Ilósofo religioso danés, cuyo interés por la existencia, la elección y el compromiso individuales tuvo gran influencia en la moderna teología y en la filosofía






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SOREN KIERKEGARD

Filósofo religioso danés, cuyo interés por la existencia, la elección y el compromiso individuales tuvo gran influencia en la moderna teología y en la filosofía occidental, sobre todo en el ámbito del existencialismo. Kierkegaard nació en Copenhague el 15 de mayo de 1813. Su padre era un rico comerciante y un estricto luterano, cuya tenebrosa piedad, dominada por un sentimiento de culpa, y fantasías morbosas influyeron y obsesionaron a Kierkegaard. Sören Kierkegaard estudió teología y filosofía en la Universidad de Copenhague, donde conoció la filosofía hegeliana, contra la que reaccionó con apasionamiento. En la universidad abandonó el protestantismo luterano y durante un tiempo llevó una extravagante vida social y se convirtió en una figura en los teatros y cafés de Copenhague. Tras la muerte de su padre en 1838, sin embargo, decidió reemprender sus estudios teológicos. En 1840 se comprometió con Regine Olson, de 17 años, pero muy pronto se dio cuenta de su incapacidad para aceptar ese vínculo a causa de su naturaleza melancólica y de su vocación filosófica. Rompió el compromiso matrimonial en 1841, pero este hecho fue muy significativo para él y aludió al mismo repetidas veces en sus libros. En esa época se dio cuenta de que no quería ser un pastor luterano. La herencia recibida de su padre le permitió dedicarse por completo al pensamiento filosófico y durante los 14 años que vivió tras este episodio escribió más de 20 obras.

La filosofía de Kierkegaard es una filosofía de la fe, en tanto considera que ésta es la que salva al hombre de la desesperación, siendo esta un arriesgado 'salto' hacia Dios, en quien 'todo es posible'. El hombre solo, ante Dios, siendo nada más que una relación que se relaciona consigo mismo, contrasta con el concepto de Marx y Feuerbach en el que el hombre es cocebido como un conjunto de relaciones sociales.

Todo el pensamiento de Kierkegaard es una reacción contra el idealismo y la religiosidad formalista de la Iglesia oficial danesa y su teología fuertemente dominada por el hegelianismo. Kierkegaard lo hace en nombre del valor del individuo y de una fe personal y trágica.

Kierkegaard es considerado uno de los antecedentes del existencialismo del siglo XX. En efecto, las categorías fundamentales del pensamiento de Kerkegaard son las del 'individuo' existente y sus 'posibilidades'. Lo único real es el 'individuo', el singular opuesto al Absoluto. También se contrapone al 'pueblo' o a la masa anónima... Kierkegaard, no simpatizaba con los ideales revolucionarios y democráticos del siglo XIX. La soledad del individuo es trágica, porque el singular se enfrenta con su existencia que no está determinada por la necesidad (como en Hegel) sino por la 'posibilidad'. Pero 'lo posible' es infinito y hasta contradictorio, porque en la posiblidad todo es igualemente posible. Entonces las alternativas de la vida no pueden conciliarse en una síntesis dialéctica y no tienen solución. El singular siente que reposa sobre la nada y que tiene que elegir. Elegir en el mundo le provoca angustia y elegirse a sí mismo, desesperación, que es la 'enfermedad mortal':

//La nada engendra la angustia (...) Los conceptos de miedo y otros similares se refieren siempre a algo concreto, en tanto que la 'angustia' es la realidad de la libertad en cuanto posibilidad frente a la posibilidad. Esta es la razón de que no se encuentre ninguna angustia en bruto, precisamente porque éte, en su naturalidad, no está determinado como espíritu// Kierkegaard, El concepto de angustia

//La desesperación es una enfermedad propia del espíritu, del yo, y por consiguiente puede revestir tres formas: la del desesperado que ignora poseer un yo (desesperación impropiamente tal), la del desesperado que no quiere ser sí mismo y la del desesperado que quiere ser sí mismo. (...) La relación enre el alma y el cuerpo es una simple relación. Por el contrario, si se relaciona consigo mi sma, entonces esta relación es lo tercero positivo, y esto es cabalmente el yo// Kierkegaard, La enfermedad mortal

