La violencia contra la naturaleza o el poder desnudo de las transnacionales




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fecha de publicación06.02.2016
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No puede haber soja «responsable» con monocultivos y transgénicos

 

Una declaración de numerosas organizaciones ecologistas y altermundistas decía a propósito de esa Mesa Redonda de Soja Responsable en mayo de este año:

 

El Amazonas, el Cerrado, el Chaco y otras regiones, están bajo la amenaza inmediata de una constelación de prácticas agrícolas perjudiciales y de impactos sociales, para lo cual el cultivo de soja es un factor central. Los principios y los criterios del RTRS la Mesa Redonda de Soja Responsable, no son suficientes para enfrentar estas cuestiones con eficacia. A menos que estas crisis inminentes se traten de inmediato, lo cual no se podrá realizar sin una certificación voluntaria, estas regiones pasarán de ser tierras de labranza a ser páramos, y los pequeños propietarios e indígenas de Brasil, Argentina, Paraguay y de otros lugares se verán desplazados y se convertirán en los nuevos pobres urbanos.

Al proporcionar una coartada de “sostenibilidad” a un sistema de producción inherentemente insostenible, la RTRS es un obstáculo para el progreso. Pedimos a los gobiernos, sociedad civil y empresas que se enfrenten a los problemas reales (por ejemplo, el consumismo desmesurado o la distribución desigual de recursos tales como la tierra y el agua) y que promuevan soluciones reales como:

 Dejar de producir productos MG y la soja intensiva no MG en favor de prácticas agrícolas compatibles con la naturaleza y no contrarias a ella, como por ejemplo la agricultura orgánica y las prácticas de cultivo integradas;

 Ejecutar reformas agrarias en países productivos, que se dirigirán a las propiedades agrícolas menos equitativas y a la concentración;

 Sustituir la soja en la alimentación animal por cultivos de proteínas en los países productivos en los países importadores;

 Parar la promoción a gran escala de la producción de biodiésel como solución sostenible;

 Desarrollar un mejor sistema de transportes que reduzca la demanda de energía y fuel;

 Incrementar el apoyo del gobierno a la diversificación de la producción y al fomento de la producción local para los mercados de la zona, para que contribuyan a la seguridad y soberanía alimentarias en los países productores y consumidores.

 

En los nuevos discursos empresariales hallan su lugar, asimismo, las inversiones en energías renovables y en gestión de residuos sólidos urbanos. La aprobación del Protocolo de Kyoto les abre amplios espacios para implementar nuevos negocios con el cambio climático que la misma industria provocara. En este caso se les ofrece a las empresas el aprovechar uno de los principales instrumentos del Protocolo: los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL). Según los MDL, los países desarrollados se comprometen a apoyar con inversiones la utilización de energías menos contaminantes en los países en vías de desarrollo y con ello iniciarían un gigantesco mercado de créditos de carbono regidos por mecanismos de mercado tales como la oferta y la demanda de certificados de emisiones de gases de efecto invernadero.

Tengamos en cuenta, asimismo, que la propuesta de biodiésel como combustible, que ahora se nos hace llegar tanto desde las empresas como desde el gobierno y desde muchas ONGs ambientalistas, implica siempre un modelo de agricultura no sustentable e improductivo, porque consume más energía que la producida y porque exigirá un mayor productivismo y escala en aquellos lugares en que se desarrolle. Será de ese modo un modelo de agricultura injusta porque concentrará riqueza en pocas manos, y será antiecológica porque al proponerse producción en escala lo hará inevitablemente con abuso de insumos químicos y sin respetar los procesos naturales. Resulta por otra parte hipócrita que un país como la Argentina, que ha entregado graciosamente, y sin una guerra mediante, su petróleo a la empresa española Repsol, ahora nos proponga el biodiésel como combustible y que, con más de seis millones de hambrientos, se continúe insistiendo en usar la agricultura para fines que no son los de producir alimentos. Además, y con el ánimo de preservar una visión general de la crisis planetaria, no podemos desvincular las consecuencias del calentamiento global del uso de la biotecnología y de las semillas provenientes de ingeniería genética. Asimismo, tampoco podemos dejar de vincular el cambio climático y el uso de los transgénicos con un modelo agrícola del cual son la máxima expresión y el resultado. Es decir que se trata no sólo de hacer campaña contra el calentamiento global y contra los transgénicos sino también de enfrentar un modelo de agricultura sin agricultores, un modelo de exportación de insumos que ha vaciado de población rural el campo y que en aras de una agricultura de escala y de una ganadería de fábrica, abandonó el modelo de seguridad alimentaria y también la antigua producción de alimentos de alta calidad, que nos caracterizaba. 

