Conforme su acepción, esta palabra deriva del Latín




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Brinell y el del estudio microscópico de su es­tructura. El primero se hace mediante un punzón y una presión determinada que nos da la dureza de cada zona por la profundidad de la incisión. El segundo, al atacar la superficie con ácido, nos permi­te observar su estructura mediante el empleo de un microscopio apropiado.

A pesar de ello. los norteamericanos ya cuentan con vainas de aluminio para los cañones de avión de 30 y 40mm y recientemente se ha anunciado munición de arma corta con vaina de aluminio pe­ro que no puede ser recargada.

No se esperan en el futuro grandes cambios en lo que a la vai­na del cartucho metálico se refiere, ni en formas ni en materiales, habida cuenta de que, como se dijo, este tipo de munición esta en sus últimas etapas de desarrollo y aplicación; otras clases de armas se avecinan de cara al futuro.

También son posibles cambios y mejoras en los métodos de fabricación, pudiéndose llegar a producir vainas partiendo de un tubo metálico en que se adose (por presión o soldadura) la parte trasera de la vaina, y sobre los que ya se están haciendo estudios. Desde ha­ce poco en Estados Unidos se esta promocionando una munición pa­ra arma corta con vaina mixta, es decir, cuerpo de plástico y culote de metal. Según su fabricante es tan potente como la de vaina de latón y mucho mas fácilmente recargable, ya que no precisa recali­brado hasta haber sido disparada 10 o 12 veces.

De las excelencias o exageraciones de esta munición nada se puede decir por el momento, pero no cabe duda de que los materia­les plásticos sintéticos tienen un campo de utilización minado de po­sibilidades. Las ventajas serian tan obvias que no merece la pena ni siquiera enunciarlas.

Al margen de estas posibles mejoras, que irán apareciendo en el transcurso de los próximos anos, existe la posibilidad de cambiar radicalmente el panorama y el sentido de la cartuchería si se llega­se a consolidar el cartucho sin vaina, que ya no seria un cartucho en el sentido neto de la palabra, pues le faltaría ese elemento esencial que es la propia vaina. En este sentido, los alemanes están, al pa­recer. muy adelantados con el fusil de asalto H-K-G-11 y el cartucho 4,7 x 21mm sin vaina.

Finalmente, nos queda por comentar el tema de las vainas ni­queladas, que se fabricaban de esta manera para que pudieran ser portadas sin que sufrieran deterioros por corrosión al estar en con­tacto con el cuero.

c) Recordatorio histórico.— La búsqueda constante de poder realizar en forma practica disparos sucesivos en el menor tiempo po­sible, inspiro a los diseñadores a construir armas con varios cañones o recamaras, y a los tiradores el use de los cartuchos de papel. Sin embargo, la solución era la retrocarga. El camino fue prolongado, los primeros pasos los dio un armero llamado Pauly quien, a princi­pios del siglo XIX, desarrollo un cartucho que era mitad cartón y mi­tad latón. Si bien no tuvo gran suceso fue el primer paso para que Casimir Lefaucheux en 1836 presentara un cartucho de características similares con fulminante incorporado, accionado por una espi­ga que sobresalía radialmente y que era la encargada de transmitir el golpe del martillo percutor.

Houiller, en 1847, mejoró el sistema al construir la vaina total­mente en latón. Los cartuchos de espiga presentaban serios proble­mas de ignición involuntaria durante su manipulación y estiba, siendo peligrosos en las caídas accidentales, Además, su forma li­mitaba su almacenaje.

Por aquella época, aparece en escena otro francés de apellido Flaubert, quien produjo un cartucho en el que solo utilizaba el ful­minante como propelente y lo distribuía perimetralmente dentro del reborde de la vaina. Mamas, ello permitía el asentamiento en las recamaras de las pistolas pare tiro de salón, muy difundidas en esa época.

Este fue el inicio del cartucho de fuego anular, el que rápidamente alcanzo considerable auge. Aumentando gradualmente su potencia, las fabricas pudieron producir armas eficientes con los mas variados mecanismos de repetición. El gran exponente de la munición de fuego anular, que mantiene su consumo y popularidad a nivel mundial, es el .22 LR.

