Aula Sibilia. Tecnociencia




descargar 73.37 Kb.
títuloAula Sibilia. Tecnociencia
página1/2
fecha de publicación20.01.2016
tamaño73.37 Kb.
tipoAula
b.se-todo.com > Biología > Aula
  1   2
COMUNICACIÓN II

El hombre postorgánico”, de Paula Sibilia.
- Tecnociencia: Es una forma de practicar la ciencia y la tecnología. El sujeto de la tecnociencia es híbrido, plural y complejo; una multitud de agentes participan a través de grandes equipos y amplias redes de investigación: científicos, ingenieros, técnicos, políticos, militares, empresarios, gestores, etc. El conocimiento tecnocientífico no es un fin en sí mismo, tiene una función instrumental, es un medio para la acción, para la realización de intereses y objetivos. La búsqueda de la verdad es sólo uno de los valores en juego. La tecnociencia es una forma o una fuente, de poder y de riqueza. La informática y en general las TIC son las herramientas básicas para el desarrollo de la tecnociencia.

- Teleinformática: Se denomina Teleinformática a la técnica que trata de la comunicación de datos y realización de procesos entre equipos informáticos distantes.

- ADN Recombinante: es una molécula de ADN artificial formada de manera deliberada in vitro por la unión de secuencias de ADN provenientes de dos organismos distintos que normalmente no se encuentran juntos. Al introducirse este ADN recombinante en un organismo, se produce una modificación genética que permite la adición de una nueva secuencia de ADN al organismo, conllevando a la modificación de rasgos existentes o la expresión de nuevos rasgos. 
Se utilizan 2 figuras míticas para analizar las bases de nuestra tecnociencia. Estas constituyen dos líneas de pensamiento sobre la técnica. La filosofía de la tecnociencia contemporánea corresponde a la segunda de esas dos tendencias.

1. Tradición prometeica (modernidad)

El mito trata de un titán, Prometeo, que proporcionó a los hombres el fuego (y junto con él la técnica) y obtuvo a cambio el más severo de los castigos de los dioses.

Esta tradición apuesta al papel liberador del conocimiento científico para alcanzar el “bien común”, es un tipo de saber que anhela mejorar las condiciones de vida a través de la tecnología. El desarrollo gradual y la acumulación de conocimientos llevarían a la construcción de una sociedad racional, sobre una base científico-industrial capaz de erradicar la miseria humana. Hay una firme confianza en el progreso, y tiene una visión meramente instrumental de la técnica. (iluminismo, positivismo, socialismo utópico).

Prima el progreso material, la perfectibilidad de la técnica y los avances de la ciencia como conocimiento racional de la naturaleza.

Sin embargo, consideran que hay límites con respecto a lo que se puede conocer, hacer y crear. Los conocimientos y las técnicas del hombre no son todopoderosos. Así, el progreso se los saberes y las herramientas prometeicas apunta al perfeccionamiento del cuerpo, pero sin quebrar jamás las fronteras impuestas por la naturaleza humana.

Sobre todo en las últimas dos décadas, sufrieron serias convulsiones la fe en la racionalidad humana, la confianza en el progreso y el sentido de la historia, todos pilares que sustentaban el proyecto científico moderno. El antiguo prometeismo está en decadencia.

2. Tradición Fáustica (posmodernidad)

El mito trata de que Fausto pierde el control de las energías de su mente, que entonces pasan a adquirir vida propia. Animado por la voluntad de crecimiento infinito y por el deseo de superar sus propias posibilidades, firma un pacto con el Diablo y asume el riesgo de desatar las potencias infernales.

Según esta perspectiva, que se esfuerza por desenmascarar los argumentos prometeicos, los procedimientos científicos no tienen como meta la verdad o el conocimiento de la naturaleza íntima de las cosas, sino una comprensión restringida de los fenómenos para ejercer la previsión y el control, ambos propósitos estrictamente técnicos. Es inevitable asociar los criterios fáusticos a la tecnociencia contemporánea.

