Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani




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AGUA DE BOTOT: Esta agua dentífrica se obtiene haciendo macerar en alcohol de 60° caliente algunos gramos de canela, de clavo y granos de anís. Aromatizar tras el filtrado con algunas gotas de esencia de menta.

AGUA DE COLONIA: Es sin duda la más célebre de las aguas de belleza. Se fabrica mezclando 10 gramos de esen­cia de bergamota con 10 gramos de esencia de limón, 10 gramos de esencia de sidra, 5 gramos de esencia de romero, 5 gramos de esencia de azahar, 5 gramos de esencia de lavanda, 2,5 gramos de canela y 1 litro de al­cohol de 90°. Añadir al conjunto 150 gramos de agua de melisa y 100 gramos de alcohólate de romero. Dejar macerar una semana y filtrar.

AGUA DE MIEL: Esta agua muy suave —como la miel— es particularmente conveniente para limpiar las pieles sensi­bles y los párpados.

Hacer una primera mezcla de agua de rosas y agua de azahar. Añadir en seguida a este líquido miel (muy poca), algunos clavos, cilantro, cortezas de limón ralladas, nuez moscada en polvo y una vaina de vainilla. Las proporciones en las cuales conviene mezclar estos distintos ingredientes son variables y dependen del gusto de cada uno. Dejar macerar una semana y filtrar.
AGUA DE RAMILLETE: Esta agua de belleza delicadamente perfumada limpia la piel en profundidad, pero exige una preparación minuciosa, debido a lo complejo de los

ingredientes que la componen.

Mezclar 65 gramos de agua de miel {ver más arriba), 30 gramos de alcoholato de clavo, 125 gramos de agua sin par {ver más abajo), 35 gramos de alcoholato de jazmín, 30 gramos de alcoholato de lirio y veinte gotas de esencia de azahar.

AGUA SIN PAR: También limpia la piel en profundidad, desinfectándola al mismo tiempo.

Puede ser fabricada fácilmente en casa mezclando 5 gramos de esencia de limón, 4 gramos de esencia de cidra, 4 gramos de esencia de bergamota y 100 gramos de alcoholato de romero en un litro de alcohol de 90°.

AGUA DE SMITH: También desinfectante, al mismo tiempo que agradablemente perfumada, se obtiene mezclando, en un litro de alcohol de 90°, 60 gramos de esencia de lavanda, 30 gramos de tintura de ámbar y 500 gramos de agua de

Colonia.

Y, puesto que estamos con las aguas, he aquí una, la más natural que se pueda encontrar tras la de los manantiales. Es, simplemente, la savia de abedul.

«En todo el norte de Europa, escribía el doctor Percy, cirujano de los ejércitos de Napoleón, comenzando en nuestros departamentos del Rin y hasta los confines de Rusia, el agua de abedul es la esperanza, la felicidad y la panacea de los habitantes, ricos y pobres, grandes y pequeños, señores y siervos. Las enfermedades de la piel, las espinillas, los herpes, el acné rosáceo, etc., raramente le resisten...»

Esta agua se recolecciona en la primavera, antes de que las primeras hojas hayan tenido tiempo de agotar la savia que sube. De acuerdo, no resulta muy fácil, sobre todo hoy en día, conseguirla, pero se puede reemplazar por una decocción de hojas de abedul secas (50 gramos para un litro de agua) que tiene, sensiblemente, las mismas propie­dades.

Más «fuerte» es esta preparación, excelente para limitar la transpiración de los pies y, en todo caso, para eliminar su olor: hacer macerar 500 gramos de cola de caballo en medio litro de alcohol de 60° durante quince días, removiendo el frasco de tanto en tanto, luego filtrar.

Tras la piel, los cabellos. He aquí algunas recetas de champús y lociones capilares que podrán realizar muy económicamente en su casa y de las que pueden estar seguros de que son enteramente naturales.

CHAMPÚS:
Anticaspa: Hacer macerar un buen pellizco de saponaria en medio litro de infusión de capuchinas.

Cabellos secos: Echar algunas gotas de aceite de oliva sobre una yema de huevo y remover como para hacer una mayonesa, incorporando al mismo tiempo el contenido de un vaso de licor de ron.

Cabellos grasos: Echar un buen pellizco de saponaria en medio litro de decocción de hojas de repollo.

