A, casado con H, fallece con cuatro hijos comunes que le sobreviven: B, C, d y E. En su último testamento deshereda a su hijo E, por haberle maltratado de obra




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títuloA, casado con H, fallece con cuatro hijos comunes que le sobreviven: B, C, d y E. En su último testamento deshereda a su hijo E, por haberle maltratado de obra
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  1. Derecho de transmisión.

SUPUESTO DE HECHO. A, casado con H, fallece con cuatro hijos comunes que le sobreviven: B, C, D y E. En su último testamento deshereda a su hijo E, por haberle maltratado de obra, extremo que queda probado y no se discute. E, carece de descendientes. En vida hizo a cada uno de sus hijos diversas donaciones, que no exceden del tercio de libre disposición. Al ser la madre usufructuaria universal, los hijos ni tampoco los nietos realizan acto alguno relativo a la herencia de su padre hasta el fallecimiento de la misma que ocurrió a los diez años de la muerte de su esposo. Durante ese espacio de tiempo han ocurrido los siguientes hechos:

B falleció con testamento en el que legó a su esposa la cuota legal usufructuaria e instituyo herederos por partes iguales a sus dos únicos hijos B1 y B2, así como a su hermano E, al que tenía gran cariño, por ser su hermano pequeño y considerar que quedaba muy perjudicado por la desheredación que su padre le hizo. Sus hijos nacieron antes de fallecer su abuelo.

C fallece también en ese espacio de tiempo, divorciado y con tres hijos C1, C2 y C3. Este último nació a los dos años de morir su abuelo A. Dicho abuelo tenía gran predilección por su nieto C1 y en vida le hizo alguna donación que con las hechas a sus hijos ya referidas no excedían del tercio de libre disposición.

D fallece igualmente, dejando dos hijos D1 y D2. Al primero le lega lo que por legítima estricta le corresponde y el segundo pretende renunciar a la herencia de su abuelo A.

Todos los nietos aceptaron las herencias de sus respectivos padres y lo que se plantea es analizar la situación jurídica respecto de la herencia de su abuelo A.

OPINIÓN. Al haber muerto los padres de los interesados después del causante A y sin haber aceptado ni repudiado la herencia de éste nos encontramos en presencia del derecho de transmisión, en los términos del artículo 1006 del CC: “Por muerte del heredero sin aceptar ni repudiar la herencia pasará a los suyos el mismo derecho que él tenía”. Para ejercitar este derecho de aceptar o repudiar la herencia es necesario tener la cualidad de heredero en la herencia del transmitente (o segundo causante). Por ello vamos a estudiar la situación creada por fallecimiento de cada uno de los transmitentes.

Fallecimiento de B. El cónyuge viudo de B al no ser heredero no puede ejercitar el derecho de transmisión. Si que podrán ejercitarlo claramente sus herederos B1 y B2. Surge la duda de su hermano E, al haber sido desheredado por su padre. La solución dependerá de la postura que se adopte sobre el discutido tema de a quién sucede el transmisario: ¿Al transmitente o al primer causante? La doctrina clásica, sostenida por LACRUZ BERDEJO, entre otros, considera que el transmitente es el adquirente de la primera herencia y sólo a través de él adquiere el transmisario, pues no puede hacerse heredero de una persona a alguien que ni el testador, en la sucesión testada, ni el CC en la intestada, le llama como heredero. Consecuente con ello, la capacidad del transmisario para suceder al causante se determinará respecto al transmitente y no respecto al primer causante. Si ello es así E podría aceptar la herencia de A, pues no sucede a éste sino a su hermano B.

La doctrina moderna, de la que son exponentes ALBALADEJO Y VALLET, considera que el transmisario es sucesor del transmitente en su herencia y del primer causante en la herencia de éste y de forma directa, no a través del transmitente. Este es sólo un canal que transmitió el derecho a aceptarla. Consecuente con ello, la capacidad del transmisario para suceder al primer causante se determinará respecto de éste y no respecto al transmitente. Si ello es así E no puede aceptar la herencia de A, al haber sido desheredado por éste.

Debemos tener en cuenta que para la teoría clásica existen dos movimientos o pasos de los bienes, un primero desde el primer causante a la masa hereditaria del heredero transmitente y otro segundo, desde la masa hereditaria del citado transmitente al heredero transmisario que acepta las dos herencias; y, sin embargo, para la "teoría moderna", los bienes pasan directamente del primer causante al heredero transmisario cuando éste acepta la herencia del primer causante.

