Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani




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ACEITES: Pueden servir tanto para confeccionar deliciosas ensaladas como para masajes, fricciones, y a veces incluso es recomendable beberlos a cucharaditas. Generalmente, un aceite de plantas se prepara con el aceite de oliva virgen obtenido por primera presión en frío, pero la naturaleza del oleaginoso empleado puede variar en función de las afecciones que debe tratar.

Para preparar este aceite, conviene emplear el mismo volumen de hierbas, raíces o cortezas que de líquido. Se deja macerar todo aproximadamente un mes, luego se decanta, es decir se hace verter con precaución el líquido, evitando que arrastre consigo las impurezas que se han depositado al fondo del recipiente.

Esta preparación se conserva muy bien a condición de ser almacenada al abrigo de la luz en una habitación que no esté ni sobrecalentada ni demasiado fría.

AGUARDIENTE DE PLANTAS: Contrariamente a los servidos en los cafés y otros establecimientos de bebidas, este aguar­diente no posee más que efectos benéficos para el cuerpo. A condición, naturalmente, de no abusar de él, ya que como todas las preparaciones alcoholizadas puede embo­rrachar y tener consecuencias desastrosas para el hígado.

Este aguardiente, pues, se prepara haciendo hervir en aproximadamente un litro de agua 250 gramos de plantas frescas. Tras haber dejado que el líquido se reduzca a la ¿mitad y esperado a que se enfríe, se completa lo que se ha ¡evaporado con medio litro de alcohol de 90° y se deja macerar algunos días. Luego se pasa la mezcla a través de una tela que se apretará fuertemente a fin de que todo el jugo contenido en las plantas sea recuperado. Como para la alcoholatura, se deja reposar y se filtra de nuevo, tantas veces como sea necesario para que el líquido sea perfectamente claro y no contenga ya ningún fragmento de planta en suspensión.

Luego se toma este delicioso alcohol como un aguardiente normal, un Chartreuse o un Bénédictine, que de hecho llegan incluso a confundirse con nuestra preparación.
ALCOHOLATURA: Es un medicamento que se toma a razón de unas pocas gotas mezcladas con un vaso de agua azucarada, preferentemente con miel. Se prepara vertiendo sobre las plantas reducidas a fragmentos menudos un peso equiva­lente de alcohol de 90°, que normalmente se llama alcohol puro. Se conserva el conjunto al abrigo de la luz, en una botella bien tapada, aproximadamente una quincena de días, removiendo diariamente.

Una vez transcurrido este plazo, se filtra la preparación a través de un paño, presionando bien el «mosto» para exprimir la totalidad del jugo. Después se deja reposar el líquido, de forma que se decante. Se deposita entonces una especie de sedimento y basta con volver a pasarla una se­gunda vez —utilizando un filtro de papel de los que se usa para el café— para obtener la alcoholatura.

Esta preparación puede conservarse mucho tiempo, a condición de que el recipiente que la contiene sea colocado al abrigo de la luz y lo suficientemente lejos de las fuentes de calor.

BAÑO DE HIERBAS: Tónico, relajante, delicadamente perfu­mado, el baño de hierbas une a los beneficios de la cura el placer de la relajación. Se puede preparar de diferentes maneras, ya sea echando en la bañera extractos, esencias o decocciones de plantas, ya sea componiendo una mezcla en un saquito de gasa que se sumerge en el agua, del mismo modo en que se infusiona el té en una taza.

CALDO: Algunas buenas cocineras van a creer que las injuriamos explicándoles cómo preparar un caldo, tanta es su costumbre de hacer cocer así sus verduras. De hecho, para que un caldo merezca verdaderamente este nombre, es obligatorio que las plantas hayan sido echadas en agua fría y que ésta haya sido colocada inmediatamente al fuego. Cuando llega al punto de ebullición, conviene dejarla hervir unos dos a tres minutos, si se trata de un caldo de flores o de hojas, o un poco más si son las raíces o las cortezas las que forman la base de la preparación.

