Los remedios de la abuela jean Michel Pedrazzani




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ARRUGAS: El limón, como sabemos, posee un efecto astringente sobre la piel. Es pues muy útil para combatir las arrugas si se aplica en rodajas sobre las partes amenazadas, a menos que se utilice su jugo en compresa, alrededor de los ojos en particular, para evitar los desagradables picores.

Una decocción de flores de romero (hacer hervir 50 gramos de estas flores en medio litro de agua o de vino blanco; dejar en infusión un cuarto de hora, luego filtrar) tiene las mismas propiedades, sin presentar los mismos inconvenientes.

CABELLOS: La calvicie es una afección típicamente masculi­na. Sin embargo, ocurre que algunas mujeres pierden sus cabellos, y es comprensible que esto las desconsuele. En la mayor parte de los casos, es simplemente porque no saben cuidarlos; ya sea que utilizan champús que no les convie­nen, ya sea que abusan de las «permanentes» o de los rizos, que hacen que los cabellos se vuelvan frágiles y quebra­dizos.

Para aquellas que pierden sus cabellos —o que quieren evitar que su marido se vuelva completamente calvo...—, he aquí una receta muy antigua y que al parecer es excelente.

Picar en un mortero un buen manojo de berros para exprimir su jugo. Colar y diluir el líquido obtenido con alcohol de 90 °. Aromatizar con una esencia de flores. Realizar, por la mañana y por la noche, fricciones con ayuda de esta loción.

En el siglo XVI, se obtenía el mismo resultado aplicando sobre el cráneo cataplasmas de nueces trituradas. No iremos tan lejos como eso, pero no por ello debemos olvidar el nogal, cuyas hojas permiten obtener una decocción que da a los cabellos un hermoso reflejo cobrizo.

Para reforzar los cabellos y devolverles su flexibilidad, se puede también untarlos, antes de lavarlos, con una loción compuesta por aceite de oliva, jugo de limón y algunas gotas de alcohol... coñac, armagnac o ron. Los cabellos secos ganarán con ello en volumen y flexibilidad; en cuanto a los otros, obtendrán un nuevo vigor.

Siempre para luchar contra la calvicie, pero también para dar un nuevo brillo a los cabellos, las decocciones de romero o las fricciones con la famosa «agua de la reina de Hungría» son muy recomendadas por los fitoterapeutas.

El tomillo, finalmente, que en decocción tiene sensible­mente las mismas propiedades, presenta además la ventaja de hacer brillar los cabellos y facilitar su desenredado.

CANSANCIO: Es el peor enemigo de la belleza, todas las mujeres lo saben bien. El mejor remedio para apartar sus estigmas es, evidentemente descansar. Desgraciadamente, raras son las mujeres que pueden decidir tomarse unas vacaciones en el momento en que lo desean, es decir cuando más necesidad tienen de ellas.

Para apartar el cansancio, es conveniente pues adaptar los tiempos de descanso de que se dispone, de modo que una pueda sacar el máximo provecho de ellos. Sabemos ya que el mejor sueño, el más profundo, el más reparador, es aquel que se toma antes de la medianoche. Aunque no sea siempre muy fácil, las mujeres de tez pálida conseguirán una buena ventaja acostándose lo más pronto posible, y levantándose temprano.

No hay que olvidar también que el cansancio se ve agravado por el desequilibrio en el régimen alimenticio. Se evitará pues abusar del alcohol, del tabaco, así como de algunas especias que, fomentando un cierto nerviosismo, perjudican la calidad del reposo.

Finalmente, se intentará equilibrar los menús de la semana, aprovechando al máximo las propiedades energé­ticas de los distintos alimentos que hemos enumerado ya. Se podrá también secundar útilmente esta acción de los alimentos con algunas preparaciones como éstas:

— Exprimir una naranja y un limón; mezclar los jugos; azucarar con miel; beber por la mañana en ayunas.

— Extraer el jugo de 500 gramos de espinacas y 500 gramos de berros; conservar el líquido obtenido en el refrigerador; beber un vaso de licor del mismo por la mañana, antes del desayuno.