El aumento de potencia que imponía el mercado llevo a que las cabezas de las vainas tuvieran que ser mas duras, cosa que dificul­taba la ignición del fulminante por percusión, hasta hacerlo poco confiable. Surgió entonces la necesidad. de cambiar el sistema de ignición de los cartuchos de mayor potencia, por uno que pudiera so­portar elevadas presiones pero que a su vez tuviera un método prac­tico y seguro de encendido. Nace así el cartucho de fuego central o percusión central, desde la cápsula fulminante o iniciadora se encuentra en el centro del culote de la cabeza de la vaina y el fuego se comunica a través de uno o varios a orificios, permitiendo que en el interior de la vaina se generaran altas presiones sin deformarla estructuralmente, haciendo un conjunto capaz de soportar las mas fuertes cargas propulsoras.

d) Características de construcción.-- Por su construcción, las vainas pueden ser de tres tipos: de cabeza plegada; de cabeza globo, y de cabeza sólida. Elio apunta a la fortaleza de la cabeza de la vai­na, lo que posibilita cargas mas potentes y, por ende, cartuchos de mayores prestaciones.

-Los diferentes tipos de vainas se encuentran íntimamente ligados a los asentamientos en recamara. Iniciemos ahora has descripciones de las vainas:

-Las vainas con reborde o pestaña son descendientes directas de los cartuchos de Fuego anular, pero las pestañas actuales son ma­cizas, permitiendo a asentamiento en la recamara a través del re­borde que hace tope en el borde de la misma, obligando a que los cartuchos adopten siempre la misma posición. Además, la pestaña permite una correcta extracción. Este tipo lo utilizan los revólveres (por ello los problemas de extracción cuando disparan cartuchos de pistola), los rifles express, etc.

Mientras las armas se mantuvieron con sistemas de carga co­mo el tambor del revolver o el tubular de los rifles, no presentaron problemas, pero cuando se los comenzó a almacenar en hilera los re­bordes chocaban unos con otros e impedían el correcto posiciona­miento de las cabezas de las vainas. Asimismo, fueron notorias las fallas en las armas automáticas que utilizaron este tipo de cartucho.

La búsqueda de mayor eficacia y aumento del tiempo entre fa­llas de las distintas arenas, especialmente las colectivas, llevo a los alemanes a crear un cartucho sin reborde, el 8 x 57mm (7,92 Mau­ser). Es la base del desarrollo de la actual cartuchería, mas prácti­ca y segura.

Este tipo de reborde facilita la alimentación por cargadores de las arenas, dado que se pueden almacenar una arriba del otro, sin problemas. Sin embargo, al ver los actuales fusiles de asalto de Oriente y Occidente, se aprecia una notable diferencia en la curva­tura de los estuches cargadores; esto se debe a dos tendencias dife­rentes sobre la conicidad de las vainas; en el diseño de Oriente este detalle es muy pronunciado para facilitar la extracción y despegue de la vaina de las paredes de la recamara, ahorrando energía para el resto de los movimientos mecánicos nutridos de la fuerza de re­troceso del arma.

En contrapartida a ello, el almacenaje en cargadores obliga a que tengan mas formatura curva que los occidentales y, como sabe­mos, cuanto mas curvo es el cargador tanto más difícil es ajustar un buen diseño, y mas aun lograr que funcione correctamente.

A fin de reemplazar la facilidad que presentan los rebordes pa­ra la extracción de vainas sin reborde, tienen una ranura especial­mente colocada para que la una extractora se aloje en ella y permi­te una eficiente evacuación en el ciclo de expulsión del arena.

Las vainas con semirreborde a semi-pestaña (semi-rimmed), – fueron otro paso intermedio, a principios de siglo, para solucionar el problema que presentaban los rebordes en los cargadores, pero asando esos mismos rebordes para el asentamiento en recamara. Vainas de este tipo tienen el 6,35 Browning, el 7,65 Browning (.25 ACP y .32 ACP, respectivamente) etc., que si bien siguen en vigen­cia no representaron un gran impacto en el diseño de las vainas, de­jando paso a las sin reborde de mucha mayor difusión como el .45 AU, 9mm Parabellum, .380 ACP.

