La historia de la sociologia




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Economía de los intercambios lingüísticos

La Sociología sólo puede liberarse de las formas de dominación que la linguística y sus conceptos ejercen todavía hoy sobre las ciencias sociales a condición de hacer patentes las operaciones de construcción
del objeto en que esta ciencia se ha fundado, y las condiciones sociales de producción y circulación de sus conceptos fundamentales.Si el modelo linguístico se ha transportado tan facilmente al terreno de la etnología y de la sociología, ello se ha debido a una consideración esencialista de la linguística, es decir, a la filosofía intelectualista que hace del lenguaje, más que un instrumento de acción y de poder, un objeto de intelección.

Hay que mostrar que, por legítimo que sea tratar las relaciones sociales- y las propias relaciones de dominación- como interacciones simbólicas, es decir, como relaciones de comunicación que implican el conocimiento y el reconocimiento, no hay que olvidar que esas relaciones de comunicación por excelencia que son los intercambios linguísticos son tambien relaciones de poder simbólico donde se actualizan las relaciones de fuerza entre los locutores y sus respectivos grupos. En suma, hay que superar la alternativa corriente entre el economismo y el culturalismo, para intentar elaborar una economía de los intercambios simbólicos.

Todo acto de palabra y, más generalmente, toda acción, es una coyuntura, un encuentro de series causales independientes: ...entre los hábitus lingüístico y los mercados en que se ofrecen sus productos. (12)
Lo que circula en el mercado lingüístico no es <>, sino discursos estilísticamente caracterizados, discursos que se colocan a la vez del lado de la producción, en la medida en que cada locutor se hace un idiolecto con la lengua común, y del lado de la recepción, en la medida en que cada receptor contribuye a producir el mensaje que percibe introduciendo en él todo lo que constituye su experiencia singular y colectiva. (13)

... El discurso jurídico es palabra creadora, que confiere vida a lo que enuncia.
...No se debería olvidar nunca que la lengua, por su infinita capacidad generativa, pero tambien originaria en el sentido de Kant, originalidad que le confiere el poder de producir existencia produciendo su representación colectivamente reconocida, y asi realizada, es sin duda el soporte por excelencia del sueño de poder absoluto. (16)

Capitu. 1
La producción y la reproducción de la lengua legítima

La lengua es un código, entendido no sólo como cifra que permite establecer equivalencias entre sonidos y sentidos, sino también como sistema de normas que regulan las prácticas lingüísticas.
La lengua oficial se ha constituido vinculada al Estado. Y esto tanto en su génesis como en sus usos sociales. Es en el proceso de constitución del Estado cuando se crean las condiciones de la creación de un mercado lingüístico unificado y dominado por la lengua oficial... esta lengua de Estado se convierte en la norma teórica con que se mide objetivamente todas las prácticas lingüísticas...
Sometidos universalemente al examen y a la sanción jurídica del título escolar el resultado lingüístico de los sujetos parlantes. (19-20)
La integración en la misma <>, que es un producto de la dominación política constantemente reproducida por instituciones capaces de imponer el reconocimiento universal de la lengua dominante, constituye la condición de la instauración de relaciones de dominación lingüística. (20)

