Tecnología, subjetividad y política




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títuloTecnología, subjetividad y política
fecha de publicación10.03.2016
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Seminario de grado
Departamento de Filosofía

UNMdP
Tecnología, subjetividad y política.

El debate contemporáneo en torno al

estatuto ontológico de la tecnología.
Docente:

Dr. Diego Parente

(CONICET-

UNMdP)

La tecnología como objeto de tematización filosófica:

algunas consideraciones introductorias.

Se puede afirmar que los objetos técnicos y la artificialidad no recibieron un tratamiento sistemático por parte de la filosofía hasta finales del siglo XIX. Una evidencia importante del carácter marginal de la técnica como tópico filosófico es su llamativa ausencia en los ocho volúmenes de la Encyclopedia of Philosophy editada por Paul Edwards (1972). Podría pensarse que esta marginalidad del problema está relacionada con el hecho de que el nivel de desarrollo técnico alcanzado hasta el siglo XVII no presionaba demasiado en dirección de una interrogación filosófica sobre sus posibilidades y peligros latentes. De hecho, el conjunto de herramientas y máquinas disponibles no mostraba propiedades que permitieran pensar en una futura autonomización o en una deflación del control humano. Lo cierto es que, desde finales del siglo XIX, la progresiva artificialización del medio ambiente y la aceleración de las innovaciones técnicas y sus impactos sociales (apuntalados por la Revolución Industrial) han reposicionado el status de lo artificial, abriendo la posibilidad de tomar la técnica como objeto de una reflexión filosófica sistemática. En este contexto surge, hace poco más de cien años, el debate alemán Technik / Kultur. Esta polémica –que dividió a aquellos que defendían el valor cultural de la técnica y aquellos que lo negaban- es un referente inevitable de la posterior crítica de la cultura de masas (Kulturkritik). Actualmente, ya sea a raíz de las alternativas abiertas por las nuevas tecnologías de información así también como por los conflictos éticos suscitados en torno a la biotecnología, el carácter omnipresente de nuestro “ambiente artificial” ha obligado, en cierto modo, a trazar nuevas preguntas y a reformular antiguos interrogantes sobre las implicaciones ontológicas, epistemológicas y axiológicas de la tecnología.

Intentando responder teóricamente a las implicaciones de este acelerado desarrollo tecnológico, en los últimos años han surgido varias nociones que intentan dar cuenta del creciente grado de artificialización y del debilitamiento de la frontera natural/artificial. En este marco suele hablarse de “tecnonaturaleza” (Sanmartín, 1998), “mundo artificial” (Broncano, 2000) y “tecnocultura” (Menser, 1998). Más allá de sus peculiaridades, el lugar común de estas aproximaciones es su énfasis en tres propiedades de la tecnología en el mundo contemporáneo que han merecido un cierto consenso general en este campo disciplinar: (a) su difusión con pretensiones globales, (b) su conexión cada vez más estrecha con la investigación científica, y (c) su carácter reticular.

En primer lugar, la producción y la innovación tecnológicas se insertan en un mercado global cuyo funcionamiento no sólo modifica el ethos de las comunidades locales sino también las relaciones entre los grupos humanos y sus entornos naturales. En segundo término, una vez debilitada la idea bungeana de tecnología como applied science, crece el consenso en torno a la noción de “tecnociencia”. Esta denominación implica reconocer que a medida que la técnica es dotada de apoyo científico, también la investigación científica se ve continuamente dirigida por intereses de tipo industrial o productivo a gran escala. Por último, la técnica se nos manifiesta hoy a través de la presencia de redes a gran escala, interdependientes y frecuentemente apoyadas en una estructura centralizada. A diferencia de la técnica artesanal, la técnica moderna se manifiesta de modo tal que ciertas instalaciones de transporte, comunicación y abastecimiento (ferrocarril, red telefónica, provisión de gas) están ya organizados desde el primer momento como un sistema unitario y amplio. Paralelamente a estas transformaciones, las interrogaciones acerca de la “esencia” de la técnica -que caracterizan el debate de inicios y mediados del siglo XX- se han visto gradualmente desplazadas por tematizaciones de orientación sociológica que intentan dar cuenta del funcionamiento efectivo de tales redes técnicas.1

