La diversidad Cultural en el Desarrollo de las Américas




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Organización de Estados Americanos
La diversidad Cultural en el Desarrollo de las Américas

Los pueblos indígenas y los estados nacionales en Hispanoamérica
Rodolfo Stavenhagen

El Colegio de México

Latinoamérica en el mundo multicultural


  1. En el mundo globalizado de hoy, la diversidad cultural está al orden del día. Se habla isistentemente de pluralismo cultural y multiculturalidad, de culturas híbridas y sincretismos culturales, del derecho a la diferencia y de las políticas culturales diseñadas para respetar la diversidad y promover el entendimiento mutuo entre culturas. La Declaración Universal sobre Diversidad Cultural, adoptada por la UNESCO en noviembre 2001, afirma que la diversidad cultural como realidad de nuestro mundo debe expresarse en las políticas de pluralismo cultural para la inclusión y participación de todos los ciudadanos.




  1. La economía no se queda atrás. Los consorcios fabricantes de artículos y servicios de consumo identifican --y crean—nichos culturales para sus productos y orientan su publicidad hacia estos mercados específicos para aumentar ventas y beneficios. La “diversidad cultural” es una estrategia para conquistar mercados. En Estados Unidos, por ejemplo, los afronorteamericanos y los “hispánicos” constituyen más que grupos o comunidades étnicas—ahora son categorías específicas de consumidores. En las grandes ciudades globales de nuestro continente, los barrios chinos, italianos, griegos, árabes, africanos, indios, mexicanos etc. son espacios de “identidades” mantenidas y construídas en base a tradiciones y prácticas culturales, relaciones sociales y mundos simbólicos diferenciados pero al mismo tiempo compartidos. Pero también son promovidos por los medios y las superempresas. Sin duda el mayor impacto sobre estas identidades lo han tenido las industrias culturales de audio y video (radio, TV, cine) que generan corrientes masivas de sonidos e imágenes, es decir mensajes, para todos los gustos y todas las particularidades. Si bien esta oferta proviene sobre todo de unas cuantas empresas altamente concentradas, su producción incorpora elementos de numerosas tradiciones culturales y étnicas, y sus destinatarios son igualmente heterogéneos y diversificados.




  1. La nueva importancia que se atribuye a la heterogeneidad cultural tiene consecuencias profundas para las políticas culturales y educativas, así como las económicas y comerciales. Hay quienes afirman que en este mundo globalizado vamos hacia la uniformización cultural por lo que estarían en juego las identidades nacionales de los países, y al peligrar estas peligraría también la soberanía nacional. ¿Qué importancia habremos de atribuir al pronóstico de que pronto habrá una sola cultura “universal”, que todos los países se están “americanizando”, que las distintas culturas nacionales tendrán que desaparecer irremediablemente, o que a final de cuentas lo cultural está subordinado nada más a las leyes de la demanda y la oferta del mercado? ¿O bien, por el contrario, qué significa la teoría muy de moda actualmente que el mundo está profundamente dividido por fracturas culturales y religiosas que conducen inevitablemente a un choque de civilizaciones? Ante estas previsiones se puede advertir, más bien, la coexistencia de múltiples tendencias y corrientes culturales que se entrecruzan y entrelazan en el escenario mundial. El fenómeno cultural tiene muchas vertientes, y para tener un panorma más claro de lo que está en juego será preciso analizarlo desde distintos ángulos. Los hechos culturales son complejos porque en ellos intervienen tanto las voluntades humanas individuales como los procesos colectivos y el peso de los fenómenos estructurales e históricos.




  1. Todo lo anterior no es ajeno al continente americano. Al despuntar el siglo XXI con su nuevo y preocupante tamiz de guerra de religiones y sus fundamentalismos excluyentes como parámetros para normar las relaciones internacionales (“Jihad vs. Cruzada”), lo cultural adquiere renovada relevancia. Ni los esencialismos irreductibles e irreconciliables ni la fusión amorfa de identidades y culturas corresponde a la realidad de nuestros días, y la región americana constituye a su manera un buen ejemplo de esta problemática contemporánea.




  1. Por razones de espacio limitaré mi discusión en los párrafos que siguen a la región conocida actualmente como Latinoamérica, especialmente la de habla hispana.


