Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani




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No iremos tan lejos y nos contentaremos con reconocerle virtudes digestivas, ya sea bebida bajo forma de infu­sión o, mezclada con otras plantas, en un vaso de chartreuse.


. CEREZA: En una obra precedente (op. cit.), recordábamos el caso de aquel periodista «muy célebre en la inmediata postguerra, que fue apodado "rabo de cereza" por sus compañeros, que se burlaban así amistosamente de las infusiones que consumía muy regularmente, con la finali­dad de combatir los efectos de una gula a toda prueba». Y es que, en efecto, la tisana de rabos de cereza es un poderoso diurético que, ayudando a eliminar el agua de los tejidos, evita la celulitis y, arrojando los excesos de ácido úrico y de urea, preserva de la gota, enfermedad que ataca esencialmente a los buenos vividores.

Pero los pedúnculos del delicioso fruto importado de Asia Menor por el célebre gastrónomo romano Lúculo no son los únicos que poseen virtudes medicinales. Las pequeñas bolitas rojas que cuelgan de ellos, jugosas y deliciosamente aromáticas, activan igualmente las secrecio­nes renales. Son pues recomendables para los pletóricos, los gotosos y los reumáticos.

CIRUELA: Fresco o seco, el fruto del ciruelo es renombrado por sus virtudes laxantes, reconocidas incluso por Moliere, que hizo comer a su «Enfermo imaginario» algunas «ciruelas pequeñas para soltar el vientre».

Servida como guarnición con carnes un poco pesadas —asado de cerdo, pato, morcilla—, permite ofrecer platos que no amenazan con lastrar el estómago de los invitados.

Preparadas con vino, constituyen un postre refinado que halaga el gusto conservando el conjunto de las cualidades de la fruta.
FRAMBUESA: Como la fresa (frutilla), que sigue a continuación, no es en absoluto contraindicada para los diabéticos, a quienes aporta la levulosa y la vitamina C.

FRESA (FRUTILLA): Esta pequeña fruta roja, de apariencia tan frágil, es en realidad muy rica en hierro y en ácido salicílico, que tiene una acción bienhechora sobre el hígado, los ríñones y las articulaciones. Una cura de fresas (frutillas) con azúcar —realza­das con un jugo de naranja— es pues particularmente recomendada a los convalecientes y, sin azúcar, a los reumáticos y a los gotosos. Linneo, el célebre botánico, afirmaba además haberse librado definitivamente de una gota tenaz sin usar ningún otro medicamento que éste. En cuanto a Fontenelle, que, como todos saben, murió centenario, atribuía su longevidad a las fresas que consu­mía en grandes cantidades.

Hay que añadir que las pequeñas pepitas que adornan el fruto, no siendo digeribles, irritan en cierto modo el intestino, que intensifica sus contracciones a fin de expul­sarlas. Contribuyen así a regularizar las funciones de eliminación. Si se añade a esto sus propiedades diuréticas —reforzadas cuando se toma la precaución, tras haber comido los frutos, de prepararse una decocción con las hojas— se puede decir que la fresa es un verdadero bocado de salud.

GROSELLA NEGRA: Un autor del siglo XVIII escribía de ella que

es «un excelente elixir de vida, que mantiene la salud y que hace que las personas de edad parezcan más jóvenes de lo que son». Es cierto que en aquella época los viejos eran siempre saludables por la simple razón de que sólo los individuos más vigorosos triunfaban de una considerable mortalidad infantil, lo cual les daba todas las posibilidades de terminar sus vidas en una saludable edad avanzada. Una constatación que, de todos modos, no quita nada a las cualidades de la grosella negra, las cuales quedaron por otro lado palpablemente demostradas de una forma incues­tionable por el aspecto del canónigo Kir, el pintoresco diputado-alcalde de Dijon, que dejó su nombre al vino blanco cassis (El nombre francés de la grosella negra es precisamente cassis).

Iniciemos pues nuestro estudio de esta maravillosa planta por el principio, es decir por el fruto que todo el mundo conoce. Esta pequeña baya está provista abundan­temente de vitamina C y vitamina P. Consumida al natural, constituye pues un excelente reconstituyente. Macerada en un peso igual de aguardiente, permite también, tras añadirle azúcar, obtener un licor que se puede mezclar, como hacía nuestro canónigo, con el vino blanco para obtener una bebida muy diurética.

