Derechos humanos, globalizacion, economia y salud nota Nº 3 Vida, Salud y equidad




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títuloDerechos humanos, globalizacion, economia y salud nota Nº 3 Vida, Salud y equidad
fecha de publicación23.10.2016
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Nelson Mandela DD. HH.”
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DERECHOS HUMANOS, GLOBALIZACION, ECONOMIA Y SALUD

Nota Nº 3




Vida, Salud y equidad


El problema de la iniquidad alcanza su expresión más inhumana en el campo de la salud, pues refleja una injusta distribución del derecho a la vida; esta extrema injusticia se evidencia en las altísimas tasas de mortalidades e incapacidades por causas evitables que se concentran en sectores pobres, donde la expectativa de vida al nacer se encuentra acortada dramática y anticipadamente.

En provincias de bajos recursos [Chaco] las principales causas de enfermedad y de muerte siguen siendo las patologías prevenibles y contagiosas; las enfermedades diarreicas, las infecciones respiratorias agudas y las patologías prevenibles mediante inmunizaciones muestran aún altas tasas de incidencia y mortalidad, particularmente en la infancia. Así es que la iniquidad no solo se redistribuye sino que se intensifica hacia los sectores de menos recursos; los postergados muestran vulnerabilidad a las enfermedades infecciosas y acceden en condiciones desventajosas a las patologías degenerativas que resultan en prolongados períodos de incapacidad, tratamiento, padecimientos físicos y económicos; a su vez, los sectores más empobrecidos están más expuestos a la violencia urbana, a la mayor toxicidad de drogas de menor costo, a los efectos nocivos derivados de la contaminación del agua, del aire y del suelo, especialmente en las zonas de asentamientos populares; este fenómeno no puede soslayarse toda vez que nos planteamos una distribución más justa del derecho a la vida, como objetivo central del crecimiento y del desarrollo.
El derecho a la vida y a la sobrevida

Es necesario garantizar mayor equidad en el derecho a la vida y a la sobrevida, lo que implica una atención más equitativa frente a las patologías repetidas en las regiones subdesarrolladas; con un enfoque integrado del desarrollo social como modelo de crecimiento con equidad, el sector salud debe garantizar un piso básico de servicios para toda la población e intervenir directa o indirectamente en el desempeño del conjunto.

Por la trascendencia de la cuestión, los diversos sectores político-partidarios, parlamentarios, gremiales, empresariales, eclesiásticos y sociales no pueden dejar de intervenir en el debate público sobre orientaciones y metas para lograr la equidad en la salud, con la finalidad de adoptar posiciones y compromisos activos puesto que la materia es vital para la sociedad; correlativamente, es relevante el rol de la representación política del sector de la salud para demandar asignaciones y recursos en los procesos y ámbitos de decisiones.
Entorno, genoma humano, pobreza y subdesarrollo humano

Ninguna duda cabe que existe una relación directa entre pobreza y falta de desarrollo humano; en tal sentido, en la XII Conferencia Internacional Sobre SIDA llevada a cabo en Durban-Sudáfrica, el Presidente Sudafricano Thabo MBEKI, entrañable amigo personal de Nelson MANDELA, inauguró el domingo 9 de Julio de 2000 la Primera Conferencia Internacional Sobre el Sida que se celebró en Africa, manifestando -ante miles de sorprendidos expertos en salud- que “la pobreza es el mayor asesino del continente y no el sida... no podemos culpar de todo a un simple virus. La pobreza es el mayor asesino y la mayor causa de enfermedades y sufrimientos mortales del mundo”.

Coincidentemente, la presentación en sociedad del genoma humano potencia aún más las afirmaciones de Thabo MBEKI; han quedado científicamente firmes las siguientes premisas: a) Todos los seres vivientes -plantas, animales, hombres- provenimos de una única célula desarrollada hace 4.000.000.000 de años; b) Todos los seres humanos tenemos la misma carga genética, o sea que somos iguales en un 99,99 %; el 0,01 % del ADN circulante en los 6.000.000.000 de habitantes de los cinco continentes, constituye el diferencial que determina el color de la piel, altura u otras diferencias anatómicofuncionales; c) Todos los seres humanos nacemos con idénticas normalidades y capacidades para aprehender la cultura, las ciencias y las artes; los factores degradantes de esas potencialidades son productos culturales generados en las sociedades donde vivimos, donde se gestan las dificultades y diferencias socioeconómicos del entorno del individuo, que a su vez son las que determinan las oportunidades o la falta de ellas; entonces, la pobreza no es responsabilidad del genoma humano porque no está radicada en los genes ni en el ADN, sino una cuestión de decisiones e intereses.

