#24-a con abrazo al Congreso contra la reforma judicial,08-M, a la plaza de los 2 Congresos. El jueves 23-m marcha, que se vayan los ladrones y delincuentes




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título#24-a con abrazo al Congreso contra la reforma judicial,08-M, a la plaza de los 2 Congresos. El jueves 23-m marcha, que se vayan los ladrones y delincuentes
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13-S / 8-N / 18-A / #24-A con abrazo al Congreso contra la reforma judicial,08-M, a la plaza de los 2 Congresos.El jueves 23-M marcha, QUE SE VAYAN LOS LADRONES Y DELINCUENTES K. El 8-A ( 8 de agosto) MARCHA CONTRA EL FPV a tres días de las PASO.

Artículo 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. - Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en París.

FALLECIMIENTO del Sr Tte Gral Jorge Rafael Videla (qepd) 17/05/2013.

Ha desaparecido físicamente un ícono para la Argentina y para el mundo, y junto con él ha desaparecido, el conductor, nuestro conductor, el de todos aquellos, que reprobábamos la conducta de los comandantes en Jefe de las instituciones armadas a partir de 1983.

Con su entereza, con su hidalguía, nos seguía guiando aún desde condición de preso político, durante las tres décadas de infame democracia en la argentina.

Era ése ser, que su mirada, no era soportada, por ninguno de los jueces que lo juzgaron, porque sabían que estaban cometiendo un atropello a la dignidad de un militar que lo dio todo para vencer al enemigo apátrida, que se quería apoderar de la Argentina, un atropelllo a la hidalguía de bien que debe tener todo militar y que la supo conservar aún en las condiciones infrahumanas a las que fue sometido, por los ladrones que se adueñaron de la Argentina.

Era, la persona que con su moral, su honestidad, su hombría de bien, nos instaba a ser cautos, a no salir y echarlos del gobierno a todos los delincuentes que habitan la casa de gobierno, el congreso y los tribunales.

Era la persona que con su ejemplo de dignidad humana, no dejó que se distribuyera toda la información guardada en las FFAA, era la persona que decía la paz es la continuación de la guerra por otros medios (J von Clausewitz) es solamente saber esperar el momento oportuno.

Su sabiduría de Viejo militar, sabía mucho más allá de lo poco que expresaba, pero bastaba mirarlo a los ojos, para entender en él su sano y sabio consejo.

Un ser humano excepcional, al cual la traición de parte del pueblo argentino, no logró doblegarlo, aunque haya sido sometido a las bajezas y los vejámenes más terribles de la historia argentina.

Hoy es un día de luto para millones de argentinos, pero a su vez es un día en el que empiezan a tener miedo los delincuentes encaramados en el poder.

Ya no está más nuestro Comandante que nos sabía contener, la Nación está de duelo, y el terror se apodera de los delincuentes.

Hoy 17 de mayo del 2013, comienza la cuenta regresiva para los delincuentes encaramados en el PODER.

Descanse en Paz Sr Tte Gral D. Jorge Rafael Videla

Carlos Gugliotta

Ing en Sistemas

Geop. X adop.

Voy a ser muy escueto con la INFORMACIÓN DE FUENTE CONFIABLE que me llegó hoy 20/05/2013 a primeras horas de la mañana, pero tenía otras obligaciones que cumplir y recién ahora me libero y la puedo enviar.

1.- La familia del Sr Tte Gral Videla, no quiere retirar el cadáver de la Morgue, hasta que la autopsia sea certificada por peritos internacionales por las siguientes causas:

a) Videla se abría caído en las duchas del penal el día martes 14/05/2013, quebrándose la clavícula y varias costillas, lo que le habría producido lesiones internas y hemorragias.

b) No se le dispensó la tención médica indispensable en el penal, ni dado su edad, tampoco fue trasladado a un centro asistencial de mayor complejidad, y no un consultorio médico carente de todo tipo de recursos.

Esto demuestra, que el Sr Tte Gral Videla, fue asesinado por los integrantes del Penal de Marcos Paz, siendo responsables de su muerte el ministro del interior y la Presidente de La Nación.

Carlos Gugliotta

Ing en sistemas

Geop. X adop.

HA MUERTO UN SOLDADO

MI PUNTO DE VISTA COMO PERONISTA

Murió el General Videla y mucho es lo que se ha dicho al respecto. Los que lo quisieron y respetaron por entender que sus acciones fueron las correctas y los del otro lado, los que fueron sus derrotados y obviamente lo odiaron. Hay otros, aquellos que se copiaron del relato “democrático” y repitieron por boca de ganso lo que otros más sagaces convencieron.

Sin embargo hay otras opiniones que no son tenidas en cuenta porque pareciera que todo es o blanco o negro, que no hay términos medios. O se lo ama o se lo odia..

Cada posición es válida según el cristal con que se lo mira y desde esa perspectiva tengo todo el derecho de expresar mi opinión porque yo también viví esos tiempos en plenitud de mis capacidades y no estoy dispuesto a tolerar que el relato tergiverse una vez más la realidad de los hechos históricos.

Es más, creo que tengo autoridad moral para hacerlo porque soy peronista, nací en un hogar peronista, militaba como peronista en la Universidad y estaba en funciones del gobierno peronista en esos momentos aciagos de nuestra Patria.

Creo que para empezar debería remontarme a un tiempo atrás, antes del golpe militar. En ese día terrible del 20 de junio de 1973 cuando en Ezeiza, millones nos encontrábamos en las inmediaciones del trágico puente 12 de la autopista Ricchieri, exultantes y felices por el retorno de nuestro líder y conductor, hasta que las bandas terroristas de montoneros, erp, fal y fap se propusieron terminar con nuestra alegría.

De no haber sido por el gran Rucci, que con sus hombres parapetados en el hospital de Ezeiza mantuvieron a raya a los atacantes durante toda la noche anterior y la mañana siguiente y luego ya entrada la tarde con el auxilio del Comando de Organización de Brito Lima que terminaron con la derrota de los subversivos, la historia hubiera sido muy distinta. No me la contaron, yo estuve allí, a escasos 70 metros del puente donde hablaría Perón. Y muchos de nosotros no habríamos salido con vida ese espantoso día.

