I facultades cognitivas. Sensación y Percepción. Imaginación, Memoria y Olvido. La Inteligencia




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FILOSOFÍA y CIUDADANÍA

UNIDAD 4: EL ESTUDIO PSICOLÓGICO DEL SER HUMANO








UNIDAD 3
EL ESTUDIO PSICOLÓGICO DEL SER HUMANO

ÍNDICE
INTRODUCCIÓN

I. LA NATURALEZA DE LA MENTE.

I.1. CONSCIENTE E INCONSCIENTE.

I.2. ESTADOS MENTALES Y PROCESOS MENTALES.

I.2.1. FACULTADES COGNITIVAS.

- Sensación y Percepción.

- Imaginación, Memoria y Olvido.

- La Inteligencia.

I.2.2. ESTADOS AFECTIVOS.

II. RELACIÓN MENTE-CEREBRO.

II.1. DUALISMO.

II.2. MONISMO.

II.3. MÁS ALLÁ DEL DUALISMO Y EL MONISMO.

III. LA CONDUCTA HUMANA.

III.1. CONDUCTA HEREDADA O CONDUCTA APRENDIDA.

III.1.1. EL APRENDIZAJE.

A. TEORÍAS ASOCIATIVAS.

B. TEORÍAS COGNITIVAS.

III.1.2. LA MOTIVACIÓN.

III.2. RASGOS ESENCIALES DE LA CONDUCTA HUMANA.

INTRODUCCIÓN. LA VIDA PSÍQUICA
El comportamiento es la respuesta, la reacción del individuo frente a la realidad. Tiene una doble vertiente que es necesario diferenciar. El comportamiento humano tiene una dimensión externa y observable, puesto que la constituye todo aquello que decimos, hacemos o producimos como consecuencia de lo que vemos, sentimos, olemos... La otra forma de responder es interna e inobservable, la vida psíquica. Los sentimientos, las emociones, los recuerdos, los deseos... son algunos de los estados y fenómenos mentales que la realidad despierta en nosotros. Estas actividades o fenómenos constituyen la vida psíquica de cada individuo, la cual puede ser más rica, compleja y gratificante que la vida pública o externa.
I. NATURALEZA DE LA MENTE
Muchos autores consideran la mente como el conjunto de los fenómenos mentales. Si fuese posible que en estado consciente no tuviese lugar ningún proceso mental, y no estuviésemos imaginando, ni sintiendo, ni recordando (cosa poco probable según estos autores), entonces la mente se desvanecería, desaparecería, ya que no es más que estos fenómenos. Además, considerar la mente de este modo no comporta negar la identidad y continuidad que tenemos como personas. Los recuerdos (un tipo de fenómeno mental) son lo que nos permite reconocernos como personas con continuidad e identidad en el tiempo.
Sin embargo, a muchos autores identificar la mente con los fenómenos psíquicos (recuerdos, creencias, deseos, ideas...) los deja un poco insatisfechos. Se resisten a aceptar que sea únicamente un conjunto de fenómenos mentales, porque eso implicaría que, cuando no pensamos en nada, cuando no tenemos ninguna creencia, ningún deseo o recuerdo... entonces, la mente desaparece.
Para estos autores, la mente es algo que permanece, el soporte de los estados mentales, y que se mantiene aunque éstos desaparezcan, de manera similar a como el aparato de televisión constituye el soporte de películas, anuncios y documentales, y continúa existiendo aunque lo apaguemos y nos vayamos a dormir. La mente, por lo tanto, sería una entidad que nos daría continuidad e identidad como personas.
Pero ¿qué diferencia estos fenómenos (recordar, creer o desear) de otro como correr o jugar al tenis? Veamos cuáles son las propiedades que distinguen los fenómenos mentales de los físicos:


  • La intencionalidad: Es la propiedad que tienen nuestras creencias, recuerdos, deseos… de referirse o de tender a algo que le es diferente. Así, siempre son recuerdos, sentimientos, deseos de algo. Por ejemplo, el recuerdo de un amigo, el deseo de beber agua o el sentimiento de tristeza en una despedida. No es preciso, evidentemente, que este objeto tenga una existencia real: puedo estar pensando en un centauro o imaginando un viaje que nunca haré. El caso, no obstante, es que siempre tienen contenido, siempre se refieren a algo: no es posible estar pensando en nada.