El Tribunal Supremo en la sentencia de 11 de septiembre de 2013, que transcribiremos, parece seguir la doctrina moderna, apartándose de pronunciamientos anteriores, considerando que existen dos sucesiones diferentes, y en lo relativo a la capacidad hace la siguiente afirmación: “Cumplidos ya los requisitos de capacidad sucesoria por el heredero transmitente y, por tanto, la posibilidad de transmisión del ius delationis, la capacidad sucesoria de los herederos transmisarios en la herencia del causante deba ser apreciada cuando éstos acepten la herencia del fallecido heredero transmitente”. No es que sea muy clara la sentencia en esta importante materia, pero parece decantarse porque la delación al transmisario de la herencia del primer causante, tiene lugar no cuando éste fallece —en este momento la delación la tendrá el transmitente— sino a partir del instante en que fallecido el transmitente, el transmisario acepta su herencia, y es en ese momento cuando debe apreciarse su capacidad para suceder al primer causante1.

A nuestro juicio, centrándonos en el tema de la capacidad de E para aceptar, en virtud del derecho de transmisión la herencia de su padre, que es el tema que ahora nos ocupa, se siga la teoría que se quiera, nadie puede suceder directa o indirectamente a quien el testador (desheredación) o la ley (indignidad) le ha excluido de su herencia. Si la voluntad del testador era que E no le heredase, es decir no fuera su heredero, no podemos indirectamente mediante interpretaciones o construcciones dogmáticas, saltarnos una prohibición lícita del testador (desheredación) o una norma legal de orden público (indignidad). Podría argumentarse en contra que la desheredación es un tema que afecta a la legítima y que en el derecho de transmisión se sucede por ley, al haberse aceptado la herencia del transmitente y no por el llamamiento testamentario del causante; ello es así, pero la voluntad del testador, en nuestro caso A, es la ley máxima de la sucesión y es totalmente lícito que un testador pueda excluir a un pariente de su herencia, más todavía de su carácter de heredero, en un llamamiento legal: por ejemplo sería válida la disposición testamentaria en que el testador sin ascendientes o descendientes prohibiera que en su sucesión intestada le heredase un determinado hermano y sus descendientes. Partiendo de ello, si A no quería que su hijo E le sucediera y fuera su heredero, consideramos que esa voluntad ha de respetarse y que afecta a la capacidad de E para acepta la herencia de su padre.

Abordaremos conjuntamente la cuantía de la cuota legal usufructuaria de la esposa de B, al tratar posteriormente el tema debatido si para el cálculo de las legítimas de los herederos forzosos del transmitente debe computarse el derecho de los transmisarios en la herencia del causante.

Fallecimiento de C. Dos temas se plantean, ante el fallecimiento de C. El primero la capacidad para suceder a su abuelo de C3 y el segundo la colación de las donaciones hechas a C1 por A. Respecto a la primera cuestión consideramos aplicable la doctrina del TS en la sentencia de 11 de septiembre de 2013, en el sentido ya visto que la delación al transmisario, es decir a C1, tiene lugar no cuando muere el abuelo, sino cuando fallecido el transmitente, el transmisario acepta su herencia, y es en ese momento cuando debe apreciarse su capacidad para suceder al primer causante. En ese momento C1 existe y, por ende, debemos considerar que tiene capacidad para aceptar o repudiar la herencia de A, en virtud del derecho de transmisión. Es la solución a la que llega el artículo 412-8-3, del CC de Cataluña.

Respecto a si está obligado C1 a colacionar lo recibido por donación de su abuelo en vida de éste. En principio parece que la contestación debiera ser negativa, pues C1 no es heredero de forzoso de A y el artículo 1035 del CC, exige para que exista la obligación de colacionar que el heredero forzoso concurra en la sucesión con otros que también lo sean. Sin embargo, el artículo 1038 dispone: “Cuando los nietos sucedan al abuelo en representación del padre, concurriendo con sus tíos o primos, colacionarán todo lo que debiera colacionar el padre si viviera, aunque no lo hayan heredado. También colacionarán lo que hubiesen recibido del causante de la herencia durante la vida de éste, a menos que el testador hubiese dispuesto lo contrario, en cuyo caso deberá respetarse su voluntad si no perjudicare a la legítima de los coherederos”. En nuestro caso, C1 no está concurriendo en representación de su padre, que es un concepto muy concreto y específico, lo está haciendo en virtud de un llamamiento autónomo que le hace el artículo 1036 del CC, lo que nos hace pensar que este nieto no está obligado a colacionar lo que su abuelo en vida le donó y, entre otras cosas, de obligar a colacionar se frustraría lo que su abuelo quiso de donarle con preferencia a otros nietos, dada la preferencia que sentía sobre él. Tema distinto que estudiaremos más tarde es el relativo a la obligación de colacionar las donaciones que el causante hizo a sus hijos.

Fallecimiento de D. D2 es el llamado a ejercitar el derecho de transmisión, por su carácter de heredero, que no lo tiene D1, el cuál debe ser considerado en principio como un legatario de parte alícuota. Podríamos decir que tan lícito es para D2 aceptar como renunciar a la herencia de su abuelo y que nadie puede obligarle a aceptar una herencia. Ahora bien: ¿queda perjudicado D1, por la renuncia que pretende hacer su hermano?