EL LENGUAJE STANDARD: UN PRODUCTO <>

Las <> sólo existen en estado práctico, es decir, en forma de habitus lingüísticos al menos parcialmente orquestados y de producciones orales de esos hábitos.
Lo que se ve claramente a través de las dificultades que suscitó, durante la revolución (francesa), la traducción de los decretos: como la lengua práctica estaba desprovista de vocabulario político y dividida en dialectos, hubo que forjar una lengua media (como hacen hoy los defensores de la lengua de Oc, los cuales producen, sobre todo la fijación y estandarización de la ortografía, una lengua dificilmente accesible a los locutores corrientes).
Hasta la revolución francesa, el proceso de unificación lingüística se confunde con el proceso de construcción del Estado monárquico.
...La imposición de la lengua legítima frente a los idiomas y las jergas forma parte de las estrategias políticas destinadas a asegurar la perennidad de las adquissiciones de la Revolución por la producción y reproducción del hombre nuevo. La teoría de Condillac que convierte a la lengua en un método, permite identificar la lengua revolucionaria con el pensamiento revolucionario: reformar la lengua, liberarla de los usos vinculados a la antigua sociedad e imponerla así purificada, es imponer un pensamiento él mismo depurado y purificado. (21-22)
Toda dominación simbólica implica una forma de complicidad que no es ni sumisión pasiva a una coerción exterior, ni adhesión libre a los valores.... intimidación, violencia simbólica que se ignora como tal... la causa de la timidez... remite a la estructura social.
Todo hace suponer que las instrucciones más determinantes para la construcción del hábitus se transmiten sin pasar por el lenguaje y la conciencia, a través de sugestiones inscritas en los aspectos aparentemente más insignificantes de las cosas, de las situaciones o de las prácticas de la existencia común:... maneras de mirar, de comportarse, de guardar silencio e incluso de hablar, están cargadas de conminaciones. Conminaciones que si resultan tan poderosas y difíciles de revocar, es precisamente por ser silenciosas e insidiosas, insistentes e insinuantes (...códigos secretos explícitos en las crisis de la unidad doméstica, la adolescencia y la pareja). (25-26)
Las diferencias reveladas por la confrontación de las hablas no se reducen a las que el lingüista construye en función de su propio criterio de pertinencia: por grande que sea la parte de funcionamiento de la lengua que escapa a las variaciones, en el orden da la pronunciación del léxico e incluso de la gramática, existe todo un conjunto de diferencias significativamente asociadas a diferencias sociales que, sin importancia para el linguista, son pertinentes desde el punto de vista del sociólogo puesto que entran en un sistema de oposiciones linguisticas que constituye la retraducción de un sistema de diferencias sociales. (28)
La competencia legítima puede funcionar como capital lingüístico que produce, en cada intercambio social, un beneficio de distinción. (29)
Hay que distinguir el capital necesario para la simple producción de un habla corriente más o menos legítima y el capital de instrumentos de expresión () necesario para la producción de un discurso escrito digno de ser publicado, es decir, oficializado. (32)
Las propiedades que caracterizan la excelencia lingüística pueden resumirse en dos palabras, distinción y corrección. (34)
Combinación entre los dos principales factores de producción de la competencia legítima, la familia y el sistema escolar.
En este sentido, como la sociología de la cultura, la sociología del lenguaje es lógicamente indisociable de una sociología de la educación.... El mercado escolar está estrictamente dominado por los productos lingüísticos de la clase dominante y tiende a sancionar las diferencias de capital preexistentes... Las diferencias iniciales tienden a reproducirse debido a que la duración de la inculcación tiende a variar paralelamente a su rendimiento; los menos inclinados o menos aptos para aceptar y adoptar el lenguaje escolar son también los que menos tiempo están expuestos a ese lenguaje y a los controles, correcciones y sanciones escolares.
El sistema escolar... tiende a asegurar la reproducción de la diferencia estructural entre la distribución, muy desigual, del conocimiento de la lengua legítima y la distribución, mucho más uniforme del reconocimiento de esta lengua, lo que constituye uno de los factores determinantes de la dinámica del campo lingüístico y, por eso mismo, de los cambios de la lengua. (36)
Las prácticas distintivas... tales prácticas arraigan en un sentido empírico de la escasez de marcas distintivas (lingüísticas o de otro tipo) y de su evolución en el tiempo: las palabras que se divulgan pierden su poder discriminante y tienden por esto a ser percibidas como intrísecamente triviales, comunes, por lo tanto fáciles o gastadas, puesto que la difusión está ligada al tiempo....
Lo que se describe como un fenómeno de difusión no es más que el proceso resultante de la situación competitiva que conduce a cada agente, a través de innumerables estrategias de asimilación y de disimilación (con relación a los que están situados antes y detrás de él en el espacio social y en el tiempo), a cambiar constantemente de propiedades sustanciales (pronunciaciones, léxicos, giros sintácticos, etc.) conservando, por la competencia misma, la diferencia que la origina. (38)

EFECTOS DE LUGAR

En el capítulo Efectos de lugar (119), Bourdieu se adentra en el análisis de los espacios de miseria aplicando conceptos de su marco teórico. Critica el discurso que la prensa sensacionalista, la propaganda o el discurso político hacen de los «suburbios problemáticos»: discurso, dice, poblado de fantasmas alimentados

por experiencias emocionales suscitadas por palabras o imágenes más o menos descontroladas; pretende romper con lo que denomina la ilusión empirista de ir a ver qué es lo que pasa en estos espacios; éste es un planteamiento «sustancialista » que considera se queda corto y que en muchas ocasiones viene dado por

lo problemático del lugar que sin duda presenta algunos méritos a quienes allí se acercan y salvan los riesgos y dificultades con que se encuentran.

No, describir lo que se ve no basta. Bourdieu ya introduce la necesidad de un

análisis estructural de relaciones, desde su modelo estructuralista para abarcar

estas realidades:

Y sin embargo todo hace pensar que lo esencial de lo que se vive y se ve sobre el terreno (...) tiene su origen en un lugar completamente distinto. Nada lo muestra mejor que los guetos estadounidenses, esos lugares abandonados que se definen, en lo fundamental por una ausencia: esencialmente la del Estado y todo lo que se deriva de éste: policía, escuela...

Sólo es posible romper con las falsas evidencias y los errores inscriptos en el pensamiento sustancialista de los lugares si se efectúa un análisis riguroso de las relaciones entre espacio social y las del espacio físico.
De esta forma, sistema de relaciones y ausencias van a ir configurando el modelo de análisis del autor a los espacios marginales de las grandes ciudades. El análisis que realiza de los conceptos espacio físico y espacio social y las relaciones entre ellos supone un paso más y una aplicación de nuevo de algunos de

sus elementos teóricos importantes: la somatización de lo social y la encarnación física del sistema social.