 

Redescubrimiento de la ética empresaria, maquillaje sobre un rostro viejo

 

La Responsabilidad Social Empresaria (RSE) tiene como concepto aproximadamente unos 10 años de vida, si bien últimamente esta propuesta crece con renovadas fuerzas en cuanto foro internacional o empresarial se realiza en el mundo. Habiendo sido al principio sólo motivadora de acciones aisladas filantrópicas destinadas a la ayuda sobre sectores desfavorecidos, la RSE se transformó pronto en un medio eficaz para añadir valor agregado a las propias producciones o servicios, a la vez que para proponerse nuevos criterios de maximización de ganancias. Dice Adela Cortina en su libro Ética de la empresa: “lo ético es rentable, entre otras cosas, porque reduce los costos de coordinación externos e internos de la empresa: posibilita la identificación con la corporación y una motivación más eficiente”. En los últimos años muchas universidades de administración de empresas incorporaron cursos de ética y establecieron una discusión meramente instrumental, la de colocar a la ética como un instrumento más al servicio de un logro empresarial: el de la maximización de las ganancias. La comprobación de que el grueso de los consumidores considera positiva que una empresa se encuentre comprometida con su entorno inmediato más allá de sus intereses económicos, abrió camino para experimentar también, que buena parte de esos consumidores estarían dispuestos a pagar un plus por productos socialmente responsables. Las empresas descubren de esa manera que cuanto más compromiso social tengan, mayor aceptación lograrán por parte de los consumidores. De allí a la cooptación de los discursos de la sociedad civil sólo faltaba un paso, las empresas comienzan a pensar la RSE en tres grandes líneas estratégicas según los intereses del mercado de consumo: un área de políticas laborales, una de políticas sociales y por último una de políticas ambientales. No sólo descubren las empresas de este modo nuevos incentivos para el mercado, a la vez que nuevos modos de ejercitar la competencia entre ellas, lo que es más importante es que suman a sus arsenales discursos y pensamientos sociales y ambientales, dejando atrás los tradicionales mensajes publicitarios, y enriqueciendo y acomplejando sus estrategias a la vez que asumiendo nuevas responsabilidades que fueran hasta ayer propias del Estado.

Sin embargo, George Soros, uno de los más grandes inversores del mercado financiero internacional, en su libro La crisis del capitalismo, reconoce: “es necesario establecer una distinción entre el hacer las reglas y actuar según esas mismas reglas. La elaboración de las reglas envuelve decisiones colectivas, o políticas. Actuar según las reglas envuelve decisiones individuales o comportamientos de mercado”. La RSE no cuestiona la economía sino las estrategias y los procedimientos empresariales, y en verdad todo debate sobre la ética y la economía sólo cobraría sentido si somos capaces de recuperar la antigua concepción de la economía como economía política, en el sentido que la capacidad y la decisión de modificar las reglas sigue siendo un tema de la política, y asimismo, si somos capaces de reconocer con visión integral que el sistema económico no es más que un subsistema de la sociedad global.

 

La certificación de nuestra dependencia a insumos se inscribe en el gran laboratorio de los monocultivos y del actual modelo de producción de forrajes

 

Para comprender cabalmente la actual etapa que se enmarca en la RSE debemos aclarar varios supuestos. Cuando las empresas refieren como en este caso a la agricultura orgánica, están hablando de una agricultura extensiva y de exportación que respeta absolutamente el modelo impuesto por las transnacionales de semillas mejoradas y de producción de agrotóxicos desde los finales de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una agricultura orgánica fuertemente dependiente de insumos, supuestamente no contaminantes, dependiente asimismo de semillas certificadas y de empresas controladoras de la calidad de esa producción orgánica. Debemos recordar también, que se trata de producciones que requieren operaciones especiales de traslado y de embarque, incluyendo puertos no contaminados, que hoy en la Argentina solamente la empresa Cargill tiene a disposición en la zona de Timbúes, sobre el río Paraná. Asimismo, se nos ha manifestado ya que la urgencia de los mercados de productos orgánicos conduce a pensar en las zonas de reciente deforestación como las más apropiadas para esta agricultura, dado que se trata de tierras vírgenes. En caso de intentarse hacer cultivos orgánicos en otras tierras en las que ahora se siembran transgénicos, cualquier empresa certificadora exigiría, el aguardar dos o más años, antes de expedir el sello verde correspondiente. En consecuencia, estamos frente a nuevas amenazas de agresión a nuestros cada vez más escasos bosques.