CATAPLASMA: A menudo se la confunde con el sinapismo, cuando este último no es más que una cataplasma revulsiva compuesta esencialmente por harina de mostaza. Una vez precisado esto, la cataplasma en general se compone de una harina —de lino, de salvado o de plantas trituradas— diluida en agua fría hasta la obtención de una pasta, luego encerrada en una muselina. La preparación debe ser entonces ligeramente calentada antes de aplicarla sobre la piel. Una cucharadita de café de vinagre de sidra añadido a la pasta refuerza considerablemente la acción de todas las cataplasmas.

COMPRESA: Aquí también tenemos una palabra cuyo sentido cree conocer todo el mundo. Sin embargo es bueno precisar que una compresa debe ser siempre aplicada tibia, y que debe ser cambiada apenas se ha enfriado.

DECOCCIÓN: Es, con la infusión, una de las formas más corrientes de confeccionar las tisanas. Para prepararla, se echa la cantidad requerida de la mezcla en agua fría, que se lleva en seguida progresivamente a la ebullición. Se de­ja luego hervir muy suavemente durante una decena de minutos, hasta que aproximadamente una quinta parte del líquido se haya evaporado. Esta duración puede ser aumentada para las plantas duras o leñosas, las raíces y las cortezas. Es igualmente posible preparar la suficiente cantidad de decocción como para poder utilizarla varios días seguidos, ya que no plantea ningún problema de conservación.

EMPLASTO: Entre los niños es casi una injuria, y uno se pregunta el porqué. De hecho, este sinónimo de cata­plasma designa más especialmente las aplicaciones hechas sin la ayuda de una tela para envolver los ingredientes, tal como se hace por ejemplo con las aplicaciones de hojas de repollo.

ESENCIAS: Estos concentrados aromáticos, llamados tam­bién «aceites esenciales», son obtenidos por destilación al vapor, incisión, etc., todos ellos procedimientos que no resulta demasiado cómodo realizar uno mismo en casa. Es por eso por lo que creemos que es preferible dejar a los especialistas el cuidado de realizarlos y comprar estas esencias ya preparadas en las tiendas especializadas. De todos modos hay que tener cuidado y comprobar que se trata realmente de esencias naturales y no de productos de síntesis realizados químicamente.

EXTRACTO: Como la esencia, es un concentrado, pero que es obtenido haciendo evaporar una solución acuosa.

El extracto fluido se obtiene añadiéndole al extracto propiamente dicho una cierta cantidad de agua o de alcohol, luego haciendo evaporar nuevamente el líquido hasta que la mezcla tenga el mismo peso que las plantas que fueron incorporadas a ella al principio.

El extracto blando, en cambio, se obtiene deteniendo la ebullición en el momento en que la preparación consigue una consistencia comparable a la de la confitura.

El extracto total, finalmente, es el obtenido utilizando no tan sólo las hojas o las flores, sino también la planta entera. Como las esencias, creemos que es preferible obtener estas preparaciones en las tiendas especializadas, verificando bien de todos modos que no contengan ningún aditivo químico.

GARGARISMOS: Consisten en bañar la garganta con ayuda de infusiones, maceraciones o decocciones, pero lo suficiente­mente diluidas como para que no ataquen las frágiles mucosas del fondo de la boca.

HIDROLATO: Se obtiene destilando las plantas en un alambi­que. Teniendo en cuenta el hecho de que es bastante raro que uno posea en su casa dicho aparato, creemos que, como las esencias, es preferible adquirir los hidrolatos en las tiendas especializadas, tomando siempre las mismas precauciones.

INFUSIONES: Son verdaderas tisanas, y se puede decir que en fítoterapia son las preparaciones más corrientes. Sólo que la palabra tisana choca un poco; quizá porque recuerda demasiado a medicamento, por lo que se prefiere hablar de una infusión de menta o de verbena. A menos que se diga simplemente un té o un café, los cuales, a decir verdad, no son otra cosa que tisanas de uso corriente, por no decir viciado.

Una verdadera infusión no se prepara simplemente echando en una taza un pellizco de hierbas y vertiendo encima agua a punto de hervor —nunca hirviendo—. Hay que cubrir además la taza y aguardar una buena decena de minutos a que las plantas que se han colocado en ella hayan entregado al agua todos sus jugos.