Estaría llegando al fin la prometeica edad del fuego, de modo que las herramientas y combustibles característicos de la sociedad industrial podrán ser reemplazados por otro tipo de instrumental y otras fuentes de energía. Estos nuevos recursos son de inspiración electrónica y digital, y ostentan una capacidad de modelar las materias vivas e inertes de formas inusitadas (inauditas, insólitas).

Estaría ocurriendo un desplazamiento de la base filosófica de la tecnociencia occidental, especialmente en las últimas décadas con la ruptura con el pensamiento moderno de características prometeicas.

La meta del proyecto actual no consiste en mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los hombres, en cambio, parece atravesado por un impulso insaciable e infinitista, que ignora explícitamente las barreras que solían delimitar el proyecto científico prometeico y posee lazos ostensibles (evidentes, notorios) con los intereses del mercado. Un impulso ciego hacia el dominio y la apropiación total de la naturaleza, tanto exterior como interior al cuerpo humano. Aparece el ambicioso Fausto.

3. Inmortalidad

La tecnociencia contemporánea constituye un saber de tipo fáustico porque anhela superar todas las limitaciones derivadas del carácter material del cuerpo humano, a las que entiendo como “obstáculos orgánicos” que restringen las potencialidades y ambiciones de los hombres.

Uno de estos límites corresponde al eje temporal de la existencia, y el arsenal tecnocientífico se puso al servicio de la reconfiguración de lo vivo, en la lucha contra el envejecimiento y la muerte.

En este sentido, por ejemplo, la biotecnología apunta a la posibilidad de crear vida, nuevas especies, en combinación de lo natural y artificial, orgánico e inorgánico. Tratando a los seres naturales preexistentes como materia prima manipulable, donde la antigua prioridad de lo orgánico sobre lo tecnológico se invierte.

Así, el saber fáustico pretende ejercer control sobre la vida, humana y no humana, para superar las limitaciones biológicas, incluso la muerte.

¿Cómo ser inmortal para adaptarse al nuevo panorama? Entendiéndonos a nosotros mismos como patrones de información y descubriendo el modo de observar eso.

Ya es evidente que la misma definición técnica de muerte es difusa. En un principio esta era la interrupción del funcionamiento del corazón y pulmones, lo que se comprobaba con el pulso. Luego los respiradores artificiales pusieron esto en duda, ya que mantenían los órganos con vida aunque la persona no pudiera respirar por sí sola. La cosa se complicó aún más con la obsoleta definición de muerte cerebral, ya que se descubrió que el cerebro dispone de la capacidad de generar nuevas células.

En este sentido, en los noventa apareció un término que desafía la categoría de muerte establecida: reversibilidad. Además de las órdenes de no resucitar, etc. Esto marcó una incierta “zona de muerte” donde se permite a las personas establecer sus propias definiciones de muerte, y autorizar la suspensión de tratamiento.

Lo que está claro es que la oposición binaria entre vida y muerte fue sacudida. Los nuevos conceptos no son dualistas sino probabilísticos, y la muerte pasa a ser una cuestión de grado.

Según empresas que ofrecen congelamientos de cuerpos, lo conocido como crigénica, la muerte hoy vigente no es más que una confesión de ineficacia de la medicina actual. Afirman que habría que considerar la probabilidad de conservar o recuperar la información que constituye la identidad de cada paciente. Esto es una perspectiva totalmente coherente con el paradigma digital. La información aparece como la esencia de toda entidad.

También hay que tener en cuenta la ingeniería de la vida, que pretende reformular el mapa de cada individuo, alterar el código genético y ajustar su programación. Esto permitiría detener el envejecimiento, ya que los procesos de degeneración celular podrían ser genéticamente controlados y desactivados.

Así, para conquistar la preciada inmortalidad, hoy las biotecnologías recurren al instrumental informático, combinándose las dos vertientes más representativas de la tecnociencia actual. Un ejemplo fue el “Proyecto Genoma Humano”. Su objetivo era descifrar al mapa genético de la especie humana, con la intención de detectar el origen de las enfermedades genéticas y aplicar terapias preventivas. Otro ejemplo es la “inteligencia artificial”, donde ya hay investigadores que aspiran a extirpar la mente del cerebro humano y trasferirla a una computadora, de forma que sería posible continuar existiendo como una mente sin cuerpo.