 

Desde AVINA y el Foro por los 100 Millones al Partido del maquillaje Verde

 

Si alguno supuso alguna vez que los Partidos Verdes serían gestados siempre por militantes radicalizados, la Argentina ha demostrado que todo lo contrario también resulta perfectamente factible, al menos en el paradójico mundo de la republiqueta sojera... El respaldo a la iniciativa de constituir Partidos Verdes en la Argentina reúne a una cantidad de dirigentes con sorprendentes historias ambientales, desde relaciones con el Banco Mundial a patrocinios de AVINA, la fundación europea que encubre la penetración de las transnacionales en el mundo de las ONGs, pero en especial reúne a las expresiones locales de las grandes ONGs ambientalistas internacionales. No parece ello un buen comienzo para construir alternativas liberadoras, en especial cuando algunos de esos dirigentes participan públicamente de foros empresariales.

 

Nuestra Cancillería continúa impulsando las políticas sucias de Estados Unidos en el plano internacional

 

La Argentina se define en política internacional contra los subsidios que afectan nuestro acceso a los grandes mercados europeos. Pero, lo que no se considera, es que la política de subsidios en Europa se genera a partir del hambre y de una enorme necesidad de seguridad alimentaria en la posguerra, y que esa propuesta fue y sigue siendo absolutamente legítima para los europeos. Sin embargo, es verdad que esas políticas justificadas en su origen, derivaron luego en el respaldo a la industria alimentaria y a muchos modos de favorecer la exportación y un dumping internacional de producciones alimentadas con nuestros propios forrajes y que luego en los mercados internacionales se nos vuelven en contra a precios subsidiados. De todos modos, nuestra política exterior sigue siendo la de estar irracionalmente contra todo subsidio y también contra toda propuesta de seguridad alimentaria, cualesquiera que ellas sean y en cualquier lugar del planeta. Y esa política se mantiene aun al precio terrible de condenar a un tercio de nuestra propia población al hambre, ya que la clase política parece ser tan leal a las reglas de la OMC que para ser consecuente con su discurso internacional se niega a establecer precios sostén para alimentos destinados a la mesa de los argentinos, que podrían aliviar el hambre de los indigentes y evitar una próxima generación de argentinos intelectualmente disminuidos.

 

El libre comercio y nuestros pobres hambrientos sacrificados ante el altar de la coherencia...

 

Los enfrentamientos entre países en los mercados globales no refieren así a una discusión sobre el libre comercio, con el cual todos parecen acordar, sino sobre dos modos de ponerlos en práctica, uno con ciertas trampas proteccionistas y el otro absolutamente estricto y que no reconoce excepciones ni guarda piedad por sus propios y pobres hambrientos. Paradójicamente esta última postura en la política internacional pertenece fundamentalmente a países periféricos como la Argentina. Sin embargo, en nuestro país el medio ambiente esta subsidiando el modelo de la soja, permitiendo con absoluta impunidad que se deforesten millones de hectáreas de bosque nativo, que se degraden intensamente las zonas agrícolas tradicionales por los monocultivos y las nuevas tierras añadidas por agriculturización, que se contaminen las cuencas hidráulicas y que se degrade irremisiblemente la biodiversidad. Y todo esto sin contar las innumerables víctimas humanas, en especial niños, como consecuencia de las fumigaciones que impactan sobre los habitantes del campo y en especial sobre los barrios periféricos de todas las ciudades argentinas. Nuestros subsidios a la exportación son: un territorio ambientalmente devastado, por una parte, y la pobreza, el hambre y la indigencia de las poblaciones, por otra.

Pensamos que es legítimo que Europa se preocupe por su seguridad alimentaria y que el Estado proteja a su agricultura, pero consideramos inmoral que los subsidios sean para la exportación y deriven en efectos de dumping perjudiciales para el Tercer Mundo. También consideramos que Europa debería modificar la libre tasa de forrajes que Estados Unidos estableció y se reservó a partir del Plan Marshall, libre tasa que posibilita hoy nuestra conversión en republiqueta sojera; y consideramos además que cada país debería hacer su propio forraje, para de esa manera alcanzar producciones cárnicas equilibradas a las propias posibilidades. Nuestra propuesta se resume en que no necesitamos que nos ayuden, que nos basta con que nos saquen las manos de encima...

