La sexualidad humana de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (oms) se define como




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Enfermería – La Serena.

Año 2014

Trabajo

Sexualidad

en el

Adulto Mayor.

Docente: Inés Monroy.

Alumno: Augusto Molina S.

Cátedra: Gerontogeriatria

La sexualidad humana de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) se define como:

"Un aspecto central del ser humano presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades  y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencia o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales."





El carácter  explosivo y exuberante  del sexo y el amor, en la vejez suele ser de manera  tierna y con cariño;  “La respuesta sexual no se ve alterada con la edad” y “puede mantenerse durante la vejez”,  ya que depende de otros factores como los cambios físicos,  emocionales y sociales  en el “proceso de envejecimiento”.



Introducción

Chile no escapa a este cambio demográfico. En 2025 ya no habrá una pirámide etaria sino un rectángulo, y, lo que es más importante, un estudio de 1998 demostró que los hombres de 60 años de edad iban a vivir hasta los 80, y las mujeres, hasta los 84. La mujer que tenía 90 años en el momento del estudio tenía probabilidades de vivir cinco años más.

Esta transición demográfica comprende una cultura de la senilidad, que integra también la sexualidad; sin embargo, hay una tendencia a “reciclar” al anciano hacia un falso e imposible joven, donde el concepto de la sexualidad se maneja entre dos extremos: o se niega debido a la infertilidad, con el argumento de que el papel de la relación sexual es procrear y que el individuo que no puede hacerlo es ineficaz; o bien, se homologa al anciano con un joven de prodigiosas condiciones sexuales, lo que también es erróneo. 

Ambos extremos desconocen la posibilidad de lograr una imagen sexual armoniosa, que coordine lo biopsicosocial para adecuar este aspecto a esta etapa de la vida, en la que lo más importante es la existencia de un sentimiento profundo. Tal como decía un antiguo poeta, “Saber ser viejo es una de las cosas más difíciles en el dificilísimo arte de la vida”.



La sexualidad en el adulto mayor

Estamos muy conscientes de la importancia que tiene la salud sexual, tanto en lo mental como en lo físico, para nuestra sensación de bienestar y nuestra capacidad de participar en los dos aspectos más importantes y significativos de la vida humana: capaz de trabajar y de amar. No obstante, la mayor parte de nosotros crecemos con conocimientos limitados de lo que se espera en seres humanos sexuados, esto es, qué podemos prever cuando nuestros cuerpos alcancen la madurez biológica y qué esperamos cuando debemos enfrentarnos en sentido emocional con estos cambios. De todo lo que se enseña en la educación básica y universitaria, nada tiene tanta importancia práctica para la vida personal; como el conocimiento de la sexualidad humana, pero, más que el conocimiento académico, se deberían priorizar los aspectos emocionales como sentirse cómodo con la propia sexualidad ya que esto acarrea consecuencias perdurables y que no se pueden medir. En término de la salud mental es urgente comprender con claridad los aspectos biológicos, psicosociales y conductuales de la sexualidad en cada etapa de la existencia humana.

Nuestra incapacidad de ocuparnos de nuestra propia sexualidad en forma coherente y organizada es el reflejo de la confusión general que existe en nuestra sociedad sobre los aspectos sexuales.

La sexualidad es y ha sido una de las áreas del comportamiento humano más desconocida y en la que aún prima muchas veces la anécdota sobre el conocimiento científico. Y si esto es cierto a cualquier edad lo es, especialmente en personas de edad avanzada. La sola existencia de manifestaciones sexuales de cualquier tipo en los ancianos es sistemáticamente negada, rechazada o dificultada por gran parte de la sociedad.

En nuestra sociedad existe un escaso conocimiento sobre este tema, incluso dentro de los profesionales sanitarios. Las creencias y conceptos erróneos se manifiestan incluso en las historias clínicas donde no se recogen datos sobre la actividad sexual. Esto, explicado erróneamente en algunos casos, por el supuesto de que los ancianos son sexualmente inactivos; y en otros, debido a la incomodidad de formular las preguntas o el temor de no poder responder adecuadamente a las dudas que plantee el paciente mayor en este tema.