40.000.000 de seres humanos mueren anualmente por hambre en el mundo, de los cuales 30.000 fallecimientos corresponden a niños por día; en el Chaco nacen 45 niños promedio por día y se registran dos fallecimientos en igual lapso [uno cada 12 horas]; a su vez, uno de estos fallecimientos no tiene razón científica para que se produzca, de manera que integra el universo de muertes evitables.

De los datos suministrados emerge claramente la influencia negativa y determinante del entorno social, económico, laboral y medioambiental que rodean a la salud en el Chaco y en el País, con especial impacto en las poblaciones más empobrecidas; en consecuencia, se torna urgente la necesidad de implementar cambios que debieran concretarse en tiempo útil generacional, para reducir y luego derrotar estos resultados colectivos que reflejan la mayor desigualdad e injusticia que padecen sobremanera los extremos sociales. Para ello se impone la necesidad de desarrollar una acción intersectorial cuyos objetivos y metas deberán ser estructurados a fin de modificar el entorno negativo, operando con los indicadores específicos que reflejan la diversidad de los sectores, aún frente a la escasez de información relacionada con la responsabilidad de cada grupo.

Los diversos análisis que vienen encarándose promueven que las reflexiones se reorienten para embestir frontalmente contra el entorno peligroso e iniquitativo, interviniendo sobre las bases de las alteraciones que posibilitan el surgimiento de un ambiente no saludable; de allí que la concepción sectorial de las políticas públicas debe dar paso a una postura más abarcativa, que se apoye en lo social y territorial, de manera que se actúe sobre grupos sociales y regiones específicas de riesgos diferenciados, intensificándose el despliegue en las áreas y poblaciones de más alta vulnerabilidad y riesgos, que lastimosamente abundan en el Chaco.
Sinergismo social

Sectores importantes de la población chaqueña no han logrado satisfacer las necesidades básicas para garantizar mínimas condiciones dignas de vida; estas complejas y agobiantes desigualdades que hallamos instaladas e incrustadas en el entorno cotidiano de una mayoría social excluida, encuentra su causa en factores de orden económico, ambiental, social, político y cultural, como también vinculada con la cobertura, acceso y calidad real de los servicios de salud que se implementan, que como materialidades consolidadas nos alejan del objetivo consistente en salud para todos.

Hasta ahora, casi todos los esfuerzos de la sociedad encaminados a mejorar la salud y la mayor parte de los gastos directos que se han efectuado, han sido organizados en la estructuración de la atención sanitaria. Sin embargo, cuando se identifican las causas principales de enfermedades y muertes actuales en el Chaco se llega a la conclusión de que su origen se localiza en la biología humana, en el medio ambiente, en el estilo de vida, en el modo de producción, en la distribución de la riqueza y en la organización de la atención de la salud; por lo tanto, es evidente que se gastan grandes sumas de dineros en tratar -con mayor o menor acierto- enfermedades que podrían haber sido prevenidas; ocurrió que no se actuó -intensa y programadamente- sobre los factores aparentemente inmodificables que conforman el entorno chaqueño riesgoso.

El análisis del campo de la salud que presentamos señala un problema fundamental que consiste en la carencia de un marco conceptual común que compromenta a todos los actores productivos estatales y privados, que a su vez permita definir sus roles para modificar el entorno pernicioso en el cual se desarrolla la vida cotidiana de miles de habitantes de la provincia; sin ese marco, será dificultoso comunicarse adecuadamente o desmenuzar el papel que debe cumplir cada sector y cada ciudadano en la promoción, creación y protección de la salud y el desarrollo humano. Claramente existe una necesidad aguda de organizar los miles de fragmentos existentes para unirlos en una estructura ordenada y solidaria operativamente aceptable y suficientemente sencilla, de modo que permita localizar rápidamente los puntos débiles, problemas o actividades relacionadas con la salud y el modo en que cada uno de los elementos afectan la salud de la población; se necesita una especie de mapa del territorio de la salud en el Chaco para movilizar todos los sectores y recursos, a partir del cual se accione con objetivos y metas compatibles con un entorno chaqueño saludable.

