Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies




descargar 22.65 Kb.
títuloImportancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies
fecha de publicación20.01.2016
tamaño22.65 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Biología > Documentos
TEMA 4. ÉTICA ANTRÓPICA VS. ÉTICA TERIOTRÓPICA
Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies
La ética se refiere siempre a los individuos humanos. Este supuesto podrá ser considerado demasiado restringido por los partidarios de la “liberación animal” y por los partidarios de extender a los grandes simios una parte significativa de la Declaración de los Derechos humanos. Algunos de esos partidarios del Proyecto Gran Simio suelen considerar que las especies propiamente no existen y que lo único realmente existente son los individuos (las especies serían meros nombres, convenciones de los sistemas artificiales de la clasificación biológica) y por eso estiman conveniente el proyecto de extender la igualdad y otros derechos fundamentales más allá de la humanidad a otras especies próximas. Sin embargo, las especies no son solo palabras o nombres, ni son fruto exclusivo del arte clasificatorio de los biólogos, sino que son realidades.

Las especies y los individuos de cada especie tienen dos maneras de existir diferentes, pero eso no significa que las especies no existan. De hecho, en la teoría de la evolución biológica, son las especies (y no los individuos) los que evolucionan a lo largo del tiempo. Como es sabido, los individuos de una misma especie biológica tienen un aislamiento reproductivo y un individuo siempre es individuo de una especie. Algunos partidarios del Proyecto Gran Simio consideran que las especies son categorías biológicas abstractas y que lo real son los individuos. Sin embargo, puede decirse que el individuo es igualmente abstracto, ya que un individuo biológico aislado no existe (sin pertenecer a un linaje, sin tener padres biológicos), y mucho menos existe un individuo aislado cuando ese individuo lo es de una especie social (como muchos de los primates y como el hombre) y, concretamente, de una especie que exige un tiempo de crianza y de enculturación muy largo y en la que la enculturación es un componente constitutivo (como ocurre en el caso de la especie humana).

Diferencias hombre/animal
Las diferencias entre los humanos modernos y las demás especies del reino animal son, en primer lugar, diferencias biológicas: diferencias genéticas (el famoso uno por ciento que nos separa de los chimpancés), diferencias morfológicas (tamaño del cerebro, proporciones) o fisiológicas (inexistencia de estro en las hembras humanas, etc.). Pero las diferencias entre los humanos y el resto de los animales (incluidos los grandes simios) no son solo biológicas. Una de las diferencias más importantes sería el extraordinario desarrollo que tiene en el hombre lo que llamamos cultura extrasomática, una cultura que rodea a los hombres y que los constituye como tales desde fuera. La cultura extrasomática es, por un lado, cultura intersomática, es decir, la diversidad de pautas culturales que regulan las relaciones entre unos sujetos humanos y otros. Las pautas culturales del saludo son un ejemplo de cultura intersomática. Esa cultura intersomática es constitutiva del hombre desde el momento en que reconocemos que el individuo humano no es viable como individuo solitario, aunque solo sea porque tiene un periodo de crianza muy prolongado. Esa cultura intersomática es, en algunos aspectos, común con la de otros primates pero, en otros aspectos, es específicamente humana, como lo es en el desarrollo del lenguaje fonético doblemente articulado. En todo caso, la cultura extrasomática no es sólo la cultura intersomática, sino que es también cultura objetiva. La cultura objetiva está compuesta por todo aquello que rodea al hombre y está fabricado o modificado por él. Algunos monos antropomorfos también tienen algunos rudimentos de cultura objetiva (fabricación de instrumentos para cascar nueces o para extraer termitas, fabricación de nidos o camas, etc.) pero en el hombre la cultura objetiva alcanza un desarrollo mucho mayor, hasta el punto de que se convierte en un componente constitutivo esencial de su propia realidad (“el fuego hizo al hombre”). Este criterio también es importante para diferenciar a los hombres de sus primos hermanos los grandes simios, ya que la domesticación de esos primates nunca consigue que queden plenamente integrados en la cultura objetiva humana.

Además de constituirnos como hombres y diferenciarnos de los demás animales, la cultura extrasomática da lugar a un fraccionamiento interno de la especie humana en círculos culturales, por ejemplo en círculos lingüísticos. Si no se puede ser “animal en general” sin ser caballo, gato, perro, hombre o chimpancé, tampoco se puede ser “hombre en general”, sino que se es hombre que habla chino, inglés, suahili o español. La perspectiva ética, sin embargo, hace abstracción de esa diversidad cultural y procede considerando a cada sujeto humano individual como un igual en cuanto miembro de la especie y poniendo entre paréntesis el círculo cultural al que pertenece.
Peter Singer y las éticas teriotrópicas. Análisis crítico
Si etiquetamos la ética que toma como referencia la especie humana como “ética antrópica” (que gira en torno al hombre), entonces la ética de Peter Singer (principal promotor del Proyecto Gran Simio y el movimiento de liberación animal) sería una “ética teriotrópica o zootrópica” (que gira en torno a los animales) o, por lo menos, “primatotrópica” (una ética de primates).