En una sociedad que está envejeciendo progresivamente, la sexualidad debería permanecer en una dimensión afectiva, sentimental y relacional durante todo el curso de la existencia, en el respeto del cuerpo y a los aspectos peculiares presentes en cada fase de la vida.



Desde hace algunos años estamos asistiendo a un proceso de transición demográfica que obligadamente se debe acompañar de un proceso de revisión de la "cultura de la senilidad" donde se incluye también la variable de la sexualidad. Estamos, además, en la era del reciclaje: todo se recicla, incluso la vejez. Pero, en el área de la sexualidad está el peligro de "reciclar al viejo en un falso (e imposible) joven" con mitos y estereotipos sexuales basados en la prestación, la eficiencia y en la capacidad de identificarse con un joven con prodigiosas capacidades sexuales; concepto muy opuesto al antiguo que relacionaba la sexualidad con la procreación y consideraba al anciano como asexuado quedando excluido debido a la ineficiencia dada por la infertilidad.

Pareciera que entre estos dos extremos, la sexualidad negada o la sexualidad impuesta no pudiera existir una imagen sexual en la que los componentes físicos, psicológicos y sociales se combinaran armoniosamente para crear una modalidad sexual específica que acompañe esta etapa de la vida.

Éste es uno de los aspectos menos conocidos de la conducta humana; por eso, cuando alguien se refiere a él suele recurrir a la anécdota, más que al conocimiento científico, aunque esta situación ha cambiado un poco en el último tiempo. Tal como dijo un escritor español hace dos siglos, la vida sexual es un aspecto mal conocido de la vida de los ancianos; hasta hace poco tiempo era prácticamente inabordable y se hablaba de él sólo cuando era motivo de escándalo. 


Aunque aún hay mucha ignorancia con respecto al tema, se puede decir que no existe un límite cronológico que marque la desaparición de la vida sexual. En 1978, Máster y Johnson plantearon que la sexualidad en la vejez, lo mismo que en otras etapas del ciclo vital, se debe considerar de gran importancia para la calidad de vida, el desarrollo y la salud de la persona. Por tanto, toda manifestación sexual puede ayudar a una adecuada mantención de la salud y el equilibrio.



Vejez y sexualidad

Este tema tiene aspectos de distinto grado de complejidad. Puede ser muy simple cuando se trata de la fisiología del envejecimiento y se habla en términos biológicos, en la esfera de los órganos sexuales; en cambio, es muy difícil entenderlo y llegar a una conclusión cuando se habla de la psicología profunda, es decir, del sentido de la vida interior, que nunca envejece. Como afirma Lolas, psiquiatra, “El alma permanece joven hasta el final y es el cuerpo externo el que muestra la vejez”. 
¿Qué es la sexualidad?

Clásicamente, la sexualidad se define como un proceso de integración emocional, somático, intelectual y relacional, que se desarrolla durante toda la existencia. Desde el punto de vista geriátrico, se habla de una expresión sicológica de emociones, de un compromiso que exige la mayor cantidad y calidad de comunicación entre compañeros para lograr una relación en la que se compartan confianza, amor y placer. Lo más importante de esta definición es que se centra en la calidad de la relación, con coito o sin él, lo que diferencia a este grupo etario de los demás. 

La palabra “anciano” deriva del latín antiguo anti o sea, “antes de” o “perteneciente a una edad anterior”, pero en esta sociedad ni siquiera la sabiduría salva al adulto mayor de la discriminación psicosocial, cultural e incluso familiar, a pesar de que, más que a una edad anterior, pertenecen a una edad superada, porque es la única edad que no introduce a otro ciclo de vida, sino que después de ella viene la muerte. Es el momento más dramático de la existencia, porque es la época de las pérdidas: se pierde el papel social, la agilidad mental y física, el cónyuge, los hijos, los amigos. Además, aparece el temor a la soledad, la discapacidad, la falta de recursos sociales, el aislamiento, la incomprensión y la muerte.