Este rasgo es diferenciador. Nos permite distinguir los estados mentales de otros estados y posibilita el conocimiento de la realidad, ya que nos permite representárnosla, o sea, tenerlo de modo intencionado y virtualmente el objeto en nuestra cabeza, sin poseerlo de forma física.


  • La intimidad: Es la propiedad que tienen los fenómenos mentales de ser inobservables para las demás personas; es decir, directamente accesibles para el sujeto que los posee, pero inaccesibles para los demás. Así, yo tengo un contacto directo e inmediato con mis recuerdos, miedos, sentimientos o creencias. En cambio, para el resto de los individuos todo esto permanece escondido y oculto; sólo por medio de mis explicaciones pueden hacerse una idea de lo que me pasa por la cabeza.



I.1. CONSCIENTE E INCONSCIENTE
Nuestros estados mentales son íntimos porque somos conscientes de ellos, porque podemos acceder a ellos directa e inmediatamente a ellos en exclusividad.
Así, cuando pienso, recuerdo, siento... me percato de lo que pienso, recuerdo o siento. Este percatarme, este darme cuenta de lo que me sucede es lo que tradicionalmente se ha llamado conciencia.
Muchos pensadores han destacado el hecho de que al percatarme de lo que me sucede, al ser consciente de mis estados mentales, también soy consciente de mí mismo. Así, convenimos que la conciencia no es tan sólo percatamos de nuestros estados y procesos mentales, sino también tomar conciencia de nosotros mismos, teniéndolos. Por este motivo, muchos pensadores coinciden en señalar

que la conciencia siempre es autoconciencia; es decir, conciencia de uno mismo como ser que piensa, recuerda o desea."
La conciencia y la intimidad han sido valoradas como lo específico y característico del psiquismo humano. En este sentido, tradicionalmente se han identificado mente y conciencia. No obstante, si mente y conciencia son lo mismo, eso significa que todo cuanto forma parte del psiquismo humano es obligatoriamente consciente. Por lo tanto, el sujeto (cada uno de nosotros) sería un observador privilegiado de sus pensamientos y sentimientos.
A partir de Freud, se cuestiona y se pone en tela de juicio que realmente tengamos un conocimiento tan privilegiado de nosotros mismos. Aunque es cierto que los fenómenos que llamamos psíquicos o mentales son íntimos y, por lo tanto, asequibles para nosotros, pero no para los demás; también es cierto que ni siquiera nosotros poseemos un conocimiento completo de nuestra vida psíquica.
Algunos aspectos y fenómenos mentales permanecen ocultos incluso para el propio sujeto. Freud, que había estudiado Medicina, pronto se interesó por las enfermedades nerviosas. Mientras trataba la histeria intuyó que había algo de lo que los pacientes no eran conscientes, pero que influía poderosamente en su estado de ánimo. En una de sus primeras obras, Estudios sobre la histeria (1895), escrita en colaboración con uno de sus colegas, dio a conocer las bases de la teoría que más tarde lo haría famoso, el psicoanálisis.
El psicoanálisis es tanto una terapia para tratar trastornos mentales como una teoría sobre el ser humano y su mente. Como teoría destaca por la defensa de la existencia de estados mentales inconscientes y porque reivindica su importancia en la determinación de la conducta humana.
Según la concepción psicoanalítica, no todos los fenómenos mentales son conscientes. De hecho, la mayoría no lo es y los que lo son tienen poca fuerza. Para Freud, el verdadero motor de nuestra conducta no son nuestros deseos y creencias conscientes, sino los impulsos primarios (instintos o pulsiones), los cuales, a pesar de ser inconscientes, tienen fuertes repercusiones en nuestro comportamiento.
Estos impulsos o instintos se ponen a las convenciones y normas sociales que la conciencia ha interiorizado. Precisamente, por ello conviene que se mantengan ocultos. La represión es el mecanismo psíquico que asegura que los contenidos mentales peligrosos permanezcan escondidos. Sin embargo, dado que la fuerza de estos instintos para aflorar a la superficie e imponerse a la conciencia es muy grande, existe una serie de mecanismos para satisfacerlos de forma socialmente aceptable. Uno de estos mecanismos es la sublimación.
Según el psicoanálisis, la sublimación es la canalización inconsciente de un deseo inaceptable en una actividad cultural aceptada y considerada superior. Por ejemplo, para Freud, la amistad es una sublimación del deseo sexual. Como la sublimación es un mecanismo inconsciente, el individuo mismo a menudo desconoce la causa real de muchas de sus acciones: satisfacer estos instintos inconscientes. Conductas como la dedicación al trabajo, la creación de obras de arte, la amistad pueden ser formas de satisfacer estos deseos.
Aunque muchas ideas del psicoanálisis han sido revisadas, se le reconoce el descubrimiento del inconsciente. Hemos de aceptar que de nuestra vida psíquica sólo somos conscientes en parte y que existen procesos psíquicos bastante influyentes, pero de los que no nos percatamos. Por ejemplo, seguro que más de una vez has actuado sin saber por qué lo hacías o te has engañado a ti mismo sobre las razones que te han empujado a actuar de una manera determinada, y hasta más tarde no has sido consciente de cuáles eran los motivos de tu conducta.
I.2. ESTADOS Y PROCESOS MENTALES
En lo que hemos catalogado como fenómenos mentales, existe una gran variedad y complejidad. Sin embargo, es posible simplificarlo clasificándolos en dos grandes grupos, según sean fruto de facultades cognitivas o, más bien, constituyan estados afectivos.
I.2.1. FACULTADES COGNITIVAS.
SENSACIÓN Y PERCEPCIÓN


