Mentes asesinas la violencia en tu cerebro




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16 Mentesasesinas FeggyOstrosky-Solís

PRESENTACION

Basta con hojear un periódico de un día cualquiera para corroborar la capacidad violenta del ser humano. La información sobre homicidios, abusos y agresiones domésticas cometidas a diario nutre páginas enteras como reflejo de un siniestro e incomprensible lado de la naturaleza humana que es capaz de atentar, sin miramientos, contra los principios básicos de la supervivencia de la especie.
Este fenómeno terrible, mucho más presente y cotidiano de lo que obviamente se desearía, ha sido constante objeto de estudio y reflexión a lo largo de la historia. No obstante, la tecnología actual y el desarrollo de las neurociencias ha permitido llegar a los científicos hasta algunos de los rincones más oscuros del cerebro, en un intento por desentrañar los factores biológicos — incluidos los genéticos—, psicológicos y sociales que detonan el comportamiento agresivo. No cabe duda que detectar la relación que existe entre la violencia y todo aquello que la precipita es la mejor herramienta para su prevención y tratamiento.
Este libro es el resultado de años de trabajo de la doctora Feggy Ostrosky.Solís y su equipo de asistentes. Investigadores de nuestro país que han cumplido con su labor de atender, a través de la ciencia, una de las múltiples necesidades de saber que te17

nemos como sociedad, aportando hallazgos y conclusiones sc bre los fenómenos que inciden en nuestra vida diaria. Todo estr aunado al esfuerzo del equipo de la revista Quo, que entiende en el concepto de divulgación de la ciencia, la idea de acercar el conocimiento a la gente para modificar positivamente su manera de ser y de interactuar con el mundo.

Mentes asesinas es el resultado de un círculo virtuoso que inició cuando las autoridades facilitaron el acceso a una fuente de información que, por su naturaleza, sabemos restringida y difícil de abrir. La doctora Ostrosky indagó, analizó y obtuvo resultados utilizando las más actuales técnicas neuropsicológicas, electrofisiológicas y de neuroimagen, y generó una precisa base de datos acerca del comportamiento de los criminales más terribles de la historia reciente de nuestro país. En este proceso, merece especial mención el trabajo que Ostrosky llevó a cabo en el caso de Juana Barraza —la “Mataviej itas”—, la asesina serial que puso de cabeza a la policía mexicana y cuyo expediente neuropsicológico se presenta aquí como un documento sin precedentes y un punto de partida e inspiración para futuras indagaciones.
Por último, Quo se encargó de dar formato adecuado a la información y hacerlo llegar a la sociedad inaugurando con ello la serie Quo/libros para la cual tenemos los mejores deseos. Un largo proceso que culmina como una aportación para la ciencia y la divulgación y que ha demandado talento, paciencia y un gran esfuerzo que se justifica a plenitud si al final del camino alguien está a punto de comenzar a leer las páginas siguientes.
Iván Carrillo / Editor de la revista Quo

¿Cuándo se convierte la agresión en violencia?, ¿cómo se desarrollan las personalidades psicópatas?, ¿existen regiones específicas en el cerebro que causan este trastorno de la personalidad?, ¿cómo se construye el razonamiento moral?, ¿qué mecanismos dominan la mente de los asesinos?
La evolución de las neurociencias nos ha permitido sondear y desvelar algunos de los más oscuros misterios de la mente humana. Una de las líneas fundamentales de investigación del Laboratorio de Neuropsicología de la Facultad de Psicología de la UNAM pretende averiguar la manera en que se gesta la violencia en el cerebro humano. Para alcanzar este objetivo, hemos realizado durante años un completísimo estudio multidisciplinario en la mente de algunos de los peores criminales que ha conocido la historia reciente.
Entre ellos, sobresale el estremecedor caso de la multihomicida Juana Barraza, mejor conocida como la “Mataviejitas”, el cual representó una oportunidad invaluable para la ciencia. Aunque suene aterrador, existen muchas personas como Juana alrededor de nosotros. El origen de esta forma de comportamiento puede ser diverso y va desde una alteración neurológica, como un traumatismo craneoencefálico, hasta los estímulos recibidos en el medio en el que se nace, el tipo de educación recibida, la sociedad en la que se vive, los modelos paternos con los que se cuenta o la interacción de todos estos factores.

