31147 " centro de estudios legales y sociales (cels) C/ provincia de buenos aires s/amparo "




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INTERVENCION JUDICIAL DEL HOSPITAL NEUROPSIQUIÁTRICO “ALEJANDRO KORN” DE MELCHOR ROMERO




31147 - "CENTRO DE ESTUDIOS LEGALES Y SOCIALES (CELS) C/ PROVINCIA DE BUENOS AIRES S/AMPARO"

La Plata, 27 de Noviembre de 2014.-

AUTOS Y VISTOS: Para resolver la medida cautelar solicitada en el escrito de inicio, atento a la producción de las medidas dispuestas oportunamente, y: -

CONSIDERANDO: -

1. Que en autos se presenta el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), con el objeto de obtener un pronunciamiento mediante el cual se condene a la Provincia de Buenos Aires a sustituir el dispositivo monovalente que funciona en el Hospital Interzonal de Agudos y Crónicos "Dr. Alejandro Korn" de Melchor Romero por dispositivos de Salud Mental Comunitarios, adoptando todas las medidas necesarias para garantizar que las personas allí institucionalizadas puedan ser incluidas en la comunidad en igualdad de condiciones, de acuerdo con el art. 27 de la Ley Nacional de Salud Mental. –

Por otra parte, solicitan se disponga con carácter cautelar, la intervención judicial de Dirección Asociada de Psiquiatría del Hospital “Dr. Alejandro Korn” de Melchor Romero, a través de la designación de una mesa de trabajo intersectorial, integrada por las carteras ministeriales involucradas, para que adopte un plan de acción urgente tendiente a garantizar el cese de las graves violaciones que se denuncian sobre las personas alojadas en “Melchor Romero”. –

2. En ese sentido, la parte actora denuncia que en la Dirección Asociada de Psiquiatría del Hospital “Dr. Alejandro Korn” de Melchor Romero, se encuentran alojadas aproximadamente 750 personas, y que existirían condiciones de hacinamiento, alojamiento deficientes y riesgosas para la salud y la vida de las personas, falta de atención médica apropiada, ausencia de procesos de rehabilitación, relaciones asimétricas entre profesionales y personas internadas, abandono total de estas últimas y ausencia de controles externos eficaces que garanticen sus derechos, en particular de la intervención judicial sobre las internaciones, en los términos previstos en la Ley 26.657. –

Asimismo, denuncian condiciones inhumanas de encierro, violación al derecho a la integridad física y a la prohibición de tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, entre las que detalla la persistencia de intervenciones como el electroshock; la sujeción física (ataduras); el aislamiento y el uso abusivo de la medicación con fines de control social. En suma, que las personas se encuentran “depositadas” en condiciones inhumanas, en estructuras edilicias deficitarias que no guardan las mínimas condiciones de seguridad e higiene, que los espacios de las salas son reducidos y no conservan mínimas condiciones de privacidad, comodidad y trato personalizado. –

Por su parte, denuncian la ausencia de abordaje de los derechos sexuales y reproductivos de los pacientes, salvo por el control de la reproducción sexual que, bajo el paradigma de la sustitución de la voluntad se realiza sin consideración alguna del consentimiento de las personas involucradas; que la atención de salud es, en general, casi inexistente y que los registros clínicos (historias clínicas; libros de guardia; libros de enfermería; etc.) no contienen los datos mínimos requeridos por la Ley 26.657 y la Ley 26.529; que tampoco existe un abordaje integral y generalizado tendiente a la promoción, el fortalecimiento y/o restitución de los lazos sociales afuera del manicomio. Por el contrario, la desvinculación familiar y la ausencia de privacidad que favorezca la preservación o construcción de vínculos al interior de la institución manicomial, son denominadores comunes de la Dirección de Psiquiatría. –

Señalan, a su vez, que en una población de 750 personas, ha habido en nueve meses (de enero a octubre de 2012), 53 muertes, que son naturalizadas, y sus causas no han merecido hasta el momento investigación alguna. Como así también, destaca la ausencia del órgano de revisión provincial que pueda ejercer los controles eficaces al interior de la institución psiquiátrica y monitorear el proceso de implementación de la Ley 26.657. –