La nueva perspectiva implica -entre otros aspectos esenciales- las necesarias transformaciones profesionales y organizacionales en la estructura operativa y decisional de la salud; invariablemente se deberá superar la proliferación burocrática de niveles y eslabones que admitan una mayor agilidad y concreciones plenas y a tiempo de los objetivos incorporados en los programas en aplicación, con integración vertical y horizontal de los recursos humanos, con clara especificación de roles, funciones y compromisos, dinámicamente articulados. Una especial atención recae sobre el desempeño de la Dirección de Administración del Ministerio de Salud Pública, puesto que allí encontramos un punto débil trascendental perfectamente focalizado, que contribuye abiertamente al déficit de la política de salud; sobre esta cuestión, seguramente ahondaremos el análisis en virtud de la relevancia en la administración del flujo de fondos que viene generando una fuerte preocupación en diversos sectores.

La sinergia social que el Chaco demanda se traduce en el urgente llamado a la acción que emana de la natalidad en ascenso, de la morbilidad prevenible y mortalidad evitable, puesto que a la desigualdad social creciente se le agrega una fuerte iniquidad en salud incompatible con la justicia social.

Salud, nutrición, educación y trabajo


Muchas de las desigualdades entre las posiciones que ocupan las personas adultas en la escala social y en capacidades productivas son proyecciones de situaciones diferenciales que ya actúan sobre los niños, desde su concepción hasta su ingreso a la escuela primaria; es indiscutible que las condiciones de vida de los primeros años marca, condiciona o posibilita el desarrollo de las potencialidades biológicas y mentales de las personas, así como de las capacidades para sacar provecho de las oportunidades de acceso a los bienes sociales.

Para comprender la influencia directa -positivas o negativas- de las políticas sociales, siempre conviene estar atento a que alientan o limitan las potencialidades físicas y mentales de los niños, de manera que desempeñan un rol importante en el crecimiento y desarrollo de los seres humanos; ante los desaciertos de tales políticas, encontramos madres con problemas de desnutrición, bebés con bajo peso al nacer, períodos de lactancia materna muy cortos, ingestión insuficiente de proteínas, calorías, hierro y vitamina A, con seres humanos expuestos a ambientes sanitariamente inadecuados, con falta de estimulación sensorial e intelectual, desorganización familiar e inestabilidad de las figuras paternas, carencias en el aprestamiento escolar, ocio, etc.

En consecuencia, la visión integral de la salud requiere la interacción de políticas específicas con políticas ambientales, educativas, nutricionales, de empleo y de saneamiento; esa conjunción de acciones debe confluir fundamentalmente en apoyo de aquellos que intervienen en la reproducción de la pobreza.

Muchos jóvenes, cuya infancia o gestación se caracterizó por su mala nutrición e insufiente atención médica, implícita y obligadamente renunciaron al derecho esencial de vida/salud; bajo una perspectiva aceptable, la salud se entiende en un sentido amplio y en estrecha relación con los programas que mayores efectos positivos han tenido en la reducción de las tasas de mortalidades e incapacidades, entre los que podemos mencionar los programas materno-infantil y alimentarios sustentables, las terapéuticas oportunas y adecuadas, la educación, el trabajo, el abastecimiento de agua potable, el saneamiento y la capacitación del personal de salud, así como las actividades emprendidas para lograr una distribución más equitativa de los servicios. Los factores enunciados, cuando se aplican, actúan como correctores de la reproducción intergeneracional de la pobreza, y en última instancia hasta pueden interrumpirla.

Un ejemplo claro de las erradas interrelaciones es el caso de la mal nutrición, cuya raíz no solo debe ubicarse en una inadecuada atención médica y nutricional sino en factores de más vastos alcances, tales como la paternidad no responsable, la alta fecundidad en familias pobres, la falta de educación sanitaria, el deficiente ambiente cultural, y otros.