INTRODUCCIÓN

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Ni el encarcelamiento ni la pena de muerte, dos de las respuestas que comúnmente ofrecen las sociedades para controlar a estos individuos, contribuyen a nuestra comprensión del problema, y mucho menos a su solución. No podemos decir lo mismo de la ciencia. En los últimos veinte años, la investigación nos ha permitido entender las distintas maneras en que se modulan los conceptos del bien y del mal. Varios experimentos han mostrado cómo las características físicas del cerebro y los estímulos afectivos que tenemos en la infancia tienen una importante influencia sobre el pensamiento, las emociones y los conceptos de “moralidad”.
Los estudios practicados señalan que en muchos psicópatas y multihomicidas existen variaciones genéticas que generan alteraciones en las concentraciones de neurotransmisores y/o modificaciones en diversas estructuras cerebrales que son congéni. tas, y que predisponen a los individuos a tener conductas violentas. Otras investigaciones han revelado cómo una infan. cia carente de afectividad transforma negativamente la concep. ción que tenemos del mundo. Nace así el interrogante: ¿son estas personas libres para escoger entre el bien y el mal, o son esclavos de su condición biológica y de las circunstancias!
otro más dramático aún: ¿podemos las personas “normales” gar a presentar este tipo de conductas irracionales?
Este libro plantea la existencia de mecanismos sociales, bio lógicos y genéticos que tienen un papel decisivo en la contwt ración del libre albedrío, así como los resultados de mú)t1n estudios de formas extremas de comportamiento, con el tin comprender la tenue frontera que divide lo normal de lo lógico y lograr, algún día, descifrar en su totalidad el fenómen de la violencia y, en su momento, evitarlo.

CAPÍTULO 1
COMPRENDER LA VIOLENCIA


 

Quién no se ha preguntado, ante el saldo de hechos trágicos y deleznables, qué motiva a los seres humanos a dañar a sus familiares o a personas extrañas, y si pueden estos impulsos y acciones controlarse o prevenirse.
Las conductas violentas son, de manera alarmante, cada vez más comunes en nuestra sociedad y se consideran en la actualidad un problema de salud pública. Se presentan en diferentes niveles, que van desde el abuso doméstico hasta el crimen en las calles y el homicidio. Según las estadísticas del INEGI, esta causa de muerte sigue siendo la segunda en adultos jóvenes (de 15 a 29 años) con 12.4% en el 2005, ocupando el segundo lugar después del muy general apartado que engloba todas las defunciones por “accidentes”, el cual abarca 3 1.1%.
La posiblidad de ser en cualquier momento una víctima más del crimen nos hace vivir con miedo constante, lo que tiene un Serio impacto en nuestra calidad de vida, y de alguna manera pasa a ser un factor que determina todas nuestras actividades:
los lugares que frecuentamos, el tiempo que permanecemos en ellos, el tipo de seguridad que tratamos de obtener, cómo nos vestimos, a qué hora salimos de casa, e incluso dónde y cuándo trabajamos Sin duda, la violencia, la agresión y el homicidio imponen elevados tributos en la actualidad.

En un esfuerzo por combatir esta tendencia, se han in. mentado el número de investigaciones dirigidas a entender causas y desarrollar así tratamientos efectivos. El punto de parti da natural es saber qué entendemos por agresión y qué por lencia, y definir si se trata o no de fenómenos diferentes.


Agresión benigna y agresión maligna

Violencia y agresión parecen ser palabras sinónimas. Sin embai go, la violencia se distingue de la agresión en que esta últini cumple una importante y prehistórica función biológica cii

surge la personalidad que despliega la agresión maligna. Normalmente, las personas sienten la necesidad de ajustarse a las reglas de la sociedad, del trabajo y, en general, de la autoridad. Empero, la falta de libertad para tomar decisiones, así como la incapacidad para encontrar un significado y un verdadero sentido de la vida, en ocasiones pueden derivar en resentimientos y de ahí en agresión sadista y maligna.