  • ¿QUÉ ES SENSACIÓN?


Se puede definir la sensación como el proceso simple a través del cual el mundo se pone en contacto con nosotros, o como el efecto que produce en nosotros un estímulo. La sensación es, por lo tanto, la forma más básica de conocimiento. A través de la sensación recibimos datos simples acerca del mundo: colores, formas, sensaciones táctiles (liso, rugoso, duro, blando, frío, caliente, etc.), sensaciones olfativas, sensaciones gustativas (agrio, sa­lado, dulce, etc.), etc.


  • EVOLUCIÓN DE LA CAPACIDAD SENSITIVA


Esta capacidad de ser afectado por los estímulos externos surgió y se desarrolló paralelamente al proceso evolutivo de las especies (en tanto la capacidad de conocer el medio supuso una ventaja adaptativa).
Como ejemplo vamos a explicar, de modo muy esquemático (tal como lo hace Nicholas Humphrey en Una historia de la mente), el proceso que siguió la evolución del sentido de la vista:
1. En un primer momento surgieron organismos primitivos que (de modo similar a las amebas actuales) disponían de zonas sensibles a la luz (y quizá a otros estímulos como determinadas concentraciones de sal, vibraciones mecánicas, etc.) distribuidas por todo su cuerpo. A estas zonas especial­mente sensibles a determinado tipo de estímulos les llama­mos receptores.
2. Con el tiempo estos receptores fueron especializándose, con lo que surgieron, por ejemplo, receptores sensibles úni­camente a la luz (fotorreceptores), que fueron agrupándose dando origen a manchas oculares, tal como se encuentran en los actuales celentéreos. Estas manchas oculares constituyen una primitiva retina.
3. En un tercer momento estas manchas oculares adopta­ron una forma cóncava, ya que ésta tiene la ventaja de poder detectar más fácilmente la dirección de la luz. .
4. Esta forma cóncava evolucionó hasta dar lugar a una auténtica cámara fotosensible, a partir de la cual se desarrolló una córnea (como en los actuales anélidos y moluscos), después un cristalino, un iris, una serie de nervios que transmiten los impulsos de la retina al cerebro, etc.
El proceso por el que aparecieron otros órganos sensoriales distintos (tacto, oído, etc.) fue similar.