Así, los agentes sociales, en tanto cuerpos físicos, ocupan lugares y sitios del espacio físico que podemos analizar sobre la base de sus relaciones: Encima, debajo, entre, distancia (cerca, lejos)... Y así como el espacio físico se define por la exterioridad recíproca entre las partes, el espacio social se define por la exclusión

mutua o la distinción de las posiciones que lo constituyen, es decir, como estructura de yuxtaposición de posiciones sociales.

Es más, Bourdieu señala que la estructura del espacio se manifiesta en la forma de oposiciones espaciales, en las que el espacio habitado (o apropiado) funciona como una especie de simbolización espontánea del espacio social. En una sociedad jerárquica no hay espacio que no esté jerarquizado y no exprese las jerarquías

y las distancias sociales (...) de un modo enmascarado por el efecto de naturalización (...) que pueden parecer surgidas de la naturaleza de las cosas, pero que realmente obedecen a otro tipo de lógicas sociales que el sociólogo deberá intentar analizar.

Así pues, relaciones de reciprocidad, oposición y de ausencias en las relaciones sociales que se van a ver reproducidas en el espacio físico, en lo que inmediatamente podemos observar empíricamente, y que simbolizando y encarnan encarnando el conjunto de relaciones sociales actúan en gran parte para los agentes como parte de la naturaleza de las cosas. Este será el gran principio básico de análisis de Bourdieu.

Dando un paso más, Bourdieu introduce en el análisis la importancia del juego social de circulación, distribución y apropiación de las distintas formas de capital.

El espacio social reificado (vale decir físicamente realizado u objetivado)se presenta en consecuencia, como la distribución en el espacio físico de diferentes especies de bienes y servicios y también de agentes individuales y grupos localizados físicamente (en tanto cuerpos vinculados a un lugar permanente) y provistos de oportunidades más o menos importantes de apropiación de esos bienes y servicios (en función de su capital y también de la distancia física con respecto a esos bienes, que depende igualmente de aquel). En la relación entre la distribución de los agentes y la distribución de los bienes en el espacio se define el valor de las diferentes regiones del espacio social reificado.

Con este supuesto ejemplifica algunas oposiciones como ciudad-provincia, decoradores-ebanistas... oposiciones sociales objetivadas en el espacio físico que tienden a reproducirse en los espíritus y el lenguaje en la forma de oposiciones constitutivas de un principio de visión y división, vale decir, en tanto categorías

de percepción y evaluación o de estructuras mentales. De esta forma llegamos a otro de los puntos esenciales de la teoría de Bourdieu: cómo las categorías sociales, objetivadas en los cuerpos y los espacios físicos, devienen en categorías mentales de percepción y evaluación de la realidad en los sujetos.

Finalmente, hace el autor alusión a la dinámica de las luchas por la apropiación del espacio, en donde, como hemos visto, el capital de cada agente juega un papel clave: la capacidad de dominar el espacio, en general adueñándose (material o simbólicamente) de los bienes escasos (públicos o privados) que se distribuyen

en él, depende del capital poseído. En este espacio la posesión de capital asegura la casi ubicuidad que hace posible el dominio económico y simbólico de los medios y a la inversa, quienes carecen de capital son mantenidos a distancia, ya sea física o simbólicamente, de los bienes socialmente más escasos.

Con todo, incluye un nuevo concepto teórico fundamental: el habitus. Así, el hábitat va a contribuir a formar el habitus, y es más, la mera presencia física de sujetos en hábitats concretos no garantiza un desenvolvimiento social eficaz sino se posee el habitus correspondiente: «so pena de sentirse desplazados, quienes

penetran en un espacio deben cumplir las condiciones que éste exige tácitamente de sus ocupantes»

Y aunque en las luchas por el espacio pueden asumirse formas colectivas, fundamentalmente por las políticas urbanísticas... todo ello nos muestra un claro paisaje de oposición y desigualdad social en las grandes ciudades:

El barrio elegante, como un club fundado en la exclusión activa de las personas indeseables, consagra simbólicamente a cada uno de sus habitantes permitiéndoles participar del capital acumulado por

el conjunto de los residentes; al contrario, el barrio estigmatizado degrada simbólicamente a quienes lo habitan, los cuales, en cambio, hacen lo mismo con él, ya que al estar privados de todas las cartas de

triunfo necesarias para participar en los diferentes juegos sociales, no comparten sino su común excomunión.

Otro de los temas que interesan especialmente a Bourdieu y sus colaboradores es el papel que desempeñan los medios de comunicación con relación a los problemas sociales. Ya introdujimos este aspecto al principio de este artículo. En el capítulo La visión mediática (51) se realiza un análisis crítico sobre el rol de

la prensa.

