Elementos para la discusión sobre educacion y desarrollo. Responsabilidad de la academia en la construcción de un proyecto político para la región del meta




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Educación y Desarrollo en el departamento del Meta

Después de abordar diferentes miradas sobre educación y desarrollo se relacionarán estas dos dimensiones en el contexto específico del departamento del Meta, a partir de las siguientes consideraciones:
a) El crecimiento económico seguirá existiendo en formas cada vez más depuradas de capitalismo globalizado; sin embargo, podría desempeñar un papel provechoso en la construcción de una visión de desarrollo alterno, siempre y cuando sea asumido en relación directa con el desarrollo social con equidad. Sin embargo, posicionar una visión alterna de desarrollo no es un proceso lineal ni existe un camino expedito para lograrlo teniendo en cuenta la complejidad de factores externos e internos que impactan al departamento del Meta, tal como el PNUD lo refiere para las dimensiones política y socioeconómica, estudio que es tenido en cuenta al momento de estructurar el Plan de Desarrollo de esta entidad territorial (2012- 2015):

Son causas políticas, aquellas estructurales como la debilidad institucional, el desequilibrio de poderes, la exclusión política y la escasa participación política de fuerzas diferentes a las tradicionales, la falta de opciones y oportunidades para que los ciudadanos metenses se expresen y participen libremente, así como las limitadas relaciones entre el centro y la región; de otro lado, los factores socioeconómicos hacen referencia entre otros a la inequidad en el territorio que se refleja en la distribución y concentración y uso de la tierra; finalmente, las causas relacionadas con la seguridad evidencian la presencia y transformación de los diferentes grupos armados al margen de la ley, el narcotráfico y la sistemática violación de los DDHH e infracciones al DIH13.
b) El modelo de desarrollo neoliberal ha demostrado resultados sociales negativos, aún en países que tienen un desarrollo económico superior a los latinoamericanos, efectos precisados por Bourdieu de la siguiente manera:

La política neoliberal puede juzgarse hoy por los resultados conocidos por todos, a pesar de las falsificaciones, basadas en manipulaciones estadísticas, que quieren convencernos que Estados Unidos o Gran Bretaña llegaron al pleno empleo: se alcanzó el desempleo en masa; apareció la precariedad y sobre todo la inseguridad permanente de una parte cada vez mayor de los ciudadanos, aún en las capas medias; se produjo una desmoralización profunda, ligada al derrumbe de las solidaridades elementales, incluidas las familiares, con todas las consecuencias de ese estado de anomia: delincuencia juvenil, crimen, droga, alcoholismo, regreso de movimientos fascistas, etc.; se destruyeron las conquistas sociales y hoy se acusa a quienes las defienden de ser conservadores arcaicos. A todo esto se agrega la destrucción de las bases económicas y sociales de los logros culturales más preciados de la humanidad. La autonomía de los universos de producción cultural respecto del mercado, que no había cesado de crecer a través de las luchas y sacrificios de los escritores, artistas y sabios, se halla cada vez más amenazada (Bourdieu, 2006:32)14.

c) Si bien la reconversión del modelo de desarrollo neoliberal no es viable desde la región del Meta por sus características de alta complejidad, por sus implicaciones internacionales (la centralización del capital no está en Colombia sino en los países del norte; la nacionalización de la banca, por ejemplo) y porque los asuntos de política internacional son del resorte nacional; aún así es posible construir un proyecto político de resistencia, desde y para la región del Meta, en prospectiva, descentralizado, con participación activa del Estado, del sector privado - productivo, de las comunidades, de la academia y de la educación, como actores sociales imprescindibles. Se trata de construir una especie de reingeniería social que permita fortalecer lo económico, la cultura sobre lo público, la cultura política, la cultura ambiental, lo ético. En palabras de Bourdieu:

Debemos desarrollar nuevas formas de combate para contrarrestar adecuadamente la violencia de la opresión simbólica que poco a poco se ha ido instalando en las democracias occidentales (...). Es en la esfera intelectual donde los intelectuales deben sostener el combate, no sólo porque es allí donde sus armas gozan de mayor eficacia, sino también porque las nuevas tecnocracias consiguen imponerse frecuentemente en nombre de la autoridad intelectual. La nueva demagogia se apoya principalmente en las encuestas para legitimar las medidas represivas contra los extranjeros, o las políticas culturales hostiles a la vanguardia. He aquí por qué los intelectuales deben disponer de medios de expresión autónomos que no dependan de subvenciones públicas o privadas y organizarse colectivamente, para poner sus propias armas al servicio de los combates progresistas (Bourdieu, 2006: 49-50)15.