3. Cabe aclarar que el art. 3 de la Ley 14.580, en cuanto otorga un plazo máximo de treinta y seis (36) meses para implementar las reformas que garanticen el cumplimiento de lo establecido en la Ley 26.657, no constituye óbice alguno para el dictado de la presente medida cautelar, toda vez que la propia norma deja a salvo la plena vigencia de los derechos de los usuarios y las obligaciones de los prestadores del sistema de salud mental. Ello implica que, sin perjuicio de la organización administrativa de la que se pueda disponer oportunamente, resultan directamente operativos los derechos de los usuarios del sistema de salud mental reconocidos, no sólo en la Ley 26.657, sino también en la Ley 26.529 sobre Derechos del Paciente en su Relación con los Profesionales e Instituciones de la Salud, lo cual así se habrá de ordenar. -

4. En atención a las graves denuncias formuladas por la accionante sobre violaciones a los derechos humanos de las personas internadas en el Hospital Interzonal de Agudos y Crónicos "Dr. Alejandro Korn" de Melchor Romero, se ordenaron una serie de medidas de prueba anticipada en los términos del art. 326 del CPCC, tendientes a constatar el estado y/o condiciones en que se encuentran las personas alojadas en la Dirección Asociada de Psiquiatría de dicha institución, como así también respecto de las características de los tratamientos que allí reciben. Ello tuvo lugar mediante la realización de un reconocimiento judicial de la institución practicado el día 28-X-2014 por el infrascripto, funcionarios y empleados de éste Juzgado a mi cargo, conformando junto con los peritos intervinientes -a quienes a su vez se le encomendara la realización de un dictamen pericial-, diversos equipos interdisciplinarios que constataron el estado y características de los siguientes lugares de internación: Sala “Solanet”; Sala 5 (Clínica Médica); Sala “Agudos Mujeres”; Sala “Agudos Hombres”; Sala “Charcot”; Sala “Lasegue”; Sala “Melendez B”; Sala “Mujeres E”; y Sala “S.A.C.” (Servicio de Atención en Crisis). –

En primer lugar, cabe destacar que las autoridades del Hospital se encontraban en pleno conocimiento de la diligencia judicial que se iba a practicar, tal como refirieran los representantes gremiales, quienes informaron que en función de ello “los empleados no se tenían que tomar el día”, que “había que limpiar y cortar el pasto”, y que al personal de limpieza le duplicaron las horas de trabajo de 6 a 12 horas continuas (conf. acta de ingreso a la institución, de fs. 184), lo cual se vio reflejado durante toda la jornada en que personal de limpieza baldeaba continuamente los pisos en cada una de las salas de internación relevadas. –

De mayor gravedad fue el intento por ocultar el contenido de diversas habitaciones a las que no se pudo acceder, en clara intención de sustraerse del reconocimiento judicial ordenado. En efecto, en el S.A.C. (Servicio de Atención en Crisis) se observaron dos habitaciones cuyas puertas se encuentran soldadas con chapones y pintura fresca, a las que no se pudo tener acceso. Según los enfermeros, las mismas debieron ser clausuradas por “fallas de infraestructura y de mantenimiento” (conf. acta a fs. 3 del expte. 31.147 -H-). En la Sala “Agudos hombres”, una habitación se encontraba cerrada con llave, la cual no pudo ser abierta porque –según adujeron los enfermeros- las llaves solo las tenían los médicos clínicos que en ese momento no se encontraban presentes. Idéntica situación se presentó en la Sala “Lasegue”, en que dos (2) habitaciones se encontraban cerradas con candado. Las enfermeras de turno refirieron que las mismas se utilizaban como depósito, aunque llamativamente manifestaron desconocer el contenido de los mismos. Indicaron, a su vez, que las llaves de los candados estaban en poder de la enfermera encargada (Sra. Mónica Sánchez), quien no se apersonó en ningún momento de la diligencia (conf. acta Sala Lasegue, a fs. 1 vta. del expte. 31.147 -D-). –

Sin embargo, esos intentos no pudieron ocultar las lógicas asilares de intervención y la vulneración de derechos en que se encuentran las personas allí internadas. –

Posteriormente, se realizó un reconocimiento judicial complementario del anterior, el día 20-XI-2014, a fin de relevar la documentación de las distintas salas cuya constatación fuera ordenada oportunamente. –