En la perspectiva que venimos desarrollando, la ecuación salud, nutrición, educación y trabajo, constituye la secuencia indispensable para posibilitar el crecimiento y el desarrollo humano sostenido y continuo.
El desempeño del sistema sanitario argentino

Puesto Nº 75

La efectividad del sistema sanitario argentino fue evaluada recientemente por la Organización Mundial de la Salud [O.M.S.], en base a cinco indicadores de desempeño y siete esquemas de análisis [esperanza de vida saludable; desigualdades en la salud; capacidad de respuesta adecuada de los sistemas de salud; equidad en la contribución financiera; gasto total porcentual; nivel general de logro y desempeño general]; la Argentina ocupa el Puesto Nº 75 en el rango de las naciones, muy por debajo de países latinoamericanos y caribeños como Cuba, Chile, Paraguay, Uruguay, Venezuela, México, Costa Rica, Colombia y Nicaragua.

La O.M.S. advirtió sobre los efectos de la pobreza en los sistemas sanitarios evaluados, situando a la Argentina en el Puesto Nº 75 del universo conformado por 191 países, señalando -al mismo tiempo- que ninguno de los esquemas inspeccionados alcanzó el nivel óptimo según parámetros iguales y constantes.

Sobre esta cuestión, la Directora General de la O.M.S. Harlem Brundtland, señaló que "el principal mensaje de esta evaluación es que la salud y el bienestar de las personas en todo el mundo dependen de manera crítica del desempeño de los sistemas de salud que las atienden; ...el desempeño se relaciona con la inversión, pero también con la eficiencia en el gasto, la distribución y la equidad; los datos con que cuenta hoy la O.M.S. vuelven a reflejar la grieta cada vez más amplia que abre la pobreza en los sistemas sanitarios”.


Argentina: Puesto Nº 75. Chaco: Puesto Nº 22. Acumulado: 82,08

El Chaco ocupa un frío y luctuoso lugar en el ranking nacional de mortalidad infantil y de la niñez, mortalidad materna y desnutrición infantil, de hogares con necesidades básicas insatisfechas, de años de vida perdidos prematuramente, de años de vida vividos insatisfactoriamente, de analfabetismo y en otros rubros sociales. Así es que si atendemos a los datos públicos registrados en los Anuarios de Hechos Vitales [años 1995 a 1999 y los consolidados mensuales correspondientes al primer semestre de 2000], emitidos por la Dirección de Bioestadísticas del Ministerio de Salud Pública de la Provincia del Chaco, surge que fallecieron estimativamente 3725 niños de uno a cinco años de edad, la mayoría por causas altamente evitables; del cuadro, debe inferirse que debieron sobrevivir 2600 niños [70 %] de no haber mediado inadecuadas políticas sociales, omisiones, deficiencias y errores sanitarios.-

Un dato que revela el panorama brevemente señalado nos informa que entre los meses junio de 1995 a junio de 2000, fallecieron alrededor de 125 madres; estas muertes pudieron ser evitadas, estimativamente en el 90 %.

Cabe mencionar que en el Chaco 2000 aún no se cuenta con un censo propio y permanente de hogares y menores de riesgo, de mujeres embarazadas de bajo, mediano y alto riesgo, por localidades urbanas y/o rurales, barrios y/o áreas programáticas públicas y privadas, lo que permitiría orientar al equipo de salud y a la comunidad en la toma de decisiones a fin de concretar -en tiempo óptimo- el objetivo esencial de evitar las muertes maternas e infantiles prevenibles.

Entendemos que una deficiente atención en la salud alude no sólo a la posibilidad de la población infantil de acceder a tiempo a un centro asistencial o a la calidad del servicio que prestan los establecimientos sanitarios, sino al marco general que contempla vivienda digna, alimentación suficiente, núcleo familiar con trabajo asegurado y salario justo, apropiado nivel educativo y cultural, que como carencias crecientes gestaron el determinismo entre la pobreza y el infradesarrollo humano local.
Indicadores de supervivencia

Ahora bien, corresponde no solo atender al evitable y dramático recuento de decesos sanitarios en la ecuación materno infantil de la provincia; como comunidad chaqueña, urgentemente debemos salir de la definición negativa que a menudo movilizan las tomas de decisiones estratégicas en el campo de la salud, expresada a través de los conceptos de necesidad de reducción de la tasa de mortalidad infantil, de mortalidad de los menores de cinco años y de la tasa de mortalidad materna, dado que tal definición de acciones regresivamente entiende que sobrevivir es no morir; desde dicho ángulo o concepción, inadecuada e incorrectamente se sostiene que la supervivencia del lactante se construye por el no morir antes del primer año de vida, la supervivencia del niño por el no morir antes de los cinco años y la supervivencia de la madre en la circunstancia del no morir durante su embarazo, parto y/o puerperio.