El pasado que nos acompaña


  1. Las primeras culturas del continente americano datan de unos 40,000 años y pertenecen a pueblos cazadores y recolectores nómadas, que migraron del norte hacia el sur en sucesivas oleadas migratorias que tuvieron su origen en las estepas asiáticas antes de atravesar el estrecho de Bering. Nada ha quedado de las teorías que alguna vez postulaban la originalidad de un "hombre americano". La unidad de la especie humana es un hecho científicamente irrefutable y los espacios americanos se fueron poblando a lo largo de decenas de miles de años como lo fueron también otras partes del mundo a partir de un origen común de la especie humana que probablemente se encuentra en Africa.




  1. La sedentarización de los pueblos nómadas ocurrió en estas tierras como en otras regiones, acompañada de avances tecnológicos en la agricultura, la construcción de edificios en piedra y tierra, el desarrollo de la alfarería, la cestería, los tejidos en telares, y probablemente una organización social ligada a la vida en asentamientos permanentes con manifestaciones religiosas y políticas de las que poco se sabe actualmente. Hace alrededor de cuatro mil años se fueron identificando ciertas áreas en las que ocurrió la primera gran revolución histórica de este continente, la domesticación de especies silvestres de plantas alimenticias. El maíz y el frijol en el norte y la papa y la quinoa en el sur fueron la base de complejos económico-alimenticios que siguen caracterizando en gran medida los modos de vida de las poblaciones sobre todo rurales de Mesoamérica y de la región andina respectivamente, y que constituyen un aporte original y permanente de los pueblos autóctonos americanos a la cultura humana. (La domesticación de una variedad de arroz ocurrió más tarde en algunas zonas de América del Norte). Cabe subrayar que hasta la fecha los complejos del maíz y de la papa siguen siendo el fundamento de la cultura de subsistencia de millones de campesinos, hecho que no pueden dejar de considerar los diversos programas de desarrollo agrícola y rural.




  1. En Mesoamérica y los Andes se desarrollaron posteriormente las "altas civilizaciones" (Incas, Mayas, Aztecas) caracterizadas por una economía diversificada, impresionantes centros urbanos y ceremoniales, una magnífica arquitectura monumental, variadas y ricas manifestaciones artísticas, una organización estatal centralizada, jerarquizada y teocrática, complejas religiones politeistas, el expansionismo militar, conocimientos técnicos y astronómicos altamente especializados; inicios de matemáticas y geometría, escritura jeroglífica, uso de moneda como medio de intercambio y de acumulación , joyería y orfebrería preciosas etc.




  1. El estado actual de nuestros conocimientos permite suponer que el desarrollo tecnológico, social y cultural de los pueblos autóctonos americanos ocurrió en forma autónoma, en aislamiento de procesos semejantes que tuvieron lugar en otras regiones del mundo. Sin embargo, no se excluyen posibles contactos marítimos entre Sudamérica y Polinesia que hubieran podido conducir a intercambios culturales, de cuya existencia son testimonio elementos de la cultura material así como lingüísticos. Es menos probable que las altas civilizaciones asiáticas hayan tenido influencia directa en el arte maya o inca, como propuisieron en el pasado algunos investigadores.




  1. A principios del siglo XVI, el Tahuantinsuyu ("Cuatro Regiones Unidas Entre Sí") se extendía a lo largo de la cordillera andina desde el sur de Colombia hasta el norte de Argentina y Chile. El estado inca, con sus dos históricos centros en Cuzco y Quito, y con numerosos centros secundarios, dominaba una compleja red de interrelaciones económicas entre zonas ecológicas diversas, en las que circulaban personas y bienes. La tecnología agrícola del cultivo en andenes (terrazas) permitió utilizar al máximo la difícil topografía de la cordillera andina. La prestación de servicios rotativos, conocida como mita, constituía la base del dominio de los curacas, vinculados a su vez por relaciones de reciprocidad a los señores incas. La agricultura, ganadería y pesca generaban excedentes que permitían el florecimiento de actividades artesanales y artísticas, políticas y religiosas. Los depósitos de alimentos, bajo control del estado, servían para redistribuir la riqueza y asegurar un mínimo de bienestar a toda la población. Con el quipu, los incas llevaban su contabilidad y registraban hechos históricos.




