Requisitos mínimos /demanda de inconstitucionalidad




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títuloRequisitos mínimos /demanda de inconstitucionalidad
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fecha de publicación06.08.2016
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Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia. En su concepto informa que la dignidad humana de los domadores y en muchas ocasiones del público se vulnera por la exhibición y mantenimiento de animales silvestres en los circos, ya que estos pueden causar ataques mortales por agresión física o transmitir un sinnúmero de patologías de origen viral, bacteriano, micótico, parasitario o por priones, empezando por los mismos trabajadores de los circos. Afirma que “el interés general de la sociedad consiste en poder asistir a un espectáculo recreativo, sin poner en riesgo su salud, su integridad física, ni su vida, y en disfrutar de actos que sean netamente artísticos y culturales, y no en expresiones de maltrato animal que no educan, y desfiguran la verdadera naturaleza de los animales silvestres, que deben estar en su hábitat naturales, o al menos en recintos que lo simulen y que sean lo suficientemente cómodos, para que puedan ser mantenidos sin temor, angustia o estrés”.
Señala que el Estado debe velar por el bienestar de la comunidad y por la salud de sus ciudadanos. Anota que los circos mantienen animales silvestres peligrosos (grandes felinos, osos, elefantes, primates) que en caso de escape ponen en peligro la vida de las personas. Sostiene que la Ley 1638 de 2013 busca solucionar definitivamente los problemas de la tenencia de animales silvestres en los circos por sus condiciones inadecuadas (recintos estrechos, supervisión veterinaria poco frecuente, situaciones de estrés, obligación de ejecutar actos no naturales, convivencia cercana con otras especies que son predadores o presas como los caballos que conviven con grandes felinos, itinerancia forzada, convivencia cercana con humanos, cambios de clima y entorno). Los entrenadores y cuidadores no tienen vigilancia médica estrecha (deberían estar vacunados contra rabia, hepatitis B y tétano, y realizarse controles periódicos de tuberculosis, salmonelosis, brucelosis y parasitismos).
Encuentra que el trabajador de entrenadores y cuidadores no responde a una formación profesional, técnica ni tecnológica, así que el cambio de roles puede ser una alternativa. Es frecuente que los trabajadores de los circos desempeñen múltiples papeles en los espectáculos y puedan adaptarse a trabajos diferentes y más seguros que no impliquen el contacto con animales peligrosos. Explica que el circo es una manifestación cultural foránea, que no hace parte de la identidad nacional. Añade que las personas que acuden a espectáculos culturales tienen el derecho a que estas manifestaciones sean educativas, por lo que observar animales silvestres mantenidos en condiciones antinaturales, realizando actos contrarios a su comportamiento natural, no aporta educación, más allá del simple entretenimiento. Indica que los circos pueden recurrir a un sinnúmero de actos artísticos como malabarismo, trapecismo, equilibrismo, payasos, magia, baile, música, canto, teatro, entre otros, que resaltan la identidad nacional.
Como expresión de cultura contemporánea estima que los circos están en completa libertad de desarrollar los actos artísticos que no incluyan animales silvestres, como lo hacen muchos en el mundo. Los actos con animales silvestres son solo un componente del espectáculo circense y la existencia de numerosos circos sin animales prueba que es posible desarrollar tal actividad de manera exitosa y próspera.
Expresa que el libre desarrollo de la personalidad de los propietarios y domadores de los circos al querer seguir trabajando con animales silvestres, se ve limitado por el derecho de la sociedad a garantizar su integridad física y su salud, así como el acceso a una cultura que eduque y dignifique los valores, al igual que por el orden jurídico. Observa que cuando un menor de edad acude a un espectáculo circense con la exhibición de animales silvestres y contacto cercano con estos, expone su integridad física y su salud. Las enfermedades se transmiten no solo por estar cerca de los animales infectados, sino por aerosoles (en el aire), por fómites (objetos inanimados como ropa, zapatos, sillas, escobas) y por vectores (insectos y otros artrópodos que diseminan el patógeno por picadura o por contacto directo, como los mosquitos, pulgas, piojos). El riesgo de escape de un animal silvestre pone en peligro la vida de los niños que asisten a los actos. Añade que “es educación enseñarles que los animales silvestres deben estar en su hábitat natural o en recintos que lo simulen […], que son animales peligrosos y que no deben estar ubicados en los poblados humanos […]. El comportamiento normal de los animales silvestres no es el observado en los circos, sino que está descontextualizado y deformado, y puede incitar a los niños a la imitación de la conducta de los domadores”.
En cuanto a la recreación señala que los circos pueden continuar ofreciéndola con un sinnúmero de espectáculos artísticos. Para disfrutar el tiempo libre con la observación de animales silvestres en un contexto educativo apropiado existen los zoológicos debidamente reglamentados, que mantienen a los animales en buenas condiciones de salud y presentan un ambiente similar al natural dentro de un contexto de educación en respeto a las formas de vida y a su conservación. Advierte que en el caso de los animales nativos estos son patrimonio y propiedad de la Nación, por lo que no pueden ser mantenidos por particulares en los circos (Decreto 1608 de 1978). Por el derecho a gozar de un ambiente sano sostiene que debe terminarse con la exhibición y mantenimiento de animales silvestres en los circos.
