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CAPÍTULO UNO: EL FIN DE LOS DÍAS

El 11 de setiembre de 2001 presencié en directo los terribles atentados a las Torres Gemelas. Más tarde, leí los detalles en los reportajes del New York Times, Time y Newsweek. En el momento en que acaecieron, no atendí a la televisión porque estaba asistiendo en directo desde la azotea de mi casa.

El doctor Rips me envió por correo electrónico una tabla que yo también había encontrado minutos después de que cayesen las torres, pero las líneas telefónicas estaban bloqueadas y no pude hablar con él hasta el día siguiente. Lo que más le conmocionó, como matemático, fue que las tres palabras que cualquiera hubiese buscado automáticamente, «Gemelas», «Torres» y «avión», estaban codificadas juntas en el mismo lugar con una probabilidad de una entre diez mil.

John Podesta, jefe de Personal de la Casa Blanca, me dijo que el presidente Clinton tenía una copia de mi primer libro en Camp David, cuando reunió allí, en julio de 2000, a Arafat y Barak.

Mi encuentro con Arafat en Ramala tuvo lugar el 13 de abril de 2001. Mi encuentro con Simón Peres en el Ministerio de Defensa israelí, en Tel-Aviv, tuvo lugar el 22 de abril de 2001. Mi reunión con Omri Sharon fue el 17 de abril de 2001, en el hotel King David de Jerusalén. Me entrevisté con Podesta en la Casa Blanca el 16 de octubre de 2000.

Mi carta al presidente Bush llevaba fecha del 3 de agosto de 2001 y llamé a la Casa Blanca el 10 de setiembre de ese mismo año. Me dijeron que la había recibido el jefe de Personal, Andrew Card, y la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice.

Por aquellas fechas, The New York Times publicó las palabras del presidente que decían que había estallado «la primera guerra del siglo xxi». La columna de Thomas Friedman en el Times del 13 de setiembre de 2001 empezaba con el titular «Tercera guerra mundial».

La búsqueda del código de la Biblia por parte de sir Isaac Newton se halla descrita en el ensayo «Newton, the Man» [«Newton, el hombre»], del famoso economista John Maynard Keynes (Essays and Sketches in Biography [Ensayos y esbozos en biografías], Meridian Books, 1956). Richard S. Westfall, en The Life of Isaac Newton [La vida de Isaac Newton] (Cambridge University Press, 1993, p. 125) afirma que el genial físico «creía que la esencia de la Biblia era la profecía de la historia humana».

Cuando Rips decía que Newton no pudo encontrar el código porque estaba «el libro sellado hasta el momento del fin», en realidad estaba citando las palabras del Libro de Daniel 12:4.

La idea de que la Biblia le fue dictada a Moisés por Dios de forma «continua, sin rupturas entre las palabras», la encontramos por primera vez en el sabio del siglo xiii Nachmanides, en su Commentary on the Torah [Comentario de la Tora] (Shilo, 1971, Charles Chavel, ed., vol. I, p. 14). La continuidad de la Tora también queda reflejada en su forma tradicional de pergamino, un rollo de texto sin interrupciones.

La Biblia original está formada por los cinco primeros libros. Del Génesis al Deuteronomio. Los judíos lo llaman la Tora. Pero en este libro yo me refiero a ello como la Biblia y, por lo tanto, al código que estudiamos lo llamo el código de la Biblia.

El experimento original de Rips fue publicado en Statistical Science agosto de 1994 (vol. 9, n.° 3), pp. 429-438, «Equisdistant Letter Sequer the Book of Génesis», y sus autores fueron Doron Witztum, Eliyahu Rips y Yoav Rosenberg. Sus resultados afirmaban que en el código de la Biblia aparecían los nombres de 32 rabinos famosos. Éstos vivieron y murieron después de que fuese escrita la Biblia y, sin embargo, se leen en ella hasta sus fechas de nacimiento y defunción. La probabilidad de hallar tal información por azar es de cuatro entre un millón. En una serie de experimentos posteriores, las probabilidades llegaron a ser de una entre diez millones.

El descodificador de la Agencia de Seguridad Nacional estadouni Harold Gans, me informó de los resultados de su experimento independiente en dos entrevistas telefónicas, en enero de 1993 y diciembre de 1996.

Gans me dijo que las probabilidades de encontrar los nombres de las ciudades donde vivieron los rabinos era de uno entre doscientos mil. Y allí estaban.

