I la crisis de la criminología tradicional




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títuloI la crisis de la criminología tradicional
fecha de publicación30.01.2016
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LA CRISIS DE LA CRIMINOLOGÍA
Edmundo René Bodero

CONTENIDO:

I LA CRISIS DE LA CRIMINOLOGÍA TRADICIONAL II NACIMIENTO DE LA NUEVA CRIMINOLOGÍA III CRIMINOLOGÍA DE LA REACCIÓN SOCIAL (Etiquetamiento) IV CRIMINOLOGÍA CRÍTICA V EL ECLIPSE DE LA CRIMINOLOGÍA CRÍTICA. VI EL DESMEMBRAMIENTO DE LA CRIMINOLOGÍA CRÍTICA. VIa El Abolicionismo. VIb El derecho Penal Minímo (Garantísmo). VIc El Neorrealismo de Izquierda. VII DEL ESTADO BENEFACTOR (WELFARE STATE) AL NEOLIBERALISMO. VIII LA SOCIEDAD DE RIESGO. IX LA CRIMINOLOGÍA ADMINISTRATIVA RESPUESTA A LA DELINCUENCIA DE LA SOCIEDAD DE RIESGO IXa) Teorías de las Ventanas Rotas. IXb) Tolerancia Cero X LA INDUSTRIA DEL CONTROL DEL DELITO


I LA CRISIS DE LA CRIMINOLOGÍA TRADICIONAL
Hasta los años sesenta del siglo anterior, la pobreza y sus secuelas eran consideradas por la Criminología, las causas principales de la desviación. Consecuentemente, para combatir la delincuencia era menester erradicar la miseria y disminuir la brecha social.
James Q. Wilson (ex-asesor del Presidente Reagan y autor del best-seller “Thinking About Crimen”) expuso sugestivamente la cuestión:
Si en 1960, se nos hubiera preguntado cuáles medidas deberían aplicarse para evitar el incremento drástico de la tasa de criminalidad, habríamos respondido que reduciendo el nivel de la pobreza, elevando la calidad de la educación, demoliendo las construcciones ruinosas, promoviendo la organización comunitaria y orientado a la juventud descarriada.

Como por aquellos años, los ada Estados Unidos disfrutaban de un período de inusitada prosperidad económica, considerables recursos fueron destinados a la aplicación de aquella política criminal. Así, se demolieron barrios bajos, se mejoró la educación, se alcanzó el pleno empleo, etc. y, sin embargo la curva de la delincuencia aumentó en lugar de decrecer.
II NACIMIENTO DE LA NUEVA CRIMINOLOGÍA
El ascenso incontenible de los índices delictivos, a pesar de que los factores “desencadenantes” habían sido sistemáticamente combatidos, revelaba inequívocamente que la teoría y la praxis criminológica estaban erradas, imponiéndose la revisión total de sus postulados, máxime que los delitos no los perpetraban ya emigrantes desesperados, ni los hijos de los obreros imposibilitados de conquistar el sueño americano, ni jóvenes pandilleros salidos de la misma capa social, etc. como lo sostenían la escuela de Chicago, la anomia de Merton y la teoría de las subculturas, en su orden. Las nuevas generaciones de antisociales pertenecían a las clases media, media alta y económicamente poderosas, a quienes se les imputaba la comisión de delitos de nuevo cuño como oponerse a la segregación racial,1 a la guerra de Vietnam, a la invasión a Cuba, a la impunidad del Presidente Nixon en el caso Watergate, mientras quienes ejecutaron sus órdenes se encontraban tras las rejas o perseguidos, etc.
Ante tales acontecimientos, los criminólogos de entonces no pudieron por menos que empezar a dudar y preguntarse:
¿Las leyes penales en realidad obedecían a consensos? ¿Representaban, en puridad el sentir de las mayorías? La justicia, actuaba al margen de la posición social, económica, color de piel, o creencias de los acusados? ¿El sistema penal cumplía los propósitos que la doctrina le asignaba?
A lo anterior se agregó que la post-modernidad (inteligencia artificial, robótica, informática, genética, clonación, fecundación, satélites y globalización de la economía) que empezaba a extenderse por el orbe, trajo consigo formas más sofisticadas de desviación, lo que imponía la necesidad de replantear integralmente la cuestión criminal, iniciándose así la crisis de la antigua y el surgimiento de la Nueva Criminología.
III CRIMINOLOGÍA DE LA REACCION SOCIAL (Etiquetamiento)
En su primera fase, la Nueva Criminología adoptó por denominación: “De la Reacción Social”, aunque también suele como teoría del “Etiquetamiento” o “Interaccionismo Simbólico”, éste último por inspirarse en aquel enfoque sico-sociológico de George H. Mead.