Como hemos visto, la importancia que Bourdieu otorga al papel visibilizador del sociólogo para realizar un análisis científico de los hechos sociales, le lleva a contraponer la ciencia social al agente que actualmente más influencia tiene en la visibilización y construcción de los fenómenos sociales: los medios de comunicación.

En este artículo, Patrick Champagne sintetiza de manera magistral el problema de la violencia en los barrios marginales y su repercusión mediática. Aunque todos los temas que van apareciendo en la obra siguen siendo de actualidad, ninguno quizá tanto como los asuntos de violencia juvenil en los barrios marginales

que, como hemos señalado, han vuelto a ocupar primera plana en todos los medios de comunicación.

A partir del análisis de los incidentes ocurridos en 1990 en unos suburbios de Lyon, el autor analiza la construcción del objeto por parte de los medios de comunicación y sus repercusiones sociales, como el intento de las clases políticas de apropiarse del discurso, la estigmatización que generan o la omisión de las relaciones

estructurales que generan el caldo de cultivo de estas situaciones.

Como toda la obra gira en torno a la miseria social o los malestares sociales, el autor nos recuerda la importancia de la visibilización de éstos. Así, señala que los malestares sociales sólo tienen existencia visible cuando los medios hablan de ellos, es decir, cuando los periodistas los reconocen como tales. Así como que

no todos los malestares son igualmente mediáticos; y los que lo son sufren inevitablemente una cierta cantidad de deformaciones (...), el campo periodístico los somete a un verdadero trabajo de construcción que depende en buena medida de los intereses propios de ese sector de actividad.

Realmente, los medios, y fundamentalmente la televisión «fabrican colectivamente una representación social» que surge a partir de la movilización de los elementos más emotivos, interpretaciones espontáneas y prejuicios. Esta representación va a perdurar pese a que surjan posteriormente desmentidos o análisis más exhaustivos.

Con ello, los elementos que se enfatizan, que se exhiben, suelen ser las acciones más violentas, los enfrentamientos, los actos delictivos... junto con la presentación de las causas en un «revoltijo» superpuesto de fenómenos como condiciones del barrio, equipamientos, inmigrantes... sin un mayor análisis. Se

producen así, entre otros, efectos de estigmatización para los habitantes de un determinado barrio, de profecías que se auto cumplen o de círculos viciosos.

Finalmente, el autor exhorta a buscar las causas de los problemas de estos barrios fuera del discurso mediático, buscándolas en lógicas que no están en los barrios mismos sino en mecanismos más globales como las políticas de vivienda o la crisis económica.



La DOMINACION MASCULINA

La violencia simbólica: una contención del cuerpo 

El dominio masculino está suficientemente bien asegurado como para no requerir justificación: puede limitarse a ser y a manifestarse en costumbres y discursos que enuncian el ser conforme a la evidencia, contribuyendo así a ajustar los dichos con los hechos.(14) La visión dominante de la división sexual se expresa en objetos técnicos o en prácticas: por ejemplo, en la estructuración del espacio, en particular en las divisiones interiores de la casa o en la oposición entre la casa y el campo, o bien en la organización del tiempo, de la jornada o del año agrícola y, de modo más amplio, en todas las prácticas, casi siempre a la vez técnicas y rituales, especialmente en las técnicas del cuerpo, postura, ademanes y porte.(15) 

Si esta división parece "natural", como se dice a veces para hablar de lo que es normal, al punto de volverse inevitable, se debe a que se presenta, en el estado objetivado, en el mundo social y también en el estado incorporado, en los habitus, como un sistema de categorías de percepción, pensamiento y acción.

Como "elecciones" que se ignoran, se plantean como algo obvio y a salvo de cualquier contingencia que pueda cuestionarlas: la universalidad de hecho del dominio masculino excluye,(16) en la práctica, el efecto de "desnaturalización" o de la relativización que genera casi siempre el encuentro con los estilos de vida diferentes, que suelen hacer aparecer las "elecciones" naturalizadas de la tradición como arbitrarias, históricamente constituidas (ex instituto), con base en la costumbre o la ley (nomos, nomo) y no en la naturaleza (phusis, phusei). El hombre (vir) es un ser particular que se ve como ser universal (homo), que tiene el monopolio, de hecho y de derecho, de lo humano (es decir, de lo universal), que se halla socialmente facultado para sentirse portador de la forma completa de la condición humana.(17)

Las mujeres ven cómo se les atribuyen todas las tareas domésticas, es decir, privadas y ocultas, o dicho de otro modo, invisibles o vergonzosas, como el cuidado de los niños y los animales, y una buena parte de los trabajos exteriores, sobre todo los que tienen que ver con el agua, la hierba, lo verde, la leche, la madera, y en especial las tareas más sucias (como el transporte del estiércol), las más monótonas, las más penosas y las más humildes. En cuanto a los hombres, se arrogan todos los actos breves, peligrosos y espectaculares que, como el degüello de una res, la labranza o la cosecha, por no hablar del asesinato o la guerra, marcan rupturas en el curso ordinario de la vida y emplean instrumentos forjados. 