 

Reflexiones sobre la liberación nacional y la necesidad de recuperar un proyecto de país

 

La izquierda ha interpretado tradicionalmente a los procesos de liberación nacional como etapas propias de los países periféricos o subdesarrollados, en las que debían resolverse problemas pendientes tanto económicos como sociales, para poder plantearse luego la posibilidad del socialismo. En esa visión se median en buena medida nuestros desarrollos según el espejo europeo y se consideraba la necesidad de generar un sujeto revolucionario que solamente producían los procesos industriales, para poder proponerse luego la construcción del socialismo y tal como se pensaba poéticamente tomar el cielo por asalto... En realidad, no fue esa visión, en cambio, la que tuvieron todos aquellos que impulsaron los heroicos procesos de liberación nacional de la última mitad del siglo XX en numerosos países coloniales y semicoloniales. Ellos imaginaron modos de luchar que les posibilitaba la recuperación plena de lo humano que les había sido expropiado por el colonizador. Fanon, uno de los más grandes teóricos de la violencia política, dijo refiriendo al caso argelino: cuando un colonizado mata a un colono, muere un hombre pero otro nace, o sea que según Fanon la extrema pérdida de humanidad del colonizado requería la muerte del colonizador para poder recuperar en ese acto de exacerbada afirmación, su propia humanidad... una condición de hombre que había extraviado en el penoso proceso de su sometimiento y en la pérdida de la cultura y de la existencia de la Nación, que había significado para él, el terrible proceso de la colonización.

 

Recobrar la propia identidad, generar un Proyecto Nacional y pensar otro modelo de país

 

Aquellas heroicas luchas revolucionarias del siglo anterior pueden equipararse a las tareas semejantes que se nos imponen en nuestro siglo XXI. La recuperación de lo humano por parte del colonizado es siempre, y tanto en Fanon como en otros autores, la recuperación de la propia identidad, y ello sigue siendo una tarea pendiente. Junto a la afirmación orgullosa de esa identidad necesaria, falta la proclamación del hecho cultural de existir en la otredad aún no reconocida de ser diverso y único, y de estar arraigado tanto en un suelo dado, cuanto en una historia que nos provee un modo de saber quiénes somos, como para saber también de dónde venimos y por lo tanto poder determinar adónde queremos llegar... Son situaciones equiparables y que además continúan estando pendientes. Hoy en democracia y distantes de aquellas épocas marcadas por los paradigmas de la vanguardia y de la lucha armada, nos planteamos la necesidad de reconocer en las nuevas luchas libertarias y asamblearias, que se proponen desde la gente misma, medios para procurar pequeños aunque importantes objetivos de remediación de la conciencia, de la autoestima y en especial de la búsqueda de la identidad.

Nuestra clase política hace mucho tiempo que ha dejado de tener el oído pegado a los rumores de esa caldera que es la Argentina profunda. Como estamento político no dirigencial, en la medida que no asume la tarea de conducir la Nación, es una mera suma de fracasos personales, de vidas políticas recicladas, de identidades fracturadas, de interminables luchas intestinas y de miradas sin grandeza. Si la identidad se sustenta en la comprensión de la propia historia nacional, es ella, nuestra clase política, la menos indicada para exhibir hoy una impronta que no podría asumir sin avergonzarse... Para peor, la corrupción inherente a su prolongada permanencia en el poder a lo largo de más de 20 años de democracia, ha creado una crisis de representación de difícil retorno. En la realidad, el modelo de representación, que no es democrático, pareciera haber capturado al modelo de la democracia. El Estado o al menos lo que resta del Estado, resulta botín de guerra del modelo de representación. Seguimos esclavos de un proceso que sólo puede ser modificado mediante fuertes estallidos sociales.

Salir de los entrampamientos no será tarea fácil, quizá convenga reconocer que estamos apenas en etapas de preparación, en etapas de crecimiento y de conflicto. Que el tiempo de la coagulación de tanto esfuerzo aislado en un pensamiento nacional hegemónico aún no ha llegado.... Será tal vez el resultado de hechos imprevisibles, fruto de otras tantas crisis como las que hemos vivido y sufrido en los últimos años. Será entonces, y siempre, un punto de atracción y de maduración del pensamiento que permitirá recobrar los legados de la historia; será siempre el fruto de las luchas y de los esfuerzos inabarcables del conjunto de los hijos de esta tierra.

 
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