  1. Más al norte, en las tierras cálidas de Centroamérica se desarrolló a partir del siglo III de nuestra era la cultura maya, derivada de la de los olmecas, con sus centros ceremoniales, sistema contable, escritura ya prácticamente descifrada en la actualidad, escultura en madera, piedra y cerámica, así como el renombrado arte plumario. Tal vez con la intensiva agricultura de quema y roza en los bosques tropicales se fue agotando la capacidad de la tierra para mantener una creciente población. Tal vez los campesinos subordinados se rebelaron contra los sacerdotes dominantes de los centros ceremoniales. Acaso ocurrieron epidemias u otras catástrofes naturales.



  1. Los especialistas no tienen aún una respuesta satisfactoria, pero el hecho es que a partir del siglo IX, por razones no del todo esclarecidas, las grandes ciudades mayas del sur fueron abandonadas y con el tiempo el centro de la cultura maya se trasladó a la península de Yucatán, en donde se dio un segundo florecimiento maya. Aquí se construyeron ciudades monumentales conectadas entre sí por caminos de piedra cortados a través de la selva (sac’be); fue perfeccionado el calendario, la matemática y la escritura jeroglífica. En las tierras calcáreas yucatecas más áridas los suelos son pobres y la agricultura de "roza y quema" se practicaba sobre una ecología frágil. A finales del siglo diez los mayas habían sido conquistados por toltecas provenientes del centro de México, y en el XVI fueron diezmados por el conquistador español.




  1. En el altiplano central de México, la región del Anáhuac, encontró a su vez el mayor esplendor el estado azteca durante los dos siglos anteriores a su destrucción por los invasores españoles. La civilización mexica sintetizó e incorporó los logros anteriormente alcanzados por las demás culturas mesoamericanas. Su arquitectura y escultura monumental rivalizaban con la de los incas. El desarrollo urbano de Tenochtitlan, la ciudad fincada en un lago, superaba todo cuanto el urbanismo había alcanzado en otras partes del mundo en aquella época. La agricultura de chinampas, que aún se practica en la actualidad, había logrado altos rendimientos en la producción alimentaria. El calendario azteca era más exacto que el europeo. Los códices sagrados sintetizaban el conocimiento existente. La organización social estaba basada en la comunidad local de parentesco, el calpulli, núcleo de tenencia de la tierra y actividad económica (a semejanza del ayllu en el Tahuantinsuyu). La organización teocrática y militar del Anáhuac en sus últimas etapas, que lo condujeron a una rápida expansión territorial, subrayaron también su fragilidad política y aceleraron su caída ante el invasor español.




  1. En la periferia de los estados centralizados (llamados "imperios" por los observadores europeos), así como en los vastos espacios de Norteamérica, se consolidaron otras unidades políticas y sociales, menos estructuradas y con menor desarrollo tecnológico, pero también con asentamientos permanentes como en el suroeste de EE.UU.. En la cuenca del Caribe florecieron sociedades agrícolas aldeanas que no llegaron a desarrollar centros urbanos ni estructuras políticas centralizadas y jerarquizadas. En cambio, son conocidas por sus variadas obras artísticas en orfebrería, cestería y alfarería. Los pueblos indígenas de las Antillas, arawak y caribes, grupos de cazadores, recolectores, agricultores y pescadores, mantenían relaciones con los pueblos de la costa norte de Sudamérica y con América Central.




  1. Las costas del Pacífico dieron albergue a numerosas sociedades sedentarias que se extendieron en el sur hasta Tierra del Fuego y en el norte hasta Canadá. En las tierras bajas de la vertiente atlántica, en las llanuras y las pampas, los desiertos y los esteros, las estepas y las selvas tropicales de la cuenca amazónica, desde la Patagonia hasta el Orinoco, ocuparon el vasto espacio sudamericano innumerables pueblos con su identidad propia, diferenciados por la lengua, sus tradiciones y la especialización económica, pero participando en común de una herencia cultural muy antigua, propia de todos los pueblos autóctonos americanos y resultado de un desarrollo endógeno milenario al margen de otras corrientes culturales en otras partes del planeta.




  1. Poco se sabe de la cultura no material o espiritual de aquellos pueblos que poblaron el espacio americano, a excepción de lo que nos han transmitido algunos cronistas del siglo XVI, recopilaciones y crónicas que sin duda han sido mediatizadas por la ideología europea de la época de la conquista. Salvo los mayas y aztecas, los demás pueblos autóctonos eran ágrafos, y si bien existían pinturas conteniendo crónicas históricas, inscripciones en monumentos y esculturas de piedra, códices, tejidos y bordados con signos y símbolos, el legado "escrito" de aquellas culturas es frágil y la tradición oral, que subsiste en algunas partes hasta hoy día, se fue transformando a lo largo del tiempo. En todo caso, la escritura, en la medida en que existió, fue privilegio de los sacerdotes, pertenecientes a la casta dominante, y desapareció con ellos. Muchos documentos indígenas fueron destruidos por los inquisidores españoles en su afán de extirpar las idolatrías.




