Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal




descargar 402.9 Kb.
títuloEs sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal
página9/14
fecha de publicación09.02.2016
tamaño402.9 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Biología > Documentos
1   ...   6   7   8   9   10   11   12   13   14
El código cultural

La cultura lleva en su seno un doble capital. De una parte un capital técnico cognoscitivo -compuesto por los saberes y las formas de utilizarlos- que puede ser transmitido, en principio, a toda la sociedad. De otra, un capital específico que constituye los rasgos de su identidad original y sustenta una comunidad determinada por referencia a sus antepasados, sus muertos, sus tradiciones.

El conjunto constituye el sistema generativo de una sociedad sapiencial que, a través de reglas, normas, prohibiciones, cuasi-programas y estrategias, controla la existencia fenoménica de la sociedad con el fin de asegurar el mantenimiento de la complejidad social. Dicho sistema se autoperpetúa en el curso de la sucesión de generaciones al reproducirse en todos y cada uno de los individuos.

Desde el mismo momento de su nacimiento todo individuo recibe la herencia cultural que asegura su formación, orientación y desarrollo como ente social. La herencia cultural no, se limita a superponerse a la herencia genética, sino que se combina con ésta y determina los estímulos e inhibiciones l que contribuyen a todas y cada una de las ontogénesis individuales, y modela la expresión genética en el fenotipo huma- ; no. Cada cultura, gracias a sus imprintings precoces, sus tabús, sus imperativos, su sistema educativo, su régimen alimenticio, los conocimientos que requiere para sus prácticas, sus modelos de comportamiento en el ecosistema, en la sociedad, entre individuos, etc., rechaza, inhibe, favorece o sobredetermina la actualización de talo cual aptitud o rasgo psicoafectivo, proyecta presiones multiformes sobre el conjunto del funcionamiento cerebral, ejerce incluso efectos endocrinos propios y, de este modo, interviene como coorganizadora y controladora del conjunto de la personalidad.

En este sentido, la teoría culturalista de los «modelos I de cultura» como determinantes de una «personalidad de base» tiene su parte de verdad, siempre a condición de que sea adecuadamente restringida, relativizada e insertada en un marco de análisis dialéctico.

En efecto, la herencia cultural ofrece el modelo de una I personalidad «ideal» y favorece estadísticamente la aparición de rasgos en consonancia con ella. Sin embargo, la herencia genética se resiste a cualquier maniobra reduccionista, de tal forma que las combinaciones resultantes de la interacción entre herencia cultural y herencia genética alcanzan una enorme diversidad. Como resultado del proceso siempre aparecerá una minoría de desviados, que en el caso de ser tolerados y respetados contribuirán a aumentar la complejidad social, pero que no tendrán acción alguna sobre ella cuando se les reprima o elimine.

De hecho, la combinación entre herencia genética y heren- cia cultural tiene lugar de forma simultáneamente complementaria, competitiva y antagónica, y es por ello por lo que tiende a crear una nueva compleiidad individual introduciendo en cada individuo una dualidad más o menos bien integrada entre su personalidad social -su «personaje»- y su persona subjetiva. Pero, a un mismo tiempo, el «modelo» cultural, el tipo ideal de personalidad, tiende a reducir la va. riedad individual y, por encima de todo, los efectos sociales de dicha variedad; en este sentido, inhibe las posibilidades de complejificación.

En todos estos casos, la interacción entre herencia genética v herencia cultural hace más compleja y ahonda aún más la integración bio-psicosocial impulsada por la arquesociedad. Toda personalidad es el producto de la interferencia de dos principios generativos, el biológico y el cultural (sin olvidar la interferencia complementaria, competitiva y antagónica entre los sucesos singulares de la propia historia de cada individuo), siendo este un fenómeno antropológico clave Que no aprecian en su justo valor los cultivadores de las disciplinas situadas a ambos lados de la barrera. La antropología cultural siempre se ha limitado a observar al hombre concreto como un ente modelado plásticamente por la cultura, enfoque Que le ha llevado finalmente al cul-de-sac de una personalidad fundamental despojada de toda base genética. Por su parte la biología ha ignorado durante largo tiempo el rol desempeñado por la cultura como elemento activo Que actúa sobre el stock hereditario, determinando una serie de presiones selectivas sobre el genotipo y el fenotipo.

De hecho, el sistema cultural no suplanta al sistema genético, sino que es la herencia cultural quien, asegurando la integración del individuo en una sociedad particular complementa la herencia genética y asegura la perpetuación de la sociedad.