El trabajo de Kierkegaard es poco sistemático de un modo intencionado y reúne ensayos, aforismos, parábolas, cartas ficticias, diarios y otras modalidades literarias. Muchos de sus ensayos fueron, al principio, publicados bajo seudónimos. Aplicó el término existencial a su filosofía porque consideraba a ésta como la expresión de la vida individual examinada con intensidad y no como la construcción de un sistema monolítico a la manera del filósofo alemán del siglo Georg Wilhelm Friedrich Hegel, cuyo trabajo criticó en Notas concluyentes no científicas (1846). Hegel afirmó haber conseguido un absoluto entendimiento racional de la vida humana y de la historia, Kierkegaard, por el contrario, resaltó la ambigüedad y la paradójica naturaleza de la situación de los hombre. Afirmaba que los problemas fundamentales de la existencia desafían una explicación racional y objetiva; la mayor verdad es subjetiva.

Kierkegaard mantenía que la filosofía sistemática no sólo impone una falsa perspectiva de la existencia humana, sino que también, al explicar la vida en términos de necesidad lógica, se convierte en una manera de evitar la elección y la responsabilidad. Creía que los individuos crean su propia naturaleza a través de su elección, que ha de hacerse sin el peso de normas universales y objetivas. La validez de la elección se puede determinar tan sólo de una forma subjetiva. En su primer gran trabajo O lo uno o lo otro (2 volúmenes, 1843), Kierkegaard describió dos esferas o ámbitos de existencia entre las que podía escoger el individuo: la estética y la ética. La vía estética de la vida es un hedonismo refinado, que consiste en una búsqueda del placer y el cultivo de la apariencia y las formalidades. El individuo que ha seguido la vía estética busca la variedad y la novedad en un esfuerzo por evitar el aburrimiento pero al fin tiene que enfrentarse a éste y a la desesperación. El camino de la vida ética implica un intenso y apasionado compromiso con el deber y con obligaciones sociales y religiosas incondicionales. En sus últimos trabajos, como Estudios en el camino de la vida (1845), Kierkegaard percibe en este sometimiento al deber una pérdida de responsabilidad individual y propone un tercer nivel, el religioso, en el que uno se somete a la voluntad de Dios, pero, al hacerlo, encuentra la auténtica libertad.


En Temor y temblor (1846) Kierkegaard se centra en el mandamiento de Dios según el cual Abraham ha de sacrificar la vida de su hijo Isaac, un acto que viola las convicciones éticas de Abraham. Éste da muestra de su fe al someterse al mandato de Dios, incluso aunque no lo pueda comprender. Esta 'suspensión de la ética', como lo llamaba Kierkegaard, permite a Abraham alcanzar un auténtico compromiso con Dios. Para evitar la desesperación última, el individuo tiene que dar un 'salto de fe' similar en una vida religiosa, que es en sí misma paradójica, misteriosa y se halla plagada de riesgos. Uno está llamado a ello por el sentimiento de la angustia, El concepto de la angustia (1844) que, en última instancia, es un temor a la nada.

Hacia el final de su vida, Kierkegaard se vio sumido en el núcleo de agitadas controversias, sobre todo con la iglesia luterana danesa, a la que consideraba mundana y corrupta. Sus últimos trabajos, como La enfermedad mortal (1849), reflejan una idea cada vez más pesimista del cristianismo que enfatiza el sufrimiento como esencia de la verdadera fe. También redobló sus ataques, dirigidos contra la moderna sociedad europea, que denunció en La era actual (1846) por su falta de pasión y sus valores cuantitativos. La tensión producida por sus numerosos escritos y las controversias en que participó, minaron poco a poco su salud; en octubre de 1855 se desmayó en la calle y murió el 11 de noviembre de 1855 en Copenhague. La influencia de Kierkegaard se circunscribió al principio a Escandinavia y a la Europa de habla alemana, donde su trabajo tuvo un fuerte impacto en la teología protestante y en escritores como el narrador checo Franz Kafka. Cuando, a principios del siglo XX, el existencialismo surgió como un movimiento generalizado en Europa, las obras de Kierkegaard fueron traducidas con profusión y se le reconoció como a una de las figuras clave de la cultura moderna

  1. Introducción


Kierkegaard no fue un filósofo sistemático, de hecho se manifestó en contra de los sistemas. Pero vemos que en sus obras están presentes algunos temas centrales como la libertad, la persona, la nada y lo absoluto, la angustia, la desesperación y el pecado. El tema del mal no fue tratado explícitamente como tal por el filósofo pero es evidente que en los temas arriba citados está el sustrato del mal. El tema del mal está muy relacionado con su concepto de persona y de libertad por lo que no se puede hablar del uno sin hablar de las otras. Por eso, primero analizaremos estos últimos conceptos para poder comprender el mal.



