Resumen la situación traumática, aguda o crónica está presente en forma sumamente frecuente en la Consulta médica, no solo del psiquiatra sino del generalista,




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LAS TRAGEDIAS, SUS CONSECUENCIAS Y EL COMPLEJO DE VÍCTIMA O SOBREVIVIENTE – VICTIMARIO - VICTIMIZADOR
Fuente : Revista persona - Volumen 7 – Numero 2 – Octubre, Noviembre del 2007 – FUNDAP (www.iaepd.com.ar) – Autor : Prof. Dr. Néstor M. S. Koldobsky - Director de la Carrera de Especialista en Psiquiatría y Psicología Médica - Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de La Plata - Director de FUNDAP - Fundación Argentina de Personalidad para el Estudio y Tratamiento de los Trastornos de Personalidad - Vicepresidente de la ISSPD (International Society for Study of Personality Disorders) - Capítulo incluido en el libro "Estrés, trauma y desastres: Herramientas teóricas y clinicas" Compiladores: Roberto Sivak y Jorge Libman. Editorial Akadia, 2007.

RESUMEN
La situación traumática, aguda o crónica está presente en forma sumamente frecuente en la Consulta médica, no solo del psiquiatra sino del generalista, el ginecólogo, el obstetra, en la UCI, en la emergentología, etc. como un factor de conflicto en la Persona o entre las personas y como secuelas psicofísicas y conductales que tiñen la actitud relacional de esas personas, su actitud ante la enfermedad, y la presencia de enorme cantidad de síntomas psicológicos y físicos, muchos de los cuales influyen en el desarrollo de la personalidad o contribuyen a la transformación de la misma. Muchas víctimas o sobrevivientes y quienes los rodean, también víctimas directas o indirectas de la tragedia se vuelven victimarios. La complejidad del circuito de violencia víctima o sobreviviente victimario - victimización debe ser tenida en cuenta por los equipos que atienden las consecuencias de desastres caracterizadas por tragedias agudas y crónicas.


La enorme tragedia de Cromañon ha reavivado la preocupación por la tragedia y el trauma derivados de los desastres producidos por la naturaleza y los seres humanos (13;15). Su desgarradora realidad está inscripta en esa larga historia de tragedias ocurridas en nuestro país desde siempre: tragedias políticas, tragedias futbolísticas, tragedias producidas por el estado y el poder político, tragedias ligadas al terrorismo, tragedias en boliches bailables y en espectáculos, víctimas de la violencia policial, accidentes de tránsito, etc. La gran mayoría de estas tragedias tienen un final anunciado de falta de responsabilidades y de responsables, lo que sin duda alimenta la sensación de impunidad de los “sufrientes”, por la falta de ejercicio del control público y

privado para evitarlo, de un juicio justo a los responsables, lo que fomenta aún más los sentimientos negativos, ya enormes, que los sobrevivientes tienen, derivados de la situación traumática misma.
Las tragedias van en aumento en un mundo convulsionado, intolerante y dividido, desaprensivo ante la muerte y el otro. Con enorme rapidez aparecen las consecuencias de las tragedias en los medios de comunicación de masas. Estas tragedias dejan miles, por no decir millones de personas muertas, heridas, discapacitadas, y muchísimas de ellas silenciosamente o no tanto, afectadas por “heridas” psicológicas de distinta magnitud que se agrupan dentro de los llamados Trastornos por Estrés Post traumático (TPEPT) (1) y Transformaciones de la Personalidad (TrP) (18).
Si bien muchas de estas tragedias tienen origen en situaciones sociales o de la naturaleza con carácter masivo, el estudio de las situaciones traumáticas individuales nos ayuda a comprender los mecanismos de la acción y evolución de la tragedia en los

individuos y en los grupos, por eso incluimos el análisis en este capítulo de los traumas

