Anthony Giddens Conciencia, propio-ser y encuentros sociales




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Goffman: encuentros y rutinas


Goffman se ha dedicado con tanta firmeza al análisis de las rutinas de la vida cotidiana que sus escritos no pueden menos que ofrecer muchos esclarecimientos sobre el carácter de una integración social. Antes que podamos elaborar con el mayor provecho estas visiones, tenemos que disipar varios malentendidos acerca de los escritos de Goffman. Se lo debe rescatar aquí del importuno abrazo de sus admiradores. Goffman suele ser visto como un observador original de la vida social, cuya sensibilidad para las sutilezas de lo que he denominado conciencia práctica y conciencia discursiva proviene más de una combinación de inteligencia aguda y estilo juguetón que de un abordaje sistemático de análisis social.[23] Esto es muy engañoso y es una de las razones por las que Goffman no ha sido reconocido en general como un teórico social de notable estatura. Deseo decir, por ni¡ parte, que los escritos de Goffman tienen un carácter muy sistemático, y en no pequeño grado es esto lo que les confiere su potencia intelectual. Otro malentendido, que el propio Goffman está lejos de haber disipado, es que sus escritos sólo tienen importancia para una variedad de «microsociología» que podría ser deslindada con nitidez de cuestiones «macrosociológicas». Un modo mucho más interesante de acercarse a las obras de Goffman es verlas empeñadas en trazar mapas de las intersecciones de presencia y ausencia en una interacción social. Los mecanismos de integración social y sistémica -para repetir esto una vez más- necesariamente se entrelazan entre sí. Los escritos de Goffman importan ciertamente para unos y otros, aun si él adoptó una postura de reserva frente a problemas de proceso o desarrollo institucional de largo plazo.

Por último, es frecuente suponer que no sólo los escritos de Goffman tienen su validez confinada a las sociedades contemporáneas, sino que directamente expresan aspectos de conducta que son peculiarmente modernos y aun, en especial, norteamericanos. Así, Gouldner dice, refiriéndose a la obra de Goffman:

se demora en lo episódico y ve la vida sólo según es vivida en una reducida circunferencia interpersonal, ahistórica y no-institucional, una existencia ajena a la historia y a la sociedad ( ... ) [Ella] refleja al Nuevo Mundo, donde un estrato de la nueva clase media ya no cree que un trabajo duro sea meritorio o que el éxito acompañe a un empeño diligente. En este Nuevo Mundo existe un aguzado sentido para la irracionalidad del nexo entre rendimiento individual y magnitud de la recompensa, entre contribución efectiva y regulación social. Es el mundo de la estrella de Hollywood muy cotizada y del mercado de acciones cuyas cotizaciones guardan escasa relación con sus dividendos.[24]

Gouldner opone de manera explícita este punto de vista a lo que él denomina un abordaje «estructural», en detrimento del primero. El mundo social que Goffman retrata no sólo tiene una alta especificidad cultura¡ sino que sólo atiende a lo transitorio, no a las formas institucionales duraderas que modelan la vida de la gente. No se puede decir que esta acusación llevada contra Goffman -en la medida en que se trate de una acusación- sea por completo injustificada. Pero también la critica de Gouldner no hace sino revelar aquel dualismo cuya generalizada influencia en las ciencias sociales he apuntado ya. La fijeza de las formas institucionales no existe a despecho de los encuentros de la vida cotidiana, ni fuera de estos, sino que está envuelta en esos encuentros mismos.

La evanescencia de encuentros expresa la temporalidad de la duración de una vida diaria y el carácter contingente de toda estructuración. Pero Goffman establece un muy persuasivo sumario de la causa para sostener que el «desvanecimiento» inherente al orden sintagmático de la interacción social es consistente con una fijeza muy marcada de una forma en una reproducción social. Aunque él mismo en ninguna parte, que yo sepa, enuncia esta tesis, creo que sus escritos revelan aspectos de copresencia que se encuentran en todas las sociedades, por útiles que esos mismos escritos puedan ser para averiguar características novedosas de la época contemporánea. La obra de Goffman sostiene un espejo donde se miran muchos mundos, no sólo uno. Cuando aprovecho ideas formuladas en ella, sin embargo, no entiendo endosar todos los acentos puestos por Goffman.