A la Criminología de la Reacción Social le correspondió el honor de ser la primera en romper con el paradigma etiológico (búsquedas de las causas del delito) que caracterizaba a la Criminología anterior. Su campo de estudio fue la elaboración, aplicación y ejecución de las leyes penales (sustitución de “las teorías de la criminalidad por las de la criminalización,2) postura que bien podría sintetizarse en la divisa “No hay criminalidad sin criminalización”.
Inspirada en el Interaccionismo Simbólico, sostiene que los delitos no son entidades ontológicas (preconstituidas naturalmente, como un árbol, una montaña o una flor) ni dañosas per se y su inclusión en el elenco de los delitos obedece a procesos de definición y selección altamente discriminatorios, dirigidos por quienes en un tiempo y un lugar determinado, detentan el poder económico y político. Son los tirititeros de las legislaturas los que al crear las figuras delictivas –declaradas dañosas cuando afectan los intereses de las minorías- los que inventan al criminal.
La etiqueta (ladrón, violador, estafador, etc.) colocada por operadores del aparato represor (policías, fiscales, jueces) al indiciado y no la acción que ejecute, es lo que lo transforma en antisocial. Los operadores son meros instrumentos del control social formal que aplican exclusivamente a los marginales. Además, la etiqueta obliga a los etiquetados adoptar -aún contra su voluntad- un irreversible destino criminal. ¿Quién emplea a un ex-ladrón o estafador? ¿Acaso hasta su propia familia no rehuye al que justa o injustamente fuere acusado de violar a un menor?
En resumen y aunque luzca tautológico, al interesarse únicamente en criticar la acción del control penal y sus instancias criminalizadoras, esta teoría renuncia –como ya dijimos- en forma absoluta al análisis de las causas desencadenantes del fenómeno criminal.
Su principal aporte fue la ampliación del radio de investigación hasta entonces circunscrito a la figura del delincuente. Gracias a ella, sabemos que no es posible prescindir del análisis de la reacción social (una acción u omisión es elevada al rango del delito, sólo cuando provoca una reacción social negativa) por ejemplo: Si un soldado de Estados Unidos asesina a una familia iraquí durante la celebración de una boda no comete delito alguno, empero si el mismo soldado mata a un civil americano en su país puede ser condenado a muerte.
El aborto es un crimen, según prevalezcan o no en un país los principios católicos.
Lo más importante, denunció la alta selectividad del control social formal, resaltando la desigualdad del trato al ciudadano por parte de los operadores de la ley penal.3
Su posición ideológica es de tendencia liberal (no pretende sustituir el capitalismo por el marxismo) razón por la que, la Criminología Crítica que abiertamente abogaba por dicho cambio injustamente la acusó de reaccionaria, negándole el rango, de Nueva Criminología, cuando fue precisamente la Reacción Social, la que abrió el camino hacia nuevas dimensiones del fenómeno delictual..
IV CRIMINOLOGÍA CRITICA
La Criminología Crítica o Radical, es el nombre de la segunda fase de la Nueva Criminología. Coincide con la de Reacción Social en el rechazo del paradigma etiológico (estudio de las causas del delito) por considerar que dicho análisis implica aceptar ínsitamente, sin cuestionamiento alguno, una entidad que depende exclusivamente de la voluntad del legislador.
Además, estudiar las causas del delito equivale a convenir que acciones tan disímiles como -por ejemplo- un alzamiento armado y una injuria tienen un origen común que puede ser el inconsciente, las glándulas de secreción interna, la miseria o alguna patología cerebral.