Habiendo recibido en el reparto lo pequeño, lo cotidiano, lo curvo -las mujeres, inclinadas sobre el suelo, recogen las aceitunas o las ramillas, mientras que los hombres, armados de pértiga o hacha, cortan y tumban-, viéndose relegadas a las preocupaciones vulgares de la gestión cotidiana de la economía doméstica, las mujeres parecen disfrutar las mezquindades de la economía del cálculo, de los vencimientos, del interés, y que el hombre de honor, que puede hacerlo y disfrutarlo mediante su intermediaria, debe fingir que desprecia esas tareas.(19) El reforzamiento que prestan las anticipaciones del prejuicio favorable instituido en el meollo del orden social y las prácticas que aquéllas favorecen y que no pueden sino confirmarlas, encierra a hombres y mujeres en un círculo de espejos que reflejan indefinidamente imágenes antagónicas, pero inclinadas a validarse mutuamente.

La violencia simbólica impone una coerción que se instituye por medio del reconocimiento extorsionado que el dominado no puede dejar de prestar al dominante al no disponer, para pensarlo y pensarse, más que de instrumentos de conocimiento que tiene en común con él y que no son otra cosa que la forma incorporada de la relación de dominio.

 Todo poder admite una dimensión simbólica: debe obtener de los dominados una forma de adhesión que no descansa en la decisión deliberada de una conciencia ilustrada sino en la sumisión inmediata y prerreflexiva de los cuerpos socializados. Los dominados aplican a todo, en particular a las relaciones de poder en las que se hallan inmersos, esquemas de pensamiento impensados que, al ser fruto de la incorporación de esas relaciones de poder bajo la forma mutada de un conjunto de pares de opuestos (alto/bajo, grande/pequeño, etc.) que funcionan como categorías de percepción, construyen esas relaciones de poder desde el mismo punto de vista de los que afirman su dominio, haciéndolas aparecer como naturales. Así, por ejemplo, cada vez que un dominado emplea para juzgarse una de las categorías constitutivas de la taxonomía dominante (por ejemplo, estridente/serio, distinguido/vulgar, único/común), adopta, sin saberlo, el punto de vista dominante, al adoptar para evaluarse la lógica del prejuicio desfavorable. De todos modos, el lenguaje de las categorías corre el riesgo de enmascarar, por sus connotaciones intelectualistas, que el efecto del dominio simbólico no se ejerce en la lógica pura de las conciencias conocedoras sino en la oscuridad de los esquemas prácticos del habitus en que se halla inscrita la relación de dominio, con frecuencia inaccesible a la toma de conciencia reflexiva y a los controles de la voluntad. 

VIGILAR Y CASTIGAR
Michel Foucault

DISCIPLINA


I.    LOS CUERPOS DÓCILES

La figura ideal del soldado tal como se describía aún a comienzos del S XVII. Es alguien a quien se reconoce desde lejos. Representa un cuerpo apto según determinadas características (vigor, valentía, buena marcha, cabeza erguida, estómago levantado, etc, etc, etc). Segunda mitad del S XVIII: el soldado se ha convertido en algo que se fabrica, de un cuerpo inepto se ha hecho la máquina que se necesitaba.

 

Estos dos registros se hallan unidos por la noción de docilidad. Es dócil un cuerpo que puede ser sometido, utilizado, transformado y perfeccionado. Estos esquemas de docilidad, de tanto interés para el S XVIII, no son los primeros en plantear el cuerpo como objeto de intereses, pero hay cosas nuevas en estas técnicas. En primer lugar, la escala de control: no se trata al cuerpo como unidad indisociable, sino que se lo trabaja en sus partes, se ejerce sobre él una coerción (sujeción) débil. En segundo lugar, el objeto de control: ya no los elementos significantes de la conducta o el lenguaje del cuerpo, sino la economía, la eficacia de los movimientos, su organización interna. En fin, la modalidad implica una coerción constante que vela sobre los procesos de la actividad más que sobre su resultado.

 

Por lo tanto, llamamos DISCIPLINAS a estos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad. Estas han llegado a ser, en el transcurso de los S XVII y XVIII fórmulas generales de dominación. Se diferencian:

  • de la esclavitud (no se fundan en una relación de apropiación de los cuerpos),

  • de la domesticidad (que es una relación de dominación constante, masiva, no analítica, ilimitada y establecida bajo el “capricho” del amo),

  • del vasallaje o feudalismo (relación de sumisión extremadamente codificada que atañe más a los productos del trabajo que a las operaciones del cuerpo),

  • del ascetismo y de las “disciplinas” de tipo monástico (que garantizan renunciaciones más que aumentos de utilidad y que, si bien implican la obediencia a otro, tienen por objeto principal un aumento del dominio de uno sobre su propio cuerpo).