Es plausible considerar el año 1965 como la fecha de conformación institucional de la filosofía de la técnica como campo particular del saber.2 Ese año se realizó el VIII Congreso Anual de la Society for the History of Technology, primera reunión académica en la que se planteó la filosofía de la técnica como una meta concreta.3 El presente seminario doctoral intenta abordar en profundidad el concepto de técnica a partir de las claves provistas por las discusiones realizadas desde tal fecha de “génesis institucional”.4 Tal restricción no implica desconocer la importancia de los tratamientos ofrecidos por distintos pensadores a lo largo de la historia de la filosofía. Sin embargo, es importante destacar que la remisión a autores clásicos se realizará siempre tomando como referencia el marco dado por las polémicas generadas en dicho debate contemporáneo. Es decir, tales remisiones se harán a la luz de las problemáticas ontológicas, axiológicas y epistemológicas abiertas por la discusión contemporánea (entre ellas: el status ontológico de los artefactos, los límites de la agencia técnica, los vínculos entre conocimiento científico y tecnológico, la neutralidad de la técnica, la cuestión de la responsabilidad en el diseño tecnológico, las implicaciones económico-políticas de su desarrollo).

A fin de esquematizar el estado de la cuestión del problema de este seminario será necesario hacer referencia a aquellas orientaciones y conceptos clave que han dirigido las interrogaciones en el período estudiado. Resulta importante destacar que una de las dificultades con que se tropieza al reconstruir los aspectos fundamentales del debate contemporáneo es, indudablemente, su enorme diversidad metodológica y conceptual. Distinguiremos dos grandes orientaciones de estudio sobre el problema elegido,5 aclarando que esta distinción toma exclusivamente como criterio la metodología utilizada para abordar el problema:


      1. Orientación analítica

      2. Orientación hermenéutico-fenomenológica

► Las reflexiones de orientación analítica parten del criterio general según el cual a fin de conocer un objeto complejo resulta necesario descomponerlo en sus partes simples. En su obra Analitische Technikphilosophie, Friedrich Rapp aclara que tal acceso analítico se refiere sólo al “procedimiento” de reflexión utilizado, y no a los contenidos. Aquello que se busca, según este autor, es una investigación que “teniendo en cuenta puntos de vista históricos y sistemáticos del desarrollo de la técnica, proporcione una visión, ordenada según los grupos de problemas, acerca de las cuestiones y propuestas de solución más importantes, a la vez que una contribución independiente a la aclaración de las cuestiones de fondo” (1981: 27). Los autores pertenecientes a dicha tradición se han dedicado a dar un tratamiento descriptivo y sistemático sobre la naturaleza de la tecnología ofreciendo un considerable número de conceptos operativos. Específicamente, esta modalidad tiende a pensar la tecnología como una forma cultural estrechamente vinculada al conocimiento científico y está preocupada por el esclarecimiento de nociones tales como ‘acción técnica’, ‘agente’, ‘acción intencional’, ‘regla técnica’ y ‘valores tecnológicos’. En términos generales, este enfoque muestra cierta resistencia respecto de la validez de los tratamientos metafísicos sobre este tópico. El legado metodológico provisto por autores como Bunge (1966) y Skolimowski (1966) se manifiesta en la tradición alemana (Rapp, 1981; Lenk, 1982; Ropohl, 1979) y en la española, a través de autores como Quintanilla (1991), Broncano (2000) y Liz (1995). No sería inadecuado incluir en esta orientación a los estudios sobre la racionalidad tecnocientífica provistos por Rescher (1999).
► La orientación hermenéutico-fenomenológica practica un tipo de reflexión que podría resumirse en la afirmación heideggeriana de “un modo de investigar” basado en el “hablar de algo tal como ese algo se muestra y sólo en la medida en que se muestra” (Heidegger, 2000b: 95). Esta orientación se centra en cuestiones concernientes al significado de la técnica y a la determinación de su esencia en relación con la época moderna. En esta tradición de interrogación –que surge como respuesta teórica a la filosofía ingenieril alemana- hay un reconocimiento de la supremacía de las disciplinas humanísticas por sobre las tecnologías, al tiempo que se enfatiza la insuficiencia de los enfoques meramente descriptivos. Esta posición asume mayormente una actitud crítica hacia las implicaciones del desarrollo técnico moderno revelando sus posiciones valorativas de modo explícito. Entre sus fundadores se suele señalar a Martin Heidegger, Lewis Mumford y José Ortega y Gasset, quienes ofrecen una interpretación del significado global o la “esencia” de la técnica. Dando prioridad a esta última cuestión es posible situar en esta orientación diversos análisis sobre el significado ontológico del fenómeno técnico (Ellul, 1960; F. Jünger, 1968; Castoriadis, 2004), sobre el papel compensatorio de lo artificial (Gehlen, 1974 y Maliandi, 1984) y sobre el “modo de existencia” de los objetos técnicos (Simondon, 1969). A su vez, la herencia teórica heideggeriana ha encontrado en la recepción norteamericana (Dreyfus, 1996; Borgmann, 2002; Ihde, 2000) un suelo particularmente fértil para la producción de ideas originales. También autores como Peter Sloterdijk (2000) y Bernard Stiegler (1998) –ambos con una fuerte impronta heideggeriana- deben ser ubicados en esta modalidad de abordaje de la técnica.
Tal distinción entre dos tradiciones metodológicas no pretende, obviamente, agotar ni reducir la valiosa heterogeneidad de enfoques disponibles, algunos de los cuales traspasan las fronteras dificultando una catalogación sencilla. En tal sentido, no sería adecuado desestimar en este panorama la relevancia de las tematizaciones políticas sobre la técnica, aclarando que ellas no están identificadas con una orientación metodológica particular sino más bien con una forma de abordaje teórico que privilegia las implicaciones políticas del fenómeno estudiado. Tales tematizaciones pueden remontarse a los escritos de Karl Marx, especialmente a su tratamiento sobre los medios de producción en Das Kapital. En esta modalidad se incluyen aquellos estudios dedicados a descifrar los presupuestos ideológicos del desarrollo tecnocientífico a la luz de una crítica de la modernidad (Marcuse, 1993; Habermas, 1984), y aquellos que enfatizan la necesidad de democratizar el debate público en torno a la tecnología (Winner, 1979).6
Precisiones sobre terminología básica
Ciertamente los conceptos de ‘técnica’ y ‘tecnología’ son ambiguos e involucran múltiples referentes, de allí que se requiera brindar ciertas precisiones acerca de sus distintos significados y matices. Un primer acercamiento a la cuestión terminológica debería advertir la siguiente peculiaridad concerniente a la tradición lingüística dentro de la cual se reflexiona. Es frecuente hallar en los estudios en lengua alemana y francesa la denominación genérica “Die Technik” y “La technique” respectivamente, mientras que la tradición anglosajona suele utilizar “Technology”. Las dos primeras denominaciones son más amplias que la noción de “Technology”, la cual es mucho más específica y refiere sólo a estadios más avanzados de artefactos o máquinas modernas. Esta diferenciación, que suele tener sentido en castellano y en inglés, pierde interés en el marco de la lengua alemana y la francesa en la medida en que habitualmente se ha priorizado el uso del vocablo Technik o Technique.