El sistema cultural, en tanto que sistema generativo, asegura la autoperpetuación de la complejidad de una sociedad, es decir, su autoproducción y autorreorganización permanentes. Dicha autoproducción permanente es un importante factor en la determinación de la reproducción más o menos parcial del sistema cultural en Cada individuo. Sin embargo, a pesar de que se haya percatado perfectamente de cual es el nudo del problema, ciertos autores cometen el error de denominar reproducción social, ya sea a aquello que es autoproducción (autorreorganización) social, ya sea a lo que no es más que reproducción cultural en los individuos. Por el contrario, puede hablarse de reproducción social siempre que una colonia se desgaja de la sociedad madre para constituirse autónomamente según el mismo sistema cultural. Este último proceso de reproducción social es el que ha permitido la multiplicación de la arquesociedad a partir de un tronco común, es decir, la diáspora de la humanidad (volveremos sobre este problema en breve).

En tanto que sistema generativo, es necesario considerar que la cultura constituye un cuasi-código cultural, es decir, una especie de equivalente sociológico de lo que es el código genético para los seres vivos. El «código cultural- vela por la integridad y la identidad del sistema social y asegura su auto- perpetuación o reproducción invariable protegiéndolo de la incertidumbre, lo aleatorio, la confusión y el desorden.

Sin embargo, aún siendo el encargado de mantener la invariabilidad, en el momento de la autorreproducción el código genético puede verse modificado bajo los efectos de una perturbación aleatoria. El código cultural puede modificarse, no sólo durante el proceso de autorreproducción social (formación de nuevas colonias), sino también durante el proceso permanente de autoproducción bajo el efecto de sucesos ciertamente aleatorios, pero directamente surgidos de la experiencia fenoménica de la sociedad. Tales sucesos pueden tener su origen en modificaciones del ecosistema natural que repercuten sobre la práctica social, suscitan nuevas costumbres, nuevas reglas, y, muy probablemente, nuevas técnicas y nuevos mitos. También pueden tener su origen en contactos con sociedades vecinas, a través de los cuales una cultura puede integrar técnicas, productos de uso o de consumo, ideas, etc., procedentes de una cultura foránea. Por último, pueden surgir de la vida misma de la sociedad, donde una desviación individual introduce nuevos patrones de conducta que llegan a extenderse hasta convertirse en costumbre o una nueva invención acaba siendo integrada en su capital cultural.
Con tales premisas es pues fácil comprender, tanto el mantenimiento de la unidad organizativa fundamental de la arquesociedad, como la extraordinaria diversificación de las arquesociedades. La multiplicación diaspórica sobre la superficie del globo terráqueo que ha llevado al hombre a ocupar los más diversos nichos ecológicos, las deformaciones y transformaciones en la transmisión de los innumerables mensajes culturales que aportan los «ruidos», y las diferentes innovaciones técnicas y noológicas, han hecho derivar unas culturas de otras y han permitido su diferenciación mutua. Los lenguajes de los diferentes grupos se han hecho cada vez más ininteligibles unos para con otros, los mitos, creencias y símbolos han seguido los más complejos e intrincados caminos, las reglas de organización se han diversificado, relajándose aquí y aumentando su rigidez allá, los modelos de personalidad han tomado vías divergentes, de tal forma que parece que las sociedades han llegado hasta tal punto de heterogeneidad que muy a menudo el hombre de una cultura se siente miembro de una especie diferente a su congénere de otra

.distinta a la suya, convertido, sea en un dios que se venera, sea en una bestia que debe abatirse.

A pesar de todo, las arquesociedades han conservado la misma organización de base, por diferentes que hayan sido sus procesos de desarrollo o el nivel alcanzado como consecuencia de los mismos.

Este tipo de sociedad ha mostrado una extraordinaria estabilidad en todo el planeta durante decenas de miles de años y, tal como veremos más adelante, las sociedades históricas han hecho su aparición sólo bajo condiciones ecológicas y demográficas excepcionales.

El factor básico para el mantenimiento de su estabilidad ha sido la nucleación noológico-cultural que ha impregnado sus bases organiza ti vas del carácter sagrado, invistiéndolas con la infalible Autoridad de la Tradición y la Revelación, con lb que todo intento de perturbarlas se convierte en una trasgresión fatal. En un sentido esta sacralización de la cultura puede decirse que ha actuado en casi todas partes como inhibidora de cualquier gran cambio técnico, ideológico o sociológico que obligara a una reorganización total de la arquesociedad. En otro, el mito, el rito y la magia han asegurado un notable compromiso, asimismo dotado de extrema estabilidad, no sólo entre la incierta realidad del mundo exterior y la vida y la muerte, sino entre la hipercomplejidad cerebral y la complejidad sociocultural. (Se puede pensar que la arquesociedad ha inhibido y controlado las demencias destructoras que hayan podido desencadenarse como consecuencia.)