Los programas de supervivencia materno infantiles equivocadamente hacen hincapié en evitar la muerte; tal postura se facilita a raíz de que el deceso es un acontecimiento dramático y definitivo que puede ser contabilizado con relativa facilidad y exactitud; a la par, se produce el fenómeno de los casos de muerte de lactantes, niños y madres que no son registrados o que en el caso de la mujer que se embaraza habitualmente se consignan diagnósticos y causas diversas en los certificados de defunción, de manera que se impide categorizarlas como fallecimientos maternos.

Los nuevos indicadores de morbilidad prevenible reflejan las cualidades del enfermo, la proporción de enfermos en un tiempo dado o esperado, la proporción entre las personas enfermas y las sanas en una comunidad determinada e incluyen las tasas de prevalencia de morbilidad, los días de actividad limitada o de baja laboral, los días, meses y años de desocupación de un hogar y de la población potencialmente activa, como también la utilización de hospitales/servicios de salud, públicos y privados; tales indicadores son escasamente utilizados en la toma de decisiones en el campo de la salud pública, contrariamente a lo que ocurre en el desempeño y rentabilidad de las empresas privadas de salud/enfermedad.

Como herramienta estratégica la morbilidad nos enseña a considerar que la supervivencia de un niño es un suceso más complejo que la simple prevención de la muerte; la mayor parte de las muertes en el Chaco se producen después de un período de enfermedad y agravamiento, que puede ser dolorosamente largo o relativamente corto, constituyendo una excepción los fallecimientos instantáneos o súbitos. Entonces, podría considerarse que el deceso es el punto final de un proceso, siguiéndose a Mosley y Chen; contraria y vitalmente, vivir puede y debe ser un desarrollo cuyo fin no es solamente la supervivencia sino también la salud y el bienestar físico, mental, social y económico [definición positiva].

Los niños y las madres que sobreviven pueden ser situados en un continuo que va desde las proximidades de la muerte, pasando por la enfermedad y hasta un estado saludable, con mayores o menores posibilidades de supervivencia prolongada, según se promuevan las políticas sociales y sanitarias correspondientes; lo cierto es que el proceso de supervivencia puede y debe considerarse como la búsqueda activa de un estado saludable [calidad de vida] o como el movimiento hacia el extremo del estado saludable y no simplemente como la prevención o detención del proceso muerte, según Robert Myers.

Aceptar esta reconceptualización positiva como proceso de búsqueda del estado saludable en el nacimiento y en los primeros meses y años de vida en la adolescencia, juventud, adultés y ancianidad, exige ir más allá del análisis de las causas de mortalidad y de los programas para reducirla; implica que debemos determinar en qué punto se encuentra la población y en particular cada ciudadano, en el continuo salud/crecimiento/desarrollo. Significa también que debemos implementar programas que mejoren la salud durante la vida útil con el objetivo de orientarnos hacia un "estado saludable".

El éxito de los programas de salud y desarrollo deben medirse por los aumentos en las tasas de supervivencia; para que esto ocurra deben articularse adecuadamente los macros y los micromódulos de poder político, social y económico en el ámbito estatal y privado, atendiendo e incorporando algunos indicadores para la toma de decisión, entre los que se destacan los índices de supervivencia infantil, maternal, juvenil o infantojuvenil, de adultos y ancianos. Los responsables de la salud del pueblo del Chaco deberían registrar la tasa de supervivencia del lactante o menores de cinco años en vez de registrar solamente las tasas de mortalidad, puesto que la persistencia en los actuales lineamientos de la política sanitaria local producirá más fallecimientos e incapacidades evitables.

En las insuficiencias, yerros y posturas equivocadas que se plasmaron en los programas de salud pública que se aplican en el Chaco, encontramos la causa del acumulado Puesto Nº 82 que actualmente ocuparía nuestra provincia en el supuesto de comportarse como un estado independiente, por aplicación de los parámetros de OMS adoptados en base a los cinco indicadores de desempeño y siete esquemas de análisis que refiriéramos anteriormente, situación que por sí refleja un vasto y sufriente panorama que requiere urgentes correcciones.
Financiamiento

Habitualmente se trasmite y hasta se acepta que los recursos destinados a la salud serían insuficientes; claramente debemos afirmar que esto no es así. El flujo de fondos que circula por los establecimientos sanitarios de la provincia del Chaco totaliza anualmente la suma de $ 250.000.000, como valor aproximado; en el último quinquenio, el gobierno del Chaco contó con un estimado de $ 1.230.000.000 para enfrentar gastos en salud. En nuestro país ese giro económico financiero alcanza -año a año- la multimillonaria cifra de $ 27.000.000.000, que en los próximos cinco años rondará en el orden de los $ 135.000.000.000.

