Uando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última




descargar 1.31 Mb.
títuloUando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última
página23/23
fecha de publicación26.02.2016
tamaño1.31 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Derecho > Documentos
1   ...   15   16   17   18   19   20   21   22   23

Adelanto del 2º Libro de la saga Guardianes Eternos

ENTRELAZADOS

ZANDER - El más temido de todos los Guardianes Eternos. Se rumorea que no se le puede matar, y siempre lucha como si no tuviera nada que perder. Pero como descendiente del célebre héroe Aquiles, debe tener alguna vulnerabilidad… en alguna parte.

Las fuerzas de los daemons se reúnen y han penetrado a través de las barreras del Inframundo. Ahora más que nunca los Guardianes Eternos son necesarios para proteger tanto su propio reino como el de los humanos. Zander no puede permitirse el lujo de pensar en lo que podría haber tenido con la fascinante curandera que una vez consideró como su alma gemela. Con la eternidad extendiéndose ante él, tampoco puede dejar pasar su vida sin la única mujer que le hace sentir vivo. Tal vez ha encontrado su debilidad, después de todo…

—¿Dónde me quieres?

Callia se apartó de la ventana sin mirarlo a los ojos, dejó caer los brazos y señaló hacia el final de la mesa del rey que había quedado vacía.

—Allí. Siéntate.

Zander cruzó el suelo silenciosamente con los pies descalzos y apoyó la cadera en el extremo largo de la mesa. Probó la estabilidad del mueble, y cuando estuvo seguro de que no iba a derrumbarse bajo su peso, se sentó dejando colgadas las piernas sobre el borde y con los pies desnudos a escasos centímetros del suelo.

Ella no dijo nada sobre el hecho de que él no estuviera completamente desnudo, y él no iba a sacarlo a colación. Para distraerse, él bajó la mirada hacia los dedos de sus pies, mientras ella se movía alrededor de la habitación. Ella empujó una pequeña mesa auxiliar con los suministros a su lado. Segundos después, él sintió su mano en la espalda y no pudo evitar arquearse como respuesta. Cuando ella le dijo —respira hondo— se obligó a relajarse mientras movía el estetoscopio de un lado a otro, obviamente, auscultando sus pulmones.

El metal estaba frío contra su piel, pero sus dedos eran cálidos y sedosos, demasiado cálidos y sedosos. Su sangre se calentaba simplemente por esta cerca de ella, y cada vez que le rozaba la piel, provocaba intensos temblores en su cuerpo. Él se concentró en su respiración —en la constante entrada y salida— en un intento de mantener la calma. Cuando ella se movió para estar de pie delante de él, se repitió la orden, evitando mirarla a la cara y en lugar de eso se enfocó en el ajustado suéter blanco que ella llevaba.

Su jadeo le hizo levantar la cabeza.

—¿Qué te pasó?

—Nada. Estoy bien.

—Eso no es nada —Ella centró su atención en el hombro mientras se colocaba el estetoscopio en el cuello, dirigiéndose a su maletín, cogió su bolso y regresó con una gasa y suministros.

—Déjalo —dijo él antes de que ella pudiera tocarlo—. Es sólo una herida superficial.

Ella dio ligeros toques en la sangre seca con un montón de gasa. —El músculo está roto. Es necesario cerrarlo con sutura antes de que comience a infectarse.

—Ya está curando.

—Ya lo veo pero…

Él la agarró por la muñeca, deteniendo su movimiento. Una sacudida le recorrió por el contacto, pero no le hizo caso. Lo último que necesitaba era sus manos sobre su cuerpo más de lo que fuera necesario.

—Dije que lo dejaras.

Sus ojos se deslizaron de la herida al rostro y aguantaron. Y antes de que él se diera cuenta, estaba mirándola perdidamente a esos ojos como una puesta de sol caribeña en el mundo humano. Ojos que había visto en las incontables veces mientras hacían el amor. Ojos con los que había soñado muchas veces en los años posteriores hasta que se despertaba en un frío y doloroso sudor.