2. Algunos datos sobre Kierkegaard

Soren Kierkegaard nació en Copenhague el 5 de mayo de 1813. Físicamente era jorobado y algo deforme; tenía una pierna más larga que la otra. Su padre era un rico comerciante y un estricto luterano, cuya tenebrosa piedad, dominada por un sentimiento de culpa, y fantasías morbosas influyeron y obsesionaron a Kierkegaard.

Estudió teología y filosofía en la Universidad de Copenhague (1830), donde conoció la filosofía hegeliana, contra la que reaccionó con apasionamiento. En la universidad abandonó el protestantismo luterano y durante un tiempo llevó una extravagante vida social, en situaciones conflictivas y atormentadas, convirtiéndose en una figura en los teatros y cafés de Copenhague. Concluyó sus estudios hacia 1841 con la redacción de una tesis sobre el concepto de ironía.

Tras la muerte de su padre en 1838, Kierkegaard tuvo una profunda experiencia religiosa que lo llevó a intensificar su dedicación y concentración en problemas religiosos. No en vano su filosofía se ha caracterizado como un existencialismo cristiano. En 1840 se comprometió con Regine Olson, de 17 años, pero muy pronto se dio cuenta de su incapacidad para aceptar ese vínculo a causa de su naturaleza melancólica y de su vocación filosófica. Rompió el compromiso matrimonial en 1841, pero este hecho fue muy significativo para él ya que le enseñó a ser poeta y escritor, porque liberó en él la primera ola impetuosa de su actividad estética y aludió al mismo repetidas veces en sus libros. En esa época se dio cuenta de que no quería ser un pastor luterano. La herencia recibida de su padre le permitió dedicarse por completo al pensamiento filosófico y durante los 14 años que vivió trace este episodio escribió más de 20 obras.

La filosofía del danés tiene tres características básicas que deben ser tenidas en cuenta: está encuadrada dentro del romanticismo, es mayormente una respuesta a Hegel y está teñida por una introspección marcada por la propia historia de Kierkegaard. Esto hace presente ese subjetivismo (que no es relativismo) del que tanto habla, la lucha para restaurar la existencia (lo concreto) frente a lo absoluto de Hegel, la lucha por reivindicar la libertad perdida en la marcha de la conciencia y la presencia del pietismo, la melancolía y la culpa, productos de su propia experiencia personal.



3. El hombre y la elección de la vida

En sus primeros trabajos, Kierkegaard dice que hay dos tipos de vida, que llama estético y ético. Más tarde, cuando Kierkegaard ha madurado su teoría, son tres los estadios fundamentales en el camino de la vida: las esferas de existencia que marcan un itinerario individual: el estético, el ético y el religioso.

Al estético, sin embargo, le da un significado diferente del que usualmente le damos, quiere decir lo inmediato y sensual que es el punto inicial de vida de todo hombre. Una vida basada en el plano estético lleva sólo a la desesperación. Porque según la opinión de Kierkegaard, el hombre lleva en sí algo más que no será satisfecho por una vida sensual. Este algo más es lo eterno. El hombre está hecho de partes diversas y opuestas. Él es una síntesis de cuerpo y espíritu, de temporal y eterno, de finito e infinito, de necesidad y libertad. Es característico del estético, sin embargo, que pone demasiado énfasis en una parte de la síntesis: lo corporal, lo temporal, lo finito y lo necesario. Sin embargo la otra parte no es por ello para nada menor y continuamente se hace sentir por la ansiedad.

El término que mejor describe este llamado del espíritu en el mundo sensual es la angustia. La angustia es una indicación de que el hombre tiene lo eterno en sí mismo. Sin lo eterno no habría angustia. Pero el hombre que ha sentido la angustia dentro su yo y que todavía persiste obstinadamente en tener una existencia en la esfera sensual, terminará en la desesperación.

Pero el hombre que a través del llamado de la desesperación ha sentido la ineficiencia de una vida en la esfera estética y en la desesperación, y no permanece allí, es suficientemente maduro para elegir algo más y entrar en la esfera ética. Esto es indicado por el hecho de que lo eterno ha afirmado su reclamo en el hombre quien no sólo lo acepta sino que cree en la posibilidad de realizar los reclamos éticos en lo temporal, en el mundo de los sentidos.