En los montos señalados anteriormente no están incorporadas otros fondos que provienen de distintas jurisdicciones públicas y de sectores privados que circulan en el entorno [viviendas, infraestructura de caminos, agua, electricidad, empresas telefónicas, combustibles, industria, comercio, producción agrícola, ganadera, forestal, alimentación, educación, seguridad, justicia, etc., etc.] que naturalmente condicionan y determinan el estado de salud/enfermedad de los habitantes.

Además, los planes de acciones intersectoriales [que surgen de la combinación de los sectores públicos y privados] destinados a promover, crear y proteger la salud y el desarrollo humano, requieren para su financiación inicial un monto mucho menor al que irracionalmente se destina en el año 2000 solamente para el tratamiento de los enfermos; consignamos que dichos planes habitualmente se extienden de 2 a 3 años.

Entonces, la explicación del Puesto Nº 75 que ocupa la Argentina encuentra su causa exclusivamente en el uso absurdo de los recursos; como consecuencia de la desacertada utilización de los grandes fondos destinados a salud la realidad nos muestra los siguientes fenómenos negativos: niveles globales de salud de la población desestructurados que emergen como alarmantes bolsones de altísimos indicadores de morbilidad y mortalidad en cada una de nuestras provincias, con especial repercusión en el Chaco; desigualdades socioeconómicas en cada una de las poblaciones urbanas y rurales; escaso e inapropiado nivel global de capacidad de respuesta a las demandas de la población sana y enferma en el sistema público y privado, en todo el territorio.

El Puesto Nº 75, que refleja el nivel de insatisfacción de los objetivos primarios en salud, también evidencia la errada distribución de los costos de salud/enfermedad según los diversos grupos sociales de cada población; concretamente, esta cuestión pone de manifiesto la iniquidad social que se ha producido en la Argentina y en los estados provinciales, manifestada en la conclusión salesiana que señala "salud para los ricos, enfermedad para los pobres”, puesto que las fallas en los sistemas sociales y sanitarios especialmente impactan en los sectores menestorosos e indigentes.

Salud y medios de comunicación


Pese a los avances científicos actuales, la segmentación de la atención resulta todavía considerablemente insuficiente por diversos factores que actúan negativamente, entre los que se pueden mencionar los de índole económico, cultural e institucional; la actualidad nos muestra que amplios contingentes de población pobre se encuentran expuestos a morbilidad y mortalidad evitables. Esto se aprecia en las limitadas coberturas en servicios de salud básicos (vacunación, saneamiento, agua potable) y en problemas de cobertura poblacional, acceso por zonas o localidades.

La salud tiene algunos ámbitos de iniquidad aguda, entre los que mencionamos la mortalidad materna, la mal nutrición en los primeros años de vida, y los bajos pesos en los recién nacidos, que se concentran en sectores de bajos ingresos o en áreas urbanas segmentadas y rurales dispersas. Estas diferencias por segmento socioeconómico no solo redundan en tasas más altas de muertes evitables entre los niños pobres, sino además restringen de manera irreversible las capacidades y habilidades productivas de los niños pobres a futuro.

En un modelo de desarrollo con equidad el objetivo del sistema de salud se integra al objetivo central del Estado y opera en función del tipo de desarrollo proclamado públicamente como metas. Para asegurar estructuralmente la equidad es preciso aumentar el grado de igualdad de oportunidades en los primeros años de vida de las personas, pues en ese tramo se define mayoritariamente la potencialidad de desarrollo de las capacidades físicas e intelectuales de las personas.

En el marco reseñado, adquieren relevancia las posibilidades que ofrecen los medios de comunicación masivos y la educación pública de nivel básico como herramientas de gran importancia para lograr la difusión de la información básica en salud y en la propagación y estimulación en el autocuidado; lamentablemente presenciamos un fenómeno tradicional y ya clásico de los Ministerios de Salud Pública que regularmente no proporcionan información oportuna, precisa y veraz a los medios para su posterior divulgación, llegándose incluso al ocultamiento de datos.

