Programa de Estudios de Procesos del Cambio Ambiental Global




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La Problemática Ambiental

El Cambio Climático

(Aspectos científicos, económicos, políticos y sociales)

Dr Osvaldo F. Canziani

Área de Estudios de PEPACG / UCA

Programa de Estudios de Procesos del Cambio Ambiental Global

Buenos Aires, Abril 2007.


La Problemática Ambiental y el Cambio Climático

Aspectos científicos, económicos, políticos y legales.

Hay ocasiones en las que la decisión más difícil es aceptar lo obvio.

WRI, 2000-2001

El entorno ambiental.

El entorno ambiental está constituido por la superficie terrestre, con sus sistemas hidrográficos, mares y océanos, la atmósfera que le rodea (que se extiende por encima de los 1000 km sobre la superficie y difunde en el espacio exterior), y por todos los sistemas naturales y humanos que se encuentran en la parte inferior de la atmósfera, en el suelo y sobre el suelo y en los cuerpos de agua de la Tierra. La existencia de satélites y naves espaciales permite extender este límite; sin embargo, no integran aún los procesos de los que nos ocuparemos en este texto(a).

El estrato relativamente delgado, que soporta la vida sobre la Tierra y se extiende unos pocos kilómetros en la atmósfera inferior hasta las profundidades de los mares se denomina biosfera. Suele decirse también que la biosfera es el ecosistema global, constituido por sistemas naturales regionales y locales o biomas. Los organismos en la biosfera se clasifican en niveles tróficos y comunidades.

Los niveles tróficos constituyen una secuencia de transferencia de materia y energía de organismo a organismo, en forma de alimento. Estas relaciones están interconectadas por la dependencia que existen entre ellos, que los enlazan mediante una red alimentaria. Como es sabido, ello se debe a que la mayoría de los organismos consumen o son consumidos por más de uno de los otros tipos de organismos. Las plantas y otros organismos fotosintéticos (tales como el fitoplancton), que convierten a la energía solar en alimentos, son la fuente primaria del sustento humano y animal. En una cadena predatoria, un animal que se alimenta de plantas sirve, a su vez, como alimento de un animal más grande. En una cadena parásita un organismo más pequeño consume parte de un huésped mayor y puede el mismo ser también parasitado por organismos aun más pequeños. En una cadena saprófita los microorganismos viven de materia orgánica muerta. Debido a que en cada etapa o nivel trófico se pierde energía en forma de calor, las cadenas no abarcan, normalmente, más de cuatro o cinco niveles tróficos.

La principal fuente de energía del sistema Tierra-Atmósfera proviene del Sol. Sin embargo, como sabemos, el planeta dispone de un núcleo ígneo, debajo de una corteza exterior sólida de unos 100 kilómetros de espesor. Este núcleo presenta fases plásticas, rígidas y líquidas, con temperaturas del orden de unos 1500° K (aprox. 1250° C). En la corteza superficial, el balance entre la radiación proveniente del Sol y las radiaciones terrestre y atmosférica, hacen que la temperatura media sobre el planeta sea del orden de 288ª K (15º C). Por ser de un orden de magnitud menor, el calor interno del planeta no participa efectivamente en el balance de energías que define la temperatura sobre la superficie terrestre

Es oportuno destacar que si la Tierra no tuviera atmósfera la temperatura media en superficie sería de 20º C bajo cero. Los 35° C adicionales, que elevan la temperatura media terrestre a los mencionados 15° C, se deben al denominado efecto invernadero natural, producido por ciertos gases raros que constituyen el aire atmosférico.

(ª) Los planes para el aprovechamiento máximo de la energía solar, utilizando grandes espejos en órbita geoestacionaria, introducirían un factor humano que modificaría los balances naturales de energía.

En cuanto hace a la energía necesaria para los procesos geofísicos, biológicos y químicos que se registran en la biosfera y en el resto de la atmósfera y la superficie terrestre, incluidas las circulaciones atmosférica y oceánica, ella proviene básicamente de la radiación solar. Así vientos, evaporación, nubosidad, corrientes marinas, precipitaciones, tormentas, tormentas tropicales- i.e. huracanes, tifones, baguios, etc, y la fotosíntesis, procesos fotoquímicos y otros dependen de la insolación y la acumulación de energía en el suelo y su cobertura vegetal y en los mares. La Figura 1 muestra una estimación de la distribución de la energía solar en los procesos y ciclos terrestres. Además, indica que la energía solar es cincuenta mil veces mayor que la energía propia del planeta.

importancia de los Sistemas Naturales.