Cabellos normales: Preparar medio litro de infusión de camomila y añadirle una pulgarada de saponaria. Esta preparación es conveniente para los cabellos rubios. Para los cabellos castaños o negros, reemplazar la infusión de camomila por una decocción de hojas de nogal.

LOCIONES:
Contra la caída del cabello: Tomar 100 gramos de hojas, de flores y de semillas frescas de capuchina, 100 gramos de hojas de ortiga igualmente frescas, 100 gramos de hojas de boj también frescas. Picar todas estas plantas y hacerlas macerar en 500 gramos de alcohol de 90° durante una quincena de días. Filtrar y perfumar con una esencia a elegir.

También contra la caída del cabello: Mezclar 25 gramos de alcohol de lavanda, 25 gramos de éter, y un vaso de agua destilada.

Contra la caspa: Frotar el cuero cabelludo con el interior de una corteza de limón a fin de arrancar las pieles

muertas.

Contra la seborrea: Hacer hervir juntos en medio litro de agua una lechuga y un puñado de perejil. Filtrar y utilizar tibio.

El baño ahora, que es también un precioso auxiliar de la belleza... y no es Diana de Poitiers quien hubiera dicho lo contrario, ella que, a semejanza de Cleopatra, se bañaba en leche de burra. Hoy en día, por supuesto, resulta muy difícil hacer como ella, a menos que se sea millonario. ¿Quiere esto decir que los baños de leche son prohibitivos para las mujeres? Por supuesto que no, puesto que existe... la leche en polvo, que no es más cara que cualquier otra sal o aceite de baño vendidos habitualmente en los comercios.

Para todos los demás baños, se tomará en primer lugar la precaución de preparar una decocción muy concentrada de la planta —o plantas— elegida, que se echará en la bañera al mismo tiempo que un puñadito de saponaria.

Estas pocas recetas de belleza, estos trucos, son tan viejos como la femineidad. Desde el día en que Eva, arrancando una hoja —¿de parra?— para ocultar su desnudez, se dio cuenta de que la naturaleza podía proporcionarle todas las armas de la seducción, las mujeres no han dejado de aprovecharse de esta enorme despensa, cada una a su manera y en función de las necesidades de su piel.

Las plantas no han cambiado, son las mujeres quienes ya no confían en ellas. Sin embargo, cocinan con ellas, beben tisanas de ellas, aunque la simple idea de confiar su belleza a estas hierbas que tan a menudo consumen les hace estremecerse. Es como para dudar de la lógica femenina...

PEQUEÑO LÉXICO BOTÁNICO

BAYA: Pequeño fruto carnoso con pepitas que es, en realidad, la semilla de la planta.

BROTE: Llamado también yema, aparece en primavera, principalmente sobre los árboles y los arbustos, y puede estar recubierto de escamas o guarnecido por una pelusilla. En el interior de su caparazón se hallan los embriones de las hojas y, algunas veces, de los tallos.

BULBO: Se le llama más comúnmente la «cebolla» y, de hecho, la propia cebolla es un bulbo. No hay que confundirlo con el rizoma ni con las raíces que brotan del bulbo para hundirse en la tierra.

CABEZUELA: El Larousse en dos volúmenes la define como un «tipo de inflorescencia de varias flores sin pedúnculo e insertadas las unas al lado de las otras sobre el receptáculo».

CORTEZA: Es la piel, la envoltura de los árboles y de algunos

frutos.

FOLÍCULO: Fruto seco en forma de saquito que se abre en su madurez por una hendidura única que pasa exactamente entre las dos hileras de semillas que contiene.

PÉTALOS: Laminillas blancas o coloreadas que forman la

corola de las flores. Remate: Parte de una planta, que comprende lo alto del

tallo y la flor. Rizoma: Es un tallo subterráneo de donde parten las raíces

que se hunden en el suelo y el tallo que asciende hacia la

luz. Semilla: Es ella la que asegura la reproducción de la

especie. Es pues, la parte activa del fruto —granos,

pepitas o núcleo—, mientras que la pulpa no es más que

la parte inerte, destinada ya sea a proteger, ya sea a

alimentar la semilla.