El General salvó su vida y comenzó la limpieza de la hordas subversivas que se habían adueñado del gobierno, utilizando al inepto de Cámpora, un infeliz bueno para nada al que Perón lo echó con la orden precisa de que ni siquiera se le diera gracias por los servicios prestados. El mismo que ha dado origen al nombre de esta turbamulta que se enseñorea por todo el país saqueando y configurando la guardia pretoriana de la energúmena en el poder.

A partir de entonces todo se desquició. La expulsión de los montoneros  de la Plaza de Mayo, el paso de estos fusionados con Fal y Fap a la clandestinidad junto a los trostkos del erp, el ascenso del general al Gobierno, el crimen de Rucci por los montoneros, los miles de atentados en todo el país, los asesinatos permanentes, la muerte del general, la sucesión de su esposa Isabel, la orden de exterminio de la subversión marxista por las FFAA de la Nación, con el beneplácito de todo el Congreso Nacional, fueron los hechos relevantes que iban marcando el curso de la historia.

En todo ese tiempo espantoso, el pueblo estaba absolutamente solidarizado con los militares que en Tucumán libraba batallas heroicas contra los terroristas instruidos en Cuba que pretendían hacerla tierra liberada y contar con el apoyo de la comunidad internacional para mutilar la República.

La economía iba a los tumbos y las consecuencias se hacían notar. Todos los actores fueron haciéndose cómplices de lo que lentamente se avizoraba como una realidad a mediano plazo. La presidente tomaba valientes decisiones que provocaban la ira de los viejos colonizadores y tras bastidores pergeñaban el fatal desenlace. Los ingleses movían sus hilos como lo han hecho en toda la historia de nuestra nación, manipulando a los subversivos por un lado y a los políticos por la otra. Y en el medio el pueblo que como siempre es la víctima.

Qué paradoja, los presidentes que más hicieron por las FFAA, los que más armamento moderno suministraron, mejores condiciones salariales brindaron, los que más los dignificaron, fueron Irigoyen y Perón y los que a la postre terminaron derrocados por estos. Isabel habría de ser la tercera en padecerlo.

No sólo hizo todo eso sino que impartió precisas órdenes de limpiar todas las Universidades Nacionales de la basura marxista enquistada en su interior, tanto docentes como activistas. Nacionalizó la Banca en manos de los depredadores eternos y tal vez la acción que decidiera su definitiva sentencia, defendió la causa de Malvinas y expulsó al Embajador Inglés.

Propios y extraños la fueron abandonando a la Sra. de Perón, dejándola a merced de los lobos que se aprestaban a dar el ataque final. Era inexorable. El caos se adueñó de todo el país, las peleas internas no cesaban, los gremios la enfrentaban, la economía se enloqueció y los terroristas se encarnizaron matando sin piedad por doquier.

Las voces pidiendo el auxilio de la FFAA eran unánimes, desde adentro y desde afuera del gobierno, abierta o solapadamente se trabajaba para lograrlo. La presidente trató vanamente de impedir el golpe proponiendo al comandante en jefe, Gral. Videla que pusieran ellos a los ministros y los cargos principales, pero que no dieran el paso porque eso sería peor que no hacerlo. NO le hicieron caso.

Las presiones que recibieron los militares de parte de todo el espectro social  para que tomaran el poder, fue terrible. El plan de los ingleses dio sus frutos. El gobierno fue derrocado e ipso facto absolutamente todos comenzaron una interminable catarata de loas y alabanzas al salvador Videla y sus bravos guerreros.

Todos los diarios del país expresaron su agradecimiento con notas interminables que mostraban las bondades de este genio militar que nos había salvado del caos en que había caído la República. Socialistas, comunistas, radicales, conservadores, todos sin excepción aplaudieron sin cesar el advenimiento de los militares. Para la gran mayoría de los funcionarios peronistas también fue un alivio y muchos se mostraron exultantes para colaborar con las FFAA.

La única que sufrió los embates y pagó con un castigo soberano fue la Sra. de Perón. Con ella se ensañaron, estuvo 5 años presa por un cheque de la Cruzada de la Solidaridad que le hicieron firmar sus colaboradores y que correspondía a los fondos reservados de la presidencia. Por ese pequeño “detalle” sufrió los vejámenes que no soportó ningún otro del equipo de gobierno.

A la hora de las comparaciones, ¿cuántos años deberá estar recluida esta mujer que se ha robado todo?, sin dudas hasta que termine como el Gral. Videla y los otros 122 soldados asesinados en las cárceles populares.

Quienes cumplíamos funciones en distintos organismos del gobierno, entre los que me incluyo, y todos mis amigos que tenían una clara posición peronista jamás ocultada ni disimulada, que habíamos padecido y seguíamos padeciendo la locura terrorista marxista que despedazaba la nación, también tuvimos un enorme desahogo ante la llegada de los militares.

La derrota de la subversión jamás se habría logrado militarmente de no haber contado con el apoyo de todo el pueblo. Hartos del erp y los montoneros era preciso que todos colaboráramos para vencerlos y así fue.

Ni a mí ni a ninguno de los que yo conocía, jamás los militares nos molestaron ni siquiera nos indagaron. Actuaron con prudencia y fueron correctos al extremo de darnos cartas de recomendación por los servicios prestados. No discuto que pudo haber excesos o errores, pero ni yo ni nadie a quién yo conozca tuvo alguna experiencia que pueda relatar.

La historia de la humanidad nos dice que los vencedores siempre tienen la razón. Alemania y Japón padecieron la venganza de los aliados cuando estos no fueron mejores que ellos. Los crímenes de los buenos han quedado siempre sin castigo. En nuestra patria, ha sido al revés, los vencedores han sido condenados, humillados, vejados, abandonados sin misericordia en sucias cárceles que no son mejores que campos de concentración, no fueron respetados sus derechos ni sus años. El odio del enemigo derrotado se ha ensañado con ellos sin piedad y para ello han contado con la complicidad de todos.

Jueces, periodistas, políticos, testigos falsos se conjuraron para demoler a quienes en algún momento vitorearon como los salvadores de la Patria y una gran parte del pueblo que sufrió y padeció al terrorismo, se olvidó canallescamente de lo que hicieron por nosotros. Esta obscena historia que guarda notables paralelos con el flautista de Hamelin, no ha terminado y las ratas volvieron a enseñorearse de la casa de todos por la cobardía de un pueblo desmemoriado.