Basada en el materialismo histórico, para la Criminología Crítica el delito es un instrumento de lucha contra la injusticia social, y, el derecho penal -por el contrario- un arma de los poderosos para conservar sus privilegios y mantener controladas a las mayorías.
El ladrón, cuando roba lo que en realidad hace es cuestionar el valor de la propiedad ¿acaso la propiedad al excluir a los demás del uso y disfrute de una cosa, no constituye un robo?
Culpar al pobre por la comisión de un delito equivale a culpar a la víctima. ¿Por qué, por ejemplo, es delito la violencia de los trabajadores y no lo es la violencia patronal? ¿Por qué la violencia sexual de terceros constituye un delito y la del marido no?
El delincuente, es una víctima de la sociedad, de policías, jueces y fiscales, quienes operan selectivamente contra los marginales; es víctima inclusive de quienes al pretender rehabilitarlo, lo que consiguen es empeorar su situación.
En resumen, el desviado era un rebelde alzado en armas contra el explotador régimen capitalista. Si esto era así, carecía de sentido proponer políticas encaminadas a la prevención y control del delito, pues equivalía a legitimar un injusto estado de cosas. Por lo tanto, lo práctico consistía en que incluso los profesores de Criminología pasaran de la retórica a la acción y lucharan por la sustitución de la injusta estructura capitalista de la sociedad por el socialismo, habida cuenta de que si la delincuencia era un fenómeno privativo de las sociedades capitalistas, lo procedente era reformar a ésta y no al desviado.
V EL ECLIPSE DE LA CRIMINOLOGÍA CRITICA
Aquella revolucionaria visión de la criminalidad, contenía insuperables contradicciones. El movimiento feminista recordó que las mujeres sufrían agresiones físicas y sexuales y eran discriminadas en lo laboral, profesional y académico, sin que tales inconductas tuvieran nada que ver con los intereses de los poderosos.
Por otra parte, los criminólogos críticos olvidaron que el ladrón -por ejemplo- anhela convertirse en propietario y el incendiario provoca el fuego, porque es piromaniático o por cobrar un seguro; etc. Es decir, ciertos postulados de la Criminología tradicional, ya no parecían tan sectarios y perversos; otorgar al delincuente la condición de revolucionario o héroe era absolutamente irracional.
La acusación al derecho penal de que protegía exclusivamente los intereses de la clase dominante, perdió piso al recordarse que muchos de sus valores fueron conquistados en sangrientas batallas, resurgiendo la opción de recurrir nuevamente a él para defender a los débiles.
A la larga, aunque a regañadientes, hubo de reconocerse que el delito no era una simple abstracción (sin base ontológica) sino un hecho real, individual y socialmente dañoso, urgido de medidas tanto para frenarlo cuanto para proteger a las víctimas.
La Criminología Crítica, finalmente acabó por reconocer que la sustitución del capitalismo por el socialismo, no pasaba por lo pronto de ser una propuesta imposible de realizar.
Pero la Criminología Crítica nos legó inolvidables aportes: destruyó esa especie de apotegma según el qué, la justicia era “igual para todos”, cuando la realidad mostraba lo contrario; bastaba observar a los delincuentes de cuello blanco que rara vez respondían por sus crimines y probó también de manera irrefragable la marcada influencia de los grupos de presión en la creación de las figuras delictivas, aunque en realidad estas ideas tuvieron como precursor a Edwin Sutherland.
La Criminología Tradicional miró a la Nueva Criminología, como una especie de snobismo más político que científico. Como bien dice Stanley Cohen, a pesar de la debilidad y fracaso del positivismo, la Criminología Radical no pudo desalojarla de su bastión.
Vale anotar que la estocada mortal, curiosamente la Criminología positivista la recibiría no de la izquierda científica, sino de un movimiento emergido de sus propias entrañas, el neorrealismo de derecha, más conocido como Criminología Administrativa.
VI EL DESMEMBRAMIENTO DE LA CRIMINOLOGIA CRITICA
El exagerado abstraccionismo y su nula practicidad acabó por fraccionar a la Criminología Crítica en tres corrientes: el abolicionismo (escandinavo y holandés), el garantismo (derecho penal mínimo) de gran aceptación en Italia, España y latinoamérica y, el neorrealismo de izquierda (inglés y norteamericano)
VIa) EL ABOLICIONISMO
Se propone la extinción del sistema penal, al que califica de irreal y totalitario y al que califica de problema social a erradicar. Persigue no sólo la abolición del sistema carcelario sino de todo el sistema de justicia penal, al que Jiménez de Asúa acusó de estar cubierto de sangre y amadrigar en su recóndito seno mucho sadismo. Zaffaroni, de su desarrollo era uno de los más sangrientos de la historia y probablemente ha costado a la humanidad más vidas que todas las guerras juntas. Ferrajoli, que la justicia penal ha significado más dolores e injusticias que el total de delitos cometidos. El abolicionismo, conlleva por tanto, una crítica feroz al derecho y la justicia penal, tanto por sus características violentas cuanto por su inutilidad.
Acusa al sistema penal de equipar al imputado a un enemigo en guerra, pues actúa como un ejército en marcha en busca de un enemigo al que es necesario eliminar. Últimamente, gracias a Jakobs, también académicamente como un enemigo del Estado. De ahí las expresiones ¡guerra contra la delincuencia! ¡guerra contra las drogas! etc.
El sistema penal actúa con los mismos valores e instrumentos que predica combatir, basta citar a una institución extremadamente violenta como es la cárcel.4