Ahora bien, intentando sistematizar la multiplicidad de referentes del concepto de ‘técnica’ acudiremos, en primer lugar, a la clasificación propuesta por Niiniluoto, de acuerdo con la cual dicha noción puede aludir a:


  1. los instrumentos o artefactos que el hombre ha creado para la interacción con la naturaleza

  2. el uso de tales instrumentos

  3. las habilidades (know-how) requeridas para el uso de tales instrumentos

  4. el diseño de los instrumentos

  5. la producción de estos instrumentos

  6. el conocimiento necesario para su diseño y producción (Niiniluoto, 1984: 258).


Al enfatizar uno de los aspectos mencionados se han generado múltiples definiciones de ‘técnica’ que priorizan su aspecto material, el práxico (know-how), el teorético (diseño) o el poiético (producción). A fin de reconstruir los distintos significados que adquieren los términos ‘técnica’ y ‘tecnología’ en el marco del debate contemporáneo se abordará su tratamiento en las dos orientaciones metodológicas explicitadas anteriormente.
a. Orientación hermenéutico-fenomenológica.

En su obra clásica Meditación sobre la técnica, Ortega y Gasset intenta pensar el trasfondo antropológico y metafísico de la técnica. Al respecto sostiene que los auténticos “actos técnicos” son aquellos que modifican o reforman la naturaleza. Esta facultad para alterar el ambiente resulta ser exclusivamente humana. En su planteamiento, la técnica consiste en la “reforma que el hombre impone a la naturaleza en vista de la satisfacción de sus necesidades” (1964: 24). Se trata de una reacción enérgica contra el ambiente natural que conduce a crear una “sobrenaturaleza”. En Der Mensch und die Technik, Spengler se refiere a la técnica como “táctica de la vida entera” (1967: 15). Según este autor, la técnica humana escapa a la coacción de la especie en cuanto el hombre es creador de su propia táctica para enfrentar a la naturaleza, en contraste con el resto de los animales, quienes vienen dotados solamente de una técnica invariable.

Por su parte, Heidegger (1967) no utiliza la denominación “die Technik” para aludir a un conjunto de máquinas o de artefactos, sino para describir un particular modo de desocultación característico de la época moderna. Las continuas referencias heideggerianas a la técnica se vinculan, de tal manera, con una particular relación con la naturaleza que lleva a descubrir toda cosa como recurso disponible o reserva (Bestand).7 En otra aproximación de tipo ontológico, Jacques Ellul (1960) habla de la Technique en términos de un macrofenómeno que no refiere estrictamente a elementos materiales sino a la orientación de una época caracterizada por el reinado de la eficiencia y la primacía de los medios por sobre los fines. El “fenómeno técnico” moderno incluye, según este autor, la totalidad de métodos que racionalmente alcanzan eficacia absoluta en una etapa dada del desarrollo en todos los campos de la actividad humana.

Langdon Winner (1979) incluye dentro de su noción de “técnica” no sólo artefactos sino también habilidades, métodos, procedimientos y rutinas. En la sociedad moderna, tales elementos se manifiestan en una “organización” (es decir, una variedad de dispositivos sociotécnicos) y se estructuran en “redes” (sistemas de gran escala que vinculan a los usuarios con los aparatos). De acuerdo con este autor, todas las herramientas, instrumentos, máquinas, dispositivos, artefactos y armas son ‘aparatos’. Esta categorización posee una limitación importante: no distingue entre mediaciones usadas en labores manuales artesanales cuyos resultados permanecen dentro del alcance inmediato del agente (herramientas o instrumentos) y aquellas mediaciones que, si bien requieren intervención y control humano, trabajan con un mayor grado de autonomía (máquinas).