  1. Dos elementos resaltan de aquellas variadas manifestaciones culturales que por su vitalidad y persistencia se expresan incluso hoy día entre múltiples pueblos indígenas del continente, ya que subyacen a toda la cosmovisión indígena de América. En primer lugar, la concepción cíclica del tiempo, que hace compleja una visión lineal de la historia y a la vez condiciona la percepción del presente y del futuro. La visión no lineal del paso del tiempo contraviene la idea del “progreso” y complica las tareas de la modernizacion. En segundo lugar, es preciso subrayar la relación especial entre el ser humano y la naturaleza, particularmente la tierra. En el mundo andino, la figura de la pachamama, la madre tierra, domina la actividad de los hombres y sus relaciones con la naturaleza, los animales y los demás seres humanos. La tierra, madre y origen de todos los bienes humanos, es también elemento central de la cosmovisión maya y de otros pueblos autóctonos de América.



  1. La herencia cultural de estos pueblos se manifiesta hoy día a dos niveles. Por una parte, existen decenas de miles de sitios arqueológicos que son testimonio mudo de la pujanza de aquellas sociedades. Sitios que revelan desde primitivas aldeas y asentamientos cuyo origen se sitúa hace cuatro o seis milenios, hasta las monumentales ciudades de Macchu Pichu y Uxmal que existían en el siglo XVI y en algunos casos sobrevivieron -como Macchu Pichu- al primer embate de la conquista militar española. No fue sino hasta entrado el siglo XX que algunos gobiernos latinoamericanos asumieron sistemáticamente la exploración y el estudio de las antiguas culturas del continente a través de las exploraciones arqueológicas y los estudios etnohistóricos. Además de los numerosos restos que han sido saqueados o destruídos, existen muchos miles de sitios de las civilizaciones antiguas que no han sido aún explorados y cuyo estudio en el futuro aportará nuevas luces sobre la época precolombina.




  1. La investigación del pasado indígena no responde nada más a un afán científico o académico. En efecto, algunas naciones –como México—consideran la exploración, preservación y reconstrucción de las zonas arqueológicas como un objetivo de política cultural que fortalece la identidad nacional del país, el cual fue asumido por el Estado como tarea propia, aunque no necesariamente prioritaria, durante buena parte del siglo veinte. El reconocimiento de los valiosos aportes culturales de las antiguas civilizaciones indígenas refuerza los vínculos con el pasado histórico del país y procura superar simbólicamente el trauma de la conquista y la colonización a la vez que fortalece el discurso de una nación mestiza basada en el sincretismo de sus culturas originarias. Aunque no todos los países de la región latinoamericana encaran de la misma manera la interpretación de su pasado indígena, es notable el papel social y aún ideológico que ha podido jugar la investigación antropológica. La conservación y revaloración de ese patrimonio cultural es tarea urgente que debiera ser una prioridad de las políticas culturales en la región ya que las culturas prehispánicas constituyen un substrato común y compartido de la identidad americana.




  1. El otro nivel de expresión de las civilizaciones autóctonas se encuentra en las culturas indígenas vivas y contempóraneas de América: sus lenguas, ceremonias, fiestas, danzas, música, vestimenta, artes manuales, conocimientos médicos y farmacológicos, tecnología agrícola y de construcción, organización social y política de las comunidades, costumbre jurídica, filosofía, religión y cosmovisión. Es cierto que estas manifestaciones culturales ya no existen en estado "puro" y han sufrido numerosas transformaciones a lo largo de cinco siglos. Los elementos externos y foráneos apropiados por los pueblos indígenas fueron muchos, el proceso de transculturación ha sido amplio. Sin embargo, la presencia de las antiguas culturas de América a través de los diversos y numerosos pueblos indígenas contemporáneos, es mayor de lo que generalmente se admite. Pese a la ruptura dramática del siglo XVI, la América profunda late con vitalidad en el corazón del continente.


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