4. Barreras Espaciales

Otro conjunto de restricciones derivadas de la materialidad orgánica del cuerpo se refiere al ámbito espacial de su existencia. Vivimos actualmente bajo una especie de imperativo de la “conexión” que responde a la demanda de superar tales barreras espaciales.

Este es un mandato estimulado por la abundante oferta de servicios y dispositivos teleinformáticas, como celulares, computadoras portátiles, el acceso a Internet y la localización vía satélite tipo GPS.

Menos polémicas que las de la inmortalidad, las tecnologías de la virtualidad suelen ser alabadas por su capacidad de multiplicar las posibilidades humanas, permitiendo superar los límites espaciales. Así, anulan las distancias geográficas y las fronteras nacionales, sin la necesidad de desplazar el cuerpo e instauran el fenómeno contemporáneo de “presencia virtual”.

Estas experiencias virtuales prescinden de la organicidad del cuerpo, la materialidad del espacio y la linealidad del tiempo.

El control que se intenta aplicar sobre la vida (y la muerte) también se refleja en la eliminación de las barreras espaciales, ya que se intenta ampliar la posibilidad de rastreo y de colonización de pequeñas prácticas cotidianas, a través de mecanismos de control que señalen a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto, como un animal en una reserva, un hombre en una empresa o un vehículo en una ruta.

Esto está reduciendo la posibilidad de permanecer oculto, ajeno al control, fuera del alcance de las redes de poder. Ya no se puede presentir dónde terminarán los esfuerzos para fijarlo en el hablar y en el hacer. Las operaciones de vigilancia ignoran los antiguos conceptos de privacidad, libertad e individualidad fundados en la modernidad.

En este sentido la bandera sobre la que se despliega este tipo de control es sobre la obsesión con la seguridad.

Se puede concluir que tanto la definición como el uso de los espacios sufren alteraciones en función del procesamiento digital, que diluye la clásica oposición entre la esfera privada y pública. Las subjetividades y los cuerpos contemporáneos se ven afectados por las tecnologías de la virtualidad y la inmortalidad, y por los nuevos modos de entender y vivenciar los nuevos límites espacio-temporales que estos recursos inauguran.

5. Descartes | Dualidad Cuerpo-Mente

René Descartes definió al hombre como una mezcla de dos sustancias completamente diferentes y separadas, por un lado, el “cuerpo máquina”, un objeto de la naturaleza como cualquier otro, que podría examinarse de modo científico. Por otro lado, la misteriosa mente humana, un alma pensante cuyos orígenes sólo podían ser divinos. Ambas, de algún modo, interactuaban pero era imposible explicarlo. El método de la duda metódica sólo permitía confirmar la existencia de una sustancia inmaterial, en el cerebro, que era de importancia fundamental para el ser humano: pienso, luego existo. Pero continuaba en la oscuridad de lo inexplicable la naturaleza específica del “alma” y su curiosa relación con el cuerpo.

En esta tentativa por definir al cuerpo humano, emergieron metáforas poderosas del dualismo cuerpo-mente.

5. Hombre-Máquina

¿Cuál es la característica que definía la vida y lo propiamente humano que ahora se perfila como superada u obsoleta? ¿Qué es esa naturaleza orgánica a la cual todos estaríamos distanciándonos?

A partir del siglo XV comenzaron a delinearse los primeros rasgos que definirían la “era de la técnica”. De ahí en más las máquinas se reprodujeron por doquier y fueron esparciendo sus productos manufacturados y sus artificios en territorios donde antes solían primar lo natural y lo artesanal. Los aparatos mecánicos comenzaban a automatizar las más diversas funciones y a transferir sus ritmos, su regularidad y su precisión a los cuerpos y rutinas de los hombres.

La medicina y las demás áreas del saber prometeico sólo estaban ahí para reparar los mecanismos naturales y perfeccionarlos aún más. Pero para eso era necesario develar todos los misterios, por lo que se dejaron de lado los escrúpulos religiosos con el fin de examinar cada órgano minuciosamente y especificar sus funciones en la compleja maquinaria del organismo humano. Así aparecieron los primeros anatomistas, y el cuerpo máquina tuvo que convertirse en un cadáver para dejarse violar por la medicina, ya que un cuerpo vivo no podía ser husmeado por los científicos. Lo vivo seguía constituyendo una excepción inquietante e inexplicable.

