Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal




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2. La sociogénesis
Mientras se acumulan los indicios anatómicos y tecnológicos que permiten seguir la evolución física de la especie y presumir un desarrollo mental que corroboren los perfeccionamientos de utensilios no poseemos el mínimo rastro directo en lo que concierne a la hominización. Hasta hace unos pocos años tan sólo teníamos a nuestra disposición ciertos indicios, muy tardíos, obtenidos a partir de las sociedades arcaicas de homo sapiens que han subsistido hasta nuestros días. Posteriormente, hemos visto enriquecido nuestro bagaje de datos al respecto con indicaciones cada vez más numerosas sobre las sociedades más avanzadas de primates, es decir, sobre una imagen de aquello que habría podido ser la sociedad de los pre-homínidos. Entre estos dos promontorios se extendía un inmenso vacío, pero entre estos dos polos socia- les podemos intentar situar conjuntamente restos anatómicos, craneanos, tecnológicos y cinegéticos, como índices de organización social, de modo similar a como lo hace la paleontología natural que, a partir de fragmentos óseos, intenta reconstruir por presunción el organismo en función de las reglas organizativas del esqueleto.

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La clase dominante
Paralelamente, la casta dominante de machos se transforma en clase dominante de hombres. Entre los mono sociales, la intolerancia entre machos sólo podía ser dominada en y por la jerarquía de rango y por una cooperación estrictamente limitada a la defensa del grupo. La hominización operará un progreso radical al reprimir la intolerancia entre machos por medio de la solidaridad masculina y proyectando sobre la organización de la vida una cooperación impulsada por las necesidades de la caza.

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Lo masculino en lo femenino desarrollarán cada uno por su lado su propia sociabilidad, su propia cultura y su propia psicología, y la diferencia psicocultural agravará tirada una mayor complejidad a la diferencia fisioendocrina. Una mujer tierna, sedentaria, rutinaria y pacifica se opondrá al hombre cazador, nómada y explorador. Dos siluetas hace su aparición en el marco de la sociedad homínida, la del hombre que se yergue empuñando las armas para enfrentarse al animal y la de la mujer reclinada sobre su hijo o para recolectar el vegetal.

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Se nos aparece, pues, una primera modificación fundamental entre la sociedad primática y paleosociedad. La paleosociedad está menos jerarquizada, más colectivizada, pero aún mismo tiempo se haya mucho más dominada por su organización masculina y posee un mayor grado de complejidad derivado de la diferenciación masculino-femenino. La sociedad de los homínidos conserva, aunque modificándolo, el principio de dominación-jerarquía de la sociedad de los primates y aporta la novedad de un principio cooperativo-socialista de organización. Engels tenía razón al subrayar el carácter básico de este último, pero subestimó el carácter del otro principio indicado. En lo sucesivo, una vez asentados firmemente los dos principios fundamentales, sus combinaciones y sus conflictos marcarán toda la historia de la humanidad.

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La juventud sin clase
Así pues, la semisocialización de los jóvenes y sus relaciones con los adultos permiten a la sociedad beneficiarse directamente de las innovaciones y descubrimientos. Por otro lado, rasgos característicos de la adolescencia como son la amistad del gusto por el juego y por todo lo nuevo, o en otros términos, la aptitud para la invención, se perpetúan de una forma cada vez más acusada durante la edad adulta, con lo cual la permanencia de carácter juvenil se convierte en un fenómeno antropológico. Los jóvenes son habría” integrados", "recuperados", pero sus virtudes, marginales entre los antropoides, impregna ahora la nueva sociedad.

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El paleolenguaje
La comunicación fonética se halla escasamente desarrollada en los primates, donde constituye un call system limitado al ámbito de una semiótica constituida por gestos y posturas. El hombre, desde el punto de vista vocal, se halla mucho más cerca de las aves y para poder crear el lenguaje ha precisado de:

1. Un conjunto de mutaciones genéticas que, quizá por separado, quizá actuando un mismo tiempo, haya reestructurado la caja craneana dándole ciertas aptitudes acústicas, a la vez que han contribuido a desarrollar su cerebro y a adecuar un centro específico organizador del lenguaje entre (¿homo erectus?)

