Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal




descargar 402.9 Kb.
títuloEs sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal
página6/14
fecha de publicación09.02.2016
tamaño402.9 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Biología > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14
El animal en crisis

¿Qué es una crisis? Un acrecentamiento del desorden y de la incertidumbre en el seno de un sistema (individual o social). Dicho desorden está provocado por, o le provoca, el bloqueo de dispositivos organizadores, especialmente los de carácter regulador (feedback negativos), determinando, por una parte, rígidas coacciones, y por otra, el desbloqueo de virtualidades hasta entonces inhibidas. Estas últimas se des- arrollan de forma desmesurada (ubris), de tal modo que las diferencias se transforman en oposiciones y los complementos en antagonismos.

«Normalmente» la máquina hipercompleja funciona al borde de la crisis, ya que funciona con desorden y al límite del desorden, que sus dispositivos de controlo sus capacidades pueden verse bloqueados por perturbaciones de origen externo o interno, que ofrece escasa resistencia a la ubris psicoafectiva y que, finalmente y por encima de todo sé ve a menudo enfrentada a double-binds (Bateson, 1960), es decir; a órdenes terminantes contradictorias entre sí o a alternativas cuyos términos son idéntica mente deseables o repulsivos.

La crisis puede resolverse por una vuelta in statu qua ante, pero lo característico del sistema hipercomplejo en crisis es lanzarse a la búsqueda de nuevas soluciones, que tanto pueden ser imaginarias o mitológicas como prácticas y creadoras. Así pues, potencialmente la crisis es generadora de ilusiones y/o actividades inventivas. De un modo más amplio, puede afirmarse que la crisis es manantial de progreso (nueva solución, más allá de las contradicciones o double- binds que acreciente la complejidad del sistema) o/y manantial de regresión (solución, más acá de las contradicciones, que lleve el sistema a un estado de menor complejidad).
Sapiens, «tejido de contradicciones», es un animal en crisis; es, a un mismo tiempo, el manantial de sus fracasos, sus éxitos, sus inventos y su neurosis fundamental.

La neurosis de la humanidad

La neurosis es una noción que se ha visto excesivamente circunscrita -exorcisada- al universo cerrado de la psiquiatría, mientras que su definición tiene pleno valor referida a la naturaleza humana en general. La neurosis no es sólo una consecuencia, sino también -una respuesta a la incertidumbre, la angustia, la amenaza, o el conflicto, y tal respuesta de carácter mágico-ritual establece un compromiso entre el cerebro y la realidad exterior.

En este sentido, homo sapiens ha creado un nuevo ritual respecto al rito animal.

Tal como han mostrado Tinbergen y Lorenz, en la vida animal el rito es un comportamiento comunicativo, algunas veces de carácter mimético-simbólico, que transmite un mensaje con el fin de obtener una respuesta. En condiciones perturbadoras, especialmente en las de double-bind (por ejemplo, concomitancia entre una fuerte atracción y una fuerte repulsión), el animal reacciona poniendo a prueba o repitiendo determinados comportamientos «rituales», pero desfasados y sin respuesta.
167
El rito humano se desarrollará en estas dos direcciones. De una parte el ritual de la comunicación social, donde cada uno se verá obligado a representar su «rol» según su «status» en situaciones dadas, cada una de las cuales comportará sus propias normas y etiquetas (habrá, como entre los animales, ritos de cortejo, de subordinación, de acogida, de apaciguamiento, de amistad, etc.). Por otra, nos enfrentaremos con los ritos «patológicos» individuales que cada uno inventará, pondrá a prueba o reproducirá para sobreponerse, o para calmar sus propias crisis.

Pero la introducción del mito y la magia hará que se desarrolle un nuevo tipo de rito en una tercera dirección para responder a la incertidumbre, la angustia y la crisis del horno sapiens.

El rito es por su propia naturaleza una respuesta frente al desorden, al que exorciza construyendo una rígida secuencia de operaciones verbales y gestuales que adquieren el minucioso aspecto de un programa. Pero por encima de ello, el rito se integra en el orden racionalizador del mito y va dirigido a poderes mitológicos (espíritus, dioses) con el fin de obtener una respuesta o provocar el acontecimiento que proporcionará protección, seguridad o solución. No cabe duda de que la respuesta siempre aparece. Como mínimo viene a través del sentimiento de seguridad o de protección que resultan de la práctica del rito, y en ciertos casos se manifiesta a través del comportamiento favorable del medio ambiente (lluvia, caza, cosecha, éxito, etc.) o de una solución psicosomática (curación de una enfermedad, expulsión de los malos espíritus).