Los sistemas que componen la biosfera poseen un cúmulo de propiedades que aseguran productos y servicios fundamentales para la vida sobre la Tierra. Complementados con los sistemas manejados por el hombre, como los sistemas agrícolas, forestales y de acuicultura, constituyen la base de la vida planetaria que, además de producir alimentos, fibras y productos forestales, interactúan con los medios mencionados, proveyendo, entre otros, los siguientes servicios:

  • Purificación del aire y del agua

  • Habitat de especies

  • Generación de energías

  • Detoxificación y descomposición de desechos

  • Estabilización y moderación del clima

  • Moderación de inundaciones y sequías

  • Moderación de temperaturas extremas y de la fuerza del viento y el oleaje

  • Generación y renovación del suelo y su fertilidad

  • Dispersión de semillas

  • Polinización de plantas, incluyendo cultivos

  • Control de pestes

  • Diversidad biológica, de cuya diversidad genética, la Humanidad deriva
    componentes fundamentales para medicina, agricultura e industria

  • Soporte para diversas culturas y provisión de placer estética.

  • Ecoturismo

Por lo expuesto, la atmósfera, los componentes de la superficie terrestre, sus productos y servicios debieran ser considerados como Bienes comunes de la Humanidad, particularmente debido a que ellas y sus variaciones se hallan vinculadas de varias maneras. La Figura 2 muestra algunas de las interrelaciones más importantes, referidas, como puede observarse, a la componente ambiental que constituye el objetivo de estas notas, es decir al cambio climático. Las Figuras 3 y 4 agregan información con respecto a dos factores trascendentes, también ligados al calentamiento terrestre, la producción de alimentos y la disponibilidad de los recursos hídricos.

Esta información sobre las vinculaciones entre las componentes del medio ambiente, justifica plenamente la iniciativa de los gobiernos del mundo que, a través de las Naciones Unidas y sus Agencias Especializadas, buscan asegurar el uso sustentable de los ecosistemas naturales y el manejo integrado de los recursos hídricos.
Por ello, en defensa de estos bienes comunes de la Humanidad, en el comienzo del Siglo 21, el Secretario General de las Naciones Unidas decidió la creación del Miliennium Ecosystem Assessment Evaluación de Ecosistemas del Milenio), como una etapa previa y fundamental para la toma de decisiones que los estamentos oficiales y privados deberían adoptar, para obviar situaciones críticas, en un futuro próximo. Con una antelación mayor, a partir de la Primera Conferencia Mundial del Agua (Mar del Plata, 1977), se iniciaron los estudios globales sobre el agua. La Conferencia sobre Desarrollo y Medio Ambiente (Río de Janeiro, 1992) y la Conferencia Mundial sobre Desarrollo Sustentable (Johannesburgo, 2002), y las reuniones de la Conferencia Mundial del Agua, proveyeron marcos apropiados para la defensa de estos recursos naturales y la promoción de su uso sustentable. En este contexto, las proyecciones de la disponibilidad de agua dulce y el incremento de la población mundial pueden poner en peligro las expectativas de reducir a la mitad el número de personas que carecen de agua "segura", para el año 2015, según lo recomendó la Cumbre de Johannesburgo. En efecto, los modelos climáticos globales proyectan condiciones futuras críticas en cuanto hace, entre otras, a la disponibilidad de agua fresca. Las Figuras 5 y 6, muestran las proyecciones mundiales relativas a la disponibilidad de agua, que indican serias deficiencias para este siglo. Esta situación es grave, habida cuenta que el Atlas del Agua (I), en el que se indican las condiciones mundiales de este recurso crítico, destaca la conocida frase del Banco Mundial: "Si las guerras del siglo 20 fueron peleadas por el petróleo, en este siglo será peleadas por el agua ". Esta cuestión ha sido planteada al IPCC por varias instituciones y programas internacionales. Consecuentemente, el Panel ha decidido que su nuevo período de evaluación (2002-2007) tratará la problemática del agua como una cuestión transversal entre sus grupos de trabajo y, que el grupo encargado de las vulnerabilidades, impactos y adaptación al cambio climático, deberá producir un Informe Técnico sobre el Agua, de manera de facilitar a los tomadores de decisión la información necesaria para el mejor manejo y defensa de este recurso vital. Debe ser aclarado que existen tecnologías para potabilizar el agua de mar, pero los costos son aún muy elevados.

Enfoques sobre las cuestiones ambientales.