La primera noticia que tuve sobre el código de la Biblia me llegó en junio de 1992, después de encontrarme con el general Uri Saguy, a la sazón; la Inteligencia Militar israelí.

Conocí al doctor Rips en su casa de Jerusalén a finales de junio de La codificación sobre la guerra del Golfo que me enseñó aquella noche había sido encontrada por su colega Witztum. Rips me dijo que tanto Wiztum como él habían leído en el código la fecha exacta del ataque a Israel con misiles Scud tres semanas antes de que empezase la guerra del Golfo.

El 1 de setiembre de 1994 me entrevisté con Chaim Guri en su casa de Jerusalén. Aquella misma noche llamó a las oficinas de Rabin y a la mañana siguiente el chófer del primer ministro recogió mi carta y se la entregó a su jefe. En ella le explicaba que el código predecía su asesinato. La carta llevaba fecha del 1 de setiembre de 1994.

Rabin fue asesinado en un mitin político en Tel-Aviv, la noche del 4 de noviembre de 1995. Yigal Amir, un judío ortodoxo de veintiséis años de edad, le disparó tres tiros y dos le alcanzaron en la espalda.

Las cuatro menciones al «fin de los días» de la Tora aparecen en el Génesis 49:1, Números 24:14, Deuteronomio 4:30 y Deuteronomio 31:29. La expresión alternativa del «fin de los días» aparece en Daniel 12:13.

El presidente Clinton anunció la cumbre de Camp David el 5 de julio de 2000. Arafat y Barak se reunieron con él el 11 de julio de aquel año. Mi carta al entonces presidente de Estados Unidos estaba fechada el 5 de julio de 2000.

Las negociaciones de Camp David fracasaron el 25 de julio. El 29 de setiembre dio inicio la segunda intifada, después de que Ariel Sharon visitase, un día antes, la Explanada de las Mezquitas. Sharon fue elegido primer ministro de Israel el 6 de febrero de 2001.

Rips confirmó los resultados finales de su estudio sobre la aparición conjunta de las expresiones «fin de los días», «Arafat», «Barak», «Sharon» y «Bush», el 1 de mayo de 2001, tras dos semanas de investigación informática en la Universidad Hebrea. Las probabilidades eran de una entre quinientas mil.

La carta sellada que le entregué a mi abogado, Michael Kennedy, llevaba fecha del 6 de octubre de 1998.

«Shahid», la palabra árabe que designa a un «terrorista suicida», significa literalmente «mártir», pero es usada tanto por israelíes como árabes para describir a los hombres bomba que mueren cometiendo atentados.

El 17 de mayo de 2001, en una conversación telefónica, el doctor Rips me confirmó que las probabilidades de aparición de «guerra mundial», «holocausto atómico» y «fin de los días» junto con «en 5766» (2006) eran al menos de una entre cien mil. «Y esa probabilidad podría ser todavía menor -Rips—. Sólo he buscado en cien mil textos al azar y ninguno era mejor.

CAPÍTULO DOS: LA CLAVE DEL CÓDIGO

En Éxodo 24:10 se afirma que Moisés «vio al Dios de Israel. Y debajo de sus pies había lo que se parecía a una obra de losas de zafiro».

La leyenda que dice que Dios escribió las palabras originales de la Biblia en «piedra de zafiro» la encontramos citada en Kaplan, The Living Tora) Tora viva], p. 379, y atribuida a un antiguo comentario sobre la Biblia,. BeHaAlothekha, 101. Véase también Kaplan, p. 420.

El rabino Adin Steinsaltz, el más destacado traductor de textos hebreos antiguos, me dijo cuando nos encontramos en su estudio de Jerusalén que Isaías 41:23 se dice: «para ver el futuro debes mirar hacia atrás», lo que bien significa en hebreo «lee las letras al revés».

En mayo de 1998, poco después del Shavuot, la fiesta que celebra al entrega de la Tora al hombre, me encontré con Rips en Jerusalén y le mostré que su nombre (en hebreo, «zafiro» a la inversa) aparecía en el versículo de la Biblia que describe la venida de Dios al monte Sinaí.

La cita que Rips me leyó del Genio de Vilna procedía de la tradueck inglés de The Jewish Mind [La mente judía], de Abraham Rabinowitz (Hillel Press, 1978, pp. 33-34).

Finalmente, encontré las oscuras palabras en hebreo que designan los «obeliscos» en el diccionario hebreo en cuatro volúmenes The New Dictionary, de Abraham Even-Shoshan (Kiyat-Sefer Press, Jerusalén, Israel, 1985). El significado de la palabra «obelisco» también se halla comentado en el antiguo libro de recensión de la Biblia, el Midras.

