Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani




descargar 0.73 Mb.
títuloLos remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani
página13/17
fecha de publicación22.02.2016
tamaño0.73 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Biología > Documentos
1   ...   9   10   11   12   13   14   15   16   17

AGRIMONIA: Ya mencionada en el famoso papiro de Eberg, «publicado» en Egipto veintiséis siglos antes de Jesucristo, fue considerada por todos los autores clásicos, de Galeno a

Matthiole, pasando por Dioscórides, como una especie de panacea.

En todo caso es indudable que se revela excelente contra todas las afecciones de la boca y de la garganta, y que sus propiedades diuréticas la convierten en un remedio apreciado contra los cólicos nefríticos y los trastornos del riñón.

Muy corriente en el sur de Europa, yergue sus tallos rojizos y velludos a lo largo de las laderas y en los bosques. Sus flores amarillas con cinco pétalos se presentan dispues­tas en espiga en lo alto de ese tallo.

Es utilizada en gargarismos haciendo hervir aproxima­damente 50 gramos de la planta entera en un litro de agua, o en infusión (de 15 a 20 gramos por litro de agua).

AJENJO: En la Biblia, simboliza las pruebas de la vida, tan grande es su amargor. Esto no impidió a nuestro siglo XIX extraer de él una bebida, aperitiva, evidentemente, pero que causaba tales estragos —y no solamente entre los poetas— que en 1915 tuvo que ser promulgada una ley prohibiendo su fabricación.

Crece al borde de los caminos y en el monte bajo, seco y guijarroso. Sus hojas son de un color gris blanquecino, recubiertas de un vello sedoso. Las flores amarillas, pequeñas y globulosas, se reúnen en racimos.

Galeno la tenía ya por un tónico poderoso. Los médicos de la escuela de Salerno la recomendaban contra el mareo, añadiendo que tenía el poder de alejar a las serpientes —lo cual es posible— y también el de atenuar los efectos del veneno, lo cual es menos cierto ya que no precisaban qué tipo de veneno. Aún hoy en día se le atribuyen propiedades antifebriles, aperitivas —esto lo sabemos—, digestivas, hepáticas, vermífugas y emenagogas, es decir que facilitan las reglas.

Puede prepararse de varias maneras, en infusión (5 gramos por litro de agua), en cerveza y finalmente en vino. Preferimos este último método que, además de disimular el amargor de la planta, es tan conveniente para curar el hígado como para expulsar las lombrices intestinales o ayudar a las mujeres a tener fácilmente sus reglas.

En un litro de vino blanco, hacer macerar durante una semana 120 gramos de flores secas de ajenjo, 30 gramos de rosas de Provins secas y 5 gramos de canela. Filtrar a través de un paño apretando bien para exprimir todos los jugos y aromatizar con 400 gramos de miel.

Tomar un vaso de licor antes de las comidas.

ALQUEQUENJE: Sus frutos en forma de farolillo veneciano le han valido numerosos sobrenombres y también el ser considerada por los sostenedores de la teoría de los idénticos como uno de los mejores remedios contra las afecciones de la vejiga. Es perfectamente exacto que se trata de un potente diurético capaz de aliviar la gota, los dolores articulares, los reumatismos, y ayudar a evacuar los cálculos del riñón o de la vejiga.

Se prepara en decocción (tomar veinte bayas frescas o cincuenta bayas secas y echarlas en un litro de agua. Dejar hervir a fuego suave durante veinte minutos. Esta ración es conveniente para un tratamiento de veinticuatro horas).

ALQUIMILLA: Se dice que debe su nombre a los alquimistas, que acudían con gran secreto a recoger el rocío que cubría sus hojas. Pero la Antigüedad le atribuía otras virtudes, entre las cuales la más preciosa era restituir su virginidad a las jóvenes imprudentes que se habían dejado galantear con demasiado entusiasmo antes de su matrimonio. Es cierto que su fuerte contenido en tanino hace de ella un astringente de primer orden... Sea como sea, si se sigue utilizando aún en ginecología no es precisamente con esta finalidad.

La alquimilla crece en los prados húmedos y los bosques. Se reconoce por sus hojas en dientes de sierra y por sus flores verdosas.

Una decocción realizada con 100 gramos de planta entera en un litro de agua permite realizar inyecciones ginecológicas desinfectantes.

En infusión (20 gramos de planta seca por litro de agua), se revela tónica, depurativa y febrífuga, al mismo tiempo que calma las inflamaciones del estómago y del intestino.