En medio de todas estas vivencias se inserta la sexualidad, que es básica en el ser humano, pero la sociedad les hace creer a los ancianos que es algo que a ellos no les corresponde, lo que origina una serie de dudas. En un estudio realizado en el policlínico de la Universidad de Chile, se recogieron las siguientes interrogantes sobre los ancianos:

¿Deben, los ancianos, tener vida sexual?

¿Son capaces de hacer el amor?

¿Quieren realmente hacerlo?

¿Es correcto, normal o decente hacerlo?

El interés sexual ¿es un signo de senilidad, un deterioro del juicio o una demostración embarazosa de la incapacidad para adaptarse al envejecimiento, debido a las limitaciones que éste conlleva?

¿Es mejor asumir estas limitaciones con resignación?

Simposio: Sexualidad, realizado en Santiago entre los días 3 al 6 de septiembre de 2003. El evento fue organizado por la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile, el Comité Latinoamericano de Geriatría (COMLAT) y la Asociación Mundial de Gerontología (IAG).
Presidente del Congreso: Dr. Pedro Paulo Marín.
Presidente Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile: Dr. Salvador Sarrá.
Presiden el Simposio: Dra. Adela Herrera y Dr. Alejandro Uribe.
Editor Científico: Dr. Pedro Paulo Marín.

La medicina prolonga la vida, pero no siempre se preocupa de otorgar calidad de vida y suele descuidar el aspecto más importante de la salud integral, que es la salud sexual, sea por falta de interés o por ignorancia. Todo esto determina que el anciano se mueva en una sociedad que le es hostil en todo sentido, que está llena de prejuicios y mitos en relación a la sexualidad y que carece de preparación para enfrentar los cambios fisiológicos, anatómicos y funcionales propios de esta edad. 

Los estudios epidemiológicos acerca de este tema son escasos, porque es nuevo o quizás, simplemente, por falta de interés, lo que refleja la ignorancia de la sociedad y del equipo médico. Un ejemplo es cuando un anciano se atreve a reiniciar una vida de pareja, y a este se le tilda inmediatamente de “viejo verde”.

El comportamiento sexual depende de muchos factores

Como la salud general, la disponibilidad de un compañero sano, la personalidad, factores socioculturales, nivel de educación, actividad sexual previa, prácticas e intereses previos y grado de satisfacción con la vida, que en el anciano es muy importante, dado que es el ser humano cuya calidad de vida depende más del medio externo. 
Es importante saber que los cambios fisiológicos, anatómicos y funcionales de los órganos sexuales no justifican el cese de la vida sexual, pero los ancianos y el equipo de salud deben conocerlos, para lograr una adaptación adecuada y un buen funcionamiento. 
Es importante reconocer y aceptar que la atracción sexual y la necesidad de comunicación efectiva, la que se expresa no sólo en lo genital, sino al estar juntos, dormir abrazados, sentirse queridos y protegidos, siguen presentes hasta el final de la vida. 
Es cierto que existen cambios manifiestos que pueden comprometer la sexualidad, hasta hace unas décadas se afirmaba que los hombres al llegar a la edad del adulto mayor ,mas de 60 años marcaba el fin del interés sexual, hoy se rescata la misma como activa durante toda la vida, porque el encuentro íntimo no envejece . Es innegable que después de los 60 años hay cambios que pueden originar crisis, que despiertan temor y ponen en cuestionamiento la auto imagen, pero hay que verla o mejor vivirla como una alerta para cuidarse y una oportunidad para mimarse, crecer y ser.


El envejecimiento y la respuesta sexual

Factores fisiológicos:

Los adultos mayores experimentan cambios en su organismo, los cuales presentan modificaciones hormonales, la menopausia en la mujer representa el cese de la fertilidad, mientras que  en los hombres la constituye la andropausia, está etapa en los varones se determina “más por factores psicosociales que físicos”, ya que la cantidad de espermatozoides solo se reduce  y su producción “persiste hasta la octava o novena década de vida”.

