Interpretación de normas de convivencia social




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fecha de publicación07.02.2016
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INTERPRETACIÓN DE NORMAS DE CONVIVENCIA SOCIAL.

Evidencia 1.1.1

Elabora un documento escrito que permita identificar los valores cívicos, de familia, en la escuela o religiosos en un grupo social de tu entorno, tales como:

 Una familia

 Grupo religioso.

 Grupo escolar.

Realiza un análisis sobre los valores observados, enfatizando no emitir juicios de valor personales.

Elementos a evaluar.

  1. Valores:

* Define los valores acorde con sus características en el contexto cívico, familiar, escolar o religioso. Aporta elemento sustentados y describe cada una de las características.

* Define las diferencias en la aplicación de los valores al interior de la sociedad y acorde con el contexto cívico, familiar, escolar o religioso.

* Aporta criterios propios sustentados en la identificación de los valores

* Realiza aportaciones y/o ejemplos estableciendo las diferencias de los valores en sociedad.

  1. Disvalores:

* Identifica los disvalores aportando elementos que enriquecen el trabajo.

* Aporta elementos sustentados que reflejan el análisis al establecer las diferencias de los disvalores.

* Plantea la relación de los disvalores y el comportamiento social. Aportando ejemplos

  1. Actitudes:

* Muestra constancia en el análisis y reflexión sobre el tema abordado así como en los documentos consultados.

* Colabora con sus compañeros para realizar un análisis sobre los valores y disvalores, respetando las diferencias individuales.

* Muestra firmeza en el cumplimiento de sus propósitos.

Evidencia 1.2.1

Identifica por escrito la vinculación entre cultura y patrones culturales que modifican el comportamiento en la diversidad. (Documento escrito que incluya valores y patrones culturales de la familia, amigos, entorno escolar y comunidad).

Elementos a evaluar:

  1. Características de la cultura:

* Describe e identifica los elementos culturales en diversos contextos sociales, aportando información sustentada al tema.

* Identifica la relación entre valores y cultura.

* Presenta en forma clara y comprensible los criterios que dan origen a los patrones culturales.

* Presenta diversos ejemplos de patrones culturales de actualidad

* Realiza comparaciones de patrones culturales válidos en su contexto y no válidos en otro.

  1. Comportamiento:

* Analiza los elementos que existen entre valores y comportamiento social.

* Establece la relación entre cultura y comportamiento y desarrolla un planteamiento personal sustentado en conocimientos previos.

* Vincula, valores-cultura-comportamiento, estableciendo relaciones que identifican el comportamiento social. Presenta descripciones claras de esas relaciones.

  1. Expresiones culturales:

* Relaciona los elementos que conforman la cultura. Aporta información sustentada.

* Identifica la diversidad en el ámbito cultural, aporta ejemplos e información documentada.

* Analiza las expresiones culturales y el comportamiento de la sociedad. Presenta información que sustenta su análisis.

  1. Actitudes (AUTOEVALUACIÓN):

* Muestra constancia en el análisis y reflexión sobre el tema abordado así como en los documentos consultados.

* Colabora con sus compañeros al realizar un análisis sobre los valores y comportamiento social. Muestra participación y creatividad en el trabajo.

* Respeta la opinión de los demás.

* Realiza con orden y limpieza las tareas encomendadas.

* Realiza con orden las tareas encomendadas.

UNIDAD 1. Lecturas.

Objetividad del valor.

Muchas personas responderían a las preguntas anteriores de este modo: "cada quien sabe lo que hace", "según las circunstancias", "depende de la época y del lugar de que se trate". Estas son posturas relativistas fáciles de rebatir con un poco que pensemos con profundidad.

Los griegos dibujaban una serpiente en círculo comiéndose su cola, con lo que querían significar cómo el relativismo tiene en sí la semilla de su propia destrucción. Si decimos que todo es relativo, nos estamos contradiciendo, porque hemos hecho una afirmación absoluta: por lo menos una cosa ya no es relativa, que todo sea relativo. Y no es un juego de palabras. La Verdad es para todos y donde sea, o no es Verdad. La Bondad, intrínseca a la naturaleza humana, o es válida para todo el género humano, o no es Bondad.

