Notas para una definición de la modernidad




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Tampoco podría presentarse como programa de acción política alguna suerte de restauración del orden que describimos. En general, no tiene sentido – como hemos dicho – programar el pasado, porque el curso histórico es irreversible pero además porque incurriríamos en un utopismo intelectualista de forma semejante a la ilustrada. Pese a todo, la comunidad universal presenta, junto a su dolorosa imperfección, elementos valiosos que podrían delatar los problemas de un presente que se cumple crecientemente como su contrafigura. Por lo demás, si asumimos cierta capacidad de transformación o libertad de acción – lo que resulta una condición de todo gesto político – no se ve por qué no podrían perseguirse objetivos de re-composición comunitaria de un tejido social que ha alcanzado el límite de su disolución, lo que no ha de confundirse con regresión histórica alguna.

26 Bloch, Marc. La sociedad feudal. Akal. Madrid. 1986, pág. 77

27 Durkheim, Emilio. El socialismo. Editora Nacional. Madrid. 1982 Introducción de Ramos Torre, Ramón. Ver pág. 53 y ss. Por otra parte la integración comunitaria, como una especie de cierre de filas, así como la conservación o preservación como gesto mínimo o grado cero de un grupo acosado, responden perfectamente a la imagen de la comunidad, universal pese a su génesis netamente defensiva.

28 Tras la limpieza de la fortaleza de piratas de la costa del Freinet (972), desde la que las incursiones sarracenas habían alcanzado el alto valle del Rin o el Valais o la fértil campiña provenzal, las ciudades comerciales italianas (Pisa, Génova, Amalfi) pasaron a la ofensiva desde el siglo XI arrojando a los musulmanes de Cerdeña y alcanzándolos ocasionalmente en la costa del Magreb. La reconquista del territorio ibérico también conoce desde entonces notables progresos.

Cf. Bloch, Marc. La sociedad feudal. Akal. Madrid. 1986.

29 Hegel G. W. F.. Principios de la filosofía del derecho. Edhasa. Los libros de Sísifo. Barcelona. 1999. § 247 pág. 631. Véase. Schmitt, Carl. Tierra y mar. Trotta. Madrid. 2007

30 Pirenne, H. Las ciudades de la edad media. Altaya. Barcelona. 1997. pág. 76

31 Pirenne, H. Op cit., pág. 78

32 Polanyi, Karl. El sustento del hombre. Capitán Swing. Madrid. 2009. pág.60

33 Esta filosofía de la historia suministró el aparato conceptual legitimador del papel universal que se arroga la burguesía. Su primer expediente consiste en una apelación a la Humanidad como un todo distributivo (sociedad universal) a cuya vanguardia, en el ápice de progreso humano, se sitúa el nuevo ciudadano-burgués, instituido arquetipo del hombre. Véase Koselleck, Reinhart. Crítica y crisis. Un estudio sobre la patogénesis del mundo burgués. Trotta-UAM. Madrid. 2007

34 “Misterioso es, en efecto, cómo en los siglos XVI y XVII desaparece completamente la creencia popular cristiana en la Edad Media” (Schmitt, C. El Leviathan en la teoría del Estado de Thomas Hobbes. Haz. Madrid. 1941, pág. 45

35 Pirenne, H. Op cit., pág. 79

36 Junto a los corps d´arts e métier: (métier juré o jurandes) hay que destacar el compagnonnage y, en general, la diversidad de comunidades que articulaban el régimen corporativo anterior a 1789. Puede verse al respecto: William H. Sewell, Jr. Trabajo y revolución en Francia. El lenguaje del movimiento obrero desde el Antiguo Régimen hasta 1848. Taurus. Madrid. 1992

37 Soboul, Albert. “Les Sans-culottes parisiens et l´an II”. En Annales historiques de la Révolution française. Nº 28 (julio-septiembre 1956) págs. 236-254

38 “¿Qué es una nación? Un cuerpo de asociados que viven bajo leyes comúnes, representados por el mismo cuerpo legislativo etc.” (E. Sieyès)

39 Pirenne, H. Op cit., pág.80

40 Pirenne, H. Op cit., pág. 81

41 Virilio, Paul. La administración del miedo. Barataria/Pasos perdidos. 2012, pág. 37

42 Anders, Günther. La obsolescencia del hombre. Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial. (Vól I.) Pre-Textos. Valencia 2011, pág. 112 Ver. Chesterton, G. K. Manalive.

