El Tratado de Libre Comercio




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lucha por un programa de desgravación arancelaria que fa­

vorezca a las partes, y dentro de éstas a determinados bie­

nes, que por lo general corresponden con los producidos

por las empresas de los núcleos hegemónicos, cuyos inte­

reses defienden los equipos negociadores.

En la negociación del TLC entre México y los países del

Triángulo Norte resulta evidente que tras seis años de

negociaciones, el gobierno de El Salvador logra un trata­

miento preferencial en materia arancelaria para la produc­

ción de cemento, cerveza, azúcar, importación de vehícu­

los y líneas aéreas, actividades controladas por monopo­

lios u oligopolios propiedad del bloque hegemónico em­

presarial salvadoreño. El resto de actividades productivas

tienen escasa o nula relevancia en las negociaciones del

gobierno salvadoreño.

El TLC abre las posibilidades de modificar el programa de

desgravación arancelaria, a través de mecanismos acor­

dados y conforme a la legislación de cada Parte. Es el

Ministerio de Economía el ente encargado, en el caso

salvadoreño, de la administración del Tratado, y conse­

cuentemente de la modificación del calendario de desgra­

vación, con lo cual queda descubierto un flanco que permite el manejo discrecional y arbitrario de la política aran­

celaria por parte de los funcionarios de turno en la

dirección de la cartera de Economía. Los Tratados de Libre Comercio: mucho más que tratados comerciales

Investigaciones realizadas en El Salvador demuestran có­

mo el uso de la política arancelaria en el marco de la inte­

gración centroamericana39

, se ha convertido en un instru­

mento de manejo personal para el beneficio y provecho de

los mismos funcionarios y de un reducido grupo de empre­

sas que logran posicionarse ventajosamente en el mercado

a través de esta práctica de competencia desleal. Si consi­

deramos que algunas pequeñas economías, como las cen­

troamericanas, han iniciado procesos de apertura y desgra­

vación arancelaria unilateralmente desde mucho antes de

que se concibieran los TLC, es obvio que estas economías

inician las negociaciones del programa de desgravación

arancelaria con una desventaja neta; además, es evidente

que la capacidad y el poder de negociación se decanta a fa­

vor de la economía más desarrollada.

En el TLCTN, México liberó de inmediato a El Salvador

8,394 fracciones arancelarias y excluyó 236, mientras

que El Salvador liberó 2,973 y excluyó 207. La impresión

que deja el discurso oficial es que El Salvador ha ganado

con la negociación al haber liberado sólo el 55% de las

importaciones mientras que México concedió el 73.2%

de la producción salvadoreña, pero vale señalar que mu­

chos de los bienes liberalizados no se producen en El

Salvador como son naves aéreas, perlas naturales y una

larga lista de productos incluidas en dicho listado.

Estas disposiciones operan en contra de la producción nacio­

nal para la exportación y estimulan la importación de produc­

tos, con lo cual se genera un entorno desventajoso para la

industria local, que dadas las limitaciones internas en térmi­

nos de financiamiento, infraestructura, tecnología, mano de

obra calificada, información, mercados concentrados y bajo

nivel competitivo, se traduce en el desplazamiento de las em­

presas nacionales por las foráneas, la quiebra de algunas y

el consiguiente impacto negativo en términos de empleo.

39. Góchez , Roberto (2001), La discrecionalidad de la política

arancelaria, Documento de trabajo, FUNDE, Mimeo, pp. 35-37.

49 El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica

50

No es cierto que los nuevos empleos generados por la in­

versión extranjera sean suficientes para compensar los

puestos de trabajo que se destruyen por la quiebra de las

empresas nacionales, y menos para cubrir el crónico déficit

de empleo que la economía viene acumulando histórica­

mente; amén de la precarias condiciones del empleo gene­

rado por las inversiones extranjeras, predominantemente

de maquila textil y de confección. En materia de acceso a

mercado, la negociación con economías desarrolladas, co­

mo la estadounidense, adquiere especial relevancia en el

caso de los bienes agropecuarios, que por la naturaleza del

aparato exportador centroamericano, representa un ren­

glón importante en los flujos transables hacia Estados Uni­

dos y además, por el alto nivel proteccionista -en términos

arancelarios, no arancelarios y de subsidios- que esta eco­

nomía mantiene en ese sector.