cómo se manifiesta esta hostilidad? Algunas personas, bajo L5 circunstarcms negativas, encuentran placentero dañar, ma- y destruir. Desafortunadamente, en la vida cotidiana es posible encontrar múltiples ejemplos de este tipo de personalidades.
Por ejemplo, los hombres que agreden a su mujer y demandan la atención de la más mínima necesidad; la madre que se impone a sus hijos y abusa de su debilidad; o bien, los jefes que desde su pequeño coto de poder gozan abusando de la autoridad humillando a los empleados de rango inferior.
se arguye con frecuencia que la agresión en el humano no es innata, sino aprendida, imbuida con la cultura. En particular, los antropólogos sostienen que muchas sociedades humanas son pacíficas y que cuan-

adquisición y defensa
Algunas personas baja estas circunstancias negativas, encuentran placentera dañar, matar y destruir. Desafortunadamente, en nuestra vida cotidiana es posible encontrar múltiples ejemplos de este tipo de personalidades.

del territorio.
Filósofos y psiquiatras disting entre una agresión benigna y una agre sión maligna, también llamada violen cia. La agresión benigna es una reaccit espontánea y breve para protegernos uci peligro que nos acecha, en tanto que agresión maligna implica el deseo dañar a los demás por un placer pura mente sadista.
Cabe preguntarnos de qué maneid

Ingredientes de la violencia

La violencia es una conducta agresiva que tiene como intención causar daño físico o psicológico. Hay que notar que aquí la palabra intención es central, ya que el daño físico o psicológico que ocurre por accidente o sin intención, no es ni debe ser considerado violencia. Esto es: hay agresión sin violencia, por ejemplo, cuando nos defendemos de un ataque físico, pero no existe la violencia sin agresión, ésta siempre será ejercida con el propósito de causar daño.
Acerca de estos dos términos se han investigado sus dimensiones psicológicas, antropológicas y biológicas. En ellas,

De acuerdo can Konrad Lorenz, Premio Nobel de Medicina y Fisialogia en
1973, todos samos portadores de un animal que quiere
manifestarse, pero que siempre logra ser reprimido gracias a un enérgico sistema de control. Para Lorenz es precisamente esta represión la que nos hace libres, la
que nos carivierte en seres humanos.


no

to más primitivas son (por ejemplo, las de cazadores y recolect res), menos agresividad muestran y más valoran ciertos atribu como la compasión y la solidaridad.
No opinan lo mismo los etólogos —científicos dedica estudio del comportamiento animal— ni los genetistas ellos, en la agresión existe tina tendencia filogenética (aclapt ción evolutiva) y neuroquímica. De acuerdo con Konrad Lore Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1973, todos soni portadores de un animal que quiere manifestarse, pero siempre logra ser reprimido gracias a un enérgico sistem control. Para Lorenz es precisamente esta represión la que hace libres, la que nos convierte en seres humanos. En este sisi ma, el cerebro es el órgano que rige nuestra conducta y, por tanto, el objeto de estudio fundamental para conocer el orige de este comportamiento.

ordar que el comportamiento agresivo puede tener su origen mltiP5 factores. Estos pueden ser hereditarios o aprendidúrante el desarrollo O bien generados por una interrelación tre ambas fuerzas.
De este modo, han coexistido dos visiones principales que pretenden explicar el origen de la agresión. La primera, postulada por Jean Jacques Rousseau en el siglo XVIII, supone que los seres humanos nacen fundamentalmente buenos y se vuelven agresivos o violentos durante su desarrollo como resultado del aprendizaje cultural. Esta visión es la base de la Teoría del Aprendizaje Social de renombrados psicólogos contemporáneos como el estadounidense Alfred Bandura. Así lo corrobora un documento de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos de Norteamérica que postuló en el 2005 que “las perspectivas psicológicas modernas enfatizan que las manifestaciones agresivas y violentas son conductas aprendidas, asociadas a la frustración, y que el aprendizaje ocurre a través de la observación de modelos de estas conductas”.
La segunda teoría proviene del pensamiento de filósofos como el inglés Thomas Hobbes, autor del clásico Leviatári, así como de estudiosos de la conducta animal como el zoólogo austriaco Konrad Lorenz. En ella, se postula que los niños aprenden a no ser agresivos. Nacemos con tendencias egoístas y agresivas y durante el desarrollo es necesario aprender a inhibir dichas tendencias. Desde esta perspectiva, la agresión se entiende como un desorden de autorregulación que refleja disposiciones conductuales inestables, presentes desde el nacimiento y que pueden tener un origen neurológico.