Los abolicionistas denominan a la criminalidad “situaciones problemáticas”, “actos lamentables”, “conflictos”, etc., que deben ser resueltos mediante el diálogo, la concordia, la apertura y la solidaridad.
Louk Hulsman ─el principal abolicionista─ aboga por la devolución del conflicto a sus protagonistas (victima del delito y ofensor) para que la “situación problemática” no sea expropiada por las instancias del control formas del Estado, para afectos de lo que, se deben establecer mecanismos de comprensión entre la víctima y el ofensor.5
Hulsman reconoce la influencia ejercida en su pensamiento por ciertas antiguas culturas indígenas, en las que las decisiones son tomadas consensualmente por el grupo. Sin embargo, admite que de imponerse el abolicionismo, las conductas o comportamientos indeseables no desaparecerán, pero en cambio podrán afrontarse con mejores opciones que bajo el sistema actual.
El abolicionismo ha quedado reducido al papel de crítica académica, sin posibilidades de normativización. Por el contrario, lo que en la práctica acontece -a raíz del 11 de Septiembre del 2001- es una expansión y endurecimiento del sistema penal, pero nadie puede negar que debilitó seriamente la fe que antaño se tenía en el sistema penal.
VIb) EL DERECHO PENAL MÍNIMO (GARANTISMO)
Según Ferrajoli, tras las derrotas del facismo y el nazismo, en el derecho positivo en general y en el penal, en particular se produjo un cambio de paradigma, que alumbró el garantismo, doctrina que otorga a la Constitución el origen y límite de todo poder.
Norberto Bobbio, en el prólogo de “Derecho y Razón”, la grandiosa obra de Ferrajoli sintetiza la cuestión con la frase: “Es bueno y por consiguiente deseable y defendible la solución que amplía la esfera de la libertad y restringe la del poder”.6
El derecho penal mínimo propone restringir la calidad y cantidad de los tipos penales a lo estrictamente necesario para proteger los derechos y garantías del imputado. Plantea recuperar las garantías procesales ignoradas por las leyes de excepción y los regimenes autoritarios y retrotraer al derecho penal a la filosofía iluminista que en el siglo XIX inspiró su concepción, cuando se lo definió como un “derecho penal humanitario”, que leyes penales vuelvan a ser conceptualizadas como las leyes de los más débiles.
VIc) EL NEORREALISMO DE IZQUIERDA

El neorrealismo de izquierda empezó a configurarse en 1984, cuando J. Lea y J. Young -este último coautor de la “La Nueva Criminología” (1973), la obra iniciática de la Criminología Crítica- publicaron “What´s to be done about Laws an Order” (¿Qué hacer con la Ley y el Orden?). El propósito de Lea y Young era enfrentar a la derecha inglesa, cuyos políticos planteaban como solución al problema del auge criminal en su país, más policías, más cárceles y más penas.