La vida afectiva y la expresión sexual persisten a lo largo de la vida. Las transformaciones físicas y fisiológicas afectan tanto a hombres como a mujeres: disminuye el tono muscular en todo el cuerpo, se atenúa el vigor y se reduce la elasticidad de los tejidos. El descenso de los niveles hormonales determina cambios en los tejidos de los genitales y la rigidez de los vasos sanguíneos afecta la irrigación de la zona genital.



La capacidad para lograr erecciones y orgasmos perdura a través de los años, a un adulto mayor que mantiene relaciones sexuales constantes  con su pareja, los cambios le afectaran menos, “En el anciano los niveles de testosterona, si bien bajan, lo hacen a un nivel que permite un buen desempeño sexual” también, “las mujeres mayores que mantienen una regularidad en los encuentros sexuales, muestran un mayor vigor y tono muscular en sus genitales”.

Aspectos Psicológicos de la sexualidad del adulto mayor.

Los factores psicológicos que afectan la sexualidad de las personas jóvenes también suelen afectar la sexualidad de los adultos mayores. Lo anterior quiere decir que antes los cambios que se producen con el avance de la edad, el significado que las personas le dan a éstos, determinan el impacto de los mismos. Los adultos Mayores de hoy pertenecen a una generación donde no existía la educación sexual. No existía una instancia formal, o información seria al respecto. La vida sexual pertenecía al ámbito de lo privado y consistía habitualmente en la satisfacción por parte del hombre y la disponibilidad por parte de la mujer”. La desinformación respecto de la sexualidad en esta etapa, la ansiedad que la adaptación a estos cambios genera y la dinámica y los conflictos de pareja pueden constituirse en factores de disfuncionalidad en el ámbito sexual.



El ámbito emocional es algo importantísimo para la sexualidad en el adulto mayor ya que el hecho de tener sexo es una forma de intimidad y de compartirse mutuamente y en la adultez mayor va más encaminado al sentimiento que al gusto físico.

La sexualidad en el adulto mayor está determinado por diversos factores que hacen que sea imposible llegar a generalizar, pero así mismo también es imposible decir que la sexualidad a esta edad ha desaparecido pues sería olvidar la gran complejidad y recursividad del ser humano. 

Aspectos sociales de la sexualidad del adulto mayor.

”En nuestra sociedad existe una actitud negativa hacia la expresión sexual de los ancianos, no parece apropiada en los mayores de 70 años y para que señalar la masturbación.

Estas actitudes afectan la forma en que los adultos mayores son tratados y cuando éstas se internalizan por los ancianos pueden convertirse en una razón muy importante que explicaría el por qué muchos adultos mayores son sexualmente inactivos (Cayo y Flores 2003)”.

Para María Inés Parga, coordinadora del Área Adulto Mayor en Santiago del Hogar de

Cristo, cuenta que los adultos mayores que ha conocido son seres tan sexuales como cualquiera. De hecho, ha sabido de muchas parejas que se conocen en los diferentes centros que esta institución mantiene y que en algunos casos, han pedido tener habitaciones matrimoniales y se les ha habilitado. “Ellos, los adultos mayores tienen la misma capacidad de establecer cualquier vínculo, incluido los cortejos de pareja como en otras edades y cuando tienen oportunidades de practicar formas de vinculación como coquetear, “andar”, pololear o emparejarse, para ellos es muy satisfactorio”.

Efectos del proceso de envejecimiento sobre la actividad sexual.


Existen un grupo de factores que se añaden a los cambios propios de la edad y se interponen en el desarrollo normal de la vida sexual en el hombre y la mujer mayor de 50 años.

La falta de estímulos sexuales provocada por una vida sexual monótona, poco variada, puede llevar progresivamente a una pérdida de interés en la actividad sexual. Una menor intensidad de relaciones sociales; la pérdida de atractivos corporales de la pareja y la creencia de que es incorrecto tener fantasías sexuales en esta época, se unen para disminuir la búsqueda del acto sexual.

El agotamiento físico y psíquico propios de la etapa disminuyen el interés por el contacto sexual y crea temores por el cansancio extra que pueda producir y sus consecuencias físicas. (Máster y Johnson) en estas edades recomiendan posiciones no agotadoras, como es el coito en decúbito lateral.

