A. 1 Historia de la terapia de grupo




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A.1 Historia de la terapia de grupo

Saúl Scheidlinger, Ph.D.
INTRODUCCION

Detectar las motivaciones inherentes a los grupos con fines terapéuticos es un objetivo tan antiguo como la humanidad misma. Los líderes tribales y religiosos se servían del entramado social para promover curaciones y cambios de conducta mucho antes de que existieran los profesionales de la salud mental. Los primitivos ritos chamánicos, las tragedias griegas y las obras de teatro medievales de carácter moralizante apuntan también en esa dirección. Durante la Edad Media, con el fin de ayudar a los enfermos mentales, numerosos monasterios sirvieron como asilo: valga como ejemplo la colonia Gheel en Bélgica. Las sesiones grupales de hipnosis dirigidas por Mesmer y el movimiento de tratamiento moral favorecían saludables interacciones de grupo y experiencias sociales reconstructivas entre los pacientes mentales.
PRECURSORES

Como se señala en los dos capítulos de historia de las ediciones precedentes de este libro (Anthony, 1971. Sadock, Kaplan. l983) la terapia de grupo en el sentido de una actividad planificada bajo guía profesional para tratar la patología de la personalidad es una invención americana del siglo XX. Entre los pioneros se cuenta Joseph Pratt (1922) internista que ya en 1905 hacia sesiones de lectura con sus pacientes tuberculosos en un ambulatorio de Boston. En dichas lecturas se combinaba la información con sugerencias útiles para que los pacientes aprendieran a manejarse con su enfermedad crónica. Al observar la mejoría psicológica que proporcionaba este abordaje, Pratt y sus colegas no tardaron en hacer extensivo el método de clases a los pacientes diabéticos y en ocasiones a pacientes neuróticos. Edward Lazell (1921), psiquiatra, adoptó el método grupal de Pratt para trabajar con esquizofrénicos en el hospital St. Elizabeth de Washington D.C. Se servia de discusiones de grupo con orientación psicoanalítica además de lecturas de apoyo. Aproximadamente una década más tarde L. Cody Marsh (1931), sacerdote que luego se hizo psiquiatra, desarrolló un abordaje grupal con pacientes internos donde se aplicaba tanto el exhorto como la sugerencia. Su lema, repetido a menudo, era: «La multitud les rompió, la multitud debe sanarles”. También se anticipó al moderno medio de abordaje al pro­mover encuentros comunitarios en su hospital, con participación tanto de pacientes como de miembros de plantilla.

Hacia mitad de los años veinte Trigant Burrow (1927), uno de los fundadores de la Asociación Psicoanalítica Americana, desecho el diván a cambio de pequeños grupos informales de discusión con participación de pacientes, familiares y otros colegas. Aplicando lo que denominó análisis de grupo, Burrow pretendía estudiar en profundidad la conducta social en dichas sesiones colectivas. Cuando viró desde la perspectiva social a la fisiológica, lo que suponía la medición de las menores reacciones cenestésicas de los miembros del grupo, fue expiado de la American Psychoanalytic Asociation. Se dice de Burrow que conocía personalmente a Sigmund Freud y Carl Gustav Juns, que asedió a Freud y otra luminaria con cartas y escritos en los que hacía extravagantes declaraciones acerca dé su nuevo método, por entonces denominado fitoanálisis. Probablemente fue Burrow la causa inconsciente del abrupto abandono por Freud del tema de la psicología de grupo, después de haber escrito un impresionante tratado al respecto (Freud, 1921).

Según Rudolf Dreikurs (1959}, en la vienes clínica pediátrica de Alfred Adler se aplica habitualmente la terapia colectiva tanto a sus pacientes niños como a los adultos alrededor de 1925.

PIONEROS

La utilización de pequeños grupos en forma planificada para el tratamiento de problema de personalidad, comenzó en los Estados Unidos en la década de 1930 con los trabajos de Louis Wender. Paul Schilder. Jacob L. Moreno, Samuel R. Slavson. Fritz Redi y Alexander Wolf.