El valor de estas comprensiones del fenómeno tecnológico radica en su riqueza argumentativa para constituir una crítica de la modernidad y para tomar distancia de la concepción moderna del vínculo entre hombre y naturaleza. Sin embargo, el déficit de las categorizaciones expuestas por los anteriores autores concierne a la amplitud de su concepto de “técnica” y a las dificultades que tal amplitud genera en toda investigación. Comprendida como macrofenómeno o como modo de desocultación característico de toda una época, el concepto no da lugar a distinciones precisas sobre sus componentes y estructuras, y no permite evaluaciones críticas sobre las posibilidades abiertas por las distintas tecnologías. Estas son sumergidas bajo el mismo rótulo impidiendo realizar distinciones sustanciales entre, por ejemplo, artefactos de destrucción masiva y técnicas en biomedicina. Por otra parte, las comprensiones citadas no ofrecen pautas para considerar a la técnica en su desarrollo histórico ni para acceder a sus relaciones con la ciencia.
b. Orientación analítica.

Ciertamente los autores de esta orientación intentan precisar, desde el inicio, un concepto acotado e históricamente sustentable de técnica. De allí que sea frecuente su insistencia en la distinción terminológica entre ‘técnica’ (asociada a conjuntos de procedimientos utilitarios sin apoyo científico) y ‘tecnología’ (procedimientos y saberes fundamentados científicamente, propios de la época moderna y resultantes de la progresiva alianza entre ciencia y técnica producida hacia finales del siglo XIX).

Mario Bunge (1966), uno de los principales referentes de esta orientación, considera la tecnología como “ciencia aplicada”. Uno de los objetivos bungeanos es diferenciar con precisión los territorios de ciencia y técnica a partir de la tesis de que el “conocimiento tecnológico” está hecho de teorías, reglas fundamentadas y datos que surgen como resultado de la aplicación del método de la ciencia a problemas prácticos. En una línea de investigación deudora de Bunge, Manuel Liz define ‘técnica’ como conjunto de actividades o sistemas de acciones artesanales dirigidas hacia el propio cuerpo o hacia el entorno inmediato. Tales acciones se hallan socialmente estructuradas pero no están integradas de modo directo en los modernos procesos productivos industriales ni vinculadas a la actividad científica (1995: 25). Puede hablarse, en tal sentido, de “técnica de relajación”, “técnica de estudio” o “técnica de caza”, comprendida como coordinación inteligente entre sujetos a fin de conseguir un determinado objetivo. La ‘tecnología’, por su parte, alude a sistemas de acciones sumamente integradas en los procesos productivos industriales –generalmente organizados en torno a la institución de la empresa, sea pública o privada- y estrechamente vinculados al conocimiento científico –por ejemplo, la tecnología informática, la nuclear o la aeronáutica (1995: 25-26).

A fin de diferenciar entre ‘técnica’ y ‘tecnología’, Quintanilla (1998) toma el basamento científico como criterio demarcador. Según este autor, la técnica indica un “conjunto de habilidades y conocimientos que sirven para resolver problemas prácticos”, de allí que pueda hablarse de “técnicas productivas” destinadas a confeccionar artefactos. Las técnicas son, por definición, empíricas, precientíficas y asociables a la labor artesanal. En tal sentido, se encuentran basadas exclusivamente en experiencia práctica, no en la aplicación sistemática de conocimiento científico a la resolución de problemas. Por su parte, la tecnología hace alusión a un “conjunto de conocimientos de base científica que permiten describir, explicar, diseñar y aplicar soluciones técnicas a problemas prácticos de forma sistemática y racional” (1998: 65). Aquí vale citar como ejemplo las técnicas productivas de la industria, cuyo desarrollo y aplicación han sido posibles gracias a la existencia de un cuerpo de conocimientos tecnológicos de base científica.

