Requisitos mínimos /demanda de inconstitucionalidad




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Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Como especies más empleadas en los circos aporta la siguiente información:


Especies silvestres exóticas

Nombre común

Ursus arctos

Oso

Panthera leo

León

Loxodonta africana

Elefante africano

Equus quagga

Cebra

Mandrilus sphins

Mandril

Macaca nemestrina

Macaco

Papio hamadryas

Papión

Struthio camelus

Avestruz

Pan troglodytes

Chimpancé

Camelus dromedarius

Dromedario

Macropus rufus

Canguro gigante

Giraffa camelopardalis

Jirafa



Especies silvestres nativas reportadas

Nombre común

Tremarctos ornatus

Oso de anteojos

Primate

Mico

Otaria byronia (flave scens)

Lobo marino

Ateles spp

Mono araña

Puma concolor

Puma

Tursiops truncatus

Delfín

Corallus annulata

Boa anulata


Señala que durante el periodo 2003-2009, de 90 circos reportados como visitantes o residentes en el país, el 44% incluyeron el uso de fauna doméstica y no doméstica. Del grupo de no domésticos el 43% de los circos emplearon especies silvestres exóticas y un 22% especies silvestres nativas99. Entre 2008-2009 estima que se hizo presente 13 circos con animales con aproximadamente 56 especímenes de los cuales el 96% son exóticas, que implicó una reducción del 87% de nativas en comparación con el periodo de 2001-2002.
Anota que “usualmente los felinos en los circos son sometidos a cirugías innecesarias como el caso de la oniquectomía, procedimientos que pueden generar complicaciones y alteraciones físicas y en su comportamiento100. Indica que los individuos mantenidos en cautiverio en el circo se encuentran en “condiciones de confinamiento, falta de estímulos y pérdida de control sobre su entorno. Al estar constantemente en contacto con otras especies de animales desarrollan comportamientos de huida, taquicardia y otros signos de estrés que hacen que siempre estén en alerta”. Los circos tienen el hábito de desplazarse (transporte) durante largos periodos lo cual expone a los animales a “permanecer en condiciones de hacinamiento e insalubridad además de estar sometidos a todos los rigores climáticos y de temperatura”. Además, el cuidado de especímenes mantenidos en espectáculos circenses “requiere de personal que cuente con conocimiento y experiencia en manejo de los animales con el fin de garantizar las condiciones de bienestar animal que requieren y evitar accidentes ocasionados por el manejo inadecuado de personas inexpertas que pueden poner en riesgo tanto la vida de los animales como de los trabajadores”. Afirma que los animales silvestres “en su entorno natural tienen libertad de desplazamiento para ir en busca de su alimentación”, siendo algunas especies solitarias y otras gregarias. Los animales son “seres sintientes, tienen la capacidad de sufrir física y psicológicamente, sienten miedo y angustia lo que los lleva a desarrollar comportamientos de agresividad”.
En cuanto a la adquisición de especímenes recuerda que la Ley 17 de 1981 aprobó la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres CITES en Colombia, por lo que los listados en los apéndices II y III deben contar con los permisos legales y las especies del apéndice I son los que están en peligro de extinción. Precisa que el Gobierno no ofrece apoyo financiero a los circos. Concluye que la ley acusada busca proteger las especies silvestres nativas o exóticas en el territorio nacional, mediante la prohibición del uso de animales silvestres en circos fijos e itinerantes, “finalidad que está en concordancia con las tendencias mundiales”.
Animal Defenders International ADI101. Inicia su exposición mencionando que el circo está en constante cambio y muestra históricamente el desarrollo de diferentes modalidades acrobáticas entre griegos y romanos, desde el estadio olímpico de los primeros hasta el circo máximo de los segundos102. En los últimos 25 años han aparecido nuevas formas de circo que disfrutan de gran éxito y ha incrementado el interés público, habiendo nuevas perspectivas como el tener habilidades en diferentes áreas de expresión artística. El circo contemporáneo se diferencia del tradicional en que ya no emplean animales, sino que hay un enfoque más artístico en las actuaciones y la colaboración con otras artes como el drama, el teatro y la danza, lo cual ha atraído a nuevos públicos, recuperándolo como una forma de arte103.