4.1. De las salas de pacientes crónicos relevadas (“Solanet”, “Charcot”, “Lasegue”, “Melendez B” y “Mujeres E”), se advierte como una constante la ausencia de abordajes interdisciplinarios, siendo los tratamientos de carácter puramente médico y, más específicamente, farmacológico. Son muy pocos los pacientes que realizan talleres o actividades extra hospitalarias y, en general, el ocio parece ser la rutina diaria en esos lugares. Durante toda la diligencia, se observó que los pacientes miraban televisión, tomaban mate, deambulaban, o simplemente permanecían sentados o acostados en el piso, en los bancos del comedor o en las camas de los pabellones. Existe una gran cantidad de pacientes sin documentos de identidad, situación que parece natural y no se advierte que las autoridades hayan efectuado trámite alguno para su obtención. Según lo manifestado por el personal tratante, en la mayoría de los casos son pacientes sociales, de escasa o nula contención familiar, que si bien tienen o pueden recibir el alta médica, no es posible su externación dadas las dificultades de trabajar con sus familias para su inserción en la comunidad. –

De las entrevistas realizadas, uno de los pacientes alojados en la Sala “Lasegue” refirió episodios de violencia (golpes en el cuerpo) como una práctica habitual, por parte de un enfermero. Agregó que al enfermero lo trasladaron a otra sala, y que nunca presentó una denuncia por encontrarse acostumbrado a ese tipo de prácticas. –

Otra característica común de estos lugares es la ausencia absoluta de intimidad por parte de los pacientes, toda vez que las habitaciones son grandes pabellones abiertos, separados sólo por tabiques a media altura, y los baños son múltiples, carecen de puertas de ingreso por lo que puede inspeccionarse a simple vista desde su exterior, al igual que las duchas que carecen de cortinas que provean de intimidad a quien se estuviere bañando. Durante la diligencia ocurrió un episodio que ilustra la gravedad de la situación y de cómo el personal la naturaliza. En la Sala “Agudos Mujeres”, se observó que una paciente salió del baño completamente desnuda y mojada, se dirigió a la oficina donde se encontraba el director de la Sala con personal de éste Juzgado a fin de solicitar shampoo. El director envió a la paciente a pedirlo a otra habitación, aunque no se vio sorprendido por el episodio. –

Con respecto a la infraestructura disponible, los edificios exhiben un deterioro notable. Se verificó falta de mantenimiento en paredes y techos. La humedad es una constante en todos los ambientes, así como el mal olor y la presencia de moscas, situación que se agrava en los sectores de cocina y comedor. Los sectores donde se almacena la ropa presentan una suciedad evidente, mal olor, con colchones apilados y bolsones de ropa sucia. Se observaron instalaciones eléctricas precarias, falta de pintura en techos, paredes y marcos de aberturas, oxido, vidrios rotos, presencia de telarañas en los techos de los baños y de cucarachas en la cocina y en contacto con insumos de cocina como platos, vasos y bolsas de pan. Los espacios carecen de aislación adecuada, constatándose -además de vidrios rotos en todas las salas-, en una de ellas un agujero en la pared de aproximadamente 30 cms. de diámetro que comunica al exterior y cuya data el personal no supo referir (Sala “Lasegue”), y en otras dos goteras en los techos, que según los enfermeros en días de lluvia la situación se torna gravísima (salas “Melendez B” y “Mujeres E”). –

En términos análogos se expidieron los peritos de la Asesoría Pericial La Plata. –

Con respecto a la Sala “Lasegue”, Amancay Tancredi - Lic. en Trabajo Social- dictaminó que no existen dispositivos integrales ni estrategias institucionales que tiendan a la construcción de la rehabilitación psiquiátrica y social, con la consecuente reinserción de los pacientes en el ámbito comunitario. “Esta carencia conlleva indefectiblemente a la cronificación – cosificación institucionales de las personas residentes con padecimiento mental, con pérdida de la percepción personal, de la autonomía relativa, de hábitos sociales y de higiene, de lazos afectivos primarios, etc.” (conf. fs. 9 del expte. 31.147 -D-). María del Carmen Badaloni -Psicóloga- valoró que en lugar de asegurar la recuperación de los pacientes, la ausencia de un abordaje interdisciplinario es más proclive a la pérdida de una alternativa terapéutica acabada y acorde a los fundamentos científicos que la disciplina podría brindarle actualmente (conf. fs. 19 vta.). Marlene Mezza Reynaga -médica psiquiatra- destacó la desprolijidad y las falencias de las historias clínicas, como el consentimiento informado respecto de los tratamientos que se realizan, que no se halló en ninguno de los casos seleccionados, y “…que se encuentran internados hace varios años con las llamadas actas de urgencia o intervenciones judiciales” (fs. 22 vta. y 29 del expte. 31.147 -D-). –