AMAPOLA: Pertenece a la familia de la adormidera y no hay que sorprenderse si su principal cualidad es la de calmar, principalmente las toses rebeldes.

Son los pétalos de la amapola los que se utilizan para preparar tisanas sedantes que son perfectamente adecuadas para los niños. Su recolección es delicada y, si se quiere evitar que se ennegrezcan, es preferible ponerlos a secar cerca de una fuente de calor tras haberlos extendido sobre un papel de seda.

AQUILEA: No volveremos al alivio que aportó a Aquiles, excepto para precisar que esta leyenda es invalidada por otros relatos mitológicos según los cuales el héroe griego la habría utilizado no para curarse, sino para curar las heridas de sus compañeros.

Sea como sea, la aquilea, a la que se llama también milenrama, hierba de los carpinteros o hierba de los soldados, crece un poco por todas partes en Francia, en los prados y en los bosques. Se reconoce por su gran número de hojas, así como por sus pequeñas flores blancas agrupadas en racimos al extremo del tallo.

Además de su acción hemostática, es considerada como un remedio específico contra los trastornos de la circula­ción sanguínea y de las mucosas.

Para detener una hemorragia benigna y activar la cicatrización, basta con aplicar sobre la herida un emplasto de hojas trituradas. Compresas embebidas en infusión (20 gramos de aquilea para medio litro de agua) alivian igualmente los dolores producidos por las hemorroides.

ÁRNICA: He aquí una planta que no hay que recomendar a las mujeres encintas, si es que desean conservar su hijo. Ya que, contrariamente a la artemisa, la árnica, que tomada en dosis excesivas provoca náuseas, convulsiones e incluso formas atenuadas de parálisis, es un auténtico abortivo. De todos modos, su tintura, diluida en al menos tres veces su volumen de agua, alivia las contusiones y evita la formación de hematomas.

ARO: Esta maravillosa flor puede ser utilizada para pre­parar emplastos excelentes contra los abscesos y los fo­rúnculos.

Hacer cocer al horno un peso igual de hojas de aro y de acedera envolviéndolas en hojas de repollo. Machacarlo todo e incorporar el polvo así obtenido a un bloque de manteca de cerdo para obtener una pasta maleable. Aplicar por la mañana y por la noche.

ARTEMISA: Fue Artemisa la cazadora, diosa de la Luna para los griegos y también protectora de las mujeres, quien le dio su nombre. El hecho es que, como su primo el ajenjo, ayuda a regularizar las funciones femeninas. Se sostenía incluso, en la Edad Media, que tomada a fuertes dosis podía tener efectos abortivos. Es cierto que también se le atribuía la facultad de traer la fortuna, de alejar el rayo y de proteger a los viajeros.

Se la encuentra en los barrancos, en las laderas y en el borde de los riachuelos, donde levanta su alto tallo (más de un metro de alto) de flores muy recortadas.

Las mujeres que tienen algunos pequeños problemas menstruales notarán alivio realizando una vez al mes, en el momento difícil, una cura de su infusión (30 gramos de flores secas para un litro de agua).

ARRACLÁN: Es la corteza de este arbusto lo que se utiliza, pero únicamente después de haber sido secada, ya que, fresca, se muestra como un potente vomitivo. Desde hace varios años, en cambio, es utilizada como purgante en decocción ligera (aproximadamente 100 gramos del pro­ducto para un litro de agua, que se llevará a ebullición durante una decena de minutos para dejar reposar lue­go durante varias horas a fin de que los principios activos de la planta se disuelvan bien).

ASPÉRULA OLOROSA: ¡Curiosa florecilla, que debe su nombre a un perfume que no desprende más que después de estar muerta y seca! Crece y florece en primavera en el inte­rior de los bosques húmedos, donde forma, según pala­bras de un botánico un poco poeta, «vías lácteas en mi­niatura».

Muy buscada antiguamente en Alsacia y en Alemania, donde era utilizada para fabricar el Maitrank, o «vino de mayo», hoy en día no es utilizada más que en infusión como diurético y en decocción para combatir las enfermedades de la mujer.

Para obtener este famoso vino de mayo, hacer macerar durante una semana un buen puñado de aspérulas frescas en un litro de vino ligero, luego filtrar. Esta bebida perfumada es particularmente refrescante, siendo además muy tónica.

