La historia de la sociologia




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Durkheim:

  • Los fenómenos sociales deben ser estudiados como cosas.

  • Lo hechos sociales son exteriores al individuo.

  • Hecho Social: modos de actuar, pensar y sentir, exteriores al individuo, y que poseen un poder de coerción en virtud del cual se le imponen.

  • La educación cumple la función de integrar a los miembros de una sociedad por medio de pautas de comportamiento comunes, a las que no podría haber accedido en forma espontánea.

  • La finalidad de la sociedad es crear miembros a su imagen.

  • "El individuo es un producto de la sociedad".

Lo social como devenir

SIMMEL

La metrópolis, símbolo de la modernidad. ¿Cómo caracteriza Simmel la metrópolis? Es una realidad ecológico-demográfica, económica y socio-cultural particular.1[2]  La metrópolis es ante todo una ciudad grande que requiere una fuerte división del trabajo y, por ende, una importante especialización de los individuos. Las ciudades son así sede de la más alta división económica del trabajo. Absorben una gran variedad de servicios; la vida urbana se transforma en una lucha entre seres humanos por la ganancia, que debe ser cedida por otros hombres (y no por la naturaleza). La metrópolis, se constituye en "el lugar" de la interacción social, donde estos procesos se plasman, coadyuvando al desarrollo de un estilo de vida distintivo: el estilo de vida metropolitano, que supone el advenimiento pleno del individualismo en la sociedad capitalista moderna. La metrópolis, como creación conceptual y crítica, da cuenta de esta nueva realidad, que a fines del siglo XIX, se manifiesta como un nuevo tipo de gran ciudad de rápido crecimiento y expansión territorial. Berlín, por ejemplo, pasó de 700.000 habitantes en 1867 a 4 millones en 1913 (y en un contexto donde 23 ciudades alemanas superaban los 200.000 habitantes en ese período, mientras que en otros países, como Francia, había menos de 5 en esta escala). La ciudad se vuelve cosmopolita, es decir, metropolitana, cuando trasciende la expansión visible más allá de sus fronteras físicas y este aspecto cuantitativo se transforma en rasgos cualitativos. Es decir, la ciudad ejerce su influjo cultural sobre el conjunto de la sociedad. Para Simmel, la sociedad moderna y las interacciones sociales que se dan en su seno, se confunden con la metrópolis. El enfoque de la ciudad como una entidad, más allá que puedan observarse fragmentaciones, la analizó como un fenómeno unitario. A partir de la cultura pública2[3] Simmel intenta definir una imagen de ciudad como una forma de sociabilidad. Estas interacciones sociales están situadas; sin embargo, pierden la dimensión territorial específica. Al poner el acento en el análisis micro de las interacciones sociales, de las relaciones sociales en la metrópolis, Simmel no se interesa por las estructuras sociales intermediarias, como la familia, las clases. En este sentido, las generalizaciones de Simmel sobre las ciudades, terminan siendo excesivas, y parciales, y hace que hoy uno intente concentrarse de un modo más analítico en los significados más específicos de las ciudades y de las diferencias sociales y culturales que emergen dentro y entre las ciudades.

 La cultura urbana. Simmel plantea la cultura urbana como cultura de la modernidad. En su artículo argumenta que existen cuatro formas culturales distintivas que se encuentran en cualquier ámbito urbano:

-La intelectualidad: el habitante urbano actúa con la cabeza y no con su corazón.

-El predominio de la racionalidad. Los residentes urbanos realizan cálculos. Son puntuales, precisos y exactos.