Sin embargo, el conjunto del sistema social poseía virtudes tales que constituían un verdadero éxito selectivo. Junto a la rigidez sacralizada del aparato cultural aparece una gran flexibilidad adaptativa a las más diversas condiciones ecológicas. Geográficamente móvil, demográficamente restringida, la arquesociedad ha conformado una organización apta para todo terreno que le ha permitido introducirse tanto en los fríos polares como en el bosque tropical, en el desierto o en las zonas pantanosas. La arquesociedad nacida de la caza, al promover el desarrollo de un tipo de individuo extremadamente sensible a los diferentes mensajes del ecosistema, gracias a la agudeza de todos sus sentidos, y con aptitudes manuales auténticamente poli técnicas, acompañadas del caudal de conocimientos capaz de hacerle modificar su utillaje en función de las diversas condiciones ambientes, estaba preparada, no sólo para variar su tipo de caza, sino para prescindir de ella y vivir de la recolección y la pesca.

Admirablemente articulada en su relación interna entre micro y macroestructura quizás ha constituido la organización más compleja posible para un grupo de población de dimensiones restringidas, y esta complejidad ha permitido el pleno empleo de los dones polivalentes de cada individuo en su práctica fenoménica. .

Si bien dominada jerárquicamente por una clase masculina, pero de tal forma que cada miembro se hallaba vinculado por lazos personales a los dominados (mujeres y adolescentes), no debía soportar la explotación de una clase extranjera y despreciable ni la presión parasitaria de un aparato de Estado policiaco o burocrático. En consecuencia, no conocía contradicciones internas profundas y carecía de la inestabilidad destructiva o creadora que le empujara a una transformación radical.

Las arquesociedades han eliminado las sociedades de homínidos precedentes, borrando asimismo del mapa a cualquier otro boceto de organización social en discrepancia, multiplicándose con rapidez y extendiéndose sobre toda la superficie del planeta, todas semejantes, todas diferentes, extranjeras las unas para con las otras. La mayor parte de estas arquesociedades hubieran podido continuar viviendo indefinidamente a no ser por los ataques y presiones de las sociedades históricas y finalmente, aniquiladas por la nuestra.


Quinta parte

Tercer nacimiento del hombre:

La sociedad histórica
1. EL LEVIATAN

En cierto sentido, la arquesociedad de cazadores-recolectores llevaba ya en su propio seno las virtualidades que impulsarían su superación. La apertura macrosocial (exogamia, alianza, intercambio) abría la vía a la transformación del clan social en subsistema de un metasistema más complejo, que a su vez, bajo la presión de nuevas condiciones, podía acabar convirtiéndose en subsistema. La caza abría el camino a la futura ganadería. El conocimiento cada vez más preciso de las plantas, semillas y tubérculos anunciaba la aparición de la agricultura. Pero, repitámoslo una vez más, ninguna contradicción interna profunda ni ninguna inestabilidad creativa impulsada a evolucionar la arquesociedad.

Incluso nos inclinamos a creer que la domesticación de plantas y animales pudo tener sus comienzos, aquí y allá, entre las arquesociedades prehistóricas, pero sin que fuera explotada la posibilidad de un tipo de vida agrícola o de pastoreo, por un lado por la inexistencia de una fuerte presión demográfica, y por otro porque la agricultura, probablemente innovación femenina, habría exigido una reconversión general de la clase masculina con la consiguiente destructuración- reestructuración de todo el conjunto social.

Para imaginar el crisol de las sociedades históricas, ante todo debemos tener presente la expansión demográfica de la especie sobre la superficie del globo (éxito «selectivo» de la arquesociedad que motivará su caída) y las concentraciones demográficas en regiones excepcionalmente fértiles donde pastaran abundantes rebaños y cuya fecundidad vegetal se viera anualmente restaurada por la crecida regular de los ríos. Así pues, debemos suponer la existencia de condiciones ecosistémicas excepcionales en las que la densidad de población impulse una agricultura, que a no tardar se convertirá en sistemática, y quizá también a la cría de grandes rebaños, con el subsiguiente aumento de la población. El proceso del paso a un estado sedentario fija las poblaciones agrícolas en poblados relativamente próximos entre sí y la «tribu» se convierte en un subsistema abierto que se integra en una organización demográficamente más amplia. Puesto que por otro lado se hace muy difícil concebir que los hombres abandonaran la práctica de las armas para dedicarse de forma exclusiva a «ocupaciones femeninas», parece bastante plausible suponer que, en la medida en que el hombre se convierte en pastor o agricultor, la guerra sustituye a la caza y se convierte en un elemento activo de la nueva sociogénesis.