El sentido de lo propuesto por Bourdieu permite valorar la innegable responsabilidad y el compromiso de la academia como actor social frente a la construcción de un desarrollo alternativo que puede ser realidad a partir de la producción y gestión del conocimiento en el ámbito regional y local sobre los diversos aspectos sociales, productivos, de suelo, ambientales, ecológicos, políticos, proceso que demanda disponer de conocimientos técnicos científicos para la creación y fortalecimiento de los observatorios sobre desarrollo regional y local; para la formulación y uso de indicadores apropiados para el seguimiento y evaluación de los procesos y de los resultados. De igual forma, para disponer y difundir información validada y veraz tanto a la administración pública como a los demás actores sociales de manera que se facilite la toma de decisiones con carácter vinculante.

Ahora bien, desde la dimensión ética, la academia no puede ignorar que el conocimiento no es neutro en tanto comporta diferentes tipos de interés. Más allá del interés técnico para explicar, predecir y controlar los fenómenos estudiados, desde allí se puede generar conocimiento que supere el sentido positivista y que ahonde en la comprensión de los fenómenos estudiados, como también que permita formular propuestas viables para prevenir, transformar, reparar daños sociales, ambientales y de otro orden, a partir del reconocimiento de los saberes, expectativas y necesidades de los propios afectados.

En todo caso, la contribución de la academia en la producción de conocimiento es indispensable porque este es la base para tomar decisiones acertadas y confiables. El Conocimiento permitiría, por ejemplo, mostrar evidencias empíricas sobre las consecuencias de posicionar la explotación minera, de hidrocarburos, o los monocultivos, sobre los derechos de las personas, sobre los derechos de pequeños y medianos productores, así como las afectaciones negativas a comunidades rurales, indígenas, y campesinas.

Investigaciones que den cuenta de la ocupación del suelo y que permitan hacer veedurías oficiales y ciudadanas, proponer estrategias técnico - científicas sobre el equilibrio entre monocultivos, la gran industria y pequeñas y medianas explotaciones agropecuarias que contribuyen efectivamente a garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria. Para ello, se podría incentivar desde los pregrados y postgrados la cultura del buen uso del suelo, del agua y de las explotaciones silvopastoriles que además de generar beneficio a la explotación ganadera contribuyen a mantener un medio ambiente sano por su capacidad para minimizar los efectos del bióxido de carbono y garantizar mayores niveles de oxigenación.

De igual forma, le compete a la academia llevar al ámbito de lo público las reconsideraciones críticas sobre el crecimiento económico que genera el sector privado - productivo, haciendo ver que el fin no justifica los medios.

Sin dejar de reconocer que el sector privado - productivo es uno de los actores sociales que genera mayor crecimiento económico en la región del Meta, desde la academia se pueden evaluar los impactos sobre el medio ambiente y los recursos naturales, sobre los pequeños y medianos productores, como también el trasfondo de las políticas que se han venido adoptando para dar cabida a los macroproyectos y con ellos, a los nuevos usos del territorio para la explotación de hidrocarburos, minería, monocultivos, en terrenos que antes estaban dedicados a la ganadería extensiva. Según lo registra el Plan de Desarrollo Económico y Social del departamento del Meta para el periodo 2012-2015, “Juntos construyendo sueños y realidades”, página 8, existen 12 grandes inversionistas y grupos empresariales (Santodomingo, Sarmiento, Mazuera, Santos Calderón, entre otros) que para producir monocultivos de maíz, soya, caucho, cerdos, piña, café, palma, arroz, caña, yuca, etanol, ocupan terrenos que oscilan entre 5.000 y 17.000 hectáreas.