Las FFAA fueron condenadas no por lo malo que hicieron, entre ellos por haber comprometido el futuro de nuestros hijos y nietos al hacernos más dependientes del colonialismo dominante en el mundo, por haberles hecho el juego a los ingleses en sus ansias imperiales, generar una deuda externa impagable cuando al momento de derrocar al gobierno era de sólo u$s 7.500.000.000, por no haber previsto las reservas necesarias y suficientes para ganar también la paz y no sólo la lucha armada, por haber permitido con su vanagloria y su autosuficiencia que esta infeliz e inservible clase política negociara con el invasor inglés, entregar la República en sus manos a cambio de permitirles traer la locura de esta mal llamada “democracia”, cuando no pasa de ser una oclocracia, el gobierno de los peores.

Militarmente fueron reprochables porque permitieron que todas estas sucias estructuras de marxistas disfrazadas de DDHH fueran por todo el mundo con sus cochinos pañuelos haciéndose las víctimas de sus hijos terroristas, como pobrecitos e inocentes idealistas que no trepidaban en usar a sus propios hijos como escudo para imponer la dictadura del proletariado en estas tierras.

De haber actuado como lo establece la ley y los hubieran ejecutado públicamente ante la vista de todos y de la prensa, jamás estos miserables que se han adueñado de la Patria hubiesen tenido argumentos para imponernos su relato mentiroso y tampoco habrían podido contar con los elementos para que sus enemigos se solazaran enjaulándolos como animales, pero sin las prerrogativas de estos.

El Gral. Videla ha muerto, murió como un soldado, como uno de aquellos que ofrendaron sus vidas en Malvinas para que la Patria viviera. No pidió perdón nada más que a Dios, como corresponde a un soldado. No tenía que pedir perdón a sus asesinos, a aquellos que ayudó a derrotar para que siguiéramos siendo una nación.

Sin dudas cometió graves faltas, pero estoy absolutamente seguro de que sus pecados como hombre, ante la adversidad y la cercanía de la muerte, por el calvario que le hicieron vivir sus miserables captores los reconoció ante su confesor para quedar en paz con Dios. Eso es suficiente.

Pero también estoy seguro que no deben haber tenido el mismo final feliz, los dos engendros que cada uno a su tiempo se prestaron para consumar este crimen aberrante, destruir las FFAA de la Nación, hundir la República y ensañarse con aquellos hombres que equivocados o no, dieron todo por nosotros, quitándoles miserablemente la libertad de un modo tramposo y sin misericordia ni piedad con sus años.

Alfonsín y Kirchner no deben estar en estos momentos en el mismo lugar que el Gral. Videla. De eso no tengo dudas. Y le sugiero a Menem y todos los que aún deambulan por este mundo y que se han prestado a este crimen aberrante, pongan sus barbas en remojo porque a ellos también les caerá, tarde o temprano la cimitarra de la justicia.

TOMÁS MORO

QUERIDOS AMIGOS: aquí esta la lista completa de los HONORABLES hijos de

puta, taraidores a la patria.-

Se las envío para que los tengan bien en cuenta de hoy en más.-

 

 

37 SENADORES.

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LUEGO DE ELLOS INDRA HARA FRAUDE ELECTORAL COMO EN VENEZUELA

DONDE PAJARITO MADURO ROBO 1 MILLON DE BOTOS.

NO DIGAN QUE NO SE ADVIRTIO

INDRA: HORACIO ANIBAL LOSOVIZ & CRISTINA WILHELM S.A.

EL MISMO ESQUEMA DE VENEZUELA SE APLICARA EN ARGENTINA.

 

 

                                                                     Atentamente: RUBÉN LÓPEZ
FALLECIMIENTO del Sr Tte Gral Jorge Rafael Videla (qepd) 17/05/2013.

Para no olvidar e incorporar a la lista:

Murió una persona que los que somos verdaderamente Católicos y creyentes en Jesucristo (Por FE, no por conveniencia o intereses), jamás lloraremos. 
Ricardo Cemino , ricardocemino@yahoo.com.ar 17/05/2013, 12:49

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From: MEII
To: Sent: Friday, May 17, 2013 11:38 AM
Subject: [mundolatinoNoticias] LA CONDICION HUMANA ESTA MAS ALIGERADA DESDE AHORA

 

UN ASESINO SERIAL MENOS.
MARIO ENRIQUE


TTE. GENERAL D. JORGE R. VIDELA: AL PUEBLO ARGENTINO

DICIEMBRE 23 2010 at 8:28 AM

SIN JUSTICIA 




 
MANIFESTACIÓN ANTE LOS JUECES
INTROITO

Señores Jueces:

Mucho se ha dicho y se ha escrito, sobre lo ocurrido en nuestra Patria durante la década de los años 70; lamentablemente, con una visión sesgada de la realidad -no exenta de dudoso propósito- ocultando parte de la historia de esos trágicos años y tergiversando a su vez, la parte que se hace pública.

No es mi intención, en este momento, polemizar con dichas opiniones, emitidas en uso del derecho a la libre expresión que protege nuestro sistema democrático de vida. Mi conducta al respecto, ha sido la de mantener un prudente silencio, como contribución a la concordia entre mis conciudadanos.

Pero, en esta oportunidad -más que como imputado, como protagonista y testigo- siento el deber inexcusable de hacer llegar ante ustedes y a través de ustedes a la sociedad argentina toda, en particular a sus jóvenes manipulados por la desinformación y la propaganda artera, mi visión personal sobre aquellos hechos, que constituyen el marco de referencia que encuadra lo que es materia de este y otros juicios en los que me encuentro procesado.


NUESTRA ULTIMA GUERRA INTERNA
Antecedentes mediatos


Al término de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad de naciones quedó virtualmente agrupada en derredor de dos polos de poder -ideológicamente antagónicos- que, además de disputarse entre sí el manejo del mundo, intentaban atraer en su favor a los países no alineados con ellos.
El dominio del poder nuclear por parte de las dos potencias líderes (EE UU y la URSS) y la posibilidad de su destrucción masiva en forma recíproca, actuó entonces como factor de disuación, dando lugar a la llamada guerra fría: una suerte de equilibrio inestable que nadie se atrevía a romper -so pena de la represalia- todo ello, en medio de una paz armada.

Fue justamente la URSS quien, con el afán de expandir su poder, ideó una manera sutil de quebrar aquel equilibrio sin que provocara la réplica; y lo hizo promoviendo, alentando y solventando los llamados movimientos de liberación nacional: contra el colonialismo, caso de África; o bien contra las desigualdades sociales, caso de Latinoamérica.