Las ventajas del entramado conceptual propuesto por Quintanilla son múltiples. En primer lugar, permite realizar una distinción precisa a nivel histórico entre técnicas empíricas y tecnología con base científica. En segundo lugar, supera las reducciones de tipo materialista e intelectualista dado que su definición incluye tanto sustratos físicos (artefactos) como know-how operativos. En tercer lugar, destaca el carácter relacional de la acción técnica, insertando el artefacto en el contexto dentro del cual se despliega. Así comprendidas las técnicas se integran, para su funcionamiento efectivo, en el marco de “sistemas técnicos” que incluyen tanto artefactos y agentes intencionales como instituciones y recursos naturales.
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Anexo





Constitución biológica


Modalidad de adaptación

Relación con su entorno

Animal

Ser orgánicamente especializado


Se adapta naturalmente a su ambiente

Sólo posee un Umwelt (medio ambiente)

Ser Humano

Ser inespecializado (morfológicamente desvalido)


Sólo se adapta a su ambiente mediante la creación de una “esfera cultural”

Forma parte de un Welt (representado en una “esfera cultural” particular)


[Cuadro 1] Relación entre especialización e inespecialización

en hombres y animales según Gehlen.

Clase



Fuente inmediata de energía


Fuente inmediata de dirección y control

Ejemplos


Herramientas de mano


Seres humanos individuales

(Fuerza muscular)

Seres humanos individuales




Hachuelas paleolíticas, martillo, cuchillo

Máquinas premodernas



Seres humanos en grupo o animales

(Fuerza muscular)

Seres humanos individuales




Yugo, arado

Máquinas

modernas



-Naturaleza libre (agua o viento)
-Naturaleza controlada técnicamente (máquina de vapor)

Seres humanos individuales o en grupo asistidos por controles mecánicos




Molinos, ingenios
Máquinas de vapor

Herramientas eléctricas



Controlada tecnológicamente y de naturaleza abstracta (electricidad)

Seres humanos individuales y controles mecánicos o eléctricos




Electrodomésticos antiguos, taladros

Aparatos cibernéticos



Controlada tecnológicamente y de naturaleza abstracta (electricidad)

Controles

eléctricos


Computadoras, electrodomésticos con chips, autómatas



[Cuadro 2] Herramientas y máquinas: dimensión histórica,

fuentes de energía y de control.






Instrumentalismo

Sustantivismo


Relación medios/fines


Completa separación entre medios y fines.


Medios y fines se hallan conectados. Los medios constituyen un modo de vida que incluye a los fines




Implicación de valores


La tecnología es neutral, no implica valores.


En tanto que “ambiente” o “forma de vida”, la tecnología implica necesariamente valores




[Cuadro 3] Concepción instrumentalista y concepción sustantivista de

la tecnología según Feenberg (1999).



Nivel de instru-mentalidad


Características


Hallable

en:


Transmitida por:


Tipo de recursos

utilizados




0


Capacidad para funcionalizar el entorno con fines de supervivencia



Todos los organismos vivos


Herencia genética


SOMÁTICOS

(usa exclusivamente recursos corporales)



I


Inteligencia general en términos de capacidad para resolución de problemas (selección deliberada de medios convenientes para consecución de fines)

*En los animales, los útiles -fabricados para tareas inmediatas- se desechan una vez cumplida la función
*Fabricación y uso de útiles (cooperativamente, en el caso de Homo).




Varias especies animales

(primates, insectos sociales, castores, pájaros)

Australopitecinos
Homo habilis

Homo Erectus y otros antecesores de H. sapiens sapiens


Herencia genética

Aprendizaje por :
a) ensayo y error

(primates en general)
b) emulación

(chimpancés en su hábitat)

c) imitación (chimpancés criados en ambientes humanos)



SOMÁTICOS

(techniques du corps, en el caso de Homo)
EXTRA-SOMÁTICOS


II


Inteligencia técnica planificadora sustentada en el diseño como práctica colectiva enmarcada en una cultura

*Fabricación de útiles para fabricar útiles (recursividad)
*Confección y uso planificado de útiles que luego se conservan y legan
*Tanto la acción técnica como los artefactos involucrados en ella portan significados.



Homo sapiens sapiens


Herencia cultural
Aprendizaje mediante instrucción sistemática directa

EXTRA-SOMÁTICOS
(herramientas, máquinas, sistemas autómatas)


[Cuadro 4] Niveles de instrumentalidad.