Para una infusión, echar algunas briznas de la planta entera fresca, en el momento en que apenas acaba de florecer, en una taza de agua. No dejar infusionar más de cinco minutos.

En decocción, utilizar 50 gramos de planta seca por un litro de agua. Administrar en inyecciones vaginales para combatir la metritis.

AZUCENA: Todos los heráldicos están de acuerdo en que no es la azucena la que, estilizada, se halla representada en los escudos de armas de la familia de Francia, sino el lirio amarillo. Esta usurpación de nombre fue hecha en favor de una contracción que, de «flor de Louis» —fue el rey Luis VII el Joven quien introdujo la planta en su blasón— dio «flor de lis».

El verdadero lirio blanco o azucena no pierde nada con esta precisión histórica, ya que sus propiedades medicina­les, en uso externo principalmente, han sido siempre reconocidas.

Para curar los abscesos y los furúnculos, hacer cocer al horno o bajo las cenizas un bulbo previamente envuelto en papel mojado, luego en una hoja de papel de aluminio. Machacar e introducir en una tela fina para confeccionar así una cataplasma. Se puede también cocer el bulbo en leche.

Los emplastos de pétalos de azucena macerados en aguardiente aceleran la cicatrización de las pequeñas heridas.

BARDANA: Hace la delicia de los niños, que se bombardean con sus frutos, los cuales se enganchan tanto en sus ropas como en sus cabellos. Pero es también un remedio muy apreciado desde que el rey Enrique III se vio libre, gracias a ella, de una sífilis que le corroía. Buen número de autores han puesto en duda esta curación, estimando que las virtudes antibióticas de la planta, por reales que sean, no eran lo suficientemente potentes como para conseguir tal resultado. Parece sin embargo que se hallan en un error, ya que Jean Palaiseul (op. cit.) indica que el doctor Cazin consiguió, únicamente con la ayuda de una cura de bardana, resolver un caso de sífilis terciaria.

De todos modos, si uno se ve afectado por esta temible enfermedad, es con mucho preferible acudir al médico antes que al herbolario.

En cambio, los emplastos de raíz fresca reducida a pulpa curan muy rápidamente los furúnculos. En decoc­ción, hace desaparecer las enfermedades de la piel; en alcoholatura, calma rápidamente las crisis de gota.

BOJ: En las regiones donde no crece el olivo, son las ramas de este arbusto las que son utilizadas el día de Ramos, y se descubren frecuentemente entre las familias creyentes hojas de boj bendito colgadas a la cabecera de la cama. Como planta medicinal, es utilizada principalmente en decocción (de 20 a 30 gramos de hojas frescas o secas para un litro de agua) a fin de reemplazar la quinina para hacer bajar los accesos de fiebre, palúdica o no.

BOLDO: He aquí una planta que nadie podrá descubrir en las praderas de nuestra vieja Europa, ya que crece exclusiva­mente en Chile, en la zona central del país. Pero todos los buenos herbolarios están abundantemente provistos de él, con gran fortuna de aquellos que sufren del hígado.

En infusión (algunas hojas en medio litro de agua), combate las insuficiencias hepáticas, al tiempo que el aparato genitourinario se beneficia de su poder antiséptico. A notar que el boldo, siendo relativamente amargo, conviene mezclarlo con otras plantas para obtener una infusión que sea bebible, o al menos endulzarla abundante­mente con una miel muy aromatizada.

BORRAJA: Fueron los cruzados quienes introdujeron su uso en Occidente y, además, su nombre original árabe significa «padre del sudor». Durante siglos ha sido utilizada como planta medicinal y también como verdura, y su sabor recuerda, al parecer, el del pepino.

En infusión (una cucharadita de café de flores secas por taza), combate las inflamaciones de las vías respiratorias, así como las nefritis.

BREZO: Proporciona la madera con la que se fabrican las pipas, y sus flores secas, tomadas en infusión (de 30 a 40 gramos para un litro de agua) son un poderoso diurético al mismo tiempo que un excelente desinfectante de las vías urinarias, a utilizar para eliminar las secuelas de algunas enfermedades venéreas tales como la blenorragia.

CALÉNDULA: Esta planta, llamada también maravilla, «que mantiene sus flores hasta bien entrado el invierno», como escribía Olivier de Serres, es adecuada tanto para el tratamiento interno como para la aplicación externa.

En infusión (de 30 a 40 gramos de flores por un litro de agua), cura las obstrucciones del hígado, las ictericias y los trastornos de la menstruación.