La estrategia así concebida, llamada también estrategia indirecta o guerra revolucionaria, buscaba la toma del poder en dichos países, mediante acciones violentas amparadas bajo las banderas de la liberación.
Cabe destacar que, lo que para las grandes potencias eran conflictos de baja intensidad, constituían para los países periféricos -como en nuestro caso- conflictos en los que se jugaba la identidad nacional de estos países.
La República Argentina no fue ajena a esa forma de agresión y, lo que pudo ser objeto del debate y de la confrontación democrática de ideologías encontradas, pasó a convertirse en un violento enfrentamiento armado -dado la intolerancia del agresor- cuyo lema rezaba: la razón está en la boca de los fusiles.


Antecedentes Inmediatos

El empleo de las Fuerzas Armadas en 1975, para combatir contra el terrorismo, no fue un acto improvisado y mucho menos novedoso.

En efecto, el Ejército, dentro de su planeamiento específico de corto plazo, contaba con el llamado Plan de Capacidades, el cual contenía las previsiones para responder, con lo que se disponía en ese momento, ante la ocurrencia de cualquiera de las hipótesis de conflicto retenidas como tales.

Una de esas hipótesis era la Variante Marco Interno, la cual preveía una agresión por parte del terrorismo subversivo que, superando la capacidad de represión de las Fuerzas Policiales y aún las Fuerzas de Seguridad, impusiera el empleo de las Fuerzas Armadas, con el objeto de restablecer el orden alterado, previo dictado del decreto correspondiente.


Luego del Cordobazo (producido el 29 de mayo de 1969) y del posterior secuestro y asesinato del Teniente General Aramburu (ocurrido el 29 de mayo de 1970) el Ejército puso en práctica el Plan de Capacidades - Marco Interno, cuando su Comandante, el General Lanusse, ordenó a dicha fuerza ejecutar, en forma limitada, operaciones de seguridad (controles de rutas, controles de población, rastrillajes, protección de objetivos sensibles, etc.), dado que las acciones producidas por el agresor, no requerían un mayor grado de compromiso.
En forma simultánea, como Presidente de la Nación, el General Lanusse promovió una modificación de la legislación penal, incluyendo nuevas figuras delictivas, así como el agravamiento de algunas de las penas existentes. Pero, más trascendente aún, fue la decisión de crear la Cámara Federal Penal, integrada en su totalidad por magistrados civiles, para actuar con jurisdicción y competencia en todo el territorio nacional, a fin de juzgar, exclusivamente, los delitos terroristas y conexos.


Este conjunto de previsiones dio excelentes resultados; tan es así que, al finalizar el mandato del General Lanusse, el 25 de mayo de 1973, con observancia del debido proceso, había cerca de 1.500 detenidos en calidad de procesados o bien cumpliendo condena, en relación con los delitos ya citados.


Lamentablemente, al asumir la Presidencia el Doctor Cámpora, dictó, en esa misma noche, un decreto de indulto concediendo la libertad de los detenidos y promulgó, en forma casi simultánea, una ley de amnistía sancionada por el Congreso con igual finalidad. Vale recordar que la citada ley de amnistía, al ser tratada en general, resultó irresponsablemente aprobada casi por unanimidad, por parte de los legisladores integrantes de ambas Cámaras.

Mediante dichos instrumentos legales, se dispuso la libertad de todos los terroristas que se encontraban detenidos, los cuales fueron recibidos como héroes por sus simpatizantes quienes, a su vez, mantenían desde
temprano las cárceles en su poder, a la espera del decreto presidencial que disponía los indultos, promovido por el entonces Ministro del Interior, Doctor Righi, a quien Perón echó de su cargo; hoy Procurador General (Jefe de los Fiscales).


Asimismo, fue disuelta la Cámara Federal Penal que había dictado las detenciones; sus jueces fueron declarados cesantes y librados a su suerte; varios de ellos sufrieron atentados, incluso de muerte; y otros debieron abandonar el país por falta de garantías para sí mismos y sus familias.

Simultáneamente, se dejaron sin efecto las reformas introducidas en la legislación penal.
Extraña paradoja: el remedio judicial, eficazmente implementado por un gobierno militar para luchar contra el terrorismo subversivo con la ley bajo el brazo, fue luego demagógicamente dejado sin efecto por el gobierno constitucional que lo sucedió, dando lugar a la puesta en libertad de casi 1.500 terroristas que estaban detenidos cumpliendo condena o bajo proceso, al par que sumiendo en el desamparo a los jueces que los habían juzgado.


Por supuesto que ninguno de aquellos llamados jóvenes idealistas (Perón los llamó estúpidos e imberbes cuando los echó de la Plaza de Mayo) dejó la cárcel para reinsertarse pacíficamente en la sociedad. Todos ellos, so pretexto de sentirse perseguidos por el sólo hecho de pensar diferente, salieron dispuestos a matar con las armas que les entregaron al abandonar la prisión. Con tal disposición de ánimo, pretendían dar cumplimiento a la consigna de su paradigma, el Che Guevara, quien decía:

Que era preciso, por encima de todo, mantener vivo el odio intransigente al enemigo; odio capaz de llevar al hombre más allá de sus límites naturales; y transformarlo en una fría, selectiva, violenta y eficaz máquina de matar.
¿Conocerán este detalle quienes, con ignorante orgullo, lucen hoy la imagen de ese nefasto personaje en tatuajes y remeras y, lo que es peor, en despachos oficiales?


La Agresión Terrorista

Larvada en sus inicios, al comienzo de la década del sesenta y abiertamente desembozada en la década siguiente, la agresión terrorista buscaba la destrucción de bienes materiales y de personas para que, mediante el terror que dichas acciones pudieran generar, tomar el poder político, a fin de imponer un régimen marxista-leninista, totalmente ajeno a nuestro tradicional estilo de vida.

Capacitada para producir aquellas acciones intimidatorias, la agresión terrorista estaba integrada mayoritariamente por personal nacional, entrenado en Cuba, Siria, Palestina y Argelia, o bien, dentro del propio país, con instructores foráneos. Disponía, también, de armamento y equipos provistos por la URSS, a través de Cuba, así como fabricados localmente en fábricas clandestinas, o fruto de ataques a organismos militares y policiales. De la misma manera, estaba financiada con fondos provenientes de la URSS, o con el producido de los asaltos perpetrados contra entidades bancarias, o el botín resultante de los secuestros extorsivos (el más notorio fue el de los hermanos Born, por un monto de sesenta millones de dólares).


