Clonación y Manipulación Genética




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Ética sobre la Clonación

Las ramificaciones éticas de la clonación, sobre todo en lo que respecta a los seres humanos, no parecen facilitar el establecimiento de unos límites claros. Incluso aunque con el tiempo se resuelvan los problemas técnicos de la clonación, muchas preguntas siguen sin respuesta.

  • ¿Qué razones hay para permitir o prohibir la reproducción de niños mediante clonación?

  • ¿Debe utilizarse la clonación en el caso de parejas estériles o de parejas de homosexuales que deseen tener descendencia biológica?

  • ¿Qué percepción de la vida tendrá un niño nacido por reproducción asexual? ¿La de individuo único o, por el contrario, la de un “prisionero” genético?

  • Un niño clonado, ¿es sencillamente un gemelo de su donante genético, con interposición de cierto lapso temporal? ¿Deben escoger los progenitores las características de un hijo futuro, como es posible mediante la clonación?

Ésas y otras cuestiones similares preocupan ahora a científicos y a expertos en bioética que temen que los procedimientos de clonación puedan poner en peligro la identidad humana

Dentro de las cuestiones éticas relativas a la clonación para la reproducción de seres humanos podemos mencionar:

  • Seguridad técnica y médica

  • Debilitamiento del concepto de reproducción y de familia

  • Relaciones ambiguas de un hijo clonado con el progenitor

  • Confusión sobre la identidad personal y daño al desarrollo psicológico de un clon

  • Preocupación acerca de prácticas eugenésicas

  • Conflicto con la dignidad humana

  • Fomento de tendencias hacia bebés de diseño y mejoramiento humano

A lo largo del tiempo se han postulado ideas contradictorias sobre la clonación y la manipulación de genes en donde la comunidad mundial dio una respuesta cuando, en el artículo 11 de la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos (1997), elaborada por la UNESCO, declaró que la clonación humana es contraria a la dignidad humana. En la sección C de la Declaración, “Investigaciones sobre el genoma humano”, se afirma “No deben permitirse las prácticas que sean contrarias a la dignidad humana, como la clonación con fines de reproducción de seres humanos...”

A la hora de comentar sobre el tema diferentes países tienen bien establecidas sus opiniones, en donde ciertos han propuesto recomendaciones y normas legales sobre la clonación, mientras que otros sencillamente prohíben este mecanismo como forma de reproducción dentro de los cuales figuran Alemania, Australia, Colombia, Costa Rica, Dinamarca, España, Georgia, Japón, Letonia, Noruega, Perú y Reino Unido.

“La idea de que la perfecta semejanza genética lleve por sí sola a una perfecta semejanza psíquica está desprovista de todo fundamento científico”, afirmó el Comité, añadiendo que la clonación humana con fines de reproducción provocaría “una tremenda perturbación de las relaciones entre identidad genética e identidad personal en sus dimensiones biológica y cultural” (Opinión N° 54, “Respuesta al Presidente de la República Francesa sobre el tema de la clonación con fines de reproducción”, abril de 1997).

A nuestro juicio y desde el punto de vista de una filosofía realista, el embrión humano exige trato de persona. Hay quienes juzgan que los conceptos de "hombre" y "persona" son inseparables y que el intento de separación responde a una mera razón estratégica. Es persona todo ser de una especie cuyos miembros poseen la capacidad de alcanzar la autoconciencia y la racionalidad. Y esto en cualquier circunstancia y en cualquier instante del tramo existencial. Es así que el embrión humano constituye el primer tramo de la existencia del hombre, que transcurre sin discontinuidad, luego el embrión participa de la misma esencia de hombre, no importan las apariencias sensibles, su tamaño, circunstancia o grado evolutivo. Si existe desde ese momento un nuevo ser humano, existirá, en consecuencia, desde el primer instante un sujeto humano, que permanecerá individual y específicamente inalterado a lo largo de toda su existencia. Y si existe un nuevo sujeto humano no puede menos que existir una nueva persona, que, en cuanto tal, exige el reconocimiento y el respeto de todos los derechos inherentes a su dignidad. Esto para la Medicina significa que, en cuanto persona, el zigoto debe ser concebido y tratado como si de cualquier otra persona o paciente se tratara.