Según Peter Singer, el que un organismo biológico sea de una especie o de otra es irrelevante para el debate ético acerca de la legitimidad de provocarle la muerte. A juicio de Singer, los que consideran que la especie sí importa sufren un prejuicio especista antropocéntrico, lo mismo que muchos europeos del siglo XIX sufrían un prejuicio racista eurocéntrico que les hacía creerse superiores a los hombres de las sociedades tribales. Lo mismo que frente al etnocentrismo eurocéntrico se postuló el relativismo cultural, Singer propone que se ha de combatir al especismo antropocéntrico derribando las barreras que separan las especies, y centrando la discusión ética en los organismos biológicos efectivamente existentes, sin tomar en cuenta su especie. El organismo, para Singer, no es “hombre”, “chimpancé”, “babuino” o “mono araña”, sino que es un organismo animal individual cuyas capacidades psicoetológicas hay que evaluar. Según cuáles sean esas capacidades en el momento de hacer la evaluación, podrá ser considerado o no como una persona (en el sentido de reconocérsele ciertos derechos), merecerá o no un trato ético, y será legítimo o no infligirle dolor o provocar su muerte.

Las capacidades psicoetológicas que Peter Singer considera esenciales para justificar el tratamiento ético de un organismo (por ejemplo, para justificar la salvaguarda de su vida) son la autoconciencia, la capacidad de tener deseos, y la capacidad de sentir dolor de un modo consciente. Utilizando estos criterios, siempre según Singer, no se puede matar ni utilizar para la experimentación a los grandes simios (cuando son individuos sanos adultos), ni tampoco a los animales adultos capaces de sentir dolor o miedo (perros, gatos, cerdos, vacas, e incluso pollos), pero sí se puede matar a los embriones y fetos humanos, e incluso a los niños recién nacidos. Las razones para no matar humanos sanos adultos no son válidas para los recién nacidos (siempre según Singer) pues, para matar a un recién nacido, basta con que sus padres deseen su muerte, porque el neonato no tiene autoconciencia, no tienen capacidad de sufrir, ni capacidad para desear seguir viviendo.

En el fondo, la posición de Peter Singer es utilitarista. El utilitarismo, en la modalidad propuesta por este autor, se basa en el principio de maximización del placer de las personas o sujetos éticos. En el caso que estamos considerando, solo los padres, pero no el embrión, el feto o el neonato, son personas, pues solo ellos presentan autoconciencia, capacidad de tener deseos y capacidad de sentir dolor de un modo consciente. Por eso (siempre según Sïnger), en el supuesto de que los padres desearan abortar o practicar el infanticidio, habría que procurar satisfacer su deseo, en vistas a la maximización de su placer.

Otros grupos que quedan muy desfavorecidos desde esta concepción teriotrópica de la ética son los individuos humanos con enfermedades mentales, ya sean congénitas o no, aunque siempre deben ser enfermedades irreversibles. Es interesante este último requerimiento de la irreversibilidad, ya que, desde la posición “actualista” de Singer, no se entiende bien que esas enfermedades tengan que tener esa característica. Efectivamente, para Singer, el sujeto tiene que demostrar sus capacidades psicoetológicas “en acto”, en el momento de hacer la evaluación, y no vale que vaya a adquirirlas en un futuro próximo, ya que, para hacer esa suposición, habría que tener en cuenta la especie a la que pertenece el sujeto, cosa que Singer no está dispuesto a hacer. En el caso de estas personas con enfermedad neurológica o psiquiátrica severa e irreversible, no habría inconveniente, según Singer, en practicarles la eutanasia, siempre que sus familiares y cuidadores, o el conjunto de la sociedad, así lo deseara.

Este actualismo del que acabamos de hablar es también el que hace que para Singer se precise un razonamiento aparte para justificar por qué se siguen manteniendo las exigencias de la ética con respecto a un individuo humano adulto normal que está profundamente dormido, cuando no está actualmente autoconsciente y podría matársele sin dolor. Este problema, sin embargo, desaparece si la referencia de la ética se pone en el sujeto corpóreo humano individual, ya que ese sujeto que duerme sigue siendo el mismo que en el estado de vigilia.