La magnitud de dicha agresión, fue aumentando con el transcurso del tiempo, hasta llegar a una medida no conocida en nuestro país. Así pasamos del terrorismo sistemático y selectivo, que producía el secuestro y muerte de personas aisladas, o la ocupación de pequeñas localidades, hasta llegar a verdaderas acciones de combate como lo fueron la toma por asalto de unidades militares, que debían ser recuperadas por unidades vecinas, o las operaciones bélicas libradas contra la guerrilla rural en Tucumán, donde el enemigo intentó crear una zona liberada.


A mediados de la década del 70, los elementos terroristas habían proliferado bajo distintas denominaciones, a los que se sumaban efectivos de custodia de los dirigentes sindicales (verdaderas patotas armadas que, más que proteger intimidaban) así como los integrantes de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) una suerte de milicia clandestina que operaba bajo la conducción del Ministro de Bienestar Social, José López Rega.
Dentro de esta especie de far west vernáculo, en el cual el Estado había perdido el monopolio de la fuerza, se destacaban por su número,
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organización y entrenamiento, dos agrupaciones distintas a saber: el Ejército Revolucionario del Pueblo, encabezado por Santucho, brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores, de tendencia trotskista; y Montoneros, encabezado por Firmenich, brazo armado de la izquierda justicialista y, más específicamente, representativo de la Juventud Peronista.


Ambos, a su vez, actuaban bajo la forma de guerrilla rural, como en el caso de Tucumán, con la intención de crear una zona liberada en dicha provincia, aprovechando las facilidades que a tales fines ofrecía la geografía lugareña; o bien como guerrilla urbana, en cuyo marco un joven cumplía durante el día su cometido normal como hijo, estudiante u obrero y, durante la noche, con una pastilla de cianuro en el bolsillo y un arma escondida entre sus ropas o entre las mantas de un coche cuna conducido por su pareja -generalmente embarazada y usada a modo de escudo humano- asaltaba, secuestraba, o colocaba bombas.


En cuanto al grado de violencia desatada por el agresor, no está demás recordar lo expresado por The Times de Londres, en un artículo reproducido por el diario La Nación de fecha 2 de diciembre de 1977, en el que decía: ...Se ha olvidado en el extranjero que cuando los militares argentinos lanzaron su campaña contra el terrorismo, la sociedad y el Estado estaban al borde del colapso, que el terrorismo comenzó al final de los años 61 y había alcanzado proporciones que hacen los secuestros en Alemania Occidental y los disparos a las piernas de Italia como juego de niños contra la sociedad. Cuando la respuesta vino, mucha sangre se había derramado como para esperar demasiada cautela en la misma... Los terroristas italianos y germanos occidentales no pueden ser comparados con la fuerza y la ferocidad de los dos grupos argentinos, ambos actualmente casi aniquilados... Cuando Amnesty Internacional publicó su informe de 92 páginas sobre la represión en la Argentina, un editor de un diario inglés de aquí comentó: si ellos hicieran un informe sobre las atrocidades terroristas, probablemente sería mucho más voluminoso.


Vale recordar también que, en su largo pontificado, el Papa Juan Pablo II puso luz sobre distintos temas que desde el Concilio Vaticano II eran tergiversados. Entre ellos, cierta apología de los partisanos, los maquis, la guerrilla, y otras formas de terrorismo.


Con claridad, el Papa Wojtyla expresó sobre el particular lo siguiente:
El terrorismo piensa que la verdad en la que cree o el sufrimiento padecido son tan absolutos que lo legitiman a reaccionar destruyendo incluso vidas humanas inocentes.


Pretender imponer a otros con la violencia lo que se considera como la verdad, significa violar la dignidad del ser humano y, en definitiva, ultrajar a Dios, del cual es imagen.
Las injusticias existentes en el mundo nunca pueden usarse como pretexto para justificar los atentados terroristas. Si nos fijamos bien, el terrorismo no sólo instrumenta al hombre, sino también a Dios, haciendo de él un ídolo del cual se sirve para sus propios objetivos.


El terrorismo se basa en el desprecio de la vida del hombre. Precisamente por eso, no sólo comete crímenes intolerables, sino que, en sí mismo, en cuanto recurre al terror como estrategia política y económica, es un auténtico crimen contra la humanidad.

A modo de anécdota puedo expresar que, dentro de esa orgía de violencia, en mi condición de Comandante en Jefe del Ejército, fui objeto de seis atentados contra mi vida, los cuales llegaron a materializarse sin que, gracias a Dios, cumplieran sus designios. El primero de ellos, ocurrido el 16 de marzo de 1976: preveía la voladura del automóvil que me conducía a la sede de mi comando, con cargas explosivas accionadas por control remoto, colocadas en un automóvil aparcado en la playa de estacionamiento aledaña al edificio; y fue comandado por Verbitsky, quien resultó posteriormente enjuiciado por la dirigencia de la organización Montoneros, en razón de haber abandonado el lugar de los hechos sin antes comprobar los efectos producidos por la operación, así como asegurado el repliegue del personal a su cargo, según lo determinaban los manuales respectivos.


La Legítima Defensa

En el mes de enero de 1975, la señora de Perón, a cargo de la Presidencia de la Nación, dictó un Decreto por medio del cual ordenaba el empleo de las Fuerzas Armadas para combatir al terrorismo hasta su aniquilamiento, pero geográficamente limitado a una zona de operaciones en la Provincia de Tucumán, acción que dio en llamarse Operación Independencia.


Esta limitación geográfica no dejaba de ser una ventaja para el oponente, ya que les permitía a los terroristas que actuaban dentro de la zona de operaciones, recibir reemplazos de personal, así como refuerzos de armamento y equipo provenientes de otras zonas del país, lo que dilataba la posibilidad de lograr su aniquilamiento en corto plazo.

Para entonces, el país vivía un clima agobiante, signado por la angustia que soportaba la sociedad, ante la dimensión que adquiría día a día la agresión terrorista.