Los escritos de Goffman componen un notable aporte a una indagación de los nexos entre conciencia discursiva y conciencia práctica en los contextos de encuentros. Pero él tiene poco para decir sobre lo inconsciente y acaso hasta rechace la idea de que semejante fenómeno tenga alguna importancia en la vida social. Además, los análisis que Goffman hace de encuentros presuponen agentes motivados en lugar de investigar las fuentes de la motivación humana, de lo que se han quejado muchos de sus críticos. Es una carencia seria y una de las principales razones (la otra es un desinterés por procesos de trasformación institucional de largo plazo) que prestan a la obra de Goffman cierto aspecto de «vacuidad». En efecto, ¿por qué los agentes cuyo registro reflexivo de su conducta se describe con tanta sutileza siguen precisa- mente esas rutinas? La pregunta se podría responder, hasta cierto punto, en caso de que los individuos retratados por Goffman se pintaran con sesgo voluntarista como agentes cínicos que se adaptaran a circunstancias sociales dadas de una manera puramente calculada y táctica. Pero aunque muchos han interpretado a Goffman en este sentido, no es esta la principal consecuencia que yo deseo extraer del terreno de estudio por él inaugurado. Es que poner de relieve la prevalencia del tacto en encuentros sociales, la reparación de malestares en la trama social, y el sostenimiento de una «confianza», más bien indica un interés predominante por la protección de una continuidad social, por la mecánica íntima de una reproducción social.

Goffman elabora una tipología de los perfiles de la interacción, y en, lo que sigue emplearé varios de sus conceptos, modificándolos un poco. La serie de conceptos se puede establecer así:

 

[copresencia]







reuniones







ocasiones sociales







interacción difusa







interacción convergente

encuentros

(compromisos faciales)




rutinas

(episodios)

 

Reuniones denotan concursos de gente que se componen de dos o más personas en contextos de copresencia. Por el término «contexto» (Goffman prefiere el de «situación») entiendo aquellas «bandas» o «tiras» de espacio-tiempo dentro de las cuales ocurren encuentros. Quienquiera que entre en una de estas bandas de espacio-tiempo queda «disponible» para mudarse a esa reunión o de hecho puede constituirla si es de carácter diádico. Reuniones presuponen el registro reflexivo mutuo de una conducta en copresencia y por medio de copresencia. La contextualidad de las reuniones es vital, en un sentido muy íntimo y esencial, para esos procesos de registro. El contexto incluye el ambiente físico de interacción pero no es algo «en lo cual» meramente una interacción ocurra (véase el capítulo 3 de este libro). Aspectos de contexto, incluidos el orden temporal de gestos y habla, son utilizados como rutina por los actores para constituir una comunicación. Difícilmente se exageraría la importancia de esto para la formulación de un «significado» en gestos y en habla, como Garfinkel se ha esforzado más que nadie en elucidarlo.[25] Por ejemplo, los lingüistas han buscado con mucha frecuencia analizar problemas semánticos sea en los términos de la competencia lingüística «interna» de hablantes individuales sea por el examen de las propiedades de actos de habla aislados. Pero el «cierre de significados de las terminologías polivalentes de un lenguaje usual consumado en un discurso sólo se aprehende si se estudia el ordenamiento contextual de conversaciones enteras.