-Los residentes de las metrópolis están hastiados (blasés)

-Los residentes metropolitanos son reservados, se protegen tras una pantalla protectora de reserva, raramente muestran sus emociones o se expresan frontalmente. Simmel no plantea que la ciudad "per se" genere o cause estas formas culturales, sino destaca el rol de la ciudad como centro de la economía monetaria (que es el aspecto que desarrolla más extensamente). Dado que la economía monetaria está más desarrollada en las ciudades, también allí lo están sus rasgos culturales. En consecuencia, el dominio de la economía monetaria en las sociedades modernas explica las actitudes de cálculo asociadas. El cálculo, los números, son significativos porque forman parte de esa economía monetaria y este predominio del cálculo encierra transformaciones cualitativas: el hecho de que “ la calidad del dinero consiste exclusivamente en su cantidad”, se vinculará, aunque de manera no lineal, al entorpecimiento de la capacidad de evaluación, como un rasgo de la cultura urbana. Así, los residentes de la ciudad son caminantes soñadores, son materialistas abstractos compelidos a calcular sus relaciones sociales por distancia, por dinero y por algún tipo de costo. Simmel puntualiza el contraste entre la metrópolis o entre ciudades y pueblos a lo largo del tiempo (tiene un enfoque histórico), porque cree que en el mundo moderno, la influencia de las metrópolis se expande a través de toda la sociedad, incluyendo por cierto a las áreas rurales. En definitiva, las sociedades modernas, caracterizadas por el dominio de la economía monetaria, tienen rasgos culturales muy diferentes a los de las sociedades tradicionales. Las ciudades son ámbitos interesantes porque exhiben la emergencia de esos nuevos rasgos con mayor claridad. En ellas, se da la fragmentación y diversidad de la vida moderna: esta naturaleza de la vida moderna, hace imposible un modo de vida coherente. La vida moderna supone una ruptura entre lo subjetivo y lo objetivo. Para protegernos de la inestabilidad potencial y del caos generado por los estímulos que bombardean nuestros sentidos cotidianamente, estamos obligados a refugiarnos en nuestro mundo interior, intelectual, que actúa como un filtro para nuestra experiencia. Pero la metrópoli, a su vez, provee la arena para esta lucha entre lo subjetivo y lo objetivo y su reconciliación, pues presenta las condiciones peculiares que aparecen como oportunidades y estímulos para el desarrollo de ambas tendencias. De este modo, en la metrópolis se desarrolla también la tensión máxima entre libertad y enajenación. Una tensión que, más allá de la tendencia a la hipertrofia de la cultura objetiva, no se resuelve, es un juego abierto. Si bien el individuo queda enormemente desfasado o en desventaja ante la cultura objetiva, este juego abierto, que no se resuelve, es un aporte para la concepción de la acción social colectiva, de los actores urbanos como sujetos creadores de opciones (y que tienen la libertad de elegir). Una libertad que no es unidimensional, que toma en cuenta la compleja tensión entre racionalidad y emocionalidad que se manifiesta en diversas actitudes en la ciudad y en la variedad de tipos urbanos. En este sentido, Simmel realiza un aporte hacia la caracterización del actor urbano, que posibilita mayor riqueza y espesor para la comprensión de sus características, sus procesos de interrelación, el procesamiento de sus demandas, etc. El tipo de individualidad que emerge permite tomar distancia de las relaciones en que se encuentra inmerso (ligado al carácter reflexivo de la modernidad), porque tiene más posibilidades de elegir qué muestra o qué oculta en las interacciones, porque puede elegir dónde y cómo recrear los vínculos comunitarios y para qué. En el mismo contexto, Simmel reconoce la pervivencia y rescata las relaciones primarias; las vivencias en pequeños grupos como referencia para la subjetividad (que son resignificadas en el contexto de la metrópolis, y ya no desde una perspectiva conservadora, porque se reconocen los efectos del control social de la comunidad, obstaculizando el desarrollo de la individualización o de la libertad subjetiva) Reflexionando sobre los vínculos comunitarios, Simmel considera diversos ejemplos: organizaciones jóvenes, ciudades primitivas, pueblos chicos. Por ejemplo, la supervivencia de las asociaciones muy jóvenes (y esto vale para el análisis de actores comunitarios) requiere que se establezcan fronteras estrictas y una unidad centrípeta. Por eso no pueden permitir la libertad individual como tampoco dejan que se desarrolle la personalidad externa o interna. Con el correr del tiempo esto se suaviza y se inicia un proceso de individualización. (Lo mismo ocurre con la vida en la pequeña ciudad de la antigüedad o en la edad media. Es importante porque permite ver la referencia a la historicidad de su planteo). El proceso supone transformaciones cuantitativas (cantidad de gente, extensión de territorio, tamaño de los círculos sociales presentes), que luego se plasman en un cambio de calidad. El proceso de individualización hace posible y necesaria la división del trabajo del grupo en crecimiento. En Simmel hay un planteo de la diferenciación: la alta división del trabajo especializado de la ciudad fuerza a la gente a desempeñar una serie de roles diferentes de un modo que no lo hacen en las pequeñas comunidades. El producto de esta multiplicidad es justamente aquello que los trasciende. En palabras de Sennet “Simmel creía que en la ciudad el hombre podía liberar su espíritu de sus actos, podía comprender ‘quién era’, que nada tiene que ver con ‘que hago ordinariamente’ “(Sennet Richard, 1969) Quizás uno podría preguntarse si esta libertad urbana acerca de la cual Simmel escribió no se limitaría en realidad a un conjunto de individuos flotando por encima de las estructuras sociales, en las cuales la población está inserta? ¿Por qué nos formulamos esa pregunta? Porque Simmel relaciona dos dimensiones propias de la ciudad con el comportamiento social. Por una parte el tamaño y, por la otra, la economía monetaria (las relaciones capitalistas). De acuerdo a su razonamiento, los individuos se definen frente a esos dos rasgos y ello explica los comportamientos de la vida en la ciudad. Lo que queremos resaltar es que, para Simmel, que no desconocía las desigualdades sociales y económicas de las relaciones capitalistas, la relación entre forma urbana (esos dos componentes) e individuos no está mediada por ninguna de esas diferencias. Para decirlo en términos posteriores a Simmel, la relación entre ciudad e individuo es independiente de la clase social de la que forme parte. De esta forma, la "experiencia urbana" no parecería depender de, o estar influida por la ubicación de los individuos en la estructura de la sociedad.

