemas, que le permita vivir mejor y con dignidad. Eso, tanto en sentido individual como en sentido grupal, social, comunitario y, también, de construcción de país.

Confiamos en el disenso y en la discusión como fórmula de crecimiento y desarrollo cognitivo. Los grandes inventos, las grandes obras, han surgido paulatinamente de la confrontación de ideas y teorías divergentes. Para ello, hay que saber reflexionar y discurrir, con la firme convicción de la necesidad del respeto a la disidencia.
Consideramos que la siguiente declaración de valores resulta prioritaria para la consolidación de un país en maceración.
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