TALLO: Corresponde al tronco de los árboles. Tubérculo: No hay que confundirlo ni con el bulbo ni con el rizoma. El tubérculo no desprende raíces, sino que se forma sobre las raíces o las partes aéreas de la planta. De hecho, contiene las reservas nutritivas de esta planta. Umbela: «Tipo de inflorescencia», para tomar las palabras del Larousse, en la cual los pedúnculos de cada flor se hallan insertados en un mismo punto. Vaina: Fruto seco como el folículo, pero que se abre por dos hendiduras opuestas.

LÉXICO FITOTERAPÉUTICO

La acción de las plantas se define por palabras muy particulares. He aquí, comunicadas por Henri Errera, los principales términos de este lenguaje técnico.
ABORTIVO: Que amenaza con provocar el aborto.

AFRODISÍACO: Que favorece la actividad sexual.

AMARGAS: Dícese de las plantas como la achicoria o la genciana, cuya principal característica es el amargor.

ANAFRODISÍACO: Que atenúa el deseo carnal.

ANALÉPTICO: Que posee propiedades fortificantes, que estimula y da nuevas fuerzas.

ANALGÉSICO: Que atenúa el dolor.

ANTÁLGICO: Sinónimo de analgésico.

ANTIASTÉNICO: Que combate la astenia, que estimula las fuerzas en caso de deficiencia nerviosa o psíquica.

ANTIBIÓTICO: Sustancia, producida por un ser vivo, que combate la infección.

ANTIDIARREICO: Que elimina la diarrea.

ANTÍDOTO: Que combate los efectos del veneno.

ANTIESCORBÚTICO: (Es decir la vitamina C). Que impide o cura el escorbuto.

ANTIESPASMÓDICO: Que calma los espasmos y calambres.

ANTILECHOSO: Que detiene la subida de la leche.

ANTIPIRÉTICO: Que elimina la fiebre.

ANTIPÚTRIDO: Que detiene la putrefacción.

ANTISÉPTICO: Que destruye los microbios o impide que se desarrollen.

ANTITÉRMICO: Que baja la temperatura.

ANTITÚSICO: Que calma la tos.

APERITIVO: Que abre el apetito.

AROMÁTICO: Que desprende un perfume agradable gracias al cual se puede enmascarar el gusto amargo de algunas preparaciones.

ASTRINGENTE: Que contrae y afirma los tejidos, ayuda a las heridas a cerrarse y detiene las hemorragias sanguíneas.

BACTERICIDA: Que mata las bacterias.

BACTERIOSTÁTICO: Que detiene la multiplicación de las bacte­rias.

BALSÁMICO: Que desprende un olor a resina y calma la tos o despeja las vías respiratorias.

BÉQUICO: Que calma la tos, pero no huele obligatoriamente tan bien como el precedente.

CARDIOTÓNICO: Que tonifica el corazón.

CARMINATIVO: Que reabsorbe o facilita las fermentaciones intestinales.

CÁUSTICO: Que tiene poder corrosivo y quema la piel.

COLAGOGO: Que aumenta las secreciones biliares.

COLERÉTICO: Sinónimo del precedente.

CORDIAL: Que fortifica o que estimula.

CUTÁNEO: Que tiene una acción sobre la piel.

DEPURATIVO: Que purifica la sangre.


DETERSIVO: Que limpia la epidermis o las heridas.

DIAFORÉTICO: Que hace transpirar abundantemente.

DIGESTIVO: Que facilita la digestión.

DIURÉTICO: Que estimula la diuresis, es decir la producción de orina por los riñones.

DRÁSTICO: Que purga enérgicamente.

EDULCORANTE: Que endulza un producto demasiado alcoho­lizado o amargo.

EMENAGOGO: Que provoca y regulariza el volumen de las menstruaciones. EMÉTICO: Que hace vomitar.

EMOLIENTE: Que disminuye las inflamaciones locales.

ESTIMULANTE: Que provoca una excitación general.

ESTOMACAL: Que estimula el estómago y facilita la digestión.

ESTORNUTATORIO: Que hace estornudar.

ESTUPEFACIENTE: Que adormece los centros nerviosos y provoca una sensación de euforia que crea hábito.

ESTROGÉNICO: Que estimula la función ovárica.

EUPÉPTICO: Sinónimo de digestivo.

EXCITANTE: Que tiene un efecto estimulador sobre las glándulas y el sistema nervioso.

EXPECTORANTE: Que ayuda a evacuar las mucosidades de los bronquios o de los pulmones, es decir a expectorar.