La preocupación por el trabajo o las preocupaciones económicas llevan a desviar el interés sobre la actividad entre los 40 y 60 años. En el mundo moderno esta es un etapa de productividad laboral e intelectual y la mujer o el hombre tiende a relegar a un segundo plano la actividad sexual.

Cuando la persona pierde a su pareja, y cae en un período de inactividad sexual casi absoluto, puede suceder que, si en etapas posteriores, desea iniciar relaciones con otra pareja, se presentan mayores dificultades para lograrlo, sobre todo en el hombre, por disfunciones de la erección. (Síndrome de la viudez). Algunos sexólogos recomiendan la práctica masturbadora durante este período de soledad, si no existen impedimentos psicológicos o culturales. Esta recomendación, aunque parezca chocante para algunos, puede contribuir a mantener tanto en el hombre como en la mujer, los mecanismos fisiológicos sexuales en actividad relativa y no en inacción absoluta.

Las enfermedades físicas y mentales, influyen de manera negativa tanto directa como indirectamente en la actividad sexual de la pareja, preocupándose por los síntomas de su enfermedad y como consecuencias se produce un desinterés pasajero o una falta de deseo por la actividad sexual. La Diabetes Mellitus es un ejemplo típico de enfermedad crónica que por mecanismos vasculares y neurogénicos puede producir pérdida de la erección y eyaculación retrograda, que es la eyaculación hacia la vejiga por la falta de cierre del esfínter vesical durante el orgasmo. La artritis puede dificultar el coito, etc.

La polifarmacia en el adulto mayor, existen medicamentos que afectan la libido y la potencia sexual; son usados habitualmente en estas edades, donde resulta más frecuente la hipertensión arterial, trastornos cardiovasculares, enfermedades o desajustes psíquicos, y otros. La lista incluye: agentes bloqueadores ganglionares, bloqueadores adrenérgicos y alfa adrenérgicos (fenosibenzamina, sulfato de guanetidina); pseudo trasmisores simpáticos (metildopa); narcóticos (morfina); antidepresivos triciclicos (imipramina); fenotiazinas (cloropramacina); benzodiazepinas (diazepan ) y otros.

http://fuente.uan.edu.mx/publicaciones/04-10/4.pdf

El alcoholismo es uno de los factores que más contribuye a deprimir la función sexual y a demorar la eyaculación según Macbeth Shakespeare dice:”Excita el deseo, pero impide la acción”.

Los cambios hormonales y metabólicos que afectan a todo el organismo y en especial al sistema nervioso central y periférico (disminución de la testosterona y ACTH (hormona adrenocorticotropica), temblor extrapiramidal, neuritis alcohólica, déficit vitamínico e hipoglicemia), provocan fácilmente trastornos de la erección en el hombre y deprimen la libido en cualquier edad.

Los excesos en la comida que acompañan con frecuencia a la ingestión de bebidas, pueden disminuir el deseo de realizar el acto sexual, al sentirse la persona físicamente satisfecho o tener temor a realizar el coito después de comidas copiosas, algo no recomendable en hipertensos y cardiópatas.

Las creencias religiosas en algunos grupos sociales o tipos de sociedad pueden ser un freno a la actividad sexual, ya que consideran el sexo como algo pecaminoso, exceptuando su valor reproductivo, o que debe ser limitado dentro de estrictas reglas. Este elemento puede sumarse a los procesos fisiológicos de la edad.

El "temor al desempeño", se observa con frecuencia en el hombre mayor de 60 años en la forma de un miedo a la realización del acto sexual. El temor a fallar, no lograr una buena erección o no hacer un buen papel, sobre todo con una pareja de menos edad, se une a la falsa idea de que la potencia sexual es ahora menos adecuada para exigencias mayores. En la mujer se traduciría por el temor a que su cuerpo o su desempeño no sean del agrado de su compañero.

