Notas para una definición de la modernidad




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comercio sin asiento – cuyo elemento todavía atractivo y pintoresco son los viejos “pies polvorientos” de los comerciantes medievales – como ejecutor paciente de la descomposición comunal del burgo. Pero el proceso es lento y ha conocido notables resistencias. Todavía a todo lo largo del siglo XIX las ciudades inglesas en plena revolución industrial están repletas de viejas tradiciones ligadas a fiestas y ferias, con su procesión de juegos, bailes y cantos, competiciones más o menos joviales. Celebraciones perseguidas por el metodismo y el utilitarismo defensores del poder establecido, que siempre temió que estas celebraciones sirvieran de punto de encuentro para la sedición y la insurrección. Cf. E. P. Thompson. La formación histórica de la clase obrera. Inglaterra 1780-1832. Laia B. Barcelona. 1977. Vol. II. § 12. Comunidad. pág. 312

87 Cf. Kula, Witold. Las medidas y los hombres. siglo XXI. Madrid. 2012 (reimpresión) Un análisis del intercambio con cálculo no dinerario del beneficio mediante las viejas formas de medición cualitativa o fenoménica de las especies objeto de intercambio.

88 Chesterton, G. K. Breve historia de Inglaterra. Acantilado. Barcelona. 2005, pág.164

89 Rivarol, Antoine de. Mémories ed. De M. Berville, Paris. 1824 pp 2 ss. Citado en Koselleck, R. Crítica y crisis. Trotta. UAM. Madrid. 2007, pág. 66

90 “Todo es tele en la edad de la tele. La presencia se vuelve telepresencia; la realidad telerealidad; el trabajo teletrabajo, el lejano telepróximo, la compasión téléthon; la libertad telelibertad, es decir, impaciencia, capricho, bulimia del que practica el zapping; la igualdad, por fin, teleigualdad, es decir, equivalencia generalizada y licuefacción de las diferencias entre lo Mismo y lo Otro, lo privado y lo público, el arte y la cháchara en el océano audiovisual. ¿Es preciso ser moderno? A esta pregunta, suscitada por una confidencia inesperada de Barthes, nos hacen responder Arendt y Péguy con otra pregunta: ¿cómo no ser antimoderno, cuando uno está ligado a la promesa moderna de no dejar a nadie a la puerta del mundo heredado?” Finkielkraut, A. Nosotros, los modernos. Encuentro. Madrid. 2006. pág. 80

91 “Cuando lo lejano se acerca demasiado, lo cercano se aleja o desaparece. Cuando el fantasma se hace real, lo real se convierte en fantasma” Anders, Günther. La obsolescencia del hombre. Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial. (Vól I.) Pre-Textos. Valencia 2011, pág. 112

92 Es ocioso remitir a la actual situación– europea y mundial –. Bastará recordar la consideración que recientemente ofreciera E. J. Hobsbawm – relativa a la conversión del capitalismo de libre empresa en una forma renovada de capitalismo de Estado, siguiendo acaso la forma política adoptada por el “continente” chino. En cualquier caso, las dimensiones conjugadas de la política y la economía habrán de producir nuevas formas sociales, sin duda con los dolores de parto que significa toda crisis. Es asimismo digna de mención la referencia al nuevo papel de las actuales megalópolis en la constitución de la cultura-mundo contemporánea. Al respecto viene llamando la atención Saskia Sassen acerca de la nueva presencia de las ciudades sobre el Estado – la Gran Ciudad – que parece oscurecerse en el actual momento dialéctico de alumbramiento de la ciudad global – el Gran Estado – bajo una morfología que no es ya la de los estados anteriores (tampoco la de las viejas ciudades), que se encuentran en su génesis.