Las hojas, tomadas en infusión, proporcionan una tisana excelente contra los reumatismos y la retención de orina. En cambio, si se las deja macerar durante una quincena de días en un vino blanco semiseco, permiten obtener un «vino de cassis» eminentemente aperitivo y diurético.

HIGO: ¿Le debía Platón a esta fruta su excepcional seguridad de juicio? Es posible, puesto que él mismo apodó a los higos los «amigos del filósofo», atribuyéndoles la facultad de «reforzar la inteligencia». Un punto de vista que comparten por otro lado nuestros modernos médicos dietéticos que los recomiendan en caso de astenia nerviosa.

Sea como sea, algunos autores estiman que el primer vestido humano no fue la hoja de parra como se cree generalmente, sino la hoja de higuera, gracias a la cual Adán y Eva ocultaron su desnudez.

Frescos o secos, los higos se revelan en cualquier caso como un alimento muy rico (100 calorías por cada 100 gra­mos, en el primer caso; 250 calorías por cada 100 gramos, en el segundo), y facilitan la eliminación de los desechos, luchando contra el estreñimiento.

LIMÓN: La costumbre de decorar los platos de pescado con rodajas de limón, o echarle un chorro de limón a las ostras y a los mariscos, se remonta a una época en la que el frescor de los productos del mar no podía ser siempre garantizado. Su poder desinfectante —confirmado por análisis que han establecido que mataba irremediablemen­te, incluso en dosis mínimas, a los bacilos del cólera, de la difteria y de la fiebre tifoidea, y que en un cuarto de hora eliminaba de las ostras el 92% de todas sus bacterias— evitaba pues lamentables accidentes... y sigue evitándolos.

Hemos visto igualmente que sus propiedades antiescor­búticas, preservadas como un secreto militar por los ingleses, le valieron el reemplazar a la papa cruda en la alimentación de los marinos en viajes largos. Resulta sin embargo que los británicos, aunque hicieran alarde durante mucho tiempo de este descubrimiento, no hacían más que volver a utilizar la muy antigua receta de los cruzados que, partiendo a la reconquista de la Tierra Santa, chupaban rodajas de limón, tanto para apagar su sed como para conservar todos sus dientes.

Esta propiedad, sabemos, es debida a la fuerte concen­tración de vitamina C que lo caracteriza. Es esta misma concentración lo que hace de él un excelente preventivo contra la gripe. En la estación fría, dos vasos grandes de limón exprimido por día son mejores que todas las vacunas. Cuando no se ha tomado esta precaución y se experimen­tan los primeros síntomas del mal, una cura de jugo de limón acompañado de agua hirviendo y azúcar corta inmediatamente la evolución de la enfermedad.

En cuanto a los elegantes que desean recuperar su línea, pueden seguir una cura de limón de veinte días dividida en dos tiempos. Durante la primera mitad de la cura, aumentando cada día un fruto (primer día: un limón; segundo día: dos limones; tercer día: tres limones, etc.). Al llegar al décimo día, se aplica un método inverso y se disminuye un limón diario hasta el final de la cura.

MANZANA: Fue la causante, se dice, de la perdición de la humanidad, induciendo a la tentación a Adán y Eva. Es quizá para rehabilitarse que contiene tantos principios benéficos, hasta tal punto que los ingleses no vacilan en afirmar que una manzana al día permite prescindir del médico.

Sin ir tan lejos, anotemos que termina con las infeccio­nes intestinales, que alivia los reumatismos y la gota, combate el agotamiento físico e intelectual, la anemia y la desmineralización, el colesterol y el infarto.

El mejor medio de aprovechar al máximo sus virtudes consiste en consumirla cruda, por la mañana en ayunas, y con su piel, tras haberla limpiado cuidadosamente, y tomando la precaución de masticarla bien para evitar cualquier problema de digestión.

MELOCOTÓN (DURAZNO): El fruto en sí mismo, si es fino y delicado, no posee ninguna propiedad que no posea cualquier otra fruta fresca. Las flores del melocotonero, en cambio, permiten fabricar una tisana que calma a los niños coléricos, y un jarabe sedante.