Es comprensible, pero no justificable, esta actitud de falta de fijeza, de "manga ancha" en extremo, dadas las condiciones de nuestra época. Todo parece cambiar; el cambio es aceleradísimo en muchos aspectos y sectores; hay que actualizarse constantemente. El relativismo anda en el smog del ambiente y muchos lo asimilan por ósmosis, por comodidad y cobardía. Porque realmente la postura del relativista esconde una gran pereza mental y una enorme falta de valentía: a todos da por su lado, no se busca enemistades, y además, no da la cara, no se compromete ante nada ni ante nadie.

Muchas personas se dejan arrastrar por esta situación y creen que todo debe cambiar. Así se encuentran desorientadas, porque si consideran que todos los valores en los que ellas fueron educadas son obsoletos no tienen ya más vigencia, nunca saben a qué atenerse y, como veletas, son presas fáciles de todas las corrientes, de todos los "ismos", por contradictorios que sean.

No. La Axiología como las matemáticas, es una ciencia exacta. La nueva ciencia del valor demuestra, utilizando las matemáticas transfinitas, la correcta jerarquización axiológica. El punto de partida para lograrlo es precisar el concepto al que se refiere cada valor. Porque es obvio que una persona que entienda "religiosidad" como hipocresía, "mochera" o subterfugio, como mito producto de la imaginación alienada, la colocará en un nivel inferior o más bien la sacará del resto de la esfera de valores, por tratarse de un disvalor. Otra persona que considere "religión" como la relación entre Dios y el hombre, relación paterno-filial, colocará esta esfera en la cima de las demás, por tratarse de un nivel sobrenatural: como su nombre lo indica, está sobre todas las demás esferas, que corresponden a lo natural en el hombre. ¿y cuál de estas personas tiene la razón? Porque la verdad no puede estar en dos posturas contradictorias. El diccionario nos puede resolver muchos conflictos, y si queremos profundizar más, habremos de recurrir a los peritos en esta materia y en la de cada una de las otras esferas.

El concepto de "moral" se refiere al deber ser de los actos humanos en orden, alcanzar la felicidad. Un acto "humano" requiere necesariamente de la razón y la voluntad. Esto es, para que un acto pueda ser calificado de moral o inmoral, es imprescindible que haya sido realizado consciente y libremente. Pero ¿en qué nos basamos para calificar de bueno o malo un acto humano? Es decir, ¿cuál es el criterio de moralidad? La ética nos dice que este criterio se basa en la misma naturaleza humana. En la medida en que un acto perfeccione todos los aspectos del hombre (vegetativo, animal, racional y trascendente) o cuando menos no vaya en detrimento de lo superior, el acto es bueno.

Y si el criterio de moralidad se basa en la naturaleza humana en la esencia del hombre- no puede estar sujeto a cambios, porque si cambiara la naturaleza humana, ya no podríamos hablar de moral, de hombre, de razón y voluntad.

Un ejemplo podría aclarar lo anterior. Si un hombre bebe en una reunión familiar una copa de buen cogñac, se perfecciona vegetativamente porque el cogñac tiene ricas propiedades alimenticias; se perfección sensitivamente, en la medida en que sea buen catador, al gustar y oler una buena bebida; se perfecciona racionalmente, al compartir con sus familiares y más si procuran dialogar sobre temas interesantes, ampliando sus horizontes y comprendiendo los diferentes puntos de vista; En cambio si en vez de beber una copa, bebe cien, se perjudica su organismo, ya no alcanza a distinguir el bouquet, su razón se nubla, al grado que ya no es consciente de sus actos.

El mal es un desorden, una carencia de bien: donde debería haber un hombre lúcido, no tenemos más que un ser que se comporta como animal.