93 Cf. Loredo Narciandi, José Carlos. El yo como obra de arte en el dandismo: una primera aproximación. Revista de Historia de la Psicología. Vol. 33 núm. 1. Marzo 2012. Universitat de València. pp. 29-51. Peter Sloterdijk ha tematizado las nuevas formas “ascetológicas” de construcción insubstancial de sí mismo y su radical sentido histórico en Sloterdijk, P. Has de cambiar tu vida. Pre-Textos. Valencia. 2012.

94 No en vano la vieja corte absolutista y su nobleza (cortesana) son el espacio originario de aplicación de la primera forma de la tolerancia.

95 En efecto, Tönnies hablaba a este respecto de “cortesía”, como señalamos en su momento, por analogía con el librecambio comercial. La tolerancia sólo es posible bajo la convención sin convicción que rige el trato comercial. “En analogía con esta situación basada en el intercambio de bienes materiales, toda vida social de convenciones en el sentido más estricto de la palabra, puede entenderse así. Su regla primordial es la cortesía. Esta consiste en un intercambio de cumplidos en que todos parecen estar al tanto del bien de los demás y dispuestos a considerar a los otros como sus iguales aunque, en realidad, cada cual piensa únicamente en sí y quiere imponer su importancia y sus ventajas en competencia con los otros” (Tönnies, Ferdinand. Comunidad y Asociación. El comunismo y el socialismo como formas de vida social. Comares. Granada. 2009. Pág 47 – cursiva nuestra–)

96 Un proceso cuya fase inicial relativa al acortesanamiento de la nobleza guerrera fuera objeto del trabajo de Norbert Elias. Cf. Elias Norbert. El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas F.C.E. Madrid. 1993. Asimismo. Elias, Norbert. La sociedad cortesana. F. C. E. Madrid. 1993

97 Stirner, Max. Der Einzige und sein Eigentum. 1844 citado en Volpi, Franco. El nihilismo. Siruela. Madrid. 2012, pág. 37

98 Cf. nota 83

99 Entendemos que en la vieja cuestión que opusiera cultura y civilización, y en particular civilisation francesa y Kultur alemana, latía ya la oposición que ensayamos. Al respecto puede verse Starobinski, Jean. Remedio en el mal. Crítica y legitimación del artificio en la era de las luces. (En especial su primer capítulo: La palabra civilización). La balsa de medusa. Madrid. 2000, págs. 15-71. Una clásica referencia a la cuestión se encuentra en el ya citado Elias, N. El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. F. C. E. Méjico.1993. (En especial su primer capítulo Sociogénesis de la oposición entre “cultura” y “civilización” en Alemania.)págs. 57-96

100 Cf. Hobsbawm, E. J. A la zaga. Decadencia y fracaso de las vanguardias del siglo XX. Crítica. Barcelona. 1999

101 Compagnon A. Los antimodernos. Acantilado. Barcelona 2007. Una notable y dolorosa visión del mercado del arte contemporáneo se refleja en la novela reciente de Michel Houellebecg. El mapa y el territorio. Anagrama. Barcelona. 2011

102 En un pasaje de su obra La Corrosión del Carácter, (Anagrama. Barcelona. 2004) R. Sennett define, a mi juicio con irónica precisión, esa forma de cultura del bienestar como una combinación de indiferencia humana e higiene corporal, muy ligada a la “cultura californiana”. “Tenía esa combinación de indiferencia humana e higiene corporal que yo asocio con la cultura californiana” (R. Sennett)

103 Ejemplar a este respecto la figura señera de J. J. Rousseau que es modernísimo y antimoderno, en una síntesis característica de las vanguardias del siglo pasado. Recuérdense sus Meditaciones del paseante solitario y el lamento moderno con que se abre su primer paseo.”Heme aquí solo en la tierra, sin más hermano, amigo, sociedad que yo mismo”.