Reuniones pueden tener una forma muy laxa y transitoria, como la del fugaz intercambio de «miradas amistosas» o saludos en un pasillo. Contextos más formalizados donde ocurran reuniones pueden denominarse ocasiones sociales. Las ocasiones sociales son reuniones que interesan a una pluralidad de individuos. Lo común es que estén bien deslindadas en tiempo y espacio, y a menudo emplean formas especiales de equipamiento fijo: ordenamientos formalizados de mesas y sillas, etc. Una ocasión social estipula el «contexto social estructurante» (la expresión es de Goffman) donde muchas reuniones «es esperable que se formen, se disuelvan y vuelvan a formarse, para las que una pauta de conducta se suele reconocer como la apropiada y (con frecuencia) la oficial e intentada».[26] Toda una variedad de aspectos rutinizados de vida diaria, corno la jornada de trabajo en una fábrica u oficina, son de esta especie. Pero existen también muchas ocasiones sociales más irregulares, que incluyen tertulias, bailes, justas deportivas y una diversidad de otros ejemplos. Desde luego, un sector de espacio físico puede ser simultáneamente el asiento o la sede de varias ocasiones sociales, cada una de las cuales incluya múltiples reuniones. Pero las más de las veces existe una «ocasión social prevalecientes, con sanción normativa, a la que se espera que las demás se subordinen en un particular sector de espacio-tiempo.

Las características contextuales de reuniones, ocurran o no estas en ocasiones sociales, se pueden dividir en dos formas principales. Una interacción difusa alude a todos aquellos gestos y señales que pueden ser comunicados entre individuos por el mero hecho de su copresencia en un contexto específico. Las propiedades físicas del cuerpo y el alcance limitado de la postura del rostro son restricciones decisivas aquí. Pueden los actores tener una noticia generalizada de la presencia de otros, que sutilmente abarque una extensión espacial considerable y hasta incluya a los que están detrás de ellos. Pero estas «señales del cuerpo» son muy difusas si se las compara con las que son posibles y se utilizan de manera sistemática en una interacción cara-a-cara. Una interacción convergente ocurre donde dos o más individuos coordinan sus actividades por medio de una intersección continuada de ex- presión facial y voz. Aunque los participantes registren una infinidad de otras cosas que ocurren en la reunión amplia, una interacción convergente introduce en alguna medida un cercamiento de los que participan respecto de otros que están copresentes. Una unidad de interacción convergente es un compromiso facial o un encuentro. Los encuentros son el hilo conductor de una interacción social, la sucesión de compromisos con otros, ordenada dentro del ciclo de actividad diaria. Aunque Goffman no lo incluya formalmente en su plan de conceptos, considero muy importante destacar el hecho de que los encuentros ocurren en general como rutinas. Es decir: los que desde el ángulo del momento fugitivo pudieran parecer intercambios breves y triviales adquieren mucha más sustancia si se los ve como inherentes a la naturaleza iterativa de una vida social. La rutinización de encuentros tiene importancia rectora para ligar el encuentro fugaz a una reproducción social y, por lo tanto, a la aparente «fijeza» de instituciones.

He definido integración social como sistemidad en circunstancias de copresencia. Varios fenómenos se insinúan como los que convienen de manera más inmediata a la constitución de una integración social. así definida. En primer lugar, para aprehender la conexión de unos encuentros con una reproducción social que se extienda en tiempo y espacio, debemos destacar que los encuentros se forman y reforman en la duración de una existencia diaria. En segundo lugar, debernos tratar de individualizar los principales mecanismos de la dualidad de estructura en virtud de los cuales unos encuentros se organizan en las intersecciones de conciencia práctica y conciencia discursiva, y por medio de esas intersecciones. Esto se debe explicar a su vez en los términos tanto del gobierno del cuerpo como de la observancia de reglas o convenciones. En tercer lugar, encuentros se mantienen sobre todo por medio de habla, por medio de una conversación cotidiana. Cuando se analiza la comunicación de significado en una interacción con empleo de esquemas de comprensión, se debe tomar con mucha seriedad el fenómeno del habla en tanto incluido constitutivamente en los encuentros. Por último, es preciso examinar la organización contextual de encuentros, porque la movilización de un espacio-tiempo es la «raigambre» de todos los elementos antes citados. Emprenderé esta última tarea en los términos de varias nociones básicas, las de «disponibilidad de presenciar «sede» y la relación de «cercamiento/exposición». Pero no examino estos últimos tres conceptos en el presente capítulo, sino que pospongo su consideración para después.

 
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