Respecto a la actividad económica de los circos derivada del uso de animales silvestres para exhibición de sus actos, señala que se ve limitada por el bien común. En esa medida, encuentra que la libre competencia económica de las empresas circenses implica responsabilidades y una de ellas es entender y aceptar que la tenencia y exhibición inadecuada de animales silvestres implica un riesgo para la sociedad por la posible transmisión de enfermedades infecciosas y el riesgo de ataques que ponen en peligro la vida.
Estima que no puede hablarse de trato discriminatorio entre animales silvestres y no silvestres (domésticos), por cuanto “la diferencia entre unos y otros está claramente establecida, siendo los animales domésticos aquellos que han convivido con el humano durante siglos, dependen de éste para su alimentación y cuidado, y de los que se conoce mayor información sobre su manejo, comportamiento, enfermedades, medicina preventiva, vacunaciones, etc. Estas características hacen que los animales domésticos sean de fácil tenencia, bajo ciertas responsabilidades y obligaciones de sus propietarios, mientras que los animales silvestres pertenecen a ecosistemas específicos, no requieren del humano para sobrevivir, son naturalmente agresivos y no han sido lo suficientemente investigados como para conocer todas sus enfermedades y poder establecer así medidas que prevengan su aparición y transmisión. Por ello la tenencia de animales silvestres requiere de personal especializado, instalaciones apropiadas, medidas de bioseguridad altas, y en general de muchos más cuidados especiales que los animales domésticos”.
Universidad de Antioquia, Facultad de Ciencias Agrarias134. Inicia su concepto manifestando que existe consenso en la literatura científica sobre las condiciones inadecuadas de alojamiento de los animales en los circos. Señala que mantener animales silvestres en espacio reducidos (cautiverio) les puede generar un diestress que es el primer paso para debilitar el sistema inmune de los animales, que puede llevarles a sufrir enfermedades. Informa que la alimentación de los animales silvestres requiere de dietas balanceadas que varía con la especie, sexo y estadio de vida. Las dietas inadecuadas son la principal causa de enfermedades. No hay variedad en las dietas aplicadas que con el tiempo deja déficit de algunos nutrientes que llevan a problemas de articulaciones o de obesidad.
Precisa que los animales silvestres a diferencia de los domésticos, encubren los síntomas clínicos de las enfermedades (en vida silvestre mostrar signos de enfermedad los haría presa fácil de otros animales), que cuando se evidencian están generalmente muy avanzadas resultando los tratamientos inefectivos. Estos problemas son propios de la tenencia de animales silvestres en circos o en casas, en tanto que los zoológicos usualmente tienen veterinarios, biólogos y zootecnistas.
Sostiene que el mantener animales enjaulados durante todo el año y someterlos a largas jornadas de transporte en los circos itinerantes, plantea un cuestionamiento a la luz de los hábitos naturales de la especie, haciéndose evidente en la comunidad la inconveniencia de presentar los animales como actores del espectáculo135. En los circos los animales no viven en su hábitat natural, sino que son confinados en jaulas y el hecho de nacer en cautiverio no justifica mantener un animal silvestre en tal condición. Es el hábitat natural en la cual deben llevar a cabo todo su ciclo de vida natural incluyendo su reproducción.
Resalta que los circos no pueden mantener animales de fauna silvestre para lucro propio, ya que pertenecen a la Nación. En el caso de los animales domésticos son considerados como propiedad privada. Tratándose de bovinos y equinos se propician más las condiciones naturales de la especie, al mantenerlos en pastoreo y confinamiento temporal cuando son llevados al ordeño en los casos de producción bovina especializada de leche o doble propósito, o al corral para las prácticas de manejo, zootécnicas y de medicina preventiva.
En cuanto a los riesgos de trabajar con animales silvestres cita a la Organización Mundial de Sanidad Animal OIE para destacar que: i) más del 60% de los patógenos son de origen animal, de los cuales el 70% proviene de la fauna silvestre, y el 75% de las enfermedades infecciosas de origen animal pueden transmitirse al hombre; ii) el comercio mundial de fauna silvestre engendra mecanismos de transmisión de enfermedades que pueden ocasionar no solo enfermedades humanas, sino que amenazan la producción animal (ganadería), las poblaciones silvestres nativas y el equilibrio de los ecosistemas; y iii) la OIE apoya el enfoque de “una sola salud” que significa brindar un apoyo sostenible y sólido a la prevención coordinada de las enfermedades que tienen repercusiones sobre la salud pública y animal en la interfaz entre humanos y animales136.
A juicio de la institución académica la ley demandada “contribuye a preservar el concepto de una sola salud –y de paso prevenir la transmisión de enfermedades zoonóticas emergentes y remergentes- al restringir o prohibir el uso de animales silvestres en los circos, entre los cuales se contaría especies que hayan sido capturadas en su hábitats naturales, sin el debido seguimiento zoosanitario que requieren”. Observar los animales silvestres en un circo dista mucho de favorecer la educación de los niños, más bien alienta a tenerlos como mascotas y con ello fomentar el comercio ilegal de fauna silvestre en Colombia.