La frágil morada del alma

A finales del siglo XVII Shakespeare escribió: “el cerebro es 1 frágil morada del alma”. En sus palabras el dramaturgo sugie la existencia de una línea muy tenue entre la salud mental y enfermedad. Ciertamente todos experimentamos tristeza y pre ocupación, pero cuando estas emociones son excesivas e inapropiadas a las circunstancias, pasamos de lo normal a lo patológico. Así, la distinción entre tristeza y depresión, miedo y fobias, alegría y manía o agresión y violencia puede llegar a ser sumamente sutil.
Desde el punto de vista biológico, las emociones tienen un sustrato orgánico en el cerebro y, en muchos casos, han sido bien localizadas y estudiadas. En este sentido es indispensable

 

 

Ser o no ser

 

Ambas visiones, tanto el aprender a ser como el aprender a no s agresivo, al final no resultan completamente contradictorias. L. estudios longitudinales o de seguimiento a largo plazo en 1 que se observan las conductas agresivas y violentas en niños niñas desde el nacimiento hasta la adolescencia, muestran qu pueden existir subgrupos en estas maneras de comportamient Es decir, nacemos con una predisposición a la agresión y post riormente aprendemos en qué momento podemos y debem expresar o inhibir estas tendencias. De tal manera, es posibl concluir que el enfoque biológico enfatiza que la agresión es ir herente al ser humano como medio de supervivencia, pero qu la conducta agresiva es resultado del aprendizaje social.
Así mismo, desde la perspectiva de la sociobiología se consi dera la agresión como un comportamiento con fines adaptativc que se ha desarrollado a lo largo de la evolución. Esta visión pos tula que, biológicamente, todas las especies animales participar en conductas agresivas, ya sea en forma de gestos amenazadore o de ataques reales dirigidos hacia otro animal; que existen bases biológicas de la conducta agresiva, y que determinadas estructuras cerebrales así como diversas hormonas y neurotransmisores (sustancias que fungen como mensajeros cerebrales) las regulan. Es importante enfatizar que las hormonas y las sustancias químicas no producen la conducta agresiva: lo que hacen es reducir nuestro umbral para expresar la agresividad.
n.

El enojo y la hostilidad

 

La agresmn es una respuesta a un estado emocional. El estado permanente del enojo se denomina hostilidad. Podemos decir que de alguna manera todos conocemos lo que es el enojo puesto que lo hemos experimentado, ya sea como una molestia pasajera o como una explosión de ira. A pesar de ser una emoción humana sana, cuando sale de nuestro control se puede convertir en una emoción destructiva que conduce a problemas familiares, sociales y laborales y que afecta seriamente la calidad de vida.
El enojo puede ocufrir como una respuesta a la frustración, la cual, a su vez, surge cuando no obtenemos lo que deseamos, o cuando alguien o algo interfiere con la obtención de una meta deseada y anhelada. Los acontecimientos que provocan frustración pueden ser físicos (por ejemplo, cuando nuestro auto se descompone y tenemos una cita muy importante, o cuando tenemos un malestar en el cuerpo que no podemos aliviar), o psicológicos (como ocurre cuando somos humillados y tratados injustamente, o cuando tenemos expectativas poco razonables y exigimos que todo se haga exactamente como nosotros deseamos).
De esta manera podemos ver cómo el enojo puede ser un motor que nos ayuda, en algunas ocasiones, a obtener lo que deseamos. Sin embargo, hablamos de un arma de dos filos, puesto que podemos utilizarlo inconscientemente para culpar a los demás de nuestras limitaciones, para justificar nuestra opresión hacia otros, para elevar nuestro ego, para disfrazar nuestros verdaderos sentimientos, o bien para ocultar otras emociones. Un ejemplo muy común sucede cuando reaccionamos de manera agresj o poco amigable ante una persona o una situación amenazante. En el fondo lo que sucede es que tenemos miedo.

 

que se le dice, pero sin hacer lo que sentimiento de enojo con la respuesta de que “todo está bien”.
Victimizarse es otra forma de manifestar el enojo suprimido. Se asume que alguien o alguna situación nos ha maltratado, pero en lugar de acusar o identificar al que comete el abuso, la persona siente que “el mundo está en su contra”, o que “los otros intentan hacerla sentir mi-
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