(ver figuras 157 a 174)

.Las vainas de culote rebatido o rebajado (rebated), se caracte­rizan por tener el diámetro del culote menor al cuerpo de la misma; con ello se consigue una aceptable solución mecánica cuando se desea tener armas con capacidad para convertirlas a otros calibres con solo cambiar el cargador y el canon, puesto que la cabeza del cierre se adapta al otro cartucho de menor diámetro.

Las vainas cinturonadas o cinchadas (belted) nacen de la mano de Henry Holland en 1904, por la necesidad de reforzar las cabe­zas de los cartuchos que el diseñaba. Los llevan prácticamente todos Los cartuchos Mágnum actuales, como el .458 Winchester Mágnum: .375 Holland-Holland Mágnum, etc.

Los cuerpos de las vainas pueden ser cilíndricos, cónicos o abo­tellados. Los primeros son los mas comunes en arma corta, donde el diámetro de la cabeza es igual al de la boca. Los cónicos tienen aria diferencia marcada entre el cuello y la cabeza; es poco común m las armas cortas. En armas largas es frecuente este diseño para facilitar la extracción.

Al comienzo de la cartuchería metálica cargada con pólvora negra, la velocidad de los proyectiles estaba sumamente limitada, por ende, para alcanzar mayor energía se debía incrementar el peso del proyectil. Con el advenimiento de la pólvora comprimida y luego de la pólvora sin humo, se alcanzaban grandes energías cinéticas sobre la base de mayores velocidades del proyectil, pudiendo disminuir notablemente su peso. Para lograr esto se le practicó un gollete a las vainas, origen de la nueva cartuchería, de manera tal de engarzar proyectiles de menor calibre y peso. Ello genera un hombro y una vaina con forma de botella.

Si bien este diseño es característico de la munición de arma larga, a fines del siglo pasado se realizó un cantidad reducida de cartuchos de pistola con esta forma, tal como el 7,63 Máuser. El 7,62 Tokarev, etc.












e) "Headspace". Es una palabra de origen ingles que podría traducirse como holgura de culote y es, en definitiva, la luz que que­da entre la cara anterior del cierre una vez cerrado y el cartucho ya alojado en la recamara. Ese espacio debe tener valores de mínima y de máxima: por fuera de ellos casi con seguridad se producirán problemas en el funcionamiento del arma. Cuando el valor es muy ajustado no permite efectuar correctamente el cierre; por el contra­rio, si por el prolongado uso. el excesivo juego en los mecanismos del cierre o una deficiencia en las medidas estándar de los cartuchos, la holgura resulta superior a la recomendada, el cartucho tendrá un movimiento longitudinal en la recamara.

El propio golpe del percutor producirá el desplazamiento hacia el interior de la recamara, generando la presión de la pólvora, que las paredes de la vaina se peguen a las de la recámara, pero la ca­beza no estará apoyada en la cara anterior del cierre. Así distribui­das las presiones es posible que la cabeza de la vaina no resista y se produzca la rotura o rajadura de la misma, con el consiguiente escape de gases peligrosos para el tirador, y los problemas mecánicos y balísticos del caso.

Asociando el tipo de vaina podemos determinar de que forma se apoya el cartucho en la recamara para asegurar el correcto e idéntico posicionamiento de un tiro a otro a efectos de asegurar la precisión necesaria en el centraje del cartucho con el canon y, además, estar dentro de los valores admisibles de las holguras de cu­lote dispuestas para cada arma y tipo de munición. Este posicio­namiento en la recamara se hace en las siguientes partes de la vaina: la pestaña y semi-pestaña; boca; Hombro y cinturón (en los cartuchos Mágnum).