Para concluir, apuntamos una reflexión sobre otra de las posibles consecuencias negativas del planteamiento de Singer, en este caso relacionada con su gradualismo. La consecuencia de que el criterio de la especie no importe, y de que lo único relevante sea el grado en el que se presentan ciertos rasgos psicológicos, es que se borra la frontera entre el hombre y los demás animales. Consideremos, por ejemplo, la variable “desarrollo intelectual”: tendríamos que reconocer que algunos “hombres inferiores” están por debajo de ciertos animales y, por tanto, más alejados de otros “hombres superiores” que dichos animales. ¿Valdrá más la vida de esos animales que la de aquellos hombres? Esta senda gradualista es peligrosa. Baste recordar el ejemplo del nazismo, que sostenía que los judíos estaban más cerca de los monos que de los arios. Esa “infrahumanidad” justificaba su genocidio.
Defensa argumentada del punto de vista antrópico en ética.
El criterio de la igualdad

El proyecto de extender el ámbito de la ética a nuestro trato con algunos animales no humanos (por ejemplo, con los grandes simios) se mueve siempre en un terreno de confusión en el que no queda aclarado si se trata de atribuir conducta ética a esos animales no humanos o si se trata simplemente de considerarlos como objetos hacia los que dirigir la conducta ética específicamente humana. Lo cierto es que, aunque seamos capaces de reconocer en las conductas de algunos de los grandes simios componentes comunes con los humanos (se suele insistir en que algunos simios son capaces de tener empatía), sin embargo, no consideramos posible atribuir una conducta ética regulada por normas a esos animales. No reconocemos, en este punto, “la igualdad más allá de la humanidad”. Esta asimetría ya es una razón suficiente como para restringir el ámbito de la ética al círculo de los hombres.

Los animales, como decimos, no son, en sentido propio, sujetos éticos, puesto que no son capaces de regular su conducta conforme a normas éticas, haciéndose cargo de obligaciones y derechos éticos (deber de procurar la salud de los demás, de no matar, de no robar, derecho al honor, a la privacidad, etc.). El círculo de la ética “se cierra”, pues, sobre la humanidad. Ello no quiere decir, sin embargo, que podamos tratar a los animales de cualquier manera. Tenemos el deber de darles un “buen trato”, un “trato civilizado”, pero no porque ellos tengan ese derecho (no se tiene “derecho” si no se es capaz de comprender, reclamar y luchar por tal derecho), sino porque nosotros nos autoimponemos esa obligación.
Relaciones de biocenosis y lucha por la existencia

Nos guste o no, la estirpe humana ha vivido y sigue viviendo en permanente lucha con otras especies competidoras (plagas de insectos o ratas, bacterias dañinas, etc.). Las relaciones de armonía, paz o amistad entre especies son aparentes, un espejismo difundido por las películas de Walt Disney. Los seres humanos y las demás especies animales no caminamos de la mano hacia un destino común. La conservación de ciertas especies en peligro de extinción se hace, no tanto por ellas, sino por nosotros.
Realidad y necesidad de la explotación sistemática de los animales

A los animales, o bien los hemos mantenido fuera y al margen de nuestra vida humana, de la civilización (en “reservas naturales”: selvas, bosques, sabanas, praderas, etc.) o, si los hemos incorporado, ha sido desde una óptica explotadora: los hemos domesticado para comérnoslos, para usarlos como herramientas de trabajo o como animales de compañía, para experimentar con ellos, etc. Esta utilización de los animales ha sido necesaria e imprescindible para el sostenimiento y progreso de la civilización a lo largo de la historia, y sigue siéndolo en el presente. Por ejemplo: sin animales de laboratorio, no existiría la medicina moderna. Sin ellos, no se habría desarrollado un tratamiento para la diabetes y millones de personas con esta enfermedad verían seriamente recortadas sus expectativas vitales. Los ejemplos se pueden multiplicar.


similar:

Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies icon1. 1 Concepto de especie La especie se define como el conjunto de...
«Hay tantas especies diferentes como formas diversas fueron creadas en un principio por el ser infinito»

Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies icon3. Qué importancia tiene para el futuro de la especie el uso o desuso de un órgano? 4

Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies iconDe ser vivo. Para que las especie se perpetúen es necesario que se...

Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies iconSi en el campo de la biología la biodiversidad se refiere al número...

Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies iconResumen: El uso y manejo de las habilidades lingüísticas es una prioridad...

Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies iconResumen teniendo en cuenta la importancia de la teoría Piagetiana...

Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies iconLa explotación de las Especies Menores en Nicaragua, tienen una demanda...

Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies iconImportancia de los microorganismos para la biosfera y para las personas

Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies iconComo has estudiado en tus cursos de ciencias naturales e historia,...

Importancia de la especie como criterio para delimitar el campo de la ética. La realidad de las especies iconLa importancia de la clasificación de los seres vivos es muy útil...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com