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Es lícito suponer que para los primeros homínidos un call system constituía un sistema de comunicación necesario y suficiente, de tal modo que con su repertorio de sonidos modulados podían comunicarse distancia entre los matorrales y referirse de un modo elemental a las acciones, agentes, cualidades y objetos necesarios para su práctica social.

Con la eclosión de la paleosociedad, es decir, entre 800.000 y 500.000 años antes de nuestra era, se hace necesario un lenguaje a la vez más rico y más abierto.

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Así pues, si se supone que las llamadas los sistema cerrado, como de las aves (que tal vez originariamente fueran invitadas por jóvenes "encantados"5, poseen un conjunto de propiedades acústicas, podemos imaginar,…
5 .Sería magnífico abordar el problema de la antropología del canto, que sin duda tienen origen vocal, pues el hecho de que se haya practicado en el seno de toda sociedad equivaldría a un especie de retorno permanente a las fuentes del lenguaje...
Quizá lo más exacto sea decir que el lenguaje humano, en tanto que sistema, puede reducirse a un tipo fundamental de organización desde el momento en que necesita la existencia conjunta de una estructura jerárquica con varios niveles (es decir, de una notable riqueza de complejidad) y de una organización discursiva. El lenguaje de doble articulación no tiene, pues, nada de milagroso, a no ser el milagro implícito en la constitución de todo metasistema. Quede claro que ello no implica que el lenguaje pierda su carácter de extraordinario, pues no hay duda alguna de que constituye el primer sistema discursivo altamente complejo que ha surgido al margen de la propia organización biótica y que con su aparición se abre el camino a una prodigiosa complejidad antropológica, cerebral, individual y social que está lejos de haber sido agotada o saturada...

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Indiquemos, pues, que parece más sensato creer que ha sido el lenguaje el que ha creado al hombre y no al hombre a lenguaje, a condición de especificar que ha sido el homínido quien ha creado el lenguaje.

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El nacimiento de la cultura
Nos enfrentamos ahora con un concepto clave cuya definición siempre ha sido abordada, o bien desde un nivel excesivamente fundamental (oposición a la naturaleza), o bien desde un enfoque excesivamente superestructural.

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6. Al convertirse el adulto, el hombre "rechaza" la cultura femenina y la cultura juvenil que ha vivido, pero este rechazo no es necesariamente permanente total. Así pues, quizá desde las sociedades de homínidos, y de una forma cada vez más acusada en las sociedades evolucionadas y modernas, vemos cómo surgen en el hombre una serie de aspectos característicos de mujeres y jóvenes. Nos encontramos con un ser de complejidad inestable, capaz de pasar de la dureza sin cuartel del cazador-guerrero a la dulzura, la bondad y la piedad características de la parte femenina-maternal que conserven su ser (y este hecho actualiza la parte tiene tico-endocrina femenina que tiene todo macho), por nuestra parte, no albergaremos la menor duda de que el hombre "se humaniza" al desarrollar su feminidad genética y cultural, así como las componentes del carácter juvenil, a lo largo de su vida adulta. Por supuesto, esta humanización está lejos de haber cuajado en nuestros días, aunque aparece como una profunda necesidad cultural de nuestro desarrollo contemporáneo.

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Como resultado de una prodigiosa morfogénesis emerge un aparato que se convierte automáticamente en morfogenético. La sociedad se transforma en un sistema fenoménico dotado de un aparato generador-regenerador: la cultura.