Expone que el objeto de la ley demandada no es poner fin a los circos, sino limitar una de sus categorías como es la del uso de animales silvestres, buscando humanizar el espectáculo y con ello beneficiar a todos. El empleo de animales salvajes o exóticos para algo tan trivial como el entretenimiento, es cruel y envía un mensaje equivocado sobre cómo debemos proteger a los animales. Dice que la conciencia sobre cómo los animales deben ser tratados crece, siendo desafiadas por nuevas alternativas de diversión que gozan de mayor aceptación. Existe la televisión, el cine, el internet, el teatro, la danza, la música, exposiciones artísticas, herramientas de multimedia, de las cuales disponen hoy en día los menores de edad que les permite aprender la naturaleza de los animales como alternativa educativa. Mantener elefantes encadenados o tigres en jaulas ubicadas en la parte trasera de los camiones, no hace parte de la vida tradicional colombiana. Cita al Cirque du Soleil que nunca ha usado animales y goza de reconocimiento mundial por su calidad, innovación y nivel artístico. Otros también son exitosos como el circo Muro de Espuma que durante 11 años ha realizado el festival internacional de circo de Bogotá, donde el único animal es el hombre; el circo Medellín que cuenta con una carpa que recibe a jóvenes víctimas del conflicto; el circo Para Todos desde hace 15 años, donde más de 2500 niños y jóvenes de barrios populares de Cali han participado en talleres comunitarios, que ha recibido premios internacionales. Añade que la familia mexicana Gasca, representada por Producciones Tequendama PROTEQUEM en Colombia, si bien cuenta con espectáculos circenses que usan animales, también son propietarios del Gran Circo Ruso sobre Hielo que no incluye animales.
En un estudio realizado por el Ministerio de Cultura104 señala que pudo determinarse de los 79 circos identificados en Colombia que 25 correspondía a los tradicionales y 54 son contemporáneos. Así mismo, una encuesta de Datexco Company S.A. en 2010 muestra que el 70.2% está en desacuerdo con permitir a los circos la presentación con animales. Además, un sondeo virtual realizado por noticias Caracol el 15 de noviembre de 2012 prueba que el 86% de los votantes están de acuerdo con la prohibición. Adicionalmente, al retirar la exhibición de animales en actividades circenses se podrá ser beneficiario de la Ley 1493 de 2011 sobre formalización del sector del espectáculo público de las artes escénicas, que en el parágrafo 1 del artículo 3º enuncia que los circos con animales no son considerados como espectáculo público de las artes escénicas, por lo que no reciben los beneficios de esta ley. Encuentra que la ley demandada permite al Estado cumplir la obligación constitucional de proteger la vida y la seguridad pública, para lo cual reseña que tanto empleados del circo como espectadores (incluye niños) han sido asesinados y mutilados por animales de circos105. En Colombia el 16 de abril de 2009 escaparon dos leonas del Circo Gigante Americano en el centro de Calarcá, entrando una de ellas a una vivienda que puso en grave peligro a la familia, Se tardó más de tres horas en capturarlas, además de que el propietario no tenía el permiso CITES, ni el salvoconducto único para la movilización de especímenes.
Encuentra difícil prevenir que la fauna silvestre local no entre en contacto con los animales del circo, ya que son atraídos por las fuentes de alimentos, lo que facilita la propagación de enfermedades en un doble sentido, con el agravante de que los animales de los circos no cumplen con periodos de cuarentena en cada sitio de llegada, por lo que son candidatos a reservorios de patógenos, exponiendo la salud de los animales del circo y los de la zona, como de las personas, al transmitir diferentes agentes incluyendo aquellos de tipo zoonótico como la tuberculosis y micobacteriosis106. Harris y otros 2006 informan que los elefantes africanos en cautiverio pueden transmitir el virus letal del herpesvirus endoteliotrópico (EEGV) y que animales en vida libre pueden transmitir a los leones y tigres en cautiverio el virus del Distemper. La tuberculosis puede transmitirse de elefantes a humanos sin necesidad de contacto físico. Sternberg y otros concluyen que los elefantes en cautiverio se han convertido en una fuente inesperada de tuberculosis107. A nivel internacional más de 20 gobiernos del mundo han considerado que no es necesario el empleo de animales en los circos, aprobando prohibiciones a nivel nacional, además de numerosas ciudades y regiones con proscripciones locales. En Colombia iniciativas locales exitosas se han desarrollado en Antioquia, Pereira, Valle del Cauca y Tolima. El Plan de Desarrollo Distrital de Bogotá, 2012-2015, contempla eliminar toda forma de exhibición de animales en espectáculos circenses.