El abordaje de Wender (1936) se inició en el contexto de pacientes ingresados, combinando conceptos freudianos sobre la psicología de grupo (1921) con interpretaciones de la transferencia familiar a la transacción dentro del grupo. Posteriormente extendió su trabajo a grupos de pacientes ambulatorios (Wender, Stein, 1949). Edward Pinney (1978) considera a Schilder (l936) como pionero de la terapia analítica de Grupo debido a su sistemática interpretación tanto de la transferencia como dé los sueños. Aunque Moreno aplicaba métodos de acción dramática (el Teatro de la Espontaneidad) en Viena a comienzos de los años veinte, su abordaje psicodramático como modalidad de tratamiento clínico no surgió en Estados Unidos hasta la mitad de los años treinta, con la fundación de un hospital psiquiátrico en Beacon, Nueva York, y dos institutos de formación. Moreno (1953) invocaba la superioridad de sus métodos de acción dé cara a la vida real frente al psicoanálisis de Freud, estáticamente centrado en las dinámicas intrapsíquicas. Como formuló León Fine (1979), el psicodrama «se sirve de interacciones dramáticas, mediciones sociométricas y dinámica de grupo, basándose en la teoría de roles para inducir cambios en individuos y grupos mediante el desarrollo de nuevas percepciones y conductas y la reor­ganización de antiguos patrones cognitivos».

Wender, Schilder y Moreno eran psiquiatras, mientras que S.R. Slavson comenzó como educador y trabajador social, llegando a adquirir una amplia autoformación como psicoterapeuta. A mitad de los años treinta observó que los muchachos en edad de latencia, típicamente inhibidos y afectados, ganaban en espontaneidad gracias a las interacciones dentro de un grupo. Así, puso en marcha una terapia de actividad grupal, que como su nombre indica, se orienta a la expresión de fantasías y sentimientos mediante acción y juego. Un clima permisivo dentro del grupo favorece una regresión benigna, a partir de la que pueden expresarse conflictos precoces en el contexto de un medio aceptador y estable. Los ingredientes terapéuticos básicos surgen de la interacción de los niños entre si y con el terapeuta. Con fines terapéuticos se utilizan dentro del grupo diversos materiales, instrumentos, juguetes y alimentos (Slavson, 1943). En las dos décadas siguientes Slavson hizo extensivo su método al trabajo grupal con adolescentes y adultos. Desarrolló protocolos de abordaje para grupos de discusión psicoanalítica diseñados para diversas clases de pacientes y niveles de edad (Slavson, 1964).

Fritz Redi (1942), discípulo vienes de August Eichhom, introdujo, una vez instalado en Estados Unidos, los grupos de diagnóstico de niños. A ello siguieron muchos años de trabajo abriendo nuevos caminos en el abordaje grupal para el tratamiento de niños y adolescentes con trastornos graves en el medio hospitalario (Redi, Wineman, 1952). Redi (1950) también escribió sobre psicoanálisis grupal y propagó y estimuló la aceptación de la terapia de grupo entre sus colega psicoanalistas.

Impresionado por el trabajo con grupos de Wender (1936) y Schilder (1936), Alexander Wolf desarrolló en la década de 1930 un abordaje freudiano para terapia de grupo con adultos. Utilizaba un derivado de la asociación libre, incluyendo el análisis de la transferencia, la resistencia y los sueños. Excluyendo cualquier atención a las manifestaciones a nivel grupal en su tratamiento de pacientes individuales en eI grupo. Wolf y Emanuel Schwartz (1962) abogaban ade­más por una controvertida innovación a base de sesiones alternas sin la presencia del terapeuta.
SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y 1945-1960

Con la Segunda Guerra Mundial la terapia de grupo cobró un llamativo impulso y una creciente popularidad. Debido a la abundancia de casos psiquiátricos, los pocos psiquiatras militares existentes se vieron obligados a utilizar métodos de grupo por pura necesidad. De esta forma, los hospitales militares americanos y británicos se convirtieron en semillero de expertos en terapia de grupo. Entre los líderes americanos cabe citar a Samuel Hadden, Alexander Wolf, Irving Berger. Donaid Shaskan y Eric Berne. En cuanto a los británicos, E. James Anthony. S. H. Fouikes, Wilfred R. Bion, Joshua Bierer y John Rickman, entre otros, escribieron sus primeros artículos sobre trabajo grupal en el Hospital Militar Northfield. WiUiam C. Menninger (1946), el principal psiquiatra militar de América, considera que el empleo de terapia de grupo durante la Segunda Guerra Mundial fue una de las más importantes contribuciones de la psiquiatría militar a la psiquiatría civil. En ese sentido, las dos principales asociaciones de terapeutas de grupo, la American Group Psychotherapy Association, fundada por S.R. Slavson, y la American Society of Group Psychotherapy and Psychodrama, creada por J.L. Moreno, vieron la luz durante la Segunda Guerra Mundial y experimentaron su primer estirón en la siguiente década.