Lea y Young, recomiendan volver a ocuparse de las causas del delito (paradigma etiológico) justificando la involución de su pensamiento en la necesidad de oponerse a la Criminología Administrativa (neorrealismo de derecha) de reciente aparición y que al igual que la Crítica, rechazaba el estudio de las causas del delito, por considerar que lo importante es “tomar medidas contra el delito” y no conocer las causas que lo originan.
En su nueva propuesta, Lea y Young reconocen que la delincuencia es un azote para la sociedad y que la mayoría de las víctimas -igual que los delincuentes- proceden de los estratos más bajos de la sociedad: Arriban a la conclusión de que al delito no podía ser catalogado –como exigían los criminólogos críticos- como una abstracción carente de base ontológica; por el contrario, era algo real, tangible, urgido de medidas concretas y pragmáticas. Jock Young, en franca abjuración de su antigua posición crítica, recomienda «reabrir la cuestión de las causas del delito».
El eclecticismo del movimiento es evidente, pues si con el enfoque crítico (izquierda) coincide en exigir profundas reformas estructurales, con la Criminología Administrativa (derecha) conviene en la necesidad de prevenir y reprimir la delincuencia. Puesto que las carencias ─ según la nueva posición de Young ─ son causas principales del delito, es obvio que para contrarrestar la delincuencia, la sociedad debe reducir las desigualdades (promoviendo empleos, salarios justos, viviendas decentes, etc.) lo que implica un ritornelo a las antiguas propuestas de Enrico Ferri y la escuela sociológica de Chicago, aunque sin mencionarlas.
VII DEL ESTADO BENEFACTOR (WELFARE STATE) AL NEOLIBERALISMO.
El welfare, doctrina socio-económica que obliga al Estado a garantizar a sus asociados cierto mínimos nivel de vida, se inició en la segunda mitad del siglo XIX, a resultas de la aparición de la cuestión social (movimiento obrero, sindicalismo, luchas colectivas, etc.) que involucraron al Estado en la regulación y protección del trabajo (horarios, descanso, vacaciones, huelgas, sindicatos, etc.) y por supuesto, en el control del mercado.
A fines del mismo siglo, la Alemania de Bismarck estableció seguros obligatorios de enfermedad e invalidez. En 1900, Inglaterra, puso en vigencia una legislación social-fabril. Luego, países como Dinamarca y Suiza, siguieron el ejemplo.

Así, paso a paso se fue estructurando el modelo de sociedad denominado Estado de Bienestar (Welfare State) definido como “el conjunto de servicio sociales provistos por el Estado, en dinero o en especie, así como la regulación de actividades privadas de individuos o empresas.”7
El objetivo era forjar Estados integrados por ciudadanos libres y solidarios entre si; y aunque siempre se supo que el welfarestate no eliminaría las desigualdades sociales, se aspiraba a una mejor distribución de los recursos entre las diversas capas de la sociedad.
El ejemplo emblemático de aquella concepción del Estado fue el “modelo fordista” (en alusión a Henry Ford: trabajo en serie, cadena de montaje, etc.) en el sentido de que los salarios debían crecer proporcionalmente al aumento de la productividad. En la base de dicha fórmula yacía la “ecuación keynesiana”, combinación del crecimiento ilimitado con una mejor distribución de la riqueza y la búsqueda de la equidad social.
La Seguridad Social tenía por finalidad extender el bienestar a las mayorías, garantizar la “vida segura,” el empleo hasta la jubilación y que los hijos –cuando lo desearen- reemplazaran a los padres en sus puestos de trabajo.
El Welfare State perduró hasta la década de los setenta del siglo XX, cuando varios acontecimientos convergieron para decretar su extinción y reemplazo por el modelo neoliberal. Entre tales acontecimientos destaca el fin de la era de la energía barata, provocada por la decisión de los Estados Unidos de devaluar unilateralmente el dólar, medida que encareció automáticamente el transporte del petróleo.
Como reacción, los países exportadores agrupados en la OPEP, reajustaron los precios del crudo que pasó de 3,45 a 34 dólares/barril en 1982, incremento que les permitió acumular cuantiosas divisas que fueron a inundar los mercados financieros. Gobiernos, empresas e individuos, acosados por los prestamistas internacionales, sucumbieron al cebo de préstamos a tipos de interés asequibles pero con la trampa de cláusulas de reajustes.
La lujuria de los préstamos terminó cuando la crisis mundial disparó las tasas de interés del 0,57 por 100 en 1979 a más del 7 por 100 en 1982, lo que obligó a los acreedores a exigir la cancelación de los créditos. Países y empresarios, argumentaron que el encarecimiento del dinero les impedía honrar sus obligaciones. En el Ecuador, la deuda privada fue absorbida por el Estado, es decir, por el pueblo, dándose la paradoja que los pobres, los humildes debían pagar por los ricos, agravando la penuria fiscal y eliminando o reduciendo drásticamente los recursos destinados a la inversión social.
Se presentó una reacción en cadena, al aumento considerable de las deuda públicas y privada (internos y externas) se agregaron la caída de las exportaciones, quiebras, desempleo, desequilibrios de los precios, contracción de la inversión, inflación, y ese raro fenómeno económico denominado stanflación (inflación en recesión).