La práctica mágica consiste en poner en resonancia el mito y el rito, del que no debe subestimarse la eficacia misteriosa. La magia arcaica puede ser considerada como el conjunto articulado de una visión mitológica del mundo y un sistema ritual que funciona frente a toda amenaza de entropía, tanto en el exterior como en el interior del espíritu humano, ya sea en el individuo o en la sociedad, y, especialmente, contra y sobre la entropía final y fatal de la muerte. La religión, fenómeno histórico surgido del desarrollo institucional y mitológico de la magia, debe ser considerada como una realización mitológico-ritual en torno a los dioses, y nos, es dado englobar la magia en la fórmula freudiana que caracteriza a la religión como «neurosis obsesiva de la humanidad» (Freud, 1932).

Uno .de los rasgos más notables del compromiso neurótico mágico-religioso es que se establece, no sólo con la realidad exterior (el medio ambiente, el mundo), sino también con la realidad interior. No se trata de un simple compromiso entre el mito y lo real, es también un compromiso con la realidad mitológica.

En este punto nos vemos obligados a decir dos palabras sobre un fenómeno de capital importancia, a saber, la existencia viva de seres noológicos, ideas, símbolos, espíritus y dioses que gozan, no sólo de una realidad subjetiva, sino de una cierta autonomía objetiva. Productos del cerebro, se convierten en seres vivos de un nuevo tipo (P. Auger, 1966; J. Monod, 1971) y los cerebros, en tanto que sistemas débilmente controlados se comportan como aprendices de brujo respecto a ellos o, mejor dicho, constituyen ecosistemas nutricios sin los que, no podrían vivir. Como muy bien dice Pierre Auger, «las ideas se reproducen en el medio ambiente constituido por los cerebros humanos» (Auger, 1966, pp. 98-99). De entre los seres que viven en la brecha de ambigüedad que existe entre el sujeto y el objeto, los espíritus, los espectros, los genios y los dioses gozan de un grado de existencia superior, biomorfo, antropomorfo. Es evidente que existen los dioses, que habla¡:¡, actúan, ordenan y exigen, que se sobreponen a nosotros y que, en el trance de posesión, hablan a través de nuestras bocas. Sólo una vez que han muerto empezamos a dudar de que jamás hayan existido. (Por lo demás, no todos han muerto, y nuevos dioses ideológicos, exigentes, salvadores o destructores, han venido a ocupar un lugar entre nosotros).

Así pues, magia y religión constituyen formas de asegurar relaciones de intercambio, de compromiso, de seguridad y de ayuda mutua con las potencias y seres mitológico s que no existirían sin nosotros, pero que controlan nuestros actos. Dominado y explotado por sus dioses y sus genios, sapiens intenta a su vez aprisionarlos y utilizarlos en su propio beneficio. Les sirve, les alimenta, les ofrece sacrificios, les canta alabanzas y les dirige sus plegarias, para que, en contrapartida, le aseguren sustento, éxito, protección, victoria e in- mortalidad.

El mito, el rito, la magia y la religión garantizan un compromiso, no sólo con el medio ambiente exterior, sino también con las potencias noológicas, un compromiso interno, en el interior del espíritu humano, con sus propios fantasmas, su propio desorden, su propia ubris, sus propias contradicciones, su propia naturaleza en crisis.

Con horno sapiens, la cultura engloba e institucionaliza mitología, magia, rito y religión. Paralelamente toma a su, cargo el compromiso antropológico de la neurosis, liberando a los individuos (al menos en un principio o desde un punto de vista estadístico) de la errabunda y angustiosa búsqueda de un compromiso, y ofreciéndoles los patterns adaptativos i de seguridad y purificación.

Horno sapiens ha pagado un precio fabuloso por el compromiso exterior e interior que le procura la magia, al que da nombre el rito más generalmente extendido, más arraiga- do y arcaico que existe, el sacrificio. El sacrificio constituye el más revelador de los universales neuróticos del comporta- miento humano (Morin, 1971). Desde el mayor sacrificio al sacrificio cotidiano, a través de la inmolación del hijo querido, de la virgen inocente, del más bello animal, del desviado o del pecador, sapiens, no sólo ha querido atraer la fortuna sino que ha pretendido exorcisar el desorden y la incertidumbre, no sólo los externos, sino también las potencias prodigiosas del desorden e incertidumbre ontológicas que su cerebro ha hecho surgir en el mundo.