Ahora bien, para tener una correcta comprensión de la nueva sociogénesis es necesario imaginar la existencia de un conjunto de procesos simultáneos interfiriéndose mutuamente. De un lado, dadas las condiciones de reconversión económica, un torrente de inventos renueva la tecnología y acelera la transformación de la práctica social. De otro, la variación acusada de las condiciones demográficas conlleva una metamorfosis organizativa que elabora nuevos conjuntos sociales susceptibles de englobar poblaciones más amplias. Creemos que un desarrollo de este tipo sólo puede emerger como resultado de la interferencia entre un proceso federativo-asociativo, donde a través de alianzas e intercambios se esbozan macrounidades sociológicas, y otro que busca el establecimiento de vasallajes y el ejercicio del poder sobre otros grupos. Este último proceso quizá venga suscitado por polémicas territoriales, rivalidades entre poblados o grupos de poblados, pero también puede tener su origen en el exterior, por ejemplo, en la llegada de inmigrantes o saqueadores o en la de nómadas con ánimo de conquista y sedientos de botín. Quizá la amenaza exterior haya acelerado el movimiento federativo impulsando la creación de ligas de defensa entre los campesinos y la edificación de plazas fortificadas para proteger los lugares de culto, mercados, graneros y talleres en las que pudieran instalarse las poblaciones refugiadas y permanecer allí. En este momento nacía la ciudad. Pero tal vez haya sido otro su origen, etapa última y culminación de las conquistas de un rey guerrero que, después de dominar un conjunto de pequeñas sociedades rurales, instala su palacio, el templo, la guarnición, los ergástulos y recibe el tributo que con el tiempo se convertirá en impuesto. A través de tal proceso se funda a un mismo tiempo el Estado y la Ciudad. El estado actual de los conocimientos nos inclina a creer que los primeros lances del juego se desarrollaron hace más de 10.000 años entre la baja Mesopotamia y las riberas del Jordán, alrededor de los fértiles valles en los que se habían desarrollado los cultivos de trigo, cebada y arveja y donde la dialéctica de la concentración demográfica, del trabajo, de la técnica, de la federación, del intercambio, de la guerra y de la conquista habían hecho surgir las primeras sociedades históricas.

Desde el momento en que se constituye la Ciudad-Estado a partir del palacio se desarrolla la administración y a partir del templo la religión; aparecen los oficios y la especialización del trabajo alcanza su esplendor; se teje un vínculo complementario entre la ciudad y el campo: la sociedad histórica ha nacido. Florecerá en Mesopotamia, y la rápida difusión de la agricultura y las técnicas a lo largo y ancho del mundo antiguo (un kilómetro por año según Cavalli-Sforza) crea, alrededor de otras cuencas fértiles, de otros valles inundados, las condiciones necesarias para la formación de tales sociedades. Todo ello sucede en las riberas del Indo, del Nilo, del río Amarillo, unos 4.000 años antes de Jesucristo, algunos millones de años después de que el bípedo humano adoptara la posición vertical, algunas decenas de miles de años después de la aparición de
1   ...   6   7   8   9   10   11   12   13   14

similar:

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconDiseñO. ¿Por qué? Cuestionarse sobre la
«hecho por mano o arte del hombre» 2, su incompleta naturaleza. Así, el hombre ha de crear para ser

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconA teoría de Aristóteles sobre las ideas y sobre la naturaleza del...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconLibertad significa, propiamente, ausencia de oposición; por oposición...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconEl creciente interés del hombre por un ambiente en el que vive se...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconSobre la muerte del hombre y el fin del psicoanalisis

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconRojo” en orden ascendente de de dominancia, es decir, el azul es...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconRojo” en orden ascendente de de dominancia, es decir, el azul es...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconResumen La ganadería de Entre Ríos está asentada en un 90% sobre...

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal iconLas ideas más importantes sobre las que se sustenta la teoría de piaget son las siguientes

Es sabido que la teoría dominante sobre el hombre se funda, no solamente sobre la separación, sino sobre la oposición entre las nociones de hombre y de animal icon"L", que indica semillas lisas, es dominante sobre el alelo "l"




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com