CASPA: Da miedo a los hombres, y enriquece a los peluqueros, que recomiendan siempre tratamientos com­plicados, caros y la mayor parte de las veces completamen­te ineficaces. Una receta muy sencilla y perfectamente económica consiste en preparar, tras cada lavado del cabello, una loción con el jugo de un limón, que se completará con un enérgico masaje del cuero cabelludo a fin de desprender de él todas las pieles muertas.

CICATRICES: Un grano rascado, un corte pequeño, un ara­ñazo, dejan durante algunos días unas huellas de un co­lor rosado más o menos oscuro y nunca muy agradables. Podrán ser atenuadas si se les dan aplicaciones diarias con una decocción obtenida a base de hacer hervir una mezcla a partes iguales de salvia, de geranio y de lavanda.
COSMÉTICOS: En la actualidad las mujeres ya no preparan por sí mismas sus cosméticos. La cosmetología moderna ha hecho progresos considerables, y todos los maquillajes que se encuentran hoy en día en las perfumerías se hallan acondicionados de tal modo que cualquiera puede encon­trar el que mejor convenga a la textura de su piel.

Para las jovencitas que desean jugar a maquillarse y no se atreven a hurgar en el armario de mamá, he aquí una receta que les permitirá colorear sus mejillas como los mayores: cortar en dos una remolacha cocida: frotar y dejar secar: reanudar la operación tras haber cortado una rodaja de la remolacha en el lugar donde se ha partido si el color rosa obtenido no es lo suficientemente vivo.

CULEBRILLA: Como el acné, la culebrilla es a menudo una enfermedad de juventud, pero esto no significa en absoluto que los adultos no puedan verse afectados. Generalmente, su aparición es provocada por un régimen alimenticio desequilibrado, demasiado rico en alcohol, en platos «pasados», como la caza, y en especias. Para combatirla, es pues necesario volver en primer lugar a una alimentación más sana. Paralelamente, se procederá a aplicaciones de compresas empapadas en una infusión de tomillo o, simplemente, a fricciones con rodajas de pepinos frescos.

DIENTES: Una sonrisa deslumbrante es una de las primeras armas de la seducción. Desgraciadamente, nuestros dien­tes son frágiles. Se cubren de sarro, se vuelven amarillen­tos y, bajo los efectos del tabaco, a veces se rayan.

Para que sigan siendo blancos, se puede naturalmente acudir con regularidad al dentista, para que proceda a una limpieza. Es además una excelente precaución, ya que el especialista aprovechará la ocasión para verificar que no exista alguna pequeña caries en formación. Sin embargo, no se debe abusar de estas limpiezas, que terminan por desgastar el esmalte. Entre dos visitas al dentista, se puede conservar toda la blancura de los dientes cepillándolos una vez por semana con bicarbonato sódico, o, mejor, frotán­dolos con un cuarto de limón. Este segundo método, además de eliminar el sarro y las manchas amarillas que deslustran el esmalte, desinfecta y refuerza las encías.

EDAD: Diana de Poitiers no fue la única en combatir victoriosamente el desgaste de los años. Tuvo una antece­sora en la persona de la reina de Hungría que, gracias a un elixir cuya receta le fue comunicada por un ángel, volvió a encontrar pasados los setenta años el vigor y el resplandor de su juventud, se libró de sus reumatismos y estuvo a punto de conquistar finalmente un nuevo esposo.

He aquí la receta de esta agua, tal como la relaciona Jean Palaiseul (op. cit.), que la ha copiado a su vez de una obra extremadamente antigua e inencontrable.

«Yo, Doña Isabela, reina de Hungría, de setenta y dos años de edad, inválida de los miembros y gotosa, he utilizado durante todo un año la presente receta, la cual me fue entregada por un eremita al que jamás había visto, y al que no he vuelto a ver después, y que hizo tanto efecto sobre mí, que, al mismo tiempo curé y recuperé de mis fuerzas, y parecí de nuevo hermosa a todo el mundo, y el rey de Polonia quiso casarse conmigo; lo cual rechacé por amor a Nuestro Señor Jesucristo, creyendo que esta receta me había sido dada por un ángel: Tomad de espíritu de vino destilado cuatro veces (alcohol rectificado) 30 onzas (aproximadamente 950 gramos), de flores de romero, 20 onzas (aproximadamente 600 gramos); colocadlo todo en una jarra bien tapada por espacio de cincuenta horas, luego destiladlo en un alambique al baño maría. Tomad una vez por semana, por la mañana, una dracma (aproximadamen­te 5 gramos) con algún otro licor o bebida, o bien con carne, y lavaos con ella todas las mañanas, y frotad el mal de los miembros inválidos».