Con el objeto de completar nuestra información, es oportuno destacar que, como ha ocurrido antes, las opiniones sobre las cuestiones ambientales suelen ser contradictorias. Así, por ejemplo, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) no desea ni pretende ser apocalíptico. En lo que hace a la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos ante el calentamiento terrestre y a los impactos del cambio climático y sus implicaciones globales y regionales, solo evalúa la información científica disponible, con el objeto de asesorar a los tomadores de decisión, oficiales y privados, sobre los efectos adversos y, en ciertos casos, beneficiosos del calentamiento terrestre.

Esta tarea se desarrolla sin dejar de reconocer que existen grupos de escépticos, como se los denomina en la jerga internacional, que asumen que estos procesos son naturales y no de origen antropogénico. Ellos lo hacen apoyados en estudios paleoclimatológicos que muestran que, a lo largo de su historia, la Tierra ha pasado por condiciones climáticas diversas.
Sin embargo, como lo destaca el IPCC, esos cambios se produjeron en distintas eras geológicas y tomaron decenas de millones de años y más, para cambiar el sistema climático imperante en cada evo.

La aparición del Homo sapiens da comienzo a los mecanismos de modificación del paisaje terrestre y el análisis científico muestra que, desde el comienzo de la denominada Era Industrial, el cambio observado se exacerba. Este proceso, iniciado desde mediados del Siglo 18, y que sólo se desarrolla desde hace unos 250 años, ya está produciendo diversos efectos críticos en los sistemas naturales y humanos, la salud humana, la estructura económica y social, etc, como lo muestran el texto y las figuras de estas notas.

Por ello, y por esos diversos efectos observados, se desarrollaron importantes acciones regionales e internacionales y, como consecuencia, los gobiernos del mundo realizaron dos conferencias mundiales sobre el clima. Después de la Primera Conferencia (OMM, Ginebra, 1979), se estableció el Programa Mundial del Clima. Sin embargo, el reconocimiento de los problemas que aparejaría un cambio global del clima recién fueron destacados por la Conferencia Mundial sobre La Atmósfera Cambiante: Implicaciones para la Seguridad Global (OMM, Toronto, 1988). Sus conclusiones condujeron a la OMM y el PNUMA a establecer el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, usualmente identificado como IPCC. Este Panel inició sus labores de inmediato y produjo un primer informe que permitió, en función de sus evaluaciones sobre diversos aspectos científicos, análisis de vulnerabilidad e impactos y estudios de mitigación, estructurar una Segunda Conferencia Mundial del Clima (Ginebra, 1990). La complejidad y gravedad del problema hicieron que esta Segunda Conferencia Mundial del Clima incluyera una Reunión Ministerial, en la que los representantes de la mayoría de los gobiernos, frente a las primeras conclusiones del IPCC, además de establecer, un principio fundamental en las cuestiones que nos ocupan, esto es que la "responsabilidad común pero diferenciada", decidieron sobre la negociación urgente de un acuerdo internacional en la materia.

Como es sabido, ya regía el "principio precautorio", impuesto por la Agenda 21 A este respecto, la evidencia científica que los efectos de los gases de efecto invernadero conducían a un cambio global del clima, ya había decidido a la Asamblea General de las Naciones Unidas a establecer un Comité Internacional de Negociación de una Convención Marco sobre Cambio Climático (CIN). La mayor presión previa provenía entonces de los Pequeños Estados Isleños, ante los peligros derivados del aumento del nivel del mar.

El principio de responsabilidad común pero diferenciada tuvo su origen en el reconocimiento de los países industrializados por haber iniciado la Revolución Industrial. Consecuentemente, ellos convinieron que debían asumir las responsabilidades derivadas de la necesidad de mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y asistir a los países que sufrirían los efectos del calentamiento terrestre. El haber aceptado el principio mencionado es una responsabilidad fundamental que no hace caducar a la obligación general de defender el patrimonio común: la atmósfera terrestre. Consecuentemente, todos los gobiernos del mundo deberían, oportunamente, asumir tal compromiso. La vigencia del principio precautorio implica que debieran desarrollarse acciones para reducir la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos, ante los cambios del ambiente global.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), propuesta por el CIN, fue adoptada por las Naciones Unidas el 9 de Mayo de 1990, y abierta a la firma de los gobiernos en ocasión de la Conferencia de Río (Junio 1992). Esta convención fue ratificada por 154 países y la Comunidad Europea, entrando en vigencia el 21 de Marzo de 1994. Su protocolo actual, el Protocolo de Kyoto fue aprobado en 1997. Pero entró en vigencia recién en Febrero de 2005, luego de ocho anos de complicadas discusiones.