La temprana caracterización del actor social urbano. Al preguntarse por las características de la personalidad metropolitana, Simmel plantea tempranamente, en 1903, un conjunto de elementos altamente significativos que, como habíamos dicho, prefiguran la categoría de actor social urbano. Un aporte temprano para la reflexión conceptual en el campo de la sociología urbana, que luego tenderá a desdibujarse progresivamente durante décadas, hasta que llegue el momento de complementar críticamente las visiones estructuralistas. En ese planteo, Simmel parte desde una concepción en la que el máximo desarrollo de la individualidad se da, precisamente, en el contexto de la metrópolis. Es decir, la ciudad, con su máxima heterogeneidad económica y social. El desarrollo de la especialización3[4] – que se da privilegiadamente en las metrópolis- supone al mismo tiempo una individualización y una interdependencia mayor. Las exigencias de esta particular forma de vida social, y la tensión que se juega entre individualización e interdependencia crecientes, configuran un estilo metropolitano, un conjunto de actitudes que aparecen como “disociadas”, pero que, en realidad, son constitutivas de esta forma urbana de organización social. Así plantea un tipo de individualidad propio de la metrópolis. Las bases sociológicas del desarrollo de esta individualidad metropolitana responden a la aceleración del ritmo de la vida, multiplicidad de estímulos e imágenes sensoriales y mentales – que dan un carácter sofisticado a la vida síquica y generan una forma particular de conciencia. Estas capacidades intelectuales, se ven como una forma de preservar la vida subjetiva ante el poder avasallador de la vida urbana. Lo que ocasiona la individualización determina a su vez una cierta estandarización. Las condiciones individuales son cada vez más dependientes del mercado de trabajo, del dinero. Y el dinero individualiza pero también estandariza. La tensión antes planteada entre libertad y enajenación es lo que permite la emergencia de actores urbanos como sujetos creadores de opciones, que tienen la libertad de elegir. La idea del sujeto como la afirmación del derecho de cada individuo a crear y regir su propia individualidad.4[5] Esa libertad es también lo que permite al individuo participar en la vida colectiva de la ciudad. Podría proponerse una continuidad entre el pensamiento de Simmel y el planteamiento de Touraine sobre el sujeto como elemento central de la vida social. Diferenciándose del pensamiento clásico, Touraine afirma que el sujeto, en tanto actor social, desarrolla una conciencia reflexiva, es decir, la posibilidad de tomar distancia de sus instituciones, prácticas e ideologías. En el modelo cultural que plantea Touraine, la definición del sujeto, en el sentido de definirlo como construcción de la persona en una sociedad dominada por la producción masiva de bienes simbólicos, informaciones, imágenes y lenguajes que cuestionan la personalidad misma, se asimila, al sujeto de Simmel; sin embargo, Touraine introduce nuevas dimensiones: la dimensión política y del poder.