Advierte que una legislación reciente de la Cámara de los Comunes en Inglaterra137 señala que en el momento actual las posibilidades tecnológicas permiten a los menores de edad tener una visión más cercana a la realidad sobre los animales y hábitats naturales, sin tener que recurrir a su captura y encerramiento. Pone de presente el éxito obtenido por los zoocriaderos que tienen en el público infantil su principal clientela, por su labor de conservación y promoción de especies en peligro de extinción138. Informa que no se debe propiciar el uso, distribución, comercialización o promoción de la tenencia de fauna silvestre.
Halla la Ley 1638 de 2013 conforme a la Constitución al preservar el bienestar animal y promover las cinco libertades que les debe preceder. La restricción de animales silvestres en circos permite controlar el comercio ilegal de fauna silvestre en Colombia que beneficiaria su conservación; la ruptura de ciclos de transmisión de enfermedades infectocontagiosas para con los animales domésticos139 y los humanos, para así contribuir a preservar la salud pública140. Insiste en que la captura, transporte y comercio de animales silvestres no criados en lugares legales (zoocriaderos), además de ser ilegal en Colombia, es realizada por personal que no tiene capacitación mínima sobre los cuidados que se deben guardar para prevenir la transmisión de enfermedades infectocontagiosas. Señala que si bien los propietarios de espectáculos circenses pueden argumentar la legalidad de la procedencia de los animales empleados, queda latente la posibilidad de que en cualquier momento de la cadena de adquisición de los animales se haya incurrido en la consecución ilegal de alguno de ellos.
Explica que la tenencia de animales silvestres en Colombia es propiedad del Estado y puede ser usada por personas naturales o jurídicas en cuanto ejerzan una función social. No entiende cómo la tenencia de animales silvestres exóticos o autóctonos pueda contribuir a proteger los recursos naturales, además de que no es apropiado inculcar en los menores de edad la observación de animales silvestres en jaulas y realizando actos circenses que no son propios de sus comportamientos naturales.
Propone como analogía la siguiente: “si el grupo de próceres de la independencia no hubiera pensado que no debíamos seguir siendo esclavos, es posible que no se hubiere dado la guerra de independencia que nos llevó de ser esclavos del rey de España a ser ciudadanos colombianos libres. Del mismo modo, vale la pena preguntarse si nuestra sensibilidad por el bienestar de los animales, en particular de las especies silvestres, no ha evolucionado lo suficiente para propiciar una legislación que permita la exclusión de los actos en los cuales son mantenidos en condiciones diferentes a las de su hábitat.
Sobre la actividad desarrollada por los animales silvestres en los circos por generaciones, precisa que estas actividades no son el resultado de un acto voluntario de los animales, sino el resultado de entrenamientos por el hombre, quien al pretender humanizarlos termina limitando el comportamiento propio de su especie. De igual modo, manifiesta que la ley demandada establece un plazo razonable de dos años para que los propietarios acoplen sus números circenses de tal manera que no incluyan a los animales, los saquen del país o los entreguen a la autoridad sanitaria para que se ocupe de ellos. Ello implica que los animales silvestres de los circos tendrán la posibilidad de regresar a sitios en donde podrán ser sometidos a procesos de rehabilitación, para recuperar sus instintos naturales que le permitan sobrevivir y acoplarse nuevamente a la vida silvestre, para su posterior reintroducción.
Anota que en casos extremos los animales podrían ser entregados a zoológicos para programas de educación, sensibilización del público general o reproducción (si la especie es nativa y esta amenazada) o en último caso sometidos a eutanasia si las opciones anteriores no son viables. Agrega que el hecho de que un animal de una especie silvestre muera, no afectaría el equilibrio de los ecosistemas colombianos, pero si contribuiría a que los animales de la especie no fueran cazados en sus hábitats, evitando el fomento del comercio ilegal en sus países de origen.
Expone que la promoción adecuada de un espectáculo que excluye el uso de animales redundaría en la aprobación de un número mayor de usuarios que verían con muy buena impresión el hecho de no incluir los animales en el espectáculo. Espera que “se adquiera la cultura del rechazo al malestar de los animales del circo, pero este se podría lograr mediante otras alternativas que han sido propuestas en países como Inglaterra, Holanda y países escandinavos, en los cuales se ha prohibido el uso de animales silvestres en los circos141, y en algunos Estados en los Estados Unidos142”. Expresa que a las nuevas generaciones se les debe formar en un profundo respeto por el bienestar animal, que aprendan a valorar a todo ser vivo y tengan como principio que respetar el bienestar animal es una forma de aprender a respetar a sus congéneres humanos y a valorar la vida. Concluye que de las investigaciones realizadas no hallaron publicación alguna que permita constatar que los circos, sus compañías financiadoras o sus propietarios hayan generado conocimiento sobre las especies de fauna silvestre que manejan.
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