Atendiendo los efectos negativos de la vida en cautiverio indica que los animales no pueden ser liberados a su medio natural porque no sobrevivirían. Por ello, en el caso de animales exóticos como tigres, elefantes, leones, etc., serían trasladados a santuarios que cuentan con hábitats especializados lejos del maltrato, viajes prolongados, entrenamientos. En Bolivia ADI trabajó con las autoridades para implementar la ley que entró en vigor, siendo los animales rescatados y trasladados de manera segura a santuarios especializados108. En 2004, ADI junto con otras organizaciones animalistas y la SAG (Servicio Agrícola y Ganadero) en Chile, rescataron a Toto del circo König, un chimpancé que vivió más de 25 años encerrado en las carpas del circo, siendo rehabilitado adecuadamente viviendo ahora en un santuario para chimpancés en África. Expone que después de la expedición de la Ley 1638 de 2013 en Colombia, propuso al Ministerio de Ambiente ayuda, soporte y experiencia para realizar el rescate y la reubicación de los animales109. Subraya que el uso de animales en los circos no proporciona ningún valor educativo a la audiencia, toda vez que lo que se aprecia es una caricatura de animales efectuando trucos que no se acompasan con su estado de naturaleza. Los animales bajo entornos medio ambientales inadecuados y una desorganización social incurren en el abandono de los hijos. La gran mayoría de los animales utilizados en los circos son híbridos y no tienen valor para la conservación (Harris y otros 2006), además que pueden portar y transmitir enfermedades que podría devastar las poblaciones silvestres110.
Califica de mito que los animales del circo son entrenados con refuerzo positivo y recompensa. Señala que los animales sufren el confinamiento, la privación de sus necesidades y un severo maltrato. El adiestramiento, transporte frecuente, espacio limitado, insuficiente atención, aislamiento o separación de grupos, la agrupación indebida, el contacto con humanos y multitudes, factores inherentes a la rutina circense, causa en los animales estrés, aumento del ritmo cardiaco, alteración de niveles hormonales, disminución de la respuesta inmune ante enfermedades, niveles hormonales que afectan la preñez, pérdida de peso, aumento de agresión y presencia de comportamientos estereotipados (movimiento repetitivo sin función obvia que muestra que el animal no se ha adaptado y padece trastorno mental). Estudios de ADI y otros en la literatura científica han concluido que los circos no pueden proporcionar algunas de las necesidades básicas de bienestar a los animales como espacio y grupos sociales; ni el entorno ni mucho de los comportamientos naturales pueden ser recreados en los circos111. Aunque las especies domésticas en circos son maltratadas, observa que los animales salvajes sufren especial crueldad durante su manejo y entrenamiento. Afirma que la cultura de manejo y entrenamiento de los animales en la industria circense es abusiva y cruel. Señala que la mayoría de los animales silvestres sufren restricciones a las cinco libertades que definen su bienestar112.
Precisa que la procedencia de los animales salvajes de los circos ha sido cuestionada y se ha relacionado con el tráfico de fauna que ha afectado la supervivencia de especies en el mundo. Reseña que Bentham a finales del siglo XVIII manifestó que en lugar de preguntar si un ser viviente puede razonar o hablar, hay que preguntar si puede sufrir, por lo que si todos los seres vivos son sintientes tienen derecho a que no se les inflijan sufrimientos113. Existe un consenso en relación con que la capacidad de sentir dolor y sufrimiento es determinante para establecer la manera en que deben ser tratados los animales. Puso de presente la Declaración de Cambridge sobre la conciencia114. Ello corrobora el reconocimiento de los animales como seres sintientes y la forma como los humanos deben relacionarse con ellos y protegerlos. Acompaña artículo titulado “Animales en los circos itinerantes: la ciencia del sufrimiento115.