El esteta vive inmediatamente la relación con la vida como placer y como representación del placer. Su esfera es el juego, la imaginación y su vida es como un teatro. Kierkegaard representa al estético en los mitos literarios de Don Juan y Fausto y en el personaje del seductor Juan, que el filósofo crea fundiendo elementos de la propia experiencia autobiográfica.

Don Juan (de Mozart) representa el poder y el placer de la seducción inmediata, que a línea sus conquistas, una junto a la otra, como una sucesión indefinida de instantes, es la pura fuerza del eros.

Fausto, según la interpretación de Kierkegaard, encarna en cambio el juego del conocimiento, el pacto demoníaco con Mefistófeles obliga a Fausto a la búsqueda sin descanso del conocimiento absoluto y también a dudar de todo, a no poder detenerse frente a alguno.

También Fausto es seductor, pero de una sola mujer, Margarita, ya que en el poder absoluto sobre una mujer, que él conquista gracias a su superioridad intelectual, él encuentra "un momento de presente", un "instante de reposo" frente a la nada que lo amenaza y que su escepticismo le propone continuamente.

Juan, finalmente, se coloca, en el arco de la seducción estética, en el polo puesto con respecto a Don Juan: su diario, El diario de un seductor, que hizo célebre a Kierkegaard, narra la trama sutil en la que él envuelve a la joven Cordelia para conquistarla y abandonarla después. La seducción deviene acá escritura, forma literaria. Juan no goza del poseer, sino de la representación de la conquista.

Evita la posesión porque el éxito de la seducción pone fin al placer, implica en cierto modo comprometerse con la realidad, mientras que lo que interesa es la idea, la imaginación. La categoría estética en la que vive Juan es una categoría de la reflexión porque en ésta el sujeto no está atento a los contenidos sino a los modos, no vive y no goza de las cosas sino de su anticipación y su recuerdo. Juan transforma su deseo y su seducción en una obra de arte. No satisfaciendo más que en idea, no traduciéndose nunca en la realidad, su deseo puede permanecer indefinidamente abierto.

Juan representa la vida estética en su grado más refinado y más alto. El esteta está privado de un contenido real, de la propia subjetividad: existe solamente en la imaginación porque no se ha elegido nunca a sí mismo en la realidad. Él vive en el horizonte de la posibilidad infinita sin concluir jamás el movimiento de la realización. Su personalidad está por eso dispersa en la multiplicidad, la unidad de su Yo es ilusoria y evanescente. No se revela nunca al mundo, no arroja nunca la máscara: se representa y se muestra como un enigma, del cual él mismo queda prisionero constantemente. Su vida está privada de duración porque se agota en la fijeza de los instantes que sucesivamente se van disipando. Él se queda en lo que ya es, sin poder devenir.

Así, la libertad pierde sentido, deja de ser libertad. Porque el simple pensar me presenta varios maneras de actuar. Una cosa es la reflexión sobre el actuar pero en sí misma la pura reflexión no es decidir. Abre sólo el abanico de posibilidades. El acto de elegir es optar por una posibilidad, corto de alguna manera la reflexión, rompo la cadena de la reflexión. La voluntad libre consiste precisamente en la elección y en la realización de lo elegido.

La vía estética de la vida es un hedonismo refinado, que consiste en una búsqueda de placer y el cultivo de la apariencia y las formalidades. El individuo que ha seguido la vía estética busca la variedad y la novedad en un esfuerzo por evitar el aburrimiento pero al fin tiene que enfrentarse a éste y a la desesperación.

El camino de la vida ética implica un intenso y apasionado compromiso con el deber y con obligaciones sociales y religiosas incondicionales. La vida ética está caracterizada por la seriedad y consistencia de las elecciones morales. Aún una persona virtuosa puede eventualmente cansarse de ser siempre dedicada y meticulosa. Mucha gente experimenta una suerte de reacción de fatiga en su vida. Algunos recaen en una vida reflexiva sobre su estadio estético. Pero otros hacen un nuevo salto hacia el estadio religioso.

En sus últimos trabajos, como Estudios en el camino de la vida (1845), Kierkegaard percibe en este sometimiento al deber una pérdida de responsabilidad individual y propone un tercer nivel, el religioso, en el que uno se somete a la voluntad de Dios, pero, al hacerlo, encuentra la auténtica libertad.