Para ello debemos resolver primeramente la siguiente cuestión: ¿Debe tenerse en cuenta el valor del derecho de transmisión para el cálculo de las legítimas en la herencia del transmitente? LACRUZ, consecuente con su consideración que: “la herencia transmitida recae en la del transmitente”, contesta afirmativamente; pero también se manifiesta en este sentido ALBALADEJO, aunque sostenga la tesis que hemos llamado moderna, argumentando que el ius delationis, que forma parte del caudal relicto del transmitente, tiene un valor patrimonial que es el valor de la herencia a la que le da derecho. La tesis negativa considera que el ius delationis no tiene carácter patrimonial y, por ende, no es valuable económicamente; esta afirmación no la creemos correcta desde el momento que el CC contempla la venta del derecho hereditario, dando entender en definitiva que el mismo tiene un valor patrimonial. Nosotros consideramos que si debe tenerse en cuenta el valor del derecho de transmisión para el cálculo de las legítimas de los herederos forzosos del transmitente, incluido el cónyuge viudo, por los argumentos esgrimidos por LACRUZ y ALBALADEJO y porque lo contrario es ir en contra de la realidad, baste pensar en el supuesto del presente caso, los hijos de A no hicieron ningún acto como herederos mientras viviera su madre, pero ellos se consideraban ya llamados a la herencia de su padre, consideraban su patrimonio incrementado con lo que les correspondía en la herencia del padre, no se entiende bien entonces que el valor de lo que le correspondiese no deba tenerse en cuenta para el cálculo de las legítimas.

Si ello es así, evidentemente la renuncia que D2 pretende hacer puede perjudicar la cuantía de los derechos legitimarios de su hermano: ¿Tiene en este caso algún derecho D1? Contestamos a esta materia con lo afirmado por la R de la DGRN de 23 de junio de 1986, ante un supuesto de renuncia por un heredero, aunque a la cuestión planteada le era de aplicación el derecho catalán: “Los legitimarios podrían, como titulares de un crédito (su propio derecho legitimario) -que lo es frente a la herencia aceptada por el transmisario y frente al transmisario mismo- ejercitar el derecho que a los acreedores, en general, confiere el artículo 1.001 del Código Civil cuando el llamado repudia una herencia en perjuicio de sus propios acreedores”

Por último, respecto a las donaciones hechas a sus respectivos hijos por A, consideramos que los nietos deben colacionarlas, excepto las hechas a D, cuyo heredero renunció a la herencia de su abuelo.

JURISPRUDENCIA. STS de 11 de septiembre de 2013.´“Del contexto interpretativo realizado debe concluirse, como fijación de la Doctrina jurisprudencial aplicable a la cuestión debatida, que no hay, por tanto, una doble transmisión sucesoria o sucesión propiamente dicha en el ius delationis, sino un mero efecto transmisivo del derecho o del poder… como presupuesto necesario para hacer efectiva la legitimación para aceptar o repudiar la herencia que ex lege ostentan los herederos transmisarios; todo ello, dentro de la unidad orgánica y funcional del fenómeno sucesorio del causante de la herencia, de forma que aceptando la herencia del heredero transmitente, y ejercitando el ius delationis integrado en la misma, los herederos transmisarios sucederán directamente al causante de la herencia y en otra distinta sucesión al fallecido heredero transmitente. La inalterabilidad del ius delationis, junto con la debida diferenciación de los procesos sucesorios en liza, determina, a su vez, que los derechos hereditarios de los herederos transmisarios se ejerciten plenamente conforme a la sucesión del causante de la herencia, ya testamentariamente o bien de forma intestada, quedando comprendidas en dicha ejecución sucesoria la concreción e individualización propia de las operaciones particionales cuando estas tengan lugar; sin que dicha ejecución venga condicionada por las disposiciones que deban seguirse respecto de la sucesión o partición de la herencia del heredero transmitente.

Esta misma razón de inalterabilidad o subsistencia del ius delationis hace que cumplidos ya los requisitos de capacidad sucesoria por el heredero transmitente y, por tanto, la posibilidad de transmisión del ius delationis, la capacidad sucesoria de los herederos transmisarios en la herencia del causante deba ser apreciada cuando éstos acepten la herencia del fallecido heredero transmitente”2.

RDGRN de 26 de marzo de 2014. “En relación con la segunda de las cuestiones planteadas en la calificación objeto del presente recurso, debe determinarse si en la liquidación de gananciales y partición de la herencia, en la que determinados herederos suceden por derecho de transmisión, es o no necesaria la intervención del cónyuge viudo legitimario del transmitente.