Enfoques atomistas



Enfoques reticulares




CONCEPCIÓN

PROTÉSICA



Compensa déficit originario




Artefacto aislado

y heterónomo

Agente

Intencional
Funciona como medium neutral

CONCEPCIÓN

INSTRUMENTALISTA





  • Complejo sociotécnico (Mumford, 1977)




  • Ensamble sociotécnico (Bijker, 1995)




  • Redes tecnoeconómicas (Callon, 1992)




  • Sistema técnico

(Hughes, 1987 y

Quintanilla, 1998)


[Cuadro 5] Dos aproximaciones al fenómeno tecnológico.








Agente intencional








  • Artefactos

  • Energía

  • Materiales




Acciones técnicas

(destinadas a cumplir objetivos predeterminados)






Instituciones

(universidades, instituciones tecnológicas y militares, organizaciones internacionales)



Experticia y Know-how

particulares

(para reparar, usar,

diseñar y hacer objetos

técnicos)



Conocimientos
(científico-tecnológicos)


Actores

(ingenieros, inventores, empresarios,

agentes políticos, usuarios/consumidores,

grupos sociales involucrados)



SISTEMA TÉCNICO


[Cuadro 6] Componentes de un ‘sistema técnico’.


1 A su vez, en la discusión académica la noción de ‘progreso’ técnico (idea relacionada con una cierta filosofía de la historia de raíz moderna) se ve gradualmente sustituida por la noción de ‘innovación’, indudablemente una idea más moderada que ya no remite a una teleología explícita.

2 En rigor, los primeros intentos sistemáticos de interrogación por la técnica pueden remontarse a la Philosophie der Technik alemana de fines del siglo XIX, aunque los autores que la conforman (entre ellos, Ernst Kapp) no son estrictamente filósofos sino ingenieros y científicos con fuertes ambiciones teóricas. De tal manera, más allá de que también sea posible rastrear tematizaciones sobre el valor de la téchne en los autores griegos clásicos, sólo se puede hablar del surgimiento de un “campo disciplinar” propiamente dicho a partir de mediados de la década del sesenta del siglo pasado.

3 En el marco de dicho congreso se realizó un simposio titulado “Toward a Philosophy of Technology” en el que participaron Mario Bunge, Lewis Mumford y Henryk Skolimowski.

4 Tal génesis institucional remite, en verdad, a una serie de hechos relevantes entre los que cabe destacar el afianzamiento de la revista Technology and Culture (Chicago), fundada en 1959, publicación en la cual participaron figuras tales como Mario Bunge y Lewis Mumford. La consolidación efectiva de este nuevo territorio académico se produjo varios años más tarde, con la fundación de la Society for Philosophy and Technology (1983). Desde aquel momento se ha registrado un creciente interés en el presente tópico de investigación dentro del ámbito filosófico. Tal impulso se ha plasmado en programas de postgrado (radicados, especialmente, en universidades europeas y norteamericanas) así también como en una serie de publicaciones periódicas dedicadas a la problemática.

5 La clasificación presentada en este plan puede considerarse complementaria de las coordenadas propuestas por Mitcham (1989) y Medina (1995). El primero de estos autores distingue entre una filosofía ingenieril y una filosofía de las humanidades. Medina, por su parte, diferencia entre una tradición analítica y una humanística.

6 En esta modalidad de tematizaciones políticas de la técnica se ubican también los manifiestos de la ecofilosofía y las discusiones relacionadas con tal propuesta (Naess, 1973; Zimmerman, 1994).

7 Por cierto, esta no es la única consideración heideggeriana acerca de la Technik. En la década del ’20 aborda la problemática de los útiles en el marco de su analítica del Dasein, más precisamente bajo la noción de Zuhandenheit. En los años ’30, introduce el concepto de Machenschaft y, ya a partir de los años cuarenta, profundiza esta concepción ontológica de la técnica en diversas conferencias y artículos.


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