tempranos y de la adolescencia y la violencia familiar, tragedias sociales ambas, pero que se dan en un marco más privado.
Si analizamos el continuo deterioro del medio ambiente físico y social en Inglaterra (“un país desarrollado”) vemos que está dado por la escalada de los “sin casa”, incluidos enfermos mentales (residuos de la “desmanicomialización”); epidemia de problemas relacionadas con el cuidado médico, sida, tuberculosis, nacimientos de bajo peso (los hospitales no responden por disminución de fondos, debido a reducción de presupuestos); epidemia de abuso de sustancias, que se acompañan de epidemia de crímenes; la violencia que afecta a las minorías. También se da un proceso activo donde un grupo de estructuras edilicias dispersas abandonadas son ilegalmente ocupadas y se consolidan como áreas de foco del vandalismo e incendiarios. Los servicios de bomberos son incapaces de responder a las demandas, por reducción de planteles o impuestos e incremento en los costos. Todo esto resulta en la destrucción creciente del medio, en áreas poblacionales sobrepobladas (5).
Los estudios indican que hay altos índices de victimización por la comunidad. La victimización puede deberse a estilos de afrontamiento caracterizados por una alta desvinculación (evitativo) o interpersonal (enfocada emocionalmente) y por una per-cepción por parte de la víctima de un bajo sostén por los amigos, lo que predice un aumento significativo de la agresión. En la medida que la victimización comunitaria aumenta en frecuencia, los puntajes de agresión se vuelven más altos, especialmente

entre aquellos que perciben bajo sostén de sus amigos y hacen un uso elevado de la desvinculación, como estilo de afrontamiento (21).
Hay tres teorías que sostienen la práctica de la justicia restitutiva en la respuestas de las víctimas al acoso escolar: la teoría de Scheff de la vergüenza no admitida, la de Braithwaite de la reintegración de la vergüenza y la de Tyler de la justicia procedural, destinadas a construir el manejo de la vergüenza (reconocimiento y desplazamiento de la misma) y los valores grupales (orgullo, respeto, emocionales), que permitirían reconocer diferentes tipos de escolares agredidos, y así mejorar su abordaje (17).
En ocho años se triplicó la cantidad de denuncias por violencia contra niños. (Ciudad de Bs. As.). El abuso sexual es la modalidad que más aumentó. Ocho de cada diez abusadores son padres, cuidadores o allegados a la víctima. Los expertos señalan que ahora se conocen más casos porque mejoró la reacción de la sociedad (Diario Clarín Buenos Aires, 26/10/03).
Es falso que el abuso sexual sea un problema de los pobres. Una muestra reciente de 12 casos, señala que nueve ocurrieron en el barrio de Palermo, habitado por la clase media alta de la Ciudad de Buenos Aires, y solo tres en La Boca y Barracas, barrios habitados por personas de ingresos más bajos (Informe del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires).
La violencia contra la mujer, física, sexual, psicológica y económica está descontrolada

en muchos países. Por lo menos una de cada tres mujeres experimenta violencia en algún estadio de su vida, siendo con mayor frecuencia la pareja íntima el victimario.
Un estudio de más de 24.000 mujeres en 10 países mostró que la prevalencia de abuso físico o sexual por la pareja varía entre el 15% al 71%. Más del 75% de esas mujeres señalaron a su pareja como el culpable. Las estadísticas de violencia hacia los

chicos es similar: 150 millones de niñas y 73 millones de varones menores de 18 años, experimentaron relaciones sexuales forzadas u otras formas de violencia sexual en el 2002. En el 2004, 126 millones de chicos estaban realizando trabajos físicos duros(6).
En EEUU, el 6 % -7% de los habitantes ha sufrido conflictos armados y traumas; desde 1996-2001 han ocurrido 54 desastres, 43 relacionados con el clima. En el mundo, en la última década, 2 millones de chicos murieron en conflictos armados, 1 millón quedó huérfano, 6 millones heridos o lisiados, 20 millones fueron desplazados y 10 millones quedaron con graves injurias psicológicas.
El sufrimiento humano excede a la reconstrucción y a los directamente afectados; 2 años después de la bomba en la ciudad de Oklahoma, 16 % de los chicos que vivían a 150 kms. de distancia, sufría síntomas de TPEPT. Como resultado del desastre de la represa de Buffalo Creek 2 años después, el 37 % de los chicos era diagnosticado de probable TPEPT; 17 años después 7% todavía reunía el criterio de TPEPT. Seis semanas después del terremoto de Taiwán el 22% de los adolescentes sufría TPEPT.
No solo se afectan los chicos (y también los adultos) expuestos al desastre sino también los que estuvieron expuestos a la información televisiva. La violencia psicológica, en sectores de bajos ingresos es del 15,6%; en sectores medios, del 22%, y en sectores altos, del 26,7%. La violencia física grave se presenta en un 31% en sectores bajos, 23,5% en sectores medios y 16,3% en los altos.
La violencia física leve es del 29% en niveles económico-sociales de bajos recursos, del 29% en los medios y del 25,8% en los altos. Cuando el estudio ahonda en el tipo de relaciones que establecen los niños/as traumatizados con sus compañeros de curso, el 20,4% de los encuestados responde que son regulares o malas y en cuanto a las relaciones con los profesores, el 23,2% reconoce que son malas.
NEUROBIOLOGÍA DEL TRAUMA
El Eje Hipotálamo-hipofiso-suprarrenal (HPA) es el principal regulador central de las respuestas individuales a las situaciones de estrés(12). Su funcionamiento se mide con