En cuanto a la Sala “Solanet”, Mariel Lucía Azcacibar –Lic. en Trabajo Social- resaltó la ausencia de equipo interdisciplinario que construya la estrategia de salida del hospital, teniendo en cuenta que en la citada sala se hallan “…aproximadamente un 30% de pacientes en condiciones médico-psiquiátricas de alta y que permanecen en la institución por cuestiones de índole socio-económica-familiar-comunitario”. Agregó que los pacientes “No tienen actividades que organicen su jornada, la que trascurre en un ‘solo estar’ y librada a las posibilidades personales de cada quien. La inexistencia de objetos personales, lugares de guarda privados, de intimidad, conspira negativamente en la construcción respetable de dicha cotidianeidad” (fs. 11 del expte. 31.147 -F-). Karina V. Arcuschin –Psicóloga- manifestó que las historias clínica son difíciles de evaluar por su desorden y porque las evoluciones repiten siempre el mismo contenido, sin demasiadas especificaciones. Que todos los pacientes relevados han ingresado hace por lo menos dos décadas o más. Que no hay psicólogos, que un solo paciente cuenta con acompañante terapéutico con quien realiza actividades sociales semanalmente y que la mayoría son pacientes institucionalizados que no poseen casi referencias que recuerden de su vida fuera del hospital. Que la mayoría posee nula conciencia de su enfermedad y se encuentran temporalmente desorientados. No se consigna trabajo psicológico sistemático para acceder a la desinstitucionalización (fs. 18-19 del expte. 31.147 -F-). Sergio Javier Cuba –médico psiquiatra- indicó que en todos los casos relevados la internación se produjo mediante las llamadas “Actas de Urgencia”, ficha de ingreso por la que antiguamente se ordenaba judicialmente la internación para pacientes acompañados por familiares o por la policía. No se registró ningún consentimiento informado. Evaluó la medicación suministrada a los pacientes y consideró la posibilidad de modificarla por otra con menos efectos colaterales y diferente perfil farmacológico, buscando reducción de drogas y de dosis (fs. 25 vta. y 37 vta. del expte. 31.147 -F-). –

En las Salas “Melendez B” y “Mujeres E”, María Cecilia Rodríguez y Eugenio Camino –psiquiatras- y María Elina del Rosario Hiriart –psicóloga- señalan que la Sala “Melendez B” alberga pacientes con una gran cantidad de años de internación lo cual dificulta las posibilidades de externación, que el 20% de los pacientes carecen de documentación, y que en estos casos hay una mayor necesidad de tener un equipo terapéutico con orientación en rehabilitación física y cuidados generales. Que no obstante hay un solo profesional médico (psiquiatra) y nunca tuvieron equipo interdisciplinario (fs. 7 y 24 vta. del expte. 31.147 -I-). Respecto de la Sala “Mujeres E”, destacan que está orientada a pacientes con menor estadía en el Hospital, lo que se denomina como pacientes sub-agudos (con una estadía mayor a un año) y que por lo general mantienen mayores posibilidades de trabajo en la resocialización. Que ello generó la conformación de un equipo interdisciplinario, pero que en el último año se disolvió porque la Directora de Salud Mental del Hospital creó un dispositivo denominado “Andamiaje”, pero integrado con distintos tipos de pacientes, el equipo fue reubicado y los voluntarios (talleristas y/o terapeutas) dejaron de asistir, ocasionado un cese de funcionamiento del dispositivo alcanzado por el Jefe de la Sala. En la actualidad cuentan con menos recursos, un psicólogo asiste quincenalmente y un tallerista de música concurre voluntariamente los miércoles (fs. 6 y su vta., 24 vta. y 25 del expte. 31.147 -I-). Respecto de la Sala “Melendez B”, la Sra. María Julia Peñalba –Lic. en Trabajo Social-, refirió acerca de la falta de trabajo interdisciplinario, la ausencia de consentimiento informado en las historias clínicas así como de informes sociales que den cuenta de la vinculación de los pacientes con “el afuera”. Destacó que la mayoría de la información sobre familiares no consta formalmente en la documentación sino que fue facilitada por el personal de enfermería, y que no obstante la buena predisposición del personal a cargo, “…ello no alcanza para romper con prácticas de un sistema sostenido desde antaño sobre un concepto positivista de la locura, aun pese a la legislación actual en contrario”. Que la cronificación de los pacientes dificulta el tránsito por un proceso de externación, que no serían capaces de desear, ni buscar otras formas de vida (fs. 14 del expte. 31.147 -I-). En cuanto, a la Sala “Mujeres E”, detalla las actividades que realizan algunas pacientes dentro del Hospital, y que aproximadamente 20 pacientes (sobre 39) cuentan con alguna posibilidad de externación o de vinculación con sus familiares (fs. 15). Menciona que el “dispositivo de andamiaje” cuenta con tres casas de convivencia, talleres de fabricación de bolsas y huerta orgánica, que según el Jefe de la Sala se trata de un dispositivo importante pero que la Sala es notoria la falta de profesionales. Entiende que el trabajo interdisciplinario realizado en la Sala sentó precedentes positivos, impactando directamente en la autonomía y la confianza de las pacientes, pero que la creación de dispositivos intrahospitalarios ha derivado en la migración de profesionales hacia otros ámbitos, sin reemplazo, motivo por el cual la tarea quedó a mitad de camino. Ello si bien puede ser compensado por la iniciativa de algunos profesionales, no se constituye en una estrategia sistematizada y planificada desde la institución (fs. 17). Repara en la necesidad de profesionales del área del Trabajo Social, que articulen las necesidades de los pacientes con su realidad familiar y comunitaria puesto que la historia de vida del sujeto no puede ni debe reducirse a su faceta “clínica”. La inexistencia de dichos profesionales, en ambas salas, resulta una vuelta al punto de partida en concordancia con las prácticas de antaño (fs. 18 expte. 31.147 -I-) –