Necesitamos adoptar una actitud de apertura para comprender diferentes puntos de vista, para saber colocarnos desde el ángulo en que otras personas observan equis situación, y así poder enriquecer nuestro punto de vista. Jerárquicamente, la esfera de valores estéticos sigue a la de los religiosos y los morales. La Belleza, la elegancia naturalismo en el que laxamente nada es mal la formación de lo sublime, lo bonito, lo agradable, son categorías estéticas. La voz griega "aisthesis" significa sensación, lo que nos da una pauta para relacionar siempre esta esfera de valores con cosas materiales que percibimos por los sentidos. Pero lo estético no se refiere a cualquier cosa, sino a una "cosa" bella y humanizada, enriquecida por la proyección total de la personalidad del artista que crea, o del hombre que contempla o del virtuoso que interpreta recreando la obra original. La actitud estética no sólo se da ante el arte, sino ante la naturaleza.

Sin embargo, aquí es cuestión de gustos y de tipos de personalidad, aunque también intervienen criterios más objetivos, que se pueden estudiar. Son raras las personas que gustan de Stravinski o de José Clemente Orozco o de José Gorostiza a la primera. Sin embargo, si se dejan guiar por un buen maestro, y no se cierran ante lo que al principio puede hasta disgustar, y van con esfuerzo penetrando en sus mundos, llegarán a apreciar, si no es que a enamorarse de esas obras. Lo malo sería que por ignorancia y por dejarse llevar de opiniones infundadas, creyéramos encontrar arte en lo que sólo es una manifestación vacía, puramente formal o puramente temática, anecdótica -descriptiva por lo general de conductas erróneas que intentan confundir lo pornográfico, lo grosero y lo morboso con lo auténticamente bello.

Pasemos a los valores intelectuales. Como estamos estudiando lo más sistemáticamente posible la jerarquización axiológica conviene recordar de nuevo que hemos de efectuar una serie de disecciones. No olvidemos que uno es el terreno del análisis y otra la realidad viva, única, total, integral, del ser humano. Pero parece que nuestra inteligencia si no divide no comprende.

Naturalmente, el hombre en su actividad pensante no puede dejar a un lado, sus emociones, sus instintos, su voluntad, su fe. Pero cuando hablamos de los valores intelectuales, nos referimos a la actividad de la razón Por eso los consideramos en cuarto lugar. Las tres esferas anteriores requieren, de un modo o de otro, de la totalidad de la persona: ante lo divino, no sólo se compromete nuestra razón y nuestros sentimientos, sino toda la vida; la moral rige la totalidad de nuestros actos humanos, y ya vimos como la actitud estética absorbe también nuestra personalidad entera.

Con la razón vamos en busca de la Verdad. Al preguntamos por el universo, al penetrar en los secretos del átomo, al cuestionamos quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, nos estamos distinguiendo esencial y vitalmente de las bestias. Dos falsos conceptos de esta esfera de valores, que nos llevarían a moverla de sitio en la tabla jerárquica, serían: o considerar lo intelectual como la fórmula mágica y única que dignifica al hombre, y sin la cual no se da ninguno de los otros valores, o considerar la ciencia por la ciencia, el saber por el saber, lo cual tiende más a ensoberbecer que a dar la felicidad.

La primera postura está viendo la jerarquía no desde un punto de vista axiológico qué vale más sino según un orden de necesidad: qué necesito primero. Viéndolo así, primero necesitamos estar vivos valores físicos para poder pensar valores intelectuales y así poder realizar en nuestra vida la Belleza, la Bondad y la Santidad.

La segunda postura cae por su propio peso: el erudito petulante que sabe el qué de todo pero no el para qué, es un pobre indigesto de lecturas, más lucrado del pensamiento de otros, que creador que contribuya al acercamiento humano a la Verdad, fuente de la felicidad auténtica.