A continuación incluimos un cuadro sobre los tres estadios como síntesis del tema.

Estadios

Escalas en el ser personal

Características

Estético

Existencia

El hombre se conforma con una vida placentera exenta de dolor y de compromiso. La preocupación aquí es arrancarle a la existencia el máximo placer posible, aunque después desemboque en la nostalgia, la insatisfacción o el anhelo de vivir pasados goces. Lo bueno para el esteta es todo aquello que es bello, que satisface o que es agradable. Este hombre vive enteramente en el mundo de los sentidos y es un esclavo de sus propios deseos y estados anímicos.

Ético

Ser en sí

El hombre se afirma cada vez más en el amplio tejido de las relaciones humanas, el hombre descubre en sí mismo la verdad, que es la subjetividad. En este estadio se manifiesta el sentimiento de responsabilidad ante compromisos adoptados. El individuo se decide por el matrimonio, por una profesión o una actividad social, etcétera.

Religioso

Trascendencia

Éste es el estadio al que se llega mediante una relación subjetiva muy personal y auténtica con Dios por medio de la fe. Representa el paso definitivo que tiene que dar el hombre. Sólo si renuncia a sí mismo, para superar las limitaciones que la realidad le impone, accede a lo trascendente, a Dios y a la verdadera individualidad.

La persona es tal, piensa Kierkegaard, por estar delante de Dios, por ser existencia dialogada entre el yo humano y el Tú de Dios. El hombre es verdaderamente persona cuando sale al encuentro de Dios, que es el Trascendente, el Tú. Sólo en referencia a Él puede hablarse del ser personal del hombre.



La angustia

El concepto de la angustia se ocupa de la sexualidad, tomada como el elemento constituyente en el concepto de pecado original.

La angustia es el sentimiento que aferra y domina al hombre cuya síntesis se ve amenazada por el hecho de que un aspecto –el cuerpo, lo temporal, lo necesario – está tomando el control. La angustia es una voz de alarma, aunque puede ser también la tentación para un nuevo pecado.

"El hombre no es consciente de la culpa porque peca, sino que peca porque es consciente de la culpa" dice con palabras muy cercanas a Freud.

El hombre que, a través de la voz de la angustia, se ha dado cuenta de la ineficiencia de la esfera estética y sensual, ha alcanzado la madurez para elegir algo más e ingresar en la esfera ética. Pero ocurre lo mismo en la esfera ética: debemos distinguir entre distintos estadios.

En el más bajo el hombre todavía piensa que solo encontrará las exigencias de la eternidad en el mundo temporal. En el estadio más alto, el hombre ético ha descubierto qué poco puede lograr por sus propios esfuerzos. El hombre que se ha dado cuenta de esto se ha convertido en suficientemente maduro como para cruzar de la esfera ética a la religiosa, que está basada en este reconocimiento de la ineficiencia del esfuerzo humano.

La paradoja y el salto para llegar a la fe

La encarnación es ella misma una paradoja; en parte porque significa la aparición de lo infinito en el tiempo que ninguna mente humana puede terminar de comprender, y en parte porque Dios, libre de culpa, debe ser absolutamente diferente del hombre, cuyo destino yace en la falsedad desde que vive en el pecado.

Y una vez que nos encontramos ya ante la paradoja, surge necesariamente un nuevo elemento, la fe. Kierkegaard desarrolló un concepto de veras extremado de la fe: la fe en Dios es una obediencia que exige dejar a un lado todos los conceptos humanos.

El hombre se encuentra entre dos polos: la nada (el pecado) y lo absoluto (Dios). El hombre debe elegir entre la nada y lo absoluto. El hombre decide de su ser, de su vida mediante su libertad. El ser del hombre oscila entre la nada de la cual viene, la nada y el pecado que lo tira para abajo, que lo conduce a la desesperación (por apartarlo de su fin) y la opción por lo absoluto, que es Dios (tensión dialéctica). En cada instante de su vida, el hombre vive dentro suyo esta cierta oposición de optar por Dios. La angustia es el resultado de esa tensión, de tener que elegir.

Esa tensión dialéctica que tiene el hombre encuentra su cauce en Jesucristo, que es hombre y es Dios. En Jesucristo se sintetizan tiempo y eternidad. Entonces, en el seguimiento de Jesucristo está la solución para la existencia humana.