Magia, mito y rito son respuestas neuróticas básicas a las incertidumbres ansiosas, a los desórdenes críticos, a los desbordamientos y parasitismos noológicos que suscita la hipercomplejidad, y constituyen elementos primordiales de la arquecultura del sapiens. La formidable colonización de la vida humana llevada a cabo por el mito, la magia y la religión, testimonian la amplitud y profundidad de la crisis a la que se ve sometido el homo sapiens, así como la amplitud y la profundidad de una solución neurótica sin la que la humanidad no hubiera logrado sobrevivir. La formulación de T, S. Eliot aún no ha perdido un ápice de su verdad: «Human kind cannot bear very much reality» (el género humano no puede soportar demasiada realidad).

En rodaje

Ciertamente homo sapiens es una quimera, un monstruo, un caos, un sujeto de contradicciones, un prodigio, juez de todas las cosas, imbécil gusano de tierra, depositario de la verdad, cloaca de la incertidumbre y el error, gloria y hez del universo... ¿Hemos conseguido desenmarañar este embrollo? No, pero hemos sido capaces de reconocerlo, enfrentamos a él y proponer su inteligibilidad a través de una observación de los principios organiza ti vos, los problemas, las dificultades, los desajustes, las adaptaciones y los éxitos de la hipercompleja máquina que constituye el cerebro de homo sapiens. Todo aquello que se nos mostraba contradictorio, irreductible y diverso sigue siéndolo, pero a un mismo tiempo hemos encontrado su unidad. Del mismo modo que un caleidoscopio nos presenta imágenes que pueden variar infinitamente según el movimiento que le imprimamos, la máquina hipercompleja nos muestra, a tenor de sus diversas desorganizaciones- reorganizaciones, una multiplicidad de aspectos o «estados» heterogéneos.

Sin embargo, tales estados no comportan un pleno empleo de la hipercomplejidad. En un extremo encontramos los que son testimonio de su excelencia, y en el opuesto los que dan razón de sus fracasos.

El estado de mayor perfección es aquel en que el juego entre el orden y el desorden es organizador, flexible, inventivo y creador y en el que la interferencia de las cualidades cerebrales superiores constituye un epicentro consciente.

En el polo opuesto, el estado de demencia viene provocado por la irrupción de pulsaciones incontroladas genética, cortical y ambientalmente, que al desencadenarse se sirven del aparato operativo-racionalizador y, eventualmente, de los aparatos socioculturales. Las demencias constituyen profundos y graves fracasos de la hipercomplejidad, y es en este marco donde cabe situar el problema de las violencias destructivas y de las agresividades delirantes, antes que en el de la agresión animal, regida por rígidas normas de comportamiento (desencadenamiento unívoco, blanco determinado).

Entre estos estados límites, los estados «úbricos», «críticos», «neuróticos», ya sea desembocando sobre uno u otro, ya sea dando lugar a términos medios.

Como hemos visto hasta la saciedad, sería erróneo, no sólo delinear nítidas fronteras entre tales estados, sino oponerlos entre sí de forma absoluta. El estado de mayor perfección navega al borde de la crisis, de la ubris, de la neurosis. No es un estado optimizable, en el sentido de que pudiera ser «regulado» de forma más favorable para que el talento de sapiens se desplegara en y por eliminación de todo riesgo de crisis, de error, de desorden y de locura. En otros términos, la propia máquina hipercompleja no puede ser optimizada ya que lo «mejor» contiene como ingrediente aquello que en cualquier momento puede degradarla y corromperla.

¿Quiere ello decir que el hombre está condenado por siempre jamás a las marejadas de demencia y que, si bien éstas son un testimonio de un fallo local o temporal de la hipercomplejidad, se hallan ineluctablemente vinculadas a él? Aquí debe distinguirse entre, de una parte, la optimización, y, de otra, el perfeccionamiento y el desarrollo, como también habrá que distinguir entre demencia y locura. La no-optimización significa que no estamos en condiciones de proporcionar una regla ideal, una norma preconcebida, un esquema racionalizador, que asegure el pleno empleo permanente de la hipercomplejidad. Pero en modo alguno significa que se hayan agotado ya todas las posiciones ni que el desarrollo de las mismas no vaya a modificar y enriquecer la máquina hipercompleja, que a partir de este estadio podrá, no sólo reducir sus estados «neuróticos» y disminuir los riesgos de regresión, sino también quizá eliminar las demencias.