El momento histórico de la disciplina es cuando nace un arte del cuerpo humano pensado como cuanto más obediente, más útil. El cuerpo humano entra en un mecanismo de poder que lo desarticula y lo recompone. Una “anatomía política”, una “mecánica del poder” está naciendo, definiendo cómo se puede hacer que los cuerpos operen como se quiere. La disciplina fabrica así cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos “dóciles”. La disciplina disocia el poder del cuerpo, hace de este poder una “aptitud”, una “capacidad” que trata de aumentar la potencia, convirtiéndola en una relación de sujeción estricta.

Esta nueva anatomía política como una multiplicidad de procesos con frecuencia menores y de localización diseminada. Se los encuentra actuando en colegios, en escuelas elementales, en hospitales, en el ejército. Casi siempre se han impuesto para responder a exigencias de coyuntura.
(Foucault no hará una historia de las instituciones disciplinarias, sino que señalará algunos ejemplos para teorizar en base a ellos).

La disciplina es una anatomía política del detalle.
En esta tradición de la eminencia del detalle aparecerá en la educación cristiana, en la pedagogía escolar o militar, en todas las formas finalmente de encauzamiento de la conducta. Para el hombre disciplinado, como para el verdadero creyente, ningún detalle es indiferente. Una observación minuciosa del detalle, y una consideración política de estas pequeñas cosas, para el control y la utilización de los hombres, se abre paso a través de la época clásica, llevando consigo un conjunto de técnicas, un corpus de procedimientos y de saber, de descripciones, y de datos. Y de estas fruslerías (cosas de poco valor) ha nacido el hombre del humanismo moderno.

 

EL ARTE DE LAS DISTRIBUCIONES

La disciplina  procede a la distribución de los individuos en el espacio. Para ellos emplea varias técnicas.

1. La clausura, la especificación de un lugar heterogéneo a todos los demás y cerrado sobre sí mismo. Lugar protegido de la monotonía disciplinaria. Ejemplos: colegios con el modelo de “convento”, cuarteles,  talleres manufactureros (por ej.  Toufait construye Le Creusot en el valle de la Charbonnièrem e instala en la fábrica misma alojamientos para obreros, constituyendo un nuevo tipo de control. La fábrica así se asemeja al convento, a la fortaleza, a una ciudad cerrada: “el guardián no abrirá las puertas hasta la entrada de los obreros, y luego que la campana que anuncia la reanudación de los trabajos haya sonado”; 15min después nadie tendrá derecho a entrar; al final de la jornada, los jefes de taller  tienen la obligación de entregar las llaves al portero para que abra las puertas).

2. La localización elemental o división en zonas, espacios. A cada individuo su lugar. Evitar las distribuciones por grupos, analizar las pluralidades confusas. Es preciso anular los efectos de las distribuciones indecisas. Se trata de saber dónde y cómo encontrar a los individuos, poder en cada instante vigilar la conducta de cada cual, apreciarla, sancionarla, medir las cualidades. Procedimiento para dominar y para utilizar. La disciplina organiza el espacio analítico, el espacio celular.

3. Los emplazamientos funcionales van progresivamente a codificar en las instituciones disciplinarias un espacio que la arquitectura dejaba en general disponible y dispuesto para varios usos. Se fijan lugares determinados para responder a la necesidad de vigilar, de romper las comunicaciones peligrosas y de crear un espacio útil. Ejemplos: en hospitales militares y navales (para la vigilancia médica de enfermedades y de contagios). Las disposiciones de la vigilancia fiscal y económica preceden las técnicas de la observación médica: localización de medicamentos en cofres cerrados, registro de su utilización, poco después identificación de enfermos, más tarde aislamiento de los contagiosos, las camas separadas. Poco a poco, un espacio administrativo y político se articula en espacio terapéutico. Nace de la disciplina un espacio médicamente útil.
Otro ejemplo: en las fábricas a fines del S XVIII se complica el principio de división en zonas individualizantes. Se trata a la vez de distribuir a los individuos en un espacio en el que es posible aislarlos y localizarlos; pero también de articular esta distribución sobre un aparato de producción que tiene exigencias propias. Así en una manufactura en Jouy, la planta baja se destina al estampado, y hay dos hileras a lo largo de la sala donde cada estampador trabaja en su mesa. Recorriendo el pasillo central es posible vigilar general e individualmente. La producción se divide. Bajo la división del proceso de producción, se encuentra, en el nacimiento de la gran industria, la descomposición individualizante de la fuerza de trabajo; las distribuciones del espacio disciplinario han garantizado a menudo una y otra.