El Fondo Monetario Internacional, al imponer a los países deudores -mediante las temidas terapias de shock o el gradualismo- inhumanos reajustes económicos, pauperizó aún más a las masas.
La asunción al poder de Ronald Reagan y Margaret Thatcher (en Estados Unidos e Inglaterra)8 apuntaló al neoliberalismo económico y aceleró la extinción del Estado Benefactor; los empresarios, que siempre acusaron el welfare state de estimular las exigencias sociales, aprovecharon la crisis para exigir drásticas reducciones de la asistencia social y económica, y el restablecimiento de mecanismos reguladores del trabajo, hasta entonces –según protestaban- únicamente favorables al sector laboral

Los países de América Latina, creyéndose impotentes para conjurar la crisis, optaron por reemplazar al keynesianismo -soporte del Estado de Benefactor- por el neoliberalismo, reestructurado por Milton Friedman, factótum de la escuela económica de Chicago.
La decadencia del Estado Benefactor, sobrevino en definitiva, como consecuencia de la ruptura del tácito acuerdo mantenido entre trabajadores y empresarios acerca del mejoramiento de las condiciones de vida del proletariado; por la desaparición de la solidaridad social; por la ingerencia de nuevas tecnologías y la informática, que permitieron a las empresas disminuir el empleo, abaratar los costos al montar su instalaciones en lejanos países del tercer y cuarto mundo.9
El aumento de la desigualdad social, la pobreza, el desempleo, el hambre, el analfabetismo o la instrucción deficiente, la deuda externa, el F. M. I., la despreocupación por la salud; la extinción de la familia nuclear, la escasez de vivienda, la inseguridad, la emigración, la violencia, la frustración, el descontento, etc., generaron un crecimiento de la criminalidad jamás antes contemplado en los países de la periferia y los centrales.
VIII LA SOCIEDAD DE RIESGO
En 1986, Ulrich Beck denominó “Sociedad de Riesgo”, a la era port-moderna en que vivimos. Con dicha denominación quería resaltar que junto los progresos y el confort que caracterizan a nuestra época, coexisten peligros antaño inexistentes (nucleares, ambientales, tóxicos, genéticos, térmicos, etc.), que ponen en riesgo la sobreviviencia de la humanidad. A diferencia de los peligros de las etapas anteriores de la civilización que sólo atentaban contra los pobres, los de hogaño amenazan a ricos y pobres.
A la lista original de riesgos, Beck ha añadido otros como el desempleo (causado por la tecnología, y que al parecer es irreversible), los alimentos (contaminaciones, adulteraciones, pestes del ganado) accidentes (vehiculares, laboral); patologías de consumo (anorexias, bulimias)
La naturaleza de los delitos también ha variado: informáticos (atracos financieros, difusión de pornografía infantil, propaganda terrorista, aberraciones sexuales); tráfico de drogas, lavado de dinero, terrorismo, secuestro de aviones, Implantes de microchips en el cerebro humano permitirán, si no lo permiten ya transmitir información de utilidad criminal.
IX LA CRIMINOLOGÍA ADMINISTRATIVA RESPUESTA A LA DELINCUENCIA DE LA SOCIEDAD DE RIESGO
La Criminología Administrativa, surgió como reacción al auge delincuencial, ocasionado -según nuestra opinión- por la sustitución del Estado de Bienestar por el neoliberalismo, y los avances de la tecnología. La naturaleza de esta Criminología es exclusivamente preventiva y represora, no ocupándose como ya señalamos de las causas del delito.
Su obsesión es la seguridad ciudadana, que intenta alcanzarla mediante cámaras de videos en las calles, prohibición de salir en las noches, toques de queda, ley seca, monitoreos electrónicos, etc., teniendo por miras eliminar o reducir al máximo las condiciones que estimulan la comisión de los delitos.
Se propone evitar riesgos y actuar cuando todavía no se ha cometido el delito (prevencionismo) y no se aplica a una persona sino a grupos o categorías de personas (jóvenes, inmigrantes, negros, pobres, etc.)
Stanley Cohen10, habla de un nuevo “conductismo”, que procura solucionar los problemas delictivos renunciando a mejorar a las personas por considerar inútiles tales políticas.
Por lo tanto, la Criminología Administrativa comparte con su antítesis la Criminología Crítica, la aversión por el paradigma etiológico y el escepticismo respecto a que el delito puede ser combatido mediante planes de justicia económica y social.
James Q. Wilson, afirma que aun en la hipótesis de que el delito fuere causado por factores endógenos o exógenos, la mejora de las condiciones sociales poco podría hacer para contrarrestarlas, pues el mejoramiento de las condiciones sociales antes que reducir la tasa criminal la incrementa. Que si bien es verdad que los pobres delinquieran más que los ricos, también lo es que sólo una pequeña minoría de pobres se desvía.
Según éste mismo autor, el delincuente antes de actuar realiza una elección moral -a veces influida por circunstancias exógenas- pero en la mayoría de los casos por una decisión razonada, nacida de la convicción de que el delito es la “mejor” solución a su problema, sea este económico o personal”.
Entre la ideación, preparación y ejecución del delito, el sujeto toma en cuenta varios costos y beneficios, por ejemplo:


  1. Alternativas para solucionar sus problemas, una de ellas el delito.

  2. Cálculo del tiempo que dedicará al mismo con el que utilizaría en una actividad legal.

  3. Comparación entre la utilidad que espera obtener con el comportamiento arriesgado y lo que le proporcionaría la actividad legítima.


En síntesis, que el delincuente es capaz de optar por una alternativa diferente; así, un ladrón de coches puede escoger otros medios para conseguir dinero; un libidinoso, conquistar y no raptar a la mujer que desea poseer, etc.
Para Wilson, el tipo de sociedad en el que la rehabilitación del penado era factible, ha desaparecido; consecuentemente, pretender aplicarla en la sociedad de riesgo en que vivimos resulta bastante ingenuo; por tal razón, lo pragmático es la “prevención situacional”, entendiéndose por tal el aumento de las posibilidades de aprehender a los criminales y la disminución de las opciones de coronar exitosamente sus acciones.
Además, por supuesto, de disuadir al potencial delincuente gravando las consecuencias negativos de su acción.
Los postulados de la Criminología Administrativa, pueden resumirse así:


  1. Desinterés por la etiología

  2. Negación de que el delito tenga sus fuentes en circunstancias sociales

  3. El delito obedece a una elección racional

  4. Es posible prevenir los delitos.


IXa) TEORÍA DE LAS VENTANAS ROTAS
Se conoce como teoría de las “Ventanas Rotas”, a la política criminal implantada por la Criminología Administrativa en barrios cuyos habitantes son presas del terror, en lugares en los que proliferan la prostitución, la venta de drogas, robos callejeros, asaltos a mano armada, etc.
La teoría, recomienda suprimir toda circunstancia que incite a delinquir. Si el diseño de una tienda influye en los hurtos y la venta de armas de fuego en los homicidios, ambos elementos deben ser eliminados. Las actividades rutinarias de la población ¿cómo vive?, ¿dónde trabaja?, ¿de qué ocios participa? son decisivas para el aumento o disminución de los niveles delictivos.
La moraleja es que los blancos fáciles o la vigilancia deficiente alienta a los delincuentes, resultando irrelevante la presencia o ausencia de los factores criminógenos clásicos.
Cierto descenso de la delincuencia en populosas ciudades americanas se atribuye a políticas de este tipo.11
Sin embargo, la organización Rand y la Police Foundation, entre otras arribaron a las siguientes conclusiones:


  1. El aumento del número de policías no reduce la tasa de criminalidad;

  2. La saturación de vigilancia policíaca no disminuye el nivel delictivo, su único efecto es el desplazamiento hacia otros lugares de la delincuencia profesional.