  1. El fulminante.— La carga propulsor y del cartucho es bas­tante estable y necesita de algún elemento iniciador capaz de trans­mitirle la energía necesaria para provocar el encendido uniforme de la pólvora. Ese elemento iniciador llamado fulminantepist6n, es _un compuesto detonante que sobre la base de una reacción química producto del golpe provocado por el percutor, desprende partículas incandescentes a presión y temperatura que son las encargadas de iniciar a su vez la carga propelente.

La mezcla inicial, aparentemente fue descubierta por John Forsyth y patentada en 1807: era el fulminato de mercurio; pero el primero que la puso en una copa metálica deformable fue Joshua Shaw en 1817, dando el paso crucial para la constitución de los car­tuchos metálicos pioneros, sin olvidarnos de que el primer impacto fueron las armas de percusi6n con fulminante en la chimenea. Como dijéramos anteriormente, en 1836 Lefaucheux produce el cartucho de espiga con la cápsula fulminante en el interior de la vaina, sucediéndose luego los de fuego anular y central.

Los primeros problemas se presentaron cuando el mercurio del fulminante se amalgamaba con el lat6n de las vainas, provocando que estas perdieran sus propiedades, debilitándolas y haciéndolas quebradizas. Se prob6 entonces con mezclas a base de clorato de po­tasio, pero eran muy corrosivas y deterioraban el tubo de las armas, principalmente.

Los fulminantes actuales no acusan ninguno de estos. problemas, son derivados del plomo. Podemos encontrar 3 tipos de en­cendido de los cuales ya hemos hablado. Con respecto a los de fue­go central, existen cartuchos que tienen la cápsula fulminante inter­na y que a simple vista parecen de fuego anular, pero funcionan de manera idéntica a los que lo tienen en forma externa; se pueden identificar, ya que en su mayoría tienen un circulo punteado en el culote de la vaina, que rodea el lugar donde se encuentra internamente el fulminante.

Los cartuchos de fuego central pueden ser tipo bóxer o berdan

El primero fue desarrollado por Edward Boxer (ingles) y el sepia por Hiram Berdan (EE.UU.), ambos militares, y pese a. tener diferencias importantes ente ellos, se ha demostrado que balísticamente su uso es indistinto.

La vaina que lleva fulminante las Berdan posee un yunque incorporado en su estructura, permitiendo que el fuego generado por el pistón se conduzca a través de ambos canales de encendido, propor­cionalmente. Las vainas boxer tienen un orificio de mayor tamaño y el pistón posee un yunque interno, comportándose el conjunto de manera similar. La ventaja de este ultimo sistema es la facilidad que poseen los recargadores para extraer de las vainas servidas los fulminantes y proceder a la recarga. Sin embargo, también existen formas practicas de extraer los pistones berdan, aunque siempre re­sulta mas complicado que la extracción de los boxer.

Los pistones para fusil- son mas duros que Los de arma coma, dado que la percusión en las armas largas es mas potente, así como la energía generada es mayor, pues deben encender mas cantidad de pólvora. Los pistones Mágnum tienen la particularidad de ini­ciar pólvora de quemado lento, esto los hace liberar mas energía que todos los anteriores.

4. BALAS o PROYECTILES

Conforme expresáramos anteriormente, a las balas esféricas siguieron las cilíndricas terminadas en punta. Solo circunstancial­mente se hicieron en diferentes formas (ovoides, con sección trian­gular o cuadrada, y también algunas de base hexagonal).

La razón de lo expuesto tiene su fundamento en que las líneas no pueden ser arbitrarias ni deben escapar a ciertos principios, para que rindan el máximo en relación con el fin al que están destinadas.

Los factores principales que determinan la forma y las condi­ciones generales son la resistencia que ofrecen el aire y el efecto que se quiere lograr. El primero es tal vez el mas importante y, en tal sentido, diremos que el alcance que tendrían dos proyectiles seme­jantes que reciban igual impulso inicial y partan de la misma arma, seria muy distinto si uno se desplazara en la atmósfera y el otro en el vació. La razón de ello es que la energía que pierden durante su trayectoria la transfieren al medio que los rodea. Esta cantidad de energía esta condicionada por distintas circunstancias, de las cuales podemos someramente señalar las siguientes:

La pérdida de energía disminuye a medida que crece la carga por sección transversal, la que se obtiene dividiendo el peso del elemento, tornado en kilogramos, por la superficie de su corte o sec­ción considerada en centímetros cuadrados. Este principio es solo aproximado ya que se ha podido establecer que a igualdad de. velo­cidad, forma y carga, la resistencia del, medio se acrecienta sobre los que tienen menos calibre.