4. El rango. En la disciplina los elementos son intercambiables, puesto que cada uno se define por el lugar que ocupa en una serie, y por la distancia que lo separa de los otros. La unidad en ella no es pues ni el territorio (unidad de dominación), ni el lugar (unidad de residencia), sino el rango: el lugar que se ocupa en una clasificación. La disciplina, arte del rango y técnica para la transformación de las combinaciones. Individualiza los cuerpos por una localización que no los implanta, pero los distribuye y los hace circular en un sistema de relaciones. Ejemplo: el “rango”, en el S XVIII, comienza a definir la gran forma de distribución de los individuos en el orden escolar: hileras de alumnos en clase, en los pasillos y los estudios; alineamiento de los grupos de edad unos a continuación de los otros; sucesión de las materias enseñadas según un orden de dificultad creciente. Y en estos alineamientos obligatorios, cada alumno de acuerdo a su edad, a sus adelantos y a su conducta, ocupa un orden determinado, un rango. Movimiento perpetuo en el que los individuos sustituyen unos a otros en un espacio ritmado por intervalos alineados.

La organización de un espacio serial fue una de las grandes mutaciones técnicas de la enseñanza elemental. Permitió sobrepasar el sistema tradicional (un alumno que trabaja unos minutos con el maestro, mientras el grupo permanece ocioso y sin vigilancia). Al asignar lugares individuales ha organizado una nueva economía del tiempo de aprendizaje. El espacio escolar como una máquina de aprender, pero también de vigilar.

Al organizar las “celdas”, los “lugares” y los “rangos”, fabrican las disciplinas espacios complejos: arquitectónicos, funcionales y jerárquicos a la vez. Recortan segmentos individuales e instauran relaciones operatorias. Espacios mixtos: reales (rigen la disposición de pabellones, salas, mobiliarios), pero ideales (se proyectan sobre la ordenación de las caracterizaciones, de las jerarquías). La primera de las grandes operaciones de la disciplina es pues la constitución de “cuadros vivos” que transforman las multitudes confusas, inútiles o peligrosas, en multiplicidades ordenadas. Esta constitución ha sido uno de los grandes problemas de la tecnología científica, política y económica del S XVIII: controlar, regularizar la circulación de las mercancías y de la moneda, inspeccionar a los hombres, distribuir los enfermos y clasificar las enfermedades: operaciones en que los dos constituyentes –distribución y análisis, control e inteligibilidad– son solidarios el uno con el otro. El cuadro en el  S XVIII es una técnica de poder y un procedimiento de saber. Se trata de organizar lo múltiple.

Pero el cuadro no desempeña la misma función en estos diferentes registros. En la economía, permite la medida de las cantidades y el análisis de los movimientos. En la taxonomía, caracteriza y constituye clases (por tanto reduce las singularidades). Pero en la distribución disciplinaria, la ordenación en cuadro tiene como función, por el contrario, distribuir la multiplicidad y obtener de ella el mayor número de efectos posibles. Mientras que la taxonomía natural se sitúa sobre el eje que va del carácter a la categoría, la táctica disciplinaria se sitúa sobre el eje que une lo singular con lo múltiple. Permite a la vez la caracterización del individuo como individuo, y la ordenación de una multiplicidad dada. Es condición primera para el control y el uso de un conjunto de elementos distintos: la base para una microfísica de un poder celular.





EL CONTROL DE LA ACTIVIDAD

1) El empleo del tiempo es una vieja herencia (las comunidades monásticas habían sugerido su modelo estricto y rápidamente se difundió). Sus tres grandes procedimientos –establecer ritmos, obligar a ocupaciones determinadas, regular los ciclos de repetición– coincidieron muy pronto en colegios, talleres, hospitales. El rigor del tiempo industrial ha conservado durante siglos un ritmo religioso. Durante siglos, las órdenes religiosas han sido maestras de disciplina: eran los especialistas del tiempo, grandes técnicos del ritmo y de las actividades regulares.

 

Pero estos procedimientos de regularización temporal que las disciplinas heredan, ellas mismas los modifican. Se ponen a contar en cuartos de hora, en minutos, en segundos. En las escuelas elementales, el recorte del tiempo se hace cada vez más útil. La extensión progresiva del salariado lleva aparejada una división ceñida del tiempo (pensemos lo que pasaría si los obreros llegaran 15min después de haber tocado la campana...). Pero se busca también asegurar la calidad del tiempo empleado: control ininterrumpido, presión de los vigilantes, supresión de todo cuanto puede turbar y distraer, se trata de construir un tiempo íntegramente útil. El tiempo medido y pagado debe ser también un tiempo sin defectos, a lo largo del cual permanezca el cuerpo aplicado a su ejercicio. La exactitud y la aplicación son, junto con la regularidad, las virtudes fundamentales del tiempo disciplinario. Pero esto no es lo más nuevo. Otros procedimientos son más característicos de las disciplinas.