El resultado, aunque «histórico», puede no ser tan espectacular.

Es dudoso por otro lado que la actual «agua de la reina de Hungría», tal como la fabrica un perfumista inglés (Crabtree and Evelyn, 38, Saville Row, London Wl), sea elaborada según esta receta. El propio fabricante acon­seja además limitar al uso externo la utilización de su pro­ducto.

Alberto Magno, el célebre alquimista del siglo XIII da otra versión:

«Metéis en un alambique una libra y media de flores de romero bien frescas, media libra de flores de poleo, media libra de flores de mejorana, media libra de flores de lavanda, y sobre todo esto tres buenas pintas de aguardien­te. Una vez bien tapado el alambique para impedir la evaporación, lo colocáis durante veinticuatro horas en digestión en estiércol de caballo muy caliente. Luego lo destiláis al baño maría.

El uso de esta agua es tomar de una a dos veces a la semana, por la mañana en ayunas, la cantidad aproximada de una dracma de ella, con algún otro licor o bebida, y lavarse el rostro y todos los miembros allá donde se sienta algún dolor y debilidad.

Este remedio renueva las fuerzas, aclara el espíritu, disipa las fuliginosidades, conforta la vista y la conserva hasta la vejez decrépita (sic.), haciendo parecer joven a la persona que lo usa. Es admirable para el estómago y el pecho, frotándola sobre ellos.

Este remedio no quiere ser calentado, ya se sirva de él para pociones o para fricciones.

Esta receta es la auténtica que fue entregada a Isabel, reina de Hungría.»

ESPINILLAS: Estos parientes cercanos del acné pueden bastar para estropear una velada o el efecto de una cuidada toilette. Desgraciadamente casi no hay medios que permi­tan hacerlas desaparecer rápidamente. Lo más cómodo sigue siendo pues, disimularlas bajo el artificio de un maquillaje.

Pero las espinillas no son tan sólo irritantes desde el punto de vista estético. En muchos casos son también dolorosas, producen ardores o picazón. Puede solucionarse fácilmente esta pequeña molestia mojándolas con una compresa empapada en jugo de limón o en agua avina­grada.

HERPES: Demasiado a menudo se cree que no se trata más que de una «enfermedad psicosomática», que desaparece cuando los problemas psicológicos que han provocado su aparición hayan desaparecido a su vez. Es un error. En realidad, el herpes es debido a un virus que hay que destruir, y sólo el médico está capacitado para prescribir los medicamentos necesarios.

Sabido esto, el virus del herpes pasa por períodos de actividad y de somnolencia, reapareciendo ante un estado de debilitamiento físico o de trastornos psíquicos. La mayor parte de las veces, este despertar es anunciado por un enrojecimiento, por una picazón y por un prurito generalizados. Las lesiones del herpes se producen siempre en los mismos lugares —en las mucosas y en el rostro—, de modo que estos signos anticipadores no pueden pasar inadvertidos, y puede detenerse la evolución de la enferme­dad desinfectando con alcohol yodado las regiones amena­zadas.

LABIOS: Hemos encontrado varias recetas para suavizar los labios agrietados, pero tanto en belleza como en medicina es preferible prevenir que curar. Para impedir pues que la piel de los labios se cuartee por la acción del frío, hay que evitar en primer lugar humedecerlos o mordisquearlos cuando nos hallamos en el exterior. Quienes no emplean lápiz de labios pueden protegerlos con barras protectoras preparadas que se venden en las farmacias y que pueden ser incoloras o ligeramente teñidas. Pero hay que saber también que una simple fricción con un algodón embebido en aceite de oliva posee exactamente el mismo efecto.