En 1943 Giles Thomas, bajo los auspicios de la Josiah Macy, Jr., Foundation, publicó un articulo sobre terapia de grupo, de interés histórico pero relativamente ingenuo. Aparentemente ignorante de que la terapia de grupo contemporánea ya se había puesto en marcha en los (4) hospitales militares tanto americanos como británicos, Thomas esperaba que sus hallazgos impulsaran la aplicación de métodos de grupo en las emergencias de guerra. Clasificó las terapias de grupo en dos tipos principales: (1) represivo -sugestiva y 2) analítica. Su categoría represivo - sugestiva incluía el método de clases de Pratt (1922) y Alcohólicos Anónimos. La categoría analítica abarcaba el trabajo de Schilder (1936) y Wender (1936). Thomas estaba perplejo porque sus colegas psiquiatras «habían hecho tan poco con los métodos de grupo». Y se preguntaba si ello se debería al miedo a la exposición personal y a que se desataran fuerzas grupales de difícil control.

Una década más tarde se publicó un trabajo algo más complejo de Florence B. Powdermaker y Jerome D. Frank (1953) en que, con una línea psicoanalítica ecléctica, los autores estudiaban el proceso en la terapia de grupo tomando los aspectos que consideraban más deseables de cada uno de los diversos modelos de terapia grupal contemporánea. Citando a dichos autores: «Nuestro abordaje de la terapia, de grupo con pacientes neuróticos tiene puntos en común con el de Foulkes, Ackerman. Slavson y Wolf, a la vez que nos consideramos influidos por los conceptos analíticos de Schilder y el énfasis de Trigant Bunow sobre el estudio de la interacción grupal.»

A lo largo de los años cincuenta el campo de la salud mental, incluida la terapia de grupo, se erizó de dificultades debido a las imprevisibles disputas y luchas hegemónicas entre diversas escuelas de pensamiento. Además de las tempranas peleas ideológicas entre los psicoanalistas partidarios de Freud, Adler y los neofreudianos, adscritos a las ideas de Karen Homey y Harry Stack Sullivan. Surgió una gran cantidad de nuevas terapias competidoras, entre ellas el análisis transaccional, la terapia centrada en la persona, la Gestalt. la terapia racional-emotiva y la existencial. El análisis transaccional (Beme, 1966) y la terapia Gestalt (Peris, 1969) nacieron en contextos grupales, pero el resto de abordajes, inicialmente individuales, pronto comenzó a extender sus conceptualizaciones sobre terapia individual al ámbito del grupo (Corsini, 1973).

La literatura sobre terapia de grupo de los años 50 demostró la aplicabilidad del tratamiento grupal en una amplia gama de setting, incluyendo hospitales generales y psiquiátricos, ambulatorios, programas de rehabilitación e instituciones correccionales. La población de pacientes abordables ocupaba un amplio espectro, desde niños y adolescentes hasta adultos con trastornos psiquiátricos diversos (incluyendo problemas psicosomáticos), homosexuales y retrasados mentales.

Uno de los temas principales al comienzo era la aceptación de la terapia de grupo como forma válida de tratamiento. Una vez lograda tal aceptación, una corriente de contribuciones teóricas intentó ligar la terapia de grupo con el campo psicoanalítico, dada la posición dominante del mismo entre los psicoterapeutas. Al hilo de tales producciones teóricas surgieron publicaciones que abordaban aspectos básicos del «cómo y cuando" de la terapia de grupo, sentando criterios diferencia­les respecto de aplicabilidad, grupos homogéneos versus heterogéneos, tratamiento combinado y conjunto y manejo de separación de pacientes.

Década de 1960

La legislación social durante los años de John F. Kennedy, con su Community Mental Health Center Act de 1963, ejerció una profunda influencia en los servicios humanos en América. Los numerosos centros de salud mental comunitaria que surgieron a todo lo largo y ancho del país cubriendo las demandas de salud mental de los ciudadanos, tuvieron que contar en gran medida con la terapia de grupo y las técnicas ligadas a la misma. Creció la demanda de terapeutas formados y con experiencia en pacientes ambulatorios, internos y con objetivos preventivos. De hecho, ante la carencia de un número suficiente de terapeutas de grupo adecuadamente formados. Los gestores sanitarios comenzaron a recurrir a soluciones Imprudentes, entre ellas encomendar tareas de trabajo con grupos a personal sin entrenamiento.