Ante ese desasosiego y la radicalización que adquiría el enfrentamiento iniciado por los grupos terroristas, en los primeros días del mes de octubre de 1975, el Doctor Luder, provisionalmente a cargo de la Presidencia de la Nación (la señora de Perón se hallaba en Ascochinga, en uso de licencia por razones de salud) convocó a una reunión de gabinete para determinar qué hacer frente a la dimensión que había cobrado el accionar subversivo. A dicha reunión fuimos invitados los Comandantes Generales, quienes debíamos exponer nuestros puntos de vista sobre el particular.


Por ser un problema típicamente terrestre, correspondía al Ejército la responsabilidad primaria y, en esa condición, con el acuerdo de mis camaradas de las otras dos Fuerzas debí exponer. En extrema síntesis, dije entonces que, habiéndose agotado la instancia de represión a cargo de las Fuerzas Policiales y de Seguridad, sin lograr restablecer el orden alterado; y ante la inoperancia de la Justicia (por temor no había dictado ninguna condena desde el 25 de mayo de 1973 hasta la fecha, a pesar de la magnitud de los hechos producidos por los elementos terroristas); parecía llegado el momento de apelar, como último recurso, al empleo de las Fuerzas Armadas a fin de combatir al terrorismo subversivo.


Agregué que la decisión de emplear a las Fuerzas Armadas para cumplir con ese cometido implicaba, de hecho, reconocer un estado de guerra interna con sus consiguientes secuelas, ya que las Fuerzas Armadas no estaban preparadas para reprimir (no disponían de balines de goma, ni escudos, ni bastones, y, fundamentalmente, carecían de entrenamiento para cumplir esa función) ya que estaban organizadas, equipadas e instruidas para combatir; es decir para hacer la guerra, donde se muere o se mata.


En atención a ello, se propusieron cuatro cursos de acción, en grado creciente de libertad de acción. El primero, muy pautado, garantizaba que no se cometieran errores o excesos, pero hacía suponer una prolongación sine die del conflicto. Entendíamos por excesos, delitos comunes que pudiera cometer personal militar al amparo de la guerra a desarrollar. Vale recordar que al término del Proceso de Reorganización Nacional, se hallaban cumpliendo condena más de doscientos cincuenta uniformados, acusados por haber cometido delitos de esa naturaleza.


Los cursos de acción segundo y tercero, eran un gradiente mayor de libertad de acción. El curso de acción cuarto (que resultó seleccionado) preveía el despliegue de las Fuerzas Armadas, así como de las Policiales y las de Seguridad -estas dos bajo el control operacional de las primeras- en la totalidad del territorio nacional; y, a partir de ese despliegue disperso, nada fácil de controlar, actuar simultáneamente en la búsqueda del enemigo para combatirlo donde fuera hallado. Cabe destacar que el agresor actuaba en la clandestinidad, dentro de una organización celular difícil de penetrar, que imponía una paciente tarea de inteligencia para localizarlo.


Debo rendir homenaje al coraje cívico demostrado por el Doctor Luder en esa ocasión quien, sin hesitar, seleccionó este curso de acción que era el más riesgoso en cuanto a la posibilidad de que ocurrieran errores o excesos, pero que garantizaba la derrota del terrorismo en no más de un año y medio de lucha. Es más, ante un pedido de intervención por parte de uno de los ministros asistentes, el Doctor Luder manifestó tener decidida su resolución y con ello cerró el debate.


Esta firmeza del Doctor Luder no fue la misma cuando, al deponer como testigo en el juicio a las Juntas, se limitó a hacer una interpretación semántica del término aniquilar, sin reparar que los reglamentos vigentes a la fecha, definían con precisión, el alcance de dicho término. Más grave aún, olvidó, fuera de todo tecnicismo doctrinario, que la acción de aniquilar constituía la interpretación más acabada de lo que expresara el
General Perón, en la carta dirigida a la Guarnición Militar de Azul, luego del intento de copamiento del que fuera objeto. De dicha carta rescato la siguiente frase, referida a los terroristas atacantes: que el reducido número de psicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para el bien de la República.


Reflejo también de ese estado de ánimo, proclive a llevar adelante una guerra sin cuartel contra los grupos terroristas, son las palabras pronunciadas por el Diputado Stecco, durante el homenaje que la Cámara de Diputados rindió a José Rucci, con motivo del atentado que le costó su vida. Dijo entonces el Diputado Stecco: Por eso esta Cámara de Diputados, que dicta las leyes del país, debe dar amplios poderes a nuestras Fuerzas Armadas y de Seguridad, sin que con ello se quiebre la libertad, para perseguirlos hasta sus guaridas y matarlos como a ratas, porque no merecen vivir en este suelo.


Ningún partido político, ninguna fuerza sindical, ninguna organización no gubernamental, tampoco los medios de prensa, objetaron las duras palabras del Diputado Stecco.


De similar tenor fueron las palabras del Ministro de Defensa, Doctor Vottero, pronunciadas en el acto de cierre de los cursos de la Escuela de Defensa Nacional, en diciembre de 1975, oportunidad en la que expresó: ...ante la lucha total, sofisticada y compleja, despiadada, diabólica y criminal, promovida por la subversión armada, queda una sola alternativa: el exterminio total del enemigo...

Por su parte el ex-Presidente Frondizi, decía al respecto lo siguiente: La subversión fue organizada desde el exterior para tratar de conquistar el poder e imponer ideas marxistas, destruyendo los valores que conforman nuestra identidad nacional. Pero fue vencida por las Fuerzas Armadas y de Seguridad, cumpliendo las órdenes del gobierno constitucional que dispuso aniquilarla. Esta palabra `aniquilarla´, no la inventaron los militares; está en el decreto dictado por un gobierno constitucional.


Como complemento de los decretos firmados por el Doctor Luder, el Ministerio de Defensa impartió la Directiva N°1 y, a partir de ella, impartí la Directiva N° 404, Lucha Contra la Subversión, mediante la cual se puso en ejecución, por parte del Ejército, el planeamiento correspondiente a la Hipótesis de Conflicto Marco Interno.
A los fines de esa guerra, cada una de las Fuerzas Armadas tenía asignadas zonas territoriales, donde ejercían sus responsabilidades operacionales los respectivos Comandantes Generales.


Corolario


Bien podemos decir entonces, que la Nación Argentina hubo de afrontar -de hecho y de derecho- un conflicto bélico interno, irregular en su forma, de carácter revolucionario, con profunda raíz ideológica, alentado desde el exterior.