Por su parte, en la Sala “Charcot”, la Dra. Liliana Edith Rosa -Neuróloga- explica que la misma cuenta con pacientes con patologías crónicas neurológicas asociadas en su mayoría a diversas patologías psiquiátricas (retraso mental, alcoholismo, episodios psicóticos, entre otros), de tiempos prolongados de internación. Más allá de considerar adecuado el tratamiento farmacológico que se efectúa respecto de los cuadros neurológicos de pacientes relevados, entiende ajenos a su especialidad los aspectos relativos a la salud mental y al tratamiento farmacológico de las patologías psicológico-psiquiátricas (conf. fs. 396 y 398 del expte. 31.147 -A-). Agustina Gubia –Lic. en Trabajo Social- indica que la Sala no cuenta con psicólogos ni trabajadores sociales, y no cuenta con psiquiatra estable (sólo de enlace). En cambio, sí cuenta en su planta estable con diversos profesionales de la medicina. El abordaje de los pacientes es puramente médico, y dentro de éste se reduce al farmacológico, las actividades de la Sala se limitan a ver televisión o tomar mate. Agrega que existen algunos pacientes en condiciones de recibir el alta médica, pero que permanecen allí por razones sociales, pero que no existe ningún tipo de trabajo en estrategias de reinserción social, ni de prácticas vinculadas a la potenciación de la autonomía (fs. 399 vta., 400, 401 vta. y 404 vta. del expte. 31.147 -A-). –

En las salas de pacientes agudos, la situación en algunos casos presenta mayor gravedad. –

En la Sala “Agudos Hombres”, a su ingreso se encuentra el salón principal, el cual consta de un televisor, un patio y tres tubos fluorescentes para toda la superficie, lo que a simple vista parece insuficiente. Existen bancos de madera, observándose que tres pacientes se encontraban durmiendo sobre ellos. El baño contiguo cuenta con dos lavabos funcionando y dos inodoros, no hay luz artificial, solo un pequeño ventiluz que da al exterior y agua corriendo por todo el baño llegando casi al salón principal. Las condiciones de higiene eran muy malas y el olor desagradable. Del salón principal se accede a la “sala de visitas” donde hay dos mesas y una silla. Falta un pedazo considerable de techo. En ese lugar los pacientes reciben a sus familiares durante las visitas. El sector que según el personal fuera el consultorio clínico, se encontraba cerrado con llave, el cual no fue abierto porque las llaves solo las tenían los médicos clínicos que en ese momento no se encontraban. El comedor se encontraba en pésimas condiciones, el espacio es amplio pero solo hay dos mesas largas con tablones a los costados, y había agujeros en el cielorraso. En la cocina había un termo tanque que no parecía funcionar, una mesada, un artefacto de cocina y los platos de los pacientes. Los platos y vasos eran de plástico y las cucharas que usan para comer, de plástico descartables. No hay cielorraso en toda la cocina, pudiendo observarse directamente los tirantes de madera. La Jefa del Servicio manifestó que en la cocina no se cocinaba sino que los pacientes recibían la comida de afuera (servicio tercerizado). –