Es desde la academia que se podrían realizar estudios sobre la forma como se está planificando el desarrollo, sobre la disposición de reglas y condicionamientos en torno a límites, alcances y condiciones de explotación del suelo para que los gobiernos regionales y locales puedan definir con base en fuentes de información validada, de indicadores ambientales y de conocimiento, dónde se puede permitir la explotación de recursos y a qué niveles; en qué casos se debe negar, independientemente de la ganancia, porque existe, por ejemplo, una reserva de agua, o porque se trata de un nicho ecológico que lo único que admite es protección.

Desarrollar investigación y producir conocimiento que le permita al gobierno departamental y local definir estrategias de monitoreo, producir y utilizar indicadores y mediciones sobre niveles de contaminación, exigir el uso de tecnologías de bajo impacto ambiental y ecológico, demostrando por qué la estrategia estatal de imponer multas para compensar el daño ecológico resulta en muchos casos inadecuada frente a los altos índices de contaminación que no pueden ser reparados con dinero. Así mismo, conocimiento que sirva de base para impedir actividades no sostenibles, es decir aquellas cuyos impactos son mayores que los beneficios.

En el Proyecto Político al cual se alude, la academia también podría contribuir a definir con los distintos actores locales, y de cara al gobierno nacional, regional y local, bajo qué condiciones pueden entrar los inversionistas, previo esclarecimiento sobre los sectores económicos estratégicos, definiendo qué se puede y se debe incentivar y qué es necesario desincentivar. De acuerdo con las características de la región ¿qué niveles mínimos de contaminación se pueden admitir, o no? ¿Cómo armonizar, la explotación de hidrocarburos y la minería con la agricultura a través de estrategias y modelos que no sean mutuamente excluyentes? o si llegan a serlo, ¿con qué criterio se puede definir el modelo de desarrollo económico? ¿Qué es lo que debe prevalecer? interrogantes que ponen en evidencia el papel central de este actor social en la disposición de observatorios regionales, como también, la articulación del desarrollo con la ciencia, la tecnología y la innovación.

De otra parte, se requiere que frente a las grandes explotaciones agropecuarias que están tomando fuerza, la academia lidere estrategias de formación teórico - práctica a productores agropecuarios, particularmente a pequeños y medianos, tendientes a generar competencias básicas para crear y fortalecer redes productivas sostenibles (cooperativas, asociaciones), sin perder de vista las señales orientadoras del mercado, de manera que produzcan lo que más y mejor pueden producir.

De igual forma, le compete a la academia formar a sus estudiantes en el reconocimiento de la organización comunitaria como doliente de lo público y como orientadora de las políticas públicas: desde la perspectiva del desarrollo como crecimiento económico existe el predominio de los principios liberales en los que la política se ejerce con una visión atomística, fundada en el individuo como eje y en la sumatoria de estos como participantes comprometidos con la convivencia pacífica, el respeto a las personas y a sus bienes, con un tipo de igualdad formal y nominal ante la ley y ante el Estado. Este sentido de la política no es propicio para la construcción de un Proyecto Político alterno, en tanto se limita a que el individuo se adapte al orden establecido por el régimen y por el sistema político, lo que lleva a que los movimientos sociales, las culturas, las diferentes formas de organización y de participación política que emergen por fuera de los límites estatales sean ignorados.

Frente a esta visión, el Proyecto Político propuesto incluiría una noción de la política articulada a la cultura y con ella, a la cultura política: "La cultura es política porque los significados son elementos constitutivos de procesos que, implícita o explícitamente, buscan dar nuevas definiciones del poder social"16, por ello, "Se trata de la visibilización de numerosas formas de vida y prácticas culturales que comportan prácticas políticas"17, que atañen al género, a los derechos humanos, a lo étnico, a lo ecológico - ambiental, entre otros, de lo cual se infiere que las personas, las ONGs, los movimientos sociales en general, no buscan satisfacer únicamente el bienestar material, esto es, bienes y servicios. Este nuevo sentido de la política abarca desde el ejercicio de deberes y derechos establecidos por el régimen político, la participación a través del sufragio, el control y veeduría a la administración y a la gestión de lo público y demás formas y mecanismos institucionales, hasta prácticas culturales con sus imaginarios, valores y subjetividades, que comportan el ejercicio de la política, por fuera de lo institucionalizado, por ejemplo la emergencia de contraculturas.