El gasto de energía aumenta con la velocidad y la presión atmosférica. En efecto, en su movimiento el proyectil empuja las partículas de aire que encuentra delante de el, estas a otras y así su­cesivamente, formando ondas de condensación, seguidas de otras de depresión, que avanzan con la celeridad del sonido. En tanto el des­plazamiento del proyectil no llega a ese limite no experimenta ma­yor oposición, pero si lo iguala o sobrepasa, como las ondas no se pueden alejar de el, quedan contra su punta, los bordes del culote y toda otra saliente que tuviera, como capas mas densas que ofrecen una resistencia notable.

A este fenómeno debe agregársele el de la formación de una estela de remolinos y de aire enrarecido que aumenta con la veloci­dad, hasta alcanzar el punto limite determinado por el vacío y que actúa como una fuerza que obra en sentido contrario a la dirección que lleva. Asimismo, cuanto mas denso es el aire, mayor el gasto de energía.

— La forma del cuerpo que se mueve esta en estrecha relación con la resistencia que opone la atmósfera.

Como expresáramos anteriormente, del resultado que se desee obtener dependerá la forma que se dan a la bala. Si lo que se pre­tende es que al tocar el blanco desarrolle rápidamente toda su emergía, la cabeza deberá ser plana o aplastada, o bien, con la punta blanda o débil, en relación con el resto, para que se deforme fácilmente.

Cuando lo que se persigue es que no exista mucha oposición en el aire y que a una cierta distancia produzca un fuerte impacto, se da a la cabeza una línea mas redondeada. Si el propósito es gran al­cance, trayectoria y velocidad remanente elevada, se lo hace con el culote cónico o tronco cónico y el otro extremo terminado en una oji­va muy aguda, a la que se puede dar la estructura adecuada para que, al penetrar en el blanco, se aplaste, aumentando su poder de detención.

  1. Cabeza, punta u ojiva.— Las partes en que se divide una bala o proyectil alargado son: la cabeza, punta u ojiva, el cuerpo y la base o culote. El calibre o diámetro del proyectil se utiliza como uni­dad de medida de su largo y del de cada una de las zonas en que es­ta dividido, lo mismo que de los radios con que se han trazado las curvas que entran en el diseño de su extremo delantero.

La cabeza nace a partir del cuerpo por un cambio gradual de dirección de las líneas que lo delimitan o por una brusca disminución del calibre; con lo que queda, en este ultimo caso y en el limite de ambas partes, un resalto mas o menos pronunciado.

Inversamente, también encontramos balas con el cuerpo de menor diámetro que la base de la punta o con una banda saliente en ella, para impedir que se hunda en la vaina mas allá de lo previsto. En muy pocas oportunidades se diseña el perfil con una sola clase de líneas, siendo lo frecuente que se recurra a una combinación de distintas curvas o a curvas y rectas.

Como ejemplo podemos citar el proyectil normal "S", que tiene la cabeza delimitada por curvas de dos calibres de radio y su extre­mo, que es levemente aplastado, por una de 0,36 de calibre. Por su parte, en el "SS" la zona inferior ha sido trazada con un radio de dos calibres y la superior con otro de cinco.

Todas las formas que presentan las puntas pueden reunirse en cuatro grupos: ojivales, cónicas, redondeadas y planas, los que a su vez están integrados por una multitud de variedades.

  1. Cuerpo.— En-su aspecto general el cuerpo es cilíndrico, de superficie lisa o con irregularidades que, por ser de poca magnitud, no hacen perder sus líneas al conjunto. Entre ellas están las aletas que presentaban algunos proyectiles de armas de avancarga; las nervaduras que exhiben muchos de los destinados a cartucho de es­copeta; los anillos que llevan aquellos con los que se busca obtener altas velocidades, etc.