Cambio de domicilio e institucionalidad: No es infrecuente que el anciano tenga que abandonar su domicilio habitual, ya sea por problemas médicos o por incapacidad importante, acudiendo al domicilio de familiares directos o incluso ingresando en residencias o instituciones. Cuando esto ocurre, como mínimo se pierde la privacidad e intimidad de la pareja y muchas veces pueden presentarse conflictos con los familiares o cuidadores directos por no entender las expresiones sexuales del anciano adoptando actitudes restrictivas o inhibitorias hacia los ancianos. Esta situación se agrava más cuando se separa a la pareja, con la intención de repartir las cargas del cuidado entre los miembros de la familia, sin pensar siquiera que exista una necesidad de manifestación sexual. Los familiares pueden intentar imponer las normas de conducta que consideran apropiadas, como es la crianza de los nietos asumiendo el rol de padres, sin plantearse que en esas nuevas situaciones los ancianos necesitan aún más manifestar sus sentimientos y emociones.

Todo lo anterior se podría evitar si existiera un reconocimiento social generalizado de esta necesidad para así intentar, junto con los ancianos y sus familias, encontrar la mejor solución en el momento que se decida el cambio de domicilio o institucionalización.

Rol del Equipo de Salud

Actualmente el rol del equipo de salud se ha desvirtuado de su campo fundamental que

Es la PROMOCIÓN, ya que las capacitaciones están orientadas a la reforma de salud en los

Problemas emergentes, viéndolo desde su punto de vista curativo, estableciendo así protocolos

de atención como por ejemplo se puede señalar: Programa Cardiovascular, Depresión, Cáncer,

etc.

Al analizar la normativa del Programa del AM, existe un vacío en el tema, ya que se

basa en la pesquisa de factores de riesgos más que en fortalecer factores protectores. Es así

como el EFAM, está orientado a medir FUNCIONALIDAD, teniendo la variable sexualidad

prácticamente olvidada y resumida solo a “la conformidad”, sin olvidar la incomodidad que

produce dentro del equipo el tema, haciéndolo sólo si el paciente pregunta. Es por tal motivo,

que se hace necesario que el equipo se desprenda de sus propios prejuicios, pierda la

vergüenza y aborde el tema naturalmente, para facilitar espacios que hoy no existen, crear

instancias donde se hable de SEXO y no sólo sea en forma unipersonal.

Proceso de enfermería

Valoración:

La función e integridad sexual de los adultos mayores debe preocupar al personal de enfermería y se puede abordar realizando en primer lugar una valoración sexual. El objetivo de una valoración sexual es determinar el grado individual de satisfacción o descontento con el cumplimiento de las necesidades sexuales. El alcance de la valoración sexual estará dictado por la preparación y la experiencia del personal de enfermería como asi también una especial habilidad.

Problema:

Alteración de la sexualidad debido a conocimientos deficientes, ingesta variada de medicamentos, cambios fisiológicos del envejecimiento, enfermedades crónicas y falta de apoyo a la privacidad estereotipos familiares y de la sociedad que llevarían a un empeoramiento de la salud, baja autoestima y falta de expresión sexual en el adulto mayor.

Diagnostico:

Alteración del patrón sexual relacionado con; conocimientos deficientes, polifarmacia, falta de privacidad y estereotipos sociales y familiares manifestados por baja autoestima y falta de expresión sexual.

Objetivo:

AM será capaz de mejorar el patrón sexual aumentando sus conocimientos sexuales, fisiológicos farmacológicos propios del envejecimiento, paulatinamente; evidenciando una mejor autoestima y seguridad en la expresión sexual en un periodo de 2 meses.

Intervenciones:

  • Educar en temas de sexualidad para el adulto mayor y la familia.

  • Promover la integridad sexual del adulto mayor.

  • Educar sobre cambios biosicosociales en el adulto mayor.

  • Informar sobre los efectos de los medicamentos en la vida sexual.

  • Fortalecer lazos de apoyo familiares y del equipo de salud.

  • Fortalecer lazos de la pareja (si la tuviese) por medio de talleres participativos.

  • Fomentar la privacidad en el hogar e instituciones.

  • Mejorar la autoestima del adulto mayor con apoyo psicológico.

  • Educar sobre tabues en la sexualidad del adulto mayor en forma integral.