Animales Libres de Torturas116. Allega documento del profesor Eduardo Rincón Higuera, denominado “sobre animales, capacidades e intereses. Reflexiones filosóficas acerca de la consideración moral de los animales no humanos117. El autor señala que la ética aplicada y filosofía práctica contemporánea inclina su interés hacia la “consideración ética de la vida en general” ampliando la estrechez del campo de los sujetos que merecen atención y suscitando nuevas preguntas sobre la relación de los humanos con las formas de vida no humanas. Hay un creciente interés de la filosofía moral por la reflexión sobre la relación de los humanos con la naturaleza como totalidad y con la vida de los animales con individuos. Sobre la vida animal busca pensar el estatus moral de la relación del hombre con los animales y las posibles obligaciones y/o consideraciones morales hacia ellos. Aceptando hipotéticamente que se ha de considerar moralmente a los animales debe preguntarse las razones que validan dicha tesis y cuáles serían los mecanismos para que sea efectiva. Propone tres enfoques teóricos que ofrecen respuestas diversas: el de Peter Singer, la perspectiva de los derechos de Salt y Regan, y la teoría de las capacidades de Martha Nussbaum. Ello dará luces en torno al uso de animales para espectáculos de entrenamiento (circos, tauromaquia, et.), así como su uso en la experimentación científica. La tesis que sostiene es la siguiente: “es necesario promover y fundamentar políticas públicas que reduzcan y eviten el maltrato hacia los animales sobre la base de una ética filosófica y ecológica que estimule el cuidado y el respeto hacia la vida de los animales dado que estos son seres sintientes, sujetos de su propia vida y con capacidades propias de su especie susceptibles de florecer”.
A continuación, reconstruye y reflexiona sobre la consideración moral de los animales a lo largo de los siguientes apartados: (i) el maltrato animal como problema ético, enfoque de los intereses propuesto por Peter Singer; (ii) los animales no humanos y los derechos; (iii) enfoque de las capacidades; y (iv) la necesidad de la política hecha por los ciudadanos y los movimientos sociales en favor del desarrollo de las capacidades de los animales, y la ecoética como fuerza aglutinadora. En el primer apartado explora la idea de especismo de Singer118 y su sensocentrismo gracias al cual el criterio por medio del cual se considera moralmente a un animal es “la capacidad de sentir dolor o placer”. En ese contexto, se hace énfasis a la noción de interés como factor clave para justificar por qué se debería considerar moralmente a un animal: la idea central es que los animales tienen por lo menos un interés, el de no sentir dolor. Cuestiona la efectividad de dichos planteamientos para transformar la manera en que nos relacionamos con los animales no humanos, al estimar que si bien apelar a un trato humanitario de un animal para evitar que sienta dolor es un buen inicio “se necesitan mecanismos más contundentes que generen en los humanos la obligación de proteger los intereses de los animales, que no solo se limitan al dolor físico, sino también al dolor psíquico por ejemplo119.
En el segundo apartado inicia rescatando la postura de Henry Salt, quien en 1892 exigió por primera vez que se les concedieran “derechos de protección a los animales”. Explica que la clave de esta exigencia fue la creencia en que los derechos son convencionales y no intrínsecos a ningún ser, por lo que los humanos deciden a quienes conceden derechos sobre la base de principios y creencias. Salt propone “un trato humanitario que respete el derecho fundamental de un animal a no ser torturado o sentir dolor innecesariamente”. Otro factor importante fue la idea de que “los derechos generan obligaciones para los demás”, por lo que aceptar que un animal tiene derecho a no ser torturado obliga a los humanos a no torturarlo. La tesis de Mosterín y de Herrera complementa la idea de convencionalidad, indicando que su origen son “las obligaciones morales basadas en principios y creencias contingentes de los seres humanos”. Para Feinberg “un derecho es asignable a cualquier ser que pueda tener intereses: bajo esa lógica un ser con intereses tiene derecho a que los demás estemos obligados a protegérselos”. Para Reganesas criaturas no solo tenían intereses, sino que además eras dueños de una vida compleja, denominándola su propia vida”, un elemento esencial para avanzar en la “consideración moral de los animales”. Ello le permite concluir que el criterio moralmente significativo para que el animal sea tenido en cuenta por un sistema jurídico de derechos es el hecho de que además de sentir dolor y placer, y además de tener otros intereses, “tenga una vida individual, su propia vida”.