Existe un total de siete habitaciones destinadas al descanso de los pacientes, con cinco camas por habitación. Los colchones son placas de goma espuma sin carteles que indiquen que los mismos sean ignífugos. Dos camas se encuentran sin sábanas y una sin colchón. Todas las habitaciones tienen ventanas que dan al exterior, con rejas y cortinas, poseen dos placares que en la mayoría se encontraban vacíos con insectos en su interior, Asimismo en las habitaciones Nros. 1, 2 y 3 los armarios se encontraban cerrados con candados. Preguntados sobre dicha situación se nos informó que los mismos son armarios destinados a los enfermeros y que solo ellos tienen las llaves, que por no estar presentes no se pudieron abrir. Los baños de los pacientes no tienen luz natural ni artificial, tienen dos duchas, dos inodoros, dos lavamanos y cinco mingitorios. De los lavabos funciona solamente uno y con agua fría únicamente, hay un canasto de alambre con ropa sucia. Las condiciones generales del baño son deplorables, existiendo un muy mal olor en el ambiente, con moscas en todos los sectores, pésimas condiciones de higiene, encontrando en esa oportunidad inodoros con suciedad. –

En el mismo pasillo que conduce a los dormitorios se encuentra el “Depósito de enfermería”. En su interior hay colchones nuevos sin abrir, todos de goma espuma, artículos de higiene y medicamentos. Existe otra habitación de aproximadamente 4 mts. por 2 mts. que el personal denomina “depósito”, que en su interior cuenta con una cama, sábanas y frazadas. A pocos metros se encuentra un consultorio donde hay sillas, una mesa y un pizarrón. Existe otro depósito que se encontraba vacío y por último la Sala de enfermeros que tiene cocina, televisor, baño propio, ventilador y tres matafuegos en condiciones. –

La Sala en general carece de luces de emergencias, los matafuegos que había eran únicamente tres y todos en la enfermería, no hay salidas de emergencia, todas las puertas están cerradas o sin picaportes, no hay señalización de salidas, hay falta de pintura, moscas en todos los sectores, los vidrios en su mayoría están rotos, y la instalación eléctrica es precaria. –

Por su parte, la Sala “Agudos Mujeres” se encuentra integrada por 25 pacientes. Allí trabajan tres psiquiatras, una trabajadora social de planta y enfermeras por turnos de 24 horas. Hay tres o cuatro camas por habitación. No se advierte superpoblación. Si bien los pisos se encontraban limpios en ese momento, como en la mayoría de los pabellones toda la infraestructura de las habitaciones es mala y se encuentra deteriorada, falta pintura y los muebles no tienen puertas. Las camas son de hierro y los elásticos de las mismas de madera entablillada. Las sabanas y cubrecamas, muy deterioradas. Los colchones son placas de goma espuma de baja densidad. Las ventanas se encuentran oxidadas en sus correderas y muy sucias. Todas las habitaciones tienen ventanas que dan al exterior, con rejas, sin cortinas, poseen dos placares que en la mayoría se encuentran vacíos o con muy poca ropa, los radiadores están empotrados y no hay ventiladores. Las conexiones eléctricas son precarias. En las habitaciones vacías se observaron placares cerrados con candado y camas armadas con colchones y sin sabanas. Observamos que en algunas habitaciones las camas se encuentran inclinadas y sin las dos patas delanteras. Los baños son múltiples, sin puertas y con duchas sin cortinas. Uno de ellos sucio y en estado deplorable, con manchas de humedad y sin ningún tipo de intimidad para las pacientes. Luego hay una sala muy espaciosa que el personal denomina “living”. Sus paredes están sucias, faltan vidrios y pintura. A través de una ventana se visualiza un patio sucio con pastos altos y con colchones muy deteriorados tirados en el piso. –

Durante el recorrido se entrevistaron a las pacientes que se fueron encontrando en la habitación o en los pasillos, quienes se mostraron dispuestas al dialogo. Algunas manifestaron que la comida es muy mala, que les suministran al mediodía las sobras del día anterior y que comen polenta en días de mucho calor. Manifiestan que las levantan a las cinco de la mañana y en ese horario no tienen agua caliente. Que las atan con vendas “cuando se brotan”. En el día de la diligencia las pacientes comían hamburguesas con ensalada de vegetales, y dos de ellas manifestaban a viva voz que la comida había “venido mejor”. –