Con el TLCTN se recoge un interesante precedente en

cuanto a negociación arancelaria de bienes agropecua­

rios, El Salvador logró excluir40

de este Tratado un signi­

ficativo número de productos -especialmente aquéllos

sensibles a la apertura comercial: café, maíz, maicillo y

azúcar, entre otros—; no obstante, su exclusión no ase­

gura una protección absoluta y menos, el desarrollo de

las ramas, pues éstas requieren de la definición de políti­

cas sectoriales para la reactivación y desarrollo rural, a

partir de las cuales se permita elevar su competitividad.

40. La “exclusión de productos” supone que estos no sufrirán

la eliminación de aranceles según el programa de desgravación

arancelaria, y en el acceso de estos bienes a las partes se aplicará

el arancel de la Nación más Favorecida, correspondiente

a los países no parte. Los Tratados de Libre Comercio: mucho más que tratados comerciales

La posibilidad de que las economías centroamericanas

logren excluir los productos agropecuarios en el

TLCEUCA resulta remota en virtud del precedente

existente en el TLCAN, en el cual México no logró

excluir el maíz- entre otros productos-; esto ha llevado a

la masiva importación mexicana de maíz estadounidense

y la consiguiente quiebra de más de dos millones de pe­

queños productores mexicanos. Siendo así, el “libre co­

mercio” no es posible en el contexto en que un país co­

mo Estados Unidos puede imponer medidas proteccio­

nistas para su economía, particularmente para sus im­

portaciones de productos agrícolas y, por otra parte, im­

poner una apertura indiscriminada a sus exportaciones

de productos y capitales.

Pese a que en los TLC se incluye un apartado de medidas

sanitarias y fitosanitarias41

, las experiencias de importación

de maíz transgénico, de carne tratada con hormona y otros

productos transados entre países suscriptores, demues­

tran que en la práctica estas normas no se orientan a la pro­

tección de la salud humana y que más bien operan como

instrumentos proteccionistas no arancelarios por parte de

los países desarrollados. Estas experiencias comprueban la

inaplicabilidad del principio de previsión, y la falta de preva­

lencia de los derechos de las personas consumidoras, en

tanto existe -de hecho-una subordinación de los derechos

humanos a la lógica de la ganancia.

51

41. Las normas sanitarias y fitosanitarias se definen como

el conjunto de normas orientadas a la protección de la salud

humana y la vida de las personas y animales o que buscan

preservar a los vegetales. El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica

52

El acceso de los bienes al mercado también está normado por las reglas de origen, éstas determinan el conteni­

do y origen de las mercancías incluidas en los programas

de desgravación arancelaria, y se aplica sobre el conteni­

do regional de los bienes; con ellas se establece el ori­

gen de los insumos utilizados en el proceso de produc­

ción, así como el lugar donde éstas se han producido,

ambos son aspectos claves para determinar los bienes

que puedan gozar de las “ventajas” de la desgravación.

Dada la imposibilidad de exigir a los inversionistas extran­

jeros el uso de insumos locales y la fuerte dependencia

de insumos importados de fuera de la región centroame­

ricana, podría argumentarse que las reglas de origen,

más que un instrumento para la articulación productiva lo­

cal, representan verdaderas barreras no arancelarias a la

producción nacional.

En suma, la normativa que regula el tema del acceso de los

bienes al mercado no incluye los mecanismos que puedan

utilizarse para garantizar el desarrollo de la industria local y

estimular la generación de empleo. En este sentido, de

acuerdo al principio de contenido regional los insumos, la

producción se llevaría a cabo con materia prima importada

de países de la región, con lo cual se afecta la producción

nacional y se empuja hacia la pérdida de empleo.

b). Inversiones

La definición de inversiones que se asume en los TLC es

lo suficientemente amplia como para incluir en esta cate­

goría prácticamente cualquier actividad llevada a cabo

por capitales extranjeros y/o nacionales. Se trata de un

concepto retomado del extinto AMI y que también se re­

produce en los borradores del ALCA. Los Tratados de Libre Comercio: mucho más que tratados comerciales

A juzgar por los contenidos y énfasis del TLC, las inversio­

nes -más que los aspectos comerciales— representan el

núcleo del tratado. En el capítulo de inversiones se definen

las líneas estratégicas que permiten la configuración del

nuevo esquema para la acumulación del capital transnacio­

nal, complementado con el marco que provee la OMC.

En materia de inversiones lo dispuesto en el TLC se apli­

ca pese a que existan medidas que resulten incompati­

bles con la legislación nacional42

, como se plantea explí­

citamente, en una clarísima subsunción del marco jurídi­

co nacional a las disposiciones del Tratado.