Así lo reconoció tiempo después la Cámara Federal (a la cual desconocí por no tener competencia para juzgarme, toda vez que no era mi juez natural, sino una comisión especial fulminada por el Art.18 de la Constitución Nacional) cuando dicho Tribunal, al dictar sentencia en la causa 13/84, llamada de los Comandantes, sin mencionar la figura de genocidio, así como tampoco la existencia de delitos de lesa humanidad, entre otros conceptos expresó:


- Que En consideración a los múltiples antecedentes acopiados en este proceso y a las características que asumió el terrorismo en la República Argentina, cabe concluir que, dentro de los criterios de clasificación expuestos, el fenómeno se correspondió con el concepto de `guerra revolucionaria´.


- Que algunos de los hechos de esa guerra habrían justificado la aplicación de la pena de muerte contemplada en el Código de Justicia Militar


- Que Como consecuencia de lo hasta aquí expresado, debemos admitir que en nuestro país hubo una guerra interna, iniciada por las organizaciones terroristas contra las instituciones de su propio Estado.


Mal puede hablarse entonces -como lo hizo el Presidente Alfonsín en el Decreto 158/83, mediante el cual ordenó el juicio a las Juntas- de la existencia de homicidios, privaciones ilegítimas de la libertad, secuestros o lugares clandestinos de detención, introduciendo figuras delictivas del Código Penal, dentro del juzgamiento de actividades de combate, ocurridas en el marco de una guerra interna.


Por el contrario, si aceptamos la existencia de una guerra, como lo expresara la Cámara Federal, debemos hablar de prisioneros capturados e internados en lugares de reunión, generalmente secretos por razones de seguridad; de heridos, mutilados, muertos o desaparecidos; saldo inevitable de cualquier conflicto bélico; máxime en éste por su peculiar naturaleza.


Menos aún podemos aceptar la figura de asociación ilícita, como forma de relación entre el que manda y el que obedece, que no puede ser otra más que la subordinación. Subordinación no es obediencia ciega al capricho del que manda. Subordinación es obediencia consciente a la voluntad del superior, en función de un objetivo que está por encima del que manda y del que obedece -en este caso la defensa de la Nación agredida- y en razón del cual el mando deja de ser arbitrario y la obediencia se ennoblece.


Algunos han calificado a esta guerra, como una guerra sucia. Yo me niego a aceptar ese calificativo, pues significaría reconocer la existencia de guerras limpias y sucias. Santo Tomás de Aquino reconoce la existencia de guerras justas o injustas; y agrega que las guerras defensivas -como la librada en nuestra Patria- en general son guerras justas.


La guerra es un fenómeno en sí misma, y hay que aceptarla como tal, sin aditamentos de ninguna especie. Acepto sí, que cada guerra tiene sus peculiaridades o características propias, que la hacen distinta de las otras, y esta guerra tuvo, por cierto, sus características distintivas.


Ante todo, no fue una guerra clásica. Fue, en cambio, una guerra irregular, y dentro de esa irregularidad yo, personalmente, opino que su signo distintivo fue la imprecisión.


Fue imprecisa en su comienzo, a tal punto que me pregunto: ¿quién, a ciencia cierta, puede decir cuándo comenzó esta guerra? más allá de los decretos que le dieron forma jurídica.

Pero, si fue imprecisa en su comienzo, no lo fue menos en su término. Y me vuelvo a preguntar sin tener respuesta ¿cuándo realmente terminó esta guerra? Si bien es cierto, las operaciones militares hicieron crisis entre los años 1975 y 1976, y comenzaron a declinar en 1977, hasta casi desaparecer a fines de ese año, yo no me atrevería a afirmar si fue entonces que esta guerra terminó. Es más, me pregunto si aún hoy podemos asegurar que, más allá de las operaciones militares, esta guerra, usando medios no violentos, haya realmente terminado.

Al respecto, me atrevo afirmar que en el escenario de la guerra revolucionaria, no existe el postconflicto, a pesar de que se levanten banderas de paz.

Por otra parte, a diferencia de la guerra convencional en la cual el enemigo entra en esa categoría de manera totalmente genérica y anónima, en la guerra irregular -como lo fue nuestra última guerra interna- el enemigo entraba en calidad de tal, luego de un delicado trabajo de inteligencia que permitía identificarlo con nombre y apellido para recién combatirlo, circunstancia ésta que le otorgaba al conflicto un matiz personalizado, y por ende, hacía más patético aún, al enfrentamiento que tuvo lugar entre hermanos argentinos.


Esta guerra materializaba la legítima defensa de la Nación agredida, frente al ilegítimo agresor quien, por medio del terror, pretendía cambiarle su tradicional sistema de vida; y la misma fue dispuesta por un gobierno constitucional en pleno ejercicio de sus atribuciones, único caso en la región, sin objeciones por parte de los cuerpos legislativos como de los judiciales, y contó con la adhesión mayoritaria de la ciudadanía.


De ahí que no se levantaran, entonces, voces contrarias a esa decisión; antes bien, el alivio fue la sensación imperante.


Resulta por ello falso, y cuanto menos ingenuo, pretender simplificar los hechos al extremo de afirmar que los mismos, fueron la resultante de un enfrentamiento armado entre grupos antagónicos (en este caso jóvenes idealistas, versus militares que los reprimían por pensar distinto); todo ello, frente a una sociedad pasiva y expectante.


Por el contrario, fue justamente la sociedad argentina la principal protagonista de aquel acontecimiento bélico: objeto, en primer término, de la agresión que pretendía sojuzgarla por el terror; y sujeto, luego, que ordenó a su brazo armado acudir en su legítima defensa.


Como en toda guerra y máxime en ésta que fue irregular en su forma, imprecisa en su desarrollo, librada contra un enemigo mimético que no exhibía uniforme ni bandera, se llegó a situaciones límite que ensombrecieron al país con actos rayanos en el horror; horrores que tal vez resulte difícil justificar, pero que merecen comprensión, en el marco de crueldad de un conflicto bélico interno como el descripto.
Así ganamos nuestra última guerra interna contra el terrorismo, a un alto costo de sangre difícil de amenguar, precio ineludible para seguir siendo una República como marca nuestra Constitución Nacional. La sociedad toda nos debe su veredicto.


En otro orden de ideas, el pronunciamiento militar del 24 de marzo de 1976, no quitó ni agregó nada a la guerra que se venía desarrollando, cuando funcionaba en el país un régimen constitucional; y que continuó, luego de esa fecha, sin cambiar sus objetivos, así como la modalidad de su ejecución, hasta su término apreciado a fines de 1977, principios de 1978.