No debemos olvidar que la más complicada de las máquinas que existe sobre la tierra no tiene más que entre 50.000 y 100.000 años de edad. Por consiguiente se halla en sus comienzos, en sus primeros ensayos y errores, está en rodaje, sujeta a recalentamientos fatales y obligada a trabajar muy por debajo de su capacidad real. Aún no ha tenido la oportunidad de elaborar, tanto en la esfera sociocultural como en la individual, las formas superiores de organización que competen a sus auténticas posibilidades. La sociedad, tal comola conocemos nosotros, ¿es una realización culminada, o simplemente un bosquejo? La conciencia, apenas surgida, ¿debe" seguir en su actual estado de atrofia por siempre jamás o, por el contrario, logrará desarrollarse como nuevo centro epigenético? ¿Acaso una nueva sociedad, una nueva conciencia, no podrían constituirse en los controles decisivos que encauzarán las marejadas destructoras? A partir de ahora deberemos distinguir entre la locura ontológica de sapiens- demens y las demencias, cuyo carácter hemos circunscrito con toda la exactitud posible. La locura, es decir, no sólo ubris, desorden y neurosis, sino también la parte irracionalizable de la existencia, se ubica necesariamente en las más profundas raíces y en el futuro horizonte de sapiens. Por su lado, las demencias quizá sólo se hallen vinculadas a los bárbaros inicios de la hipercomplejidad, en los cuales seguimos sumergidos aún en nuestros días.

Einstein decía que sólo un escaso porcentaje del espíritu humano había sido utilizado hasta hoy, que traduciéndolo a nuestro lenguaje sería equivalente a afirmar que la hipercomplejidad antropológica -individual, social, cultural- está aún, muy lejos de haber alcanzado su pleno desarrollo. La hiper complejidad no puede ser optimizada, sino que está subdesarrollada y se la puede desarrollar. La definición del hombre que proponemos es, evidentemente, una definición abierta.

La naturaleza humana

¿Qué es el hombre? Ser vivo, animal, vertebrado, mamífero, primate, homínido, y también algo más. Este algo, llamado homo sapiens, escapa, no sólo a una definición esquemática, sino también a una definición compleja. No basta con concebir que el ser humano se expresa a través y por su afectividad, hay que concebir así mismo que la locura es un problema central del hombre, y no solamente su exceso y su actividad residual. Es necesario que intentemos comprender -y nos hallamos tan sólo en los primeros pasos- el inaudito rol, funcional y disfuncional, de la irracionalidad en el seno de la racionalidad (e inversamente). Es necesario que entendamos que, del mismo modo que el microfísico utiliza nociones lógicamente contradictorias y complementariamente necesarias para comprender la naturaleza de los fenómenos que observa, para comprender el hombre precisamos ineludiblemente ensamblar nociones contradictorias en nuestro entendimiento. De este modo orden y desorden son antagónicos y complementarios en la auto-organización y en el devenir antropológico. Verdad y error son antagónicos y complementarios en el vagabundeo humano.

Debemos ligar al hombre razonable
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14

similar:

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconDiseñO. ¿Por qué? Cuestionarse sobre la
«hecho por mano o arte del hombre» 2, su incompleta naturaleza. Así, el hombre ha de crear para ser

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconA teoría de Aristóteles sobre las ideas y sobre la naturaleza del...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconLibertad significa, propiamente, ausencia de oposición; por oposición...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconEl creciente interés del hombre por un ambiente en el que vive se...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconSobre la muerte del hombre y el fin del psicoanalisis

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconRojo” en orden ascendente de de dominancia, es decir, el azul es...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconRojo” en orden ascendente de de dominancia, es decir, el azul es...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconResumen La ganadería de Entre Ríos está asentada en un 90% sobre...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconLas ideas más importantes sobre las que se sustenta la teoría de piaget son las siguientes

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal icon"L", que indica semillas lisas, es dominante sobre el alelo "l"




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com