Visión histórica del problema del origen de la Vida




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Debido a la falsificación de Piltdown, se tardó más de 20 años para que la mayoría de los antropólogos comenzaran a aceptar la naturaleza casi humana de los fósiles australopitecinos. Por entonces se habían encontrado muchos fósiles similares en otros sitios de África, como los cráneos adultos descubiertos en Sterkfontein, no muy lejos de Taung. El grueso esmalte de los dientes de estos fósiles indicaba que habían sido utilizados intensamente, cosa que había permitido que los dientes se aplanaran antes de que la dentina quedara expuesta, y que probablemente indicaba que poseían una vida media bastante larga comparada con la de los simios. A pesar de la existencia de diferencias respecto de los dientes humanos, fundamentalmente en cuanto a los premolares y molares, que son mayores en los australopitecinos, los fósiles de Sterkfontein mostraban también algunas características diferenciales respecto de los simios, como el reducido tamaño de sus incisivos y caninos. Se estima que la antigüedad de estos fósiles es de unos 2,5 a 3 millones de años.

Robinson y otros autores han demostrado la naturaleza parecida a la humana de material esquelético postcraneal de los australopitecinos, como por ejemplo la pelvis y las vértebras. En este material se aprecía que la curvatura lumbar de la columna indica una postura erguida. Como en los humanos, la transmisión del peso vertical tenía lugar a través del cóndilo exterior de la rodilla, y Ausfralopifhecus era, indudablemente, un caminante bípedo.

En otros lugares de Sudáfrica se han encontrado fósiles de un hominido mayor, de unos 36 a 64 kg, que se agrupan en la especie A. robustus. Junto con su mayor tamaño los miembros de este grupo presentaban dientes y mandíbulas significativamente más grandes. A menudo se representan como una rama colateral de A. africanus, y sus características sugieren que poseían una dieta diferente, probablemente más herbívora, necesitada de mecanismos de trituración más poderosos. El cerebro también era mayor que el de A. africanus, con un volumen de unos 550 cc, pero esta característica estaba asociada probablemente con un tamaño corporal mayor, y no con una inteligencia superior.

Un australopitecino del Plioceno, A. boisei, hallado en África oriental, sufrió aparentemente una selección mayor en favor de molares más grandes aún que A. robustas. Es el australopitecino de mayor tamaño que se conoce, y exhibe varias adaptaciones craneales para soportar poderosos músculos mandibulares para la masticación, lo cual indica una dieta basada en alimentos vegetales duros, como semillas y frutos con cáscaras y vainas duras. Es interesante destacar que una forma de A. boisei, encontrada recientemente en depósitos de 2,5 millones de años de antigüedad en el lago Turkana, Kenia, indica que estos australopitecinos debían haber evolucinado independientemente, aunque de manera paralela, respecto del linaje africanus-robustus). Si seguimos la pista de estos linajes dentro del Pleistoceno, hace menos de 2 millones de años, parece que los molares se volvieron cada vez más grandes a la vez que el rostro se acortaba y se hacía más vertical y con características más humanas. Resulta difícil entender por el momento cuál es el significado de estos cambios paralelos en dos linajes diferentes, dado que se desconocen las fuerzas selectivas que actuaban sobre estos dos grupos.

Existe una serie de fósiles de descubrimiento más reciente, hallados en lugares del África oriental como Laetoli, Tanzania y la región de Afar (Hadar) en Etiopía, que son más primitivos que los grupos anteriores. Estos fósiles, con edades comprendidas entre 3,5 y 4 millones de años, han sido incluidos entre los australopitecinos, dentro de la especie A. afarensis. En la Figura 19-4(f) se muestra una reconstrucción del rostro de esta especie de hominidos, la más antigua que se conoce. En ella se pueden apreciar los pesados arcos de las cejas, la frente baja y la boca prominente. A. afarensis exhibe además un gran número de diferencias craneanas, dentales y esqueléticas respecto de los simios. Por ejemplo, a pesar de que los caninos son mayores en los machos que en las hembras de afarensis, este dimorfismo sexual es mucho menos pronunciado que el que se aprecia entre los simios o entre los fósiles de tipo póngido del Mioceno. La disposición de los dientes, el grosor de la capa de esmalte y los perfiles de desgaste resultantes también resultan modificados, de forma que permiten más movimientos transversales de la mandíbula y mantienen las funciones de corte, aunque potenciando la acción de desgaste lateral.