Se puede, por supuesto, preparar una ración familiar de infusión utilizando una tetera, pero si uno se siente individualista basta con procurarse tazas especiales para infusiones, provistas de tapadera, que pueden hallarse en el comercio.

INHALACIONES: La palabra expresa lo suficientemente claro lo que quiere decir. Pueden tomarse con ayuda de un aparato especial, que forma como una especie de embudo por encima del recipiente que contiene el agua hirviendo, en la cual las plantas desprenden sus vapores. Este conducto lleva directamente a la nariz las emanaciones de la preparación.

Cuando no se posee este dispositivo, puede contentarse con inclinar la cabeza por encima de una cacerola que contiene la preparación hirviendo, aislándose del exterior gracias a una toalla colocada sobre la cabeza y que cuelgue a ambos lados de la cara.

Las inhalaciones secas, por su parte, se obtienen haciendo quemar sobre las brasas de una chimenea o de una parrilla plantas aromáticas, cuyos efluvios se respiran así por toda la habitación.

Añadamos para terminar que el hecho de fumar algunas plantas, sobre todo para combatir el asma, puede ser considerado como inhalaciones.

INTRACTO: Se prepara de una forma comparable a la que hemos indicado ya para el extracto. La diferencia esencial entre los dos productos reside en la forma en que han sido conservadas las plantas utilizadas. Una vez más, estimamos que, antes que lanzarse a complicadas operaciones, es mucho más razonable procurarse este producto en un especialista.
JARABES: Básicamente, este nombre designa una solución de azúcar —o mejor de miel— en agua destilada. Se le añaden luego maceraciones de plantas, a fin de proporcionarle sus propiedades específicas.

LAVATIVAS: Es con mucho la forma más desagradable de hacer una cura, pero hay ocasiones en las que uno debe doblegarse. No nos extenderemos en la forma de tomarlas ni en el aparato utilizado para ello. Precisaremos sim­plemente que las lavativas son generalmente a base de infusiones o de decocciones y que, según los casos, de­ben ser administradas calientes (aproximadamente 35°) o frías.

LINIMENTO: Todos los deportistas conocen bien este aceite de masaje que les permite calentar sus músculos antes de la competición o calmar los dolores provocados por un esguince o una elongación. El linimento se prepara como el aguardiente de plantas, con la única diferencia de que, puesto que no está destinado a ser bebido, no tiene ninguna utilidad el proporcionarle un buen sabor.

LOCIONES: No son ni más ni menos que decocciones enfriadas y coladas para eliminar los fragmentos de plantas que han servido para realizarlas. Las lociones son utilizadas para masajear el cuero cabelludo, el rostro o el cuerpo, como productos de belleza principalmente.

MACERACIONES: Como indica su nombre, implican una larga permanencia de las plantas en el líquido que será luego utilizado. De hecho, éstas pueden ser puestas a macerar entre un día y varios meses, según el tipo de preparación. Generalmente, esta maceración se hace en un jarro de vidrio, al abrigo de la luz, en un armario o alacena donde la temperatura, ni demasiado elevada ni demasiado baja, permanezca constante.

POLVOS: Todas las hierbas, una vez secas, pueden ser reducidas a polvo y ser utilizadas como condimento, tales como la pimienta, el curry o la paprika.

TINTURA ALCOHÓLICA: Es obtenida dejando macerar las plantas durante al menos tres semanas en aproximadamen­te cinco veces su peso de alcohol de 90°.

UNGÜENTOS: Son parecidos al linimento, aunque se presen­tan casi siempre en forma sólida. Se obtienen mezclando las esencias o las decocciones de plantas a mantequilla o a manteca no saladas.

VINOS DE PLANTAS: Pueden ser blancos o tintos, según se les exija tener virtudes diuréticas o astringentes, y es posible atenuar su grado alcohólico rebajándolos con agua en el momento en que son mezclados a las plantas que deben macerar.