Fue la decisión de Rusia permitió soslayar la oposición permanente de los Estados Unidos de América (USA), Australia y otros pocos países, dando la oportunidad para la búsqueda de soluciones a los problemas inherentes a la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero (responsabilidad que, hasta ahora, sólo incumbe a las Partes del Anexo I), aún a pesar que las emisiones de USA suman el 36 % de las emisiones mundiales.

Es que el Protocolo de Kyoto establece que su entrada en vigor se produciría después de transcurridos 90 días, luego que lo hubieran ratificado al menos 55 Partes (gobiernos), signatarios de la CMNUCC, entre ellas países desarrollados, que producen al menos el 55 % del total de emisiones.

Como se destacó desde el comienzo, el problema del sistema climático no es independiente de la problemática ambiental global. Por ello es oportuno recordar la secuencia de reuniones y acuerdos internacionales relativos a las cuestiones vinculadas con la problemática que nos ocupa. Ella se incluye en el Adjunto 1,

Paradigmas de un Apocalipsis inmediato

Es también importante tomar conocimiento que, además de discrepancias con las conclusiones del IPCC, existen ya, y sin dudas habrá más, posiciones definitivamente contrapuestas, algunos de ellas inclusive apocalípticas, augurando que los recursos naturales quedarían exhaustos en plazos más o menos inmediatos. A modo de referencia, sólo se citan los más trascendentes, que plantearon perspectivas dramáticas para el desarrollo humano.

Las primeras predicciones agoreras se encuentran en la publicación "The Limits of Growth", que es un Informe del Club de Roma (Nueva York, Marzo 1972). Más recientemente, dos Informes, uno del Pentágono (USA, Febrero de 2004), y otro de una Comisión del Reino Unido, el informe "Meeting the Climate Challenge", presentado al Parlamento Inglés, en Enero de 2005, reiteran predicciones de desastre. En ambos casos pueden identificarse intenciones políticas, ajenas al quehacer científico y tecnológico necesario para avalar proyecciones confiables de los procesos ambientales en evolución y sus posibles repercusiones sociales y económicas.

De acuerdo con ellos, los efectos del cambio ambiental global, debidos a las actividades humanas, generarían problemas graves, probablemente irreversibles, poniendo en peligro de extinción a numerosas especies, con efectos definitivamente adversos para desarrollo futuro de la sociedad humana.

El libro del Club de Roma, publicado unos meses antes de la Conferencia sobre el Medio Ambiente Humano (Estocolmo, Junio 1972), inicia el período de poco más de tres décadas en el que se han planteado las cuestiones más diversas y críticas con respecto al futuro de la vida sobre la Tierra.

Considerándolas como un eco lejano de las ideas de Platón (aproximadamente 428-347 AC), en relación con posibles efectos de la deforestación, como causales de la degradación ambiental, estos planteamientos han llevado al análisis exhaustivo de los hechos regionales y globales, en base a lo cual se tomó la decisión inicial de establecer una Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo (1983), encargada del estudio de los efectos del desarrollo humano sobre el ambiente.

El Informe de esta Comisión, conocido como Informe Brutland (1987) analizó varias causas del deterioro ambiental y, aunque no discriminó todas las acciones adversas al mantenimiento del patrimonio terrestre, proveyó énfasis político a varias de las cuestiones ambientales que, en décadas previas, ya habían sido identificadas por la Ciencia. En este contexto, este informe permitió la introducción del concepto de desarrollo sustentable, como una forma del progreso humano que permitiría que las generaciones futuras dispusieran de bases de sustento y desarrollo similares a las que el individuo disponía en ese momento.

Las crisis del agua y los alimentos, de la década del 70, junto con el problema político-económico, generado por la OPEC (Organization of Petroleum Exporting Countries), y los problemas climáticos que afectaron la producción en países como Brasil y USA, y la crisis del Sahel (África del Oeste y Centro Norte), convergieron y dieron origen a acciones regionales importantes.

La crisis global desatada por el adelgazamiento de la capa de ozono estratosférico, iniciada a comienzos de 1970, que había sido prevista en los trabajos de J.Rowland y M.Molina (1973), inesperadamente fue puesta en evidencia por las observaciones de J. Farman, del British Antarctic Survey, en las estaciones de observación geofísica de las bases de Argentine Is (Isla Argentina, sobre la Península Antártica) y Bahía Halley (al Este de la Península). Las determinaciones de las concentraciones estacionales del ozono estratosférico sobre el Oeste del continente Antartico, realizadas en los años 1983 y 1984, mostraban pérdidas de hasta del 40 %„ Este descubrimiento dio origen a la designación "agujero Antartico" a la severa pérdida de ozono, que incrementó notablemente las cantidades de radiación UVB que alcanzaban la superficie terrestre. Este evento, registrado en un continente prácticamente deshabitado, dio pie a la consideración de que los efectos que una réplica posible, en el Hemisferio Norte, podría afectar a millones de individuos, particularmente de Europa. Esta asunción, luego confirmada temporalmente por los hechos, aceleró los procedimientos internacionales para buscar soluciones a esta cuestión ambiental crítica.