el Test de supresión de dexametasona (TSD) y los mecanismos de feedback del Eje HPA, la concentración de cortisol urinario de 24 hs y la muestra del cortisol plasmático.
La densidad de receptores de glucocorticoides (GR) en el plasma, medidos por radioligandos citosólicos, es el índice de la densidad neuronal central de GR. Los GR son necesarios para la traslocación de los esteroides dentro del núcleo, los que tienen

efecto genómico (influencia genética). También provee un control de feedback sobre la actividad HPA.
La modificación de las técnicas de evaluación dio claridad a la actividad HPA en los T psiquiátricos inducidos por estrés. Los TPEPT presentaron disminución de la excreción del cortisol urinario, bajos niveles basales de cortisol plasmático y aumento de la densidad de GR en los linfocitos periféricos.
El análisis cronobiológico muestra que el TPEPT comparado con el trastorno depresivo mayor (TDM) y controles normales, muestra diferencias en los resultados. En el TDM hay aumento de la excreción del cortisol urinario, disminución de la densidad de GR en los linfocitos, el 40 % de los sujetos tiene supresión en el test de supresión de la dexametasona (el TSD es un instrumento sensible al incremento del feedback negativo o a la hipersupresión de cortisol), aumento del nivel de cortisol basal, down-regulación GR, disminución de la sensibilidad negativa del HPA, mínima inhibición de feedback y reducida respuesta al medio.
Las alteraciones HPA no se asocian con el trauma sino con el desarrollo de un TPEPT(7). Los pacientes con trastornos de personalidad (TP) como los trastornos Borderline de la Personalidad (TBP) no alcanzan los resultados del TDM; están más relacionados con el TPEPT. Los TP tienen el nivel de cortisol más bajo con marcada Sensibilidad al TSD.
La alteración de serotonina (5HT) está relacionada con la conducta impulsiva agresiva en TP, con alteración de la modulación y reactividad del eje HPA. En los TP con traumas crónicos y de la niñez, la 5HT juega un rol permisivo. Las lesiones químicas y físicas de las vías que van al hipocampo previenen la up-regulación GR. La modulación

normal del HPA requiere vías 5HT íntegras. La up-regulación de GR en individuos expuestos a un abuso severo y con sintomatología TPEPT, es un indicador de la disminución de la función serotoninérgica.
Hay relación con la función biológica en los sujetos más traumatizados: a mayor disminución de la función 5HT en individuos con TP agresivo impulsivo, hay una mayor alteración en la vulnerabilidad a los estresores traumáticos. La baja dexametasona y el análisis GR con otras medidas del eje HPA permiten comprender el rol del trauma en los TP.
LAS RELACIONES ENTRE TP (EN ESPECIAL TBP) Y TPEPT Y LA SITUACIÓN TRAUMÁTICA
La disminución de 5HT en los TP, influye en su rol de modulación de la adaptación

del Eje HPA o sus alteraciones, las que están relacionadas con abuso y TPEPT. Las

medidas neurobiológicas se exploran con esos medios. Habría 4 componentes mayores ligados a las bases neurobiológicas de esta relación:


  • La irritabilidad límbica, con síntomas sugestivos de epilepsia del lóbulo temporal (LT), presenta aumento significativo de anormalidades EEG, deficiente desarrollo y diferenciación del cerebro límbico;




  • Corteza cerebral e hipocampo (memoria): presentan déficit en la integración del cerebro izquierdo y el derecho. Se ven cambios marcados en la actividad hemisférica durante el recuerdo




  • Hipodesarrollo del cuerpo calloso




  • Anomalías en el vermis cerebeloso: importante rol en el balance emocional y atencional, regula junto al sistema límbico la actividad eléctrica cerebral.