Para la realización de las entrevistas, se tomaron cinco historias clínicas de modo aleatorio. De las mismas se desprende que algunas pacientes realizan terapia ocupacional en talleres de teatro o arte (una paciente adujo hacer murales con tapitas de gaseosas) pero se advierte que es escaso el tiempo que ocupan en esas actividades. Una paciente manifestó que “las atan cuando se brotan pero poco tiempo hasta que el brote pase”. Señalan que la comida es abundante pero de mala calidad. La mayoría no sabe la medicación que toma. Una paciente revela que le inyectan anticonceptivos pero preguntada sobre el uso de los mismos, carecía de información general sobre la sexualidad. Algunas no saben si cobran pensión, y otras se encuentran visiblemente sobre medicadas. Como sucede en general, las pacientes no tienen consigo su DNI y la mayoría no recibe visitas.–

De la selección aleatoria de pacientes, el caso de N. B. exhibe un trato de singular gravedad. De la lectura de su historia clínica se advirtió que el día anterior se le había indicado una medida de aislamiento. Se requirió al Director de la Sala –Sr. Sánchez- el acceso a ese lugar, quien accede a disgusto. Luego de señalar que N. es travesti, que tiene HIV, destaca que días antes habría mordido a una enfermera y ahora la profesional estaría medicada. Indicó que la paciente se encontraba en el living pero que no existía un lugar de aislamiento, aun cuando la historia clínica específicamente se refería a un “aislamiento”. Agrega que N. es hombre y que no tiene que estar con mujeres. Llegados al living se solicitó al Director que nos deje a solas con la paciente y se retira visiblemente molesto. En un rincón sin cama, sobre un colchón de goma espuma roto, sin sabanas y tirada en el piso, se encuentra durmiendo la paciente. El perito psiquiatra interviniente en el acto -Dr. Daniel Rodriguez- entrevista a la paciente, la ayuda a incorporarse y sentarse en una silla. N. se encontraba desalineada, sucia, se rascaba permanentemente la cabeza, apenas se entendía aquello que intentaba expresar. Presentaba una delgadez extrema, la boca inflamada y ausencia de varias piezas dentales. Señalando sus encías balbuceó que no podía comer. Se pudo advertir que estaba muy medicada. El citado perito la ayudó a recostarse. La paciente no podía sostenerse en pie (se documentó con fotografías). –

En la Sala de Recuperación Clínica (también conocida como “Sala de Engorde”), destinada a pacientes que además de padecer alguna afección en su salud mental requieren atención clínica, la situación es calamitosa. Al momento de la constatación, la Sala contaba con 23 pacientes que, en general, se encontraban muy deteriorados. El aseo personal es casi inexistente, la ropa con visibles agujeros y mal estado, muchos estaban descalzos. Un paciente se encontraba acostado en su cama totalmente desnudo. Luego se levantó y se dirigió hacia el baño totalmente desnudo. El personal manifestó que no hay ropa, que la ropa se manda al lavadero del hospital, pero luego no vuelve o vuelve en menor cantidad que la enviada. Que en general la ropa de los pacientes proviene de donaciones que hace la gente. –

Durante el reconocimiento judicial efectuado a la Sala “de Engorde”, se pudo constatar en las habitaciones un marcado olor a orín y excremento. Hay alta presencia de moscas en todas ellas. El personal manifiesta que hay varios pacientes con incontinencia. Que la mayoría no está en condiciones de ir al baño por sus propios medios. Se les provee de papagayos y pañales. En dos de las habitaciones se pudo apreciar charcos de orín en el suelo, y en el pasillo restos de excremento que estaban siendo baldeados por personal de limpieza.-

La infraestructura de la sala es deplorable. Las paredes y techos se encuentran en mal estado, con humedad y oxido, con faltantes de mampostería. Las instalaciones son, en general, precarias. El tablero eléctrico, es muy antiguo y no dispone de ninguna medida de seguridad. Se encuentra en una pequeña habitación cerrada y todos los cables se encuentran salidos, con extremo riesgo para el personal que trabaja en la Sala, quien manifiesta que intentan no ingresar a dicha habitación por temor. Hay un solo baño, con tres inodoros y cuatro duchas. Ninguna de ellas tiene cortinas ni agua caliente. Los sanitarios se encuentran sucios, y el olor es nauseabundo. –