LÍNEA: Mantener la línea o recuperarla es la constante preocupación de gran número de mujeres. Para conseguir­lo, es muy difícil evitar el régimen alimenticio, incluso aunque esto plantee a veces problemas a los glotones. Hemos visto, al estudiar las diversas verduras, que un cierto número de ellas permiten preparar comidas energéti­cas sin sobrecargar el organismo en grasas superfluas. Sabemos igualmente que la sal, fijando el agua en los tejidos, se muestra nefasta para el contorno del talle. Para evitar engordar, pues, es necesario limitar su empleo, así como el de alimentos preparados como el pan, por ejemplo, que puede ser reemplazado con ventaja por una papa hervida. Para disimular la ausencia de sal, se pueden utilizar verduras y condimentos de aroma suficientemente poderoso, como el apio o el perejil. Un buen número de verduras son también muy diuréticas. Facilitando la elimi­nación del agua y de los residuos, ayudan a adelgazar, al tiempo que purifican la tez. La mayor parte de las frutas —la pina fresca o en conserva y en particular las cerezas frescas— tienen las mismas propiedades.

Este régimen sin dolor podrá ser completado cada día con un vaso pequeño de vino de cebollas preparado del siguiente modo:

—Picar muy finas cuatro o cinco cebollas grandes; ponerlas a macerar en un litro de vino blanco —preferente­mente tipo Aisacia—, en el cual se habrán disuelto 100 gramos de miel; aguardar dos días agitando frecuentemen­te la mezcla; filtrar y conservar al fresco en una botella bien tapada.

MANCHAS ROJAS: No hay que confundirlas con el acné rosáceo, puesto que se eliminan mucho más fácilmente. Una mascarilla de hielo picado, contrayendo los vasos sanguíneos, ayuda a hacerlas desaparecer. Rodajas finas de pepino, aplicadas directamente sobre la piel, tienen el mismo efecto.

MANOS: Cuando se trabaja, cuando se cocina, se lavan los platos, la ropa, es difícil conservar unas manos hermosas. Se pueden por supuesto «limitar los daños» no empleando más que detergentes reputados por su «suavidad». Algunas casas han centrado por otro lado toda su publicidad en el hecho de que sus productos eran tan suaves para las manos como para la ropa o los platos.

No hay que dejarse engañar por estos argumentos aparentes. Un detergente es un detergente y, para terminar con la suciedad, debe llevar un cierto número de elementos que atacan la piel al mismo tiempo que la mugre.

Siendo el mal inevitable, cada ama. de casa debe mentalizarse de que posee en su cocina —y por lo tanto al alcance de la mano— el antídoto a todos los detergentes que atacan sus manos.

El limón en primer lugar, gracias al cual se puede preparar una loción que conservará toda su suavidad pese a los trabajos más duros. Mezclar a cantidades iguales el jugo de limón, la glicerina y el agua de rosas. Masajearse abundantemente las manos cada noche para hacerla penetrar en la piel.

El aceite de oliva, a continuación, con el cual se pueden bañar las manos cada quince días aproximadamente. A notar que el efecto de este baño será aún más eficaz si se ha tomado la precaución de entibiar antes el aceite.

MAQUILLAJE Y DESMAQUILLAJE: Los cosméticos, bases de color y otros productos de belleza fatigan la piel. En consecuen­cia es necesario quitarlos muy cuidadosamente por la noche antes de acostarse e hidratar la piel antes de cubrirla con los distintos productos de belleza. Evidentemente, se pueden encontrar en todas las perfumerías productos específicos para cada una de estas operaciones pero, como nada reemplazará nunca una preparación enteramente natural, he aquí una receta de una leche muy fácil de realizar y que puede servir tanto como desmaquilladora que como base de maquillaje.

—Pelar un pepino grande muy maduro y vaciarlo, pero conservando las pepitas. Aplastar la pulpa mezclándola con media botella de agua, algunas gotas de agua de rosas o de azahar, un buen vaso de alcohol de 90° y dos cla­ras de huevo batidas. Echar la preparación sobre las pe­pitas del pepino y dejar reposar durante todo un día. Fil­trar con una tela muy fina y conservar en un tarro bien tapado.
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