43 Por una parte tráfico de información, que es inmediato merced a las nuevas tecnologías telemáticas y facilita los contactos inmediatos a máxima distancia. Se repara menos en la aceleración del tráfico relativo a los cuerpos sólidos de las mercancías que han de salvar, a gran velocidad, enormes distancias. A estos efectos es determinante el mencionado invento de Malcolm McLean del año 1956: el contenedor o conteiner. Diseñado para resolver problemas logísticos durante la guerra de Vietnam, el contenedor ha supuesto una reducción del precio del transporte en 36 veces. Así pues, si en 1956 cargar un barco normal costaba unos 5,86 $ la tonelada, hoy cuesta no más de 0,16$. Esto añadido a la reducción de costes que supone la nueva telemática (en 1930 una comunicación trasatlántica de 3 minutos costaba unos 250 $, hoy apenas unos céntimos) permite determinar con precisión la corrosión de la distancia y el estrechamiento del espacio a que apuntamos. Estas transformaciones puntuales a pequeña escala son efectivamente revolucionarias. Cf. Levinson, Marc. The Box. How the Shipping Conteiner Made the World Smaller and the World Economy Bigger. Princeton University Press. 2006

44 Virilio, Paul. La administración del miedo. Barataria/Pasos perdidos. 2012, pág. 42

45 Al respecto ha de verse el bosquejo de una antropología filosófica que figura como parte primera de estas páginas. Cf. supra. Fundamentos antropológicos.

46 Prodi, Paolo. Una historia de la justicia. De la pluralidad de fueros al dualismo moderno entre conciencia y derecho. Katz. Buenos Aires/Madrid. 2008, pág. 69

47 Pirenne, H. Op cit. pág. 82

48 Pirenne, H. Op cit. , pág. 83

49 Horkheimer, Max; Adonro Th. W. Dialéctica de la Ilustración. Trotta. Madrid. 2005, págs. 67 y 68.

50 Bloch, Marc. La sociedad feudal. Akal. Madrid. 1986, pág. 79

51 Son palabras de los obispos de la provincia de Reims, que datan del 909. Citadas en: Bloch, Marc. La sociedad feudal. Akal. Madrid. 1986, pág. 27

52 Etienne Gilson ha definido la posición fundamental de la filosofía cristiana en alusión a este primado de la voluntad consistente en la defensa inmediata de la verdad revelada, cuyo puntal asienta la existencia de Dios y Su Encarnación. Cf. Gilson, E. Introducción a la filosofía cristiana. Encuentro. Madrid. 2010. § 1. pág. 20 ss. Se trata del Dios cuya esencia presenció Moisés, el Dios de la fe y no el Dios de la razón. La creencia en la existencia del Dios de Moisés, origen de toda investigación teológica, significa esta posición anterior y fundamental de un acto de voluntad que cree en la existencia de Dios de modo explícito y en todo tiempo, y cree que Él ejerce su Providencia sobre las cosas humanas. Es una creencia anterior a todo acceso filosófico o racional, que se afirma por participación en el conocimiento divino de la propia existencia. Un acceso – afirma Gilson – que conduce a la salvación, y no a la metafísica filosófica que no es una doctrina de salvación. Por lo demás y según Gilson el acceso racional a la existencia de Dios es siempre parcial e imperfecto (partim ex consuetudine) de suerte que sólo se sostiene sobre el fundamento de la fe. En el terreno antropológico – no teológico – en que aquí nos movemos ha de entenderse como un gesto de propia afirmación que sólo es posible, a nuestro juicio, sobre la base de un orden comunitario del que se es. De un modo plástico y personal G. K. Chesterton afirma haber superado el nihilismo contemporáneo mediante un acto de elemental afirmación que entiende posible gracias a su feliz infancia en el seno familiar: “Cuando ya llevaba cierto tiempo sumido en las profundidades del pesimismo contemporáneo, sentí en mi interior un gran impulso de rebeldía: para desalojar aquel íncubo (…)… me inventé una teoría mística rudimentaria y provisional. Se podría resumir en que la mera existencia reducida a sus límites más primarios, era lo bastante extraordinaria para ser emocionante. Cualquier cosa era magnífica comparándola con la nada…” (Chesterton, G. K. Autobiografía. Acantilado. Barcelona. 2003. pp. 103 y 104 )

53 Pirenne, H. Las ciudades de la edad media. Altaya. Barcelona. 1997, pág. 88

54 Virilio, Paul. Velocidad y política. La marca editora. Buenos Aires. 2006. La potencia ontológica de la tensión campo–ciudad, que esconde la oposición inmovilidad–circulación (trade) ha sido continuamente tematizada de los modos más diversos. En el momento de crítica inflexión que significara la larga guerra mundial aparecen numerosas obras que abordan la cuestión. Aunque nos limitamos a apuntar aquí al artículo de Ernst Jünger, de 1926: Gross-stadt und Land, la cuestión no ha dejado de ser re-planteada continuamente desde los umbrales de la modernidad: desde la novela pastoril, la tradición rousseauniana y romántica hasta los análisis más recientes de la modernidad.