Los accidentes más comunes e importantes son las acanaladu­ras circulares que, cuando son varias y bien marcadas, dan al cuer­po la apariencia de estar surcado por una serie de bandas paralelas constituidas por los campos que quedan entre ellas. Su finalidad es múltiple, por ejemplo, proporcionar espacio al material desplazado al pasar el proyectil forzadamente por la pared interna del canon; que los lubricantes ayuden a sellar los gases, y que el proyectil se deslice por el caño, según el caso, sin emplomarlo.

Cuando están provistos de coraza o camisa metálica, suelen ca­recer de estas rayas o solo tener una que marca el limite de la par­te que queda fuera de la vaina, la que sirve, principalmente, para facilitar el ajuste del elemento, hacer más firme la unión del blindaje y el núcleo, y, si la punta es expansiva, para delimitar la zona que se deformara con el impacto.

Estas acanaladuras tienen medidas variadas y el fondo puede ser liso o dentado. Su perfil puede aparecer prácticamente rectan­gular, semicircular o semejante a las muescas que separan los dien­tes de un serrucho. En las armas de avancarga eran anchas y pro­fundas y en los cartuchos metálicos llegaron a ser extraordinaria­mente delgadas.

  1. Base o culote.— Si bien se han usado otros perfiles, gene­ralmente a los culotes se les da forma cilíndrica, cónica o tronco-có­nica. Estos dos últimos son los que producen menos perturbaciones en la atmósfera, originando consecuentemente una perdida menor de energía. El grado de conicidad no puede ser arbitrario y debe estar calculado de modo que facilite el deslizamiento del aire a su al­rededor, sin que deje a su paso muchos remolinos ni cree el vacío.

El borde de la base puede ser de arista viva o redondeada, y el culote hueco o macizo, sin que pierdan esta condición los que tienen en su centro un orificio de diámetro reducido o una ligera depresión de fondo cóncavo, piano o convexo, que deja en su periferia una sa­liente de perfil rectangular, redondeado de ángulo agudo. En las balas blindadas, el reborde en que termina la coraza forma ese re­lieve, y la parte posterior de núcleo, que generalmente queda descu­bierta, la depresión central.

d) Estructura.— Los primeros proyectiles cilíndricos eran macizos, mas tarde aparecieron tos huecos, algunos de los cuales lle­vaban una curia que facilitaba su dilatación en el momento del disparo. Entre los que se hicieron después encontramos todas las duaciones posibles.

parte de la cavidad que pace en el culote, pueden tener en la cabeza una perfora.an dirnenst nee variadas, abierta o cerrada a1 exterior.

Los macizos, como son todos los que en general se emplean en la actualidad, por lo general muestran una cavidad ligera en la ba­se, determinada muy probablemente por la técnica que se emplea en algunas de las etapas de su fabricación. A veces es de diámetro re­ducido, pero profunda, por lo que toma parte del cuerpo,-sin que por ello resulte menos compacto; Lo mismo podemos decir de la perforación de la cabeza, exceptuando los casos en que queda vaciada por completo. En cuanto a la forma que presenta el hueco posterior ella resulta muy dispar y semejante a las indicadas para el exterior de la punta.

e) Materiales utilizados y blindaje.— El plomo (puro o endurecido), por tener la ventaja de su gran peso especifico (11,40), ser maleable y poseer bajo costo, ha sido y sigue siendo el material preferido.

A veces se lo sustituye, total o parcialmente, con hierro o acero; ellos pueden obedecer a razones de economía, de escasez de mate­riales en una situación determinada o a los resultados que se desean obtener con el impacto. Por su parte, los destinados a algunos cartuchos de carácter especial, como los de fogueo y para el tiro a distancias reducidas, son de madera, papel, plástico o cera.