Ciertamente, este Centro Directivo ha entendido (cfr. la Resolución de 22 de octubre de 1999) que aceptada la herencia del segundo causante –transmitente- por quienes suceden «iure transmissionis», la legítima del cónyuge viudo de aquél no es un simple derecho de crédito frente a su herencia y frente al transmisario mismo, sino que constituye un verdadero usufructo sobre una cuota del patrimonio hereditario, que afecta genéricamente a todos los bienes de la herencia hasta que, con consentimiento del cónyuge legitimario o intervención judicial, se concrete sobre bienes determinados o sea objeto de la correspondiente conmutación (cfr. artículos 806 y 839, párrafo segundo, del Código Civil. Entre esos bienes habrían de ser incluidos los que el transmisario hubiera adquirido como heredero del transmitente en la herencia del primer causante, por lo que debería reconocerse al cónyuge viudo de dicho transmitente el derecho a intervenir en la partición extrajudicial que de la misma realicen los herederos.

No obstante, esta doctrina ha de ser revisada a la vista de los pronunciamientos que se contienen en la Sentencia del Tribunal Supremo de 11 de septiembre de 2013, según la cual «…debe concluirse, como fijación de la Doctrina jurisprudencial aplicable a la cuestión debatida, que el denominado derecho de transmisión previsto en el artículo 1.006 del Código Civil no constituye, en ningún caso, una nueva delación hereditaria o fraccionamiento del ius delationis en curso de la herencia del causante que subsistiendo como tal, inalterado en su esencia y caracterización, transita o pasa al heredero transmisario. No hay, por tanto, una doble transmisión sucesoria o sucesión propiamente dicha en el ius delationis, sino un mero efecto transmisivo del derecho o del poder de configuración jurídica como presupuesto necesario para hacer efectiva la legitimación para aceptar o repudiar la herencia que ex lege ostentan los herederos transmisarios; todo ello, dentro de la unidad orgánica y funcional del fenómeno sucesorio del causante de la herencia, de forma que aceptando la herencia del heredero transmitente, y ejercitando el ius delationis integrado en la misma, los herederos transmisarios sucederán directamente al causante de la herencia y en otra distinta sucesión al fallecido heredero transmitente».

La consecuencia que se sigue de esta doctrina jurisprudencial es que en las operaciones divisorias de la herencia que motivan este recurso (la del primer causante) no es necesaria la intervención del cónyuge del transmitente y sí tan solo la de los transmisarios, por lo que este extremo de la calificación impugnada debe ser revocado”.

RDGRN de 23 de junio de 19863. Ante la renuncia del transmisario, existiendo herederos forzosos del transmitente, la DG considera que: “4. Puede cuestionarse si la anterior solución encierra algún perjuicio o ataque a la legítima de los hijos de don Francisco que pueda impedir la inscripción solicitada, especialmente grave si, como puede ocurrir el valor único o más importante de la herencia que causa el transmitente quedara fuera de ella si en base a la alternativa de que goza la transmisaria (en este caso madre de los legitimarios, pero igualmente podría haber sido un extraño) hubiera optado por la repudiación al ejercitar el "ius transmissionis". 7. Aceptada la herencia pura y simplemente, la legítima que ya desde que se defiere es carga de la herencia, pasa a ser, también, deuda de la que el heredero ha de responder incluso con sus propios bienes (cf. art. 260 Compilación). Los legitimarios tienen entonces para conseguir el pago total de la legítima, acción personal frente al heredero y, a la vez, acción real (cf. art. 140 Compilación) sobre los distintos bienes que integran la herencia. No tienen ciertamente acción real sobre cada uno de los bienes concretos de la herencia repudiada por el transmisario en el libre ejercicio de una facultad que es, personalísima suya, ni, tampoco, sobre todos ellos en su conjunto en cuanto objeto de un derecho hereditario que por sí sea enajenable y embargable. Pero los legitimarios podrían, como titulares de un crédito (su propio derecho legitimario) -que lo es frente a la herencia aceptada por el transmisario y frente al transmisario mismo- ejercitar el derecho que a los acreedores, en general, confiere el artículo 1.001 del Código Civil cuando el llamado repudia una herencia en perjuicio de sus propios acreedores.

8. Mas, en todo caso, si consta la repudiación de la primera herencia nada podrá oponer el Registrador al funciona miento respecto de ella, del derecho de acrecer, pues, aunque, de las dos tesis enunciadas en relación con la cuestión de la legítima, se siguiera la segunda, habría de llegarse a la misma solución y tampoco habría obstáculo para la inscripción solicitada, al igual que ocurriría cuando el que repudia la herencia tenga acreedores en tanto no conste que, en efecto, usaron de la facultad prevista en el articulo 1.001 del Código Civil en términos que inutilicen o mengüen el derecho de acrecer”.
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