Esta rápida evolución en una esfera ya de por sí dominada por conflictos de rol profesional y por una terminología confusa, sirvió para realimentar temas espinosos como limites, diversidad técnica y diferentes objetivos del tratamiento. Algunos terapeutas comenzaron a sugerir que los tradicionales objetivos del tratamiento de hacer conscientes los conflictos inconscientes del paciente y de reorganizar el carácter, se sustituyeran por expectativas más limitadas, orientadas hacia el funcionamiento yoico, las capacidades sociales y la supresión de síntomas.

La literatura profesional de la época refleja esa notable agitación, en paralelo a los continuados esfuerzos para establecer sólidas teorías psicodinámicas de la terapia de grupo. Además del Tratado sobre Terapia Analítica de Grupo. de Slavson (1946). aparecieron notables trabajos de Wolf y Schwartz (1962) y de Dorothy Whitaker y Moñón Lieberman (1964). En Inglaterra, a la importante contribución de Fouikes (1964) siguió el influyente libro de Bion (1959). Experiencias con Grupos y Otros Escritos.

Las contribuciones de Slavson (1964) y de Wolf y Schartz (1962) comparten la creencia fundamental en la primacía del abordaje centrado en cada miembro individual del grupo. Fouikes, por el contrario, apoya una perspectiva centrada en el grupo, reflejada en la siguiente cita: «Cuida al grupo y cada individuo se cuidará a sí mismo». Detrás de este asunto había preguntas complicadas, tales como: “¿Hay dinámicas grupales en los grupos terapéuticos?” “¿Resultan antiterapéuticas las manifestaciones de dinámica grupal?” Las posturas extremas de psicoterapeutas de la escuela británica de relaciones objétales, como Henry Ey (1950) y Vino (1959), que creían que el objetivo del terapeuta grupal reside esencialmente en confrontar al grupo como totalidad con sus fantasías inconscientes compartidas, despertó mucha controversia entre los terapeutas de grupo norteamericanos.

Dada la relativa, novedad de la terapia de grupo y la complejidad del objetivo de construir una teoría, algunos autores — entre ellos James Arsenian, Elvm Semrad y David Saphiro (1962), Helen Durkm (1964) y Saúl Scheidlinger (1968)— consideraron prematura cualquier generalización amplia o dicotomía fija. Aunque aceptaban la existencia de algunos elementos generales característicos de toda terapia, invocaban un continuo y cuidadoso examen de la forma en que tales factores cardinales apare­cen en la terapia de grupo, con su carácter multipersonal y sus procesos de dinámica grupal.

El denominado encounter group movement de los años 60, que atrajo mucho la atención de la opinión publica e incluso dio pie a un best-seller (Schutz. 1967), supuso un reto a la par que una dificultad para el campo del trabajo profesional con grupos, ya que mucha gente empezó a equiparar estas controversias, a veces incluso nocivas, con la terapia de grupo en sí misma (Yalom, Lieberman, 1971). Pronto otras sociedades profesionales instaron a la Asociación Americana de Terapia de Grupo para que subrayara la diferencia entre las iniciativas de educación emocional, diseñadas para Ej. Público en general, y la Terapia de grupo, con su finalidad de tratar la enfermedad. Por otro lado, también se exigió a los promotores de grupos de encuentro que aplicaran una serie de medidas de seguridad en sus actividades, incluyendo el screening de partici­pantes, la aplicación del con consentimiento informado y, sobre todo, el oportuno entrenamiento de los conductores de grupo.

MORENO Y SLAVSON

Desde la perspectiva de hoy día, resulta difícil comprender la abierta, prolongada e intensa rivalidad entre Jacob L. Moreno y S.R.Slavson, dos brillantes y apasionados exponentes del movimiento de terapia de grupo. El conflicto entre ambos, que también implicó a sus discípulos. comenzó disputándose la primacía. Moreno (1959), pretendía haber sido el primero en acuñar el término «terapia de grupo» en 1931, iniciando así la terapia de grupo científica. A ello, su mujer. Zerka T. Moreno (1966), añadia: «la época de la literatura bajo el tirulo de terapia de grupo comienza con Moreno». En otro lugar, Jacob Moreno (1958) afirmó que «pretender que Joseph Pratt es el pionero de la terapia de grupo "es un mito». Slavson (1979), por su parte, declaraba que sus grupos de actividad de 1934 constituían el comienzo de la terapia de grupo «con la introducción del grupo pequeño», que tuvo lugar en 1934. Slavson menospreciaba el valor del psicodrama, afirmando que sólo era útil para pacientes psicóticos y que «el psicodrama puede servir como inductor de catarsis, técnica de ensayo y medio de comunicación, pero nunca como una terapia total».