Concluyendo Simmel enfoca la ciudad como un fenómeno unitario, sin observar las fragmentaciones que se producen en su interior. Su análisis no remite a una dimensión territorial específica. Relaciona dos dimensiones propias de la ciudad con el comportamiento social, por una parte el tamaño y, por la otra, las relaciones capitalistas. Si bien Simmel no desconoce las desigualdades sociales y económicas que las relaciones capitalistas generan, la relación entre la forma urbana y los individuos, no está mediada por ninguna de esas diferencias, en otras palabras, la relación entre ciudad e individuo, es independiente de la clase social de la que forma parte. Esto le inhibe ver las diferenciaciones intraurbanas y entre ciudades. En relación con la cultura urbana como cultura de la modernidad, identifica formas culturales distintivas de lo urbano. La pregunta es si estas formas tienen hoy vigencia, si se han profundizado, si han cambiado y en qué. Vale la pena el abordaje que busca reconocer estas formas culturales distintivas que parecieran atravesar transversalmente al conjunto de la sociedad urbana y que tienen que ver quizás con una cultura común y ,quizás, con una hegemonía; aunque después haya que ver los elementos diferenciales que se vinculan con la inserción de los sujetos en la estructura social, y con la compleja elaboración de subjetividades colectivas, acciones colectivas, actores sociales e individuales. Simmel efectúa una temprana caracterización que prefigura la categoría del actor social urbano, y que tiende a perderse en la tradición posterior de la sociología urbana. El concepto del sujeto tensionado entre la libertad y la enajenación es lo que permite, justamente, la emergencia de actores urbanos como sujetos creadores de opciones, que tienen la libertad de elegir y, en consecuencia, tienen la posibilidad, de procesar demandas, y desarrollar conductas colectivas. En definitiva, esto está posibilitado por esa forma de organización social del espacio que, según Simmel, genera una forma particular de sociabilidad. 100 años después que Simmel escribiera sobre la ciudad, un análisis del espacio público nos muestra el impacto del tiempo (la historicidad) y del dinero. Si tomamos un ejemplo argentino, este espacio público, - básicamente democrático - muchos lo ocupan y van generando una imagen de una ciudad altamente fragmentada. En este sentido, más que mirar la ciudad como entidad única, parece interesante usar el planteamiento de Simmel para concentrarse en la cultura pública urbana que hoy nos muestra en la Argentina, cómo la sociabilidad genera diferencias, que se manifiestan en las calles exponiendo a los sujetos al riesgo de la diferencia (diferencias económicas, sociales, políticas, etc).

Individuo como soporte de las relaciones sociales:

Weber

Una acción social es toda acción que tenga un sentido para quienes la realizan, afectando la conducta de otros, orientándose la acción mencionada por dicha afectación. Tal conducta puede ser interna o externa y puede consistir en que el agente haga algo, se abstenga de hacerlo o permita que se lo hagan. Por acción social se entiende aquella conducta en la que el significado que a ella atribuye el agente o agentes entraña una relación con respecto a la conducta de otra u otras personas y en las que tal relación determina el modo en que procede dicha relación (Giner 2001 p 283) No todo contacto entre hombres es de carácter social. No es idéntica, ni homogénea, no toda acción social es orientada por las acciones de otros.
Las formas de la Acción social

Weber identifica 4 formas de acción social, como modelos ideales:

  • Tradicional (costumbre); Son acciones conducidas por principios, normas, etc. en las cuales el componente racional es prácticamente insignificante.

  • Afectiva (emocional); De carácter principalmente irracional guiada por emociones como el amor, odio, etc.