Durante esos tremendos años de guerra, las Fuerzas Armadas mantuvieron la decisión de restaurar la plenitud del régimen constitucional, luego de que se afirmara el triunfo militar y se consolidara la paz. Por ello, sus integrantes tuvieron -y continúan teniendo- la convicción de haber prestado un inestimable servicio a la Nación agredida, derrotando a su enemigo, y facilitando con su acción, el restablecimiento del sistema republicano de vida que marca nuestra Constitución Nacional.


Por todo lo expuesto, reclamo para el pueblo argentino en general y para sus Fuerzas Armadas de Seguridad y Policiales en particular, el honor de la victoria en la guerra interna ya descripta.


Lamento sí, las secuelas que deja toda guerra y valoro el sufrimiento de quienes, con auténtico dolor, lloran por sus seres queridos mutilados o muertos; así como deploro a quienes especulan con el dolor ajeno, que ni siquiera tangencialmente los ha rozado, pero que no trepidan en transar pingües negocios, a la sombra de las banderas de los derechos humanos.


Reitero que asumo en plenitud mis responsabilidades castrenses, con total prescindencia de mis subordinados, que se limitaron a cumplir mis órdenes; órdenes ajustadas a la doctrina vigente, volcada en los reglamentos en vigor a la fecha y que fueron calificadas como inobjetables por el Consejo Supremo de las FF AA.

*

Habíamos ganado la guerra en el campo militar; lamentablemente, no supimos afirmar esa victoria en el campo político. Se cumplía así lo expresado en un manifiesto producido por el terrorismo subversivo en el año 1977 que expresaba: A los militares, no pudimos doblegarlos por el temor al combate; es momento de replegarse sobre las bases y esperar. (Para entonces, los cabecillas huían hacia el exilio y los militantes debían mimetizarse dentro de la sociedad). Continuaban diciendo: Cuando llegue el tiempo de la política, y sobrevenga en ellos el temor a practicarla porque no saben hacerla, será el momento de volver a la lucha para derrotarlos en ese campo.


No hay duda que los enemigos derrotados ayer, cumplieron con sus propósitos. Hoy gobiernan nuestro país y pretenden erigirse en paladines de la defensa de los derechos humanos que ellos -en su tiempo- no titubearon en conculcar en grado superlativo.


Escudados en la impunidad que hoy les brinda una justicia asimétrica y vaciada de derecho, no necesitan ya de la violencia para acceder al poder, porque están en el poder y, desde él, intentan la instauración de un régimen marxista a la manera de Gramsci, tomando como rehenes a las instituciones de la República y haciendo de ella, una simple expresión verbal, ajena a lo que prescribe nuestra Constitución Nacional.
Gramsci puede estar satisfecho de sus alumnos La Constitución Nacional guarda luto por la República desaparecida.


*


Señores Jueces:
Reitero que ustedes no son mis jueces naturales; no obstante, en mi carácter de preso político, deseo manifestar lo siguiente: Las garantías constitucionales de las que gozamos quienes somos juzgados en este contexto, constituyen una farsa que, para ser interpretada, requiere de condiciones histriónicas que no poseo. Además, todo el poder político ha sido encauzado para lograr nuestra condena, a cualquier costa y por cualquier medio. Por ello, me he abstenido de alegar en una defensa que no guarda sentido.


Por otra parte, con este enjuiciamiento, desconociendo las garantías del debido proceso -entre otras la cosa juzgada y la irretroactividad de la ley penal- se pretende que, a través de la sentencia que vayan a dictar, homologuen una decisión política adoptada con sentido de revancha, por quienes, después de ser militarmente derrotados, se encuentran hoy ocupando los más diversos cargos del Estado.


Esta irregular situación, que bien podríamos calificar como terrorismo judicial, y que pudo disimularse mediante las formalidades de un debate, no bastó para que, conceptualmente, el derecho quedara afuera de la administración de justicia, produciendo su vaciamiento.


Frente a esa realidad que no está en mis manos modificar, asumiré, bajo protesta, la injusta condena que se me pueda imponer, como contribución de mi parte al logro de la concordia nacional; y la he de ofrecer a modo de un acto de servicio más, que debo prestar a Dios Nuestro Señor y a la Patria.
Con ello pretendo cumplir con mi conciencia Cumplan ustedes con la suya.


EPILOGO

Desde los tiempos más remotos -y así lo dice la Biblia- las sociedades recurrieron a la figura del chivo expiatorio para lavar sus culpas colectivas y, de esa manera, acallar sus conciencias.

La sociedad argentina, que fue principal protagonista de uno de los momentos más cruciales de nuestra historia reciente, abrumada por una tremenda campaña de acción psicológica, no escapó a aquella regla. Y lo hizo, aunque resulte penoso reconocerlo, permitiendo que se malversara la verdad histórica, mediante la aceptación de una visión hemipléjica de la misma, acerca de acontecimientos que costaron la vida de muchos conciudadanos, civiles y militares, que cayeron por defender a la Patria, o en pos de ideales equivocados.


Con esa actitud, sólo se ha logrado sembrar la discordia y anidar el odio en muchos corazones hermanos, postergando con ello la tan ansiada unión nacional.

Pareciera, llegado el tiempo para que la sociedad toda, a través de su dirigencia, asuma su protagonismo perdido; y, dejando de lado la memoria asimétrica predicada desde los círculos oficiales; fuera de cualquier especulación sectorial o de escapismos hipócritas; promueva -mediante un diálogo superador- el exhaustivo e imparcial examen necesario sobre los terribles años de nuestra última contienda interna, de tal manera que nos permita dejar atrás, sin cargos de conciencia, un luctuoso y traumático pasado.


Entregaremos así, a quienes nos sucedan, un legado que les ayude a superar los desencuentros padecidos por nuestra generación. Sin olvido, pero también sin rencor: para no repetir los errores del pasado; con justicia, pero no con venganza: dando y quitando con equidad a quien debe dársele y quitársele; en busca sólo de la unión nacional, concebida -al decir de Ortega y Gasset- como un proyecto compartido de Nación; de manera tal que podamos mostrarnos ante el Mundo, como un País libre, pujante, abierto a la concordia, reconciliado y en paz.

Quiera Dios Nuestro Señor que así sea.-
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