OBJETIVISMO Y SUBJETIVISMO DE LOS QUALIA
Normalmente tendemos a creer de modo espontáneo que las cualidades sensibles (también llamadas qualia) forman parte del mundo externo. Así creemos que el «rojo» está en el lápiz, lo «dulce» en el azúcar, lo «rugoso» en la pared, etc. Esta atribución de las cualidades a las cosas externas es conocida como realismo de las cualidades u objetivismo.
El representante más señalado del objetivismo de los qualia es Aristóte­les. Según Aristóteles las cualidades sensibles están «insertadas» en las sustancias. Si bien Aristóteles sostiene también que dichas cualidades se hallan en estado potencial en el alma humana, donde son ac­tualizadas (es decir, pasan de ese estado potencial a un estado actual) por la presencia de las cualidades externas.
Frente al objetivismo está la actitud contraria que consiste en sostener que los colores, olores, etc., no son sino las sensaciones que dejan en no­sotros determinados estímulos externos que no tienen por qué tener pareci­do alguno con tales sensaciones. Tales sensaciones son por lo tanto subje­tivas, es decir, están en el sujeto y no en las cosas.
Uno de los representantes más señalados de las tesis subjetivistas (o idealistas) fue Locke (filósofo empirista inglés, 1630-1704). Aunque Locke distinguía entre lo que llamaba cualidades primarias: tales como la exten­sión, la figura, el movimiento, las cuales tienen una realidad objetiva; y las cualidades secundarias tales como los colores, los olores, los sabores, etc., las cuales son meramente subjetivas.
Hoy se puede decir que las sensaciones son el producto del encuentro, esto es, de la interacción, de los estímulos procedentes de los objetos ex­ternos, con los receptores y el sistema nervioso del sujeto. Tal encuentro da origen a una nueva realidad emergente. (En el lenguaje del psicólogo español José Luis Pinillos, las cualidades sensibles son un fenó­meno transistente).
La aparición de la sensación en el mundo puede ser entendida como la aparición de un nuevo tipo de fenó­menos, no estrictamente materiales los fenómenos psíquicos, que se irían haciendo más complejos hasta alcanzar la enorme complejidad de la vida psíquica hu­mana.




  • ¿QUÉ ES PERCEPCIÓN?


La percepción es un proceso cognitivo de naturale­za más compleja que la sensación, pues tiene que par­tir de los datos sensoriales. La percepción puede defi­nirse como el proceso mental de organización e interpretación de las sensaciones. Según esto, la per­cepción tiene dos momentos fundamentales: 1) La sensación (= captación); y, 2) la interpretación.
Imaginemos a modo de ejemplo que nos dispone­mos a comer una fruta. Al dirigir hacia ella nuestra vista captamos una serie de colores (gamas de color rojo, rosado y verde); al olfatearla captamos un determinado olor; y una gama de sensaciones táctiles (dureza, ter­sura) cuando la cogemos; y un sabor agridulce, al pro­barla. Ahora bien, toda esa serie de datos no la capta­mos aisladamente, sino que todo eso lo vemos unificado en un “objeto” al que identificamos en este caso como una «manzana». Pues bien, cuando capta­mos esos colores, olores, texturas, etc., independiente­mente unos de otros estamos recibiendo sensaciones. Cuando todas esas sensaciones son organizadas formando un objeto único al que identificamos como una «manzana» estamos percibiendo.
La percepción no es, por lo tanto, un simple registro de datos. Si el mun­do nos fuese dado únicamente a través de las sensaciones inmediatas no encontraríamos en él nada que fuese permanente y sólido, sería un continuo caos cambiante, como un caleidoscopio. La relativa solidez que posee el mundo en el que vivimos la proporciona la interpretación a que son someti­dos los datos sensoriales por parte de nuestras estructuras psíquicas.



  • FACTORES QUE INTERVIENEN EN LA PERCEPCIÓN



Como ya hemos dicho en el anterior apartado, para que haya percepción es necesario que se den dos procesos: (1) Sensaciones. (2) La organización e interpretación de esas sensaciones.
Las sensaciones son obtenidas a través de órganos complejos a los que llamamos sentidos, en los que se encuentran células especialmente sensi­bles a determinado tipo de estímulos (los receptores).
La organización e interpretación de esas sensaciones permite integrarlas dentro de la vida global del individuo donde únicamente adquieren sentido. Esta organización e interpretación de las sensaciones viene posibilitada por tres tipos de estructuras mentales: (1) Estructuras innatas, los llamados elementos configuradores, que imponen reglas a los datos percibidos. (2) Es­tructuras adquiridas como consecuencia del uso del lenguaje: conceptos y símbolos. (3) Un tercer tipo de factores de naturaleza más variable vincula­dos a las experiencias personales del individuo.



  • SENTIDOS Y SENSACIONES




    • Estructura y elementos de los sentidos


Los sentidos constituyen la parte puramente física de la percepción. Constan de tres grupos de elementos:
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