  • Fomentar sus controles en su consultorio de base y derivación a especialista según problema de salud que interfiera en la actividad sexual.

  • Fomentar su libre expresión.

Evaluación:

AM mejoro su patrón sexual evidenciando mayor conocimiento en sexualidad, procesos fisiológicos y farmacológicos propios del envejecimiento verbalizando “ sentirse con una mejor autoestima y seguridad en la expresión sexual” antes de 2 meses..

Conclusión:


El anciano se enfrenta a un nuevo lenguaje sexual, en el que prevalece la dimensión afectiva y cobra importancia el sentimiento profundo; es decir, de un lenguaje biológico cuantitativo se pasa a uno aprendido, cualitativo, relacionado con la intimidad y el compromiso de ambas partes. Este lenguaje se desarrolla sólo con la experiencia a lo largo del tiempo; es muy importante conocerse, porque el adulto mayor busca la compañía, la comunicación humana, más que el mero desahogo instintivo, que es lo que ocurría muchas veces cuando la pareja era joven.
Muchos estudios relativos al envejecimiento y la sexualidad sólo analizan el número de relaciones sexuales y la frecuencia de orgasmos, y no toman en cuenta que la diferencia entre la sexualidad del anciano y la del joven es la calidad de la relación. En la mayoría de los estudios se concluye que, si bien es cierto que la frecuencia de la actividad sexual disminuye en el anciano y el deseo sexual, sigue existiendo, el cual depende del buen estado de salud física y mental, de la existencia de un compañero sano y de la historia sexual previa. La sociedad no está preparada para compartir y aceptar la sexualidad del anciano, así lo corroboran términos tales como ”viejo verde” “Vieja indigna”, la falta de respeto o la invasión de la privacidad tanto en instituciones como en el hogar de los abuelos cuando habitan junto a hijos y nietos . Desgraciadamente los ancianos consienten estos actos, asumen los estereotipos que la sociedad ha estipulado y que niegan su derecho al placer sexual. No solo evitan disfrutar de su sexualidad, sino que también se avergüenzan cuando lo hacen.



Debate

Como futuros profesionales de la salud y en camino a una mejor vida saludable del adulto mayor es importante reflexionar en la educación sexual del adulto mayor como un factor integral en la mejora de la salud física y mental del adulto mayor perdiendo la vergüenza y terminando con la discriminación hacia los adultos mayores eliminando todo tabú y abriéndose a un enfoque integral con motivo de aumentar la calidad de vida del adulto mayor creando conciencia a nivel familiar, comunidad y profesionales de la salud; eliminando perjuicios a través de la promoción y educación sin olvidar que los adultos mayores son seres integrales que tienen experiencias y conocimientos informal-familiar y esto nos llevara a desarrollar y adoptar aprendizajes mutuo en mejora del quehacer en salud.

En la edad avanzada se ama de manera más profunda, se purifica el amor de la pasión. El adulto mayor habla con más facilidad el lenguaje del amor, con palabras más sinceras y con silencios más emotivos; una mirada o una caricia pueden valer más que muchas declaraciones de amor. 
La clave está en mantener la capacidad de dar amor, porque ningún fármaco ni terapia surten efecto si no se considera que la mejor zona erógena está en la mente y que, independientemente de la edad, sólo se envejece cuando se pierde la capacidad de amar.



Bibliografía

http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-75262003000200011&script=sci_arttext.

http://www.medwave.cl/link.cgi/Medwave/PuestaDia/Congresos/650.

http://medicina.uach.cl/saludpublica/diplomado/contenido/trabajos/1/La%20Serena%202006/Sexualidad_y_afectividad_en_el_adulto_mayor.pdf.

https://www.youtube.com/watch?v=nu4acajJE0s

Tratado de Medicina Sexual (1985). Autores: Robert C. Kolodny, Williams H. Máster, Virginia E. Johnson. Editorial: Edición Revolucionaria

Enfermería Gerontológica. Segunda edición”Cuidados integrales del adulto mayor”. (1998) Autores: Burke y Walsh, sexología del adulto mayor cap. 6. Editorial: ELSEVIER MOSBY


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