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En consecuencia, tal como ha sucedido posteriormente con determinadas sociedades arcaicas, es perfectamente posible que ciertas paleosociedades regresen a la vida de recolección en el bosque y que se liberen en mayor o menor grado de la caza sin que por ello pierdan las estructuras culturales complejas que anteriormente habían adquirido mientras constituían una sociedad de cazadores... Aún más general, una sociedad que ha adquirido una cierta complejidad en un medio dado y en función de una praxis concreta puede, gracias a un sistema cultural, conservar dicha complejidad en condiciones ecológicas y práxicas absolutamente nuevas.

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3. El nudo gordiano de la hominización


Juvenilización cerebralizante y cerebralización juvenilizante

el desarrollo del complejidad social exige, por parte del cerebro individual, un conocimiento cada vez más amplio y preciso del mundo exterior (medio ambiente) y del mundo interior (sociedad), una memoria cada vez más potente, múltiples posibilidades asociativas y aptitudes adecuadas para tomar decisiones y encontrar soluciones ante un gran número de situaciones diversas e imprevistas.

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Puede decirse, previa condición de que se disponga de un marco inicialmente ecológico que en una etapa posterior vaya adquiriendo progresivas connotaciones socioculturales hasta hacerse apto para acoger todo nuevo desarrollo de la complejidad cerebral, que siempre debe pagarse un cierto precio por un incremento de la capacidad cerebral, pero que a resulta ser dicho incremento el grupo mutante se beneficiará de una prima de superioridad técnica, social, cultural e incluso ecológica. Existe otro grupo de fenómenos, como la cocción de los alimentos, que al tiempo que han creado condiciones favorables para que se produjera una ampliación de la caja craneana, cabe suponer hayan permitido también una reorganización cerebral adecuada al contexto sociocultural en el que se insertaba, y la constitución de un "excedente", prima de superioridad y reserva potencial de complejidad a un mismo tiempo. Así pues, puede acumularse una riqueza virtual a través del crecimiento del cerebro, si altamente no necesaria dadas las condiciones existentes, pero que inevitablemente actuará como factor favorable en ulteriores desarrollos.

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Sin embargo todo parece indicarnos que tal dialéctica ha desempeñado una importante función y, si bien la evolución "natural" del cerebro del homínido a producido y desarrollo la cultura, acto seguido ha sido la propia evolución cultural quien ha empujado o estimulado al homínido para que desarrollara su cerebro, es decir, se transformará en hombre.

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Así pues, el proceso de cerebralización es ontogenético (es decir, un proceso en que la complejificación sociocultural estimula el pleno empleo de las aptitudes cerebrales) y filogenético (es decir, actúa por medio de mutaciones que producirán nuevas aptitudes las cuales, a no tardar, serán explotadas por la complejificación sociocultural).

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La juvenilización de la especie es una juvenilización cerebral o, lo que es lo mismo, la potencialidad de una inteligencia y una sensibilidad juveniles en el adulto o, incluso, en el viejo.

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Así pues, la juvenilización es un proceso la vez general y múltiple, estrechamente asociado a la cerebralización en todos y cada uno de sus aspectos, que afecta a la naturaleza genética de la especie, la naturaleza social de la cultura y la naturaleza afectiva e intelectual del individuo, asegurando unas mejores condiciones de autorreproducción y autodesarrollo socioculturales facilitando el desenvolvimiento a nivel individual, afectivo, intelectual y de invención, desde la cuna hasta, en algunos casos la misma senectud.

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El progreso de la juvenilización trae consigo la regresión de los comportamientos estereotipados (instintivos) que estaban programados de forma innata, una extrema apertura frente al medio ambiente (natural y social) y la adquisición de una gran plasticidad y disponibilidad.

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La cultura se inserta complementariamente en las regresión de los instintos (programas genéticos) y la progresión de las capacidades organizativas, reforzada simultáneamente por dichas regresión (juvenilizante) y progresión (cerebralizante), necesaria para una y para otra. La cultura constituye un “tape-recorder”, un capital organizativo, una matriz información, apto para alimentar las capacidades cerebrales, orientar las estrategias heurísticas y programar los comportamientos sociales.