Fue así como el saber científico redefinió el cuerpo, lo arrancó del hombre vivo, para hacerlo un objeto privilegiado. De allí en más la intimidad del cuerpo sería colonizada, su interior fue develado. Los científicos se concentraron en esos tiempos en los órganos y las piezas inertes que hacían funcionar la “máquina humana”.

Aquí ya no servía la presencia de Dios, sino que se recurrió a la tecnociencia prometeica, con todas sus metáforas mecánicas y secularizadas, para explicar el funcionamiento del cuerpo: los dientes se comparan con tijeras, el estómago con una botella, el pulso con un reloj, el sistema cardiovascular con una bomba hidráulica, etc. Poco espacio restaba para las sustancias sobrenaturales.

Así, el hombre consistía en un conjunto de resortes, palancas y engranajes regidos por leyes puramente mecánicas, mientras que aquella entidad vulgarmente conocida como “alma” no pasaba de un principio también material, localizado en el derecho y encargado de dar movimiento al organismo y permitir el pensamiento, que a su vez era una mera función de la materia organizada.

6. Informático-Molecular | Hombre-Información | Ciencias de la vida-Teleinformática

En el horizonte fáustico el proyecto actualmente contempla la superación de sus propios límites mediante manipulación de la información genética y la creación de vida en los laboratorios. No hay dudas de que en pleno siglo XXI el panorama ha cambiado. El orden mecánico que regía al mundo fue desacreditado, y tanto el hombre como la vida claman por nuevos fundamentos.

La nueva perspectiva inauguró la exploración de la vida en escala atómica, desde la electrónica hasta la biología molecular, ambas de capital importancia en la configuración del paisaje contemporáneo.

De acuerdo con esto el mundo asistió a un descubrimiento fundamental: la estructura de la molécula de ADN. El enigma de la vida comenzaba a ser descifrado, se trataba simplemente, de “información”; texto codificado en soporte bioquímico. Los científicos además comprendieron cómo esa información genética se almacenaba en los tejidos orgánicos y cómo se transfería de una generación a otra. Todos los seres vivos contienen un “manual de instrucciones” escrito en el mismo código.

En este sentido, el proyecto del genoma humano presenta el cuerpo humano como una suerte de “programa de computación” que debe ser descifrado. En este código la diferencia mínima en las instrucciones de secuencia puede determinar la presencia o ausencia de una determinada enfermedad o de un cierto atributo de la personalidad.

El legado es claro, la biología de este siglo será la comprensión profunda de los proceso de “creación de información en el mundo vivo”. Tal vez de allí derive la respuesta a la cuestión ¿Qué es la vida? De modo que se trataría de eso, un programa comandado por un centro de informaciones.

En este sentido la exigencia de verdad en la ciencia aparece como accesoria, todo lo que se exige es que las teorías sean “útiles” cuando son puestas en práctica, porque dichos saberes no se proponen desnudar los fundamentos de la existencia como “conocimiento puro” (para el bien común), sino tomar fenómenos utilizables para determinados fines.

En definitiva, hay un brusco cambio de paradigma tecnocientífico, que dejó en el pasado al mundo mecánico. En la tecnociencia de inspiración fáustica, la naturaleza ya no se descompone y recrea según el régimen mecánico, sino de acuerdo con el modelo informático-molecular.

El ambiente técnico creció y se expandió hasta convertirse una nueva naturaleza, dejó sus límites: la ciudad, lo urbano, lo artificial, irradiaron sus tentáculos por toda la superficie del planeta, convirtiéndose en el medioambiente natural donde los seres humanos viven y se reproducen.

La tecnociencia no salió del laboratorio, el tamaño del laboratorio científico pasó a coincidir con las dimensiones del mundo.