104 Jünger, Ernst. Radiaciones Diarios de la Segunda Guerra Mundial. Memorias Vol. I Tusquets. Barcelona. 1995 pág. 20

105 Un guión que conduce, a nuestro juicio, a una notable pérdida de perspectiva que, aunque puede entenderse en el judaísmo cultural de, por ejemplo, G. Steiner, se ha impuesto en otros muchos como un automatismo irreflexivo. George Steiner modifica ocasionalmente la fórmula escribiendo “hebraico-nazareno”. Ese judaísmo culturalista (secularizado) hace del cristianismo una nota a pie de página del judaísmo (“El judaísmo y sus dos principales notas a pie de página el cristianismo y el socialismo utópico, son descendientes del Sinaí”) porque no puede ver la especificidad de la Cristiandad latina y, sobre todo, altomedieval. Malentiende así la índole de “la idea de Europa” tendiendo a la metafísica de la cultura cuyo epitafio fueron las dos guerras mundiales. La prolongación de esa metafísica de la cultura en figuras como la de G. Steiner, magníficas en otros muchos respectos, resulta cada vez más irreal. No podemos asumir semejante posición de la gran cultura cosmopolita moderna como basamento metapolítico de la idea de Europa porque tiene detrás una concepción de la historia europea enteramente tergiversada.

En última instancia el judaísmo cultural está imposibilitado para ver en la Cristiandad medieval las raíces metapolíticas de Europa, contribuyendo así a la crítica ilustrada de la vieja Europa, a la que quisiera ver libre de todo vestigio cristiano medieval como requisito para una nueva Europa neoclásica. Nos oponemos frontalmente a las posiciones de este judaísmo ilustrado porque entendemos que ha sido, precisamente, la crítica racionalista y el curso (moderno) de la sociedad europea la vía que conduce a Auschwitz. La posición de este judaísmo ilustrado queda, entendemos, excelentemente representada en las siguientes palabras de G. Steiner:

La “idea de Europa” está entretejida con las doctrinas y con la historia del cristianismo occidental. Nuestro arte, arquitectura, música, literatura y pensamiento filosófico están saturados de valores y referencias cristianas. La alfabetización europea surgió de la educación cristiana. Las guerras religiosas entre católicos y protestantes han configurado el destino europeo y el mapa político del continente. Otros factores desempeñaron sin duda su papel, pero lo que es absolutamente inseparable de la caída de Europa en la inhumanidad, desde la Shoah, es la designación cristiana del judío como deicida, como heredero directo de Judas. Es en el nombre de la sagrada venganza por el Gólgota como los primeros pogromos arrasan toda Renania a comienzos de la Edad Media. Desde estas matanzas hasta el Holocausto, la línea descendente es desde luego compleja y en ocasiones subterránea, pero también inconfundible. El aislamiento, el acoso, la humillación social y política de los judíos ha sido parte integrante de la presencia cristiana – que ha sido axiomática – en la grandeza y abyección europeas. Los campos de exterminio son fenómenos europeos ubicados, por una intuición monstruosa, en las más católicas de las naciones europeas. De nuevo, los crucifijos se mofan del perímetro de Auschwitz (…). La brutal verdad es que Europa, hasta ahora, se ha negado a reconocer y analizar el múltiple papel del cristianismo en la medianoche de la historia, cuánto más a retractarse de él… (…).

Hoy el cristianismo es una fuerza en decadencia (…) Quizá surja una Europa postcristiana, aunque lentamente y en formas que es difícil predecir, de las sombras de la persecución religiosa. En un mundo asolado ahora por un fundamentalismo criminal, ya sea el del sur o el medio oeste americano, ya el del islam, Europa occidental tiene tal vez el imperioso privilegio de elaborar y llevar a efecto un humanismo secular. Si puede purgarse de su propia herencia oscura haciendo frente a esa herencia con perseverancia, tal vez la Europa de Montaigne y Erasmo, de Voltaire y de Immanuel Kant pueda una vez más ofrecer orientación” (Steiner, G. La idea de Europa. Siruela. Madrid. 2005, pp.73-77)

106 Cf. Steiner, George. Antígonas. Gedisa. Barcelona. 2000 pág. 254






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