Machacadas, sus flores frescas constituyen una excelen­te cataplasma contra los sabañones o para ayudar a las pequeñas heridas a cicatrizar.

CAMOMILA: Esta florecilla blanca o amarilla, según tenga derecho al calificativo de romana o de alemana, es una verdadera panacea. Se puede, en efecto, contar con ella para aliviar los retortijones de estómago, facilitar las digestiones penosas, atenuar los espasmos gástricos, devol­ver el apetito, recuperar las fuerzas en caso de fatiga general, facilitar la aparición y el desarrollo de las reglas, calmar las neuralgias y los accesos de fiebre periódicos. Cura también las ulceraciones de la piel, los panadizos, las cortaduras y las aftas. Reabsorbe finalmente los esguinces, las torceduras, y combate la inflamación de los párpados.

El mejor medio de aprovechar todas estas virtudes sigue siendo aún tomarla en infusión a razón de diez flores secas aproximadamente por cada taza de agua.

El aceite de camomila, utilizado en masajes en caso de contusión, se obtiene haciendo macerar en caliente, al baño maría, 100 gramos aproximadamente de flores en medio litro de aceite de oliva. Pasar al cabo de dos horas.

La decocción, finalmente, que se aplica en compresa sobre los párpados irritados, se prepara con 20 a 30 gramos de flores secas para un litro de agua.

CASTAÑO DE INDIAS: Fue un médico, el doctor Bachelier, quien lo aclimató en Francia, a principios del siglo XVII. El intracto que se obtiene de sus frutos entra en la composi­ción de más de cincuenta especialidades farmacéuticas, todas ellas destinadas al sistema circulatorio. Su corteza, tónica, amarga y astringente, posee, en un grado menor, las mismas propiedades que su fruto, del que es convenien­te sin embargo desconfiar, ya que se revela tóxico al morderlo.

Para reforzar la resistencia de los vasos sanguíneos y aliviar las hemorroides, tomar una decocción compuesta con 10 gramos de castañas trituradas y 30 gramos de corteza para un litro de agua.
CAPUCHINA: Cuando los conquistadores la trajeron de los confínes de la cordillera de los Andes, se le dio el nombre de berro de Indias, tanto para recordar su origen exótico como para indicar que era un alimento apreciado en ensalada. Más tarde se observó que era un maravilloso antibiótico natural, presentando sobre sus competidores químicos la ventaja de no destruir la flora intes­tinal. En infusión (doce flores frescas para un cuarto de litro de agua), cura rápidamente las gripes y los enfriamientos.

CARRASPIQUE: Su fruto triangular y, sobre todo, muy aplastado, evocaba a nuestros antepasados las bolsas que los campesinos llevaban a la cintura y que, desgraciada­mente para ellos, raramente estaban repletas. Pero este signo externo de pobreza no debe hacer dudar de las propiedades de esta pequeña crucífera, muy abundante en las paredes viejas y las ruinas.

La primera, la más notable, es sin duda ser uno de los hemostáticos naturales más potentes que se puedan encon­trar. Su acción sobre la fibrina de la sangre, que favorece la coagulación, la hace pues recomendable como cura regular para los hemofílicos, al igual que en tratamientos puntuales para detener las hemorragias anormales, tales como las hemorragias nasales o las hemorroides.

El mejor modo de consumirla sigue siendo aún hacer macerar un centenar de gramos de plantas frescas cortadas a trozos pequeños en un litro de vino tinto durante ocho días, luego pasarlo y beber a razón de una cucharada sopera cada hora.
1   ...   9   10   11   12   13   14   15   16   17

similar:

Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani iconEnsayos Michel de Montaigne
«libro ingenuo y de buena fe», útil a todos los hombres,- figurase el nombre de un español ilustre, consagrándola así a la patria...

Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani iconAutor: Villanueva Aquino Michel Jordán

Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani iconLa medicina patas arriba: ¿y si hamer tuviera razóN? Giorgio Manbretti Jean Seraphin Prólogo
...

Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani iconAbordaje Holístico del Estrés por medio de Remedios Vibracionales...

Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani iconTeoría cognoscitiva de Jean Piaget

Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani iconColegio Montessori Jean Itard, A. C

Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani iconJean William Fritz Piaget

Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani iconTeoría cognitiva de jean piaget

Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani iconEpistemologia genética de jean piaget

Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani iconEl modelo de jean Piaget epistemología genética




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com