En la actualidad las nuevas ciencias de la vida se alían a la teleinformática de modo cada vez más intrincado, y ensayan un verdadero enlace entre las dos vertientes más significativas de la tecnociencia contemporánea. Con su tendencia virtualizante, su anclaje en la información supuestamente “inmaterial” y su paradigma digital, ambos tipos de saberes y ambos conjuntos de técnicas se aplican a los cuerpos, a las subjetividades y a las poblaciones humanas, y contribuyen ampliamente a producirlos.

Hoy hay una hibridación profunda entre estas vertientes, principalmente desde la biotecnología y la genética con la informática, donde se mezcla materias orgánicas e inorgánicas en los mismos aparatos usados en los laboratorios. Por ejemplo, ya existen los llamados “biochips”, un nuevo tipo de microprocesador en cuya composición intervienen circuitos electrónicos y tejidos vivos. Esto es en base al descubrimiento de que una molécula de ADN es capaz de almacenar bits y procesar instrucciones lógicas, por lo que puede integrar los circuitos de una computadora. “Seis pares de bases nitrogenadas de la cadena de ADN correspondería a un bit”.

En este sentido la primacía de la utilidad en la investigación científica es evidente, en tanto que programan las células para que puedan conducir a otras operaciones útiles. Estos dispositivos permiten, por ejemplo, efectuar diagnósticos de enfermedades como diabetes o cáncer.

Las terapias genéticas, tanto preventivas como correctivas, figuran entre los frutos del reciente matrimonio entre “las empresas de teleinformática y las ciencias de la vida”, donde la relación con el mercado no debe pasar desapercibida.

Así se esfuma la metáfora “hombre-máquina” que motorizaba el arsenal de la tecnociencia prometeica, y cede su lugar al modelo del “hombre-información”.

Puede parecer que el materialismo de ha extendido hasta sus últimas consecuencias, pero la materialidad de la sustancia que constituye a todos los seres vivos es bastante ambigua. Al fin y al cabo el ADN es tratado como pura información. La información obtenida es digital: meros encadenamientos de ceros y unos compuestos de luz. Y en ellos reside el “secreto de la vida”, según el paradigma hegemónico de nuestra tecnociencia, a pesar de las resistencias aisladas que lo acusan de reduccionismo.

En los laboratorios donde se realizan las investigaciones y los descubrimientos biotecnológicos, los materiales genéticos se fusionan con los dispositivos informáticos. Entonces ya no sólo las cosas de la mente se representan cada vez más por medio de la informática, sino que también el cuerpo ingresó en ese proceso de digitalización universal.

En este sentido, en la física actual, la materia deja de ocupar un lugar en el espacio y pasa a estudiarse como una forma de energía. Esa energía inmaterial suele adquirir, cada vez con más frecuencia, el rostro de la información.

Así, las tendencias virtualizantes de la teleinformática parecen apoyarse sobre bases igualmente abstractas. Es fácil encontrar entre los entusiastas de la tecnología actual discursos a favor de la hipertrofia (incremento) de la mente y el abandono del cuerpo. “Los seres humanos se transformarán en un solo gran cerebro por el cual las cosas vuelen a toda velocidad”. Parece que la carne molesta en esos mundos volátiles del software.

La materialidad del cuerpo se ha convertido en un obstáculo que debe ser superado para que cada uno pueda sumergirse libremente en el ciberespacio y vivenciar el catálogo completo de sus potencialidades.
  1   2

similar:

Aula Sibilia. Tecnociencia iconPaula Sibilia

Aula Sibilia. Tecnociencia iconSección mb02 top (Martes 4: 10 pm- 5-45 pm aula 04 ) (Miércoles 3:...

Aula Sibilia. Tecnociencia iconSección mb03 nop (Lunes 6: 00 pm- 7-30 pm aula 05) (Miércoles 6:...

Aula Sibilia. Tecnociencia iconAula b 8

Aula Sibilia. Tecnociencia iconAula: 7C

Aula Sibilia. Tecnociencia iconEl aula diversificada

Aula Sibilia. Tecnociencia iconProgramación de aula

Aula Sibilia. Tecnociencia iconProgramación de aula

Aula Sibilia. Tecnociencia iconAula Pág. 4

Aula Sibilia. Tecnociencia iconProgramación de aula




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com