Los pensamientos se desvanecieron de su mente. La conexión que habían tenido desde el principio chispeó profundamente en su pecho, ardiendo en el fondo de su alma. Tentado a preguntárselo y averiguar si ella lo sentía también. No podía ser el único que recordaba, ¿verdad? Ella tenía que sentir algo cuando lo veía. Cuando estaba tan cerca. Cuando lo tocaba.

Los pensamientos, recuerdos, sentimientos que había mantenido enterrados durante mucho tiempo presionaron en su interior mientras la miraba a los ojos como gemas. Una película de su tiempo juntos parpadeó frente a su cara. Y entonces, cuando llegó a la parte en que ella lo traicionó, esa llama se apagó. Dejando atrás nada más que cenizas y ruinas carbonizadas.

No importaba lo que ella sintiera. Su pasado estaba zanjado. Las Moiras le habían jodido en más de un sentido. No había nada sobre ella ahora que pudiera cambiar lo que había sucedido en aquel entonces.

Él dejó caer la mano tan rápidamente como la había agarrado. Luego volvió a mirar a su suéter.

—Termina el examen.

Qué mierda no haría para enfriarse porque sus senos eran ahora todo lo que podía ver —maldición. Oh, hombre, eran tan redondos, regordetes y hermosos como recordaba, y estaba casi seguro de que podía ver sus pezones estirándose contra el suave algodón. Si él levantaba su brazo derecho, solo un poco, podría tocar uno. Podría sentir la protuberancia hincharse y endurecerse bajo su ded…

Ella dio un paso atrás lentamente. Dejó los suministros y su estetoscopio. Se aclaró la garganta. El sonido volvió sus pensamientos a donde debían estar. Pero el temblor de su voz cuando ella habló le dijo que su orden había sido fuerte y clara. Y el por qué le hizo sentir como un asno, no tenía ni idea. —Entonces seguimos con lo más duro del examen. No hay necesidad del estándar con agujas y pinchazos.

El alivio se extendió por Zander. Eso le parecía a pedir de boca. Sólo quería salir de esta sala. Preferiblemente más pronto que tarde.

—Ponte derecho —dijo ella—. Y cierra los ojos —él hizo lo que ella le pidió, agarrando el borde de la mesa con las manos y estirando la columna, agradeciendo que su voz fuera una vez más plana y directa y que ahora, al menos, no tuviera que mirarla—. Bien. Ahora, lo más probable es que sientas calor cuando busque cualquier anormalidad, quizás una pizca en tu hombro, pero en la mayoría de los casos esto no debería ser doloroso.

Tal vez no para ti.

Él respiró profundamente, trató de no fruncir el ceño, y aunque Callia no le tocó, sintió sus manos revoloteando a escasos centímetros de su pecho desnudo. Como sanadora, tenía la capacidad de buscar problemas dentro del cuerpo y centrar sus energías para restaurar el equilibrio y la salud. Los Argoleans eran menos susceptibles a las enfermedades que los humanos y sanaban más rápido, pero en el fondo todavía eran mortales. Aunque Zander sabía que ella no encontraría nada malo con él.

—Despacio —murmuró Callia—. Respira lentamente, dentro y fuera. Eso es todo. Simplemente deja que tu mente vague y relaja el cuerpo. Bien. Eso está… bien.

Había algo extrañamente tranquilizador en su voz —como siempre había sido— y el calor irradiando de sus dedos le calentó primero la piel, después se filtró profundamente en sus músculos, y finalmente, en sus huesos. Ella estaba explorando su cuerpo, buscando dolencias, aunque se sentía como si estuviera llegando a su interior con las manos desnudas, arrastrándose en su piel y sintiéndose cómoda. El calor se deslizó por el pecho, centímetro a centímetro, mientras sus dedos se desviaban y sus manos se movían sobre él. Y oh, hombre, a él le gustaba. La forma en que ella le llenaba. Se sentía bien. Calmante. Completa. La manera en que se imaginaba que los Campos Elíseos se sentirían cuando probablemente pasara a la otra vida.

De la nada el dolor en el hombro se dobló, enviando chispas a su cerebro como si hubiera sido cortado de nuevo. Se quedó sin aliento, se tensó, clavó las uñas en la madera de la mesa.