2) La elaboración temporal del acto. Se ha pasado de una forma de conminación que medía o ritmaba los gestos a una trama que los coacciona y los sostiene a lo largo de todo su encadenamiento. Se define una especie de esquema anátomo-cronológico del comportamiento. El acto queda descompuesto en sus elementos; la posición del cuerpo, de los miembros, de las articulaciones se halla definida. El tiempo penetra el cuerpo, y con él todo los controles minuciosos del poder. (para ilustrar, ver ej. de la marcha de una tropa en el S XVII y en el S XVIII).

 

3) Establecimiento de correlación del cuerpo y del gesto. El control disciplinario no consiste simplemente en enseñar o en imponer una seria de gestos definidos; impone la mejor relación entre un gesto y la actitud global del cuerpo. En el buen empleo del cuerpo, que permite un buen empleo del tiempo, nada debe permanecer ocioso o inútil. Un cuerpo disciplinado es el apoyo de un gesto eficaz. Ejemplo: una buena letra supone toda una rutina cuyo código riguroso domina el cuerpo por entero (Foucault aquí cita un par de “reglas” de postura y posición que solían enseñarse en colegios para escribir clara y rápidamente).

4) La articulación cuerpo-objeto. La disciplina define cada una de las relaciones que el cuerpo debe mantener con el objeto que manipula. (Aquí Foucault da el ejemplo de la división en tres tiempos que se debe seguir para el manejo de un arma, según una ordenanza de 1766). Este ejemplo consiste en una descomposición del gesto global en dos series: la de los elementos del cuerpo que hay que poner en juego, y la de los elementos del objeto que se manipula; después pone en correlación los unos con los otros según ciertos gestos simples. El poder viene a deslizarse sobre toda la superficie de contacto entre el cuerpo y el objeto que manipula; los amarra el uno al otro. Constituye un complejo cuerpo-arma, cuerpo-instrumento, cuerpo-máquina. Se está lejos de aquellas formas de sujeción que no pedían al cuerpo otra cosa que signos o productos, formas de expresión o el resultado del trabajo. La reglamentación impuesta por el poder es al mismo tiempo la ley de construcción de la operación. Este carácter del poder disciplinario tiene una función de síntesis, de vínculo coercitivo (que sujeta, que contiene) con el aparato de producción.

5) La utilización exhaustiva. El principio subyacente en el empleo del tiempo en su forma tradicional era esencialmente negativo; principio de no ociosidad (no derrochar el tiempo). La disciplina procura una economía positiva; plantea el principio de una utilización teóricamente creciente siempre del tiempo: agotamiento más que empleo. Hay que tratar de intensificar el uso del menor instante, como si pudiera unirse el máximo de rapidez con el máximo de eficacia. Cuanto más se descompone el tiempo, mejor se lo desarticula desplegando sus elementos internos bajo una mirada que los controla, más se puede acelerar entonces una operación. Ejemplo: la escuela de enseñanza mutua como aparato para intensificar la utilización del tiempo; su organización permitía eludir el carácter lineal y sucesivo de la enseñanza del maestro. Cada instante estaba lleno de actividades múltiples, pero ordenadas, y el ritmo estaba regido por señales; imponía a todos unas normas temporales que debían acelerar el proceso de aprendizaje y enseñar la rapidez como virtud.

 

A través de esta técnica de sujeción, se está formando un nuevo objeto; lentamente, va ocupando el puesto del cuerpo mecánico. Este objeto nuevo es el cuerpo natural, el cuerpo susceptible de operaciones especificadas, que tienen su orden, su tiempo, sus condiciones internas, sus elementos constitutivos. El cuerpo, al convertirse en blanco para nuevos mecanismos del poder, se ofrece a nuevas formas de saber. Cuerpo del ejercicio, cuerpo manipulado por la autoridad, del encauzamiento útil, pero en el cual se anunciará cierto número de exigencias de naturaleza y de coacciones funcionales. En el ejercicio que se le impone y al que resiste, el cuerpo rechaza espontáneamente lo incompatible: “Éntrese en la mayoría de nuestras escuelas de ejercicio, y se verá a los soldados en actitudes violentas y forzadas, se verán todos sus músculos contraídos, la circulación de la sangre interrumpida...” (de un Ensayo general de táctica escrito en 1772).

Hemos visto cómo los procedimientos de la distribución disciplinaria tenían su lugar entre las técnicas contemporáneas de clasificación y de disposición en cuadro; pero cómo introducían el problema específico de los individuos y de la multiplicidad.




Los controles disciplinarios de la actividad se sitúan entre todas las investigaciones sobre la maquinaría natural de los cuerpos; el comportamiento y sus exigencias orgánicas van a sustituir poco a poco la simple física del movimiento. El cuerpo, al que se pide ser dócil, hasta en sus menores operaciones, opone y muestra condiciones de funcionamiento propias de un organismo. El poder disciplinario tiene como correlato una individualidad no sólo analítica y “celular”, sino natural y “orgánica”.



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