Como muestra de la lógica del TLC que identifica en la ga­

nancia el valor superior de las cosas, subordinando cual­

quier orden basado en los derechos humanos, el tratado

considera que la suspensión de prácticas inversionistas

está en función de los efectos que tenga sobre los flujos

comerciales, y no de la inobservancia e incumplimiento de

aspectos sociales, ambientales o de derechos.

Aunque en los TLC se reconoce como inadecuado el fo­

mento de la inversión por medio de un relajamiento de las

medidas internas aplicables a la salud, la seguridad y relati­

vas al medio ambiente; se omite cualquier mecanismo o

procedimiento que pueda garantizar el cumplimiento y la

obligatoriedad de esta situación expresamente reconocida.

De la misma forma, el Tratado se queda en el plano ex­

hortativo a los inversionistas en materia de localización

geográfica de las inversiones, generación de empleo, ca­

pacitación de mano de obra e inversión en investigación

y desarrollo (I+D).

53

42 Capítulo XIV, Art. 14-02, 3. TLCTN. El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica

54

Estos planteamientos enunciativos, dejados al “libre al­

bedrío” de los empresarios, contrastan con las prohibi­

ciones explícitas a los gobiernos en materia de regulación

a los inversionistas, en cuyo caso se definen los meca­

nismos para sancionar su incumplimiento a través de tri­

bunales internacionales privados.

En materia ambiental, el capítulo de inversiones no cons­

tituye impedimento para que una Parte adopte, manten­

ga o ejecute medidas apropiadas para asegurar que las

inversiones observen la legislación en materia ambiental,

siempre y cuando sean compatibles con ese capítulo43

.

Esta consideración descubre que sólo en el caso en que

el marco ambiental no contravenga la letra del TLC, se

puede exigir al inversionista el cumplimiento de la legisla­

ción nacional.

Tal como se plantea en el apartado de Inversiones y Po­

líticas de Desarrollo del capítulo anterior, existe una total

coincidencia en el tratamiento que TLC y ALCA le dan a

las inversiones, en ambos se desarrollan las prohibicio­

nes de requisitos de desempeño, la aplicación de un “tra­

to no discriminatorio” al capital extranjero, la introducción

de las expropiaciones directa e indirecta, y las disputas

inversionista-Estado.

Los requisitos de desempeño deberían ser instrumentos

que permitan compartir los beneficios de la inversión en­

tre las corporaciones y los países receptores; sin embar­

go, la prohibición de requisitos de desempeño expresa

en los TLC privan a los gobiernos de importantes herra­

mientas políticas, indispensables para la definición y em­

puje de los programas nacionales de desarrollo.

43 Ibíd. Los Tratados de Libre Comercio: mucho más que tratados comerciales

Tabla 2

Prohibiciones a los Estados para establecer

requisitos de desempeño a los inversionistas extranjeros

oñepmesed ed sot is iuqeR se lanoican senoicac i lpmI

ed lanoican odinetnoc ed ejatnecroP .1

. selacol soicivres yseneib

sotcudorp ed nóicat ropmi al ecerovaf eS

al odnatcefa , )lat ipac ed seneib ysomusni (

.oelpmeed nóicareneg al y lanoican nóiccudorp

soicivres yseneib aaicnereferp ragrotO .2

. selacol

al ralumi tse ed dadi l ibisop al edreip eS

al er tne nóicaluci t ra ed y lanoican nóiccudorp

. lanoican ovi tcudorp odi jet le yaenárof nóisrevni

asoicivres oseneib ed sopi t o satouC .3

. rat ropxe

nóicini fed al ne r iulcni ed dadi l ibisop al at imi l eS

al ed ”et ropa“ le selai r tsudni saci t í lop sal ed

. arejnar txe nóisrevni

, senoicat ropmi ed nóicaler reiuqlauC .4

. saicnanag ysenoicat ropxe

sol ed nóicini fed al ne r idicni elbisop se oN

sats inoisrevni sol rop selbasnar t sojul f

anu oigel ivi rp es euq arenamed sorejnar txe

oibmacretni ed sonimrét sol ne elbarovaf nóicaler

sal ed lacol nóisrevni al at imi l eS . selanoican

sats inoisrevni sol rop sadinetbo saicnanag

. sorejnar txe

osecorp , aígoloncet r i refsnarT .5

otneimiconoc or to uovi tcudorp

.odavreser

al ed saci róet sajatnev sal ed anu at i l ibisopmI

sal ed otneimicelat rof le ne etnets isnoc DEI
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