Sus ojos se abrieron de golpe. Él la miró cuando apretó los dientes por el dolor. Ella tenía la cara arrugada, como si también lo sintió, pero sus ojos permanecían cerrados y no apartó las manos.

—Es profunda —dijo ella—. ¿Seguro que no quieres que la repare?

La herida. Ella estaba en la puta herida.

—No —jadeó él con los dientes apretados, los dedos hincados más profundamente en la mesa de madera—. Está… bien.

Ilithios —Cuando la profesional dejó de llamarle idiota no presionó más.

Pronto sus dedos se movían una vez más, deslizándose fuera de la herida hasta que el dolor disminuyó y el calor volvió a su pecho.

Santo Hades. Él dejó ir una respiración entrecortada. Eso definitivamente no fue como un pellizco. Si ella hubiera querido hacerle daño, podría haberlo hecho con apenas un toque de su dedo.

—Necesito que te concentres de nuevo, Zander —dijo ella con firmeza— Relájate. Cierra los ojos.

Relájate. Sí. Eso sonaba posible.

Él tomó otro profundo aliento. Trató de pensar… en nada, como ella había sugerido. Y tuvo éxito, durante dos segundos. Hasta que las manos comenzaron a moverse hacia el sur. Bajos sus costillas y abdomen, deteniéndose para gravitar sobre su ombligo.

—Recuéstate —dijo ella—. Y separa un poco las piernas.

Léxico de los Guardianes Eternos

Ándras, pl. Ándres: Hombre argolean.

Argolea: Reino establecido por Zeus para los héroes bendecidos y sus descendientes.

Argonautas: Guerreros guardianes eternos que protegen Argolea. En cada generación, uno de los siete linajes originales (Heracles, Aquiles, Jasón, Ulises, Perseo, Teseo y Belerofonte) es elegido para continuar la tradición del guardián.

Daemons: Bestias que alguna vez fueron humanos, reclutados de los Campos de Asfódelo (Purgatorio) por Atalanta para unirse a su ejército.

Élencho: Técnica de control mental que usan los Argonautas en los humanos.

Campos de Asfódelo: Purgatorio.

Gigia: Abuela.

Gynaíka; pl. Gynaíkes: Mujer argolean.

Islas de los Bienaventurados: El Cielo.

Matéras: Madre.

Meli: Término cariñoso; amada.

Misos: Medio humano, medio argolean. Raza que vive oculta entre los humanos

Ochi: No.

Oraios: Hermosa.

Patéras: Padre.

Skata: Palabrota.

Tártaro: Reino del Inframundo similar al Infierno.

Yios: Hijo.

1 Padre.



1   ...   15   16   17   18   19   20   21   22   23

similar:

Uando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última iconHace mucho tiempo, en la antigua Grecia, hubo una edad de oro de...

Uando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última iconLa epilepsia es tan antigua como el hombre. Se sabe de legislaciones...

Uando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última iconLa Kabbalah ofrece la sabiduría más antigua en el mundo, remontándose...

Uando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última icon1. 1 Concepto de especie La especie se define como el conjunto de...
«Hay tantas especies diferentes como formas diversas fueron creadas en un principio por el ser infinito»

Uando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última iconLa Vida Cotidiana en Grecia Antigua

Uando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última iconHablar de derechos humanos, es referirse al patrimonio común e inalienable...

Uando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última iconLas mutaciones pueden ser heredadas o pueden no ser heredadas. Con...

Uando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última iconLas mutaciones pueden ser heredadas o pueden no ser heredadas. Con...

Uando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última iconLos seres humanos modernos somos descendientes directos del
«gobierno» con los más fuertes y capacitados. Posteriormente se unificaría la autoridad máxima en la figura indiscutida del jefe...

Uando el desorden amenaza en el Inframundo, siete guerreros inmortales descendientes de los héroes más grandes de toda la Antigua Grecia pueden ser la última iconEspaña, un país de grandes contrastes y mucha diversidad, se encuentra...
«comunidades autónomas». Hay diecisiete comunidades autónomas que se pueden comparar más o menos con los estados de Estados Unidos....




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com