En muchos casos, el plomo, hierro, acero y hasta el cobre, constituyen su unto componente, mientras que en otros forman el núcleo, el que aparece cubierto en todo o en parte, por una o dos envolturas de otro metal, que da lugar a los proyectiles blindados. . En estos, cuando la coraza s completa, termina en la base del culote, doblándose en un ángulo agudo o creando un reborde de per­fil redondeado o cuadrado, que tiene por objeto asegurar su unión con el núcleo e impide que ambas partes se separen, ya sea como consecuencia del forzamiento en el momento del disparo o del choque al dar contra el blanco.

Si el blindaje es incompleto puede extenderse desde casi todo el proyectil hasta nada mas que el culote. En unos pocos se limita a la cabeza y hasta se ha llegado a hacer que tape solo la parte in­ferior de ella. En estos ejemplares el borde de la cubierta puede ter­minar sin ninguna modificación o doblándose hacia adentro para incrustarse en el material que la llena.

En términos generales, si el núcleo queda litre en 1 cabeza, permanece tapado en el culote y si aquella esta protegida, no oca re lo mismo con la base de este. En casos aislados no se cumple lo ex­puesto. En otros, con la misma característica, la envoltura es maci­za o semi-maciza en parte del cuerpo, lo que hace que su cavidad aparezca dividida en dos compartimientos. La situación inversa en la que el blindaje cubre tanto la cabeza coma el culote, se presenta en los que están hechos con dos piezas quo se complementan, o con una sola que se cierra por completo en los dos extremos. Entre los que reúnen las condiciones citadas en primer termino se encuentra el silver up.

El espesor de la coraza a encamisado depende del calibre y de la estructura de la bala. Puede ser o no uniforme y en las semi-blin­dadas, disminuir gradualmente en el sector de la ojiva. En el deno­minado inner belted (con cinturón interno) aumenta por dentro en su parte media y pierde espesor en su extreme delantero. Las cora­zas de este tipo facilitan la expansión de la punta y la limitan a una zona determinada, al tiempo que refuerzan su unión con el núcleo.

A su vez, este ultimo puede ser totalmente homogéneo o estar compuesto por partes diferentes, hechas con materiales diversos o con distintas aleaciones de plomo, y hasta contener receptáculos con productos químicos u otros elementos.

f) Calibre.— No obstante pecar de reiterativos en este tema, diremos nuevamente que el calibre de las balas esféricas indicaba la: cantidad que se podía fundir con una libra de plomo, porque, al ser macizas, bastaba que pesaran lo mismo para que fueran iguales. Con la aparición de los proyectiles alargados desapareció esta rela­ción; no obstante ello y como era lógica que ocurriera, en un princi­pio se los identificó con el numero que distinguía a las balas de igual diámetro. Mas tarde se tome) como elemento determinante la medi­da del calibre del arena, dada en milímetros —con o sin fracción—, centésimas o milésimas de pulgadas, de acuerdo con la unidad de medida de longitud de cada país.

Hay que considerar que la dimensión del proyectil no siempre corresponde a la cifra con que se designa el cartucho, ya sea porque ella no concuerda con la del arma, coma por el hecho de que hay que hacerlo alga mayor que a orificio del canon, para que tome las estrías. Por ejemplo, los da pistola de calibre .45 ACP (11,25mm), cuyo calibre es efectivamente ese, tienen aproximadamente 11,40mm de diámetro.

La diferencia que existe entre las dos cifras marca el índice de forzamiento, el que no es igual para todos los proyectiles de un mis­mo cartucho, ya que varia de acuerdo con la estructura de ellos, ma­terial de que están hechos, etc., lo que da lugar a otras diferencias.

La tendencia a reducir el calibre que se indica en la época de los proyectiles esféricos, tomo impulso en la de los cilíndricos, siendo una de sus causas determinantes el que los últimos tengan, a igualdad de diámetro, un peso mayor. A ello se sumo la búsqueda de altas velocidades para obtener trayectorias tendidas, penetración y potencia de impacto y, en los de uso militar, no estuvo tampoco ajena al cambio la necesidad de hacer unidades de carga mas livia­nas, que permitieran aumentar la dotación de cada hombre.

Pese a las ventajas que reporta este proceso no se lo puede con­tinuar en forma indefinida porque, como el proyectil debe llegar a destino en condiciones de cumplir con su objetivo, se requiere que lo haga con una dosis de energía mínima para cada caso particular, la que no es posible conservar si se reducen en forma exagerada sus medidas.