Las bases biológicas del proceso alterado de alarma/disociación durante y después del trauma sexual impide el desarrollo del proceso de información de la escena, el que permite discernir intención, observar la responsabilidad personal, el sentido de control de los acontecimientos y la confianza en los demás.
Una vez que el desbalance ocurre, el niño ve restringido el desarrollo de los esquemas cognitivos destinados a manejar la intimidad interpersonal. Esto tiene como resultado la aparición de modelos secundarios de agresividad y evitación. Comprender la biología y el proceso de información alterado en la situación traumática, ayuda en el tratamiento, y subraya la necesidad de reducir el hiperalerta, para facilitar la disminución del Proceso disociativo.
La comprensión del mantenimiento del modelo de disfunción relacional en la relación objetal (con los otros) se puede enriquecer a través de la atención del fenómeno neurobiológico. El desarrollo se afecta por la exposición a las experiencias traumáticas crónicas. Se alteran la habilidad de auto-regulación homeostática, debido a una alteración del sistema neurobiológico y las estructuras cerebrales concomitantemente afectadas. Las estructuras se alteran por repetida activación del sistema Neuroendócrino (P. Ej. Eje hipotálamo-pituitaria-adrenal) a través de la utilización de ciertos sistemas de neurotransmisores (P. Ej. noradrenérgico, dopaminérgico, GABAérgico, serotoninérgico, opiode). La acción a largo plazo de tales alteraciones neurobiológicas puede llevar a alteraciones estructurales.
Se incluyen aquellas del tronco cerebral y cerebro medio (P. Ej. locus coeruleus y núcleo tegmental ventral), aquellas involucrados en la memoria (P. Ej. hipocampo), y áreas involucradas en funciones ejecutivas (P. Ej. corteza prefrontal). Estas alteraciones llevan al desmejoramiento de la auto-regulación (P. Ej. dificultades con la regulación del afecto y el control de impulsos); del aprendizaje y la memoria (P. Ej. hipervigilancia y desmejoramiento de percepciones como el aprendizaje del afecto y los logros); del funcionamiento social (P. Ej. Dificultad en la lectura de los indicadores sociales), y de la salud (P. Ej incremento de los rangos de enfermedad física y conductas destructivas).
Tales estados de hiperalerta y ansiedad pueden inhibir o desmejorar la función parental. La falta de una crianza apropiada y el abandono interfieren con el desarrollo vincular y en las iniciativas de autonomía. No se provee un medio protector. Los problemas de modulación de afecto, hipervigilancia, y carencia de armonía parental llevan a un incremento en la reactividad al estrés en el niño(9).
Deben ser examinados la relación entre la disposición, el efecto del trauma severo y la patología psicosocial en la niñez temprana congénita, y su influencia en el desarrollo de una conducta agresiva.
Hay diversos tipos de transferencias marcadas por la agresión, como el intenso odio derivado de la agresión y la identificación inconciente entre la víctima y el victimario, en los pacientes que sufrieron abuso físico o sexual (10). Las estructuras temáticas originadas en la relación vincular del padre y el niño se expresan en el tipo de relación establecido, mantienen la psicopatología y desarrollan el ciclo de interacción víctima-victimario.
Este ciclo es mantenido por procesos complementarios interpersonales, psicológicos y neurobiológicos y a la vez son transmitidos intergeneracionalmente (8). Un amplio número de usuarios de drogas endovenosas ha sido victimizado por sus familias o parejas sexuales. Ese abuso del pasado se asocia con el volverse victimizadores cuando adultos, debiéndose estar alerta a estos ciclos de violencia (23).
El Abuso de drogas está relacionado con la victimización de miembros de la familia o parejas sexuales. La vía endovenosa está relacionada con ser victimarios más adelante en la vida. Esto configura un ciclo de la violencia que debe mantener alerta a los Niveles de atención primaria (23).
Las disfunciones relacionadas con situaciones abusivas se asocian recurrentemente en cada nivel, con los otros niveles, lo que permite ver que una disfunción en las relaciones exacerba y mantiene la psicopatología individual, y la patología individual se