FEBRÍFUGO: Que hace bajar la fiebre.

GALACTÓGENO: Que favorece e incrementa las secreciones lácteas.

HEMOLÍTICO: Que destruye los glóbulos rojos.

HEMOSTÁTICO: Que detiene las hemorragias sanguíneas.

HEPÁTICO: Que cura el hígado.

HIPERTENSOR: Que aumenta la tensión arterial.

HIPNÓTICO: Que favorece o produce el sueño.

HIPOGLICÉMICO: Que hace bajar el índice de azúcar en la sangre.

HIPOTENSOR: Que disminuye la tensión arterial.

LAXANTE: Que activa la evacuación intestinal.

LENITIVO: Que ablanda.

MUCÍLAGO: Sustancia viscosa de origen vegetal que dismi­nuye las irritaciones de los tejidos.

NARCÓTICO: Que provoca el sueño.

NECROSANTE: Que provoca una necrosis, es decir la muerte de los tejidos.

NEFRÍTICO: Relativo a los riñones.

PECTORAL: Que actúa sobre la función respiratoria.

PERISTÁLTICO: Que favorece las contracciones del intestino.

PURGANTE: Que libera el intestino.

REFRESCANTE: Que posee efectos laxantes y depurativos.

RESOLUTIVO: Que disipa las inflamaciones y hace desapare­cer las obstrucciones.

REVULSIVO: Que provoca una congestión local para curar otra.

RUBEFACIENTE: Que hace enrojecer la piel y activa la circulación en los pequeños vasos sanguíneos.

SEDATIVO: Que calma.

SINÉRGICO: Que asocia la acción de dos o más plantas.

SOPORÍFICO: Que hacer dormir.

SUDORÍFICO: Que hace transpirar.

TENÍFUGO: Que expulsa la tenia.

TÓNICO: Que hace desaparecer la fatiga y reconstituye las fuerzas.

TÓPICO: Que atrae la sangre a flor de piel.

VASOCONSTRICTOR: Que constriñe los vasos sanguíneos.

VASODILATADOR: Que dilata los vasos sanguíneos.

VENENOSO: Que contiene veneno.

VERMÍFUGO: Que expulsa las lombrices.

VESICANTE: Que provoca hinchazones en la piel.

VULNERARIO: Que favorece la cicatrización de las heridas.

TABLA DE EQUIVALENCIAS

Algunos de los productos indicados en el presente texto tienen diversa denominación en varios países de habla hispana. Para los lectores de dichos países, damos a continuación las equivalencias, así como las de algunas expresiones.

Aguacate: palta, avocado

Albaricoque: damasco, chabacano

Alcachofa: alcaucil

Al ast: al spiedo

Aliñar: condimentar, aderezar

Barbacoa: parrilla

Bistec: bife

Brioche: pan de Viena

Calabaza: zapallo

Calabacín: zapallito, zapallito italiano

Charcutería: fiambrería

Col: repollo, berza

Despojos: achuras, chunchules

Embutidos: fiambres

Entremeses: entradas

Fresa: frutilla

Guisantes: arvejas, chicharros

Judías blancas: porotos, frijoles

Judías verdes: chauchas, ejotes, bajocas, porotos verdes,

vainas

Mahonesa: mayonesa

Maíz: choclo, abatí

Melocotón: durazno

Nabo: cayocho

Nevera: heladera, refrigerador

Patata: papa

Plátano: banana

Piña: ananá

Potaje: sopa de verdura

Rustido de cerdo: cerdo al horno

Sorbete: helado de agua

Tomate: jitomate

Zumo: jugo

Este es el cuaderno secreto de la abuela del autor, donde la buena mujer consignaba las recetas largamente experimentadas que le habían sido legadas por la tradición y que eran elaboradas con autenticidad.

La abuela conocía un gran número de remedios naturales y caseros que precisamente constituyen la base de este libro. Tenía recetas para todo: dolores de barriga, migrañas, verrugas, heridas, indisposiciones, resfriados, que con sus recetas y tisanas se desvanecían en un abrir y cerrar de ojos.

¿Desdeñar los remedios caseros? Gracias a este cuaderno y a otras investigaciones, todo el tesoro y las virtudes de las plantas, de las verduras, de las frutas, de las pociones ya no tienen secretos para Jean Michel Pedrazzani ni, leyendo este libro, para ninguno de nosotros.




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