Antes de proseguir, es oportuno destacar que la carencia de referencias suficientes, obtenidas mediante observaciones realizadas en la superficie y vinculadas, simultáneas con las observaciones desde plataformas satelitales, hizo que se despreciaran por "erróneas" las evaluaciones basadas en datos provenientes de los satélites. Esta situación es justificable pues estas evaluaciones se hacen en función de modelos matemáticos, lo que, necesariamente, deben ser parametrizados con observaciones realizadas desde el suelo. Consecuentemente, además del problema con el ozono estratosférico, las determinaciones mencionadas mostraron la importancia de las observaciones desde tierra y el monitoreo de las mismas. Esto es lo que ha dado en denominarse la disponibilidad de la verdad en el suelo (ground truth). Lamentablemente, en la mayoría de los países de América Latina se observan deficiencias serias en las redes de observación geofísica (incluyendo datos hidrológicos

y oceánicos), biológica y fenológica, y es escasa la disponibilidad de bancos de datos socio-económicos, particularmente de datos sobre los impactos y desastres ambientales, observados en tierra, que permitirían evaluaciones cada vez más confiables desde satélites.

Permítase aquí una breve disgregación, para destacar que la realización de observaciones desde La superficie terrestre, en particular las correspondientes al Sistema Mundial de Observaciones Climatológicas es importante. Lo es en todo el mundo, pero mucho más resulta serlo en los países en desarrollo, donde el conocimiento de sus recursos naturales es escaso. Seriamente hablando, sucede que, los tomadores de decisiones políticas, al carecer de información sobre cuestiones interdisciplinarias y del asesoramiento apropiado, niegan prioridad a las necesidades científicas elementales, afectando la seguridad de sus propias comunidades. En este contexto se encuentran el desarrollo y mantenimiento de redes de observación y los servicios de monitoreo y vigilancia. En muchos casos, a esto se debe que los servicios involucrados no disponen del personal y los medios necesarios para mejorar la operación de sus sistemas de observación, con las consecuencias conocidas.

Es por esta razón y por varios casos similares más que, en ocasión de desarrollar un Estudio sobre los Mecanismos de Flexibilización (2), se propuso la Creación del Consejo Argentino sobre Cambio Global. Este tema fue presentado a la Comisión de Medio Ambiente del MERCOSUR, a fin de dar carácter regional a esta iniciativa de creación de un consejo integrado por especialistas y no, simplemente, por funcionarios políticos.

Retomando la cuestión de las redes de observación terrestres, es oportuno destacar que, en el extremo sur de América del Sur, los estudios e investigaciones sobre el ozono atmosférico total y la radiación ultravioleta, disponen de estaciones y sondeos del GAW (Global Atmospheric Watch), operadas por el Servicio Meteorológico Nacional, de instalaciones del CONICET y de proyectos como los que desarrolla el Programa de Estudios de Procesos Atmosféricos en el Cambio Global (PEPACG), de la UCA, que aportan sus datos específicos y los resultados de sus trabajos de investigación, Sin embargo, debe destacarse que, en Argentina, existen algunas falencias originadas en el deterioro de algunas redes de observación y debidas, particularmente, a la falta de implementación de un Programa de Radares Meteorológicos modernos. Por ejemplo, si ellos hubiesen existido y sido operados efectivamente, es muy probable que la grave inundación de la Ciudad de Santa Fe (2003), no hubiera generado decenas de muertes y ni el sufrimiento de miles de afectados. Con radares de tecnología avanzada, podría también comenzar la vigilancia de eventos críticos y muy destructivos, como son los tomados.

Esto es lo que se identifica obvio la frase del WRI que encabeza estas notas.. Aparentemente, esta obviedad podría ser una de las causas que permiten afirmar que, en la Argentina, no existe una política ambiental firme. Es que la urgencia por implementar sistemas de observación múltiple y analizarla necesaria zonificación del desarrollo futuro y sustentable de la producción de recursos renovables, la defensa de los recursos hídricos (cantidad y calidad); la protección de la calidad del aire, etc, frente al cambio ambiental global y, en particular ante el cambio climático, constituyen una piedra fundamental de cualquier política ambiental. .
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