expresa relacionalmente.
El niño internaliza una dinámica interrelacional que colorea sus representaciones del self y de los otros, y cuando se lo traumatiza, a través de lo oposicional, la falta de atención y las conductas agresivas intenta mantener poder y evitar los sentimientos de vulnerabilidad; posiblemente trata de evitar de esa manera la revictimización.
La historia de victimización de los padres se expresa a través de la relación dinámica e la lucha por ganar ventaja a través de la agresión y el control, esto es, facilitando la identificación del niño con el otro hostil. La dinámica de la relación víctima-victimario es mantenida y generacionalmente transmitida por la complementación de procesos interpersonales, psicológicos y neurobiológicos (8).
EFECTO DE LA TRAGEDIA
Los sobrevivientes de estas tragedias no tienen distinción de género, son de todas las edades, de todas las razas, pertenecen a todas las clases sociales tienen todos los tamaños físicos, todas las orientaciones sexuales, todas las personalidades, religiones y nacionalidades. Después de la tragedia puede haber una desactivación de los mecanismos de auto protección. Esa desactivación de las emociones y de la conciencia de peligro, que están al servicio de la defensa del sobreviviente, lleva a que el mismo esté carente de herramientas cruciales necesarias para las relaciones como adulto.
El trauma afecta a las víctimas o sobrevivientes en cada nivel del funcionamiento: biológico, psicológico, social y espiritual. Si se lo conceptualiza como un diagnóstico psiquiátrico, tiene comorbilidad con los T. del humor, T. disociativos, T. de ansiedad, abuso de sustancias y patología del carácter. Muchas veces “los expuestos al abuso ven a los sujetos humanos como halcones”.
La tortura es enfocada primariamente como un instrumento de la represión gubernamental, sin embargo la tortura puede ser equiparada a otras situaciones traumáticas como el abuso infantil, el abuso a la pareja, los rituales asociados con la adoración al diablo, etc. (20).
La violencia estructural deriva de las políticas económicas que intensifican las desigualdades, la violencia por falta de casa, alimento y seguridad lo que lleva a generaciones que están profundamente afectadas por la ruptura de servicios sociales y de salud, a sufrir la intensificación de la violencia gubernamental destinada a mantener el orden social. Todo deriva en TRAUMA y TPEPT (11). Las comunidades fracturadas son sitios de acumulación de problemas mentales y sociales: violencia civil, violencia doméstica, suicidio, depresión, TPEPT, y abuso de sustancias.
¿Qué despierta a nivel individual y masivo una tragedia, cuando se transforma en

una situación traumática?
Los afectados se encuentran sorprendidos, con aumento del sentido de anticipación, de las defensas y de las operaciones de enfrentamiento, se manejan con una negación masiva, disociación de conciencia, del self y de la relación con el otro, que se expresan como auto-anestesia o auto-hipnosis y reacciones del “todo o nada”. La identificación con el agresor o síndrome de Estocolmo es un fenómeno muy interesante y de relativa frecuencia, otras veces surge agresión hacia sí mismo, ya sea el suicidio o la auto-mutilación, y surge un grupo de emociones tales como ausencia de sentimientos, sentido persistente de rabia, y tristeza sostenida.
Los pacientes sometidos a estrés extremo muestran diferentes disturbios sintomáticos los que son complejos, difusos y persistentes. Estos trastornos se caracterizan por cambios caracterológicos en la personalidad, vulnerabilidad para repetir el daño (ser victimizados y/o volverse victimarios), cambios en la visión de sí mismos y en la autoestima. La vulnerabilidad para la retraumatización se mantiene debido a la interferencia en la calidad del manejo de la situación traumática, la fractura de la coherencia cognitivo-conductal, del sentido positivo del self, y el uso de defensas psicológicas primitivas.
Los invaden estados delusionales agudos y/o cronificados relacionados con los demás, las instituciones y las reparaciones económicas por el daño sufrido. Hay un pobre control de los estados afectivos, impulsividad sostenida, vulnerabilidad para enfrentar estrés futuro, tendencia a repetir actitudes impropias, inmaduras o conflictivas, cambios de la visión del yo y de los otros, intensificación de la transferencia durante el tratamiento, y relaciones interpersonales turbulentas.
La supresión voluntaria de los pensamientos ligados al trauma se asocia con minimización, negación, estados de trance, alucinaciones y disociación de parte de la personalidad y la conciencia.