  • Racional con arreglo a valores; Es decir además de perseguir un fin racional están guiadas por principios o normas morales

  • Racional con arreglo a fines; la de mayor grado de racionalidad. Debe elegir los medios adecuados para alcanzar un fin determinado.

El método comprensivo: Max Weber desarrolla el método comprensivo o de la sociología comprensiva. En donde concibe a la sociología como “ciencia que se propone entender el obrar social, interpretar su sentido y, mediante ello, explicar causalmente su desarrollo y sus efectos”.

TEMA

MARX

DURKHEIM

WEBER

MÉTODO

Materialismo Histórico.

Positivismo-Funcionalismo.

Histórico-Comparativo. Comprensivo.

CONCEPTOS-BASE DE SU ANÁLISIS

La lucha de clases es el motor de la historia. La propiedad privada de los medios de producción es la base de la explotación del hombre por el hombre.

La sociedad genera hechos sociales que moldean al individuo con la solidaridad orgánica. Logra una conciencia colectiva que garantiza el orden.

El individuo, con sus acciones sociales, es la base del orden social.

Las instituciones son legitimadas por ellos.

QUÉ COMBATE

El uso del trabajo ajeno para el propio enriquecimiento.

La anomia, es decir, el conflicto generado por la falta de integración del individuo en la sociedad.

Los excesos del capitalismo, pero no al capitalismo en sí.

POR QUÉ LUCHA

Por una sociedad sin explotadores ni explotados.

Por unir a los individuos en el Estado y acabar con el conflicto.

Por una democracia burguesa.

CÓMO DEFINE AL ESTADO

Instrumento de opresión de la clase dominante.

Garante del orden.

El que ejerce el monopolio legítimo de la violencia.

ECONOMÍA A LA QUE ASPIRA

Socialismo-Comunismo.

Capitalismo.

Capitalismo.

MODELO POLÍTICO AL QUE ASPIRA

Dictadura del Proletariado.

Democracia de los trabajadores.

Corporativismo.

Democracia Parlamentaria con un líder carismático.

El tipo ideal es una construcción abstracta realizada por el investigador en su gabinete de estudio, en el cual se resumen las notas esenciales que éste considera características del fenómeno. El tipo ideal aparece como una reconstrucción de las conexiones de sentido utilizadas por el actor, como una reconstrucción racional. Este modelo le permite interpretar al investigador la conexión de sentido y explicarla.

Una vez que se ha logrado construir el tipo ideal, se lo aplica a la realidad, pero la realidad nunca responde exactamente a tal construcción mental, sino que va a haber disparidades. El tipo ideal tiene que servir para ordenar coherentemente la realidad de forma tal de poder interpretarla y explicarla. El tipo ideal que cada investigador construye puede ser cuestionado por la realidad misma o por otro investigador.

El tipo ideal no existe nunca en su estado puro, porque el tipo ideal es un instrumento organizador de la realidad que permite explicarla.

Weber dice que cuando él construye un tipo ideal está construyendo un modelo explicativo que solamente debe servir para ese determinado aspecto de la realidad y que no tendría que poder ser utilizado para explicar otro aspecto diferente de la realidad.
RACIONALIDAD EN LOS MEDIOS Y EN LOS FINES.

En los tres o cuatro tipos ideales, la racionalidad esta dada en el plano de los medios, no se aplica a los fines. De hecho puede hablarse de racionalidad en la búsqueda de los medios más eficientes para obtener un fin irracional, como por ejemplo matar. Es lo que sucede con el perfeccionamiento de las armas, o lo que sucedió con el régimen nazi, que edificó toda una racionalidad al servicio del horror.

También hay que distinguir la racionalidad social, de la mera racionalidad instrumental o técnica. En esta ultima, el medio por definición es un puro instrumento para alcanzar un fin inmediato de la forma mas eficaz posible. La racionalidad tecnológica, solo puede tener autonomía cuando el fin es también puramente tecnológico, como construir un puente. Por lo tanto el concepto de racionalidad en los medios debe ser completado con una teoría de la racionalidad en los fines.