55 Toynbee, A. J. Cities on the Move. Oxford. University Press. 1970 p. 24. Al respecto resulta de sumo interés la película documental Nuestro pan de cada día, de Nikolaus Geyrhalter (Unser täglich Brot. 2005) http://www.youtube.com/watch?v=5wVXZKLlKQs

56 Duby, Georges. Economía rural y vida campesina en el Occidente medieval. Altaya. Barcelona. 1999, pág. 174

57 Ibíd. pág. 175

58 Virilio Paul. Velocidad y política. La marca editora. Buenos Aires. 2006, pág. 15

59 Cf. supra nota 183

60 Pirenne, H. Op. cit. pág. 96.

61 Pirenne, H. Op. Cit. pág. 97

62 García Márquez, Gabriel. Cien años de soledad. RAE-A.A.L.E.-Alfaguara. 2007, pág. 193

63 Cf. Bauman, Zygmunt. Confianza y temor en la ciudad. Vivir con extranjeros. Arcadia. Barcelona. 2009

64 Bauman, Z. Confianza y temor en la ciudad. Vivir con extranjeros. Arcadia. Barcelona. 2009 pp. 13 y 14

65 Coexistencia que se manifestará en la diversa designación: bourgeois/citoyen o sociedad civil o burguesa (bürguerliche Gesellschaft) y que señala en su acendrada sinonimia la intimidad esencial de Estado y Mercado.

66 Bloch, Marc. La sociedad feudal. pág.223

67 Pirenne, H. Op. cit., pág. 111

68 Una analogía patente: “…se podría comparar el papel que representaban entonces, a pesar de la enorme diferencia de época y medio, con el que asumirá la burguesía capitalista, desde fines del siglo XVIII, en la revolución política que puso fin al Antiguo Régimen” (Pirenne H. Op cit., pág. 113)

69 Sewell William H. Jr. Trabajo y revolución en Francia. El lenguaje del movimiento obrero desde el Antiguo Régimen hasta 1848. Taurus. Madrid. 1992, pág.190

70 Horkheimer, Max Los comienzos de la filosofía burguesa de la historia. 1930

71 Pirenne, H. Las ciudades de la edad media. Altaya. Barcelona. 1997, pág. 118

72 Horkheimer, Max. Señor feudal, cliente, especialista. El final del cuento del cliente como rey. (1964) En Horkheimer, M. Sociedad, razón y libertad. Trotta. Madrid. 2005 pág. 137. Para tantear de algún modo dicha atmósfera es de interés el primer capítulo de la Autobiografía de G. K. Chesterton. Acantilado. Barcelona. 2003.

73 Horkheimer, M. Op. cit. págs. 139-140

74 Pirenne, H. Las ciudades de la edad media. Altaya. Barcelona. 1997, pág. 125

75 Pirenne, H. Las ciudades de la edad media. Altaya. Barcelona. 1997, pág. 127.

76 Pirenne, H. Las ciudades de la edad media. Altaya. Barcelona. 1997, pág. 129

77 Pirenne, H. Las ciudades de la edad media. Altaya. Barcelona. 1997, pág. 130

78 Durante siglos la racionalización económica, sólo incipiente, no alcanzará a una reducción métrica de todos los aspectos de la existencia, ni siquiera del intercambio comercial. El sistema de pesos y de medidas y el consiguiente cálculo de beneficios conoce un complejo sistema, enormemente diversificado que permitía un comercio ágil pese a su índole todavía fenoménica y consuetudinaria. Ha sido analizado con detalle por Witold Kula. Las medidas y los hombres. siglo XXI. Madrid. 2012 (reimpresión) Cf. Kula, Witold. El sistema económico feudal. siglo XXI. Madrid. Buenos Aires. 1976.

79 Cities on the Move es el título de una conocida obra de Arnold Toynbee en que se describe magistralmente el despliegue de las ciudades modernas posteriores al XVIII. El ritmo y alcance del movimiento expansivo es incomparablemente mayor desde entonces, al punto de que las ciudades medievales pueden parecer estáticas. Es una ilusión inducida por la vertiginosa velocidad de las transformaciones modernas. Pero las ciudades medievales también estuvieron siempre “en marcha”. Toynbee, A. J. Cities on the Move. Oxford. University Press. 1970

80 Ya desde finales del siglo XI y, desde luego, a lo largo del siglo XII crece el número de ciudades dotadas de semejante tribunal especial o privilegiado. En numerosos lugares a lo largo de Europa los miembros del citado tribunal usan, como vimos, el título de cónsules. Pero también han recibido otros nombres: regidores, jurados…Cf. H. Pirenne. Las ciudades de la Edad Media. Barcelona. Altaya. 1997. pág. 133

81 Pirenne. H Las ciudades de la Edad Media. Barcelona. Altaya. 1997. pág. 134

82 William H. Sewell, Jr. Trabajo y revolución en Francia. El lenguaje del movimiento obrero desde el Antiguo Régimen hasta 1848. Taurus. Madrid. 1992 págs.42 y ss.

83 H. Pirenne. Las ciudades de la Edad Media. Barcelona. Altaya. 1997. pág. 136

84 Pirenne. H. Las ciudades de la Edad Media. Barcelona. Altaya. 1997. pág. 137

85 William H. Sewell, Jr. Trabajo y revolución en Francia. El lenguaje del movimiento obrero desde el Antiguo Régimen hasta 1848. Taurus. Madrid. 1992 págs. 37 ss.

86 No se trata de oponer unos valores rurales, que serían desplazados por valores urbanos. La ciudad contenida y comunal será descompuesta no sólo desde dentro porque, en efecto, su exterior campesino será utilizado por el comercio manufacturero como fuerza de trabajo liberada de las restricciones comunales que protegen al oficial urbano. Puede señalarse a un
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