MEMBRILLO: Su carne es excelente para combatir los vómitos y las diarreas, pero a condición de que el fruto haya sido recogido después de las primeras heladas, si no, existe el peligro de que se produzca el efecto inverso. En cuanto a sus pepitas, permiten preparar una emulsión que calma tanto las hemorroides como las grietas del seno y las afecciones de la boca.

MIRTILO: Según el doctor Debuigne, fue «Dioscórides quien lo prescribió por primera vez para combatir la disentería y apretar el vientre. Arnaldo de Vilanova, célebre médico de la Edad Media, le concede virtudes antihemorróideas y, por su parte, Artault de Vevey, en el siglo XIX aprovechaba las propiedades astringentes del mirtilo utilizándolo contra las estomatitis, las aftas, la estomatitis micósica de los niños».

En cocina, esta suculenta baya permite preparar tartas de una notable finura, que los canadienses se empecinan en bautizar, no se sabe exactamente por qué, «tarta de acianos».

MORA: Originariamente, la morera negra fue introducida en Francia por Olivier de Serres para servir de alimento al gusano de seda. Sin embargo, pronto se observó que su extracto fluido era excelente contra la diabetes.

En cambio, bien nuestros son los frutos de la zarza silvestre que crece a lo largo de nuestros caminos. Devorados allí mismo o, mejor, preparados en confitura, suavizan la garganta y las mucosas, aliviando las ronqueras de todo tipo.

Tanto las moras como los jarabes extraídos de ellas son excelentes contra la diarrea o, peor, la disentería.

NARANJA: He aquí la manzana de oro del jardín de las Hespérides, que el valeroso Hércules fue obligado a ir a buscar más allá de las columnas a las cuales dio su nombre.

Sin embargo, no todos los autores están de acuerdo en la interpretación que conviene dar a esta leyenda. Lo que sí es seguro es que el naranjo es originario de China y que, si hoy saboreamos sus frutos, es gracias a los cruzados, puesto que fueron ellos quienes lo introdujeron en la cuenca mediterránea, al mismo tiempo que el limón.

Sea como sea, su riqueza en vitaminas A y C 1 hacen de ella un excelente preventivo de la gripe, que refuerza al mismo tiempo las encías.

Además, todo es utilizable en el naranjo. Las hojas en primer lugar, que proporcionan una tisana excelente contra las palpitaciones y el insomnio. Las flores a continuación, doblemente preciosas, puesto que son el símbolo de la pureza y permiten fabricar, por destilación, una esencia que detiene las palpitaciones cardíacas y elimina los malestares de todo tipo. La corteza de las naranjas, finalmente, macerada en aguardiente diluido con vino, proporciona un aperitivo eficaz y sano.

NUEZ: «Una nuez, ¿qué hay en el interior de una nuez?», se preguntaba Charles Trenet hace algunos años. Para el fítoterapeuta, la respuesta es sencilla: hay elementos tónicos y reconstituyentes.

Pero, más que los frutos, son las hojas del nogal las que son utilizadas en la medicina por las plantas.

En decocción, combaten el estreñimiento y la infección, así como la inflamación de las mucosas, al mismo tiempo que hacen descender la concentración de azúcar en la sangre.

OLIVA: Los latinos le daban el nombre de olea, del que hemos extraído la palabra oleaginoso, que significa «capaz de dar aceite». Esto indica hasta qué punto es la oliva un fruto precioso. Su aceite, sabroso, es al mismo tiempo un medicamento maravilloso con tal de que sea «vir­gen», es decir, que haya sido obtenido por una primera presión en frío de los frutos y sea conservado sin aditivos químicos.

Una cucharada diaria de este aceite permite en efecto paliar las insuficiencias hepáticas, combatir el estreñimien­to, incluso retardar los efectos del alcohol cuando se prevé que habrá abundantes libaciones.

PIÑA (ANANÁ): Facilita también la digestión, y sus fibras leñosas pueden, llegado el caso, ayudar a la evacuación de un pequeño cuerpo extraño tragado accidentalmente. Es también diurética, y ayuda poderosamente al tratamiento de la arteriosclerosis, de la artritis y de la gota, a condición naturalmente de consumirla fresca, lo cual afortunadamen­te es hoy en día posible gracias a la rapidez de los transportes.