A tal punto, no puede ser considerada únicamente la racionalidad instrumental, es decir exclusivamente el medio más rápido para obtener un fin; que ciertos medios instrumentales se encuentran vedados. Si uno lo observa el Código Penal contiene una serie de prohibiciones de métodos que pueden resultar sumamente racionales instrumentalmente hablando. Si quisiera obtener dinero, bien podría asaltar o robar un banco, en lugar de trabajar, si quisiera tener una relación podría raptar y violar una mujer en lugar de tratar de conquistarla, si quisiera aprobar un examen podría secuestrar al profesor, o amenazarlo o sobornarlo, en lugar de estudiar. Las primeras opciones parecen un camino mucho mas rápido que las segundas, sin embargo están normativamente prohibidos.
RACIONALIZACION DE LA VIDA El concepto de "Racionalización" hace referencia al modo en que las sociedades occidentales - y, en mayor o menor medida, todas las sociedades del planeta - han venido siendo sometidas a un proceso de ordenamiento y sistematización, con el objetivo de hacer predecible y controlable la vida del hombre. Este proceso se hace manifiesto en por lo menos tres ámbitos de la vida humana: a nivel de las imágenes del mundo (concepciones religiosas y metafísicas), en donde se ha venido produciendo lo que Max Weber llamase una desmitificación de la vida, es decir, una creciente secularización de las creencias y los valores; a nivel de la acción colectiva, en donde la política, la economía, el derecho y demás instituciones de la vida pública se han convertido en organizaciones tecnocráticas; y a nivel de la acción individual, en donde el estilo de vida personal se orienta de acuerdo a patrones funcionales de producción y consumo.

EL DESENCANTAMIENTO DEL MUNDO Con la creciente intelectualización, el hombre moderno deja de creen en poderes mágicos. Pero al perderse el sentido profético se encuentra forzado a vivir en un mundo “desencantado”. Por lo demás, el mundo moderno experimenta una gran dificultad para producir nuevos dioses o nuevos valores. La humanidad, o al menos la occidental, se halla en grave peligro de pasar de la irracionalidad ética a la «glaciación ética»; el supuesto politeísmo de los valores en una sociedad moderna no es más que la fachada bajo la que se oculta un indiferentismo hacia los valores, que ya no se confrontan entre sí. Bajo este pluralismo lo que sucede es una pura uniformización.

El concepto de «desencantamiento del mundo» traducible también por “pérdida de la magia” “desembrujo”... permite un doble planteamiento. Por una parte constata el agotamiento del poder que antes poseyeron las religiones para determinar de manera significativa las prácticas sociales y para dotar de sentido la experiencia global del mundo. Pero además ofrece un criterio para evaluar el papel de la Ilustración. No se trata de un juicio, que sería contrario a la neutralidad axiológica, sobres si el movimiento de las Luces ha fracasado al no poder ofrecer una forma civil de esperanza al mundo. El desencantamiento del mundo, suscitado por el actual pluralismo de valores, no es imputable a la “racionalización” como tal sino a la forma racionalista de concebir la racionalización, que WEBER denomina «intelectualización».

 En nuestra época, precisamente, el Estado tiene una estrecha relación con la violencia. Las diversas instituciones del pasado –empezando por la familia–con consideraban la violencia como un medio absolutamente normal. Hoy, en cambio, deberíamos formularlo así: el Estado es aquella comunidad humana que ejerce (con éxito) el monopolio de la violencia física legítima dentro de un determinado territorio».

lo que caracteriza al Estado moderno es que no usa la violencia al modo brutal de los Estados antiguos; más bien al contrario ha conseguido hacerse indispensable en la vida de los humanos, convirtiéndose en la fuente única de legitimación, gestionando servicios, etc. Lo fascinante de la dominación estatal es que se logra sin una violencia aparente, a través del convencimiento y de mecanismos carismáticos.