Desde la perspectiva de la OPS el desarrollo social integrado y orientado a mayores niveles de equidad debe otorgar mayor presencia relativa a los temas de la salud en los medios de comunicación social y en la educación primaria, entendidos como recursos en el proceso de desarrollo; paralelamente, también se plantea un desafío interno al sector salud, a fin de que asuma las nuevas funciones que la realidad demanda en el marco de las nuevas estrategias de desarrollo y comunicación.
Representación y debate político

Planteada la equidad como parámetro básico del derecho a la vida se torna urgente e indispensable encarar una ofensiva de la salud en el campo del debate político y del diseño de políticas prácticas, que deberá comprender la participación de una amplia gama de sectores [poder ejecutivo, poder legislativo, partidos políticos, gremios, centros de investigación científica y social, opinión pública, empresarios, etc.]. Se trata de plantear la prioridad de la salud dándose preferencia a los esfuerzos encaminados a garantizar un mayor grado de equidad en las condiciones y posibilidades de vida de los habitantes y en el acceso a los servicios básicos de salud.

La realidad nos muestra que la representación política del sector se encuentra marcadamente subaprovechada, situación que surge de analizar la capacidad de presión potencial que puede construirse desde los distintos ámbitos donde los problemas son literalmente de vida o muerte; en consecuencia, la salud debería adquirir un mayor peso en las agendas políticas y en la toma de decisiones para la asignación de recursos y conquista de mayor presencia pública y mejores niveles de interlocución política, para -desde allí- incidir positivamente en el diseño de los programas sanitarios.

Para progresar adecuadamente en la cuestión es necesario concentrar un amplio espectro de acciones que garanticen una mayor y mejor distribución del derecho a la vida, particularmente en los sectores más empobrecidos y afectados; tales impulsos deberían dirigirse a mejorar las oportunidades de acceso a las medidas de fomento de la salud y a los servicios personales y no personales, así como a objetivos de carácter intersectorial que se orienten a mejorar las condiciones de vida de los habitantes de las áreas más vulnerables.

La equidad en salud inicialmente obliga a centrar los esfuerzos en hogares que registran condiciones sanitarias por debajo del umbral de disminución de los riesgos de mortalidad y morbilidad evitables, pero también a atender aquellos que sobreviven a pesar de tales riesgos. Las condiciones tienen que ver -en primer lugar- con la inmunización, con el acceso a la vivienda digna, agua potable, alcantarillado y eliminación de excretas, pero también con la alimentación de la madre y el niño y la atención del embarazo y parto; en segundo lugar, ya en un terreno más amplio, la equidad en el derecho a la vida también significa la reducción de las desigualdades sociales y la promoción de estabilización entre los más desvalidos que habitualmente constituyen metas alcanzables a través de la aplicación de programas integrales de bienestar social. En tercer lugar, la estrategia se apoya en las acciones poblacionales de promoción, prevención, creación, protección y control de la salud, daños y riesgos.

Resulta indispensable integrar a la salud en los criterios estratégicos de política social que tengan su núcleo en la promoción, creación y preservación de la vida/salud, para lo cual debería rápidamente superarse los déficits endémicos que reflejan los programas en aplicación [ineficiencia, asistencialismo, distribución regresiva de beneficios, sectorialización, etc.]. En estos términos, las referidas acciones sociales serán entendidas no solo como necesarias para afrontar carencias básicas de la población sino como un aporte fundamental al desarrollo futuro de las capacidades productivas de los seres humanos, especialmente cuando actúen en armonía con los sectores educativos y del trabajo.

Una política social y de salud compatible con la vigencia de los Derechos Humanos debe servir para integrar los objetivos sociales, promoviendo condiciones para la equidad creciente en el corto, mediano y largo plazo; también debe concentrarse en atacar la marginación económica y la exclusión social que se reproducen sucesivas e ininterrumpidamente. Entonces, la equidad se plantearía como una justa distribución de las posibilidades para desarrollar las potencialidades físicas y mentales de la población, incorporando a los sectores más rezagados a los procesos de crecimientos y futuro desarrollo.



RESISTENCIA, CHACO, REPUBLICA ARGENTINA, AÑO 2000, 15 DE JULIO.-



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