UVA: Blanca o negra, contiene un azúcar directamente asimilable por el organismo, lo cual la hace preciosa para los diabéticos, que pueden así comer una fruta que no presenta ningún peligro para ellos.

Se trate de aromatizantes, de frutas o de verduras, cada ama de casa posee pues en su cocina todos los ingredientes necesarios para curar, al tiempo que prepara deliciosos platos a aquellos que acudan a sentarse a su mesa. El resultado es tan sólo asunto de dosificación, de sensibi­lidad.

Alimentarse únicamente de pan o de papas, apartar sistemáticamente las carnes o los pescados del menú, hacerse el delicado ante alimentos de una simplicidad demasiado evidente, es privarse de muchas cosas y en primer lugar de una alimentación equilibrada, prueba esencial de una salud sin problemas, y además de un buen número de placeres gastronómicos, ya que los mejores platos no son siempre los más elaborados.

HERIDAS Y ERUPCIONES

Atareada alrededor de sus cazos y ollas o inclinada sobre el huerto en un rincón de su jardín, esta abuela cuyo recuerdo evocaba un poco más arriba tenía siempre una amplia sonrisa para recibirme al regreso de mis peligrosas expedi­ciones, y sabía calmar con una palabra tierna mis lágrimas de aventurero arañado por las zarzas o asaetado por los aguijones de las avispas.

Estas pequeñas heridas no me preocupaban, como tampoco me preocupaban las enfermedades benignas de las que son víctimas a menudo los niños. Nunca la vi molestar al «señor doctor» para acudir en mi ayuda. Poseía las recetas suficientes como para prescindir de él.

Vamos a mirar el «libro», decía ella, limpiándome los ojos con una esquina de su delantal. Y, tras hojear su precioso cuaderno, preparaba enseguida una decoc­ción o un emplasto, que me aliviaban casi instantánea­mente.

Aún es posible hacer como ella, y si las «recetas» que siguen no son las de mi abuela, podrían haberlo sido, tan sencillas y eficaces son.
AMPOLLAS: Son el resultado de las largas caminatas y el tributo que hay que pagar muy a menudo por unos zapatos

nuevos.

—Tomar algunas hojas hermosas de repollo, limpiarlas con agua fría y cocerlas en medio litro de leche. Dejar enfriar y aplicar la pasta así obtenida sobre la parte afectada. La ampolla debe reabsorberse sin que la epidermis caiga, dejando en vivo la dermis.

ANGINAS: Se curan esencialmente por medio de gargaris­mos, y hay que hacer notar que las preparaciones que indicamos son recomendables también en casos de pérdida de la voz.

—Exprimir un limón entero en un vaso de agua tibia, azucarar ligeramente y utilizar como gargarismo.

Jean Palaiseul (op. cit.) aconseja también aplicar sobre la garganta compresas de jugo de limón salado.

—Hacer hervir durante una decena de minutos tres o cuatro higos secos en medio litro de leche. Utilizar como gargarismo.

—Hacer hervir un buen pellizco de hojas de salvia secas en medio litro de agua. Filtrar y utilizar como gargarismo.

ÁNTRAX, FURÚNCULOS Y PANADIZOS: Estos grandes botones deben madurar a fin de que el absceso pueda vaciarse. Varias cataplasmas naturales pueden ayudar a ello.

—Tomar algunas hojas de repollo, lavarlas cuidadosamen­te; quitar la nervadura central, luego aplastarlas con el rodillo de pastelero de modo que puedan soltar su jugo. Hacer un emplaste, que se aplicará sobre el botón.

—Es Jean Palaiseul (op. cit.) quien da este medio de apresurar la maduración de estas grandes erupciones extremadamente dolorosas: «Hacer cocer bajo las cenizas, durante quince a veinte minutos, un blanco de puerro envuelto en papel mojado o en una hoja de repollo; aplastarlo con manteca de cerdo no salada y aplicarlo como cataplasma, que deberá renovarse varias veces al día».
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