El Midras, de 1700 años de antigüedad, que afirma que los «obeliscos» «no son obra del hombre, sino del Cielo» es el Mekhilta According to Rabbi Ishmael, An Analytical Translation [El Mekhilta según Rabbi Ishmael, Una traducción analítica] (traducción de Jacob Neuser, Scolars Press, Atlanta,GA,1988). El mismo texto sugiere que los obeliscos eran humanoides, «una especie de hombre y mujer». Véase también The Book of Words [El libro de las palabras], de Marcus Jastrow, quien llama a los «obeliscos» rocas cavernosas que parecen «figuras humanas» (Judaica Press, Nueva York, 1996, p. 460).

Rips me envió el 2 de enero de 2002 un correo electrónico confirmándome que la expresión «clave del código» se cruzaba dos veces con «boca de los obeliscos», con una probabilidad de una contra un millón. En una conversación telefónica que mantuvimos después, el 6 de enero, Rips me contó que «en la historia de la investigación del código ningún otro par de palabras habían estado asociadas con tal nivel de significación estadística».

Las expresiones «boca de los obeliscos» y «señor del código» aparecen en el texto directo de la Biblia como los nombres de dos lugares de Egipto, cerca del mar Rojo, donde el faraón y su ejército alcanzaron a los esclavos hebreos en su éxodo.

Pero ambos lugares, cuyos nombres no aparecen traducidos en la Biblia y cuyo significado en hebreo nunca ha sido tenido en cuenta, no podían ser el lugar donde se encuentra la «clave del código» o los «obeliscos».

Moisés no recibió la Biblia en el monte Sinaí hasta que los hebreos hubieron escapado de Egipto. Por lo tanto, la clave del código de la Biblia no podía haber sido enterrada en Egipto.

Y en el mismo código de la Biblia, la localización de la «clave del código», del «código del obelisco» estaba explicitada de manera muy clara: el «valle de Sidim».

En Génesis 14:3 se afirma que «el valle de Sidim se encuentra en el mar Muerto». Rashi, el comentarista de la Biblia más prestigioso, dice que ese valle fue un vergel en otra época, pero el mar Mediterráneo lo inundó hace muchos años, creando el mar Muerto (Pentateuch with Targum Onkelos, Haphtaroth y Rashi's Commentary [El Pentateuco con comentarios de Targum Onkelos, Haphtaroth y Rashi], trad. de M. Rosenbaum y A. M. Silbermann, Jerusalén, 1929, p. 55).

En noviembre de 1998 tuve un encuentro con el geólogo israelí David Neev en su casa de Jerusalén y en algunas otras ocasiones. Neev me dijo que el mar Muerto se encontraba, en estos momentos, en su nivel más bajo desde hacía cinco mil años. Neev, la principal autoridad en este campo, también me dijo que «Sidim» en hebreo significa «cal» y sugirió que la península de Lisan, cubierta de piedra caliza, podría ser lo que queda del valle.

La primera vez que visité Lisan fue en noviembre de 1998. Después volví en marzo y abril de 1999, primero con dos israelíes del Instituto Geofísico de Israel y, después, con dos geofísicos jordanos. El 16 de febrero de 2000 volví a Lisan con un discípulo de Neev, Yuyal Bartov, un joven geólogo israelí experto en Lisan, y Mikhail Rybakov, un geofísico también israelí. Nos acompañaban funcionarios del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Jordania.

Dos días antes, el 14 de febrero de 2000, me reuní en Ammán con el ministro Akel Biltaji, quien me aseguró que me facilitaría los permisos necesaríos para la investigación arqueológica. El permiso escrito, fechado el 12 abril de 2000, fue de hecho, firmado por el director del Departamento de antigüedades, el doctor Fawwaz Al-Khraysheh.

Por lo tanto, no fue más que el código de la Biblia lo que me condujo al «valle de Sidim», después al mar Muerto y, finalmente, al lugar exacto de mi búsqueda: la península de Lisan, de 25 kilómetros cuadrados de extensión. El código describía claramente su punto más septentrional, donde la peninsula entra en el mar Muerto formando una pequeña bahía llamada Mazra. Allí debía estar la «clave del código».