Transitar del reconocimiento de una sola cultura política a las culturas políticas (en plural), demanda al gobierno departamental y a los gobiernos locales disponerse a actuar como interlocutores válidos de ellas, porque la legitimidad del proyecto político y de las políticas públicas que lo estructuren, depende de ello.

Concluyendo, se afirma que frente al crecimiento económico como única medida del desarrollo, la región del Meta puede propiciar la construcción de un Proyecto Político de desarrollo alterno, con participación activa del Estado, de las organizaciones comunitarias, del sector privado - productivo y particularmente, con la participación cualificada, oportuna y pertinente de la academia como actor social imprescindible, pues es allí donde se supone que se gestan los nichos de pensamiento y la producción de conocimiento técnico - científico, indispensables para visionar y materializar el desarrollo con equidad en esta entidad territorial.
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SEN, Amartya. Las teorías del desarrollo a principios del siglo XXI. En: El desarrollo económico y social en los umbrales del siglo XXI, Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, D. C., 1998.

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1 Docente Universidad de los Llanos. Mg. en desarrollo educativo y Social. Mg. en Sociología

2 La subjetividad se refiere al ámbito de la interioridad, capaz de transformar los hechos externos en representaciones internas, posible de ser conocidos comprendidos, explicados, juzgados, con la posibilidad de que una vez transformados pueden volver a la exterioridad.


3 CHÂTEAU Jean. Jean - Jacques Rousseau o la pedagogía de la vocación (1712 - 1778). La educación pública: En: Los grandes pedagogos. Fondo de cultura económica, México, 1996, página 169

4 FREIRE, Pablo. La Educación en la ciudad. Editorial siglo XXI. página 95

5 PORTANTEIRO, Juan Carlos. Gramsci y la educación. En: Sociología de la educación. Corrientes contemporáneas. Coord. Guillermo González y Carlos Alberto T. Centro de Estudios Educativos A.C. México, D.F. 1988. Págs. 125


6 MONASTA, Attilio. ANTONIO GRAMSCI (1891-1937). En: Perspectivas, revista trimestral de educación comparada (París. UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXIII, Nº 3-4, 1993, pág. 11

7 expresión utilizada en el discurso dado en el parlamento, en calidad de primer ministro británico, en 1949.

8 SEN, Amartya. Las teorías del desarrollo a principios del siglo XXI. En: El desarrollo económico y social en los umbrales del siglo XXI, Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, D. C., 1998, página 9.


9 Evidencias recientes muestran el Consenso de Washington (1989), a través del cual se imponen 10 políticas sobre medidas económicas impuestas para América Latina y luego para todos los países subdesarrollados, justamente en el momento en que empezaba a florecer lo que se conoce como capitalismo neoliberal. Entre otros críticos, Joseph Stiglitz y Noam Chomsky consideran que este consenso significó la justificación de la explotación de los potenciales mercados de las economías del tercer mundo por parte de las transnacionales del primer mundo.

10 RIFA Valls, Monserrat. Michel Foucault y el giro postestructuralista crítico feminista en la investigación educativa. En: revista Educación y Pedagogía, Vol. 15 Nº 37, página 71

11 SEN, Amartya. Las teorías del desarrollo a principios del siglo XXI. En: El desarrollo económico y social en los umbrales del siglo XXI, Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, D. C., 1998, página 15.


12 PEÑA Collazos, Wilmar. La violencia simbólica como reproducción biopolítica del poder. En: Revista Latinoamericana de Bioética Nº 2, Bogotá, 2009, página 2

13 Plan de Desarrollo Económico y Social del departamento del Meta para el periodo 2012-2015, “Juntos construyendo sueños y realidades”. Pág. 7

14 PEÑA Collazos, Wilmar. La violencia simbólica como reproducción biopolítica del poder. En: revista latinoamericana de bioética Nº 2. Bogotá, página 2

15 PEÑA Collazos, Wilmar. La violencia simbólica como reproducción biopolítica del poder. En: revista latinoamericana de bioética Nº 2. Bogotá, página 2

16 ESCOBAR, Arturo, ALVAREZ, Sonia E. Y DAGNINO, Evelina (Editores), Política Cultural & Cultura Política. Una nueva mirada sobre los movimientos sociales latinoamericanos, Bogotá D.C.: Taurus. ICAN, 2001, p. 23


17 Ibid, p. 26


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