Si bien se trata de una Sala donde específicamente se debe brindar atención médica clínica, el personal manifestó haber faltantes de insumos básicos para su funcionamiento: guantes, jeringas, gasas, agujas, bolsas de colostomía, pañales, no hay toallas y los pacientes después se bañarse se secan con sabanas. Que solo hay tres camas ortopédicas, que son insuficientes y cuando hay algún paciente en crisis o que tiene que dormir semisentado no se lo puede tratar adecuadamente. Que hay cuatro sillas de ruedas para pacientes, pero todas provienen de donaciones o regalos. A su vez, señalaron las enfermeras que los pacientes toman mucha medicación, y necesitan ingerir algún protector gástrico como omeprazol, pero que hay faltantes. Que había un paciente con bronquitis y no hay aspirador. Que hay varios pacientes con EPOC y el oxígeno es insuficiente. Que hay cinco pacientes con diabetes y la provisión de jeringas de insulina son insuficientes. Que en casos de extrema necesidad les solicitan a otras salas. –

Cabe agregar que la Sala no cuenta con médicos clínicos propios, sino que requiere la intervención de los médicos del CAPER, que sólo trabajan durante la mañana. La Sala cuenta con personal de enfermería las 24 horas del día y una médica psiquiatra que sólo trabaja durante la mañana y al momento de la diligencia se encontraba de vacaciones (conf. fs. 1 y su vta. del expte. 31.147 -K-). –

Por su parte, a fs. 27/31 del expte. 31.147 -G- obra la pericia de los Dres. Agustín Manuel Capurro y Pablo José María Vilela, médicos clínicos de la Asesoría Pericial, quienes se constituyeron en la Sala “Clínica Médica de Mentales”, en la Sala de “Rehabilitación Clínica” (o “de Engorde”) y en el Servicio “C.A.P.E.R.” (Consultorio de Atención Primaria en Rehabilitación). –

Con respecto a la Sala de “Clínica Médica de Mentales” (de atención exclusiva a internados en el nosocomio), manifiestan que allí se tratan las patologías agudas que merecen internación clínica y/o quirúrgica ajena a la salud mental (neumonías, infecciones, apendicitis, cirugías traumatológicas, etc.), como un servicio de clínica habitual. El paciente es retirado de su sala habitual, asistido allí hasta estar en condiciones de retorno a su sala de origen, o en caso de ser necesario hay un paso intermedio por la Sala “de Engorde” para “ponerlo en condiciones” (conf. fs. 27 vta./28). En cuanto a ésta última, explican que originariamente recibía pacientes de la clínica de mentales para mejorar su condición clínica previo a su restitución a la sala de origen, atento a que aproximadamente en el año 2000 había un 30% de desnutrición por la crisis económica reinante en el país, esto es al momento de apertura de la sala. Que actualmente, luego del cierre de diversas salas, “…los enfermos remanentes son reubicados donde hay lugar y en esta situación la sala pasó a ser mixta, o sea recibe a enfermos de clínica y a enfermos mentales de las diferentes salas, perdiendo el perfil originario que tenía esta sala en referencia a lo que fuera estrictamente rehabilitación” (fs. 29). Señalan que “dentro de las patologías clínico-quirúrgicas se encuentran enfermos diabéticos, con enfermedad obstructiva pulmonar crónica (EPOC), postquirúrgicos abdominales y traumatológicos, entre otros” (fs. 29 vta.). Luego de relevar el perfil de los pacientes sostienen que la situación de la Sala resulta contraproducente y contraria a las normas médicas, puesto que “no pueden cohabitar enfermos con patologías quirúrgicas, respiratorias, etc. Con otros enfermos que tienen otros hábitos higiénico-dietéticos, entre los cuales llama la atención el tabaquismo, que se practica junto a enfermos con patologías clínicas como las descriptas ut supra” (fs. 30 vta.). Acerca del “C.A.P.E.R.”, indican que se trata de un pequeño edificio donde se encuentran dos medicas generalistas, quienes manifestaron que “luego de varios reclamos recién esa semana se comenzó a construir un baño para los pacientes, ya que los mismos realizaban sus necesidades afuera entre las plantas” (fs. 31). Agregaron los médicos allí presentes que recién el día de la diligencia judicial se encontraba personal municipal en el predio realizando tareas de desmalezamiento y corte de pasto, producto de sus reclamos por los roedores que habitualmente se encuentran “ya que es zona endémica de hantavirus” (fs. 31). Señalan los peritos que “este centro es el corazón de la medicina preventiva y puramente asistencial de los enfermos desde el punto de vista médico generalista; realizando los médicos afectados a este servicio tareas de educación, prevención, promoción de la salud, control metabólico, de anticoncepción y de atención a la mujer, habiendo adherido por gestión de este centro al programa PROGEMA para control ginecológico de las internas” (fs. 31). –
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