El análisis ético de las consecuencias, fundamento de la denominada ética de la responsabilidad, lleva a considerar el conjunto de consecuencias "benefícienles" y a equilibrarlas con las consecuencias negativas o "maleficentes". Para ello se ha de saber que, desde la perspectiva personalista, es más consistente éticamente la evitación de un mal a una persona que la consecución de un bien. Esto permite destacar el valor ético negativo de una de las consecuencias de la clonación, la gran pérdida de vidas embrionarias. En suma, la consecuencia más relevante desde este punto de vista no es, pues, el rechazo social, sino su alto costo en embriones, suficiente para proyectar sobre la clonación una calificación ética muy grave.

Finalmente, no sólo es bueno aquello que es útil para la sociedad, es preciso también que el logro científico sea útil y bueno para el sujeto humano, para el clon producido. Él es fin en sí mismo para la felicidad de sus padres o el beneficio de la sociedad. Una injusticia objetiva producida sobre él invalidaría las ventajas que la clonación proporcionara a la sociedad. Aquí se trata de ver si llegar a la vida como clon representa un bien para el clon; si el embrión humano, persona con plenos derechos, es respetado en el mecanismo de la clonación; si la persona del clon es el fin último de la operación técnica y si sus intereses prevalecen sobre los de sus padres o sobre los de la sociedad. 

La vida del embrión es minusvalorada en las técnicas de manipulación embrionaria; aparece a la lógica de práctica de nuestro tiempo como un costo obligado de la eficacia y de los logros científicos. No parece dudoso afirmar que, hoy por hoy, el costo en vidas embrionarias que son de prever en la clonación puede ser altísimo.

La clonación transforma el proyecto natural de individualidad, modifica el corazón de la identidad genética. Sin duda que se puede llevar a cabo, el dilema es si alcanza a la libertad humana el dominio radical sobre otros hombres hasta el punto de transformar su identidad personal; si al hombre asiste, en fin, el poder moral de dar legitimidad al nacimiento de un hombre nuevo, no natural, principio de un programa de hombre biogenético, que ya no sería el hombre de la evolución. 

Este es realmente el núcleo del dilema. La libertad se eleva en el árbitro de la existencia, que decide, sin norma, sobre la vida y la muerte. Aquí pues el núcleo de nuestra elección moral: si el hombre como sujeto puede usar de su libertad hasta los linderos de lo éticamente permisible, o si, a la manera sartriana, la persona es mera libertad incondicionada y consecuentemente en posesión de un radical derecho a su ejercicio. La religión cristiana siempre ha rechazado este último supuesto último.
En suma, el objeto de la clonación, desde el punto de vista del respeto a la dignidad de la persona, lesiona gravemente en lo formal la integridad de la persona clon. Destruye su identidad genética y rompe así la identidad personal.
En la naturaleza la vida es fruto del amor de la pareja. Es un "bien" que perfecciona a los padres. El emergente del resultado del amor es un hijo aunque no se desee. De aquí el derecho psico-social a nacer en el seno de una familia natural y a tener unos padres que, además, sean padres biológicos. En la clonación la vida es una producción técnica. 
En definitiva, el análisis de la ética de la clonación, a la luz de sus consecuencias y del objeto y significado de la acción moral, hace aflorar barreras insalvables de lo ético. La clonación prejuzga y constituye una intolerable manipulación de la persona representada por el embrión; pone en riesgo su vida y va contra sus intereses, y al que concibe más como un medio que como un fin en sí mismo.

Clonación con fines de investigación

Por otra parte, desde el nacimiento de Dolly, los investigadores biomédicos han dirigido su atención hacia la clonación experimental, denominada “terapéutica”, centrándose en el uso de la técnica de clonación para obtener células madre embrionarias destinadas a la investigación y, en potencia, con fines terapéuticos. Dado que el adjetivo “terapéutico” sugiere la posible aplicación beneficiosa de la clonación, lo que en el momento actual parece completamente injustificado, sería más correcto cambiar esta connotación positiva y utilizar una terminología más neutral, a saber, clonación con fines de investigación. En el caso de la clonación para la reproducción, el objetivo de la transferencia del núcleo de una célula somática es crear un embrión con la misma información genética que su progenitor e implantar ese embrión en un útero para generar un embarazo y, a partir de ahí, producir un bebé. La meta de la clonación con fines de investigación, sin embargo, es crear un embrión de la misma manera que en el caso de la clonación para la reproducción, pero sin producir un bebé y sólo con el fin de obtener células madre embrionarias que contengan las mismas características genéticas que el progenitor. Inevitablemente, el embrión se destruye durante ese proceso.