En el tercer apartado, se reconstruye la idea básica de “la teoría de las capacidades” de Nussbaum. La compleja vida de los animales también tiene capacidades y no solo necesidades, esto es, que pueden constituirse como “seres susceptibles de desarrollar sus capacidades”, por lo que frustrar ese desarrollo sería injusto y un acto moralmente incorrecto. Los animales al igual que los humanos tienen capacidades que merecen ser desarrolladas lo que lleva a considerarlos moralmente. Además un elemento principal para tomar decisiones y considerar importante un evento son las emociones. Así mismo, pensar que permitir y proteger el desarrollo de las capacidades de los animales contribuye al desarrollo de nuestras capacidades humanas. Estima que una política animalista como la que propone “debe instaurar enfoques que generen un cambio en los imaginarios culturales al pensar que la vida, la salud, la integridad física, los sentidos, imaginación y pensamiento, las emociones, la afiliación, el juego y el control sobre el entorno propio no son propiedad exclusiva de los humanos, sino que son capacidades de todo ser vivo que son dignas de ser vividas, de tal manera que ´toda Nación debería incluir en su Constitución o documento de principios fundamental una cláusula en la que se reconozca a los animales como sujetos de justicia política y se recoja el compromiso de que los animales sean tratados como seres con derecho a una existencia digna´(Nussbaum, 2007, p. 394)”.
Todo lo anterior, le permite señalar que es necesario apelar a un tipo de estrategia que brinde luces sobre un tratamiento justo hacia los animales, sin que solo medie una consideración en contra de que ellos sientan dolor. No solo se trata de evitar hacer daño físico, sino de promover condiciones de bienestar y protección que reduzcan el maltrato psicológico. Es indispensable apelar a un enfoque en el que pueda irse más allá del especismo, es decir, un enfoque y un aparato crítico que no considere solamente que las formas en que maltratamos a los animales descansan sobre una discriminación sistemática a su interés de sentir dolor, sino que apela a un aparato crítico que parte de la riqueza de las múltiples formas de vida de los animales y a una consideración más allá de evitar su dolor, colocando en primer lugar la frustración de otras capacidades. El maltrato animal va más allá de una actitud discriminatoria, ya que hay problemas económicos, de sustentabilidad y de equilibrio. El problema es de fondo, como lo es “irracionalidad e insensibilidad ante la crueldad, irrespeto por la vida, independientemente de si la víctima es humano o no”.
Decir que un animal tiene derechos consiste en afirmar que sí es posible elaborar un sistema ético de creencias, principios y valores que impulsen la creación de leyes que protejan los intereses y capacidades de los animales. Derechos evidenciados en leyes cuyo valor es que nos hacen cumplir ciertas obligaciones hacia los animales. Existe reciprocidad entre derecho y obligación, que nos permite fundamentar la promoción de políticas públicas y leyes de protección hacia los animales. Debe dejarse de hablar de “derechos de los animales” para empezar a referir a “derechos para los animales” que asume que los humanos les concedemos derechos, generando nosotros mismos una serie de obligaciones para con ellos, sobre la base de una consideración ética de sus vidas y su integridad. Nosotros como agentes morales que establecemos leyes y acuerdos, decidimos establecer leyes a favor de la integridad de seres que no pueden ejercer su derecho reclamándolo. Es perfectamente exigible que se den cambios jurídicos que amplíen la esfera de protección de los derechos de los hombres hacia los animales. Existe la obligación de cuidar y proteger un ser vulnerable y susceptible de ser dañado, sobre el fundamento de que esos daños intervienen en el desarrollo de sus intereses y capacidades.