Esta claro que Moreno tenía razón al quejarse de que no había sido suficientemente considerado por los abordajes Gestaticos, existencial y de grupo de encuentro, todos los cuales adoptaron muchas de sus ideas, pero, probablemente se equivocaba al acusar a Schilder, Fouikes y Ezriel de haberse apropiado de sus conceptos.

Tras la muerte de Moreno en 1974. su esposa y heredera profesional le describió como «un líder disidente, solitario, narcisista. carismático pero reservado, gregario pero selectivo, amable pero excéntrico, antipático pero atractivo" (Fine, 1979). Igualmente, al evaluar el legado de Slavson, Anthony (1971) le describió de forma variable como un autodesignado «perro guardián con el que se puede contar para ladrar a los extraños y morder a los salvajes que rondan los márgenes de Ia terapia de grupo (...) un poderoso ímpetu para el desarrollo de la terapia de grupo: al mismo tiempo ("-.} ('plantea} limitaciones para su ulterior crecimiento de la terapia de grupo como forma de tratamiento por propio derecho (...). Como teórico es mas categórico que creativo, y se da una firmeza en su postura que difícilmente encontrarnos en el arte».

Resulta lamentable que «aun siendo una figura de talla internacional, cuyas obras se han publicado en muchas lenguas, con seguidores en todo el mundo, todavía tiene poco crédito y reconocimiento» (Fine, 1979). Lo mismo puede decirse de Slavson, con la salvedad de que la American Group Psychotherapy Association, que él fundo, ha logrado sobrevivir como la mayor y más respetada organización profesional de terapeutas de grupo. Tras la muerte de Slavson la asociación adoptó un carácter más plural, lo que atrajo en su seno a terapeutas de grupo de todas 'las orientaciones ideológicas (incluyendo psicodramatistas). Por otro lado, dicha asociación fue elemento impulsor para la constitución en 1974 de la democrática Internacional Association of Group PsycholheraFy (Scheidlinger, Schamess, 1992).

Sólo cabe especular sobre lo que el movimiento de terapia de grupo seria hoy día en todo el mundo si Moreno y Stavson, trabajadores infatigables ambos, hubiesen unido sus esfuerzos en vida, en lugar de disputar y promover organizaciones, conferencias y publicaciones competidoras.
TERAPIA DE GRUPO Y PSICOANALISIS
La rápida aceptación como abordaje clínico valido que la terapia de grupo ha disfrutado entre la comunidad de profesionales de la salud mental desde sus comienzos en los años 50 ha sido más lenta en lo que respecta al campo del psicoanálisis. Saúl Tuttmari (1980) se refería a «una evidente resistencia, cuando no desconfianza e incomodidad» y a veces incluso y desprecio, además de miedos, cuando los psicoa­nalistas se toparon con la noción de terapia de grupo. Michael Balini (1965), el famoso psicoanalista británico y fundador de los denominados grupos Balint para médicos, amonestó al movimiento psicoanalítico por haber ignorado la terapia de grupo «en detrimento de los interesados, sobre todo, nuestra propia ciencia. Ahora son otros los que están recogiendo una rica cosecha en este importante campo y nosotros perdemos una oportunidad, quizás irrecuperable, de obtener observaciones clínicas de primera mano acerca de las dinámicas colectivas». Y sin embargo, hay signos de acercamiento. En este sentido, cabe contrastar dos intervenciones separadas hechas hace más de veinte años por dos experimentados psicoanalistas. Lawrence Kubie cuestionaba en 19S5 si «la terapia de grupo, por si sola, podía engendrar insight tan profundos y producir cambios tan a largo plazo como los que a veces se logran dentro del espectro de terapia psicoanalítica individua. Entre los que respondieron a ese artículo estaba Foulkes (1958), que en el mismo número de la revista no sólo mostraba su desacuerdo con Kubie sino también, le acusaba de tener prejuicios respecto a la terapia de grupo. Algo más de dos décadas después, Leopold Bellak (1980) considera la terapia de grupo como una valiosa modalidad que amplía la dimensión de la empresa terapéutica, Incluso fue más allá, afirmando que el entrenamiento psicoanalítico podría mejorarse si el candidato hiciese terapia de grupo además del tradicional análisis didáctico.