El esqueleto bastante completo de una hembra afarensis ("Lucy"), hallado en Afar, muestra un cuerpo pequeño, de músculos poderosos, que quizás no superaba los 110 o 120 cm de altura. Poseía brazos relativamente más largos que los humanos modernos, pero su postura habitual y su forma de caminar eran bípedas. Entre las evidencias que apoyan este temprano bipedismo se encuentran ciertas huellas de hace 3,7 millones de años, conservadas bajo una capa de ceniza volcánica en Laetoli. Estas huellas corresponden a dos individuos que caminaban por la misma senda separados por más de 20 metros, y son claramente de homínidos bípedos. Esto demuestra que el bipedismo debe haber precedido a muchas otras adaptaciones típicamente homínidas, como la posesión de un cerebro de mayor tamaño.

Dado que todas las reconstrucciones esqueléticas de los australopitecinos muestran que poseían una postura bípeda, el género humano posterior, Homo, debió haber evolucionado a partir de una población dentro de aquel grupo. Existe bastante acuerdo en que A. africanus se encuentra en o muy cerca de la base de la filogenia de los homínidos y los australopitecinos deben ser contemplados como un grupo que estaba sufriendo un cambio evolutivo importante.
 
 
 
 


HOMO

Los fósiles más antiguos adscritos al género Horno se han hallado en depósitos de África oriental y de Sudáfrica, y han sido fechados en el límite entre el Plioceno y el Pleistoceno, hace entre 2,2 y 1,8 millones de años. Estas formas primitivas, denominadas al principio Horno habilis por Louis Leakey, eran tan bajas como A. afarensis, con machos cuya altura podía alcanzar los 1,3 metros y un individuo fósil reciente cuyo tamaño es próximo a los 90 cm. Sin embargo, su capacidad craneana era aproximadamente de 600 a 700 cc, lo que apunta a un despegue significativo de la línea de los australopitecinos. Junto a estos fósiles se han hallado utensilios, cosa que indica claramente que estos homínidos se ocupaban en la fabricación de herramientas de piedra siguiendo un patrón regular. Los productos de este tipo pertenecen a la industria de piedra de Oldowan. Las herramientas se utilizaban aparentemente para la caza y para el despiece de los animales, particularmente pequeños reptiles, roedores, cerdos y antílopes, y probablemente eran utilizados también para hurgar en restos de animales tan grandes como los elefantes. Estos hallazgos no implican que los australopitecinos, más primitivos, no hubieran utilizado herramientas o no se hubieran dedicado a la caza, sólo que las herramientas de los australopitecinos, piedras, huesos y palos, eran aparentemente más sencillas y menos alteradas por sus portadores, por lo que resulta difícil distinguirlas de objetos similares de estos depósitos que no eran utensilios.

Hace unos 1,8 millones de años, poco tiempo después del cierre del periodo fósil de H. habilis, aparecen nuevos grupos de homínidos fósiles más altos que sus predecesores, pudiendo alcanzar los 1,6 metros. Estos individuos se distinguen también por poseer cráneos más gruesos, arcos de las cejas' más prominentes, dientes más pequeños y volúmenes cerebrales mayores (de 750 a más de 1.000 cc). El primero de estos fósiles, denominado en la actualidad H. erectus (Fig. 19-11(b)), fue descubierto por Dubois en 1891 en Trinil, Java, y se han encontrado otros ejemplares también en África, China y Europa. A menudo se encuentran signos de la utilización de fuego y evidencias de una utilización considerable de herramientas de piedra, incluyendo grandes hachas de mano del tipo Acheulense (Fig. 19-12(b)). En general, las evidencias indican que la mayoría o todos los grupos de E. erectus habían comenzado la caza a gran escala de grandes presas como los ciervos, los elefantes o los jabalíes salvajes.

Si se conocieran todos los grupos de H.erectus que existieron a lo largo del tiempo, es probable que las diferencias entre ellos fueran suficientes como para definir nuevos niveles evolutivos e incluso quizás nuevas especies. Sin embargo, estas distinciones afectan a caracteres anatómicos y comportamentales que no siempre son perceptibles a nivel fósil, por lo que todavía es difícil detectar los puntos en los que tuvieron lugar separaciones o transiciones. Las diferencias son incluso más confusas respecto de nuestra propia especie, H. sapiens. Por ejemplo, los hominídos fósiles hallados cerca del Río Solo, en Java, tienen menos de 250.000 años, y poseen volúmenes cerebrales medios de 1.100 a 1.200 cc. Estos tamaños son significativamente mayores que los de los fósiles de H. erectus del Pleistoceno medio que se encuentran en el mismo área. Pese a ello, se parecen a los fósiles viejos en que los arcos de sus cejas siguen siendo prominentes, y también en algunas otras características. Los fósiles europeos (de Swanscombe en Inglaterra, o Steinheim en Alemania) cuyas edades son próximas a los 200.000 años, también poseen un mayor volumen cerebral y caracteres anatómicos intermedios entre H. erectus y H. sapiens.