Si profundizamos, vemos la presencia de disturbios corporales o por somatización: insomnio, reacciones de sorpresa y agitación, temblores, náuseas, sensación de dificultad respiratoria, etc. Estos complejos aspectos psicológicos de las víctimas afectan su vida personal, interrelacional, laboral y social, en muchos casos determinando serias discapacidades en diferentes niveles o en la totalidad de los niveles de funcionamiento.
Un problema de significación es que esta enorme cantidad de personas que han sido traumatizadas por las tragedias se transforman en víctimas o sobrevivientes, situación de la que participan familiares y allegados.
Dada la compulsión a repetir el trauma, las personas victimizadas y o sufrientes se comprometen con situaciones sociales que presentan un contexto similar al que vivían

cuando fueron traumatizados. La gente que adhiere a esta reconstrucción conductal raramente tiene conciencia que está repitiendo experiencias. Son individuos vulnerables a ser victimizados nuevamente; las víctimas de violación tienen mucha probabilidad de que se repitan esas experiencias. Dos veces más mujeres con historia de incesto informan de violencia física en sus matrimonios (27%); más del doble informan de avances sexuales no queridos con figuras con autoridad no familiares (maestros, clérigos o terapeutas). Dos veces más víctimas del incesto padre-hija participaron en pornografía.
Vemos con demasiada frecuencia que personas que han sufrido traumas tempranos (violaciones, castigos corporales y psicológicos), cuando grandes atormenten, castiguen a sus hijos o a sus allegados en la sociedad. El mundo abusivo lleva a una alteración de las relaciones de cuidado; se instituye en un modelo de control totalitario, reforzado frecuentemente por amenazas de muerte y violencia, uso caprichoso de pequeñas reglas, intermitencia en la recompensa, aislamiento, reserva y traición como formas de destruir relaciones competentes.
El clima de dominación desarrolla vínculos patológicos: la “VICTIMIZACIÓN”. Uno de los aspectos de suma importancia cuando se abordan víctimas o sobrevivientes es la prevención de un fenómeno por demás frecuente en estas situaciones, que la víctima se vuelva “victimario”. El victimario es un tipo particular de personalidad, componente importante de un conflicto destructivo. El síndrome del victimario incluye un sentido profundo de deprivación y pérdida, con una necesidad de restitución, que no se puede concretar debido a que está asociada a una percepción de no efectividad del self para producir cambios en su propia vida (22).
Las secuelas caracterológicas se observan en diferentes aspectos: de víctima se transforma en victimario adoptando las conductas de este último, el controlar, aislar, e intimidar. Como víctima, se vuelve dependiente del victimario o de la situación para lograr supervivir, lo que incluye la satisfacción de las necesidades básicas, el sostén emocional, la sumisión y la rebeldía; hay limitación de la iniciativa y la planificación; se piensa en escapar, sobrevivir, sostenerse; se vuelve pasivo o desesperanzado.
Cuando alcanza la libertad o pone distancia de la victimización, se mantiene la sensación de la presencia del victimario y ante los demás se muestra vacío, confuso, con falta de valor, ya no puede relacionarse como lo hacía antes, estableciendo entonces vínculos de tipo “todo o nada”.