Las células madre embrionarias de seres humanos, aisladas por primera vez en 1998, se describen esencialmente a veces como células “en blanco” en los seres humanos, con potencialidad para transformarse prácticamente en cualquier tipo de tejido orgánico. Al separar parte de la masa celular interna del embrión en el estadio de blastocito, esas células se pueden cultivar para producir células madre pluripotentes, con capacidad para transformarse en sangre, músculo y otras muchas clases de tejidos y órganos del cuerpo.

En resumen la clonación terapéutica implica la destrucción posterior del embrión clonado del que se han extraído las células de la Masa Celular Interna, fuente de los tejidos para trasplante.

Vamos a poner un ejemplo para entender mejor esta posible aplicación de la clonación terapéutica. El caso que sigue es todavía ciencia-ficción. Las posibilidades terapéuticas que se exponen se basan en especulaciones, pues hoy día se está muy lejos todavía del objetivo que presenta este caso.

Paciente de 50 años, bebedor habitual de 70 gr de alcohol al día desde los 20 años. Presenta insuficiencia hepática grave, secundaria a una cirrosis alcohólica de larga evolución. El paciente precisa de un trasplante hepático urgente. No existen donantes, o los que existen no son compatibles. Aquí entra en juego la aplicación de la clonación terapéutica.

Al paciente se le aísla cualquier célula somática de su cuerpo, por ejemplo de la piel. Siguiendo la técnica de la oveja Dolly, introducimos el núcleo de la célula de la piel en un óvulo al que previamente le hemos extraído su núcleo. Se estimula el óvulo con el núcleo transferido, y observamos que comienza la división celular de ese embrión clonado. Ese embrión contiene la información genética del individuo cirrótico (puesto que tiene el núcleo de la célula de la piel del cirrótico), es un clon del individuo cirrótico. Dejamos que el embrión se desarrolle hasta la fase de blastocisto. A continuación extraemos de la Masa Celular Interna de ese embrión la célula madre (stem cell) encargada de generar el futuro hígado de ese individuo todavía en fase embrionaria. Cultivamos esas células y obtenemos células hepáticas inmaduras (hepatoblastos), obteniendo en el laboratorio tejido hepático amorfo. Ese tejido lo trasladamos al hígado del enfermo, que al ponerse en contacto con tejido conjuntivo (matriz colágena que hace las veces de andamio donde se sustentan y adquieren su forma los distintos órganos), empieza a crecer de forma ordenada, restituyendo el hígado dañado. No existe posibilidad de rechazo, porque ese hígado es genéticamente idéntico al hígado del enfermo.

Efectivamente, los posibles beneficios terapéuticos que pueden derivarse de la clonación terapéutica parecen esperanzadores. Sólo una cosa se interpone: la clonación terapéutica implica la destrucción posterior del embrión clonado del que se han extraído las células de la Masa Celular Interna, fuente de los tejidos para transplante. Ello suscita graves implicaciones éticas, que han provocado recelo en una parte importante de la comunidad científica y las instituciones. El debate está abierto.

Se están llevando a cabo investigaciones preliminares sobre las llamadas células madre “adultas” o “somáticas”, que no proceden ni de embriones ni de fetos sino de otras fuentes, tales como la médula ósea, el cordón umbilical o incluso los tejidos de un adulto. Se han detectado, de hecho, células madre en distintos órganos y tejidos (Recuadro 2). En un organismo existen, en número reducido, células madre adultas para mantener y reparar células de tejidos, y los científicos las están estudiando desde los años sesenta. Si se pudiera controlar su transformación en tipos concretos de células en un entorno de laboratorio, las células madre adultas podrían ser valiosas para la curación de enfermedades.