Por otra parte, si el móvil que hace impacto sobre un ser vivo es muy delgado y en especial si tiene la punta muy aguda, salvo que toque un órgano vital, atraviesa los tejidos cediendo poca energía y sin causar heridas que permitan cobrar la pieza o dejar fuera de acción al adversario.

Lo primero se evita haciéndolos de punta expansiva, y lo Se­gundo, dándoles un diámetro superior a los 6,5mm, que es lo que se considera el mínimo aceptable para los destinados a las armas lar­gas de uso militar. En los que se emplean en armas de puno, se re­quieren medidas mayores que compensen la menor velocidad inicial con que se los dispara.

g) Inscripciones.— Los proyectiles no suelen tener inscripcio­nes, las pocas que se encuentran van insertadas en la ojiva, en el cuerpo o en la base del culote y este en determinadas por números y letras que indican la marca de fábrica, arsenal que lo hizo, fecha, ar­ma a que corresponde el cartucho, ano en que se lo recargo, forma del proyectil, etc. Además de ello, puede poseer otros elemen­tos distintivos tales como rayas circulares o la punta barnizada de diferentes colores para establecer su clase o el tipo de cartucho a que pertenece.

Con este objeto también se utilizan marcas compuestas por una sucesión de finas rayas paralelas, acanaladuras o pliegues lon­gitudinales, de mayor o menor extensión, distribuidos en todo su perímetro.

h) Fabricación.— Los adelantos de la técnica han hecho que el proceso de fabricación de proyectiles cilíndricos haya evolucionado. Inicialmente se los fundía en moldes de bronce, en la actualidad, como primera etapa se prepara la mezcla de ese metal con es­taño (es decir el plomo) o antimonio, en la proporción que correspon­da de acuerdo con el grado de dureza requerido. Luego de ello, la aleación en estado liquido pasa a prensas especiales para salir transformada en un hilo que, una vez calibrado, se corta en pequeños cilindros a los que por compresión se les da la forma buscada.

El proceso para la fabricación de munición blindada es más complejo. Primero se prepara el núcleo en la forma indicada para los proyectiles de plomo, luego se elabora la coraza y finalmente se unen ambas partes y se calibra el producto obtenido.

La fabricación del blindaje sigue el mismo método que el de las vainas, partiendo de un disco de laten, cobre, etc., cuya medida de­pende de la que tendrá el producto final. Con una serie de estam­pados se le da forma.

En primer lugar se moldea la copa, es decir se transforma el disco en un dedal bajo, de paredes gruesas que, en operaciones su­cesivas, con -nuevas matrices y punzones se afina y se alarga, luego de ello se corta para eliminar el exceso de material y con otros es­tampados se crea la punta. Posteriormente se lo somete a trata­mientos térmicos y, para quitar el oxido, se efectúan lavados químicos apropiados.

Terminada la coraza se le coloca el núcleo y se hace el reborde en la base. Después se comprime nuevamente el plomo y se marcan las estrías circulares: Por último se calibra y se controla. el peso y las dimensiones, que no deben exceder de los limites de tolerancia previstos.

Cuando se trata de balas semi-blindadas este proceso se altera en parte, ya que antes de moldear la punta le coloca el núcleo den­tro de la coraza y luego, por compresión, se forma aquella con la parte que queda abierta. Se aclara que se han expuesto solamente de­talles generales del proceso de fabricación, los que varían cundo las unidades a fabricar presentan cambios en su estructura.

i) Tipos de balas.— 1. Comunes. Son aquellas que no po­seen ninguna particularidad que las condicione para que durante su trayectoria o en el momento del impacto, tengan un comportamiento fuera de lo-previsto.

2. Especiales. Son aquellas que han sido construidas de modo tal que mientras se desplazan en la atmósfera o cuando cho­can contra el blanco, producen un efecto determinado o acrecientan el que se obtiene con las comunes.

Las balas especiales se encuentran agrupadas en:
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