Los cambios patológicos de identidad se traducen en alteraciones de la imagen corporal, de la imagen de los demás, de los valores e ideales, hay pérdida del sentido del yo, o una fragmentación del yo que deriva muchas veces en el desarrollo de una personalidad múltiple. La persistencia de una tendencia a la victimización determina cambios caracterológicos persistentes, que se manifiestan como una consolidación de las tendencias abusivas hacia los otros.
Algunas de estas personas se vuelven abusivas psicológicamente, sexualmente, emocionalmente y físicamente con sus parejas debido a vulnerabilidades psicológicas personales, las que se combinan con factores sociales y medioambientales, estableciendo así el estadio de actos abusivos en sus relaciones.
Investigaciones acerca de hombres golpeadores identifican los caminos en los cuales la socialización se combina con influencias psicológicas para crear una personalidad abusiva. Los factores que contribuyen son un sentido de impotencia en la niñez temprana y la experiencia de haber sido golpeado y avergonzado, lo que se asoció con estilos de relación inseguros, evitativos–ambivalentes. Los hombres que tuvieron un alto puntaje para un vínculo temeroso, también tuvieron puntaje alto para celos, considerándose al celo como el terror al abandono, miedo que está en el centro de muchos actos abusivos (24).
Si las tragedias se dan en personas con otros trastornos neuropsiquiátricos (baja inteligencia, trauma cerebral o psicosis), y conducta violenta, esto se constituye en un riesgo para crímenes violentos.
En un estudio sobre los factores de riesgo psicosocial que diferenciaban a las víctimas directas e indirectas de los abusadores, víctimas y adolescentes no involucrados, las víctimas y víctimas indirectas de abusadores mostraron similitud en cuanto a la presencia de mayores problemas de internalización y de relación con los pares, que los

abusadores indirectos y participantes no involucrados. Más aún, los adolescentes involucrados en intimidación/abuso indirectos (abusadores, víctimas de abusadores) reportaron un mayor nivel de creencias normativas que legitimizan la conducta antisocial y menor cuidado parental (hombres solamente) que las víctimas indirectas y participantes no involucrados.
Solo las creencias normativas que legitimizan la conducta antisocial distinguen a las víctimas directas de abusadores y abusadores de las víctimas y adolescentes no involucrados (16).
Los brutalizados tienen muchas veces relaciones muy estrechas con sus torturadores. Los sentimientos negativos como la rabia, ira, frustración, la búsqueda de compensación, y el profundo sentimiento de injusticia, se encuentran en la base de la díada víctima/victimario.
Se habla mucho de un problema actual social de magnitud, la victimización de la mujer o la familia, pero no se habla con la misma frecuencia de las madres borderline y las secuelas de sus conductas disociadas, manipulativas, de amor y odio y victimizadoras, en el desarrollo de sus hijos (2;3;14;19).
Las víctimas-victimarios no aceptan los pasos habituales de la justicia, más si esta es lenta o ineficiente. Es entonces que buscan justicia por sus propias manos, sumergidos en el odio, la ira y la venganza extienden el objeto de sus intereses reparativos a culpables y no culpables (¿victimización social?). Estos intentos los hemos visto con frecuencia en la conducta de víctimas o sobrevivientes y familiares de víctimas de la tragedia de Cromañón.
NUEVAS IDEAS PARA EL TRATAMIENTO
Tener en cuenta


  • La necesidad de prevención dado que el costo social es enorme. El trauma es un ingrediente esencial en la formación de individuos violentos Los predispone a ataques de agresión irritable (irritabilidad límbica) que con el avance en el desarrollo del cerebro se pueden detectar los signos tempranos de anormalidades mediadas por el estrés


Las intervenciones tempranas encuentran un cerebro más maleable, que es receptivo a tratamientos y permite :


  • Uso de anticomiciales




  • Uso de inhibidores de la recaptación de serotonina




  • Uso de neurolépticos atípicos




  • Abordar el Kindlin (encendido cerebral)




  • Utilizar facilitadores de la integración interhemisférica




  • Ejecución de instrumentos musicales (integración hemisférica)




  • Psicoterapia cognitivo-conductal




  • Manejar la ilogicidad




  • Manejar las percepciones auto-desvalorizantes




  • Fortalecer el hemisferio izquierdo para controlar las emociones e impulsos (H. Derecho)




  • Psicoterapia dinámica




  • Capacitar la integración de las emociones del H. Derecho, mientras se mantiene conciencia en el H. Izquierdo




  • Desensibilización y reproceso por movimientos oculares (EMDR), actúa sobre los flashbacks y la memoria intrusiva


Se dan tres estadios para el tratamiento:


  • Estadio I: establecimiento de la protección




  • Estadio II: actuar sobre la memoria y permitir el duelo evitar que la víctima se vuelva un victimario




  • Estadio III: reconexión con la vida ordinaria


Estos estadios son una ficción conveniente, no para ser tomados literalmente, intentan imponer simplicidad y orden en el proceso terapéutico.
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