Pese al delicioso aroma que les proporcionan las hierbas, siempre es preferible utilizar un buen vino —pero no forzosamente un «gran» vino— para hacer esta prepara­ción. Si se trata de vino blanco, se preferirá un tipo alsacia, cuyas propiedades diuréticas no hace falta demostrar. En cambio, si se utiliza un tinto, la elección deberá decantarse hacia un tipo burdeos, más tónico y más reconstituyente que el tipo borgoña.

Última recomendación a propósito de los vinos de plantas: al igual que con los aguardientes de plantas, es importante no dejarse llevar por el placer del paladar y consumir más de lo conveniente, ya que entonces se corre el riesgo de convertirse en alcohólico creyendo estarse curando.

JUGO DE HIERBAS: Son en todo punto comparables a los jugos de frutas frescas, tanto a causa de sus propiedades como a causa de su forma de prepararlos. Tradicionalmen­te, se obtenían machacando las plantas en un mortero antes de prensarlas en una tela para exprimir sus jugos. Hoy en día, los pequeños robots de cocina son de una gran ayuda, sobre todo teniendo en cuenta que, siendo la operación lo suficientemente rápida, las plantas trituradas, al no perma­necer más que un tiempo muy breve en contacto con el metal, no pierden ninguna de sus cualidades esenciales.

Ahora que dominamos mejor todos estos términos técni­cos, es tiempo de pasar a los trabajos prácticos propiamen­te dichos, confeccionando algunas de estas aguas, estas tisanas o estas tinturas que siempre es bueno tener en la farmacia familiar. Empezaremos pues con las aguas, puesto que son las primeras dentro del orden alfabético:

AGUA DE BROCHIERI: Los hombres que todavía utilizan navaja para afeitarse, con la cual les ocurre a veces que pueden llegar a cortarse, apreciarán enormemente este hemostático indoloro y con un delicado aroma a pino.

Hacer macerar durante tres o cuatro días un volumen de virutas de madera de pino en dos volúmenes de agua, agitando de tanto en tanto. Dejar decantar y filtrar.

AGUA DE MELISA: Era un poco el remedio milagroso de nuestras abuelas, que lo utilizaban tanto contra los vómitos como contra los espasmos cardíacos, cuando no era para desinfectar una herida. Su eficacia es tan reconocida que aún hoy en día, en la época de los antibióticos y de las píldoras, se la encuentra ya preparada en las farmacias. Uno puede utilizar esta cómoda solución, pero por supuesto es mucho más preferible prepararse uno mismo este alcoholato, que de hecho no pide más que un poco de cuidado para resultar completamente logrado.

Reducir a trozos pequeños 100 gramos de flores de melisa, 50 gramos de cortezas de limón frescas, 80 gramos de canela, 80 gramos de clavo, 80 gramos de nuez moscada, 50 gramos de cilantro y 50 gramos de raíz de angélica. Dejar macerar el conjunto durante una semana en 5 litros de alcohol de 90°. Filtrar y conservar en un lugar fresco.

El agua de melisa se consume mezclada con agua azucarada —siempre con miel, a ser posible—, o puede ser empleada para apresurar la cicatrización de las heridas.

AGUA DE MENFIS: He aquí otro after-shave que presenta sobre el citado anteriormente la ventaja de ser no sólo hemostático, es decir detener las pequeñas hemorragias sanguíneas, sino de ser también antiséptico, es decir, desinfectar. Es cierto que su preparación es un poco más complicada, pero los resultados compensan.

Hacer una infusión, en dos litros de agua como mínimo, de 50 gramos de hojas de nogal, 50 gramos de agrimonia, la misma cantidad de centaurea, de eupatorio, de hojas de zarza, de corazoncillo, de menta, de albahaca, de romero, de tomillo, de salvia y de calamento. Añadir 10 gramos de pétalos de rosa, de caléndula y de árnica. Incluir también en la preparación 100 gramos de corteza de roble, lo mismo de corteza de granada y el mismo peso de brotes de álamo. Terminar esta mezcla de plantas incorporando 50 gramos

de raíces de genciana. Filtrar y conservar en una botella bien tapada.
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