La primera ventaja de las células madre adultas es de naturaleza moral. Dado que no proceden de un embrión, no se plantean objeciones basadas en la protección de la vida humana potencial. Otra posible ventaja de la utilización de esas células madre, en el caso de que procedan del mismo paciente, es que permitiría evitar problemas de rechazo del sistema inmunitario, que se podrían presentar si se utilizaran células madre de un organismo extraño. Pero todavía no está claro en qué medida puedan ser útiles estas células madre adultas. Las células madre embrionarias pueden producirse en grandes cantidades en cultivos de laboratorio, pero las células madre adultas no son tan numerosas en los tejidos maduros. Por lo que respecta al potencial futuro de las células madre adultas las opiniones difieren. En un principio se pensaba que las células madre adultas se presentaban en muy pocos tipos de células y que sólo daban origen a esas mismas células, pero recientemente se han hallado en el organismo muchos más tipos de células madre adultas, con flexibilidad para evolucionar de manera más diversificada. Algunos investigadores señalan, sin embargo, que, incluso en este caso, persisten ciertas limitaciones. Sigue siendo difícil, por ejemplo, obtener células madre cerebrales de un enfermo, y entre las células madre adultas no se encuentran todos los tipos de células madre. Algunos investigadores creen que, a medida que progrese la investigación, se descubrirá un mayor potencial en las células madre adultas, de manera que podrán reemplazar la investigación con las embrionarias.

Actualmente, la atención se centra sobre todo en investigación básica más que en las aplicaciones clínicas. Si con la investigación básica mejoran nuestros conocimientos sobre procesos de diferenciación e indiferenciación, todas las células podrían transformarse en células madre y convertirse a continuación en tejidos más especializados. El problema de la utilización de células madre embrionarias podría, por consiguiente, ser sólo temporal en vista de los avances de la investigación básica en las ciencias biológicas.

Opinión de la iglesia

La clonación es la producción de seres humanos de igual identidad genética por métodos técnicos. La Instrucción "Donum vitae" sobre el respeto por la vida humana naciente y la dignidad de la procreación publicada en 1987 por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, con la aprobación del Papa Juan Pablo II, en el número 6 de la Parte I, nos da la respuesta: "También los intentos y las hipótesis de obtener un ser humano sin conexión alguna con la sexualidad mediante ‘fisión gemelar', clonación, partenogénesis, deben ser considerados contrarios a la moral en cuanto que están en contraste con la dignidad tanto de la procreación humana como de la unión conyugal.

Observemos que el documento condena la clonación de seres humanos por dos razones: (1) está en contra de la dignidad de la procreación humana y (2) está en contra de la dignidad de la unión conyugal. Expliquemos cada una de ellas.

La primera razón se refiere a varias cosas. Una de ellas es la vida misma del embrión humano. Una de las maneras de efectuar la clonación es por medio de la fertilización in vitro, técnica que es muy poco efectiva y que por tanto causa la destrucción de incontables embriones humanos.

Por último, todo ser humano debe ser respetado como un fin en sí mismo y no hecho objeto de manipulación para el fin de otros, ya sean los científicos o los mismos padres de la criatura. Con respecto a los primeros, el documento dice que las técnicas como éstas "no pueden justificarse de modo alguno a causa de posibles consecuencias beneficiosas para la humanidad futura [porque] cada persona merece respeto por sí misma: en esto consiste la dignidad y el derecho del ser humano desde el inicio" (Ibíd.).

Con respecto a los padres que desean tener hijos de esta manera inmoral, el documento enseña que "el matrimonio no confiere a los cónyuges el derecho a tener un hijo, sino solamente el derecho a realizar los actos naturales que de suyo se ordenan a la procreación... el hijo no es algo debido y no puede ser considerado como objeto de propiedad: es más bien un don, el más grande y el más gratuito del matrimonio" (Ibíd., II, 8). De hecho, estas técnicas "lesionan el derecho de la persona a ser concebida y a nacer en el matrimonio y del matrimonio" (Ibíd., II, 6).

La segunda razón por la cual Donum vitae condena la clonación humana, como ya se mencionó, es porque va en contra de la dignidad de la unión conyugal. La Iglesia enseña que Dios ha dotado la unión conyugal de dos valores inseparables: la unión en el amor y la transmisión de la vida. "El acto conyugal con el que los esposos manifiestan recíprocamente el don de sí expresa simultáneamente la apertura al don de la vida: es un acto inseparablemente corporal y espiritual [ya que dicho acto] se fundamenta en la unidad del ser humano, unidad compuesta de cuerpo y alma espiritual" (Ibíd., II, 4). Por lo tanto, cualquier técnica de reproducción que separe estos dos valores, destruya o no la vida humana no nacida, es en sí misma inmoral. De donde se sigue que las técnicas que sustituyen el acto conyugal son inmorales y reducen al ser humano así concebido a un producto de laboratorio y no al fruto de la unión conyugal de sus padres (véase II, 7). Por supuesto, si ya se ha producido artificialmente al embrión humano, su vida debe ser respetada y preservada con los medios que haya al alcance.
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