CAPÍTULO TRES: CLINTON

El presidente Clinton confesó su «relación» con Monica Lewinsky el 17 agosto de 1998. El 21 de setiembre de 1998 envié al The New York Times una información sobre el código de la Biblia en la que se vaticinaba que Clinton saldría indemne del escándalo. El 12 de febrero de 1999, el Senado de los Estados Unidos desestimó las dos acusaciones del impeachment.

El mismo día que Clinton anunciaba la cumbre de Camp David, el 5 julio de 2000, le envié una carta al presidente. La misiva le llegó de manos del jefe de Personal, Podesta, el 7 de julio, junto con una copia de mi primer libro acerca del código de la Biblia. El 17 de julio, el asistente del jefe de Personal me llamó y me dijo: «El señor Podesta le ha entregado personalmente al presidente toda su información en Camp David.»

La cumbre de Camp David empezó el 11 de julio y acabó en un estrepitoso fracaso el 25 de julio. Clinton culpó públicamente a Arafat, diciendo que Barak «dio un paso más que Arafat, especialmente sobre la cuestión de Jerusalén», en declaraciones recogidas por The New York Times, del 26 de julio de 2000. Mi primera carta a Barak databa del 17 de mayo de 1998 y predecía que éste sería primer ministro. Esta vez, el intermediario fue el general Isaac Ben-Israel, responsable científico del Ministerio de Defensa. Al cabo de un año, el 17 de mayo de 1999, Barak fue elegido primer ministro.

Decidí entonces enviarle a Barak una nueva carta a través de Ben-Israel y su secretario de gabinete Isaac Herzog, para hacerle saber que el código también predecía que Barak sería líder de Israel en «un tiempo de sumo peligro», e incluso le especifiqué que tenía que ver con la Explanada de las Mezquitas. «La frase "golpearán la Explanada de las Mezquitas" estaba tan claramente codificada junto a "primer ministro E. Barak" como lo estuvo en su día el asesinato de "Itzhak Rabin"», decía mi carta a Barak.

Ben-Israel me había dicho, el 29 de mayo de 1998 en Nueva York, que Barak había investigado personalmente el código de la Biblia siendo ministro de la Presidencia, después de que Rabin fuese asesinado.

El 3 de octubre de 1999, Jeffrey Goldberg publicó un artículo en The New York Times Magazine acerca del peligro de un ataque a la Explanada de las Mezquitas durante el año del milenio, el año 2000. También citaba unas declaraciones del líder de Hamas, Sheik Yassin, en las que decía: «Eso sería el fin de Israel.»

Mi encuentro con Abu Ala, el presidente del Parlamento palestino, tuvo lugar el 13 de agosto de 2000, en su oficina de Ramala.

El 20 de setiembre de 2000 le envié un fax al jefe de Personal de Clinton, John Podesta, que decía: «Si el problema es la religión, entonces la solución puede ser el código de la Biblia.» Podesta accedió a verme en la Casa Blanca el 16 de octubre de aquel año.

La nueva intifada empezó el 29 de setiembre de 2000, después de las oraciones del viernes, en la Explanada de las Mezquitas. Cuatro muchachos ( lanzaban piedras contra soldados israelíes fueron muertos a tiros en la mezquita, tal y como informaron The New York Times, la prensa israelí y la CNN. El día antes, el 28 de setiembre, el representante de la derecha israelí, Ariel Sharon, había enviado a mil policías y soldados antidisturbios a la Explanada de las Mezquitas, encendiendo la mecha del levantamiento palestino.

También me entrevisté, el 12 de octubre de 2000, con el cuñado de Barak, Doron Cohén, en su despacho de abogados de Tel-Aviv y le entregué una nueva carta para Barak. Pero mientras hablábamos, recibió noticias de que dos soldados israelíes habían sido linchados en la estación de policía de Ramala. Mi descripción del linchamiento se basa en las imágenes de los reportajes la CNN y de la BBC.

El 10 de octubre de 2000 me reuní con Nabil Sha'ath y le entregué una carta para Arafat. Dos días más tarde, el lugar en el que nos encontramos fue destruido por un misil lanzado desde un helicóptero israelí.

El 16 de octubre de 2000 me entrevisté en la Casa Blanca con el jefe Personal del gobierno de Clinton. Me dijo que ya había hablado con el presidente acerca del código de la Biblia y que lo haría de nuevo.

Podesta me explicó que él mismo estaba abierto a creer en el código añadió: «Clinton también es creyente.» Al finalizar me prometió que me conseguiría una entrevista con el presidente, pero los bien conocidos problemas de los últimos meses del mandato de Clinton lo impidieron.
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