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Nos enfrentamos, pues, con el aspecto biosociocultural de la hominización: las estructuras de organización cognoscitivas, lingüísticas y prácticas que emergen a través de los nuevos desarrollos del cerebro, son estructuras innatas que reemplazan los programas estereotipados o instintos. En lo sucesivo quedarán inscritas en la herencia genética, mientras que un gran número de comportamientos estereotipados desaparecerán, pero dichas estructuras de organización sólo adquirirán un carácter operativo a partir de la educación sociocultural y en un medio social complejificado por la cultura.

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Se resuelve con ello una de las paradojas que tan estérilmente oponía las respectivas funciones de lo innato y lo adquirido en el hombre. De hecho, lo que se elabora lo largo del período de hominización es la aptitud innata para adquirir y el dispositivo cultural que permite integrar lo adquirido. Más aún, es la aptitud natural para la cultura y la aptitud cultural para desarrollar la naturaleza humana.

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Privado de cultura, sapiens sería un débil mental con sólo capacidad para sobrevivir como un primate de los menos evolucionados, es decir, sin tan siquiera habilidad para reconstruir una sociedad de similar complejidad a la de los babuinos o los chimpancés.

Es, pues, evidente que el cerebro de grandes dimensiones que caracteriza al sapiens no ha podido hacer su aparición y alcanzar el triunfo sin la formación de una cultura compleja, y es asombroso que haya podido pensarse de forma radicalmente opuesta durante tanto tiempo.

Disociando evolución biológica y evolución cultural como si de dos cauces distintos se tratara, se nos hacen incomprensibles, no sólo los primeros pasos del proceso de hominización, sino también la culminación del mismo.

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4. La falta de realización final
Del mismo modo que en el curso de un primer estadio prehistórico las potencialidades de un cerebro de pequeñas dimensiones, por otro lado débilmente explotadas hasta entonces en el bosque, permitían bajo el impulso de la vida en la sabana el desarrollo de una praxis que iba a desembocar en la constitución de una tecnología, de un nuevo tipo de sociedad y de un embrión de cultura, durante el estadio subsiguiente es el desarrollo de la complejidad sociocultural el que presiona para activar el desarrollo de la juvenilización y de la cerebralización.

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En efecto, la culminación del proceso de hominización es aún mismo tiempo un punto de partida. El hombre que se realiza como homo sapiens es una especie juvenil e infantil; su genial cerebro es débil sin el apoyo del aparato cultural; todas sus aptitudes necesitan ser alimentadas por medio del biberón. La hominización culmina en la definitiva, radical y creadora falta de realización del hombre.

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Tercera parte
Un animal dotado de sinrazón

1. Sapiens-Demens

La era de los cerebros de gran tamaño comienza con el hombre de Neanderthal, ya sapiens, que cede su sitio al hombre actual, último y único representante de la familia de los homínidos y del género hombre sobre la tierra. Cuando parece sapiens, el hombre ya es socius, faber, loquens. La novedad sapiens que aporta el mundo no reside, tal como se había creído, en la sociedad, la técnica, la lógica o la cultura, sino en algo que hasta el presente venía siendo considerado como epifenoménico, o ridículamente promulgado como signo de espiritualidad: la sepultura y la pintura.

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Una nueva conciencia
El establecimiento de conexiones entre una conciencia de la transformación, una conciencia de las coerciones y una conciencia del tiempo indica la aparición de un mayor grado de complejidad y un salto cualitativo en el conocimiento consciente de sapiens.

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El mito y la magia
La creencia en que a través de una transformación se alcanza una nueva vida en la que se mantienen identidad del transformado (reencarnación o supervivencia del “ doble") nos indican, por una parte, que existe una conciencia realista de la transformación, y, por otra, que hace su aparición en escena lo imaginario como una de las formas de percepción de la realidad y que el mito entra formar parte de una nueva visión del mundo. Tanto la imaginario como el mito se convertirán a un mismo tiempo en productos y coproductores del destino humano.

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