Aunque la exigencia de los derechos de un animal es indirecta como lo es un tercero representante, un animal es beneficiario directo de sus derechos: “el hecho de que el animal no entienda lo que está pasando no niega su condición de beneficiario de un derecho”. La necesidad de considerar moralmente a los animales apelando a un trato humanitario al ser susceptible de sentir dolor, o apelando a que como sujetos de una vida, sus derechos y su integridad merecen ser respetados, debe complementarse con el enfoque de las capacidades. Los animales tienen un bien propio de la especie a la que pertenecen, por lo que cada individuo de esa especie se dirige, a través de un proceso de desarrollo, hacia la consecución de dicho bien, hacia la finalidad de cada organismo, hacia el desarrollo de sus propias capacidades. No solo debemos considerar moralmente a un animal por su capacidad de sentir dolor o por la individualidad de su vida, sino porque además es capaz de desarrollar complejas habilidades que se verían frustradas cuando los humanos intervenimos de forma cruel e injustificada. El que un animal tenga un derecho significa que tenemos la obligación de respetar y proteger el desarrollo de sus capacidades.
No es justo impedir el desarrollo de capacidades de un ser vivo que tiene todas las herramientas naturales para hacerlas florecer. Exigir consideraciones de justicia complementa la exigencia de consideración moral, que implica realizar transformaciones profundas y apuestas educativas integrales para que la obligación que genera la ley esté acompañada de convicciones éticas. Una política animalista habla de compasión y justicia como elementos integrales de una lucha política por el bienestar animal. La composición sumada a la consideración de los intereses y capacidades de los animales, así como el reconocimiento de la individualidad y complejidad de su vida es una base fundamental en la consideración del bienestar animal, en la asignación de derechos y las exigencias de justicia. Instaurar estrategias educativas que divulguen razones éticas y filosóficas por las cuales un animal no debe ser maltratado, acompañadas de la recuperación de una conciencia compasiva que reduzca la indiferencia ante el dolor y promueva la vida, facilitaría permitir a otro ser que se desarrolle además de contribuir a nuestro desarrollo.
Las emociones juegan un papel clave en la promoción de políticas públicas que permitan el desarrollo de las capacidades de los animales. Consideración compasiva con la vida y la consideración moral de la vida de un animal estimularía la deliberación pública, creación de movimientos sociales e iniciativas individuales que desemboquen en la asignación de derechos y la gestación de políticas de protección, cuidado y conservación. Una sociedad debe estimular la creación de sistemas educativos que inculquen el respeto a la vida y que promueva la deliberación ética y racional de nuestras formas de relación con múltiples formas de vida humana y no humana, y que nos haga conscientes de que vivimos en un mundo frágil y vulnerable, que compartimos este planeta con otras formas de vida y que hemos acelerado el riesgo ecológico exponiendo nuestras vidas y las de otros seres vivos. La ética ecológica considera los intereses, los derechos y las capacidades de los demás seres con los que compartimos la tierra. El hombre es un agente político de cambio, somos agentes morales y ciudadanos de una comunidad política que puede transformar las relaciones con aquello otro que no es humano.
El promover principios de autocontención y de participación como mecanismos de decisión, más la reducción de la indiferencia respecto a la crueldad y el dolor a través de una educación de compasión, así como la consideración moral de los intereses y capacidades de los animales en tanto sujetos de una vida, son el insumo sólido para la construcción de movimientos sociales que transforme los modos de relacionarnos con los animales. Concluye que “una política animalista, con un componente filosófico y ético fuerte fomentará la construcción de un individuo político y educativo que no solo evite hacer daño arbitrario, repetitivo e injustificado a los animales, sino que geste cambios culturales a través del activismo y la reflexión, entendida como un examen constante de nuestros juicios e intuiciones morales, sus alcances, límites y profundidades que posibilitará un ejercicio de investigación y consideración de diversas formas de vida, sin dar nada por sentado, siempre bajo el ideal de proteger el florecimiento de la vida y la autorrealización. Ello permitirá, al mismo tiempo, instaurar y actualizar enfoques que generen un cambio en los imaginarios culturales al pensar que la vida, la salud, la integridad física, los sentidos, imaginación y pensamiento, las emociones, la afiliación, el juego y el control sobre el entorno propio no son propiedad exclusiva de los humanos, sino que son capacidades de todo ser vivo que son dignas de ser vividas120.
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