Seguirá habiendo un malentendido mientras algunos psicoanalistas no se den cuerna de que la terapia de grupo guarda relación indirecta con los escritos psicoanalíticos sobre el liderazgo, iniciados por Freud con Psicología de las Masas y Análisis del Yo (1921). De hecho, cualquier teorización sobre la terapia de grupo supone la integración de dos sistemas conceptuales dispares, pero relacionados, complejo cada uno de ellos por sí mismo: (1) el sistema de la psicología grupal, que plantea la pregunta « ¿Qué mueve a los grupos?. Lo que incluye el tema del liderazgo y es aplicable a todos los grupos, y (2) el sistema de terapia grupal, que es una modalidad de intervención clínica con técnicas específicas encaminadas a inducir cambios de conducta en los pacientes (Scheidlinger, 1982).

En el futuro hay razones para esperar una aproximación cada vez mayor. En ese sentido las contribuciones de la escuela británica de relaciones objétales, donde cabe citar a Bion (1959) y Ezriel (1950), han logrado atraer la atención de un número cada vez mayor de psicoanalistas en todo el mundo. También han escrito sobre el tema de la psicología de grupo dos innovadores en la esfera del tratamiento psicoanalítico de pacientes con alteraciones deI desarrollo, Otto Kemberg (1980) y Heinz Kohut (1976).

Por otro lado, la investigación de temas sobre identidad individual en sus aspectos autónomo y de afilia­ción realizada por Gerald Steckier y Samuel Kaplan (1980) y la ampliación del concepto de introyectos por E. James Anthony (1980) hasta incluir grupos como la ramilla representan prometedoras incursiones en el campo de la con­ducta social y, con ello, en el mundo de la psicología grupal, la temprana afirmación de Freud (1921) de que «desde el principio la psicología individual es, al mismo tiempo, también psico­logía social.-*- quizá esté en camino de validarse.
DIFERENCIACION Y PLURALISMO
A lo largo de las dos últimas décadas se ha producido en el movimiento psicoterapéutico en general y en el de la terapia de grupo en particular una apertura de perspectivas ideológicas y una flexibilización que son de agradecer. El modelo psicoanalítico de práctica psicoterapéutica esta experimentando una conmoción autocrítica y de cuestionamiento sin precedentes (Cooper, 1987), lo que abre las puertas a las contribuciones de otras escuelas de pensamiento.

Por otro lado, dentro del campo de la terapia de grupo, los datos de las investigaciones apun­tan hacia impresionantes puntos de contacto y logros similares por parte de todos los terapeu­tas con experiencia, al margen de sus plantea­mientos teóricos. A consecuencia de ello, el ini­cial chovinismo ideológico empieza a dar paso a un notable pluralismo conceptual y a un abor­daje pragmático y ecléctico en la práctica clíni­ca. Por ejemplo, en nuestros días sería difícil encontrar un terapeuta de grupo experto, de no importa que línea ideológica, que rechazase los siguientes factores terapéuticos postulados por Irvin Yalom (1.975), discípulo de Sullivan, para la terapia de grupo, (1) instalar esperanza. (2) uni­versalidad, (3) proporcionar información, (4) altruismo, (5) recapitulación correctora sobre el grupo familiar de origen, (6) desarrollo de téc­nicas socializadoras. (7) conducta imitativa. (8) aprendizaje individual (incluyendo insight), (9) cohesividad de grupo, (10) catarsis y (11) facto­res existenciales. No obstante, habría discrepan­cias entre los terapeutas de grupo acerca de la importancia relativa de cada uno de dichos fac­tores. La mayoría de los terapeutas de grupo de orientación freudiana, entre ellos Aaron Stein y Henriette Glatzei (1973), probablemente harían especial hincapié en los aspectos intrapsíquicos, el análisis de la resistencia, las defensas caracte­riales y la transferencia, así como el favorecimiento de insight. Genético. Este último punto sobre todo, es deliberadamente infravalorado por Yalom, cuando constituye el papel central del terapeuta como figura de transferencia, contratransferencia y empatia.
VISION RETROSPECTIVA DE TEORIAS

Un libro publicado con ocasión del 50 ani­versario de la fundación de la American Group Psychotherapy Association (Mac Kenzie, 1992) presenta más de 25 artículos clásicos dentro del campo publicados con anterioridad. Cuatro de ellos merecen especial atención.
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