La esfera siguiente es la de los valores afectivos. Aunque: luchas adolescentes se enojan porque pongamos el corazón bajo la cabeza, esa es la realidad anatómica y axiológica. Emociones, las tienen los animales; razón, no. La afectividad tiene un componente fisiológico muy fuerte: las hormonas realizan su función y nos pueden inclinar al amor o alodio. En cambio, 2 + 2 son 4 esté de buenas o de malas, me caigas bien o sienta aborrecerte. Si entendiéramos en esta esfera lo puramente fisiológico, sería reductible a los valores físicos; si la tomáramos como el deber de amar a todos, consciente y libremente, estaríamos en el terreno pleno de la moral; y si la entendiéramos como el Amor sublime de la caridad, hablaríamos ya un lenguaje religioso.

La afectividad en el hombre ocupa un terreno fronterizo entre lo espiritual y lo material. Lo espiritual actúa por nuestra inteligencia que piensa, que conceptualiza, y nuestra voluntad que quiere libremente, que ama. Nuestro cuerpo, lo material, actúa por el conocimiento sensorial de las cosas individuales y los apetitos que reaccionan instintivamente ante ellos. Pero nuestra afectividad actúa material y espiritualmente: la imaginación ve -como el pensamiento abstracto en lo racional y el conocimiento sensible en el animal- y el sentimiento actúa como la voluntad o el apetito en sus propios terrenos.

En cuanto imaginamos cosas materiales, nuestras emociones tienen también una gran dosis hormonal. Pero en cuanto vamos siendo capaces de mayor creatividad e imaginamos grandes obras en el terreno científico, artístico o ético, nuestros sentimientos se espiritual izan.

Siguen los valores sociales. Si aquí pensamos en términos de "justicia social", y de "bien común", nos regresamos a valores más altos, ya citados, como son los morales. Pero considerémoslos como las relaciones impersonales con los demás. No hay una comunicación de tú a tú, sino la interacción despersonalizada con el "hombre masa". Lo que "se dice", lo que hacen; la moda, las costumbres sociales, el aplauso, los resultados de una elección, las rayas de una estadística, el prestigio, la fama, el poder. No importa en realidad quién aplauda, quién vote, quién diga, quién use, quién apoye, sino el impersonal "se": que se aplauda, se vote, etc.

Los penúltimos en la escala jerárquica son los valores físicos, porque se refieren a lo puramente material, pero vivo, del hombre. La salud es un don preciado que hay que saber cuidar. Ciertamente es la base del edificio: "mente sana en cuerpo sano", nos han dicho los griegos muchos siglos atrás. Nuestro pensamiento es superior a nuestro metabolismo: el primero nos puede sobrevivir, el segundo es efímero. Entre un atleta y un sabio, hay su diferencia: no en cuanto a la persona tan valiosa una como la otra, por el hecho de serlo sino en cuanto a su actividad, dada su trascendencia.

Por último, los valores económicos se refieren a la materia a la que le ha sido dado un valor convencional.

En realidad estos cuatro últimos valores son instrumentales, son medios, "sirven para" lograr los superiores. Los de las alturas son servidos, no "sirven para", porque ya son metas. Si quisiéramos el dinero por el dinero mismo, la salud y el poder por sí mismos, seríamos tristemente mediocres. El mediocre hace del medio su fin y vive para eso. No se da cuenta de que se queda adorando el peldaño sin ir a ninguna parte. Así, no vive: se agita inútilmente acumulando riquezas, cuidando escrupulosamente su salud o en soberbia total por la multitud de sus súbditos, pero se ahoga y se pudre en su egoísmo y no encuentra la felicidad.

El segundo paso que debemos dar, es más difícil que encontrar intelectualmente los fundamentos de jerarquización: vivir conforme a esta tabla axiológica. Esto exige lucha constante por ser auténticos, por vivir congruentemente con lo que creemos y pensamos. Y con todo, nos podemos equivocar, como puede errar en una suma un buen matemático; pero ese fue error de él y no de las matemáticas. Lo mismo sucede en la axiología: tú y yo tendremos que rectificar miles de veces en nuestra vida, porque antepusimos algo de menor valor a lo que valía más, pero la Axiología, la Ciencia del Valor, se queda muy tranquila.

(Pliego Ballesteros, 2006).
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