Lo que cada persona es depende de su libertad, de lo que quiere hacer. El hombre no se salva si no es pegando el salto de la fe, salto por el cual opta por Dios. Acá Kierkegaard dialoga con Hegel: dice que no es una misma cosa religión y filosofía. Hay una cierta ruptura entre ambas y por eso hace falta un salto. Salto cualitativo entre lo que entiende la inteligencia humana y lo que acepta por fe. El punto de Arquímedes de la libertad es la opción por el absoluto, desde allí se mueve todo.

En Temor y temblor (1846), Kierkegaard se centra en el mandamiento de Dios según el cual Abraham ha de sacrificar la vida de su hijo Isaac (Gen 22, 1-19), un acto que viola las convicciones éticas de Abraham. Éste da muestra de su fe al someterse al mandato de Dios, incluso aunque no lo pueda comprender. Esta "suspensión de la ética", como lo llamaba Kierkegaard, permite a Abraham alcanzar un auténtico compromiso con Dios. Para evitar la desesperación última, el hombre tiene que dar un salto de fe similar en una vida religiosa, que es en sí misma paradójica, misteriosa y se halla plagada de riesgos. Uno está llamado a ello por el sentimiento de la angustia que, en última instancia, es un temor a la nada.

Los hombres que realizan el salto, escogen la fe al placer estético y al llamado de la razón al deber. Y aunque puede ser "terrible saltar en los brazos abiertos del Dios vivo", como Kierkegaard dice, "es el único camino a la redención."

La angustia para Kierkegaard, es, en efecto, algo distinto de un concepto. La obra que irónicamente titula El concepto de la angustia está firmada por Vigilius Haufniensis, uno de los múltiples heterónimos tras los que elige ocultarse. Al poner en conjunción los términos "concepto" y "angustia", Kierkegaard lleva a cabo una operación inédita en la historia de la filosofía. Quiere poner de manifiesto que la angustia no tiene su lugar propio en el terreno del concepto, sino que es una nota distintiva del ser humano; no es un "estado de ánimo" pre-conceptual que posteriormente el pensamiento conceptual venga a esclarecer; sino que constituye en sí misma una experiencia decisiva en la vida del hombre. La angustia abre la posibilidad de que su ser se salve o se condene. Por ello, también el subtítulo del libro es un juego irónico: Simple investigación psicológica orientada hacia el problema dogmático del pecado original. Lejos de ser un fenómeno psicológico, la angustia compromete el ser del hombre en su integridad; desborda totalmente los límites de la psicología. Sobre todo en su vertiente patológica. Kierkegaard reconoce en la experiencia de la angustia una posibilidad de franqueamiento, de apertura.

También Lacan, para quien la angustia no es un concepto, sino más bien "lo que viene al lugar de un concepto". La suspensión que precede a un franqueamiento. El efecto sobre el cuerpo y el ánimo del abismo irreconciliable que existe entre lo finito y lo infinito, dirá Kierkegaard. Inminencia de lo real, dirá Lacan, Vivencia de la heterogeneidad radical entre el significante y el objeto. Para el autor danés, desamparo que nos deja suspendidos en la nada, una nada que no es abstracción, sino algo muy concreto que no puede cernirse en la razón unificadora, pues es el resultado del torbellino de existir; un "temple de ánimo", dirá Heidegger, su heredero. La angustia no es, entonces, un mero estado psicológico, ni patológico. Tampoco se corresponde con el miedo, pues su rasgo principal es la indeterminación; frente al miedo en tanto respuesta a una amenaza concreta. No es aniquilación, es hundimiento. Y es en la retroactividad de su contemplación -una vez pasado el afecto- que se revela que el objeto de la angustia no era nada. Aunque esa atmósfera de embarazo y caída es el lugar donde la nada, en tanto presencia pura, viene a revelarse.

Kierkegaard, como Lacan, sabe que no se trata de filosofía, sino de literatura: "La ficción literaria provee de una especie de punto ideal " (Seminario 10, 61). Y la ficción de que se vale aquí Kierkegaard es el mito del pecado original. Las ficciones que envuelven a la doctrina religiosa. Ficciones, escrituras que cumplen para el autor danés una función de sinthome. Sabe que su salvación está en dar envoltura irónica y humor al goce, la duda y la desesperación.
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