Así, si es cierto que H. sapiens evolucionó a partir de un grupo de H. erectus, este cambio no es brusco, sino que se da a través de cambios graduales que se pueden encontrar en varias poblaciones intermedias. Lo que se sabe es que en la época en que aparecieron los Neanderthales europeos (Y sapiens neandenhalensis, Fig. 19-11(c)) junto con tipos similares hallados en Zimbawe (Africa) y Shanidar (1rak), o sea, entre 50.000 y 100.000 años atrás, los humanos habían alcanzado ya su volumen cerebral medio actual (1.300 a 1.500 cc). A pesar de que estos tipos son algo más bajos que los humanos actuales y muestran unos arcos de las cejas característicos, mandíbulas grandes y mejillas pequeñas, junto con otras reliquias anatómicas, tanto social como comportamentalmente eran bastante avanzados en muchos aspectos: aparentemente eran expertos cazadores de grandes animales como el oso de las cavernas o el mamut; produjeron muchas herramientas de piedra complejas; y aparentemente llevaban a cabo ceremonias rituales de tipo social, incluyendo la colocación de flores sobre las tumbas de sus muertos. Muchos antropólogos, aunque no todos, piensan que los Neanderthales merecen un puesto dentro de H. sapíens tanto como las razas más evolucionadas, es decir, H. sapiens sapiens (Fig. 19-11(d)), que comenzaron a sustituir a los Neanderthales en varios lugares del mundo hace unos 40.000 años.

Hasta ahora, entre los fósiles más antiguos de humanos modernos se encuentran los hallados en el Monte Carmelo, en Israel, que datan de hace 90.000 años (Stringer et al. ). Se han hallado otras formas de transición en algunas localidades del Oriente Próximo, todas ellas asociadas con la denominada industria Musteriense de la Edad de Piedra (Fig. 19-12(c)). Dado que la cultura Musteriense está también asociada a los Neanderthales, debió existir un importante solapamiento cultural entre estos diferentes grupos de H. sapiens. En cualquier caso, alrededor de 35.000 años atrás comenzó en Europa una era denominada el Paleolítico Superior (1a última parte de la Edad de Piedra Antigua). Esta era se caracterizó por la existencia de nuevos métodos de trabajado del pedernal para la obtención de herramientas de piedra. Estas culturas, de las que la más antigua fue la Auriñaciense (Fig. 19-12(d)), están asociadas a un cambio marcado en los fósiles humanos. En aquel momento, aparentemente, fue cuando los Neanderthales se vieron sustituidos por los tipos de Cro-Magnon, que exhibían una reducción en los arcos de las cejas, una elevación de la bóveda craneal y una reducción del tamaño del rostro, menos prominente. Aparecen muchos ejemplos de arte representativo, pintado en paredes de cuevas y esculpido en arcilla o en hueso. En esencia, los humanos modernos habían llegado a Europa y a todos lados, y estas nuevas formas pueden ser consideradas entre las razas humanas de la actualidad.

La Figura 19-13 muestra un esquema filogenético posible que establece de manera bastante general las relaciones entre los diferentes grupos de homínidos fósiles conocidos, comenzando por A. afarensis. Aunque siguen sin conocerse los sucesos transicionales exactos que tuvieron lugar entre estos grupos, el punto final de esta fílogenia -las relaciones entre las razas humanas actuales- puede actualmente ser analizado utilizando técnicas moleculares discutidas en el Capítulo 12. Utilizando una de estas técnicas, Cann et al. han utilizado las diferencias entre los DNAs mítocondriales (mtDNA) para determinar una filogenia en la que la secuencia ancestral de mtDNA, de la que supuestamente derivan todas las secuencias de mtDNA de los humanos modernos, tenía probablemente un origen africano, y dataría de un período comprendido entre los 140.000 y los 290.000 años.

En general, sus hallazgos apoyan las evidencias fósiles que indican que las formas arcaicas de Horno sapiens se hallaban ya presentes en África entre 100.000 y 200.000 años atrás (Clarke; Stringer y Andrews). A partir de estos inicios, H. sapiens radió hacia diferentes localidades y se diferenció para dar lugar a varias razas, sustituyendo aparentemente las razas autóctonas de H.erectus. Esta idea está apoyada por el hecho de que todas las secuencias de mtDNA de H.sapiens derivan de una única secuencia africana, y que no existen evidencias de hibridación con otras formas homínidas nativas, más primitivas (como el H. erectus asiático), que probablemente poseían secuencias de mtDNA muy diferentes.

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