  3. Las prontas respuestas a llamadas de emergencia no aumenta la posibilidad de arrestar a los delincuentes

  4. Los delitos más temidos por la población son raramente controlados por las patrullas policiales.


Mientras los minimalistas recomiendan limitar al derecho penal a la protección de los bienes jurídicos más importantes y despenalizar las acciones de poca monta como la venta callejera de droga, la pornografía, la prostitución, etc., la teoría de las ventanas rotas por el contrario, propone intensificar su control e incrementar la represión.
IXb) TOLERANCIA CERO
En 1993, al asumir Rudolph Giuliani la alcaldía de Nueva York, propuso como luchar contra la delincuencia, un plan al que denominó “Zero Tollerance”, dirigido -igual que la Teoría de las Ventanas Rotas- contra la desviación callejera, el lumpen, alcohólico, prostitutas, proxenetas, etc., en definitiva, contra la desviación de los pobres. Sus grandes objetivos fueron la ebriedad, la mendicidad, la prostitución, los grafittis.
Acorde con la liquidación del Estado de Bienestar y los principios neoliberales, ya no se ayudaba a la pobreza sino que se la combatía.
Como antesala de la brutal campaña a desencadenarse contra la indigencia elevada a la jerarquía de criminal, los medios de comunicación masiva, previamente generaron una psicosis de temor magnificando los hechos.
Las tácticas nazis de Giuliani se propagaron a través del planeta a gran velocidad, globalizando la persecución policial y judicial de la “pobreza que molesta”.
La Criminología Administrativa, nada tiene de nueva. P. Sorokin solía referirse a cierta combinación de amnesia y “complejo de descubridor”, que suele caracterizar a los aspirante a científicos sociales, cuando ignoran o fingen ignorar el pasado, simulando descubrir ideas conocidas desde hace mucho tiempo.
Las ideas básicas de la criminología Administrativa y la teoría de las Ventanas Rotas, aparecen ya en los “sustitutivos penales” de Enrico Ferri, y el Programa de Marburgo de von Lizt, por lo que no constituye ninguna novedad.
X LA INDUSTRIA DEL CONTROL DEL DELITO
Emilio Durkheim fue el primero en señalar que el delito era algo positivo, pues generaba numerosas plazas de trabajo como policías, fiscales, jueces, profesores de derecho penal, cerrajería, etc.
El criminólogo noruego Nils Christie, afirma:
En comparación con la mayoría de las industrias, la del control del delito se encuentra en una situación más que privilegiado”. No padece de escasez de materia prima: pues la oferta del delito parece ser infinita.
También son infinitas la demanda de servicio y la voluntad de pagar por lo que se considera seguridad (…)
Se estima que esta industria cumple tareas de limpieza, al extraer del sistema social elementos no deseados.12
La Criminología Administrativa y sus políticas criminales como la “Teoría de las Ventanas Rotas” y “Tolerancia Cero”, consecuencias de la extinción del Estado Benefactor, y su sustitución por el neolibralismo, constituyen un retroceso a los días más nefastos y oscuras de la humanidad.


1 En Septiembre del 2006 tres alumnos blancos colocaron tres nudos de horca colgando de lo que se conocía como “el árbol blanco” en el colegio Jena (Luisiana, E. U.) lo que muestra que el racismo no ha sido extirpado en ese país. Las horcas son recordatorios de los linchamientos de los que, por décadas, fueron victimas los negros en el Sur de los Estados Unidos.

2 A. Pablos de Molina: “ T. de Criminología” P.1052

3 Cfr. G. Kaiser en A. Pablos de Molina: “ T. de Criminología” P.1052

4 Conf. Iñaki Rivera Beiros: “Política Criminal y sistema Penal” P. 205, 206 (Anthropos)

5 Iñaki rivera, ibidem P. 209

6 Iñaki Rivera, ob. cit. P. 197

7 Iñaki Rivera Beiras: "Forma-Estado… en colectiv: “El Fracaso de la Política Criminal Oficial” P. 130 y ss. (grupo edit. Ibáñez)

8 La crisis del Estado Social no se puede aislar de la ofensiva neoconservadora iniciada por Reagan y Thatcher en los años ochenta y continuada después por los gobiernos europeos occidentales. Las políticas neoconservadoras lograron independizar el sistema político de las demandas sociales y dieron un vuelco autoritario a las relaciones entre el Estado y la sociedad civil. Se pusieron en práctica medidas de reducción o de contención del gasto público, legitimadas muchas veces como medidas urgentes y temporales (eliminación de la escala móvil y de ka seguridad en el empleo, privatización de las empresas estatales, etc. Con estas medidas el capital materializó su ruptura con el compromiso socio-político del Estado social. (Silveira, cit. por Iñaki Rivera Ob. Cit. nota 30)

9Iñaki Rivera Beiras: "Forma-Estado… en colectiv: “El Fracaso de la Política Criminal Oficial” P. 146. (grupo edit. Ibáñez)


10 Iñaki Rivera ob. Cit. P. 148

11 Garrido, Stangeland, Redondo: “Principios de Criminología” P. 388 (Tirant lo blanch)

12 Cfr. Iñaki Rivera cp. 138




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