 Los tres mecanismos que pone en marcha la autoridad política son: «dominio», «obediencia» y «legitimidad». Que la sumisión no se consiga por una explícita violencia sino por “adhesión” de los individuos no puede explicarse sin acudir a mecanismos de fascinación por el poder, como los que se mueven en el concepto de “servidumbre voluntaria” de La Boétie

Dominación: probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos específicos. Toda dominación sobre una pluralidad de hombres requiere un cuadro administrativo. Todos los tipos de dominación procuran despertar y fomentar la creencia en su legitimidad. Según sea la clase de legitimidad pretendida, es diferente tanto el tipo de la obediencia, como el del cuadro administrativo destinado a garantizarla, como el carácter que toma el ejercicio de la dominación.

La relación de fuerzas desiguales (recuérdese que toda acción social es una relación social) tendría que hacer difícil el establecimiento de un “orden” social; y sin embargo el orden social existe porque se han encontrado mecanismos para hacerlo no sólo legítimo sino incluso deseable para los humanos. tres “ideales tipos” de legitimidad y dominación, cada una de las cuales engendra su propio nivel de racionalidad:

· Dominación tradicional
· Dominación carismática
· Dominación racional (o legal-racional)

«Dominación tradicional», es la que reposa en la creencia en el carácter sagrado de las tradiciones y de quienes dominan en su nombre. La técnica de gobierno consiste en enmascarar que la tradición es una invención y que el patrimonio base del poder patriarcal se basa en la explotación de los otros miembros de la familia (en el caso de las familias extensas) y en no diferenciar entre patrimonio personal y patrimonio del Estado (caso de las monarquías). Bajo la autoridad patriarcal el Estado es administrado como una finca particular y no puede hablarse con propiedad de ciudadanía.

«Dominación carismática», reposa en la creencia según la cual un individuo posee alguna característica o aptitud que le convierte en “especial”; se fundamenta en líderes que se oponen a la tradición y crean un orden nuevo. Es el tipo de los profetas [en griego “karisma” significa “gracia”]. Tal vez los individuos carismáticos, especialmente vistos de cerca, no resulten especialmente santos ni admirables pero logran provocar admiración, entusiasmo, apasionamiento –incluso de forma desinteresada. El carisma no se hereda, ni se puede transferir. El éxito de un buen político o de un emprendedor está vinculado a la capacidad de usar su carisma para institucionalizar un nuevo orden legal.

«Dominación racional» (“legal-racional”), es la que se da en los Estados modernos, en que legitimidad y legalidad tienden a confundirse, pues, de hecho, el orden procede de una ley –entendida como regla universal, impersonal y abstracta. Es la expresión de la racionalización: formal, basada en procedimientos, previsible, calculable, burocrática...

 La burocracia es para WEBER el pilar fundamental del moderno Estado de derecho. Cumple un papel racionalizador. La burocracia le da sentido y estructura organizativa a la ley. El burócrata debe ser exactamente como la ley: abstracto, impersonal. Desligado de todo interés personal.

Todos los sistemas organizativos eficaces se basan en la burocracia: el Estado, la empresa e incluso las Iglesias (el sacerdote no deja de ser el burócrata de la fe). Sin burocracia no hay racionalización, ni sociedad basada en la ley. La burocratización es «la nueva servidumbre», porque es la servidumbre de la ley.

Pero a juicio de WEBER la burocratización no es sólo algo inevitable en el capitalismo sino que constituye el destino común a todas las sociedades modernas, incluso las de tipo socialista. La «dictadura del funcionario», y no la del proletariado como creían los marxistas, es la que nos acecha en el futuro. Con eso la racionalización del mundo tal vez habrá alcanzado un hito, pero no está claro que lo haya alcanzado la libertad humana.

Weber:

  • La sociedad no puede existir sin la acción de los individuos.

  • El punto de partida de los hechos sociales son las acciones de los individuos.

  • Acción Social: toda acción orientada en un sentido, el cual esta referido a las acciones de los otros.

  • Relaciones Sociales: acciones sociales reciprocas.

  • La sociedad son los sujetos actuantes en interacción.

PROLOGO A LA CONTRIBUCION A LA CRITICA DE LA ECONOMIA POLITICA

CARLOS MARX

En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.

El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la super-estructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella.

A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso, en la formación económica de la sociedad, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por tanto, la prehistoria de la sociedad humana…
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